sábado, 13 de enero de 2007

¿Es necesario el Estado?

En un debate planteado en torno a un post de este blog, uno de los participantes afirmó que el Estado es "un mal que nunca debiera existir". Partiendo de esa base, quería plantear el tema de la necesidad de la existencia del Estado, sus fines, e incluso de la misma moralidad de su existencia.

Hay muchas personas y corrientes de pensamiento que consideran al Estado como una entidad innecesaria, antinatural o incluso maligna. Los marxistas, por ejemplo, creen que el Estado es un instrumento de opresión de las clases dominantes, el cual, de acuerdo a ese relato mágico de cuento de hadas que hace Marx, "se disolverá" luego de un breve período de "dictadura del proletariado" (léase: "dictadura del Partido") para dar luz a la sociedad comunista. Varios de sus sobrinos progresistas sostienen que el Estado es una entidad represiva y coartadora de derechos, cuya existencia es un mal necesario y sólo tolerable mediante la reducción de sus poderes. Las tradiciones del liberalismo ven al Estado como un ente cuya sola misión es la protección de los derechos y libertades de los habitantes mediante la restricción del goce de los mismos. Finalmente, los anarquistas lo consideran un mal completamente injustificable y una estructura nefasta e innecesaria, ya que las personas son naturalmente buenas y perfectamente capaces de organizarse espontáneamente para castigar violaciones a las normas de convivencia.

En mi opinión, el Estado es un ente absolutamente necesario para la convivencia humana. Los seres humanos somos racionales, pero también irracionales. Nuestras acciones no suelen tener motivaciones racionales o de costo-beneficio (de hecho casi nunca las tienen), sino que suelen estar motivadas en deseos, emociones, ambiciones o imperativos de otros tipos: morales, religiosos, culturales, de status, etcétera. Aún más, tenemos a nuestra disposición la capacidad de actuar utilizando la fuerza física, es decir, la violencia Resumiento, el hombre es un ser racional pero impredecible por su capacidad para actuar irracionalmente y peligroso por su capacidad de emplear la violencia.

Dejados por su cuenta, las personas son capaces de hacer cualquier cosa por cualquier motivo con tal de asegurar su subsistencia y su lugar en la comunidad. Los derechos humanos, aquellos que según los críticos del Estado son tan reprimidos y coartados por la acción estatal, no tendrían ningún valor en una sociedad sin instrumentos de organización política, ya que dependerían de la fuerza relativa de cada uno. El mito anarquista de la felicidad en una comunidad sin Estado es una triste mentira, como lo demuestran los ejemplos de países sin Estado como Somalía o Afganistán. Lejos de ser algo ideal, la sociedad sin organización estatal es un infierno de violencia en el que la vida humana, como decía Thomas Hobbes en el Leviatán, es "solitaria, pobre, sucia, bruta y corta".

Si se quiere tener una sociedad que funcione y prospere, en la cual las personas puedan perseguir sus fines y buscar la felicidad y progreso individual, es absolutamente necesario que la violencia esté lo más contenida y concentrada posible en una sola organización capaz de transformar esa violencia en un poder creador y beneficioso puesto al servicio de la sociedad. Llamémosla "Estado".

Entonces, el Estado existe para permitir el desarrollo de la sociedad mediante el control y concentración de la violencia, o como decía Max Weber, "el monopolio del uso legítimo de la violencia física". El Estado protege las libertades y derechos de los habitantes mediante la limitación de su ejercicio, impidiendo que el uso descontrolado de esas libertades y derechos ponga en riesgo la paz y tranquilidad de la sociedad y las libertades y derechos de los demás. La represión estatal, tan detestada por los políticamente correctos, es absolutamente necesaria, ya que es imposible confiar solamente en la buena voluntad de las personas para que se limiten.

El Estado existe por la más simple razón de todas: porque funciona. Porque demostró ser más exitoso que cualquier otra forma de organización humana a la hora de contener la violencia y porque resultó además ser la forma más eficiente de manejar y administrar los asuntos de la sociedad. La organización también es necesaria para gestionar eficazmente los asuntos que son de interés para la sociedad e implementar mecanismos efectivos de decisión y ejecución. Por el simple hecho de que la organización política necesita poder para implementar sus decisiones, es que debe tener el monopolio de la violencia.

El uso del Estado para otros fines, como el logro de la "justicia social", la "redistribución de la riqueza" o la "igualdad", debe ser tenido bajo constante control. El Estado debe asegurar y sentar las bases para que tales objetivos puedan ser logrados mediante la libre acción de los habitantes dentro del marco de la ley. Emplear al Estado para esos objetivos significa correr el riesgo de violar los derechos y libertades de las personas, y por lo tanto, no debe dársele poderes extensos para tales fines.

El Estado no es un mal necesario: es un instrumento necesario. Como todos los instrumentos y objetos, el Estado es moralmente neutro, es decir, en sí mismo no es ni bueno ni malo. La bondad o maldad del Estado dependerá del uso que se le de: el Estado puede ser bueno cuando se lo usa para mantener el orden y la paz y preservar las libertades de los ciudadanos, y puede ser malo cuando se lo utiliza para oprimir o robar.

Por supuesto, por tratarse de una creación humana que es usada por seres humanos, el Estado mismo necesita ser controlado para evitar la posibilidad del abuso de su poder. Para eso existen las leyes, los tribunales y la participación ciudadana en los asuntos públicos, para que esté claro qué es lo permitido y lo prohibido, para que las transgresiones sean castigadas y para que la ignorancia y la apatía no puedan ser aprovechadas para violar las normas. La desobediencia civil, la acción directa y la manifestación de protesta son formas altamente peligrosas de expresión política, ya que su ABUSO y USO DESMEDIDO ponen en riesgo la efectividad del Estado. La mejor forma de asegurar el buen funcionamiento del Estado es controlándolo mediante sus propias normas y mecanismos.

En conclusión: sí, el Estado es necesario. El Estado es una forma de organización necesaria, efectiva y moralmente neutra. Su bondad o maldad depende del uso que se le dé. Y su buen funcionamiento depende, entre otras cosas, de la conciencia de nuestros deberes respecto a la comunidad política y de nuestro respeto por las leyes.

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