sábado, 19 de agosto de 2006

Hezbolados

La Argentina anunció que no enviará tropas a la fuerza de paz que desplegará la ONU en el sur del Líbano. Según el embajador de la Argentina ante la ONU, César Mayoral, la Argentina no enviará tropas porque "no hay posibilidades materiales" de hacerlo. Anteriormente, el vicecanciller Roberto García Moritán afirmó: "Ya hemos respondido que no estamos en condiciones de participar de esa fuerza”.

La decisión es tanto comprensible como criticable, con varios argumentos a favor y en contra.

En primer lugar, la frase empleada por Mayoral es muestra de la realidad: la Argentina no tiene posibilidades materiales de enviar y sostener personal en una fuerza de paz en el Líbano. Principalmente porque no tiene cómo transportar al personal y equipamiento hasta allá: por decisiones presupuestarias, la Fuerza Aérea (FAA) ha debido retirar del servicio a sus aviones Boeing 707, utilizados para el transporte de personal a largas distancias (ya de por sí con varios años de servicio a cuestas). Esas mismas decisiones presupuestarias impiden el funcionamiento efectivo de la otra "pata" del sistema de transporte aéreo de largo alcance de la FAA: los aviones de carga Hércules C-130. Unos pocos se mantienen en servicio, mientras el resto está almacenado en espera de presupuestos y repuestos que les permitan operar.

En resumen: la Argentina no tiene los medios aéreos para llevar personal o equipamiento hasta el Líbano; en tales condiciones, la Argentina no puede comprometerse a una misión de paz sin los medios de transporte necesarios para tal esfuerzo. Sin embargo, esto no se extiende al personal: la Argentina tiene gran experiencia en misiones de paz de la ONU. Sin ir más lejos, estamos en este momento con fuerzas en Haití. Se trata de cuestiones materiales que podrían resolverse con mejores asignaciones presupuestarias para las Fuerzas Armadas. Los fondos existen (para muestra, basta ver los montos regularmente asignados para obras públicas), sólo se necesitaría una decisión política para recuperar o renovar estos medios de transporte -nótese que no estoy hablando de medios de combate-, dada su importancia para la participación argentina en las misiones de paz.

Otros apuntan al carácter de "ajeno" que tiene el conflicto. ¿Qué ganaría la Argentina interviniendo tan lejos en un conflicto en el que no tiene parte alguna? Después de todo, Haití está en nuestra parte del mundo... En cierto sentido, esta postura expresa un sano interés en intervenir en aquellos conflictos en los cuales la Argentina pudiera actuar efectivamente y no tener mayores complicaciones en el proceso, es decir, que los costos no superen a los posibles beneficios. También es claro que no pueden "comprarse" todas las misiones de paz que se proponen, ya que los recursos son limitados y por lo tanto debe evaluarse cuidadosamente en dónde se los invierte.

Pero cuando la Argentina manifiesta a través de sus gobernantes el tener interés en fortalecer el multilateralismo y la efectividad de las Naciones Unidas, debe manifestar ese interés con la participación efectiva en misiones como ésta (ordenada por la ONU), aún en lugares del mundo en los cuales no exista un interés evidente. Flaco favor le hace a la ONU y al multilateralismo un país que declama apoyo pero no participa después.

El argumento del consenso con la posición brasileña es poco serio: Brasil puede tener sus razones para no participar y serán las que correspondan a la situación brasileña, pero la Argentina tiene que decidir basándose en sus propios intereses y situaciones y no en las posturas de los otros Estados, por más amigos que éstos sean.

Pero corre la sospecha de que la decisión se debe al deseo de prevenir una eventual respuesta terrorista contra la Argentina por un envío de tropas al Líbano, afirmando que por haber enviado fuerzas a la primera Guerra del Golfo, la Argentina sufrió los atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA. Con esta lógica en mente, es entendible que haya sectores que justifiquen la no participación como forma de evitar un futuro atentado terrorista.

Sin embargo y de ser cierta esta hipótesis, esto sería ceder a la voluntad de los terroristas: la Argentina estaría tomando decisiones de política exterior basándose en el miedo a sufrir atentados en su territorio. Como política de prevención, es un desastre. El terrorismo se previene fortaleciendo las capacidades de la policía y las fuerzas de seguridad y mejorando la coordinación entre los organismos del Estado para detectar y detener a los terroristas, no evitando tomar decisiones que puedan "provocar" a los criminales terroristas. Aunque, dado el currículum vitae de varios miembros del Gobierno, podría entenderse esta predisposición a orientar el accionar del Estado de acuerdo a los posibles comportamientos de los terroristas.

Podría resolverse la cuestión con una participación simbólica: un contingente limitado de efectivos (no más de cien) que no estén asignados a tareas o puestos con riesgo de combate, pero que, a la vez, manifiesten la voluntad de la Argentina de colaborar en el mantenimiento de la paz. No necesariamente habría que enviar brigadas enteras con miles de tropas.

En última instancia, la participación o no participación es una decisión estratégica del Estado. Esta decisión debe tomarse con todos los factores en cuenta y previendo los posibles efectos que ésto tenga sobre los intereses argentinos. Quizás participar en la misión al Líbano sea un error o quizás no; eso dependerá del análisis que se lleve a cabo. Sin embargo, las decisiones de política exterior deben tomarse con extrema prudencia, ya que después de todo, repercuten sobre la posición argentina en el mundo. Y la Argentina no puede vivir sola, sino que se mueve entre los otros Estados.

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