sábado 11 de febrero de 2012

Favores

No voy a hablar de Malvinas hoy porque prefiero guardármelo todo para el post más cercano al 2 de abril. Por eso hoy voy a otra cuestión más imaginativa. Hagamos de cuenta que no se trata de una actitud forra sino de un comportamiento genuino y pongámonos a pensar por qué la gente que dice odiar a las empresas es tan partidaria del estatismo.

Digo, me parece una contradicción. Si uno odia a las empresas, o al menos si le molesta taaaaaaaaaanto que hagan negociados con el Estado y que corrompan el sistema político y que usen sus recursos para complicarnos la vida a todos, me cuesta entender cómo esa misma persona puede preferir un sistema de organización política y económica en el que la única forma que tienen las empresas para sobrevivir es negociando con el Estado.

Si de veras odiaran tanto a las empresas como dicen hacerlo, se percatarían de que el peor favor que les podés hacer es quitarles cualquier posibilidad de ayuda estatal o de recurrir a algún burócrata fácilmente adornable para salvar las papas del fuego. Se darían cuenta de que lo peor que podés hacerle a los empresarios es dejarlos que sobrevivan solos en la selva del mercado y que paguen el costo de sus propias decisiones, en lugar de permitirles salvarse de todos sus errores con sólo una llamada a un funcionario de turno.

Si de veras le tuvieran tanta bronca a las empresas, no permitirían que les fuera tan fácil a los empresarios hacer un simple lobby para dejar que "el pueblo" sea rehén de sus malos productos o de sus pésimos servicios. Harían que fuera más fácil que muchos pequeños emprendedores se afianzaran y construyeran alternativas que en un futuro pudieran desbancar a los odiados y anquilosados empresarios corruptos y corruptores, en lugar de salvarlos para toda la eternidad haciendo que fuera muy fácil aplastar cualquier posible amenaza con el pie del Estado.

Si de veras odian a los empresarios, háganlos vivir bajo un régimen liberal en el que no haya posibilidad alguna de salvación a través del Estado, en lugar de darles lo que en el fondo siempre quieren los mediocres, los corruptos y los incompetentes: poder colgarse de otro para no pagar por sus errores.

Apoyar el estatismo es hacerle el favor más grande posible a los empresarios.

Pero bueno, es parte de las contradicciones de nuestro tiempo. Como la que experimentan todos los peronistas que insisten en que son democráticos ignorando que el peronismo es nazifascista de pensamiento, palabra, obra y omisión.

lunes 6 de febrero de 2012

Una historia paralela de la Argentina (Anexo IV)

Una historia paralela de la Argentina (1806 - 2010)

Anexo IV. Fuerzas Armadas

Introducción

La Fuerza de Defensa Argentina (FDA) es la institución militar encargada de la defensa armada de la soberanía, patrimonio, intereses y ciudadanos de la República Argentina. El Presidente de la República es el comandante en jefe de la FDA y ejerce ese mando de forma activa, aunque actúa en muchos casos según la recomendación del Ministro de Defensa, el principal responsable político de los asuntos militares y defensivos a nivel del Gabinete.

La FDA está compuesta por tres fuerzas individuales: el Ejército Argentino, la Armada Argentina y la Fuerza Aérea Argentina. Originalmente cada una de estas fuerzas tenía una cadena de mando propia y separada que respondía al poder político, pero tras las reformas de 1976 la conducción superior está concentrada en un único cuartel general conjunto con un Estado Mayor de la Defensa cuyo jefe es el máximo oficial militar de la jerarquía argentina.

Un total de 185.000 efectivos militares integran la FDA; de estos, 122.000 pertenecen al Ejército, 32.000 a la Armada y 31.000 a la Fuerza Aérea. A éstos deben sumárseles unos 155.000 reservistas y unos 45.000 civiles empleados por la FDA en tareas administrativas y de apoyo, repartidos en una proporción similar entre los tres servicios.

Ejército

A diferencia de los casos de Canadá y Australia, en la Argentina el Ejército presenta un formidable despliegue acorde con su situación continental, y dispone de capacidades correspondientes a una fuerza mecanizada que puede desempeñar operaciones de alta intensidad.

En términos de organización, el Ejército Argentino dispone de cinco divisiones, de las cuales dos son fuerzas de reacción conformadas íntegramente por efectivos regulares, mientras que las tres restantes son entidades de defensa territorial que agrupan unidades regulares y de reservistas. De estas divisiones dependen a su vez dieciocho brigadas (nueve regulares y nueve de reserva) conformadas por tres o cuatro batallones de maniobra (infantería y caballería) apoyados por unidades de artillería, ingenieros, comunicaciones y diversos servicios logísticos y de personal.

De las dos divisiones regulares, la 1º División Argentina (1 Argentine Division) es la fuerza de intervención pesada del Ejército, constituída por tres brigadas mecanizadas (1º, 2º y 8º) capaces de desplegar tanques, artillería autopropulsada e infantería transportada en blindados a oruga en cualquier situación que requiera un alto poder de fuego. La otra división, la 4º División Argentina (4 Argentine Division) es una fuerza de despliegue rápido conformada por dos brigadas ligeras (6º y 7º) de infantería transportada en blindados a rueda y caballería ligera, además de la 4º Brigada Aerotransportada, integrada por paracaidistas y tropas helitransportadas apoyadas por elementos de aviación de ejército.

Cada una de las tres divisiones restantes tiene una jurisdicción territorial: la 2º División Argentina (2 Argentine Division) en el norte del país, la 3º División Argentina (3 Argentine Division) en la región central y la 5º División Argentina (5 Argentine Division) en las provincias y territorios australes. Estas divisiones están conformadas por una brigada regular (la 3º Ligera en la 2º División, y la 5º y 9º Mecanizadas en la 3º y 5º Divisiones respectivamente) y otras tres brigadas conformadas por unidades de reserva territorial que sólo se movilizan en caso de conflicto y que en tiempos de paz mantienen sólo los efectivos necesarios para la administración del material y la instrucción del personal. La ciudad de Rosario cae dentro de la jurisdicción de un Distrito Militar especial con funciones ceremoniales, de defensa y de gestión de reservas.

El Ejército Argentino opera según un sistema regimental heredado del Ejército Británico, en el que cada miembro de la fuerza está afiliado a un regimiento específico de su arma de servicio, al cual pertenece de forma administrativa durante toda su carrera, e incluso de forma operativa durante la mayor parte de la misma. Cada regimiento está formado por una cantidad variable de batallones regulares y de reserva, siendo los batallones las unidades básicas de maniobra y los regimientos en sí sólo instancias administrativas y de organización. Cada regimiento es responsable de la gestión del personal y los recursos de cada uno de sus batallones. El regimiento se convierte en un nexo de unión tanto profesional como social, que además da origen a una gran cantidad de organizaciones al amparo de la tradición compartida por el regimiento.

El principal tanque de batalla del Ejército Argentino es el tanque Leopard 2 de origen alemán, que equipa actualmente a la unidad de caballería de cada una de las brigadas mecanizadas; en el caso de las brigadas ligeras, el principal vehículo de caballería es una variante local del blindado ligero sudafricano Rooikat. Los batallones de infantería mecanizada cuentan con vehículos de combate de infantería Marder y blindados de transporte de personal M-113, que serán sustituídos en los próximos años por vehículos Stryker de origen norteamericano. La infantería ligera suele movilizarse en vehículos utilitarios Humvee, aunque el Ministerio de Defensa evalúa su sustitución en el futuro próximo por blindados a rueda.

El Ejército también mantiene una rama de aviación conformada exclusivamente por helicópteros, empleando unos 15 CH-47 Chinook y 80 UH-60 Blackhawk para transporte de tropas, más unos 36 AS355 Ecureuil para tareas de exploración y enlace, y 36 AH-1 Cobra para misiones de ataque, aunque en esta misión serán reemplazados a partir de 2015 por igual número de helicópteros Eurocopter Tiger.

Armada

La principal misión de la Armada Argentina es el control de los espacios marítimos en el Atlántico Sudoccidental, el Pasaje de Drake y el Pacífico Sudoriental. Para esto, cuenta con cinco bases principales (Montevideo, White Bay, Port Stanley, Ushwaya y Talcahuano) y varios apostaderos menores dispersos a lo largo de ambas costas del país.

Las fuerzas navales argentinas están divididas en dos grandes Comandos Navales, uno correspondiente a la costa del Atlántico y otro a la del Pacífico. Cada uno de estos comandos incluye una cantidad variable de "escuadrones" de entre tres y cinco buques de un mismo tipo: dos escuadrones de fragatas, un escuadrón de submarinos, un escuadrón logístico y un escuadrón antiminado; además, el Comando del Atlántico cuenta con dos escuadrones de patrullado marítimo, uno de operaciones fluviales y uno de operaciones antárticas, mientras que el Comando del Pacífico dispone de sólo un escuadrón de patrullado marítimo.

El corazón de la flota de superficie argentina está conformado por los cuatro destructores misilísticos de la clase Whitelocke, que son una adaptación argentina de los últimos destructores británicos del Tipo 42; está previsto que estos buques, construidos a comienzos de la década de 1980, sean reemplazados en el futuro próximo por otros tantos buques del nuevo diseño británico del Tipo 45. La flota se completa con las seis fragatas clase Uruguay (adaptación local de la clase norteamericana Perry) y las seis más modernas de la clase Misiones (derivadas de las británicas del Tipo 23). En cuanto a la fuerza de submarinos, la misma comprende a los cuatro submarinos clase Rosario, pertenecientes a la clase alemana 209, y a los cuatro clase Asunción, del más moderno tipo alemán 212.

Además de los buques auxiliares, la Armada cuenta con un componente aeronaval que incluye tres escuadrones de 16 helicópteros cada uno SH-60 Seahawk de origen norteamericano para operaciones embarcadas, dos escuadrones de aviones cazabombarderos Tornado (15 por unidad) para misiones de ataque aeronaval, y dos escuadrones de aviones P-3 Orion para tareas antisubmarinas y de vigilancia marítima. El Arma Aérea de la Flota espera en un futuro próximo incrementar sus capacidades de operación embarcada cuando la Armada incorpore los dos "buques de proyección estratégica" de la clase Argentina.

La Armada también dispone de un cuerpo de Infantería de Marina organizado en dos regimientos ligeros, cada uno de ellos con tres batallones regulares y uno de reserva, y un batallón de comandos navales. El 1º Regimiento de Infantería de Marina es la fuerza anfibia del país, operando desde los dos buques de desembarco dique y cuatro transportes de tropas de la Armada, mientras que el 2º Regimiento es la fuerza de operaciones fluviales, usualmente desplegados en las lanchas rápidas del escuadrón naval fluvial. El Batallón de Comandos Navales constituye el componente naval de operaciones especiales, y por lo general suele operar desde los submarinos de la flota y desde lanchas rápidas aptas para misiones de infiltración.

Fuerza Aérea

La Fuerza Aérea Argentina está organizada en ocho alas aéreas administrativas, tres de las cuales cuentan con aviones de combate. Los tres escuadrones (1º, 4º y 60º) de la 1º Ala Aérea tienen una misión primordial de defensa aérea y suelen ser desplegados a varios aeródromos del país de forma rutinaria. En cuanto a los escuadrones 2º, 21º y 58º, pertenecientes a la 4º Ala Aérea, su misión principal es de cazabombardeo y superioridad aérea sobre el teatro de operaciones. Por último, a los escuadrones 14º, 39º y 42º, de la 7º Ala Aérea, les corresponde la tarea de proveer apoyo aéreo cercano a las fuerzas de tierra.

Cada uno de los escuadrones de combate cuenta con entre 18 y 24 aeronaves. Los escuadrones de la 1º Ala Aérea están equipados con unos 70 aviones F/A-18C, mientras que los de la 4º Ala Aérea cuentan con 72 Tornado IDS y los de la 7º Ala Aérea disponen de 60 AT-63C de diseño argentino. Aunque estaba previsto que los Tornado fueran sustituidos en los próximos años por el F-35 de origen norteamericano, diversas complicaciones económicas hicieron que la Fuerza Aérea Argentina abandonara ese programa y se decantara por una versión de los nuevos F/A-18E equipada con ciertos sistemas desarrollados para el F-35, para conformar su futuro elemento de cazabombardeo.

De las dos alas aéreas asignadas a misiones de transporte y apoyo logístico, los tres escuadrones (3º, 13º y 17º) de la 3º Ala Aérea tienen a su cargo las tareas de transporte estratégico pesado con su flota de C-130J Hércules y de reabastecimiento en vuelo con sus KC-135 Stratotanker; ambos modelos serán reemplazados en un futuro próximo por variantes especializadas del nuevo EMBRAER/AAC KC-390. Por otro lado, los escuadrones 20º, 23º y 33º de la 5º Ala Aérea se ocupan de tareas de transporte aéreo táctico, para lo que cuentan con una numerosa plantilla de aviones C-295 de origen español.

Por fuera de estas unidades, la Fuerza Aérea dispone de un escuadrón de transporte especial para altos funcionarios y de numerosas aeronaves de enlace en cada base aérea. Sin embargo, la Fuerza Aérea no opera helicópteros, una capacidad que la FDA ha decidido que está mejor en manos del Ejército y de la Armada.

Cada una de las tres alas restantes presta apoyo a la Fuerza Aérea en una capacidad específica. La 2º Ala Aérea provee capacidades específicas tales como reconocimiento (8º Escuadrón), vigilancia y guerra electrónica (40º Escuadrón) y control del espacio aéreo (56º Escuadrón). La 6º Ala Aérea cuenta con un escuadrón de entrenamiento aéreo básico (6º) y otro de entrenamiento intermedio (31º), cada uno de ellos equipado con 32 EMBRAER Super Tucano, y un último escuadrón de adiestramiento aéreo avanzado (53º) que cuenta con 42 AT-63B de origen argentino. Por último, los cuatro escuadrones (81º, 82º, 83º y 84º) de la 8º Ala Aérea no cuentan con aviones, sino que despliegan misiles antiaéreos Patriot y Rapier, constituyendo así una rama más de la defensa aérea argentina en conjunto con los cazas de la 1º Ala Aérea, la red de radares y los medios antiaéreos que eventualmente puedan aportar el Ejército y la Armada.

Fuerzas Especiales

Las tres armas de la FDA aportan unidades para un Comando de Operaciones Especiales directamente dependiente del Estado Mayor de la Defensa: el Ejército proporciona los tres batallones del Regimiento de Comandos y el único batallón del Regimiento de Reconocimiento Especial, mientras que la Armada aporta al Batallón de Comandos Navales y la Fuerza Aérea cuenta con el Batallón de Operaciones Especiales.

* * *

Bueno, con esto concluyo de forma definitiva con este delirio de historia alternativa con el que he gastado demasiado espacio de la Web. Capaz que en algún momento escribo alguna reflexión final sobre todo esto y ahí sí que definitivamente la termino con todo.

Espero que les haya resultado interesante y les agradezco por su atención.

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sábado 4 de febrero de 2012

Tres generaciones

Hay una frase que se le atribuye al industrial norteamericano de origen escocés Andrew Carnegie y que dice más o menos que "en tres generaciones se pasa de ser pobre a ser pobre". A su vez, un proverbio que dice que "ninguna fortuna sobrevive más de tres generaciones" encarna una noción similar.

Para la sabiduría expresada en ambas frases, la primera generación es la que sale de la miseria por sus esfuerzos y construye la fortuna, la segunda generación es la que mantiene lo logrado por su predecesora y la tercera es la que despilfarra todo lo ganado tan duramente y termina volviendo a la miseria.

La clave estaría en la experiencia personal que los miembros de cada generación tienen con la pobreza, es decir, con la realidad de que la disponibilidad de bienes es insuficiente para atender las necesidades existentes. La generación que construye la fortuna es consciente de esa realidad y sus esfuerzos están destinados a incrementar la disponibilidad de bienes para atender esas necesidades.

La generación que viene después puede haber experimentado esa pobreza si sus primeros miembros vinieron al mundo antes de que sus predecesores construyeran la fortuna con su trabajo, y ciertamente hace lo posible por mantener la disponibilidad de bienes para no caer en la pobreza, pero también podría argumentarse que con esta generación empieza el fin ya que nunca participó plenamente de los esfuerzos por construir la fortuna y por tanto carece de una noción cabal de lo que implica realmente salir de la pobreza.

Al nacer y crecer en la abundancia creada y mantenida por sus predecesores, la tercera generación directamente desconoce lo que realmente significa ser pobre (una vez más, no tener bienes suficientes para atender las necesidades) y tiende a comportarse como si esa fortuna y esa abundancia fueran el estado natural de las cosas.

Sin una percepción mental apropiada de la idea de esfuerzo, la realidad de la escasez, y la excepcionalidad de la abundancia, la tercera generación se permite despilfarrar y desperdiciar todo lo acumulado por las anteriores en esquemas delirantes o en satisfacciones desaforadas de apetitos grotescos, muchas veces sostenidos no sólo en la idea implícita de que la abundancia y la fortuna existen naturalmente, sino en la noción de que les corresponde porque es su derecho y no porque se lo hayan ganado realmente.

Si lo quieren ver de esta manera, la primera generación sería la de Felipe Fort... lo que nos deja una tercera generación a imagen y semejanza de la chocoloca desquiciada de Ricardo Fort.

Y mejor sería que no hablemos de la cuarta generación, la que tiene que crecer pagando las consecuencias de los despilfarros y delirios de sus predecesores, pero habiendo mamado la misma leche venenosa de creer que la prosperidad, la abundancia y la satisfacción plena de las necesidades son o un estado de naturaleza del que sólo nos puede privar un malo, o un derecho que se nos tiene que conceder porque sí. Estamos hablando de una generación a la que se le mutiló el sentido de la realidad que necesita para sobrevivir, para prosperar y para salvar algo de la herencia que crearon sus antepasados.

La frase de Carnegie y el promedio hablan de ejemplos individuales, pero es tentador tratar de pensar sobre la posible existencia un correlato a nivel sociedad de este fenómeno, especialmente teniendo en cuenta todas las cosas que están pasando en el mundo occidental.

Pensemos en Estados Unidos o en Europa, en donde hubo una generación (esa que en EE.UU. llaman "the Greatest Generation") que creció en medio de una Gran Depresión y peleó la peor guerra registrada en la historia humana para después construir la época de prosperidad, abundancia y bienestar más fantástica que se recuerde jamás. Sus descendientes, los mismísimos "Baby Boomers", son incluso una prueba de que la segunda generación también puede arruinar las cosas cuando se crece sin una perspectiva de lo realmente excepcional y demandante que es vivir y mantener un estado de prosperidad.

Y por último llegamos a la tercera generación que gobierna actualmente y que se da gustos absurdos y suicidas como un Estado de Bienestar que ya dejó de versar sobre cosas como jubilaciones dignas para no pasar los últimos años de la vida en la miseria para consagrar "derechos" tales como operaciones de cambio de sexo pagadas con fondos públicos, abortismo y "estilo de vida childfree" a rolete sin pensar que no va a haber nadie que los cuide llegando a viejos y todos los mantras multiculturalistas que insisten en ver a dos civilizaciones como iguales cuando en una, mal que mal, hay espacio para la libertad y el crecimiento personal, mientras que la otra ve con gusto la castración femenina, el terrorismo suicida y los asesinatos rituales por honor.

Si hablamos de la Argentina, nos encontramos con esa gran Generación del '80 que convirtió a lo que fue el rincón más remoto, postroso, lamentable y olvidado del Imperio Español en una de las diez economías más prósperas del mundo a comienzos del Siglo XX y en una tierra de promisión para millones de personas que rajaban de la miseria a como diera lugar. Sus hijos, los dotores que eran m'hijos de alguien, hicieron un trabajo razonablemente bueno al principio, hasta que algunos se entregaron a fantasías revisionistas, masoquistas y totalitarias que fueron el principio del fin, un fin que lo terminó de hundir una extendida tercera generación de la que los "jóvenes idealistas" son sólo la última de sus manifestaciones.

Y la cuarta generación que viene surgiendo desde entonces, criada en la noción tóxica de "donde hay una necesidad hay un derecho" y firmemente convencida de que la escasez es obra de maquinaciones enemigas y no el estado de naturaleza, marcha a paso firme hacia la pobreza inicial, confirmando por completo el argumento de Carnegie.

Ahora, tampoco vayamos a atribuir a la maldad o a la depravación este ciclo. Todo padre desea que sus hijos vivan mejor que él y que no pasen por las experiencias malas de su vida; es natural que quieran evitarle a sus descendientes el tener que repetir las peores partes de su experiencia. Y en cuanto a las nuevas generaciones, bueno, podríamos decir que lo que Natura non da, Salamanca rara vez presta. Podemos culparlos por su conducta suicida, dispendiosa e irracional, pero no por nunca haber tenido la experiencia cabal de la escasez. Sería un cliché decir que "la educación es la solución", pero también sería meterse de cabeza en otro debate tan largo como deprimente.

De todas maneras, creo que andamos en algo como eso. Al mundo occidental hace rato que se le pasó la tercera generación. Y me sorprendería muchísimo que el adagio de Carnegie no se cumpla, esta vez a nivel civilización. Ciertamente a la Argentina se le cumplió hace bastante.

jueves 2 de febrero de 2012

Una historia paralela de la Argentina (Anexo III - Segunda Parte)

Una historia paralela de la Argentina (1806 - 2010)

Anexo III. Provincias y Territorios (Segunda Parte)

Provincia del Plata (Province of the Plate - PL)

De entre las provincias y territorios de la Argentina, la provincia del Plata es indiscutiblemente la más prominente. No sólo cuenta con la mayor población del país (12.129.844 habitantes, o poco más del 20% de la población del país), y tiene a la ciudad más grande del país, Buenos Aires, como su capital provincial, sino que su economía es la más poderosa en todos los indicadores, lo que en parte se debe a una inercia heredada del tradicional lugar que el Plata ocupó como centro administrativo y económico durante el dominio británico hasta el surgimiento de la Argentina como estado unificado.

Aunque la población angloparlante es numerosa (57,13% de la población) respecto del 35,23% que habla castellano, la provincia del Plata se caracteriza por un estilo de vida cosmopolita difícil de encontrar en otras regiones del país. Tradicionalmente se dice que por su diversidad, el Plata está atrapado entre las otras dos "grandes" provincias del país, la angloparlante Uruguay y la hispanoparlante Paraná.

En las calles de Buenos Aires y de las otras ciudades del Plata se puede disfrutar de tradiciones, estilos de vida, comidas y demás aspectos tanto de las culturas que hicieron a la Argentina como las de aquellos que eligieron el país como su nuevo hogar. Todos estos factores tienden a darle al platense promedio un aire de orgullo que suele ser confundido en el resto del país como arrogancia y suficiencia.

La economía del Plata depende en gran medida de la industria, la producción y los servicios financieros, aunque la agricultura y la ganadería ocupan lugares significativos y el comercio a través del puerto de Buenos Aires tiene un volumen de actividad sólo rivalizado por el de Montevideo en el Uruguay. El Partido Nacional gobierna actualmente la provincia del Plata, aunque el Partido Socialdemócrata mantiene una fuerte presencia además del control del gobierno de Buenos Aires.

Provincia de Río Grande (Province of Rio Grande - RG)

Río Grande es quizás la más inusual de las provincias de la República de Argentina, al ser la única con cuatro idiomas oficiales (castellano, inglés, portugués y alemán) y contar con una de las minorías lingüísticas más numerosas del país: la comunidad portuguesa, que representa el 26,36% de su población de 5.655.271 habitantes. Río Grande es una de las dos colonias establecidas en el territorio que el Imperio Británico arrebató al Imperio Brasileño durante la Tercera Guerra del Plata. La capital y principal centro urbano de la provincia es la ciudad de Santa Ana.

Río Grande cuenta con una economía tan diversificada como su composición demográfica: la industria, los servicios, el turismo y la ganadería representan proporciones del producto bruto provincial semejantes a las del promedio nacional. Como resultado de esta diversidad, Río Grande tiene una economía altamente dinámica y de entre las provincias sólo las "tres grandes" (Plata, Paraná y Uruguay) tienen un nivel de vida y de ingresos superior.

El Partido Nacional es actualmente el partido de gobierno en Río Grande y controla el gobierno local de Santa Ana, y la provincia es uno de los distritos en los que el Partido Liberal experimentó su mayor crecimiento, el cual quedó coronado con los resultados de las elecciones de 2007 que le permitieron desplazar al Partido Socialdemócrata al tercer lugar y quedar como Oposición Oficial de la provincia.

Provincia de Tehuelchia (Province of Tehuelchia - TH)

La provincia de Tehuelchia es el epicentro de la colonización galesa en la Patagonia, y hasta el día de hoy conserva un aspecto cultural y arquitectónico especial y diferente del resto del país. Aunque tiene una de las proporciones de angloparlantes más elevadas del país (59,14% de la población), su población de apenas 1.421.406 habitantes es la más baja de entre las once provincias de la Argentina. La capital de Tehuelchia es la ciudad de New Cardiff.

Tehuelchia también tiene una de las economías más rurales del país; casi el 70% de su producto bruto se deriva de la cría de ganado y de algunos cultivos marginales. El resto de la economía provincial depende del turismo, ayudado por las reservas naturales y por el singular patrimonio cultural galés, de la minería y en menor medida del comercio marítimo.

Actualmente el Partido Socialdemócrata ejerce el gobierno de Tehuelchia, y el Partido Liberal ha desplazado al histórico Partido Nacional como la segunda fuerza en la provincia. Los liberales también gobiernan la capital provincial de New Cardiff.

Provincia del Uruguay (Province of the Uruguay - UR)

La provincia del Uruguay abarca lo que en los tiempos anteriores a la conquista británica se conocía como la "Banda Oriental". Con el 67,15% de sus 8.011.797 habitantes pertenecientes a la comunidad angloparlante, la mayor proporción de todas las provincias argentinas (excepto el Territorio de las Islas del Atlántico Sur), el Uruguay es reconocido como la meca de habla inglesa de la Argentina, lo que la lleva a mantener una rivalidad amistosa con la provincia del Paraná, que representa lo mismo para los hispanoparlantes del país. Además de la población hispanoparlante residente en la provincia (26,05%), también hay una significativa minoría (3,76%) que tiene al portugués como lengua materna.

La capital de la provincia del Uruguay es la ciudad de Montevideo. Las principales actividades económicas que tienen lugar en el Uruguay son, hacia el interior de la provincia, la cría de ganado vacuno, la agricultura y el turismo, y en el área metropolitana de Montevideo, la producción industrial, las actividades financieras y el comercio. El puerto de Montevideo es reconocido como la principal terminal marítima de containers de la Argentina, y mantiene una competencia con el cercano puerto platense de Buenos Aires que se remonta a los tiempos del dominio español.

El gobierno del Uruguay está actualmente en manos del Partido Socialdemócrata, con el Partido Nacional ocupando el lugar de oposición oficial. Sin embargo, el dominio que los socialdemócratas tenían sobre las instituciones provinciales casi desde el nacimiento de la República empezó a tambalear luego de que el Partido Liberal se hiciera con el gobierno de Montevideo en los comicios de 2007.

Territorio de la Capital Federal (Federal Capital Territory - ROS)

Este territorio ubicado a ambas márgenes del río Paraná abarca a la ciudad de Rosario propiamente dicha; el resto de las localidades de la conurbación metropolitana del Gran Rosario caen bajo la jurisdicción de las provincias del Paraná y de la Mesopotamia según la margen del Paraná sobre la que se ubiquen. De acuerdo al último censo, el Territorio de la Capital Federal tiene 1.847.250 habitantes, con una proporción excepcionalmente pareja de residentes de habla inglesa y española (47,65% y 46,19% respectivamente), y modestas comunidades germanoparlantes y lusoparlantes.

Las actividades principales del Territorio de la Capital Federal han sido históricamente las vinculadas con el apoyo a las funciones políticas y administrativas que tienen lugar en Rosario, seguidas por el turismo, aunque en años recientes ha crecido la actividad financiera y bancaria, y el puerto de la ciudad ha cobrado un gran ímpetu como punto de salida para la producción agropecuaria de las regiones circundantes. Este hecho ha provocado más de una disputa entre las autoridades federales y territoriales, y los gobiernos paranenses y mesopotámicos.

El Jefe de Gobierno, el Consejo Ejecutivo y la mayoría de las bancas de la Asamblea de Rosario pertenecen al Partido Nacional, con el Partido Socialdemócrata en segundo lugar como Oposición Oficial, una modesta pero creciente presencia del Partido Liberal, y un pequeño número de bancas ocupadas por varias agrupaciones vecinalistas.

Territorio de las Islas del Atlántico Sur (South Atlantic Islands Territory - SAI)

Este territorio comprende a los archipiélagos de la Tierra del Fuego, de las islas Falkland y de las islas Georgias del Sur. Su población presenta la proporción más elevada de angloparlantes de nacimiento, con un 78,22% de los 253.655 habitantes registrados que se identifican como tales. La reducida comunidad hispanoparlante (19,35%) se concentra en la ciudad de Punta Magallanes en Tierra del Fuego; la presencia de argentinos de habla alemana y portuguesa se reduce a algunos miles de habitantes desperdigados por las Falkland o las inmediaciones de Ushwaya, respectivamente.

Las principales actividades económicas del Territorio son la pesca, el turismo y la cría de ganado ovino, a lo que se le suma desde hace algunos años la explotación de hidrocarburos. La capital del Territorio es la ciudad de Ushwaya, ubicada en la Isla Grande de Tierra del Fuego; la ciudad de Port Stanley sirve como un "centro administrativo especial" para las Islas Falkland.

Aunque ocupadas en el mismo período que el resto de la región patagónica, las Islas del Atlántico Sur jamás fueron elevadas al rango de provincia por el gobierno federal debido a "razones de orden estratégico". El hecho de que permanecer en la condición de territorio sólo significa que el gobierno federal es el único que puede modificar las normas constitutivas vigentes no ha impedido que exista un fuerte movimiento popular a favor de la creación de una nueva provincia (habitualmente llamada "Drakia") en el territorio de las Islas. Curiosamente, este movimiento es fuerte únicamente en la Tierra del Fuego, ya que en las Falkland existe un movimiento propio que busca la separación de este archipiélago del resto de las Islas del Atlántico Sur y su constitución como un territorio separado.

Las Islas del Atlántico Sur son el único distrito habitado de la República de Argentina cuyo gobierno funciona mediante un sistema apartidario. Aunque los grandes partidos políticos tienen presencia en el territorio y disputan los comicios federales y las elecciones para la Asamblea Legislativa local de forma idéntica a la que lo hacen en el resto del país, el Consejo Ejecutivo del territorio está integrado por representantes de todos los partidos políticos con bancada en la Asamblea Legislativa.

Territorio Antártico Argentino (Argentine Antarctic Territory - ANT)

El Territorio Antártico Argentino es el nombre con el que la Argentina designa a la porción de la Antártida que reclama para su soberanía, la cual consiste de un triángulo con vértice en el Polo Sur, base en el Paralelo 50° Sur y lados en los Meridianos 20° y 90° Oeste. Carece de capital propiamente dicha o de poblaciones permanentes, a excepción de las diez bases científicas argentinas y de los 500 científicos y militares que se rotan en períodos fijos para ocuparlas.

Aunque existe una administración formal del Territorio que es ejercida por el Ministerio de Asuntos Exteriores argentino, la autoridad internacionalmente reconocida de la Argentina sólo se limita a las diez bases que el país mantiene en el continente blanco, ya que el Tratado Antártico no reconoce ningún reclamo territorial sobre la Antártida. Este Tratado también limita la explotación económica de la Antártida, la cual es inexistente más allá de ciertas expediciones turísticas y cruceros.

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lunes 30 de enero de 2012

Una historia paralela de la Argentina (Anexo III - Primera Parte)

Una historia paralela de la Argentina (1806 - 2010)

Anexo III. Provincias y Territorios (Primera Parte)

Provincia de Araucania (Province of Araucania - AC)

Araucania es una de las provincias más particulares del país, a tal punto que es difícil concebirla como parte del resto de la Argentina. Se trata de la única provincia ubicada completamente sobre la costa del Océano Pacífico y al oeste de la Cordillera de los Andes, sus vinculaciones culturales con el mundo hispanoamericano e incluso su acento tienen más en común con la tradición chilena que con cualquier región del resto de la Argentina, e incluso su población angloparlante presenta distinciones significativas, ya que se trata en su gran mayoría de descendientes de escoceses.

Un total de 4.930.146 habitantes residen en Araucania, de los cuales el 49,76% hablan inglés y el 47,22% castellano. La provincia también cuenta con la mayor colonia alemana de la Patagonia, y en su territorio reside una notable minoría indígena perteneciente a la etnia que le da su nombre: los araucanos. La capital provincial de Araucania es la ciudad de Talcahuano.

Al ser Talcahuano el principal y más desarrollado puerto argentino en la costa del Pacífico, la provincia goza de importantes beneficios derivados del comercio y de los movimientos de buques mercantes procedentes de toda la cuenca del Pacífico. Por fuera del comercio, la minería, la pesca y el turismo constituyen las principales actividades económicas de Araucania. El gobierno provincial es ejercido por el Partido Socialdemócrata, mientras que el Partido Nacional ejerce como Oposición Oficial y conduce el gobierno de la ciudad de Talcahuano.

Provincia de Magellania (Province of Magellania - MG)

Abarcando el extremo sur del continente sudamericano propiamente dicho, la provincia de Magellania, la de más reciente creación de entre las once provincias argentinas, se presenta a sí misma como "la frontera sur" del país. Su población es de mayoría abrumadoramente angloparlante, ya que un 70,26% de sus 1.643.292 habitantes tienen como primera lengua al inglés. Los hispanoparlantes representan un 26,27% de la población, y el resto está dividido entre hablantes del alemán, del castellano y de otras lenguas. La capital provincial de Magellania es la ciudad de Parish River.

La economía de Magellania es de perfil netamente primario: la ganadería, la pesca y la explotación de hidrocarburos son las principales actividades que alimentan un PBI enorme en relación con su escasa población. Las actividades del sector servicios están orientadas principalmente al apoyo de las actividades primarias de la economía y a la atención de los pocos centros urbanos de la provincia, aunque el auge del turismo está impulsando una gran transformación en este sentido.

Magellania está gobernada actualmente por el Partido Nacional y la Oposición Oficial está ejercida por el Partido Socialdemócrata. Sin embargo, el gobierno municipal de Parish River corresponde actualmente al Partido Liberal, tras lograr su primer triunfo electoral significativo en Magellania.

Provincia de Mesopotamia (Province of Mesopotamia - ME)

Constituida originalmente como baluarte defensivo de las posesiones británicas frente a la amenaza de las colonias españolas antes de la Segunda Guerra del Plata, la provincia de Mesopotamia se convirtió por efecto de esta naturaleza "fronteriza" en un punto de encuentro para las culturas angloparlantes e hispanoparlantes de la Argentina. Esta concepción se ve reforzada hoy en día al hallarse en medio de los baluartes culturales de ambas comunidades: el Uruguay de habla inglesa y el Paraná de habla castellana. La Mesopotamia también es célebre por la importante presencia irlandesa existente, a tal punto que suele ser conocida como "la pequeña Irlanda".

La población de la Mesopotamia asciende a 3.235.458 habitantes, de los que un 54,42% se identifica como angloparlante y un 42,92% se reconoce como hispanoparlante; el resto de la población corresponde a las comunidades de habla alemana, portuguesa y de otros idiomas. La capital de la Mesopotamia es la ciudad de Corrientes.

La agricultura es la principal actividad económica de la Mesopotamia, aunque existen importantes cordones industriales en torno de las ciudades de Corrientes, Paraná y Gualeguaychú. La pesca y el turismo también representan actividades de peso significativo, y en los últimos años creció el impacto del sector servicios en la economía provincial.

Políticamente hablando, la provincia de la Mesopotamia es significativa por ser la única que escapa al bipartidismo de Nacionales (que sin embargo son la Oposición Oficial y gobiernan en Corrientes) y Socialdemócratas, ya que cuenta con la primera administración provincial perteneciente al Partido Liberal.

Provincia de las Misiones (Province of the Missions - MI)

Misiones fue siempre la "frontera caliente" de la Argentina, ya que históricamente fue la primera línea de conflicto entre la Argentina y el Brasil. Es así que la provincia cuenta aún hoy en día con una importante presencia militar que ha imbuído a su cultura de una marcialidad considerable. Angloparlantes e hispanoparlantes representan proporciones similares de la población de 4.003.019 habitantes (40,88% y 45,19% respectivamente), seguidas por un 10% de lusoparlantes. Iguassu es la capital provincial.

Sin embargo, la disminución de las tensiones entre ambos países ha ayudado a que Misiones se convierta en una "frontera de encuentro", como lo proclaman frecuentemente sus distintos gobiernos. El intercambio comercial, la industria y los servicios vinculados con el Brasil representan la parte del león de la economía provincial, secundada en menor medida por la agricultura y el turismo.

El Partido Nacional ejerce el gobierno provincial actualmente, y el Partido Socialdemócrata es la primera fuerza de oposición y el partido de gobierno en la ciudad e Iguassu.

Provincia del Paraná (Province of the Parana - PA)

La provincia del Paraná es el corazón de la vida cultural, política y social de la comunidad hispanoparlante de la Argentina. Erigiéndose sobre la mayor parte de los territorios conquistados a España durante la Segunda Guerra del Plata, la provincia del Paraná ha logrado un alto grado de desarrollo que si bien no alcanza para igualarse con la provincia del Plata, sí le permite disputar de igual a igual con la provincia del Uruguay, su contraparte angloparlante.

Un 64,04% de los 7.642.630 habitantes de la provincia del Paraná habla el castellano como lengua materna; un 32,21% hace lo propio con el inglés; las demás minorías lingüísticas no alcanzan el 5% de la población. La ciudad de Córdoba, capital provincial del Paraná, es la gran meca hispanoparlante de la Argentina. Actualmente los socialdemócratas gobiernan la provincia, mientras que el Partido Nacional es la Oposición Oficial y la fuerza de gobierno en la ciudad de Córdoba.

La economía del Paraná es rica y diversificada, con una importante primacía de los sectores industrial y de servicios, seguidos por un peso relevante del sector agropecuario y una participación minoritaria del turismo y de la pesca, esta última concentrada principalmente sobre la margen del río que da su nombre a la provincia.

Provincia del Paraguay (Province of the Paraguay - PR)

Si la provincia del Paraná es la meca hispanoparlante de la Argentina, la provincia del Paraguay es su frontera final y su interior profundo. En el Paraguay es donde se ha preservado en su más pura expresión la cultura hispánica anterior a la conquista británica de la actual Argentina. De todos los distritos del país, el Paraguay es el que alcanza la mayor proporción de hispanoparlantes (64,11%) sobre su población, que alcanza los 5.201.267 habitantes. Aunque el porcentaje de angloparlantes es de un razonable 26,36%, concentrado por sobre todo en la capital de Asunción y las áreas vecinas, el Paraguay presenta también una importante minoría de habla guaraní (casi el 5%) dispersa por toda la provincia.

La economía provincial es por sobre todo rural, con un fuerte peso de la ganadería vacuna en las actividades agropecuarias, seguido por el cultivo de frutas. Recientemente, empero, el Paraguay ha comenzado a emerger como un importante actor en la matriz energética de la Argentina, a partir de la construcción y entrada en servicio de numerosos embalses y represas hidroeléctricas sobre los ríos Paraná y Paraguay. Además, el Paraguay es un importante socio comercial del Brasil y particularmente de la República de Atacama, que se sirve de los canalizados ríos Pilcomayo y Bermejo para llegar al Paraná y así sacar exportaciones hacia el Atlántico.

La provincia tiene un gobierno conducido por el Partido Socialdemócrata, con el Partido Nacional ejerciendo el principal papel de oposición además de gobernar la ciudad de Asunción.

Provincia de Patagonia (Province of Patagonia - PG)

La provincia de la Patagonia es la "Puerta al Sur" de la Argentina. Originalmente su territorio abarcaba hasta el Estrecho de Magallanes, pero las sucesivas subdivisiones y la creación de los territorios (luego provincias) de Tehuelchia y Magellania llevaron a una situación en la que la provincia apenas representa la cuarta parte de la región de la cual deriva su nombre.

Al igual que en el resto de la región patagónica, en la provincia homónima es mayoría la comunidad angloparlante, que representa el 52,16% de sus 2.190.535 habitantes, mientras que el porcentaje de hispanoparlantes alcanza el 44,74%. La provincia en sí está prácticamente despoblada, a excepción del área urbana de White Bay, la capital provincial, y otras dos o tres ciudades medianas que en total representan cuatro quintas partes de la población.

Casi el 70% del PBI provincial proviene del cinturón industrial y portuario de White Bay, que sirve como puerta al mundo para buena parte del centro-sur de la Argentina. El resto de la actividad económica comprende la ganadería ovina y vacuna, la minería y la pesca. Actualmente el Partido Nacional es el oficialismo en la provincia, mientras que los socialdemócratas ejercen la oposición oficial y el gobierno de la ciudad de White Bay.

* * *

(Continuará)

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sábado 28 de enero de 2012

Admisión de falta de energía

¿Saben qué? No me dan ganas de escribir hoy.

No es de caprichoso ni de guacho, sencillamente no hay nada que me llame la atención como para juntar energías y escribir párrafos al respecto. Definitivamente estoy en uno de esos puntos bajos de mi ciclo blogueril.

Ni siquiera me llama lo de Bouloudou y sus ganas de no esperar tres años para hacerle un lifting a la Constitución. ¿Cuál es la novedad? Sabíamos todos que iban a llegar a eso tarde o temprano.

Tampoco sobre las peleas entre Moyano y el Gobierno, porque la verdad es que nunca llegan a nada y tampoco me van a dar la alegría de verlos matarse como si fueran mafiosos de Chicago durante la ley seca.

¿Para qué hablar de Poronga Moreno?

De Malvinas ya me desgañité posteando en otros lados y no siento muchas más ganas de dedicar párrafos a una farsa peligrosa montada de ambos lados del Atlántico, en la que al margen de la payasada llevada a cabo acá tengo que ver cómo a mi país se lo usa en una lejana potencia venida a menos para darle a su población un Viagra patriotero; a esta altura del partido, lo único que quisiera es que un terremoto se lleve esas islas de mierda al fondo del océano, con todo y su gente, ovejas, pingüinos y turba.

Y mientras menos recuerde el espectáculo lamentable de una jefa de Estado riéndose como pendeja adolescente luego de decir "rompimos el siete" en un discurso, tanto mejor para mí.

Y esta vez lo lamento, pero no tengo ninguna columna ingeniosa de otra persona que pueda traducir.

Así que les pido por favor que me disculpen si este sábado el contenido es inexistente. Peor sería tratar de escribir una merda sin ganas, me parece.

Saludos muchos, por favor sepan disculparme y espero volver más cargado el próximo sábado.

martes 24 de enero de 2012

Una historia paralela de la Argentina (Anexo II)

Una historia paralela de la Argentina (1806 - 2010)

Anexo II. Sistema de Gobierno y Partidos Políticos

SISTEMA DE GOBIERNO

Políticamente, la Argentina está organizada como una república federal que opera bajo un régimen parlamentario de gobierno. La organización del sistema político argentino está basada en el llamado "sistema de Westminster", el cual heredó de la dominación colonial británica, con las modificaciones producidas a partir de la proclamación de la República en 1960 y la sanción de una nueva Constitución en 1983.

El corazón del sistema político argentino es el Parlamento de la República de Argentina, un cuerpo bicameral que combina los mecanismos parlamentarios heredados del Reino Unido con un elemento federalista de inspiración vagamente norteamericana, reflejando tanto la herencia colonial como la experiencia acumulada durante más de cien años de existencia política propia.

La cámara baja del Parlamento argentino es la Cámara de Representantes, compuesta por 388 miembros elegidos mediante un sistema de doble vuelta electoral en representación de otras tantas circunscripciones electorales uninominales. La Constitución manda que se produzca una renovación completa de la Cámara de Representantes cada tres años, aunque existen cláusulas que permiten elecciones y disoluciones anticipadas del cuerpo.

Siguiendo la tradición británica, le corresponde a la Cámara de Representantes otorgar la confianza necesaria para la confirmación de cualquier gobierno, lo que en la práctica significa que le corresponde formar gobierno a aquel partido o coalición que controle la mayoría de los escaños de la Cámara o una primera minoría en caso de que el resto de los partidos no se coaliguen en su contra. La Cámara puede forzar la dimisión de un gobierno mediante una moción de censura explícita o mediante el rechazo de proyectos impositivos o presupuestarios presentados por el Gobierno, lo que en este último caso se interpreta como una censura tácita derivada del rechazo de la Cámara a permitir que el Gobierno disponga de fondos públicos. Si el Primer Ministro no responde con la disolución de la Cámara, la misma puede forzarlo a dejar el cargo, pero sólo si existe una coalición o partido en condiciones de asumir el gobierno de forma inmediata.

La cámara alta es el Senado, compuesto por 72 miembros elegidos a razón de seis por provincia y tres por territorio nacional. Las elecciones para el Senado tienen lugar cada seis años de forma conjunta con los comicios presidenciales federales; las bancas senatoriales correspondientes a cada distrito son asignadas de forma proporcional según el caudal de votos recogido por cada partido en dicho distrito.

Aunque el Senado ha sido tradicionalmente más débil y menos políticamente activo que la Cámara de Representantes, esto ni le ha impedido ejercer un fuerte papel moderador en particular en lo que hace a la defensa de los intereses de las provincias menos pobladas y de los territorios, ni ha evitado que a lo largo de las décadas haya podido acumular ciertos poderes que elevaron su relevancia e impacto en el sistema político argentino.

Cualquiera de las cámaras del Parlamento puede aprobar un proyecto de ley con la presencia de al menos 50 de sus miembros. Todo proyecto legislativo requiere de la aprobación de ambas cámaras para convertirse en ley, lo que frecuentemente se traduce en desacuerdos entre la Cámara de Representantes y el Senado, en buena medida a causa del sesgo más territorial de este último.

Tras la traumática experiencia vivida durante la crisis constitucional de 1956, la tradición política argentina y luego la Constitución de 1983 establecieron procedimientos para la armonización de las disputas entre ambas cámaras o la disolución conjunta de la Cámara y el Senado y el llamado a nuevas elecciones; de cualquier forma, la Constitución argentina prohíbe la disolución legislativa y la convocatoria a comicios anticipados durante el año inmediatamente posterior a una elección fija y durante el año inmediatamente previo a la siguiente.

El poder ejecutivo de la Argentina está nominalmente encabezado por el Presidente de la República, cargo que sucedió al de Gobernador General tras el fin del régimen monárquico de unión personal con la Corona del Reino Unido. El cargo presidencial ha sido y es principalmente un puesto ceremonial cuyo titular cumple funciones protocolares como Jefe de Estado, además de participar en el proceso político como única figura capaz de disolver el Parlamento y convocar a elecciones (aunque estas últimas tengan lugar "por consejo" del Primer Ministro).

En décadas recientes, empero, la Presidencia ha sido fortalecida para que opere como una "institución estabilizadora" en momentos de crisis, pudiendo hacer un uso menos acotado de sus facultades de reserva. Asimismo, la Constitución de 1983 le reconoce al Presidente algunas facultades en materia de relaciones exteriores (en su carácter de Jefe de Estado y "Primer Embajador" de la República) y de defensa nacional (en su rol de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas) que anteriormente le correspondían al Gabinete y al Primer Ministro.

Originalmente el Presidente era designado por el Primer Ministro según la "recomendación" (en la práctica, la elección directa) de un candidato efectuada por el Senado; actualmente la elección presidencial se efectúa mediante un sistema indirecto en el que los votos se tabulan a partir de los resultados obtenidos en la elección popular de los senadores.

En los hechos, la mayor parte del poder ejecutivo argentino es ejercido por un Gabinete presidido por un Primer Ministro que oficia de Jefe de Gobierno. De acuerdo con la tradición de Westminster, los ministros del Gabinete son seleccionados de entre los miembros del Parlamento pertenecientes al partido de gobierno. Aunque en la virtual totalidad de los casos se trata de miembros de la Cámara de Representantes, no es inaudito pero sí altamente inusual que haya senadores en el Gabinete; en ciertos casos, por lo general durante situaciones de crisis o emergencia, el Gabinete puede incorporar a ministros que no cuenten con ninguna banca en el Parlamento.

Se espera que todos los ministros del Gabinete defiendan pública y solidariamente las decisiones gubernamentales independientemente de la posición que hayan tenido en los debates internos del cuerpo; por consiguiente, también se espera que cualquier ministro que no pueda hacerse cargo de esta defensa presente su dimisión de forma inmediata.

Los poderes del Gabinete (por fuera de las decisiones y resoluciones administrativas propias de cada cartera) y del Primer Ministro son en la práctica idénticos y ejercidos por éste último en nombre del cuerpo entero. Con la excepción de las facultades electorales, diplomáticas y militares que la Constitución le reconoce al Presidente (y que por lo general este último sólo puede ejercer siguiendo el consejo vinculante del Primer Ministro), el poder ejecutivo está prácticamente en manos del Primer Ministro.

Además de ser el líder del partido de gobierno, por convención el Primer Ministro es siempre un miembro de la Cámara de Representantes, y aunque técnicamente no es ilegal que un senador llegue al cargo, en estas circunstancias se esperaría de un senador que renuncie a su banca y dispute un escaño en la Cámara de Representantes. El Primer Ministro permanece en su cargo mientras conserve la confianza del Parlamento (esto es, que su partido retenga la mayoría de las bancas de la Cámara de Representantes) y mientras se mantenga como líder de su partido.

El sistema judicial argentino cuenta con dos estructuras separadas: una federal y otra provincial y territorial. Aunque ambas mantienen una separación casi completa, la Corte Suprema de Argentina tiene una posición superior en virtud de su condición de tribunal de última apelación en el sistema argentino. La Corte Suprema tiene jurisdicción originaria en algunas cuestiones puntuales, entendiendo en la mayoría de los casos por apelación de sentencias de los tribunales federales, provinciales o territoriales.

Los tribunales argentinos se dividen en cortes superiores y cortes inferiores. Las primeras son aquellas cuya jurisdicción es ilimitada y que ocupan el puesto principal en la jerarquía tribunalicia a la que corresponden; en esta categoría se hallan la Corte Suprema de Argentina y los Superiores Tribunales de Justicia de las provincias y territorios, y en todos los casos se trata de tribunales creados por las Constituciones o Cartas Legislativas correspondientes.

Las cortes inferiores, en cambio, son creadas por leyes del Parlamento o de las legislaturas y cuentan con jurisdicciones limitadas a las cuestiones que les están reservadas por las leyes que las crearon. En esta categoría entran no sólo los tribunales de primera instancia tanto federales como provinciales, sino también las cortes federales con competencia exclusiva sobre una jurisdicción limitada, como por ejemplo la Corte de Almirantazgo.

PARTIDOS POLÍTICOS

Partido Nacional

El Partido Nacional es el único de los "cuatro viejos partidos" (Nacional, Cívico, Laborista y Conservador) que continúa existiendo en su forma original en nuestros días. Es también el partido que más tiempo ha gobernado en la historia argentina (75 años de 124) y el que más Primeros Ministros ha tenido (15 de los 26). Su origen se remonta a los clubes políticos de los sectores medios y medios-altos de la comunidad angloparlante en los años previos e inmediatamente posteriores a la Federación, y aunque a lo largo de las décadas ha logrado adquirir una porción respetable del voto hispanoparlante, todavía es percibido como el partido emblemático de los argentinos de habla inglesa.

La ideología del Partido Nacional es básicamente conservadora (un hecho con el que se siente más cómodo luego de absorber los restos del Partido Conservador tras su implosión en la década de 1970), y si bien en líneas generales prefiere mantener al Estado lejos de la economía, su idea del papel de "control y supervisión" que debe ejercer el Estado es bastante más extensa que la de los liberales. Además, el gran peso que las elites provinciales tienen en la conducción del Partido Nacional ha llevado a la fuerza en determinados períodos a mostrarse favorable a ciertas medidas proteccionistas. Los nacionales optan por una visión conservadora en términos sociales, más proclive a la asimilación de los inmigrantes y recelosa de la expansión indiscriminada de los derechos sociales y de otras acciones a las que califican como "ingeniería social perniciosa". El Partido Nacional es además el más favorable a las Fuerzas Armadas de entre los tres grandes partidos actuales.

El Partido Nacional es la actual fuerza de gobierno de la Argentina desde su triunfo en las elecciones generales de 2007. Además de controlar la Presidencia, el Gabinete, la Cámara de Representantes y el Senado (aunque con una diferencia más acotada por sobre los socialdemócratas en esta cámara), los nacionales son gobierno en cinco provincias (Magellania, Misiones, Patagonia, Plata y Río Grande) y en el Territorio de la Capital Federal, constituyen la Oposición Oficial en las provincias de Araucania, Mesopotamia, Paraná, Paraguay y Uruguay, y ejercen el gobierno municipal en ciudades tales como Córdoba, Talcahuano, Corrientes, Santa Ana y Asunción.

El color oficial del Partido Nacional es el azul.

Partido Socialdemócrata

Surgido a partir de la fusión del Partido Cívico con la mayoría del Partido Laborista en los años previos a la constitución de la República, el Partido Socialdemócrata es el heredero actual del ala izquierda de los "cuatro viejos partidos" y representa la principal fuerza de centroizquierda en el espectro político argentino. Notablemente, los socialdemócratas han tenido un éxito considerablemente mayor que el de los partidos a los que sucedió, ya que ha logrado ejercer el poder durante 32 años de los 51 transcurridos desde su fundación.

Como se ha mencionado, la orientación ideológica del Partido Socialdemócrata es de centroizquierda, aunque se distinguen alas fuertemente polarizadas que por lo general coinciden con facciones que se remontan a los viejos partidos Cívico y Laborista. En líneas generales, los socialdemócratas favorecen la intervención estatal en la economía y defienden la preservación de aquellas instituciones y programas asociados con el "Estado de Bienestar" creadas durante los gobiernos cívicos de la década de 1920 y el gobierno laborista de Perón en la primera mitad de los '50. Asimismo, el Partido Socialdemócrata tiene una fuerte tendencia al multiculturalismo y a la liberalización de las normas sociales.

En su condición de segunda bancada de la Cámara de Representantes, el Partido Socialdemócrata constituye la Oposición Oficial a nivel federal. Actualmente, existen gobiernos socialdemócratas en las provincias de Araucania, Paraná, Paraguay, Tehuelchia y Uruguay, y son la oposición oficial en las provincias de Magellania, Misiones, Patagonia y del Plata, y en el Territorio de la Capital Federal. Los socialdemócratas son principalmente fuertes en los grandes centros urbanos y cinturones industriales del país, notablemente en Buenos Aires, White Bay e Iguassu, aunque el auge del Partido Liberal ha ido erosionando su apoyo en algunas de las grandes ciudades.

El color oficial del Partido Socialdemócrata es el rojo.

Partido Liberal

El Partido Liberal es la más nueva de las grandes fuerzas políticas argentinas. Aunque surgió oficialmente en 1978 cuando un grupo de dirigentes de segunda línea del Partido Nacional abandonó dicha fuerza en desacuerdo con la decisión del primer ministro Bordaberry de no avanzar con la privatización de las empresas estatales, el Partido Liberal recién despegaría a mediados de la década de 1990 cuando las reformas económicas puestas en marcha por el gobierno de Carlos Mannheim y el período de crecimiento que le siguió abrieron un importante espacio para la propagación del ideario partidista.

En términos ideológicos, el Partido Liberal parte de una concepción libremercadista, contraria a los controles estatales de todo tipo, y partidaria de la desregularización generalizada de las actividades económicas y comerciales. Políticamente, los liberales están a favor de un Estado que se mantenga al margen de aquellas cuestiones que, en su opinión, "exceden las exigencias básicas de autodefensa, seguridad, arbitraje, justicia y relaciones exteriores".

Actualmente el Partido Liberal tiene la tercera bancada más grande tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, pero sus principales éxitos recientes han tenido lugar en el plano provincial, en particular la obtención de una mayoría propia en la Asamblea Legislativa de la Provincia de la Mesopotamia y la consiguiente formación del primer gobierno provincial liberal. Además, los liberales son la Oposición Oficial en las provincias de Río Grande y Tehuelchia, y ejercen la administración municipal en las capitales provinciales de Montevideo, New Cardiff y Parish River.

El color oficial del Partido Liberal es el amarillo.

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sábado 21 de enero de 2012

Vada a bordo, cazzo!

Como durante toda la semana agoté mis energías blogueriles en varios debates sobre nacionalidad, Malvinas y la mar en coche allá en El Opinador Compulsivo y en menor medida en BlogBis, llego al sábado con mis pilas posteadoras peligrosamente bajas, por lo que les dejo una traducción fatto in casa de un artículo escrito por Mark Steyn sobre el tema del Costa Concordia que me pareció interesante:

No más "mujeres y niños primero"
Por Mark Steyn

Abe Greenwald de la revista Commentary twittea:

"Existe alguna posibilidad de que Mark Steyn no use al capitán italiano que huye del buque que se hunde como la metáfora de apertura de una columna sobre el colapso de la Unión Europea?"

Válgame Dios. Tienes que levantarte temprano en la mañana para ganarme en metáforas sobre colapso civilizacional. Ya estuve ahí e hice eso. Vean la página 185 de mi último libro, en donde pongo en contraste la ordenada, dignificada y conmovedora conducta de aquellos en el Titanic (el buque, no el mendaz éxito taquillero de Hollywood) con aquella manifestada en desastres más recientes. No hubo ninguna evacuación ordenada del Costa Concordia, sólo caos marcado por actos individuales de coraje de, por ejemplo, un violinista húngaro en la orquesta y un animador del buque disfrazado del Hombre Araña, los que ayudaron ambos a poner a salvo a los niños, costándole la vida al primero.

El miserable capitán Schettino, en contraposición, se encuentra bajo arresto domiciliario, procesado por homicidio culposo y abandono del buque. Su explicación es que, cuando la nave se escoró repentinamente, cayó en un bote salvavidas y no pudo volver a subir. Es en serio. Le podría pasar a cualquiera, con las cubiertas resbaladizas y todo. Lo siguiente que se sabe es que estaba a salvo en la costa, dejando a sus todos sus pasajeros en el mar. Por otro lado, la grabación de audio en la que se lo escucha recibir órdenes de la Guardia Costera para subir al barco y rehusarse a acatarlas no ayuda mucho a sostener esta versión de los hechos.

En el año centenario del más famoso de todos los desastres marítimos, haríamos bien en considerar de forma honesta la historia del Titanic. Cuando James Cameron hizo su película, estaba más interesado en todo excepto aquello sobre lo que de verdad trataba la historia. Confieso que tengo muy pocos recuerdos de la película excepto los senos lozanos de Kate Winslet y algunas agotadoras cabriolas dizque Riverdance en la bodega, pero lo que sí recuerdo tradujo la memoria de hombres honorables: en mi libro, cito al primer oficial William Murdoch. En la vida real, lanzó sillas de cubierta a los pasajeros que estaban en el agua para que pudieran aferrarse de algo, y después se hundió con el barco; haciendo lo aburrido y decente, todo muy británico, sin mucho escándalo. En la película de Cameron, Murdoch acepta un soborno y asesina a un pasajero de tercera clase. El director luego pidió disculpas al pueblo natal del primer oficial en Escocia y ofreció 5.000 libras esterlinas para un memorial, el cual, convertido a dólares de Hollywood, equivale a un poco menojs que lo que Cameron y su familia pagaron para cenar después de los Oscars.

En el Titanic, los pasajeros hombres dieron sus vidas por las mujeres y jamás hubieran considerado hacer otra cosa. En el Costa Concordia, en palabras de una pasajera, "había hombres grandes, tripulantes, empujándonos para llegar al bote salvavidas antes que nosotros". Después de escenas similares ocurridas en el MV Estonia hace algunos años, Roger Kohen, de la Organización Marítima Internacional, le dijo a la revista Time: "No hay ley que diga mujeres y niños primero. Eso es algo de la era de los caballeros".

Eso sólo si por "era de los caballeros" estamos refiriéndose a la época de nuestros bisabuelos.

De hecho, se puede fijar una fecha muy precisa para "mujeres y niños primero". El 26 de febrero de 1852 el HMS Birkenhead encalló cerca de la costa de Ciudad del Cabo mientras transportaba tropas británicas a Sudáfrica. Como en el Titanic, no alcanzaban los botes salvavidas. Las mujeres y los niños fueron escoltados hasta el cúter del barco. Los hombres se reunieron en cubierta. Se les ordenó no lanzarse al agua porque podían poner en riesgo a las mujeres y a los niños abrumando los botes. Así que se quedaron firmes en sus puestos mientras el buque desaparecía bajo las olas. Como escribiera Kipling:

"La mayoría de nosotros somos mentirosos, la mitad somos ladrones, y el resto de nosotros somos tan repugnantes como podemos ser,
Pero de vez en cuando podemos terminar con estilo (lo que espero que no me pase a mí)."

Sesenta años después, los hombres en el Titanic - mentirosos y ladrones, ricos y poderosos, pobres e ignotos - se encontraron siendo llamados a "terminar" con estilo y así lo hicieron. Tuvieron apenas una hora para darles un beso de despedida a sus esposas, ver cómo se trepaban a los botes salvavidas y se alejaban sin ellos. Ellos también esperaron que no les pasara a ellos, pero cuando les pasó, la norma social de "mujeres y niños primero" soportó la presión y se cumplió en todas las clases.

Hoy no existe una norma social, así que es cada hombre por sí mismo, siendo la palabra operativa "hombre" aunque no muchos de los muchachos del Titanic reconocerían a los del Costa Concordia como "hombres". De una anciana embarcada en el último: "Estaba junto a los botes salvavidas y hombres, grandes hombres, me atropellaban y tiraban al suelo a las mujeres."

Cada vez que escribo acerca de estos temas, recibo muchos mails de hombres en la línea del siguiente:

"Las feministas querían una sociedad con neutralidad de género. Ahora la tienen. ¿Entonces de qué te quejas?"

Y así las virtudes masculinas (si me perdonan una frase peculiar) se encogen hasta quedar reducidas en las así llamadas "cuevas de hombres", aquellos tristes y pequeños reductos de cerveza y canales deportivos premium en el cable.

Estamos más allá de las normas sociales en estos días. Una mujer puede ser soldado. Un hombre puede ser una mujer. Un chico travestido de siete años puede unirse a las Niñas Exploradoras en Colorado porque se "identifica" como una niña. De seguro que agrega cosas al rico tapiz de la vida. Pero no puedo dejar de pensar cuántos van a estar dispuestos a identificarse como hombres cuando las cosas se pongan peores.

Un día o dos después de que el crucero encallara, leí el obituario de un hombre llamado Ian Bryce, quien se encontraba en Dunkerque en 1940 cuando una flotilla improvisada de pesqueros, yates y otros "pequeños buques" ingleses evacuaron a las tropas aliadas que habían sido aisladas por el avance de los alemanes. El joven Bryce, un guardiamarina de 17 años de edad, rescató por sí mismo a 109 soldados británicos, ocho oficiales belgas, dos franceses y dos refugiados judíos en múltiples idas y vueltas en un bote a motor bajo fuego de la Luftwaffe. Nadie le pidió al capitán Schettino que hiciera algo extraordinario, sino tan sólo su deber.

Abe Greenwald no está pensando en grande. El Costa Concordia no es sólo una metáfora del colapso de la UE sino, y acá viene marchando, sobre la fragilidad de la civilización. Al igual que cualquier barco, el Concordia tenía sus procedimientos de emergencia; los simulacros de abordaje de botes salvavidas que todos los tripulantes y pasajeros tienen que llevar a cabo antes de zarpar. Al igual que con el teatro de seguridad en los aeropuertos, los rituales nos dan la ilusión de seguridad, y después, mientras el barco escora y las luces dejan de funcionar y la negra y helada agua entra, descubrimos que estamos por nuestra cuenta: pasamos de bailar y cenar, de las coristas y los saunas, a las oscuras profundidades en cuestión de momentos.

Hoy las naciones más ricas en la historia humana construyen cruceros de placer en lugar de naves de guerra, vastos palacios dedicados a la buena vida, a la noción de que, en el rechoncho y complaciente Occidente, la vida misma es un crucero, navegando (como el nombre del Concordia lo sugiere) en un plácido lago de paz y armonía. Desde el colapso económico de 2008 la metáfora del Titanic - acerca de un mundo occidental que avanca hacia el iceberg pero no puede cambiar su curso - ha sido un poco abusada, convirtiéndose en el cliché más fácil al que puede recurrir un político que quiere imprimir una sensación de urgencia. Pero asumamos que tienen razón y que estamos avanzando a toda máquina hacia el gran cubo de hielo. Cuando choquemos ¿qué es lo más probable? ¿Que nuestra respuesta sea tan ordenada y civilizada como la de aquellos en el Titanic? ¿O que descendamos al infierno del Concordia?

El desprecio hacia "mujeres y niños primero" no es una pérdida menor. Para las culturas reblandecidas en buenas épocas, es fácil descartar las normas sociales. En tiempos duros, puede ser que las necesiten.

Hasta la próxima.

lunes 16 de enero de 2012

Una historia paralela de la Argentina (Anexo I)

Una historia paralela de la Argentina (1806 - 2010)

Anexo I. Mapa, banderas y datos básicos

1. Mapa


2. Banderas actuales e históricas
3. Datos básicos sobre el país
  • Nombre oficial: República de Argentina / Republic of Argentina
  • Población: 58.166.070 (según censo de 2010)
  • Capital: Rosario
  • Ciudades principales: Buenos Aires, Montevideo, Rosario, Córdoba, Asuncion, Corrientes, Rio Grande, Santa Ana, White Bay, Iguassu, New Cardiff, Parish River, Ushwaya
  • Idiomas oficiales: Inglés, castellano
  • Otros idiomas hablados: Portugués, alemán, diversas lenguas indígenas
  • Independencia: del Reino Unido mediante procesos constitucionales; adopción de la Constitución: 25/05/1886; entrada en vigor: 01/01/1887; Estatuto de Westminster: 11/12/1931; proclamación de la República: 01/01/1960; eliminación de los últimos vínculos constitucionales con el Reino Unido: 19/05/1983.
  • Forma de Gobierno: República federal con sistema de gobierno parlamentario
  • Organización Territorial: 11 provincias y 3 territorios
  • Jefe de Estado: Presidente Michael Benegas (desde 2007)
  • Jefe de Gobierno: Primer Ministro Bryce Hammond (desde 2007)
  • Poder Legislativo: Parlamento bicameral conformado por un Senado (72 Senadores) y una Cámara de Representantes (388 Miembros del Parlamento)
  • Moneda: Dólar Argentino ($, A$, ARD)
  • Tasa de Cambio: 1 ARD = 0,77 USD
  • PBI: USD 2.165.731.000.000 (datos de 2010)
  • PBI per cápita: USD 37.233
  • PBI por sector: Agropecuario: 5,3%; Industrial: 26,5%; Servicios: 68,2%
  • Fuerzas Armadas: 185.000 efectivos (Ejército: 122.000; Armada: 32.000; Fuerza Aérea: 31.000)

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sábado 14 de enero de 2012

Sinceramiento colectivo

Allá en BlogBis, el coblogger Max escribió un par de posts sintetizando las impresiones que le habían quedado tras sus últimos viajes por el interior del país. En líneas generales, lo que Max planteó en esos posts es que la Argentina es un país fuertemente dividido y que no logra encontrar una unidad común, pero que más allá de los límites de la capital y de las grandes ciudades, la naturaleza de la Argentina es la de una sociedad feudal en donde la lógica imperante es la de prestar servicio al poderoso para ser a su vez protegido.

Esta realidad podrá parecernos mala o lamentable, afirma Max, pero es la realidad y lo es porque lisa y llanamente es el sistema que funciona y que ha facilitado la vida en las partes más remotas de la Patria.

Escucho las declaraciones de nuestros funcionarios, trato de comprender la lógica de su política económica y de su visión del mundo y tras sumar las interesantes opiniones de Max al respecto no sólo tengo que coincidir con él sino también agregar algo: la sociedad argentina (o al menos su clase dirigente) es feudal, mercantilista y precapitalista.

¿Nos puede sorprender que los elevados ideales de la república y de la democracia moderna, pensados para sociedades de emprendedores, con principios capitalistas y de libre mercado, fracasen al ser implementados en una sociedad argentina que no sólo es premoderna, por las razones que sea y que en algunos casos hasta pueden ser válidas, sino que en ciertos casos hasta parece orgullosa de serlo?

Yo siempre he sido partidario del sinceramiento, aunque a veces termine en el sincericidio, y a eso es a lo que apunto con el siguiente ejercicio mental que es en joda y en serio por partes iguales.

Quizás lo mejor que le podría pasar a este país es terminar de una vez con la ficción republicana. Quizás tendríamos que asumirnos como lo que somos: una sociedad feudal, de señores y vasallos, donde los contactos y el nepotismo vencen a la competencia y la capacidad, donde la sucesión hereditaria es la ley encubierta o explícita.

Quizás tendríamos que pasar a una monarquía de derecho y así llevar a la superficie nuestros inconfesables anhelos monárquicos. Si les incomoda encaramar a Ella con el título de Reina, podemos apelar a nuestra necrofilia de alma e imitar a ese gran faro de civilización que es Corea del Norte y encaramar a un muerto en la jefatura del Estado. Podría ser Kirchner, a tono con el clima de endiosamiento que se trata crear, o Perón si molesta a los más chapados a la antigua, o tal vez a San Martín para que nadie se pueda quejar; Ella podría quedar como jefa de Estado de hecho con el título de Regente, Senescal de Gondor o lo que se les ocurra, y podríamos mantener al Jefe de Gabinete como un verdadero Primer Ministro monárquico.

Podríamos convertir a nuestro Congreso en algo parecido al Parlamento británico, con el Senado transformado en una Cámara de los Lores hereditaria y representativa de la nobleza de entrecasa, que vendría a estar compuesta las grandes familias políticas provinciales, los barones territoriales, los capos sindicalistas y por qué no los exponentes del empresariado nacional por el que nos sacrificamos para salvarlos de su propia incompetencia. La Cámara de Diputados podría pasar a ser una Cámara de los Comunes, en donde se nos permita una voz a quienes no formamos parte de la aristocracia feudal argenta.

Yendo más lejos, hasta podríamos dar títulos de nobleza a los distintos capangas locales. Que cada pueblo, localidad o comuna tengan su burgomaestre o alcalde electo, eso está bien, pero que los partidos y departamentos tengan sus propios barones y condes, y las provincias se transformen en nuestros ducados.

Quizás poner en práctica este ejercicio sea lo más sano que le puede llegar a pasar a la sociedad argentina. Porque no importa lo que diga nuestra Constitución o lo que queramos creer, la realidad de nuestro país es esa: feudal, mercantilista, precapitalista, paternalista, monárquica de alma.

Quizás nos haga bien ver a nuestros políticos, sindicalistas y empresarios por lo que son en realidad, es decir señores feudales encaramados de por vida, con sucesores puestos a dedo y por lo general de sus familias, y tan convencidos de su propiedad sobre todo lo que contiene este país que tenemos que darnos por contentos de que no rija el derecho de pernada. Eso último no sería problema; bien sabemos cómo los yiros y gatos de todo tipo revolotean alrededor de los capangas de turno.

Quizás nos haga bien deshacernos de nuestras ilusiones republicanas y ver a nuestro país por lo que es: una colección de feudos en donde nosotros ocupamos el lugar de los vasallos y sirvientes que trabajan para mayor gloria de los señores.

Quizás entonces, confrontados con la realidad de nuestro país y sociedad y sin poder refugiarnos en ficciones que tienen tanto de realidad como los cuentos de hadas, aprendamos a apreciar el valor de la libertad, sepamos llevar a la realidad sus principios en lugar de contentarnos con creer que existen porque están escritos en la Constitución y repitamos el camino que tomaron pueblos que vinieron mucho antes del nuestro y que lograron salir de la oscuridad feudal, reducir a la aristocracia al papel de piezas de museo y turismo, y alcanzar la modernidad de una vez por todas.

Qué se yo, decía nomás.

martes 10 de enero de 2012

Una historia paralela de la Argentina (Parte 20)

Una historia paralela de la Argentina (1806 - 2010)

20. Hacia el Siglo XXI (1983-2010)

El momento cumbre del proceso que el gobierno de William Snowden había motorizado casi contra la opinión general en 1978 llegó el 25 de mayo de 1983 con las primeras elecciones generales para la Presidencia, el Senado y la Cámara de Representantes bajo los auspicios de la nueva Constitución. En reconocimiento tanto a la calma que reinó durante los cinco años anteriores como al gran logro que representó la Constitución y al consenso que la misma tenía en toda la sociedad, el Partido Socialdemócrata recibió un fuerte mandato del electorado para continuar en el gobierno, mientras que el Partido Nacional se alzaba con la victoria en la primera elección que los argentinos hacían de su jefe de Estado.

En un acto solemne en el Palacio del Parlamento, el socialdemócrata Bernard Sanguinetti juraba como Primer Ministro ante el también flamante Presidente de la República, el nacional Ernest Carney. Las prioridades de los nuevos Presidente y Primer Ministro pasaban por poner en marcha el nuevo armado institucional, probar su funcionamiento y asegurarse de que el arduo proceso constitucional rindiera frutos y le diera a la Argentina la estabilidad política que la había eludido durante el cuarto de siglo anterior.

El contexto económico que vivió el gobierno de Sanguinetti no fue particularmente favorable, pero tampoco acarreó los problemas que habían complicado a muchos de sus predecesores. Si bien la inflación no pudo ser eliminada de cuajo, se mantuvo dentro de márgenes controlables que evitaron una mayor conflictividad social.

Durante este período comenzaron los reclamos para promover una reforma del gran sistema de empresas públicas, que para comienzos de la década de 1980 ya estaban empezando a mostrar problemas de sustentabilidad y de déficits crónicos. Sin embargo y fiel a las tradiciones partidarias, Sanguinetti rechazó cualquier intento de privatización de las empresas públicas, aunque dio algunos pasos tentativos en la misma línea que Bordaberry siguió unos cuantos años antes e instrumentó medidas para permitir la participación accionaria minoritaria en ciertas corporaciones de propiedad estatal.

Sanguinetti debió además enfrentar dos temas que desataron una fuerte polémica en la sociedad argentina. El legado de la lucha contra el terrorismo y de las fuertes medidas que tomó en su momento el gobierno de Juan María Bordaberry adquirió notoriedad pública a través de los esfuerzos de varias organizaciones para que se investigara la comisión de posibles abusos en la aplicación de las disposiciones de emergencia.

Aunque buena parte del Partido Socialdemócrata apoyaba una iniciativa de investigación pública, la oposición del Partido Nacional la rechazó de plano y algunos de sus dirigentes (aunque no los del elenco principal del partido) acusaron a los impulsores de estas propuestas de albergar simpatías con el nacionalismo hispanoparlante y con la izquierda revolucionaria.

La decisión del Primer Ministro fue conformar una comisión parlamentaria con representantes de todos los partidos que se dedicaría a la investigación de esas acusaciones. A lo largo de un año y medio de trabajo, la comisión recabó no sólo los testimonios de los denunciantes sino también los de funcionarios, militares y policías involucrados en las operaciones antiterroristas, en medio de un intenso escrutinio público y periodístico.

El informe fue publicado el 4 de junio de 1985 ante el presidente Carney y el Parlamento en pleno. En sus páginas se pudo dar constancia de numerosos incidentes de “abusos” y “excesos” en la lucha contra el terrorismo, aunque las acusaciones de que se debían a un presunto “plan sistemático” no pudieron ser verificadas. Durante los años siguientes se celebrarían procesos judiciales para los casos más prominentes, algunos de los cuales terminarían en condenas. Sin embargo, los temores sobre una posible inquietud militar demostraron ser infundados, ya que los altos mandos de las Fuerzas de Defensa anunciaron públicamente su respaldo a la investigación y sus conclusiones, y su disposición a colaborar en lo posible.

El segundo tema polémico de este período comenzó en la apertura del período de sesiones del Parlamento del año 1986 cuando Sanguinetti, sin haber dado ningún indicio previo, solicitó la palabra luego del discurso del presidente Carney para ofrecer una disculpa pública a las comunidades aborígenes de la Argentina por las políticas de asimilación cultural y social que el gobierno argentino había puesto en marcha desde la Federación hasta mediados de siglo.

El pedido de disculpas provocó una conmoción en la sociedad argentina y desató un fuerte debate sobre el pasado histórico de la nación, como así sobre la posibilidad de indemnizar a las comunidades aborígenes, tal como algunos de sus dirigentes habían solicitado. De este debate surgiría una ley que reconocería a las comunidades la propiedad de algunas de sus tierras históricas y la protección de sus instituciones culturales tradicionales. A la larga, este debate no perjudicó como muchos temieron las posibilidades electorales del oficialismo, que se vio respaldado en las elecciones parlamentarias de 1987.

Sanguinetti también mantuvo una activa política en los asuntos internacionales, aunque su foco principal se posó en Sudamérica. En un esfuerzo para superar la larga tensión y rivalidad con Brasil, tanto el presidente Carney como el primer ministro Sanguinetti hicieron en 1987 una histórica visita oficial a Brasilia y mantuvieron reuniones de alto nivel con el presidente brasileño Tancredo Neves y su gobierno. De esas reuniones surgirían iniciativas para disminuir las tensiones políticas, comerciales y militares entre Argentina y Brasil y avanzar en una relación más constructiva, ejemplificadas por la participación de unidades militares brasileñas en el imponente desfile militar que se celebró en Rosario como parte de los festejos oficiales por el centenario de la Federación argentina.

Esto permitió además reavivar el proceso de integración económica de Sudamérica, que había quedado casi congelado después de los prometedores inicios de la década de 1960 y 1970. Años de negociaciones de alto nivel, algunas públicas y otras reservadas, concluyeron con la firma del Tratado de Salta el 1 de abril de 1987, para constituir un Mercado Común Sudamericano (Mercosud) entre la Argentina, Brasil, Chile y Atacama. Con sus instituciones permanentes asentadas en la ciudad de Salta, el Mercosud promovería la reducción de barreras arancelarias, la creación de instituciones comunes y la promoción de la integración económica y política entre los países de la región, con el objetivo eventual de constituir una unión continental al estilo de la Comunidad Europea.

La Argentina llegó así a las elecciones generales de 1989, en las que el electorado nacional brindó un fuerte respaldo al Partido Socialdemócrata, lo que resultó en la elección del senador Gerardo Russo como Presidente de la República y en la llegada de Quentin Dellarue, ministro de Asuntos Exteriores en el gobierno de Sanguinetti y sucesor suyo en el liderazgo socialdemócrata, a la conducción de la administración nacional.

Como Ministro de Asuntos Exteriores, Quentin Dellarue había sido el hombre que tradujo las iniciativas de Carney y de Sanguinetti en política exterior a los resultados concretos del acercamiento con Brasil y de la constitución del Mercosud. Su reputación de diplomático firme pero razonable le había permitido ascender al tope del Partido Socialdemócrata sin apelar a la ferocidad de las luchas intestinas de poder, y posteriormente le permitió llevar a los socialdemócratas a la victoria electoral de 1989.

La experiencia diplomática de Dellarue probó ser esencial para que la Argentina pudiera afrontar los vertiginosos cambios en el escenario internacional que resultaron del colapso del bloque soviético. En parte por el impulso argentino, los países del incipiente Mercosud se aprestaron en la línea de largada para posicionarse en los nuevos mercados de Europa Oriental.

Esto no impidió que la Argentina abandonara su clara alineación con Occidente. Cuando Irak lanzó su invasión de Kuwait en 1990, la Argentina fue uno de los primeros países en comprometer efectivos militares para las operaciones Escudo del Desierto y Tormenta del Desierto. En la Guerra del Golfo participarían un total de tres mil militares argentinos, tanto en los dos batallones de las tropas de tierra y en los efectivos de apoyo de combate y asistencia de emergencias como en el escuadrón de aviones de combate y los cinco buques de guerra con que el país contribuyó al esfuerzo de la Coalición contra Saddam Hussein.

Dellarue también buscó darle más ímpetu a la construcción del Mercosud y promover la integración política de Sudamérica. Se inició así un proceso multinacional para el establecimiento de un Parlamento Sudamericano y para la creación de un sistema de defensa y seguridad colectiva en el subcontinente, que en este período se manifestó a través de la multiplicación de ejercicios militares combinados y el fomento de medidas de confianza entre los países sudamericanos.

Pero fue la economía la que trajo los mayores dolores de cabeza a Dellarue. Luego de varios años de relativa calma, la combinación del creciente déficit fiscal y un aceleramiento de la inflación fueron poderosas señales de alerta respecto de los problemas de fondo de la economía argentina: un sector público sobredimensionado, una industria protegida más allá de lo recomendable y una preocupante pérdida de la competitividad general del país.

El pico inflacionario de diciembre de 1991, en el que la tasa de aumento de precios se disparó del 2% mensual al 6%, no pudo venir en peor momento para un gobierno que ya empezaba a hacer planes para las elecciones del año siguiente. Las políticas que Dellarue tímidamente puso en marcha no darían resultados sino hasta dentro de un tiempo, que claramente no sería el suficiente como para que esos resultados ayudaran al Partido Socialdemócrata a vencer una elección que se tornaba cada vez más complicada.

A pesar de los esfuerzos de Dellarue y del oficialismo, no pudo evitarse la derrota en los comicios parlamentarios de 1992, que llevaron al Partido Nacional a su primer gobierno de mayoría propia desde que Peter Leonard ganara las elecciones de emergencia de 1956. La Argentina se aprestaba así a experimentar un período de cohabitación entre la presidencia socialdemócrata de Russo y el nuevo gabinete que encabezaría el nacional Carlos Mannheim como Primer Ministro.

Mannheim era decididamente uno de los líderes más insólitos que alguna vez había tenido el Partido Nacional, tradicionalmente dominado por los angloparlantes y por el sector más acomodado de la comunidad hispanoparlante. Antes de dar el salto a la política federal, Mannheim había sido premier de su provincia natal de Misiones, desde donde había tenido una activa participación en el aumento de las relaciones con Brasil. Como descendiente de inmigrantes alemanes afincados en la ciudad de Blumenau, el nuevo Primer Ministro no sólo hablaba los dos idiomas oficiales sino también el alemán y el portugués, este último gracias a sus vínculos con la pequeña pero pujante comunidad lusoparlante del noreste argentino.

La agenda que Mannheim llevó a Rosario tras ganar los comicios de 1992 estaba centrada en la necesidad de recuperar la fortaleza económica del país, sanear un sector público aquejado por déficits crónicos y servicios de calidad cada vez más perjudicada, y potenciar a la integración sudamericana como plataforma para el relanzamiento argentino en la economía internacional. Aunque muchos ya identificaban a Mannheim como un exponente del ala más liberal en lo económico que tenía para ofrecer el Partido Nacional, nadie pudo siquiera imaginar la rapidez y contundencia con que el nuevo Primer Ministro impondría su programa.

Sin dar el menor respiro, Mannheim impulsó un vasto proceso de privatización de las grandes corporaciones públicas de la Argentina. Este proceso comenzó con la venta de la mayor parte del paquete accionario de Argentine Airways a un consorcio británico y español, y siguió con la introducción de capitales privados nacionales y extranjeros en las empresas proveedoras de energía, en Argentine Petroleum, Argentine Telecom y en la administración de los servicios de pasajeros y de carga de Argentine Railways, que continuaría su existencia como una entidad de desarrollo y supervisión del sistema ferroviario nacional.

A pesar de la infructuosa oposición de los socialdemócratas, el gobierno de Mannheim prosiguió con las privatizaciones hasta finales de 1993, cuando se produjo la venta del paquete accionario que el Estado tenía en los canales de televisión y emisoras radiales que no pertenecían formalmente a ARBC.

Mannheim también se ocupó de enfrentar la inflación. Para ello, el gobierno redujo las trabas arancelarias, relajó los controles de precios y las restricciones comerciales que todavía quedaban en pie, e implementó una política de reducciones impositivas para las nuevas empresas y para el desarrollo de capacidades productivas. Aunque estas medidas no tuvieron un éxito inmediato y todavía se deberían enfrentar algunos picos inflacionarios, para comienzos de 1994 la inflación había descendido a una tasa inferior al 1% por primera vez en décadas.

Hubo fuerte resistencia a las políticas que el gobierno aplicó para reducir el déficit fiscal que desde hacía años que agobiaba a la economía nacional. Además de la gran reducción de gastos que se pudo emprender gracias a las privatizaciones, Mannheim y su ministro de Finanzas, David Corbin, dispusieron grandes reducciones en el gasto público, particularmente en los sectores de salud, subsidios económicos y servicios, operando con la expectativa de que el incremento en la actividad privada permitiría reemplazar la participación estatal. En gran medida éste fue el caso, aunque el costo que el gobierno debió pagar incluyó una fuerte campaña de protestas sindicales y de otros sectores afectados por los recortes, que pusieron a Mannheim ante el riesgo certero de que el Parlamento rechazara su proyecto de presupuesto para 1994 y precipitara su caída del poder.

Para comienzos de 1995 las medidas económicas puestas en práctica por Mannheim en los años anteriores empezaban a rendir resultados. La baja de la inflación y el crecimiento de la actividad privada derivaron en una sorprendente reactivación de una economía que, gracias a la consolidación del Mercosud y a la liberalización del comercio internacional, encontraba nuevos mercados y oportunidades para expandirse. La economía argentina, que en 1992 parecía encaminada a una crisis prolongada y quizás terminal, ofrecía tres años después un panorama de pujanza y desarrollo que ni los más optimistas habían imaginado.

En este clima positivo, a pocos pudo sorprender la contundente victoria electoral del Partido Nacional en las elecciones generales de 1995. No sólo Mannheim pudo permanecer en el poder y ampliar la ventaja de su partido en la Cámara de Representantes y en el Senado, sino que también se impuso la candidata nacional a la Presidencia de la República, la por entonces premier provincial de Tehuelchia, Andrea Heersfeld.

Concluidas las reformas económicas del período anterior, Mannheim quiso darle a su segundo período una impronta más internacional, por lo que se dedicó en gran medida a trabajar junto con sus pares de la región en la consolidación del Mercosud. Esta organización supranacional había entrado en plena vigencia el 1 de enero de 1994 y a pesar de su desempeño satisfactorio, todavía persistían desacuerdos y controversias entre Argentina y Brasil por ciertas políticas internas de fomento a la industria nacional. Estas controversias pudieron ser resueltas en la llamada Conferencia de Iguassu, una reunión cumbre entre Mannheim y el presidente brasileño Fernando Collor de Melo que culminó años de arduas negociaciones para lograr que el bloque supranacional pudiera funcionar efectivamente.

La Argentina también reafirmó su política de participación en misiones de paz en el marco de las Naciones Unidas, en particular con el envío de contingentes militares a la ex Yugoslavia y a Haití. Durante este período se trabajó en una política de reequipamiento y modernización de las Fuerzas de Defensa Argentinas para adaptar a la institución militar del país a los desafíos del mundo posterior a la Guerra Fría.

De la mano de las empresas concesionarias de los respectivos servicios públicos, el gobierno de Mannheim puso en marcha a partir de 1996 un amplio plan de modernización de la infraestructura nacional. El énfasis estuvo puesto en la actualización de los servicios ferroviarios, aeroportuarios y marítimos, de forma tal de abaratar los costos de transporte y beneficiar así las capacidades de producción y exportación de la economía nacional.

El 18 de mayo de 1996 el terrorismo internacional hizo su primer golpe en la Argentina. Un coche bomba destruyó la sede de la Federación Nacional de Entidades Israelitas en Buenos Aires, matando a 72 personas e hiriendo a 224. La investigación montada por el gobierno con la colaboración de agencias de inteligencia extranjeras descubrió que el atentado era obra de grupos extremistas islámicos que para alarma del gobierno, habían ganado influencia en segmentos discretos y minoritarios de la comunidad musulmana argentina.

El atentado en Buenos Aires influiría en un problema al que la Argentina empezaba a enfrentarse. Como consecuencia del importante crecimiento económico vivido en los años anteriores, se produjo un súbito aumento de la inmigración de los países vecinos. Al igual que en otros países que se enfrentaron a esta situación, la Argentina se debatió entre los que postulaban la recepción irrestricta de los inmigrantes y los que miraban con reservas el fenómeno e insistían en una política de asimilación cultural.

Como consecuencia de la violencia de los años ’70 provocada por el nacionalismo hispanoparlante y el ejemplo demasiado presente de la brutal disolución de Yugoslavia, que habían provocado en la sociedad argentina una perdurable desconfianza hacia la división de la sociedad en líneas culturales, la Argentina no siguió el camino multiculturalista de otros países y optó por continuar con la “argentinización” de los inmigrantes a través del sistema educativo y legal, y de la enseñanza obligatoria del inglés y del castellano.

Aunque para 1998 los logros económicos de las reformas de Mannheim eran innegables, el trauma que representaron estas transformaciones en la sociedad argentina, junto con el surgimiento en el Partido Socialdemócrata de una poderosa tendencia centrista que aceptaba la realidad económica al estilo de la Tercera Vía del primer ministro británico Tony Blair, más el comprensible cansancio de la sociedad hacia el gobierno de turno, pusieron al Partido Nacional en una posición defensiva. De cualquier manera, el resultado de las elecciones que tuvieron lugar en septiembre de ese año sorprendió a los que creían como inevitable una nueva victoria de los nacionales y consagró por una respetable mayoría al Partido Socialdemócrata como nueva fuerza de gobierno.

Para mayor sorpresa, el hombre que se convirtió en Primer Ministro fue el mismo a quien Mannheim había vencido en 1992: Quentin Dellarue. En la campaña electoral, Dellarue había prometido mantener las políticas que la administración de Mannheim había puesto en marcha, aunque aseguró que haría lo posible por darle “un rostro humano” a la gestión gubernamental.

En su segundo mandato, Dellarue mantuvo su promesa: a pesar de las quejas de algunos de los sectores más dogmáticos del Partido Socialdemócrata, el gobierno no revirtió las políticas de privatización y de apertura comercial, e incluso continuó con una iniciativa de la administración anterior para reestructurar la deuda pública del país. Estas fueron decisiones acertadas que demostrarían su validez, ya que para fines de 1998 comenzaba a percibirse un enfriamiento de la economía que podía desembocar en una recesión en el futuro cercano.

Aún en este contexto, se revirtieron algunos de los recortes de políticas sociales y sanitarias que Mannheim había dispuesto como parte de un plan de reforma de la asistencia social que debía mejorar el servicio sin representar una carga onerosa para el sector público nacional.

La mayor iniciativa que impulsó el gobierno de Dellarue fue el llamado “Plan 50”, presentado a comienzos del año 2000: un conjunto de políticas que, fijando el cincuentenario de la República que se celebraría en 2010, preveía metas a cumplir en términos que incluían la evolución de los indicadores sociales, el desarrollo de infraestructura y el crecimiento económico, con miras a mantener a la Argentina como la economía más diversificada y avanzada del continente aún cuando la de Brasil empezaba a perfilarse como superior en términos absolutos. Este plan recibió un fuerte respaldo tanto del oficialismo como de la oposición, lo que lo convertiría en la agenda oficial del país durante los siguientes 10 años.

Dellarue volvió a destacarse en el campo diplomático, siendo particularmente notoria la mediación que tanto él como la presidente Heersfeld hicieron cuando a comienzos de 1999 Colombia y Perú libraron una breve guerra a causa de una disputa limítrofe. El Primer Ministro logró además movilizar a los países del Mercosud en el esfuerzo diplomático, que culminaría con un cese al fuego y una retirada escalonada de ambos países, seguida por el despliegue de una fuerza de paz integrada por tropas de los países pertenecientes al Mercosud.

Sin embargo, la salud empezó a traerle problemas a Dellarue. Las tensiones del gobierno y una constitución que ya no era tan fuerte como antes tuvieron al Primer Ministro aquejado por enfermedades y malestares en forma casi constante. Un episodio de neumotórax en noviembre de 2000 y un principio de infarto en febrero de 2001 fueron una señal de alerta que sólo podría ser ignorada a riesgo de la vida del Primer Ministro.

Siguiendo la recomendación de sus médicos, Dellarue anunció que no iba a presentarse para las elecciones legislativas de 2001 y que iba a abandonar la política. Su sucesora iba a ser su ministra de Justicia, Elisa Iglesias, una dirigente en ascenso dentro del Partido Socialdemócrata conocida por su capacidad de trabajo y también por un temperamento explosivo que le había dado una gran notoriedad en el mundo político argentino.

Por otro lado y para suceder a Andrea Heersfeld en la Presidencia, los socialdemócratas postularon al ex primer ministro William Snowden, quien gozaba de un consenso favorable aún entre los que simpatizaban con otros partidos políticos. Las elecciones de 2001 representaron una fuerte victoria para los socialdemócratas, quienes volvieron a conseguir tanto la Presidencia como el gabinete. En estas elecciones se dio además un hecho que representó un notable cambio con el esquema bipartidista que se había impuesto desde la reforma constitucional: una nueva fuerza política, el Partido Liberal, pudo formar un bloque nada despreciable de 18 parlamentarios en la Cámara de Representantes.

Los desafíos de esta etapa no tardaron en llegar. Aquella recesión que se había insinuado a comienzos del segundo gobierno de Dellarue llegó con fuerza a mediados de 2001, que sería un año que terminó sin crecimiento económico por primera vez en una década y con un perceptible aumento del desempleo. Aunque la economía no viviría los momentos de gloria que supo alcanzar durante los años de Mannheim, la administración juiciosa y frugal de Iglesias ayudó a que el país sobrellevara el mal momento económico con solvencia y que pudiera encaminarse más rápidamente a la recuperación que muchos de sus vecinos.

En el campo internacional, el período de Iglesias estuvo marcado por las secuelas del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. Fiel a la alianza con los norteamericanos, el gobierno argentino no dudó en colaborar con el envío de tropas a las misiones internacionales en Afganistán, aunque la campaña que los Estados Unidos emprendieron contra Irak en 2003 fue objeto de grandes protestas en Argentina, lo que hizo que la Primera Ministra redujera la magnitud de la colaboración prevista a algunos cuantos efectivos de apoyo de combate y un par de buques de guerra.

El gobierno de Iglesias también dio un fuerte impulso al desarrollo de las nuevas tecnologías en el país. Con la plena intención de convertir a la Argentina en la meca digital de Sudamérica, o incluso del hemisferio sur, el gobierno argentino promovió con exenciones impositivas y otros incentivos la radicación de industrias dedicadas a la electrónica avanzada, al desarrollo tecnológico y a las telecomunicaciones en “polos tecnológicos” distribuidos por todo el territorio nacional, lo que contribuyó a encontrar salidas creativas para el estancamiento económico.

El interés por las nuevas tecnologías también llegó al campo y a la industria. En busca de nuevos caminos que permitieran superar el incómodo momento económico, ambos sectores hicieron una fuerte apuesta a la innovación tecnológica, tanto con la introducción de modernas técnicas de ingeniería genética en el campo como en el desarrollo de nuevos procesos en el sector industrial.

A pesar del complejo estado de la economía, el Partido Socialdemócrata obtuvo un respaldo a su gestión en los comicios parlamentarios de 2004. Fortalecida en su cargo, Iglesias pudo encarar medidas económicas que ayudaron a revertir el curso de la recesión, encarrilar a la Argentina en una modesta recuperación beneficiada por los altos precios de los productos agropecuarios que exportaba el país y continuar con la puesta en marcha del Plan 50.

Un paso importante que ayudó a la recuperación económica fue la firma de un tratado de libre comercio (TLC) con los Estados Unidos, el cual fue ratificado por el Parlamento en febrero de 2005. Según los términos del TLC, la Argentina podía exportar sus productos a los Estados Unidos sin enfrentarse a las barreras arancelarias de dicho país. De esa forma, la Argentina pudo consolidar su posición en un mercado en el que tradicionalmente había tenido problemas. Aunque el TLC también facilitaba el ingreso de productos norteamericanos a la Argentina, por lo general se trataba de bienes y servicios de alta tecnología que ayudaron a incrementar la productividad y la calidad de los propios bienes y servicios del país.

2005 fue también el año en que el Mercosud, con apenas una década de vida, dio un paso vital para transformarse en una poderosa instancia de integración sudamericana. En una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno celebrada en la capital peruana de Lima, los países de toda Sudamérica acordaron constituir la Unión Sudamericana (Unisud) a partir tanto del Mercosud como de su contraparte regional, la Comunidad Económica Andina, integrada por Colombia, Venezuela, Perú, Surinam y Mirandia. La Unisud sería una organización supranacional de integración y cooperación política destinada a darle a Sudamérica una voz propia y común en los asuntos mundiales, encabezada por un Consejo Sudamericano de mandatarios asesorados por un Consejo Económico, un Consejo de Relaciones Exteriores y un Consejo de Defensa, y en el que el Parlamento Sudamericano, convertido en un brazo legislativo electo, tendría facultades para establecer normativas comunes a todos los países miembros.

A pesar de este buen clima regional, había algunos nubarrones en la relación de la Argentina con el resto de los países sudamericanos, que todavía conservaban una desconfianza atávica hacia aquel “pueblo hermano” que había crecido bajo la tutela británica. Ningún dirigente sudamericano expresaba mejor esta desconfianza que el presidente venezolano Hugo Chávez, cuya prédica nacionalista no dudaba en sindicar a la Argentina como un cuerpo ajeno a la “verdadera Sudamérica” que operaba como “títere” del imperialismo norteamericano y europeo, cuya población hispanoparlante debía “unirse a sus hermanos continentales” en la tarea de transformación que el líder venezolano creía encarnar.

La conflictiva relación entre Caracas y Buenos Aires experimentó momentos de alta tensión, como el que se desató a mediados de 2006 cuando los servicios de inteligencia argentinos descubrieron que el gobierno venezolano estaba prestando financiamiento a partidos políticos, organizaciones sociales afines y algunas líneas intransigentes de la propia socialdemocracia, o el sonoro escándalo que se produjo en una cumbre regional en Bogotá cuando Chávez interrumpió el discurso del presidente Snowden para insultarlo y tratarlo de “fascista”.

Estos escándalos no sólo marcaron las relaciones entre Argentina y Venezuela e imprimieron una dinámica conflictiva en el seno de la incipiente Unisud, sino que también se trasladaron a la contienda electoral que tendría lugar en 2007. Mientras la socialdemocracia se defendía y emprendía purgas internas de los dirigentes sospechados de recibir dinero venezolano, el Partido Nacional incrementaba sus ataques hacia el chavismo y acusaba al gobierno de Iglesias de mantener una línea demasiado blanda hacia Caracas.

A la luz de estos entredichos regionales, y sumado al desgaste de nueve años de gobierno socialdemócrata, el Partido Nacional ganó una imagen de fortaleza que le ayudaría a hacerse con una mayoría en las elecciones generales de 2007. En estas elecciones, el Partido Liberal incrementó su incipiente caudal electoral y su bancada en la Cámara de Representantes, afianzando la tendencia que lo colocaba como tercer partido en el sistema argentino.

La nueva administración argentina, encabezada por Bryce Hammond como Primer Ministro y por Michael Benegas como Presidente, no dudó en adoptar una política más proclive a la confrontación con Venezuela, aunque intentó preservar el proceso de integración por encima de las disputas ocasionales con Chávez. Sin embargo, ambos países protagonizaron sonoros entredichos, muchos de ellos vinculados con el apoyo militar y de inteligencia que la Argentina brindaba a Colombia en su lucha contra las guerrillas que Chávez financiaba y amparaba de manera encubierta.

La crisis económica mundial de 2008 tuvo un alto impacto en la Argentina, aunque la reacción del gobierno y del robusto sector financiero del país ayudó a suavizar, el efecto de la recesión global en la economía nacional. En ese contexto, el gobierno de Hammond debió implementar difíciles medidas de austeridad fiscal y económica que tuvieron una difícil acogida por parte de la población pero que en el corto plazo estabilizaron la situación económica y colaboraron para que a mediados de 2009 se produjera una incipiente recuperación.

Los esfuerzos de la administración Hammond dieron suficientes frutos como para que en los comicios generales de 2010 la ciudadanía aceptara renovar al Partido Nacional en el gobierno por los siguientes tres años. En dichas elecciones también se verificó el crecimiento sostenido del Partido Liberal, que si bien no pudo arrebatarles a los socialdemócratas la condición de principal fuerza de oposición, sí fueron capaces de consolidar grandes logros a nivel municipal y provincial, en particular su victoria y formación de su primera administración provincial en la Mesopotamia.

El 1 de enero de 2010, la Argentina celebró los cincuenta años de su república con una serie de imponentes desfiles y eventos en todo el territorio nacional. En medio de las celebraciones que tenían lugar en todo el país, la Argentina se encontraba con su nueva identidad de ser una república independiente y soberana cuya sociedad había surgido del encuentro entre las culturas hispánica y británica junto al aporte de inmigrantes de todos los rincones del planeta.

Atrás habían quedado aquellos tiempos en que la Argentina era una simple posesión del Imperio Británico; y las épocas en las que sus tensiones internas marcaban su vida política y social con la amenaza de un enfrentamiento ya parecen consignadas a los libros de historia. Hacía mucho tiempo que la Argentina había dejado de ser un país pastoril y agrícola, para convertirse en una potencia industrial y de servicios que era la meca económica de su continente y uno de los países más desarrollados de la Tierra.

Del legado de sus pueblos nativos, de su herencia colonial española, de la impronta legada por la conquista británica y del aporte de millones de inmigrantes, la Argentina pudo forjar una nación que era más fuerte que la suma de sus partes y que se alza única y distintiva en el mundo, como un puente entre diversas culturas que logró reunir lo mejor de ellas.

Ante un siglo XXI que recién empieza y que la encuentra firme en su identidad nacional y en su lugar en el mundo, la Argentina emerge como un actor relevante y sólido en el contexto regional y mundial cuyo futuro, aunque difícil, se muestra prometedor.

* * *

Bueno, con esta entrega que llega hasta el año 2010 concluye la narración propiamente dicha de esta historia alternativa, la cual espero que hayan disfrutado o que por lo menos no los haya hartado.

Lo que va a seguir durante algunos martes y jueves más son pequeñas secciones "enciclopédicas" sobre esta Argentina alternativa, acerca de datos generales, de su sistema político y principales partidos, una semblanza de sus provincias y territorios, una descripción de sus fuerzas armadas (no soy loco de la guerra por nada) y, si se me llega a ocurrir, algo más.

En fin, iremos viendo. De momento, me despido dejándolos con esta entrega, agradeciéndoles por la atención brindada hasta ahora y saludándolos hasta la próxima.

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