sábado, 4 de febrero de 2012

Tres generaciones

Hay una frase que se le atribuye al industrial norteamericano de origen escocés Andrew Carnegie y que dice más o menos que "en tres generaciones se pasa de ser pobre a ser pobre". A su vez, un proverbio que dice que "ninguna fortuna sobrevive más de tres generaciones" encarna una noción similar.

Para la sabiduría expresada en ambas frases, la primera generación es la que sale de la miseria por sus esfuerzos y construye la fortuna, la segunda generación es la que mantiene lo logrado por su predecesora y la tercera es la que despilfarra todo lo ganado tan duramente y termina volviendo a la miseria.

La clave estaría en la experiencia personal que los miembros de cada generación tienen con la pobreza, es decir, con la realidad de que la disponibilidad de bienes es insuficiente para atender las necesidades existentes. La generación que construye la fortuna es consciente de esa realidad y sus esfuerzos están destinados a incrementar la disponibilidad de bienes para atender esas necesidades.

La generación que viene después puede haber experimentado esa pobreza si sus primeros miembros vinieron al mundo antes de que sus predecesores construyeran la fortuna con su trabajo, y ciertamente hace lo posible por mantener la disponibilidad de bienes para no caer en la pobreza, pero también podría argumentarse que con esta generación empieza el fin ya que nunca participó plenamente de los esfuerzos por construir la fortuna y por tanto carece de una noción cabal de lo que implica realmente salir de la pobreza.

Al nacer y crecer en la abundancia creada y mantenida por sus predecesores, la tercera generación directamente desconoce lo que realmente significa ser pobre (una vez más, no tener bienes suficientes para atender las necesidades) y tiende a comportarse como si esa fortuna y esa abundancia fueran el estado natural de las cosas.

Sin una percepción mental apropiada de la idea de esfuerzo, la realidad de la escasez, y la excepcionalidad de la abundancia, la tercera generación se permite despilfarrar y desperdiciar todo lo acumulado por las anteriores en esquemas delirantes o en satisfacciones desaforadas de apetitos grotescos, muchas veces sostenidos no sólo en la idea implícita de que la abundancia y la fortuna existen naturalmente, sino en la noción de que les corresponde porque es su derecho y no porque se lo hayan ganado realmente.

Si lo quieren ver de esta manera, la primera generación sería la de Felipe Fort... lo que nos deja una tercera generación a imagen y semejanza de la chocoloca desquiciada de Ricardo Fort.

Y mejor sería que no hablemos de la cuarta generación, la que tiene que crecer pagando las consecuencias de los despilfarros y delirios de sus predecesores, pero habiendo mamado la misma leche venenosa de creer que la prosperidad, la abundancia y la satisfacción plena de las necesidades son o un estado de naturaleza del que sólo nos puede privar un malo, o un derecho que se nos tiene que conceder porque sí. Estamos hablando de una generación a la que se le mutiló el sentido de la realidad que necesita para sobrevivir, para prosperar y para salvar algo de la herencia que crearon sus antepasados.

La frase de Carnegie y el promedio hablan de ejemplos individuales, pero es tentador tratar de pensar sobre la posible existencia un correlato a nivel sociedad de este fenómeno, especialmente teniendo en cuenta todas las cosas que están pasando en el mundo occidental.

Pensemos en Estados Unidos o en Europa, en donde hubo una generación (esa que en EE.UU. llaman "the Greatest Generation") que creció en medio de una Gran Depresión y peleó la peor guerra registrada en la historia humana para después construir la época de prosperidad, abundancia y bienestar más fantástica que se recuerde jamás. Sus descendientes, los mismísimos "Baby Boomers", son incluso una prueba de que la segunda generación también puede arruinar las cosas cuando se crece sin una perspectiva de lo realmente excepcional y demandante que es vivir y mantener un estado de prosperidad.

Y por último llegamos a la tercera generación que gobierna actualmente y que se da gustos absurdos y suicidas como un Estado de Bienestar que ya dejó de versar sobre cosas como jubilaciones dignas para no pasar los últimos años de la vida en la miseria para consagrar "derechos" tales como operaciones de cambio de sexo pagadas con fondos públicos, abortismo y "estilo de vida childfree" a rolete sin pensar que no va a haber nadie que los cuide llegando a viejos y todos los mantras multiculturalistas que insisten en ver a dos civilizaciones como iguales cuando en una, mal que mal, hay espacio para la libertad y el crecimiento personal, mientras que la otra ve con gusto la castración femenina, el terrorismo suicida y los asesinatos rituales por honor.

Si hablamos de la Argentina, nos encontramos con esa gran Generación del '80 que convirtió a lo que fue el rincón más remoto, postroso, lamentable y olvidado del Imperio Español en una de las diez economías más prósperas del mundo a comienzos del Siglo XX y en una tierra de promisión para millones de personas que rajaban de la miseria a como diera lugar. Sus hijos, los dotores que eran m'hijos de alguien, hicieron un trabajo razonablemente bueno al principio, hasta que algunos se entregaron a fantasías revisionistas, masoquistas y totalitarias que fueron el principio del fin, un fin que lo terminó de hundir una extendida tercera generación de la que los "jóvenes idealistas" son sólo la última de sus manifestaciones.

Y la cuarta generación que viene surgiendo desde entonces, criada en la noción tóxica de "donde hay una necesidad hay un derecho" y firmemente convencida de que la escasez es obra de maquinaciones enemigas y no el estado de naturaleza, marcha a paso firme hacia la pobreza inicial, confirmando por completo el argumento de Carnegie.

Ahora, tampoco vayamos a atribuir a la maldad o a la depravación este ciclo. Todo padre desea que sus hijos vivan mejor que él y que no pasen por las experiencias malas de su vida; es natural que quieran evitarle a sus descendientes el tener que repetir las peores partes de su experiencia. Y en cuanto a las nuevas generaciones, bueno, podríamos decir que lo que Natura non da, Salamanca rara vez presta. Podemos culparlos por su conducta suicida, dispendiosa e irracional, pero no por nunca haber tenido la experiencia cabal de la escasez. Sería un cliché decir que "la educación es la solución", pero también sería meterse de cabeza en otro debate tan largo como deprimente.

De todas maneras, creo que andamos en algo como eso. Al mundo occidental hace rato que se le pasó la tercera generación. Y me sorprendería muchísimo que el adagio de Carnegie no se cumpla, esta vez a nivel civilización. Ciertamente a la Argentina se le cumplió hace bastante.

3 Comentarios:

Anonymous carancho dijo...

Mayor Payne:
Recuèrdeme que cuando estè muy deprimida (y no me atreva a suicidarme) relea sus escritos. Estoy segura que no voy a dudar en tirarme por la ventana màs pròxima.
Fuera de broma ahora, creo que tiene razòn... y nos encaminamos de cabeza y en silencio a construir la Gran Villa Miseria Nacional, con el entusiasta apoyo de una mayorìa de bienintencionados idiotas.
Saludos.

1:27 p. m.  
Blogger San dijo...

Ojo con el ejemplo de los Fort, Mayor! Me ha llegado la historia de que la empresa estaba medio en la lona y Ricardo fue el que tuvo la idea de las barras de cereal con las que repuntaron y revivieron.

Y lo de haber vivido la escasez de chico es realmente algo que a uno lo hace apreciar las épocas de guita y cosas buenas. No me voy a olvidar nunca los primeros 25 mangos que hice arreglando PCs cuando mi viejo andaba sin un mango y no me podía dar guita para una salida con amigos.

8:34 a. m.  
Blogger Mayor Payne dijo...

Gracias por el ejemplo, San... es a eso a lo que apuntaba.

En cuanto a lo de la Chocoloca, desconocía esa historia... y si es verdad, entonces habrá que ver si de veras es tan boludo el tipo o esconde más cosas debajo del colágeno.

Saludos!

3:47 p. m.  

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