sábado, 18 de mayo de 2013

Qué pena me dan los camporitas


A veces me pregunto si alguno de los militontos que se pone la camiseta de La Cámpora, va a hacerle pogo a la Señora en el Salón de las Mujeres Argentinas o se proclama orgullosamente como "un soldado del Pingüino" no siente aunque más no sea un cachito de bronca al enterarse de cómo la fueron juntando en pala aquellos orgullosos exponentes de la pingüinera o de la naciente "burgueshía nashional" que quería el Virolo en su momento. 
Qué se yo, si fuese un camporita (lo que hubiese requerido previamente de una lobotomía con remoción de dicho lóbulo y su reemplazo por copiosas cantidades de estopa y un cassette viejo de Víctor Heredia) me irritaría bastante tener que poner en suspenso mi vida para ir a levantarle el ánimo maníaco-depresivo a la Vaca Estúpida haciendo número en algún acto después de enterarme que hasta el jardinero del Tomuer rascó tanta guita que pasó a convertirse en un empresario hotelero.
Digo, tantos muertos que ir a defender, tantas órdenes irracionales a las que ponerles la cara, el cuerpo y la ejecución, tantas contradicciones a las que borrar alternativamente de la cabeza y de la palabra aplicando el doblepensar de George Orwell ("la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente"), tantos porcentajes del sueldo donados compulsivamente a la causa, tantas entradas compradas para hacer que la película de Néstor remontase un poco en la taquilla, y ahora resulta que el camino al éxito pasaba por ser el chofer, el vocero, el jardinero o el secretario privado de Él o de Ella, sin hacer una mierda de "militancia".
Y hasta me daría más bronca ver a quien trato poco menos que como un semidiós bajado a la Tierra en un traje de "Nestornauta" choreado a Oesterheld abrazando una caja de seguridad en un arrebato de "¡éxtasis!", como si fuese una especie de Rico McPato tercermundista.
Si fuese camporita me resultaría muy difícil asimilar esas imágenes, porque no condicen mucho con la imagen de "militante" y de "montonero honorario" que se hizo ladrar en vida el Virolo con la ayuda de un montón de idiotas útiles (algunos, porque hubo demasiados que de idiotas no tenían nada) a los que tuvo contentos con guita, cargos y presos; más bien ayudan a recordar que el Pingüino De Las Tierras Frías Que No Vino A Dejar Sus Convicciones En La Puerta De La Casa Rosada peló la pala y empezó a juntar platita ejecutando hipotecas que la Circular 1050 de Martínez de Hoz había tornado impagables, dejando a familias enteras sin hogar.
De no ser porque estiró la pata dos años y medio antes, el Virolo sería hoy uno de los pocos que lamentarían el deceso de Jorge Rafael Videla, ya que sin las decisiones de este último el primero jamás habría podido poner los cimientos de su fortuna. Ironías de la vida.
En suma, me reventaría mucho todo lo que hago en pos de una revolución que lo único que hizo fue dejar a los choreos de Menem (ese que ahora mismo necesitan para tener mayoría en el Senado) y sus cómplices como la obra de pungas aficionados.
Pero quizás exagero con la caracterización. Después de todo, aún no hay pruebas concluyentes de que la conciencia de los camporitas se vea turbada por estos acontecimientos, por lo menos no mientras sigan lloviéndoles cargos públicos que ocupar con sueldos de puta madre cuando ni siquiera son capaces, al decir de cierto político, "de atender un kiosco y calcular el cambio de un Beldent".
Al respecto de ese último párrafo, un desafío bastante fiero del pospingüinismo va a ser enseñarles a esas hordas de militontos que no tienen derecho natural a cobrar sueldos de al menos cinco dígitos así como así, y que al igual que el resto de los mortales, van a tener que laburar para ganarse el pan que hasta entonces les regalara Ella.
Va a ser como tener legiones enteras de chicos sacados de una secta y bien necesitados de desprogramación.

sábado, 11 de mayo de 2013

La invitación del Quinteto


El Kichi, uno de los Cinco Grandes del Buen Humor que pasan por ser el equipo económico de la Vaca Estúpida, salió a decir algo del estilo de que lo que nos están diciendo es que invirtamos nuestros ahorros en el circuito productivo.
Primero y principal, pocas cosas me alegran más que escuchar a un marxista kirchnerista diciéndome lo que tengo que hacer o dejar de hacer con mis ahorros. Lo disfruto casi tanto como escuchar a montoneros, señores feudales y pichones de totalitarios dándome clases de tolerancia y democracia.
Voy a ponerlo en términos que hasta un kirchnerista podría llegar a entender: nadie pone guita en donde sabe que de seguro la va a perder tarde o temprano. Y jugarse en el llamado "circuito productivo" en donde los únicos que ganan son los políticos y los que les soban las medias o les hacen de testaferros mientras que el resto son sólo futuros sujetos de saqueo o culeo institucional no es algo que a muchos le resulte una alternativa ganadora.
Los criterios pelotudos del tipo de "ya ganaron demasiado" y "hay que aceptar rentabilidades negativas" sólo tienen sentido en la mente de salames pedantes como Kicillof, un tipo que se cree capaz de dirigir una economía nacional con una planilla de Excel cuando sólo tuvo un negocio propio en su puta vida (un bar, si mal no recuerdo) y encima lo hizo quebrar.
Por cierto, al comentario de "ya ganaron demasiado" se le responde con un "¿y a vos qué te importa, forro?", mientras que al de "hay que aceptar rentabilidades negativas" se le debe devolver un "andá vos a invertir, producir y pagar sueldos laburando a pérdida, imbécil", salpimentado con un buen "total vos estás colgado de la teta de Papá Estado y si te falta guita, sólo prendés la maquinita de hacer plata o le subís los impuestos a los pelotudos que garpan la fiesta".
Pero volviendo al tema principal y para beneficio de la inocentona audiencia que cree que si sube el dólar es porque hay una conspiración de la CIA y de la sinarquía internacional contra la Patria Patriótica y el Pueblo Popular, si el dólar sube es porque la gente (desde los empresarios hasta el salame que puede conseguir un puñado) quiere resguardarse ante dos cosas: primero, ante la inflación desaforada que acaba con cualquier plan a largo plazo porque no se sabe cuánto más va a tener que pagar más adelante por lo que necesita, y segundo, ante la absoluta imposibilidad de saber qué carajo se le va a ocurrir a esta banda de cretinos para cubrir los efectos de sus cagadas anteriores.
La pequeña locura de ver cómo un gobierno que estranguló la disponibilidad de dólares y que cazó a pequeños ahorristas y "abuelitos amarretes" pasó a darle la bienvenida a las fortunas en negro en una operación de blanqueo en la que incluso se le pagan intereses a los blanqueadores es sólo una muestra de lo impredecible del régimen. Otra muy clara y evidente fue la estatización de las AFJP en 2008 poco más de un año después del llamado a pasarse "voluntariamente" del sistema privado de jubilaciones al público de reparto ("oportunidad" que casi nadie "aprovechó" en su momento, valga aclarar). 
Los efectos de convertir a la Justicia en un virtual apéndice del Ejecutivo y de castrar el régimen de salvaguardias legales contra abusos del Estado están aún por verse, pero pronto calificarán como otra de las impredecibles locuras seriales, súbitas y suicidas del régimen. Y nadie nos garantiza que esta invitación "voluntaria" a blanquear e invertir en el "circuito productivo" no sea seguida en poco tiempo más, cuando quede claro que los únicos que la aprovecharon fueron los narcos, los contratistas y los testaferros que el Gobierno tiene de amigos, por una confiscación lisa y llana. Así es la desconfianza que inspira el régimen de la Vaca Estúpida.
Respecto al otro factor, lo que tipos como el Quinteto de la Muerte de Lorenzino, Kicillof, Moreno, Echegaray y Marcó del Pont no entienden o no quieren entender es algo sencillo: la Argentina no tiene derecho a tener moneda propia porque después de pasar por cinco denominaciones (peso moneda nacional, peso ley, peso argentino, austral y nuevo peso argentino, para los que no lo recuerden) en cincuenta años, sus propios ciudadanos no confían ni en esa moneda ni en la autoridad que la emite, y no le asignan ni siquiera el valor nominal que dice tener. A lo sumo la aceptan como instrumento de cambio para las operaciones cotidianas, con lo que el papel pintado que tenemos cumple una de las funciones de una moneda nacional, pero sólo un suicida la usa como depósito de valor.
Y la culpa la ha tenido de manera sistémica y constante ese mismo fenómeno que lleva a Moreno a amenazar empresarios y a Lorenzino a querer huírle a las periodistas griegas como si portaran la peste bubónica: la inflación.
En un país como la Argentina tenemos demasiada experiencia con inflaciones de todo tipo como para hacernos los nabos sobre qué provoca estos fenómenos: la combinación letal de una impresión descontrolada de moneda para solventar el gasto público desaforado, aumentos de sueldo muy por encima de los niveles de productividad para tener contentos a los sindicalistas (al menos hasta que ni siquiera esos aumentos alcancen para compensar la suba en los precios), y políticas de "incentivo al consumo" que mantienen artificialmente bajos los precios, impidiendo que las empresas puedan aumentar la productividad o pagar los aumentos de sueldo que el gobierno manda con tanta liberalidad.
El kirchnercristinismo ha sido un culpable doloso, consciente y constante de esos tres generadores de inflación: la emisión descontrolada, los aumentos absurdos de salarios y los controles de precios. Los resultados los pagamos todos los días.
Ni qué hablar de la confianza que puede inspirar un "modelo" que en diez años se las arregló para que la Argentina pasara del autoabastecimiento petrolero a la extinción de reservas y a la importación de petróleo y gas natural a países "amigos" que cobran precios usureros, de tener una ganadería señera y emblemática a exportar menos carne vacuna que Uruguay o Paraguay y de tener una agricultura diversificada, rica, pujante y competitiva a nivel mundial a ser un país de monocultivo que todos los días le reza a China para que siga comprando la santa soja. 
La única respuesta válida a una exhortación a invertir en el "circuito productivo" hecha por una banda de exterminadores seriales de riqueza (de cierta riqueza, tendría que aclarar, porque sí que cultivaron e hicieron crecer otro tipo de riquezas) debería ser un sopapo y una exhortación igual de vehemente a que se vayan a cagar.
Y lo que haga o deje de hacer con mis ahorros es asunto mío, no de un cuarentón pendeviejo patilludo que levanta deditos, proclama el marxismo mientras tiene una estancia en Colonia y es tan cagón que se escuda en su propio hijo cuando lo escrachan.

sábado, 4 de mayo de 2013

Propuestas para el día después


Ya sé que resulta utópico hablar de estas cosas cuando el país está hundido en el fango, la mediocridad y la barbarie, pero como quiero creer que la salida de estos hijos de perra es una inevitabilidad histórica y tarde o temprano nos libraremos de ellos, más vale que vayamos pensando un poco sobre cómo sacar a la Argentina de la merda y cómo evitar que volvamos a pasar por algo como esto.
En este caso, me gustaría hablar un poco sobre algunas propuestas de orden institucional, que aunque no creo que sean panaceas y barreras invencibles, sí podrían ayudar un poco a revertir el desastre y construir algo parecido a un orden institucional y republicano con división de poderes.

PODER LEGISLATIVO
  1. El Congreso pasa a ser un Parlamento Federal para reflejar su mayor grado de influencia institucional en el Poder Ejecutivo.
  2. La Cámara de Diputados se compondrá por miembros elegidos por el voto directo de la ciudadanía, distribuidos entre las provincias y la Ciudad de Buenos Aires de manera proporcional a su población, con un mínimo absoluto de tres diputados por provincia o ciudad autónoma.
  3. Cada provincia o ciudad autónoma será dividida en una cantidad de distritos electorales equivalente a las dos terceras partes de la cantidad de diputados que envíe al Parlamento. Los distritos serán lo más iguales que sea posible en cantidad de electores, y sus fronteras respetarán la división administrativa interna de la provincia o ciudad autónoma, pudiendo estar compuestos por uno o varios partidos, departamentos o comunas, según corresponda. Cada distrito enviará un diputado a la Cámara, correspondiéndole la banca al candidato que haya sacado al menos 40% de los sufragios o que, habiendo sacado una cantidad no inferior a 30%, tenga al menos diez puntos porcentuales de ventaja sobre el segundo; en caso de no cumplirse estos requerimientos, se procederá a una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados.
  4. El tercio restante de los diputados de una provincia o ciudad autónoma serán asignados de la siguiente manera: todos los sufragios válidamente emitidos se distribuirán entre los partidos siguiendo el sistema D'Hondt para dar con la cantidad total teórica de bancas que le corresponde a cada partido. Del total de cada partido se sustraerán las bancas conseguidas por el mismo en los distritos electorales; las bancas restantes (o todas ellas en el caso de un partido que haya sacado una cantidad de votos que lo habilite a entrar en el reparto pero sin que hubiera ganado en alguna circunscripción) les corresponderán a los candidatos de distrito que más votos hubieran obtenido sin haber sido electos.
  5. El Senado se elegirá de manera concurrente con las elecciones de cada provincia o ciudad autónoma, y la duración de sus mandatos estará atada a la de las instituciones que representan. Cada provincia o ciudad autónoma tendrá tres senadores: uno elegido en la misma fórmula y boleta que el gobernador y vicegobernador, uno por el partido con más bancas en la legislatura local y uno por el que le siga en número de escaños.
  6. El Senado será una cámara exclusivamente revisora, salvo en proyectos de coparticipación o de modificación en cualquier sentido de las facultades provinciales y del gobierno federal.
  7. El Senado tendrá derecho de prestar acuerdo ante cualquier nombramiento del Poder Ejecutivo; la Cámara de Diputados tendrá derecho de presentar mociones de censura contra los miembros del gabinete.
  8. A partir de la sanción de una ley correrá un plazo a determinar, en el que cualquier modificación, derogación o reemplazo de la misma exigirá una cantidad de votos numéricamente superior a la conseguida en ambas Cámaras para su aprobación.
  9. Ninguna ley que establezca o modifique un impuesto, tasa o tributo tendrá una vigencia superior a los doce años (dos mandatos presidenciales o cuatro períodos de la Cámara de Diputados); pasados los doce años, la vigencia de los impuestos requerirá de una renovación expresa cada tres años, sin la cual se considerará automáticamente derogado el impuesto en cuestión y extinta la obligación de tributarlo.
  10. Posibilidad de revocación por referéndum de los mandatos de los diputados y senadores.
  11. Posibilidad de iniciativa legislativa de los ciudadanos, ya sea mediante petitorio suscrito por un porcentaje del padrón electoral nacional a determinar (en cuyo caso será directamente tratado en el recinto) o mediante propuesta aprobada en un referéndum por la mayoría de los electores de un distrito de la Cámara de Diputados (en cuyo caso será presentado por el diputado correspondiente y seguirá el proceso legislativo normal a partir de entonces).

PODER EJECUTIVO
  1. Mandato presidencial de seis años con posibilidad de una única reelección por un período especial de tres años más. De esta manera, se le quita valor al premio (la reelección) y se lo convierte únicamente en un tiempo suplementario. Por fuera del período de seis años y del suplementario de tres, nadie podrá volver a ser elegido Presidente.
  2. Retorno al sistema indirecto de elección presidencial, con un Colegio Electoral constituido por la suma total del doble de la cantidad de diputados y senadores que cada provincia y la Ciudad de Buenos Aires envían al Parlamento. Los votos electorales de cada provincia se asignan de manera proporcional a la cantidad de sufragios obtenida por cada candidato en la misma.
  3. Todos los nombramientos de ministros, secretarios de Estado, directores generales, titulares de agencias y organismos, presidentes y gerentes de empresas estatales, y de representantes del Estado en directorios y empresas, requerirán acuerdo de la mayoría absoluta del total de miembros del Senado.
  4. El Primer Ministro requerirá del consentimiento de una mayoría absoluta del total de miembros de la Cámara de Diputados, y tanto él como cualquier ministro o secretario de Estado del Gabinete podrán ser removidos de sus cargos por un voto de censura aprobado por idéntica mayoría.
  5. Los decretos de necesidad y urgencia requerirán de la firma concurrente del Presidente, del Primer Ministro y de la totalidad del gabinete, y su vigencia no excederá los treinta días sin una aprobación expresa de ambas cámaras por el voto de la mayoría absoluta del total de sus miembros.
  6. Eliminación de la facultad de veto parcial de las leyes; el veto presidencial se aplicará a la totalidad del proyecto aprobado por ambas Cámaras del Parlamento.
PODER JUDICIAL
  1. Corte Suprema de quince miembros ("Ministros de la Corte") con mandato mientras dure su buena conducta; se dividirá en cinco Salas, cada una con un fuero determinado (Criminal, Civil, Comercial, Contencioso Administrativo, y Trabajo y Seguridad Social) y compuesta por un Presidente y cuatro Ministros a determinar por la propia Corte de entre sus miembros (los Presidentes sólo integran la Sala que presiden, el resto de los Ministros puede ser miembro de hasta dos Salas de manera simultánea). El Presidente de la Corte Suprema es elegido de entre los Presidentes de sus Salas y ejerce la presidencia general del Poder Judicial.
  2. La Corte Suprema fallará a través de sus respectivas Salas sobre las causas que reciba por apelación; en las causas en donde tenga jurisdicción originaria o en donde se apele un pedido de inconstitucionalidad, participarán todos los Ministros de la Corte.
  3. La Corte Suprema ejerce el gobierno general del Poder Judicial, incluyendo el nombramiento de funcionarios judiciales y la administración de su presupuesto.
  4. Sólo se podrá reemplazar un máximo de tres vacantes de la Corte Suprema durante un mandato presidencial de seis años; cualquier vacante posterior será cubierta por la propia Corte mediante la designación provisoria de conjueces de entre los miembros de las Cámaras de Apelación o de los Juzgados Federales hasta tanto se la pueda cubrir de manera definitiva.
  5. Consejo de la Magistratura con composición fija: Presidente de la Corte Suprema y otros dos ministros de la Corte provenientes de cualquiera de sus Salas, tres jueces de los tribunales federales, tres académicos del derecho, tres abogados de la matrícula federal, dos senadores del bloque mayoritario y uno de la primera minoría, dos diputados del bloque mayoritario y uno de la primera minoría, y un representante especial nombrado por el Presidente de la República.
AUTORIDADES ELECTORALES
  1. Comisión Electoral Federal independiente del Poder Ejecutivo, compuesta por nueve miembros con mandatos de nueve años. Cada tres años y después de una elección legislativa, cada uno de los tres bloques con más bancas (considerándose las coaliciones de gobierno y las alianzas políticas como un único bloque a tal efecto) de la Cámara de Diputados nominará a un consejero electoral.
  2. La Comisión Electoral Federal habilitará la participación de todo partido y candidato que cumpla con las condiciones establecidas por la Constitución y la ley, asesorará al Parlamento sobre legislación electoral y de partidos políticos, colaborará en proyectos tendientes a mejorar la calidad de las elecciones, organizará las elecciones federales y supervisará su legalidad y normal desarrollo, recibirá e investigará denuncias de fraude o irregularidades de financiamiento, efectuará el recuento de los votos, elevará denuncias al Tribunal Federal Electoral, exigirá y recibirá información detallada de cada partido sobre sus cuentas y aportes de campaña, y publicará dicha información, confeccionará los proyectos de modificación de los distritos electorales luego de recabados los resultados de los Censos nacionales, y elevará los proyectos al Senado para su tratamiento legislativo, e impondrá multas y sanciones a los partidos que violen la legislación electoral y el régimen de partidos políticos.
¿Qué les parece?

Hasta la próxima.

sábado, 27 de abril de 2013

Desolación


Realmente, después de esta semana abominable de traición, tiranía y trampa, no queda absolutamente nada para decir y no me quedan energías para escribir, sino que conviene más reflexionar sobre cómo caímos tan bajo y qué podemos hacer para empezar a trepar del pozo.
No sé quiénes me inspiran más odio: los que propusieron y motorizaron las aberraciones que fueron "aprobadas" esta semana en la "Honorable" Cámara de Diputados de la Nación, o los que sabiendo el nivel de maldad y traición que implicaban, adormecieron sus conciencias y pusieron su voto favorable.
La Historia no será complaciente con ninguno de ellos.

sábado, 20 de abril de 2013

Ensayo de respuesta


"Qué sentirá cuando llega a su casa alguien que sólo grita, agrede o golpea? Dormirá mejor? Será más feliz? Andá a saber", tuiteó la Señora como parte de su logorrea digital de estos últimos días.
Me tomo el atrevimiento de ensayar una respuesta, haciendo dos previas salvedades: sí, el jueves a la noche grité, pero no agredí ni golpeé porque no soy mano de obra kirchnerista, y mi respuesta es a título personal, porque si pretendiera asumir sobre mi persona la totalidad de la nación estaría incurriendo en la megalomanía habitual de la Presidenta de los Cuarentos y Cuarentas Millones y Millonas de Argentinos y Argentinas.
¿Qué sentí cuando llegué a casa el jueves a la noche?
Qué pregunta.
Llegué cansado. Frito. Reventado. El día había sido largo, la noche todavía más y la vuelta a casa agotaba las pocas fuerzas que me habían quedado. Lo único que quería era comer algo e irme a dormir antes de madrugar para el laburo.
Llegué sumamente irritado. Con todos, no sólo con la Señora por más que ella me esté quitando años de vida con la irritación que me provoca. Porque me revienta que cada tanto tiempo tenga que salir a la calle a putear y gritar porque la gente a la que voté para que me represente y la gente a la que no voté pero que tiene que tener mis derechos en cuenta deciden ser cómplices pelotudos y cínicos totalitarios, respectivamente, en vez de hacer su trabajo.
Llegué descorazonado, porque parece que ni cientos de miles de personas (ni siquiera me voy a meter en el debate de cuánta gente fue a las marchas del 18-A) en la calle son capaces de conmover la humillante obediencia y la indigna obsecuencia de los chupamedias que saben que están traicionando sus cargos y juramentos, sin que les importe. Bajo la presidencia del cleptómano Boudou, el asqueroso Pichetto y la banda de insanables nulidades (oficialistas y opositoras) se apuraron a votar el proyecto de castración de las cautelares y rajar del Palacio del Congreso como ratas por tirante antes de que viniera la muchedumbre.
Llegué desamparado, porque seguimos viviendo en un país donde cada día es sacarte la lotería, porque si no te matan los chorros por un celular o unas zapatillas corrés riesgo de hacerte mierda en un tren de la época de Frondizi mantenido para el orto, o vivís con la posibilidad de perderlo todo (incluso la vida) por unas lluvias, y todo mientras te tratan de traidor por querer salvar tus ahorros de la inflación, de destituyente por pretender que se respeten la Constitución y las leyes, de represor por pedir que se ponga un freno al desastre y de gorila por tener la temeridad de estar en desacuerdo con el gobierno de turno, a la vez que vivís siempre bajo la amenaza de que el Estado y las instituciones que tienen que proteger tu libertad y tus derechos se les ocurra no ya no cumplir con su tarea, sino cogerte parado y sin preservativo.
Llegué aliviado de saber que al menos no estoy solo, y de que no estamos solos, en pensar que este gobierno se ha convertido en una verdadera amenaza no ya para la institucionalidad del país, que está más muerta que viva, sino para los propios ciudadanos y habitantes, a quienes ahora se los quiere reducir de derecho (siendo que ya lo son de hecho) a una existencia de temor e inquietud ante la posibilidad de ser las siguientes víctimas de la voracidad e incompetencia criminal del Estado, sin que exista recurso alguno para defenderse.
Pero al menos no llego a casa con la suprema insatisfacción de ver que el mundo se niega a ajustarse a mis designios demenciales, como le pasa a cierta Señora que puesta contra la realidad terminó por decidir que la realidad se fuera al diablo. Y no voy a llegar a casa con semejante vacío perverso en el alma, ese vacío que la mueve a cometer las inmoralidades y crímenes que apenas puede tratar de defender por cadena nacional, ese vacío que ni siquiera los millones y millones de millones que robó puede empezar a llenar.
Y llegué a casa feliz de haber ayudado dentro de mis modestísimas posibilidades a que el 18 de abril fuese otro día negro para la Señora y su banda.
Fue un buen día, y llegué a casa con la conciencia limpia.
Que es más que lo que puedo decir de muchos, muchísimos, demasiados. Empezando por la Señora que pregunta cuando ella misma debería ser la que ensaye una respuesta.

sábado, 13 de abril de 2013

De cara al 18A


Lo bueno de toda esta demencia que vivimos es que a mucha gente parece estar finalmente cayéndosele la venda que le impedía ver al régimen que nos desgobierna como lo que es: una banda de tiranuelos con veleidades totalitarias y absolutistas, cegados por la ambición de poder, enloquecidos de omnipotencia y ansiosos por el absolutismo.
Incluso la así llamada oposición, integrada en partes iguales por salames, por acomodaticios y por cobardes, está empezando a reaccionar y a llamar a las cosas por su nombre: tiranía, golpismo, autoritarismo, dictadura y monarquía.
Ya es un tema que viene bastante repetido y remanido en LBP, pero nunca está de más dejarlo en claro: nadie tiene derecho a alegar inocencia en estos momentos.
La Argentina ya rifó su institucionalidad. Ya desmanteló sus instituciones. Ya entregó su decencia. Ya subastó su libertad. 
Todo a cambio de una orgía de resentimiento, un festival de mediocridad, una farsa de precios bajos y falsas soluciones. 
Ya convirtió a su Poder Ejecutivo en una tiranía, a su titular en una déspota y a su cónyuge muerto en un ídolo pagano y grotesco. Convirtió a sus policías en espectadores impotentes del desorden, a sus militares en deprimidos y desmoralizados maniquíes de uniforme, a sus empresarios en pedigüeños y aplaudidores, a sus gobernadores en chupamedias, a sus provincias en feudos, a sus ciudades en basurales, a sus medios en megáfonos propagandísticos, a sus días en pesadillas de locura y furia y a sus noches en una desolación en donde sólo se oye el sordo terror a no poder volver a casa porque alguien pensó que tus zapatillas, tu celular o tu billetera valían lo bastante como para matarte.
Ahora van por lo último. Por los últimos retazos dignos en el tejido desgarrado de un Poder Judicial que ha dado más motivos de vergüenza que razones de orgullo. Para asegurar la impunidad. Para consagrar la omnipotencia final. Para atar cual matambre a la República con el alambre oxidado y grotesco de la "democratización". Para reducir al individuo y al ciudadano a un peón, a un siervo de la gleba al que sólo le queda relajarse y gozar cuando el Estado decida empomarlo.
No nos engañemos. No vamos a salvar la República. Ya la perdimos.
Lo que nos queda por salvar es la posibilidad de reconstruirla. De decir "hasta acá llegamos, acá se terminó, acá marcamos la línea en el suelo y no vamos a dejar que den ni un paso más". Porque así, y sólo así, haremos la diferencia entre reconstruir nuestro país o contentarse con ilusiones cada vez más lejanas.
Cuando la facción gobernante y la yegua que la conduce dice que "van por todo", no quieren decir ni más ni menos que eso. Van por todo lo que puedan agarrar, lo que les dejen agarrar. Y no se van a detener en nada para lograrlo. Y si quieren ver el país que va a resultar de eso, recuerden a La Plata, y tengan presente que en su soberbia e incompetencia fueron capaces hasta de mentir sobre la cantidad de gente que murió, haciendo que los que quedaron fuera de la lista terminaran... desaparecidos.
Al margen de que realmente nos duela y nos descorazone lo que está pasando en el país, tenemos que recordar siempre que no se trata de una desgracia particular que tenemos los argentinos (haciendo exclusión del hábito que tenemos de tropezar siempre con la misma piedra, claro), pues ni somos el primer país en caer en el autoritarismo y la tiranía ni, lamentablemente, seremos el último en hacerlo.
Una de nuestras madres patria culturales, Italia, se entregó al fascismo que le prometía terminar con el desorden y el caos y hacer que los trenes funcionen a horario, entre otras cosas. La Alemania culta que nos dio a Goethe, a Beethoven, a Hegel y a tantas otras luminarias de la civilización se abrió de gambas ante un montón de borrachos y psicópatas de camisas pardas y negras que la embarcó en una aventura genocida y catastrófica. En ambos casos, a los reclamos de libertad de quienes tenían en claro lo que se cernía sobre esos países se les respondía siempre con la misma soberbia de decir "antes teníamos la libertad para morirnos de hambre".
Incluso en nuestro barrio tenemos el ejemplo de Venezuela, país que durante muchas décadas pudo decir con orgullo que había atravesado las tumultuosas décadas del '60 y del '70 sin sufrir un golpe de estado, sólo para hallarse ahora asfixiado por una tiranía delirante y psicopática, que si no inspira miedo más allá de sus fronteras (excepto por el ejemplo que representa) es por su tendencia a caer en el ridículo.
A los tres referentes de esos sistemas se los llevó la parca, y en el tercero de los países mencionados todavía queda por verse qué suerte habrá de correr.
Nos espera una gran oportunidad para hacer que se sienta nuestra opinión. Pase lo que pase, es infinitamente mejor estar ahí y saber que se hizo lo que se pudo.
Nos vemos el jueves.

sábado, 6 de abril de 2013

Hoy la hacemos cortita


Como de nada serviría descargarme con una catarata de puteadas acerca de la incompetencia del Estado argentino en sus tres niveles, que sólo parecen buenos para recaudar y publicitar pero son chotos e inútiles para cualquier cosa que requiera prevención, preparación o respuesta efectiva (y acá no distingo entre el Gobierno nacional, el de la Provincia de Buenos Aires, el de la Ciudad de Buenos Aires o la Municipalidad de La Plata), o colocarles los adjetivos que le corresponden a la Yegua, al pelmazo de Scioli, al forro de Bruera, al imbécil de Macri y al oportunista violento de "Ocupate Cuervo" Larroque, por hoy me voy a limitar a citar una frase muy buena y apropiada del actual Papa que acabo de leer en "Sobre el Cielo y la Tierra", un libro que recopila las conversaciones mantenidas entre el entonces cardenal Bergoglio y el rabino Abraham Skorka sobre varios temas:

"Un jesuita muy inteligente solía decir, a modo de chiste, que venía corriendo una persona pidiendo auxilio. Quién lo perseguía, ¿era un asesino? ¿Un ladrón? No... un mediocre con poder".

Para cualquier otra cosa, recomiendo la lectura de la columna de opinión de José Benegas en Infobae: La Torre de Babel del populismo.

Ah, y la reflexión de la semana: "Esta vieja es peor que el tuerto".

martes, 2 de abril de 2013

In Memoriam


sábado, 30 de marzo de 2013

Decálogo


Estamos en año electoral y como viene sucediendo con desesperante frecuencia, asistimos a las interminables tramoyas de los "dirigentes" "opositores" (ambas palabras van entre comillas por separado porque es bien discutible que sean dirigentes y que sean opositores) para armar rejuntes bizarros que les permitan rasquetear votos y aspirar a algo más que liderar "espacios políticos" con bloques unipersonales en las Cámaras.
Lo triste es que las discusiones entre estos opositores de cuarta que tenemos, que sólo tienen energías para matarse entre ellos y demostrar su buena y sumisa voluntad hacia el régimen, no tienen nada que ver con ideas, principios o propuestas, sino por disputas mutuas respecto del poco y miserable poder que tienen.
Pero de todas maneras, si realmente es como ellos dicen y los separan "ideas", pues acá va un decálogo de sencillas propuestas que dudo que los opositores (si realmente lo son) vayan a desaprobar, y que pueden servir como un sencillo, concreto y contundente plan común de acción para estas elecciones.
  1. Derogación de las facultades extraordinarias de reasignación de partidas presupuestarias que le fueron conferidas al Jefe de Gabinete en 2006, permitiendo que de una vez por todas el país vuelva a tener un Presupuesto creíble en lugar de un dibujo de buenas intenciones susceptible en todo momento de ser retocado y pervertido según las necesidades del Ejecutivo.
  2. Derogación de la "reforma" del Consejo de la Magistratura y vuelta al status quo anterior, para diluir el peso que el oficialismo y el Poder Ejecutivo adquirieron para manejar a dedo la designación y remoción de jueces y preservar a impresentables y corruptos como Oyarbide en sus tribunales.
  3. Denuncia inmediata del "memorándum de entendimiento" con Irán e interpelación urgente al canciller Timerman por parte de ambas cámaras.
  4. Disponer la normalización inmediata del INDEC y poner fin a la "intervención" morenista en el sistema nacional de estadísticas.
  5. Disponer el cumplimiento inmediato, regular y constante de lo que manda el Artículo 101 de la Constitución Nacional ("El jefe de gabinete de ministros debe concurrir al Congreso al menos una vez por mes, alternativamente a cada una de sus Cámaras, para informar de la marcha del gobierno, sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 71.") y en caso de incumplimiento hacer valer las medidas que dicho artículo prescribe ("Puede ser interpelado a los efectos del tratamiento de una moción de censura, por el voto de la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cualquiera de las Cámaras, y ser removido por el voto de la mayoría absoluta de los miembros de cada una de las Cámaras.")
  6. Modificación inmediata del régimen de decretos de necesidad y urgencia para eliminar la aberración impulsada por el kirchnerismo que establece que basta con que una de las Cámaras del Congreso apruebe un DNU para que se mantenga en vigor y volver a exigir la aprobación de ambas Cámaras en un plazo lo más breve posible para que el DNU conserve vigencia.
  7. Promover el rol fiscalizador y de control de las comisiones legislativas mediante pedidos de informes, inspecciones y visitas constantes a los ministerios y organismos del Poder Ejecutivo y de la Administración Pública, y a través de convocatorias periódicas a ministros y secretarios para que expongan y se sometan a preguntas. Como es evidente que el régimen no cumplirá en absoluto, promover mecanismos efectivos de sanción ante cualquier incumplimiento.
  8. Derogación del Artículo 161 de la Ley de Medios (la "cláusula de desinversión") para que se respeten los plazos de las licencias concedidas, inmediata anulación de las licencias otorgadas a empresas y empresarios que sean contratistas del Estado, y reforma del AFSCA para convertirlo realmente en una autoridad independiente.
  9. Instauración del sistema electoral de boleta única en todo el país.
  10. Creación de una Autoridad Electoral Independiente como la tienen los países serios del mundo, en lugar de seguir con el mamarracho de una autoridad electoral dependiente del Ministerio del Interior.

No me hago ninguna ilusión de que en el hipotético caso de ser adoptadas por un Congreso opositor surgido de estas elecciones, estas propuestas vayan a sortear el bloqueo y el veto de la Encarnación de Keops, pero al menos sería una grandiosa señal de que la "oposición" estaría dispuesta a hacer algo aparte de dejarse sodomizar por el régimen y correr a demostrar qué tan buenos son con el kirchnerato.
Me dirán que hay poco de "propuesta" y mucho de "oposición" en esto. Queridos, la verdad es que si estamos como estamos es porque muchos "opositores" se ocuparon más de resaltar sus coincidencias con el régimen que en tener pelotas y evidenciar algún principio moral o concepción real del deber que implica oponerse a un gobierno que está dispuesto a llevarse todo por delante para "ir por todo".
Claro, todo esto requeriría que tuviesen una vocación real de poder y que pusiesen algún valor por encima de su obsesión caníbal por ser cabezas de ratón, cosa que no creo muy probable.

sábado, 23 de marzo de 2013

La Ley de Oxidación de la Oligarquía


El sociólogo alemán Robert Michels fue uno de los grandes teóricos políticos de principios del siglo XX y un referente intelectual de la socialdemocracia alemana. Su principal contribución al pensamiento político fue en el campo de la "teoría de las elites", en particular la formulación de lo que él dio en llamar la "Ley de Hierro de la Oligarquía".
En resumidas cuentas, la Ley de Hierro de la Oligarquía expresa que conforme una organización crece, se desarrolla y se expande, es inevitable que sus "necesidades tácticas y técnicas" la lleven a generar un núcleo dirigente y administrativo, un funcionariado, una burocracia, que a la larga o a la corta se apoderará del proceso de decisión de la organización y consolidará el poder en una élite, sin importar qué tan democrática, abierta o representativa sea en lo formal la organización. 
El crecimiento de las organizaciones lleva a la especialización de funciones, luego a la burocratización de las mismas y finalmente a la complejización de la toma de decisiones, lo que desemboca en que estas decisiones deban ser tomadas por quienes mejor entienden los temas a tratar. Ahí nace la élite. Este proceso se encuentra potenciado por un fenómeno que sólo empeora con el crecimiento de cada organización: la dicotomía entre eficiencia y democracia interna, entre darle a todos voz, voto y la posibilidad de complicar y demorar las cosas, o lograr que lo que es necesario se haga rápido. Inevitablemente la necesidad de la eficiencia se impone, y con ella se impone un liderazgo fuerte a costa de la democracia interna de la organización. 
Como frutilla del postre, el liderazgo fuerte termina siendo algo anhelado por las masas y la base de la organización a causa de su apatía, de su incapacidad para resolver problemas, su sentido de gratitud y su tendencia a caer en el culto a la personalidad. Las promesas de horizontalidad, de democracia interna, de participación de todo el mundo en la toma de decisiones, quedan entonces reducidas a una farsa en la que la gran masa de los miembros sólo participan del ritual de elegir de vez en cuando a los líderes de la organización, quienes concentran el poder real en sí mismos y sobre toda la estructura y la membresía.
Resumiendo en palabras del propio Michels: "es la organización la que origina el dominio de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre quienes delegan. Quien dice organización, dice oligarquía". 
Para nuestro sociólogo alemán, partidario de la visión rousseauniana de democracia como "gobierno del pueblo", semejante noción era desoladora, porque básicamente descartaba por imposible e inviable que la democracia representativa alcance la meta de eliminar el gobierno de las élites y las oligarquías, ya que las mismas surgen de manera inevitable y acaban por convertir a la democracia representativa en una fachada para legitimar el dominio oligárquico. Casi se puede sentir su desconsuelo cuando escribe que "la evolución histórica se burla de todas las medidas profilácticas que han sido adoptadas para prevenir la oligarquía".
Por supuesto, Michels veía el problema desde la perspectiva socialista y rousseauniana, así que se entiende que le provocara tanta tristeza descubrir que en la práctica los sueños del gobierno popular y de la democracia directa y participativa son inviables, excepto a muy pequeña escala y en organizaciones incipientes y faltas de desarrollo y estructura. 
Otros autores han criticado en su momento el juicio de Michels de dar por imposible a la democracia; por ejemplo, Giovanni Sartori asegura que no corresponde llegar a esa conclusión a partir del hecho necesario de las élites dirigentes, pues las masas cumplen una importantísima función democrática al oficiar como árbitros entre los distintos grupos de poder, quienes deben competir por ganar el apoyo de la sociedad en general para sus propuestas. La democracia no es algo que se dé hacia el interior de una organización, sino en la interacción entre las diversas organizaciones y la sociedad en general. 
Por otro lado, Joseph Schumpeter señala que lo que hace que una democracia sea democrática no es justamente el funcionamiento "democrático" dentro de las instituciones que Michels veía imposible, sino el hecho de que fuese la propia sociedad la encargada de seleccionar a las élites que la habrán de gobernar mediante un proceso abierto y competitivo, en el que las mismas élites deben entender que más allá de su poder propio su gobierno no será legítimo si no se muestran atentos y aptos para responder a las exigencias del electorado.
Así, entre Michels y sus críticos podemos ir puliendo un poco la agradable y fantasiosa idea de que la democracia es el gobierno del pueblo para acercarla más a lo que es en realidad: aquel sistema en donde las diversas élites disputan, alcanzan y conservan el poder apelando a la voluntad del electorado en un proceso abierto y competitivo que tiende a darle poder a la masa y a forzar a las élites a representar de manera adecuada los intereses de los electores si desean seguir participando del poder.
Todo sistema político, por tanto, tiene que proporcionar las siguientes cosas: un método de selección de las élites gobernantes, un proceso de traspaso ordenado del poder, un mecanismo de toma de decisiones, y un principio justificador del sistema. Esto es válido tanto para una república democrática como para el Papado, una monarquía absoluta o constitucional, o un régimen socialista, y se impone de la misma manera que lo hace la Ley de Hierro de la Oligarquía: habrá un presidente, un Papa, un rey, un emperador o un secretario general, y se gobernará en nombre de la voluntad popular, del derecho divino de los reyes, de la voluntad de Dios o de la Revolución, pero siempre habrá una burocracia, una Curia, unos mandarines o un Partido encaramado en la cima del sistema.
Pero hay un factor más que es esencial: para que un sistema político y una élite gobernante sean exitosos y perdurables, deben estar en condiciones de poder percibir adecuadamente las necesidades inmediatas y a largo plazo que aquejan a su sociedad, para poder resolverlas. Es que en el fondo todo sistema depende del consentimiento de sus gobernados (la diferencia fundamental de la democracia es que ese consentimiento es el principio justificador y está contemplado en el método de selección y en el proceso de traspaso, mientras que en los otros sólo se manifiesta cuando se pierde por completo el consentimiento y se llega al punto de ruptura de una revolución), y ese consentimiento dependerá por sobre todas las cosas de que se perciba que el sistema imperante y la élite dirigente pueden dar soluciones aceptables y efectivas a los desafíos de la hora.
Ahora bien: un requisito indispensable para una adecuada detección, comprensión y resolución de los problemas reales de la comunidad o de la organización es, a riesgo de caer en una verdad de Perogrullo, la experiencia real de sus dirigentes en el manejo de problemas reales, y para ello es indispensable que el método de selección de las élites y el proceso de traspaso del poder contemplen la posibilidad y la necesidad de incorporar a la élite a personas que cuenten con dicha experiencia. 
Tomemos por caso a los Estados Unidos: sus instituciones políticas están repletas de personas con experiencia militar, empresarial, agropecuaria, legal, científica y de diversas profesiones (incluyendo al ex actor de westerns Ronald Reagan), lo que le da a su sistema político una afinada capacidad de percibir problemas y de buscar soluciones apropiadas basadas en la experiencia. Otro tanto ocurre con el Reino Unido, en donde la Cámara de los Lores ha dejado de ser una institución de la aristocracia vieja para convertirse en un depósito de experiencia repleto de "nobles" que lo son en virtud de su experiencia en varios campos del quehacer humano y que sirven para proporcionar un consejo medido, sobrio y profesional a las iniciativas políticas.
¿A qué quiero llegar con todo este largo choclo pseudointelectual? A que el gran problema que está aquejando no sólo a nuestro sistema político sino a los de buena parte del mundo occidental es que se está perdiendo a pasos agigantados la facultad de incorporar a las élites gobernantes a personas con una experiencia que vaya más allá de la política y de los mecanismos propios del sistema político. Cada vez es más difícil encontrar gobernantes, legisladores, ministros o funcionarios de varios niveles que tengan experiencia profesional, o al menos que no hayan llegado a sus puestos luego de décadas sistemáticas de rosqueo, "militancia", chupamedismo y un consistente espíritu trepador dentro del partido de turno o de las instituciones.
Esto es serio, a tal punto que es dable afirmarlo en una especie de paralelo decadentista de la Ley de Hierro de la Oligarquía, una "Ley de Oxidación de la Oligarquía", si se quiere, que una organización entra en decadencia cuando su mecanismo de selección de élites es cada vez más incapaz de incorporar talento externo, reclutando de manera progresiva y endogámica en el seno de la propia organización, por lo general cuando se considera a la capacidad de sortear el mecanismo de selección como el único criterio aceptable para llegar al poder. 
Se trata de un proceso de carácter darwiniano, inevitable pero contenible siempre y cuando se lo perciba adecuadamente como una amenaza, en el cual se genera el equivalente a una especie adaptada para sobrevivir en la estructura de poder, y ocurre en todos los sistemas políticos: en las monarquías y aristocracias cuando a la nobleza sólo se le exige el pedigree de haber nacido de los padres apropiados, en los regímenes socialistas cuando el poder deja de estar en manos de los viejos militantes para quedar en las garras de la burocracia del Partido, en el Papado cuando la Curia se encierra en sí misma para concentrar el poder (y mal, como lo estamos viendo hoy en día), y en las democracias cuando lo único que se valora para llegar al poder es la habilidad para ganar elecciones, la lealtad partidaria y la "militancia".
El resultado de un sistema en el que todas las escalas del cursus honorum pasan por los distintos niveles del funcionariado estatal y de las burocracias partidarias y "militantes" es letal y lo podemos comprobar todos los días: el sistema pierde agilidad, capacidad de percepción, imaginación para formular soluciones y planes, se enrosca en sus competencias internas de poder, y literalmente pierde cualquier habilidad como para entender los problemas que ocurren en el mundo real sin leerlos en clave política y sin mirarlos a través de las anteojeras que consiguieron tras años o décadas de estar dentro del sistema. 
Esto es lo que lleva a que, en la Argentina de hoy en día, la respuesta al desafío de incorporar tecnologías modernas de computación, sistemas digitales e informatizar la sociedad pase por convertirla en un gueto tecnológico con tal de favorecer a los vivos que ponen plantas de montaje de telgopor en Tierra del Fuego y emplean a miles de personas haciendo packaging. Nuestra clase política bruta, endogámica, inmoral y encerrada en su propia y miserable experiencia, ya ni siquiera puede percibir la inconveniencia (la real, porque la conveniencia para ellos la tienen bien clara) de semejante estupidez.
¿Por qué piensan ustedes que a Macri o a De Narváez les caen con una bolsa de ladrillos los políticos de la corporación política? Precisamente porque no pertenecen a la corporación. Son de fuera. No empezaron pintarrajeando, poniendo afiches, mendigando bancas en un Concejo Deliberante o calentando sillas en una oficina del sector público como todos los políticos profesionales que tenemos. Vienen de afuera. El sistema los percibe como un elemento hostil y reacciona ante ellos de la misma manera que lo hacen los glóbulos blancos con una infección... sin importar que esos mismos glóbulos blancos hagan que el sistema en general sufra de una leucemia aguda y terminal.
Yendo más allá, podemos establecer un cronograma de la decadencia de la élite gobernante. 
Comienza cuando se instala la percepción dominante en la sociedad de que el camino más rápido y sencillo para alcanzar el poder pasa necesariamente por hacer carrera en el Partido o en el Estado, en lugar de meterse en política después de una carrera profesional fuera de ella. Cada vez importa menos la experiencia profesional, el mérito o el reconocimiento, y cada vez se tiene más en cuenta la "militancia", las conexiones partidarias o la capacidad de pelear y sobrevivir en la jungla política.
Se consolida cuando han pasado dos o tres generaciones en las que el carrerismo político es la vía de acceso de una mayoría tal de la clase dirigente que los que no lo han hecho son excepciones notables. Ya se considera "natural" que la política sea el campo de acción exclusivo y excluyente de los políticos, y a los que vienen de fuera se los toma como anomalías, rarezas o peculiaridades y modas del momento.
Y hace metástasis cuando el carrerismo político (o las pobres imitaciones del mismo) se convierte en el requisito fundamental para alcanzar el poder en las otras organizaciones de la sociedad, cuando deja de importar el ser un buen empresario, un militar a carta cabal, un sacerdote honesto y humilde o un sindicalista preocupado por las condiciones de trabajo de sus compañeros, para valorarse únicamente la habilidad de trenzar y rosquear como cualquier otro político.
Llegada esa última etapa, en la que no sólo el gobierno sino todas las organizaciones de la sociedad pierden la capacidad de evaluar objetivamente la situación y de entender la realidad en términos que excedan los de la política, el colapso está asegurado.
Como para pensarlo, ¿no?
Hasta la próxima.

sábado, 16 de marzo de 2013

Habemus Papam



Tenía pensado escribir otra cosa este sábado, pero seamos honestos: el que haya sido elegido un argentino para conducir la Iglesia Católica Apostólica Romana rompe con todos los esquemas y no iba a dejar precisamente en paz mis planes de posteo en este humilde rincón de la red comido por las telarañas.
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Mucho se ha hablado de que quizás el papa Francisco tenga en el populismo cualquiercosista que campea en el continente sudamericano el mismo impacto que tuvo Juan Pablo II con los regímenes comunistas de Europa Oriental. Sin que eso deje de ser un deseo personal de parte mía, es necesario tener en cuenta primero que Jorge Bergoglio llegó al papado a una edad mucho mayor que la que tenía Karol Wojtyla, que parece tener preeminencia la resolución de los problemas internos que pusieron a la Iglesia en crisis y que (todavía) los regímenes cualquiercosistas de la región no tienen el grado de violencia inherente que sí tenían las tiranías comunistas del Bloque Oriental.
Sin embargo, y a juzgar por la reacción destemplada y desubicada de buena parte del kirchnerismo (incluyendo la sequedad, frialdad y disgusto evidente de la propia Yegua), tengo la convicción de que no la van a tener tan fácil durante el papado de Francisco. 
Esperemos que sea así: la Argentina y el continente lo necesitan.
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En una época en la que la Argentina parecía destacarse únicamente por producir "líderes" tan mediocres y cobardes como intransigentes y delirantes de megalomanía, y por tener como distintivos la soberbia, la incompetencia y la corrupción, el que un hombre humilde, sencillo y pacífico como el cardenal Bergoglio haya sido elegido para conducir a la Iglesia Católica es no sólo motivo de orgullo sino también fuente de esperanza de que podemos ser mejores y que no estamos condenados a hundirnos en nuestras miserias.
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Pensémoslo de esta manera: nunca en la Historia de la humanidad ha habido un argentino con tanto poder como Jorge Mario Bergoglio. El miércoles 13 de marzo de 2013 se convirtió en el compatriota que más lejos y más alto ha llegado en este mundo. 
De un plumazo, relegó a un segundo plano (que igual sigue siendo demasiado bueno para ellos) a aquellos que para vergüenza de los argentinos decentes y de buena voluntad habían sido las caras y nombres emblemáticos de nuestro país ante el mundo. Llegó más lejos que Perón con su inteligencia aplicada para el mal, que Eva Duarte con su energía dedicada al resentimiento, que Maradona con su habilidad malgastada en el exceso y la soberbia y que el Che Guevara con su dedicación pervertida por su fanatismo y crueldad.
Hasta borraron a Chávez de los titulares, qué cosa.
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No es cuestión de pensar que el Papa es un hombre infalible, perfecto y libre de culpas. Nadie lo es. Pensar que alguien es la perfección encarnada y tomarlo por un dios en la tierra es cosa de débiles, aduladores, personas con alma de esclavos y kirchneristas. Y como nos lo está mostrando el Papa Francisco, estamos para cosas más grandes.
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Por sus frutos los conoceréis.
Y las declaraciones resentidas e iracundas de varios figurones del régimen fueron fruto suficiente para confirmar que Verbitsky es un ególatra perverso e hipócrita que se sienta a juzgar teniendo las manos llenas de sangre; que D'Elía es un energúmeno; que la Lubertino es una ignorante desubicada; que Agustina Kämpfer tiene una grave disonancia cognitiva si se avergüenza de que un argentino de bien llegue al Papado cuando ella no es más que la concubina trepadora de un chorro y desfalcador serial; y que Estela de Carlotto es una víbora siniestra.
Y a pesar de todo, qué pequeños y miserables se ven a la luz del gran hecho de la semana que termina.
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El hecho de que la reacción rabiosa de aquellos ideólogos, matones y salames oficialistas que salieron a refritar boludeces acerca del Papa haya llevado a personajes como Adolfo Pérez Esquivel y Graciela Fernández Meijide (a quien no se les puede acusar de ser "fachos" o "chupacirios") a refutar las calumnias y defender públicamente a Bergoglio, o que incluso María Julia Oliván (la primera conductora de 6-7-8) haya declarado en una columna de opinión: "Estoy harta de que me susurren al oído las letra del manual del pequeño progre ilustrado. No siempre la realidad se lee con una lógica bipolar de buenos y malos", es notable y sorprendente hasta para un recalcitrante como yo.
Que la elección de Bergoglio al Papado haya llevado a varios progres a un reencuentro con el sentido común y la decencia bien podría ser el primer milagro de su pontificado.
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Me gusta este estilo de respuesta, sobre todo porque incluso en su soberbia le ha de gustar ni un poquito a Pravda/12 haber sido escrachado por lo que es ante todo el mundo.
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La debilidad, impotencia, rabia y miseria que demostró la kakidad tras conocerse la elección del cardenal Bergoglio como Papa, esa antología de bajezas y calumnias que acá son tan poderosas como para mantener callados a quienes tienen el deber de resistir sus atropellos y que ante el Papa son tan patéticas e inútiles como lo fueron durante los diez años que estuvieron tratando de esmerilar a Bergoglio como pudieron, bien pueden llevarnos a los creyentes a recordar el pasaje del Evangelio en el que, según los católicos, Jesús instituyó la Iglesia:  "Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella»." (Evangelio según San Mateo, capítulo 16, versículo 18)
Si el poder de la Muerte no habrá de derrotarla, menos lo harán las bandas de orcos de la Yegua.
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Es un testimonio triste del mal que le ha hecho el kirchnerismo y su obsesión por dividir y enfrentar a los argentinos el que algo que debería ser un motivo de sorpresa y alegría genuina incluso para muchos no creyentes sea tomado como otra cosa más por la cual pelearnos y agredirnos. Insisto: por sus frutos los conoceréis, y qué frutos podridos de mierda vienen siendo.
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En última instancia, existe un elemento de justicia poética (no me atrevo a decir "justicia divina" porque no me corresponde en absoluto y caminaría por la cornisa de la blasfemia si lo hiciera) en la elección de Bergoglio, habida cuenta de que la primera reacción de la Yegua ante la noticia de la renuncia de Benedicto XVI a su cargo de Papa haya sido decirle en público a un sacerdote, con esa soberbia insufrible y violenta que la caracteriza y la pinta de cuerpo entero: "Decí que no hay papisa... si no te estoy disputando algún lugar".
Debe ser muy duro para la Señora saber que otro argentino llegó a ser jefe de Estado en este mundo, que su autoridad y poder serán mayores y de más impacto que lo que puede aspirar ella, y que encima de todo tiene más y mejores contactos con la divinidad que los que ella se suele arrogar sin motivo alguno.
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A modo de cierre y de respuesta a las miserias de miserables como D'Elía, Verbitsky, Lubertino y Carlotto, vaya esta expresión en el latín chapucero al que puedo acceder con el traductor de Google (y que si algún lector que sepa latín en serio quiere corregir, es bienvenido a hacerlo): 
Habetis eam intrinsecus, permane sugentem.

sábado, 9 de marzo de 2013

Tras la partida del Mico Mandante


Un amigo mío me decía el otro día que si para que Chávez "pase a la inmortalidad" es necesario embalsamarlo, es porque no dejó ni hizo nada de valor que valga la pena recordar o preservar.
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Es una extraña paradoja la que ataca a los "grandes hombres" en los últimos momentos de su vida. 
Por un lado tenemos a Chávez, el hombre que fue el sinónimo y la cara de Venezuela durante catorce años, el "comandante" que le pasaba revista a grandes ejércitos, que en cadena nacional decidía el futuro de negocios y emprendimientos como una trola tinellista que muestra las tetas en televisión, que jugaba al ajedrez con países y personas, que se creyó llamado a hacer vaya uno a saber qué cosa.
Por otro lado tenemos a Chávez, el desahuciado que pasó sus últimos meses en este mundo convertido en un bulto inválido que era movido de aquí para allá, de Caracas a La Habana de ida y vuelta, atado a máquinas, vigilado día y noche por enfermeros y médicos, sometido a la voluntad de quienes le habían chupado las medias en Venezuela y quienes vivían de sus favores en Cuba, inflado de drogas, incapaz de hablar, meneado en público y escondido en privado, convertido primero en una ficha a jugar según las conveniencias de Maduro y de Raúl Castro y luego en una carcaza rellena a ser exhibida en público, habiéndosele privado de la dignidad de descansar bajo tierra.
¿Tanto poder, tanto faraonato, tanto exhibicionismo, para acabar así, desprovisto de cualquier facultad de decisión sobre la propia vida?
Qué miserable es el poder y qué miserables son los que no saben, no pueden o no quieren dejarlo a tiempo antes de que los aniquile.
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Los últimos segundos de vida consciente que pasó Chávez en esta tierra los usó para pedir que no lo dejen morir. Al final, el gran capitán bolivariano, el azote del Imperio, el macho cabrío de la Patria Grande, que durante catorce años rigió los destinos de su país y pudrió mentes y espíritus en todo el continente para satisfacer su capricho, dejó este mundo como lo haría cualquier hijo de vecino: pidiendo que ese no sea el fin y que no lo dejen morir.
Qué duro ha de ser para alguien que se creyó un icono tener que morir como un humano.
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No sé cuántos de ustedes serán de leer la Biblia, pero les quería dejar un pasaje que siempre me viene a la mente cuando crepa alguno de estos que se creyeron poco menos que dioses en la Tierra:
Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.» Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: "¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?" Y dijo: "Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea." Pero Dios le dijo: "¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?" Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios.» (Evangelio según san Lucas, capítulo 12, versículos 15 al 21)
Como detalle que no se me va a ir nunca de la memoria, ese fue el Evangelio que leyeron en las misas del domingo anterior a la muerte de Kirchner.
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Mis condolencias para los venezolanos. Hace casi cuarenta años que enterramos al Pocho y todavía seguimos soportándolo. La que les espera.
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Curioso ver cómo la kaka que no soporta ni el olor de un uniforme militar ahora se hace pis encima, habla del "comandante" y hace patéticas venias ante el mamarracho venezolano.
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¿Así que Nuestra Presidenta, tan bolivariana y leal ella, se rajó de Caracas antes del acto final de la farsa para no cruzarse con Ahmadinejad y dejar que una foto de los dos selle y sea símbolo de la apertura de gambas que hacemos ante los iraníes? ¿Y encima dice que se debió a una de sus tantas y oportunas "lipotimias"?
Cagona de mierda que nos mete en semejante balurdo y no tiene la cara para aceptar las consecuencias en su propia persona. Lo digo y lo repito: cagona de mierda.
"Presidenta Coraje", my fascist ass.

sábado, 2 de marzo de 2013

Año Cero


Originalmente el post de hoy iba a ser una diatriba contra la atrocidad oratoria que perpetró la Vaca Estúpida ayer ante el auditorio acostumbrado de militontos, cómplices del desfalco y salamines opositores, pero antes de que pudiera arrancar con eso Internet acudió en mi auxilio.
Hay un autor y comentarista llamado Richard Fernandez que escribe en el sitio PJ Media y cuya lectura recomiendo de manera enfática por más que escriba solo en inglés. Fernandez es muy hábil a la hora de tomar ejemplos del día a día y ponerlos en el contexto de procesos que comenzaron antes que nosotros y que seguirán incluso después de nuestras muertes, y aunque en muchos casos su punto de partida es la realidad de los EE.UU., también suele partir de lo que sucede en otros lugares del mundo para explayarse sobre las corrientes y realidades que le están dando forma a este mundo en el que vivimos.
Por ejemplo, la pieza que hallé hoy parte de dos situaciones muy concretas y circunscritas, los escándalos de mala praxis y de muertes de pacientes mayores en el sistema socializado de salud del Reino Unido y las estadísticas de desempleo juvenil en varios países de Europa, para construir a partir de allí un panorama que no deja de ser escalofriante: la catástrofe que aqueja a ambos extremos de la humanidad (la devastación laboral de los jóvenes y el desamparo criminal de los ancianos) son simplemente heraldos de la catástrofe mayor que le espera al Estado de Bienestar en primer lugar, y sucesivamente a quienes lo apoyaron, a los políticos que se beneficiaron de él y al resto de nosotros.
Escribe Fernández (y yo traduzco según mi leal saber y entender):
"La actual elite ha abusado el poder de la confianza de una manera que muy pocas elites en el pasado lo han hecho. Han tomado la legitimidad construida por generaciones de aptitud y la usaron para tapizar la mediocridad y la locura. La confianza que tenían que desperdiciar era inmensa y la desperdiciaron.
"Cuando ocurra el colapso la desilusión será tremenda. No será la clase de desilusión que lleva a derrotas electorales o a la caída de un gobierno. Será la clase de disgusto que hunde a una civilización. La clase que derribará al mundo del Sr. Bloomberg y del Sr. Obama a tal extremo que pasarán cien años antes de que los sobrevivientes puedan siquiera reflexionar de manera objetiva al respecto. En "Suave Es La Noche", F. Scott Fitzgerald entendió la inmensidad de la tragedia en los términos de su propia era. Los líderes de su mundo habían malgastado mucho más que las vidas de una generación. Habían destruido el amor, la verdad, la fe y el hogar.
"Esta tierra de aquí costó veinte vidas por pie en ese verano.
Mira ese pequeño arroyo; podríamos caminar y llegar a él en dos minutos. Le tomó a los británicos un mes caminar hacia él; todo un imperio caminando muy pero muy despacio, muriendo por delante y empujando por detrás. Y otro imperio caminó muy lentamente hacia atrás unas pocas pulgadas por día, dejando a los muertos como si fueran un millón de felpudos sangrientos. Ningún europeo volverá a hacer lo mismo en esta generación.
Este asunto del Frente Occidental no podrá ser repetido, no por mucho tiempo. Los jóvenes piensan que pueden hacerlo pero no pueden. Pudieron pelear la Primera Batalla del Marne una vez más pero no esto. Esto demandó religión y años de abundancia y de enormes certidumbres y la relación exacta que existía entre las clases. A los rusos y a los italianos no les fue nada bien en este frente. Tenías que tener un bagaje sentimental del tamaño de tu alma que se remontara más atrás de lo que pudieras recordar. Tenías que recordar la Navidad, y las postales del Príncipe Heredero y su prometida, y los pequeños cafés de Valence y las cervecerías de la Unter den Linden, y los casamientos en la municipalidad, y las idas al Derby, y los mostachos de tu abuelo."
Ni Bloomberg ni Obama entenderán jamás todo lo que desperdiciaron, y por qué poco lo malgastaron."
¿Por qué cito este artículo? Porque temo que algo muy similar nos estará esperando cuando acabe el régimen de la Vaca Estúpida y con él caigan todas las mentiras, los delirios y las fantasías que lo sostuvieron, y eso va a ser mucho más serio que cualquier prostitución de la Justicia.
Los últimos cien años de historia argentina han sido el proceso descrito por Fernandez pero en cámara lenta. En este siglo maldito de Dios y de los hombres los argentinos hemos consumido no sólo la confianza, sino también el respeto por las leyes, el patriotismo, las virtudes del trabajo y del esfuerzo, la prudencia y tantas otras cosas, hasta no dejar más que cenizas y decepción.
Aniquiladas las virtudes y los méritos, el kirchnerismo y el cristinismo se sustentaron en lo único que quedó en pie: los defectos y las miserias de la argentinidad. La arrogancia, el patoterismo, la corrupción, la desidia, el facilismo, la "viveza criolla", el resentimiento, el revanchismo y todos los otros comportamientos turbulentos que fuimos creando a la par de la demolición de las virtudes, todo eso fue lo que alimentó esta década de locura absoluta cuyas consecuencias podían verse desde el primer día, aunque muchos optaron por cerrar los ojos y darle para adelante. Yendo por todo. Nunca menos.
Lo bueno es que cuando por el peso de su propia incompetencia y despotismo se venga abajo el régimen de la Yegua, también colapsarán todas las miserias humanas que lo sustentaron de la misma manera en que los anteriores fracasos nacionales se llevaron puestos a sus propios pilares, siguiendo la tesis de Fernandez. Lo malo es que lo que va a quedar después va a ser tierra arrasada; la locura y la mediocridad al aire libre ya sin ningún tapiz que lo disimule, ni siquiera los torpes colgajos que usaba el kirchnerismo para taparlos.
Y en esa desolación, desnudos por completo y sin más relato que impida ver la tierra arrasada, vamos a quedar todos nosotros. Los que odiamos al régimen y los que mamaron de su teta. Los decentes y los corrompidos. Todos nosotros en una ruina, con todos los principios morales aniquilados, con la confianza exterminada y con las ilusiones pisoteadas.
Ruina para todos.
Será un mundo en donde tendremos que explicarles a muchos que el Fútbol Para Todos no es ni por puta un derecho, sino un capricho ridículo que demasiada plata consumió y demasiadas mentes ayudó a pudrir mediante la difusión de la basura propagandística del régimen, y de paso empiezan a hacerse a la idea de que pagar quince o veinte centavos de dólar por un pasaje subsidiado hasta las tetas fue una gracia que no volverá más porque no hay forma de bancarlo.
Será un mundo en donde van a tener que desengañarse por las malas numerosos pendejos camporitas que pensaron que lo natural en la vida era ocupar un cargo en la administración pública o en el imperio empresarial del Estado y cobrar sueldos de varias decenas de miles de pesos al mes cuando su experiencia profesional y personal e incluso su edad no los habilitaba para algo más que repartir volantes o sentarse en un call center a atender llamadas en castellano neutro.
Será un mundo en donde a mucha pero mucha gente le va a entrar una resaca feroz después de diez años de borrachera, y encima va a ser la única resaca de la que no van a poder escapar, porque no los va a obligar a hacerlo alguien interesado en que la transición sea delicada y llevadera, sino la mismísima realidad, diciéndoles que no queda nada más.
Ese es el país que nos espera. Aunque sea necesario acabar con la Vaca y con sus obras nefastas, que nadie se haga ilusiones acerca de que nos espera el paraíso en la tierra o de que nos vamos a poder salvar de las consecuencias de alguna manera. Nos pasamos los últimos cien años quemando en la hoguera del delirio nacional todas aquellas virtudes que nos hubieran ayudado a impedirlo, y de poco nos van a servir sus cenizas.
Y sobre esas cenizas, y sobre las ruinas de un país que implotó a manos de sus propios habitantes hasta dejarlos en pelotas y a los gritos, tendremos que arrancar de nuevo con la perspectiva certera de que faltarán muchos años de esfuerzo real y doloroso antes de poder siquiera disfrutar de algo parecido a la vida mentirosa que tuvimos en la Década de Él y de Ella, mientras entendemos de una puta vez todo lo que desperdiciamos y por qué poca cosa lo malgastamos.
Repito aquí las palabras de Fernandez que cité arriba: "Cuando ocurra el colapso la desilusión será tremenda. No será la clase de desilusión que lleva a derrotas electorales o a la caída de un gobierno. Será la clase de disgusto que hunde a una civilización."
Y así seguiremos, en esa marcha inexorable hacia el Año Cero que supimos conseguir por acción u omisión.

sábado, 23 de febrero de 2013

Reflexiones sobre el aniversario de Once


Muchachos, nada de lo que pueda yo llegar a decir o escribir hoy se va a asemejar a la seguidilla de artículos que aparecieron hoy en BlogBis, de modo que para dar a conocer su contenido en la medida de mis esfuerzos, les dejo pequeños extractos aquí y los invito fervientemente a ir a leerlos:
Soy el único que piensa que gran parte de la responsabilidad de tragedias como la de Once es de la ciudadanía? Que cuando su sangre corre quiere cabezas empaladas en picas, por una decadencia que toleró y premió con votos durante decadas? No se, creo que muchas de las víctimas, si no lo fueran, no perderían un minuto de sueño por las otras víctimas. Que los derechos de las minorías, en fin, no existen para la mayoría. Y eso no es culpa de un gobierno o de un funcionario. Es culpa de la mayoría. Es una sociedad suicida, me cuesta sentir pena por ella.
Primero, que es evidente que toda la infraestructura de transporte de pasajeros en la Argentina está atada con alambre. Toda, la vial, ferroviaria, aérea,  y lo que haya fluvial también. Y no solo está atada con alambre sino que es con alambre oxidado, de medio milímetro.
Cambiar vías y pintar trenes sirve, es algo. Reparar asientos también. Pero el ferrocarril está todavía funcionando sobre infraestructura centenaria. Cualquiera que viaje va a ver señalización de los años 20 o 30 del siglo pasado, los puentes en su mayoría son herencia de los operadores ingleses y franceses: tienen más de 120 o 140 años y jamás, jamás desde 1945 a esta parte se les ha hecho mantenimiento. Sólo hay que esperar para que un día cualquiera, al pasar sobre un puente falle una dovela y un tren completo caiga sobre una avenida,.o se deslice un apoyo y un tren de carga vaya a parar al fondo de un río.
En Argentina gastamos miles de millones en costo inicial, inflado con sobreprecios, curros y cometas. Y después ni un peso para mantenimiento. Pasa con todo, basta con ver los autos de la policía: móviles 2011 se caen a pedazos. Pasa con las FFAA que en los años 70 compraron lo más moderno del mercado, y en 40 años a aquellos barcos, aviones y tanques ni les cambiaron una bombita por lo que hoy tienen que lidiar con sistemas obsoletos y sin repuestos. Después, ante la urgencia todo es reemplazar, maquillar o comprar nuevo.
La incompatibilidad de desear "que le vaya bien" al prójimo llega al paroxismo cuando los objetivos ajenos son intrínsecamente opuestos a los propios. Un duelista no le desea a su rival "que le vaya bien" mirándolo a través del cañón de una pistola apuntada a su entrecejo, porque el éxito de su contendiente implica que el deseante obtenga un pasaje sin escalas al camposanto. Como mucho despliega una elegante cuota de caballerosidad diciendo "que gane el mejor", agregando "que soy yo, naturalmente" para su coleto.
Si algún día, en virtud de una epifanía, un golpe fuerte en la cabeza, las consecuencias que la aguja de un cirujano plástico demasiado entusiasta en medio de una sesión de aplicación de bótox tenga sobre su cortex cerebral, u obligada por la simple y acuciante necesidad, la Presidente decide abruptamente cambiar sus metas y el rumbo general de su administración, adoptando los principios republicanos que le dieron origen a la Nación y permitiendo que empecemos a soñar con un país apenas normal donde la vida, la honra y la fortuna  de sus ciudadanos no estén atados al arbitrio de sus vaivenes hormonales, entonces, y sólo entonces, será lícito y decente desear que a la Presidenta "le vaya bien".
Porque sólo en ese improbable caso "si le va bien a la Presidenta nos irá bien a todos".
Mientras eso no suceda, mi mayor anhelo es que a la Presidenta le vaya muy, pero muy mal.
Basta de hipocresía. El voto mata. El 54% es responsable por los 51 muertos del #22F
Argentina para mi sufre un anquilosamiento,   un retroceso de su capacidad generadora de riquezas, y, junto con un aumento de la población  un camino firme hacia la pobreza. Y uno de los grandes problemas de un ex-país rico es que arrastra estructuras que ya no estan dentro de sus posibilidades. Es el clásico Cadillac destartalado que encontràs funcionando en Cuba, con un V8 tan monstruoso que después de 50 años sin repuestos  encendiendo 3 cilindros y quemando aceite de coco, sigue marchando. Como pintoresco, es pintoresco.
Pero los resultados del empobrecimiento son esos, nadie quiere aceptar que se volviò pobre, entonces a nivel país quiere seguir teniendo, aparentemente, los mismos servicios. Trenes, Aerolineas de bandera, como si pudiéramos  digamos.  Pero cuando te volves pobre, jugar a ser rico tiene otros costos. La infraestructura se està cayendo a pedazos. Las comunicaciones, transporte, todo se esta cayendo a pedazos. Cada vez màs el individuo es responsable de su propia seguridad, lo cual serìa menos injusto si no pagara ademàs impuestos por servicios públicos que parecen ponerlo en riesgo màs que mejorar su nivel de vida.
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Entiendo que no es muy creativo lo que hice, pero cuando la creatividad falla o se ve sobrepasada por la realidad, es un recurso lícito dar a conocer ideas y pensamientos que expresen lo que uno siente mucho mejor que lo que es capaz de expresar.
Hasta la próxima.
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