martes, 20 de septiembre de 2011

Rincón literario: How Few Remain (Harry Turtledove)


Hace unos cuantos días comentaba por este medio mi impresión de la novela de historia alternativa In the Presence of Mine Enemies, del norteamericano Harry Turtledove, y de su descripción de una ucronía distópica en la que la Alemania nazi se imponía y perduraba hasta nuestros días.

Hoy vengo con otro título del buen Turtledove.

How Few Remain es el primer libro de lo que se conoce como la "Serie de la Victoria Sureña" o "Timeline 191" (el número tiene su razón de ser), una saga de once novelas que narran una ucronía en la que el Sur consigue imponerse en la Guerra Civil norteamericana. La serie en sí misma está compuesta de cuatro partes bien definidas: How Few Remain (que en rigor de verdad es una precuela) que transcurre en la década de 1880, la trilogía de "The Great War" (American Front, Walk in Hell y Breakthroughs) ambientada en el equivalente turtledovesco de la Primera Guerra Mundial, la trilogía de "American Empire" (Blood and Iron, The Center Cannot Hold y The Victorious Opposition) que se enfoca en las décadas de 1920 y 1930, y por último la tetralogía de "Settling Accounts" (Return Engagement, Drive to the East, The Grapple e In at the Death) y su descripción de la Segunda Guerra Mundial en este universo.

En este primer libro de la saga nos encontramos con el punto de divergencia de la serie. En el 1862 de la historia real, recién comenzada la Guerra Civil norteamericana, un mensajero del ejército confederado pierde una copia de la "Orden Especial 191" (de ahí viene lo de "Timeline 191"): nada más y nada menos que el plan de operaciones del general Robert Lee para el ataque sureño contra el Norte. Encontrada la susodicha copia por soldados del gobierno federal, el ejército de la Unión puede prepararse para el ataque y consigue así derrotar a los confederados en la batalla de Antietam, que no sólo pone un alto a la ofensiva del general Lee sino que además le da al presidente Lincoln una victoria lo bastante significativa como para darle credibilidad a la Proclamación de Emancipación que libera oficialmente a los esclavos en los Estados rebeldes.

En cambio, en el mundo de Turtledove, la copia perdida de la Orden Especial 191 es encontrada por dos soldados confederados que rápidamente se la devuelven al mensajero distraído. Sin esta copia, los bastante incompetentes generales de la Unión no pueden hacer otra cosa que tratar de reaccionar tardíamente a los movimientos de Lee, terminando en una brutal victoria confederada. Sin poder derrotar a los confederados, Lincoln tiene que meterse la Proclamación de Emancipación en donde no brilla el sol, y como para empeorar las cosas, la victoria de Lee les da pie al Reino Unido y a Francia para oficializar su apoyo encubierto a la Confederación, a la que reconocen como Estado independiente, para luego forzar al gobierno de los EE.UU. a que haga lo mismo y firme la paz.

Llegamos así al 1880 en el que transcurre How Few Remain, y nos encontramos con unos Estados Unidos humillados, reducidos en extensión por la pérdida de los "Estados Confederados de América" (a los que llamaremos EE.CC. para abreviar), empobrecidos por la guerra al punto de no poder comprar Alaska, que sigue siendo colonia rusa, bastante más intolerantes hacia todo lo que huela a posible sedición, y por sobre todas las cosas, sedientos de venganza contra el Sur. Tan sedientos de venganza están que alcanza con una última humillación (la decisión presidencial de sacar de la bandera las estrellas que representan a los estados sureños) para terminar con décadas de gobierno demócrata y llevar al poder al Partido Republicano, que a base de una plataforma explícitamente anticonfederada logra volver del ostracismo político en el que quedó tras perder la Guerra de Secesión.

Por otro lado a la Confederación, al igual que al gordito de Alfonsín, no le va mal: tiene el orgullo nacional por las nubes, además de su independencia logró arrancarle Kentucky y lo que ahora sería Oklahoma a los EE.UU., cuenta con el respaldo y el patrocinio de las grandes potencias de la época (el Imperio Británico y Francia), se dio el gusto de comprarle Cuba a España y encima tiene al Imperio Mexicano (sin el apoyo de los EE.UU., Benito Juárez nunca pudo derrocar a Maximiliano I de Austria) de virtual títere.

Es precisamente por el lado de México que viene el siguiente intento de expansión de los EE.CC. y el nuevo casus belli con los EE.UU.: Maximiliano I podrá haber nacido en cuna de oro y ser Emperador de México pero no tiene un peso partido al medio, por lo que le ofrece a la Confederación las provincias de Sonora y Chihuahua a cambio de una módica suma. La Confederación, como es de esperar, agarra viaje por una excelente razón: estas provincias le darán una salida al Pacífico a través del Golfo de California. Para los Estados Unidos, que sólo necesitan una excusa para ir de nuevo a los bifes, la compra de Sonora y Chihuahua es lo que estaban esperando: no sólo es un nuevo intento expansionista que la Confederación le hace "in your face" a los EE.UU., sino que al conseguir una salida al Pacífico los EE.CC. pueden construir su propio ferrocarril transcontinental y dejar de depender de los trenes estadounidenses.

Y como era de esperar, porque si no no tendríamos novela, los Estados Unidos le declaran la guerra a la Confederación al rechazar ésta el ultimátum de Washington de dar marcha atrás con la compra territorial. Estalla así la "Segunda Guerra Mexicana", a la que no tardan en sumarse los franceses y los británicos (con Canadá incluido) del lado de la Confederación para "poner en su lugar" a unos EE.UU. totalmente aislados. Teniendo en cuenta cómo estaban las cosas por esos tiempos en materia de poderío mundial relativo, y que los Estados Unidos carecen de cualquier plan estratégico para librar el conflicto (como lo nota horrorizado el agregado militar alemán tras una charla con el jefe de Estado Mayor del Ejército de EE.UU. apenas iniciado el conflicto) o de un liderazgo militar competente que aproveche su superioridad numérica y técnica, no debería ser ninguna sorpresa el resultado de semejante guerra.


Yendo a cuestiones que no nos hagan incurrir en el riesgo de dar más spoilers, podemos empezar notando el cambio de fortuna de algunas figuras históricas en este universo. El general Ulysses S. Grant, lejos de convertirse en el héroe militar del Norte, de llegar a la Presidencia y darle su jeta al billete de 50 dólares, pasa sus días como un viejo alcohólico e ignorado por sus fracasos en la guerra. Al coronel Thomas Custer no lo reventaron los indios en una carga de caballería insensata, sino que anda por acantonamientos perdidos esperando una oportunidad para reventar confederados y ganar gloria. William Sherman ni siquiera llega a general y calculo que menos aún le pondrán su nombre al tanque emblemático de los EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial, sino que languidece como coronel a cargo de la guarnición de San Francisco, ciudad en la que se destaca como periodista un tal Samuel Clemens, quien de haber optado por la carrera de novelista, hubiera sido más conocido por su seudónimo de "Mark Twain"...

Pero el que más se destaca de los personajes históricos es Abraham Lincoln, a quien esta ucronía no le deparó la fama de ser el presidente victorioso que liberó a los negros, terminar asesinado por un resentido al poco tiempo, tener una estatua gigante de sí mismo sentado, adornar los billetes de cinco dólares y, calculo yo, darle su nombre a una de las galletitas más ricas de nuestra bendita Patria. En vez de eso, Lincoln anda por todo el país ganándose las puteadas de quienes no le perdonan la derrota en la Guerra de Secesión, la vergüenza ajena de un Partido Republicano que lo quiere tener lo más lejos posible, y la atención de auditorios reducidos pero interesados en escuchar su forma de adaptar las ideas de Marx y Engels a la situación norteamericana. Sí, en este mundo Lincoln se volvió socialista, aunque ante las acusaciones que le hacen de ser un revolucionario él diga que lo que le interesa es mejorar las cosas antes de que se llegue a una revolución, quizás porque le tocó pagar el pato de décadas de demorar una decisión final sobre la esclavitud de los negros.

La novela hace un excelente trabajo de mostrar la futilidad y el absurdo de esta guerra mal planeada y peor conducida. De la Guerra Civil se ha dicho que fue un adelanto de la Primera Guerra Mundial al que nadie le prestó atención, y lo mismo pasa con la "Segunda Guerra Mexicana" de Turtledove, sólo que con veinte años de adelanto tecnológico. Olas y olas de soldados se estrellan en ofensivas inútiles que son repelidas con fusiles, artillería y las primeras ametralladoras. Si algunas de las partes en las que se narran los combates suenan repetitivas, no es un problema: antes al contrario, es un logro que muestra la inutilidad de la forma de hacer la guerra en esos tiempos. Excepto en los desiertos amplios del Oeste, la caballería no sirve para otra cosa que terminar con caballos propios muertos. Los generales del Norte son en su mayoría incompetentes que caen en la definición de locura de Einstein al insistir una y otra vez con las mismas tácticas y esperar distintos resultados, mientras que los generales del Sur se limitan a fortificar sus defensas y esperar que los contrarios se estrellen fútilmente contra ellas; no necesitan invadir el Norte para ganar la guerra, sólo ahogar a los EE.UU. en la sangre de sus soldados muertos inútilmente.

Otro ejemplo de futilidad viene de uno de los personajes que aportan un punto de vista es el orador negro Frederick Douglass, quien aún teniendo oportunidad de ver personalmente la carnicería absurda en la que degeneró el conflicto lo sigue defendiendo como parte de una campaña para abolir la esclavitud en la Confederación y de paso mejorar un poco la posición de los negros, a quienes les va bastante mal estén del lado de la frontera en que estén (en el Sur son esclavos, en el Norte son los chivos expiatorios de la guerra perdida). No se imagina Douglass que el presidente confederado en esta historia, James Longstreet, piensa emancipar a los esclavos negros (la igualdad plena es otra cosa, pero es un principio) en cuanto termine la guerra, en parte porque ya no puede defenderla a ojos de sus aliados británicos y franceses, y en parte porque sabe que la esclavitud no tendrá más sentido en una sociedad industrial.

El mundo que nos presenta esta novela ya se presiente como que va a terminar siendo muy distinto del que conocemos. La descripción de los EE.UU. no como una potencia confiada y orgullosa sino como un país consumido por anhelos de vengar las humillaciones pasadas nos da a entender que en el futuro de las historias va a tener una evolución muy distinta. El alineamiento de las potencias preanuncia rivalidades que no hubiéramos imaginado. La situación política que describe tiene un componente familiar pero a la vez hay señales que inquietan no sólo sobre el presente sino sobre el futuro que se avecina. La sociedad que aparece continúa siendo normal para la época, pero se puede intuir que le tocarán cimbronazos que bien pueden hacerla irreconocible a nuestros ojos. Y la forma en que el final deja sentado lo que viene llega a ser incluso escalofriante. Como punto de partida para un universo a la vez familiar e irreconocible, How Few Remain hace muy bien su trabajo.

Pero tiene algunos problemas. La cantidad de personajes que aportan puntos de vista es enorme, al igual que la diversidad de estos puntos; es probable que los primeros capítulos pierdan un poco de sentido hasta que se logre poner a cada personaje, situación, lugar y contexto en su lugar. A esto también le juega en contra el hecho de que es una novela que conviene leer con un atlas o con acceso cercano a Wikipedia, ya que es más accesible para el que tenga familiaridad con la Guerra Civil norteamericana. Y aunque logra tener éxito en su esfuerzo de mostrar de forma creíble un mundo enorme en el que transcurre un evento de dimensiones significativas, cuesta no marearse por momentos.

A pesar de todo, como punto de partida es muy bueno, los mareos iniciales se terminan disipando, y el contexto atrapa a pesar de la falta de familiaridad, o incluso gracias a ella si es que se la aprovecha como oportunidad para aprender sobre esa época.

En fin, en futuras entregas iré tratando las siguientes novelas de la serie, para ver cómo sigue este universo alternativo.

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