jueves, 11 de enero de 2007

El idiotaje latinoamericano, en toda su gloria

Hugo Chávez asumió por tercera vez la Presidencia de Venezuela. Después de despacharse con un juramento bastante florido en el que hizo alusión a lo mucho que le gustaba la Constitución que él apadrinó, a los aborígenes venezolanos, declararse en "nombre de Jesucristo, el más grande socialista de la historia" y afirmar que en pos de la "radicalización" de su proyecto está dispuesto a dejar su descanso y su vida, Chávez pegó el grito de "¡Patria, socialismo o muerte, lo juro!", el que estamos seguros será inmortalizado en las remeras, pancartas y gargantas de generaciones de izquierdistas ignorantes de todo el continente.

El detector de diablos de Caracas vive su hora de gloria mediática.

De entrada, Chávez y su así llamada Asamblea Nacional (nota del Mayor: sí, niños, todos los dictadores dementes tienen un "Poder Legislativo", y muchas veces se suele llamar "Asamblea Nacional") comenzaron el trabajo de construir la "sociedad socialista venezolana del siglo XXI". La Asamblea ya está debatiendo un proyecto de "ley habilitante", que le dará a Chávez los poderes necesarios "para crear leyes que le den piso jurídico a la nueva era que se avecina para el país, como lo es crear leyes para la sociedad socialista". Estas frases son completamente en serio y aparecen en el sitio web de la propia Asamblea Nacional de Venezuela.

Para que se den una idea de lo graves que suelen ser las "leyes habilitantes" -acá en la Argentina, las llamaríamos "entrega de la suma del poder público"-, la dictadura de Adolf Hitler en Alemania comenzó cuando logró que el Reichstag (Parlamento) le aprobara una "ley habilitante" que le diera plenos poderes para dictar leyes sin participación del Legislativo.

Además, continúa con sus proyectos de no renovar la concesión de Radio Caracas Televisión (RCTV), emisora a la que acusa de golpista y opositora; sigue con su idea de estatizar Cantv, la principal telefónica de Venezuela, además de todo el sector energético. La frutilla del postre es la confesión de Chávez de que irá por el sueño dorado del caudillo latinoamericano: la reelección indefinida. "Estamos redactando la propuesta para la reelección indefinida del presidente. Si fuese rechazada por la mayoría del pueblo sería yo el primero en aplaudirlo", dice Chávez, con la muletilla de que hará lo que el pueblo, bolivarianizado y mantenido con subsidios del Estado, diga.

Chávez, con su tercer mandato, sus alaridos socialistas, su apariencia de opereta, su megalomanía caudillista y su retórica anti-todo, parece la personificación del idiota latinoamericano, que regresa triunfal después de la seguidilla de fracasos de los setenta y ochenta. (nota del Mayor: sé que existe un libro sobre el perfecto idiota latinoamericano, pero todavía no lo leí. La descripción que sigue corre por cuenta mía).

El idiota latinoamericano es el que cree que el Estado existe para mantenerlo, el que sueña con reventar al que le está yendo mejor que a él porque eso "es injusto", el que está convencido que todos los males, desgracias y desaciertos de su país son culpa de Estados Unidos, el FMI, la sinarquía internacional, Juan de los Palotes o quien se le ocurra, menos la propia gente del país-, el que cree que para tener una democracia basta con meter papeles en una urna cada cuatro o cinco años, el que cree que el sistema republicano tiene molestias innecesarias como la limitación y el control mutuo entre los poderes, el que sueña con sandeces socialistas porque no tiene la voluntad -y posiblemente le falte también la inteligencia- para ingeniárselas por su cuenta y el que admira de lejos dictaduras en descomposición como la de Cuba, pero sin querer largar las comodidades del capitalismo.

Al idiota latinoamericano lo creíamos acabado, o al menos debilitado, después del fracaso de todos los experimentos socialistas, sea por colapso (Unión Soviética), descomposición progresiva (Cuba fidelista), fracaso (el experimento del general Velasco en Perú) o simple reconocimiento de la realidad y eyección hacia el capitalismo (China y Vietnam). La momentánea caída del idiotaje latinoamericano llevó a muchos a intentar desarrollar instituciones liberales y modernas que sacaran a América del atraso. La timidez en los cambios, la incompetencia gubernamental y la corrupción dieron pie a que el idiotaje latinoamericano regresara con toda su furia, gritando a los cuatro vientos "la injusticia" de todo y ofreciendo la misma vieja receta: caudillaje, estatismo y repartija desde el Estado.

Podrá decirse que el liberalismo no resolvió los problemas sociales y económicos en muchos países de la región (Chile parece la excepción), pero lo que no se puede negar es que algunos de los peores exponentes de pobreza y decadencia son los países que alguna vez jugaron a construir la utopía socialista.

Post-data: Con lo mucho que me cuesta reconocer algo positivo al gobierno de Néstor Kirchner, tengo que reconocerle que está haciendo bien en no aparecer tan pegado al mono con navaja de Caracas. Primero con la curiosa declaración oficial que afirma que la Argentina es un "Estado capitalista" (a qué punto hemos llegado que necesitamos que desde el Estado nos lo confirmen...) y la sorpresiva inasistencia de Néstor a la asunción presidencial de Rafael Correa (pollo chavista) en Ecuador; es que van a ir figuras muy controversiales, como el loquito iraní Mahmoud Ahmadinejad. Quien, dicho sea de paso, es otro amigo de Chávez.

2 Comentarios:

Anonymous Juanse dijo...

Duro...

4:33 p. m.  
Blogger Koke dijo...

Socavando los principios democráticos, y convirtiendo a Venezuela en el paraíso del proletariado, está cavando su propia tumba. Así como le pone fecha a la caída del imperio, él tiene también su fecha de vencimiento sin perjuicio de todas las reelecciones que obtenga.

Saludos.

6:08 p. m.  

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