sábado, 13 de abril de 2013

De cara al 18A


Lo bueno de toda esta demencia que vivimos es que a mucha gente parece estar finalmente cayéndosele la venda que le impedía ver al régimen que nos desgobierna como lo que es: una banda de tiranuelos con veleidades totalitarias y absolutistas, cegados por la ambición de poder, enloquecidos de omnipotencia y ansiosos por el absolutismo.
Incluso la así llamada oposición, integrada en partes iguales por salames, por acomodaticios y por cobardes, está empezando a reaccionar y a llamar a las cosas por su nombre: tiranía, golpismo, autoritarismo, dictadura y monarquía.
Ya es un tema que viene bastante repetido y remanido en LBP, pero nunca está de más dejarlo en claro: nadie tiene derecho a alegar inocencia en estos momentos.
La Argentina ya rifó su institucionalidad. Ya desmanteló sus instituciones. Ya entregó su decencia. Ya subastó su libertad. 
Todo a cambio de una orgía de resentimiento, un festival de mediocridad, una farsa de precios bajos y falsas soluciones. 
Ya convirtió a su Poder Ejecutivo en una tiranía, a su titular en una déspota y a su cónyuge muerto en un ídolo pagano y grotesco. Convirtió a sus policías en espectadores impotentes del desorden, a sus militares en deprimidos y desmoralizados maniquíes de uniforme, a sus empresarios en pedigüeños y aplaudidores, a sus gobernadores en chupamedias, a sus provincias en feudos, a sus ciudades en basurales, a sus medios en megáfonos propagandísticos, a sus días en pesadillas de locura y furia y a sus noches en una desolación en donde sólo se oye el sordo terror a no poder volver a casa porque alguien pensó que tus zapatillas, tu celular o tu billetera valían lo bastante como para matarte.
Ahora van por lo último. Por los últimos retazos dignos en el tejido desgarrado de un Poder Judicial que ha dado más motivos de vergüenza que razones de orgullo. Para asegurar la impunidad. Para consagrar la omnipotencia final. Para atar cual matambre a la República con el alambre oxidado y grotesco de la "democratización". Para reducir al individuo y al ciudadano a un peón, a un siervo de la gleba al que sólo le queda relajarse y gozar cuando el Estado decida empomarlo.
No nos engañemos. No vamos a salvar la República. Ya la perdimos.
Lo que nos queda por salvar es la posibilidad de reconstruirla. De decir "hasta acá llegamos, acá se terminó, acá marcamos la línea en el suelo y no vamos a dejar que den ni un paso más". Porque así, y sólo así, haremos la diferencia entre reconstruir nuestro país o contentarse con ilusiones cada vez más lejanas.
Cuando la facción gobernante y la yegua que la conduce dice que "van por todo", no quieren decir ni más ni menos que eso. Van por todo lo que puedan agarrar, lo que les dejen agarrar. Y no se van a detener en nada para lograrlo. Y si quieren ver el país que va a resultar de eso, recuerden a La Plata, y tengan presente que en su soberbia e incompetencia fueron capaces hasta de mentir sobre la cantidad de gente que murió, haciendo que los que quedaron fuera de la lista terminaran... desaparecidos.
Al margen de que realmente nos duela y nos descorazone lo que está pasando en el país, tenemos que recordar siempre que no se trata de una desgracia particular que tenemos los argentinos (haciendo exclusión del hábito que tenemos de tropezar siempre con la misma piedra, claro), pues ni somos el primer país en caer en el autoritarismo y la tiranía ni, lamentablemente, seremos el último en hacerlo.
Una de nuestras madres patria culturales, Italia, se entregó al fascismo que le prometía terminar con el desorden y el caos y hacer que los trenes funcionen a horario, entre otras cosas. La Alemania culta que nos dio a Goethe, a Beethoven, a Hegel y a tantas otras luminarias de la civilización se abrió de gambas ante un montón de borrachos y psicópatas de camisas pardas y negras que la embarcó en una aventura genocida y catastrófica. En ambos casos, a los reclamos de libertad de quienes tenían en claro lo que se cernía sobre esos países se les respondía siempre con la misma soberbia de decir "antes teníamos la libertad para morirnos de hambre".
Incluso en nuestro barrio tenemos el ejemplo de Venezuela, país que durante muchas décadas pudo decir con orgullo que había atravesado las tumultuosas décadas del '60 y del '70 sin sufrir un golpe de estado, sólo para hallarse ahora asfixiado por una tiranía delirante y psicopática, que si no inspira miedo más allá de sus fronteras (excepto por el ejemplo que representa) es por su tendencia a caer en el ridículo.
A los tres referentes de esos sistemas se los llevó la parca, y en el tercero de los países mencionados todavía queda por verse qué suerte habrá de correr.
Nos espera una gran oportunidad para hacer que se sienta nuestra opinión. Pase lo que pase, es infinitamente mejor estar ahí y saber que se hizo lo que se pudo.
Nos vemos el jueves.

2 Comentarios:

Anonymous carancho dijo...

Mayor: nos vemos el jueves, aunque debo confesar que me parece que el poder judicial, que se dejò sodomizar una y otra vez, que arrinconó las causas de estos miserables chorros... està recogiendo su siembra.
A reventar las calles, my friend.
Hasta entonces.

4:50 p.m.  
Blogger David dijo...

Me interesa saber acerca de la política y por eso trato de averiguar e informarme a través del diario y paginas. Me hubiera gustado ir a la ultima marcha opositora, pero como estaba enfermo termine viéndola por tele en casa, mientas comia la cena que pedi al delivery barrio norte

9:31 p.m.  

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