sábado, 20 de abril de 2013

Ensayo de respuesta


"Qué sentirá cuando llega a su casa alguien que sólo grita, agrede o golpea? Dormirá mejor? Será más feliz? Andá a saber", tuiteó la Señora como parte de su logorrea digital de estos últimos días.
Me tomo el atrevimiento de ensayar una respuesta, haciendo dos previas salvedades: sí, el jueves a la noche grité, pero no agredí ni golpeé porque no soy mano de obra kirchnerista, y mi respuesta es a título personal, porque si pretendiera asumir sobre mi persona la totalidad de la nación estaría incurriendo en la megalomanía habitual de la Presidenta de los Cuarentos y Cuarentas Millones y Millonas de Argentinos y Argentinas.
¿Qué sentí cuando llegué a casa el jueves a la noche?
Qué pregunta.
Llegué cansado. Frito. Reventado. El día había sido largo, la noche todavía más y la vuelta a casa agotaba las pocas fuerzas que me habían quedado. Lo único que quería era comer algo e irme a dormir antes de madrugar para el laburo.
Llegué sumamente irritado. Con todos, no sólo con la Señora por más que ella me esté quitando años de vida con la irritación que me provoca. Porque me revienta que cada tanto tiempo tenga que salir a la calle a putear y gritar porque la gente a la que voté para que me represente y la gente a la que no voté pero que tiene que tener mis derechos en cuenta deciden ser cómplices pelotudos y cínicos totalitarios, respectivamente, en vez de hacer su trabajo.
Llegué descorazonado, porque parece que ni cientos de miles de personas (ni siquiera me voy a meter en el debate de cuánta gente fue a las marchas del 18-A) en la calle son capaces de conmover la humillante obediencia y la indigna obsecuencia de los chupamedias que saben que están traicionando sus cargos y juramentos, sin que les importe. Bajo la presidencia del cleptómano Boudou, el asqueroso Pichetto y la banda de insanables nulidades (oficialistas y opositoras) se apuraron a votar el proyecto de castración de las cautelares y rajar del Palacio del Congreso como ratas por tirante antes de que viniera la muchedumbre.
Llegué desamparado, porque seguimos viviendo en un país donde cada día es sacarte la lotería, porque si no te matan los chorros por un celular o unas zapatillas corrés riesgo de hacerte mierda en un tren de la época de Frondizi mantenido para el orto, o vivís con la posibilidad de perderlo todo (incluso la vida) por unas lluvias, y todo mientras te tratan de traidor por querer salvar tus ahorros de la inflación, de destituyente por pretender que se respeten la Constitución y las leyes, de represor por pedir que se ponga un freno al desastre y de gorila por tener la temeridad de estar en desacuerdo con el gobierno de turno, a la vez que vivís siempre bajo la amenaza de que el Estado y las instituciones que tienen que proteger tu libertad y tus derechos se les ocurra no ya no cumplir con su tarea, sino cogerte parado y sin preservativo.
Llegué aliviado de saber que al menos no estoy solo, y de que no estamos solos, en pensar que este gobierno se ha convertido en una verdadera amenaza no ya para la institucionalidad del país, que está más muerta que viva, sino para los propios ciudadanos y habitantes, a quienes ahora se los quiere reducir de derecho (siendo que ya lo son de hecho) a una existencia de temor e inquietud ante la posibilidad de ser las siguientes víctimas de la voracidad e incompetencia criminal del Estado, sin que exista recurso alguno para defenderse.
Pero al menos no llego a casa con la suprema insatisfacción de ver que el mundo se niega a ajustarse a mis designios demenciales, como le pasa a cierta Señora que puesta contra la realidad terminó por decidir que la realidad se fuera al diablo. Y no voy a llegar a casa con semejante vacío perverso en el alma, ese vacío que la mueve a cometer las inmoralidades y crímenes que apenas puede tratar de defender por cadena nacional, ese vacío que ni siquiera los millones y millones de millones que robó puede empezar a llenar.
Y llegué a casa feliz de haber ayudado dentro de mis modestísimas posibilidades a que el 18 de abril fuese otro día negro para la Señora y su banda.
Fue un buen día, y llegué a casa con la conciencia limpia.
Que es más que lo que puedo decir de muchos, muchísimos, demasiados. Empezando por la Señora que pregunta cuando ella misma debería ser la que ensaye una respuesta.

3 Comentarios:

Anonymous carancho dijo...

Mayor:
Se supera a cada post. Aplausos, ovaciones y gritos de aliento.
Por lo demàs, despuès de leer en diferentes blogs las "respuestas" (?)del forrerìo bancado por el gobierno, mi conclusiòn es la siguiente: estàn reclutando blogueros en los asilos de retardados mentales incurables.
Saludos.

10:29 p.m.  
Blogger Andy dijo...

Mayor: excelente as usual.
carancho: Los retardados mentales asilados son lo bastante inteligentes como para meterse a defender a los K. En realidad son los mismos limitadísimos blogueros K de siempre, a los que les hizo efecto y encima enfrentados a la durísma tarea de seguir justificando lo evidentemente indefendible.

3:13 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Mayor, mis respetos.
Excelente, y comparto plenamente.
Salud.
P

7:51 p.m.  

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