sábado, 25 de febrero de 2012

Rejunte de ideas al azar

A la luz de lo que pasó en Once el miércoles, creo que ya es hora de proponer la inclusión del término "cromañón" (así, en minúscula y escrito según la pronunciación porteña de "Cro-Magnon") como un vocablo por derecho propio en la Real Academia.

¿Por qué? Porque el desastre de Once escapa a la definición de accidente y va más allá de la de catástrofe. Fue un clásico ejemplo de esas tragedias tan nuestras, tan argentinas, que nacen en el punto del tiempo y del espacio en el que se entrecruzan e intersectan innumerables mentiras, miserias, corruptelas, incompetencias y vivezas.

Once no fue un accidente. No fue una catástrofe. Fue un cromañón.

Once pasó cuando se cruzó la mentira de un Gobierno que promete un absurdo irrealizable de "todo para todos y gratis", con la corruptela de un Estado que no hace lo único que debería hacer bien, que es vigilar por el cumplimiento de las leyes, con la viveza de una "empresa" que se las arregló para llenarse de guita sin competencia, sin inversión, sin mejora del servicio y con subsidios estatales a rolete, con la incompetencia colectiva de no haber ni siquiera pensado en reemplazar vagones de hace más de 50 años de edad (y uno piensa en los de la Línea A del subte, que en cuatro años más cumplen un siglo de vida, aunque en ese caso intentaron maquillarlo de "atractivo turístico), y con la miseria social de pretender viajar bien sin querer pagar lo que cuesta un buen servicio (¿qué piensan que van a recibir pagando veinte centavos de dólar el pasaje?).

Y el resultado es el clásico de los cromañones argentos: un reguero de muertos.

Así es la vida en la República Argentina de los cromañones: existir con el perpetuo temor de no encontrarse en el momento y lugar en donde nuestras miserias se encuentran y crean un agujero negro de muerte.

* * * * *

Odio el término "argento". Además de resultarme desagradable en grado sumo, odio la mera sensación de arrogancia que transmite esa palabra. Es como si fuera imposible pronunciarla sin sonar agrandado, gallito, sobrador, pedante. Personalmente, cada vez que oigo la palabra no puedo dejar de imaginar a un vivo de aquellos con los que seguro nos cruzamos más de una vez, sonriendo una sonrisa falsa y guiñando el ojo en un patético y falso esfuerzo por parecer campechano, haciendo como que se ríe de mí mientras piensa cómo me va a cagar bien cagado.

Y tal vez eso es lo que más odio de la palabra "argento". Evoca lo que en realidad es, una deformación de "argentino". Para mí, "argento" toma todo lo desagradable y cuestionable de nuestra idiosincrasia nacional y de nuestra forma de ser y relacionarnos con el mundo y lo condensa en una caricatura sin ningún rasgo rescatable.

Agrandado. Gallito. Sobrador. Pedante. Vivo. Cagador. Falso. Tramposo. Resentido.

Argento.

Lo mejor que le podría pasar a esa palabra es que finalmente sea asumida como lo que de verdad es: una muestra degradada de lo peor que somos sin el consuelo de los rasgos rescatables de nuestro ser nacional. Una caricatura lamentable, más patética aún por los esfuerzos que hace por no parecer patético.

Sabré que ese día llegue cuando a alguien lo traten de argento y se dé por ofendido, diciendo "no soy argento, soy argentino".

* * * * *

Posteé esto originalmente en BlogBis, pero dado lo pertinente del asunto, lo traslado acá a La Bestia.

Lleva más de cuatro años masturbando micrófonos, llenando horas de cadena nacional y agotando la paciencia de millones para decir cualquier boludez que se le cruza por la cabeza y hacerse la gallita frente a auditorios repletos de aplaudidores rentados o de rehenes sin derecho de réplica o de repregunta.

Se pasó un año y no sé cuántos meses lagrimeando y puchereando por "ÉL" en todo momento y sin calentarse por lo inoportuna que pudiera ser la situación en la que hacía alusión al difunto, estirando el duelo hasta convertirlo en una farsa y metiéndonos a todos como dolientes de prepo para exprimir todo lo posible el principio de "la lástima garpa".

En estos días cincuenta y un familias lloran por el tendal de muertos que dejó la explosión de una de sus políticas catastróficas y sus ministros se superan en pelotudez e incompetencia, pero ella se raja al sur a esconderse detrás del tomuer sin que le puedan seguir el rastro ni con drones Predator, en lugar de dar la cara aunque más no sea para cumplir con la formalidad oficial de dar condolencias públicas tras una tragedia.

Pero qué personaje despreciable.

5 Comentarios:

Blogger Andy dijo...

Argenta = Cristina

9:37 p. m.  
Anonymous carancho dijo...

Mayor: con su permiso, imprimo y enmarco su post.

8:55 a. m.  
Blogger Andy dijo...

No tenemos Estado, sólo un rejunte de coimeros. No tenemos burguesía nacional, sólo un rejunte de testaferros y coimeros. No tenemos sindicatos, sólo un rejunte de mafiosos.
Estamos solos.
Peor, mal acompañados.

9:34 a. m.  
Blogger Mayor Payne dijo...

Carancho: dele nomás para adelante, muchas gracias.

Andy: es totalmente cierto lo que señalás y me parece que está en la base de muchas cosas. Por momentos pienso si este país no es un caso de "dilema del prisionero" pero con cuarenta millones en lugar de dos...

12:38 p. m.  
Blogger Andy dijo...

Me olvidaba: no tenemos Ciudadanos ni Pueblo, sólo un rejunte de humanos en un territorio...

12:40 p. m.  

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