sábado, 24 de marzo de 2012

Llego con las manos vacías, porque no sé qué puedo intentar agarrar

Estoy sentado frente al teclado y la verdad que no sé de qué puedo hablar esta semana. Llegué a un punto en donde cierro los ojos y me pongo a escribir la primera cosa que se me viene a la cabeza. Y la verdad es que al margen de llegar al sábado sin muchas energías después de una semana un poco complicada desde lo laboral, el amplio espectro de cosas sobre las cuales se podría hacer un post es tan abrumador que desalienta.

¿De qué se podría escribir?

¿De Boudou y Ciccone, tal vez, o de cómo Boudou va camino a convertirse en un nuevo ejemplo de la máxima que reza que "los únicos que van presos en un gobierno peronista son los que vienen de la Ucedé"?

¿De la Yegua Desquiciada, que cada día da más pruebas de que anda necesitando una urgente terapia de electroshock?

¿De cómo el país está tan pedorrizado que todo se mueve o no si se le canta las pelotas al cavernícola ignorante que pusieron de Secretario de Comercio?

¿De cómo el gobierno que se llena la boca por haber sacado 54% de los votos en la elección emplea su ingenio para encontrar nuevas formas de cagarle la vida a los tres millones de porteños sólo porque elegimos a nuestro propio gobierno con el 46% primero y luego con el 64%?

¿De cómo todos los aspectos de la vida nacional (cultural, político, social, económico, productivo, you name it) parecen sumirse en una podredumbre pedorra sin final aparente?

¿De qué podría escribir? ¿De todo? ¿De nada?

Una de las cosas que de vez en cuando me llevan a mis bajoneos blogueriles, esos en donde o escribo poco o recurro a la traducción de artículos para mantener vivo el sábado, es la sensación que me agarra acerca de que todo el desastre es demasiado grande, demasiado inabarcable y demasiado deprimente como para encararlo.

Esa actitud, creo yo, es la que mueve a mucha gente a huirle a todo lo que está pasando en el país... después de todo, las cosas son siempre demasiado grandes, difíciles y complicadas como para creer que por prestarle atención van a mejorar. No digo que sea una actitud positiva; de hecho, creo que tiene bastante de responsabilidad por lo que nos pasa como sociedad, pero sí tiendo a comprender de vez en cuando porqué un argentino promedio, que trata de aguantar la inflación, la inseguridad y la vida cotidiana en una sociedad que va de cabeza para atrás, puede hacer lo imposible para vivir como el avestruz y hacerse el boludo con la catástrofe, aunque más no sea por sentirse completamente impotente.

Lo comprendo porque a veces me pasa a mí, como hoy.

5 Comentarios:

Anonymous carancho dijo...

Vamos, Mayor Payne! No se me pinche, hombre.
Piense, por ejemplo, cuando la viuda sollozante huya en helicóptero, y abajo quede el gentío exigiendo su cabeza. O mejor, salir esposada de la Pink House, mientras los ciudadanos la abuchean. O luciendo un elegante chaleco de fuerza, al manicomio más próximo.
Lo que viene después? Limpiar los escombros y ponerle el hombro, como siempre.
Saludos.

7:16 p. m.  
Blogger Mayor Payne dijo...

Gracias por el ánimo, Carancho... hace mucha falta.

Capaz que si encuentro energías, escribo algo un poquito más útil antes del sábado que viene, que lo tengo reservado para la cuestión Malvinas...

Parte de mi problema es tener siempre alguna idea en la cabeza para escribir, y después llega el momento de ponerme frente al bloc de notas y no tener idea de cómo encararlo... en fin, así me va.

Y de paso, comparto plenamente tus esperanzas y anhelo verlas convertidas en realidad, de preferencia a todas ellas juntas...

Saludos y gracias de nuevo!

8:25 p. m.  
Blogger San dijo...

Mayor, comparto absolutamente el sentimiento. Tantas cosas de las que escribir, muchas veces parte de un todo tan grande, que se produce un bloqueo.

Encima me pregunto qué pasa que la gente no hace nada. Es como una sociedad con un enorme síndrome de Estocolmo, enamorada de los que les están afanando y violándoselos una y otra vez.

Cada vez me dan más ganas de agarrar el Arca de Benegas, para meter a las 1000 o 2000 personas que viven en Argentina a las que les importa la libertad y les da asco lo que está pasando y llevárselas a un destino mejor.

5:16 a. m.  
Blogger Mayor Payne dijo...

Muchas gracias, San.

La inacción social es algo que da para escribir un post completo... por un lado, me parece que se debe en gran medida a que al ser la vida cotidiana en la Argentina una lucha constante contra la desidia, el pedorrismo, la inflación, la inseguridad y los riesgos y complicaciones cotidianos, queda poca energía, interés o voluntad como para encarar otras cuestiones. Es como pedirle a un tipo que está a las trompadas con Monzón que al mismo tiempo se le anime a Muhammad Alí (mi conocimiento de nombres relevantes del boxeo es primitivo, como verás).

Por otro lado, es lo que vos decís acerca del bloqueo mental: cuando tenés tiranía, corrupción, incompetencia, decadencia y prepotencia en tanta medida como la que existe ahora, y encima sabiendo que con los jueces que tenemos no hay chances de que alguna vez vayan tras las rejas, a muchos no sólo los abruma sino que los desalienta por completo.

Y por último, hay mucho miedo. Miedo a perder el trabajo. Miedo a complicar a la familia. Miedo a quedarse sin nada. Miedo por todos lados. Puteamos a los empresarios por bancarse las prepoteadas de Moreno, pero no siempre reflexionamos que se agachan porque saben que si no lo hacen, los cagan a ellos y a los que dependen de ellos.

No digo que sea excusable el comportamiento social argentino. No lo es bajo ningún concepto porque es un círculo vicioso del que no salimos más. Pero sí es comprensible y hasta cierto punto entendible, y por más que nos repugne no vamos a encontrar ninguna salida si no asumimos que eso es lo que pasa por muchas cabezas en el país.

Saludos!

5:43 a. m.  
Anonymous Jean dijo...

Hola Mayor, arriba ese ánimo. Esta experiencia es necesaria para aprender y evolucionar como sociedad, aunque parezca que todo está muy mal. Ya verás que el aprendizaje va a cuajar en algo mejor, en una liberación de cosas viejas que ya no sirven, es como una mujer maltratada que finalmente decide escapar de su marido golpeador. A veces hay que caer hasta el fondo para poder ver claro y empezar a construir una realidad con cimientos firmes, para eliminar viejos paradigmas que corroen a la sociedad. Para eso no hace falta la violencia, hace falta coraje y decisión. No te desanimes, confía en ti mismo y en Dios, sigue sembrando tu pensamiento claro y analítico, es muy útil. Un abrazo!!

3:51 p. m.  

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