sábado, 12 de agosto de 2006

Vengarse de los muertos

El domingo pasado, una nota en La Nación daba cuenta de un proyecto presentado por un concejal del ARI para que el nombre del salón de actos de la Municipalidad de Lomas de Zamora, que ahora se llama "Bartolomé Mitre", pase a llamarse "Francisco Solano López"; es decir, que no lleve más el nombre de un presidente argentino sino el de un gobernante del Paraguay.

Los considerandos del proyecto justifican la propuesta en la conmemoración del nacimiento de Solano López, para después pasar a decir que la Guerra de la Triple Alianza "llena de vergüenza e ignominia a los argentinos de bien, que sostendremos siempre la unidad de destino que supone la Patria Grande Latinoamericana", que la guerra se libró "a resguardo de los intereses de las potencias extranjeras del momento", que Mitre integró una alianza para "invadir y aniquilar a la nación paraguaya" y que Solano López, en su defensa de Paraguay, demostró ser "un ejemplo de lealtad y patriotismo".

No vale la pena el detenerse en las objeciones que se le pueden hacer al proyecto, empezando con el homenaje que busca hacerle al líder de otro país que combatió en una guerra contra la Argentina, una guerra en la que la Argentina entró como consecuencia del ataque y ocupación que hizo el homenajeado contra la ciudad de Corrientes y que el homenajeado era un dictador.

Pero este proyecto se suma a la propuesta reciente para que la estación de tren de Avellaneda deje de llamarse "Nicolás Avellaneda" y pase a llamarse "Darío y Maxi", en honor a los piqueteros. Y a tantos otros cambios de nombre motivados por cuestiones políticas.

Podrá achacársele al "revisionismo histórico" de nuestros días, obsesionado en desenterrar los conflictos de la historia para "reinterpretarlos" desde una lógica actual y "desmitificar" a los personajes de la historia argentina como paso previo a una crítica completa de sus actos; las figuras históricas pasan a convertirse en personajes "nefastos" porque no satisfacen las demandas ideológicas de nuestros días. En el caso de Mitre, por no haber comulgado con las ideas de la "Patria Grande Latinoamericana" mientras que ahora Solano López pasa a ser un defensor de dicha idea, con un innegable tinte bolivariano, de la misma manera en la que ahora Sarmiento resulta despreciable por haber sido "liberal" y Roca por no haber sido "democrático estilo siglo XXI", entre otros.

O a simpatías políticas, como lo demuestra el cambio de nombre propuesto en Avellaneda, donde se deja de homenajear a uno de los presidentes fundacionales de la Argentina para conmemorar a dos oscuros "militantes sociales" de un sector circunstancialmente bien visto como el de los piqueteros.

O tal vez pueda atribuírsele a la pasión argentina (y también humana) por vengarse de los muertos. Recordemos el tratamiento morboso hecho a los cadáveres de Juan y Eva Perón (embalsamado incluido), al "Ni el polvo de tus huesos la América tendrá" lanzado contra Rosas luego de su muerte, y a tantas otras defenestraciones post-mortem de figuras históricas.

Juzgar a los muertos no es solamente una pasión argentina, sino que es mundial y con larga historia: en el año 897 d.C., el papa Esteban VI llevó a juicio a uno de sus predecesores, el papa Formoso, bajo cargos de perjurio y otros delitos. El único problema era que... Formoso llevaba ocho meses de muerto. Esto no detuvo a Esteban, quien mandó exhumar el cadáver de Formoso, vestirlo con las ropas papales y sentarlo en el banquillo de los acusados, en plena descomposición, mientras le eran leídas las acusaciones y comunicada la sentencia. Formoso fue declarado culpable, su elección como Papa fue invalidada, se le amputaron los dedos de la mano derecha para que no pudiera bendecir en la otra vida y se arrojó su cuerpo al río Tiber. Este episodio pasó a la historia como el Sínodo del Cadáver o, en latín, Synodus Horrenda.

La historia es el conjunto de las experiencias vividas como Nación. Como tal, representa la base sobre la cual se construye el futuro de un país. Si bien es cierto que ningún futuro puede construirse sobre un pasado ignorado, tampoco puede construirse un futuro sobre un pasado en constante reescritura. En un momento de la historia argentina en el que se proclama insistente y obsesivamente la necesidad de la "memoria", el resto de la historia argentina (es decir, aquella anterior a 1976) está siendo constantemente deformado y atacado.

2 Comentarios:

Blogger veracruz90 dijo...

muy groso el ejemplo final... algunos ejemplos más de locura post-mortem?? me iluminás diciéndome quién hizo ese comentario de rosas??

6:03 p. m.  
Blogger Mayor Payne dijo...

El comentario sobre Rosas lo hizo José Mármol.

Otros ejemplos de locura post-mortem: el reformista religioso inglés John Wycliffe fue quemado en la hoguera por hereje... doce años después de morir por un ataque de apoplejía, lo cual requirió que lo desenterraran.

El príncipe rumano Vlad III (más conocido para nosotros los occidentales como el "Conde Drácula"), luego de ser asesinado por sus propias tropas, fue decapitado por los turcos.

Oliver Cromwell, quien lideró la revolución que derrocó al rey Carlos I de Inglaterra, fue condenado por el Parlamento inglés bajo cargos de alta traición... tres años después de morir. La "condena" fue a ser ahorcado, destripado y descuartizado, lo cual se hizo con su cadáver de acuerdo a la sentencia (para ver un ejemplo de este tipo de ejecución, remítanse a la ejecución de William Wallace en "Corazón Valiente").

Referencias:
http://en.wikipedia.org/wiki/Posthumous_execution

5:57 p. m.  

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