sábado, 16 de enero de 2010

"Los intelectuales y la sociedad" (Thomas Sowell)

Hoy es uno de esos días en los que no consigo las palabras justas para expresar una idea, de modo que recurriré, como en otras ocasiones, a las palabras mil veces más claras y mil veces más contundentes que otras personas han dicho.

El texto de hoy es una traducción del inglés hecha por mí de dos artículos escritos por Thomas Sowell, "Los Intelectuales y la Sociedad", a cuyas versiones originales pueden acceder mediante los siguientes links.
El señor Sowell ha expresado mejor que lo que yo jamás podré hacer las razones por las que me hierve la sangre cada vez que veo a alguien con chapa de intelectual, o de simple buenista, defendiendo ideas criminales como las que suele propulsar la izquierda.

Advierto que va para largo, pero vale la pena. Disfrútenlon

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Probablemente nunca hubo una era en la Historia en la que los intelectuales hayan tenido un papel más grande en la sociedad. Cuando los intelectuales que generan ideas están rodeados por un amplio espectro de otros que diseminan esas ideas, sean periodistas, maestros, asesores legislativos o secretarios de juzgado, la influencia de los intelectuales en la manera en que evoluciona una sociedad puede ser enorme.

Los intelectuales generan ideas y las ideas importan, ya sean esas ideas correctas o falsas, e importan más allá del pequeño segmento de la sociedad formado por los intelectuales. Las ideas afectan el destino de naciones y civilizaciones enteras. Nunca ha sido más verdadero eso que en nuestros propios tiempos, cuando algunas personas hacen ataques suicidas para matar a desconocidos que nada les hicieron, como ocurrió el 11 de septiembre, porque los atacantes estaban consumidos por un conjunto de ideas, por una visión, y estaban impulsados por las emociones que esas ideas y esa visión generaron.

Tanto en la guerra como en la paz, y tanto en la economía como en la religión, algo tan intangible como las ideas puede dominar las cosas más concretas de nuestra vida. Lo que Karl Marx llamaba "el fuego de las ideas" ha incinerado a naciones enteras y consumido generaciones enteras.

Aquellos cuyas carreras se basan en la creación y diseminación de las ideas, los intelectuales, han jugado un papel en numerosas sociedades que fue completamente desproporcionado respecto al número de ellos. Sea que ese papel haya hecho en términos netos que las vidas de aquellos a su alrededor sean mejores o peores es una de las preguntas clave de nuestro tiempo.

La respuesta rápida es que los intelectuales han hecho ambas cosas. Pero ciertamente, respecto del siglo XX, es difícil escapar de la conclusión de que los intelectuales han hecho en términos netos del mundo un lugar peor y más peligroso. Rara vez algún dictador genocida del siglo XX careció de simpatizantes, admiradores o apologistas entre los intelectuales más destacados, no sólo en su propio país, sino en democracias extranjeras en las que los intelectuales eran libres de decir lo que quisieran.

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Dado el enorme progreso que tuvo lugar durante el siglo XX, puede ser difícil de aceptar que los intelectuales hayan hecho tan poco bien como para que nociones particularmente erradas lo hayan sobrepasado. Pero muchos de aquellos que promovieron los avances científicos, económicos y sociales del siglo XX no eran verdaderamente intelectuales en el sentido más común del término.

Los hermanos Wright, que realizaron el sueño centenario del vuelo humano, no eran intelectuales bajo ningún concepto. Tampoco lo eran los que derrotaron a la poliomielitis y otras enfermedades, o los que crearon las maravillas tecnológicas que ahora damos por garantizadas.

Todas esas personas realizaron un producto o servicio tangible y fueron juzgadas en base a si esos productos y servicios funcionaron. Pero los intelectuales son personas cuyos productos finales son ideas intangibles, y se los suele juzgar en base a si esas ideas les suenan bien a otros intelectuales o si resuenan en el público.

Si esas ideas funcionan, tanto para mejorar o empeorar la vida de los demás, es otra pregunta completamente distinta.

Las ideas que Karl Marx creó en el siglo XIX dominaron el curso de los acontecimientos en amplias regiones del mundo en el siglo XX. Generaciones enteras sufrieron, y millones fueron asesinados, como resultado de esas ideas. Esa no fue la intención de Marx, o la intenciòn de muchos simpatizantes de las ideas marxianas alrededor del mundo. Pero eso fue lo que pasó.

Varios de los intelectuales más destacados del mundo occidental en la década del '30 prodigaron elogios a la Unión Soviética, mientras millones de personas allí eran hambreadas hasta morir y vastas cantidades eran enviadas a campos de trabajo esclavo.

Muchos de aquellos distinguidos intelectuales de los '30 urgían a sus países a desarmarse mientras Hitler rearmaba a Alemania con rapidez para guerras de conquista que, entre otras cosas, habrían puesto a muchos de esos intelectuales en campos de concentración, condenados al exterminio, si él hubiera ganado.

La década del '30 no fue única bajo ningún punto de vista. En muchas otras eras, incluida la nuestra, intelectuales de inteligencia incuestionable han promovido nociones similarmente infantiles y peligrosas. Cómo y por qué esos patrones de conducta han existido entre los intelectuales es una pregunta desafiante, cuya respuesta puede determinar el destino de millones de personas.

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Las ideas son cosas tan intangibles que cuesta creer que hayan tenido tal impacto en las vidas de las personas que no han sido intelectuales y que, en muchos casos, les prestaron escasa atención. Sin embargo, las ideas tanto seculares como religiosas han movido las emociones de muchos, y también han movido a líderes y ejércitos.

Cuando pensamos en la Inquisición española, en las Cruzadas del pasado y en las Jihads del pasado y del presente, vemos escalofriantes ejemplos de los efectos de las ideas. Pero las ideologías seculares del siglo XX han matado a millones más en Alemania, Rusia y China, y también lo hicieron en busca de fines más elevados, aún cuando esos ideales fueron usados cínicamente por los poderosos, como en el pasado.

Si hay alguna lección en la historia de las ideas, es que las buenas intenciones no te dicen nada sobre las consecuencias reales. Pero los intelectuales que generan ideas no tienen que pagar las consecuencias.

Los intelectuales académicos están protegidos por los principios de la libertad académica, y los periodistas en las sociedades democráticas están protegidos por el principio de la libertad de prensa. Rara vez aquellos que producen o promueven ideas peligrosas, o incluso fatales, han debido pagar un precio por ello, ni siquiera en la pérdida de credibilidad.

¿Quién culpa a Rachel Carson, un ícono del ambientalismo, porque sus escritos cruzados contra el DDT llevaron a la prohibición de este insecticida en países de todo el mundo, para luego sufrir el resurgir de la malaria que ha matado, y que continúa matando, a millones de personas en países tropicales del Tercer Mundo?

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Incluso los líderes políticos han sido juzgados según qué tan nobles sonaban sus ideas, en lugar de por lo desastrosas que fueron sus consecuencias. Woodrow Wilson, el único Presidente de los EE.UU. con un doctorado, fue por años un académico antes de entrar a la política, y sus ideas sobre la guerra que terminaría con todas las guerras, hacer el mundo más seguro para la democracia, y el derecho de autodeterminación de los pueblos, han sido veneradas sin la menor consideración por lo que pasó cuando las nociones de Wilson fueron puestas en práctica en el mundo real.

Nadie cree hoy seriamente en la idea de que la Primera Guerra Mundial fue una guerra para acabar con todas las guerras, y muchos la ven ahora como el evento que sentó las bases de una Segunda Guerra Mundial. De hecho, hubo muchos que predijeron ese resultado en el momento. Pero a ninguno se le prestó tanta atención, o se lo veneró tanto, como a Woodrow Wilson.

Como muchos intelectuales, Woodrow Wilson asumió que si las cosas eran malas, "el cambio" las haría automáticamente mejores. Pero los gobiernos autocráticos de Rusia y Alemania que Wilson aborrecía fueron sucedidos por regímenes totalitarios tan opresivos y asesinos que hacían parecer a los déspotas del pasado como niños.

En cuanto a la autodeterminación de los pueblos, que resultó en la práctica en que el destino de pueblos enteros fuera determinado por extraños tales como Woodrow Wilson, que se sumó al desmembramiento de los imperios, con graves consecuencias en la década de 1930 cuando Hitler liquidó una por una a las pequeñas y vulnerables naciones recién creadas, una operación que hubiera sido mucho más peligrosa de haber tenido que enfrentar a los grandes imperios de las que formaban parte antes de la Primera Guerra Mundial.

Hasta el día de hoy, seguimos viviendo con las consecuencias de desintegrar al Imperio Otomano para crear Estados mucho más inestables y peligrosos en el Medio Oriente.

Pero las palabras de Woodrow Wilson sonaban muy bien, y es por esto por lo que él y muchos otros intelectuales son juzgados.

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Puede parecer extraño que tantas personas de gran intelecto hayan dicho y hecho tantas cosas cuyas consecuencias han ido desde lo contraproducente hasta lo catastrófico. Sin embargo, eso no es tan sorprendente cuando consideramos si alguien alguna vez ha tenido el rango de conocimiento necesario para tomar las formidables decisiones que tantos intelectuales están tan dispuestos a tomar, especialmente cuando no tienen que pagar el precio de estar equivocados.

Los intelectuales y sus seguidores han estado usualmente impresionados por el hecho de que los intelectuales tienden, en promedio, a tener más conocimiento que otros individuos de su sociedad. Lo que han pasado por alto es que los intelectuales tienen mucho menos conocimiento que el conocimiento total que poseen los millones de otras personas a las que desprecian y cuyas decisiones buscan anular.

Hemos tenido que aprender las lecciones de la presunción de las élites de la manera dura, y muchos de nosotros tenemos que aprender todavía esa lección.

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Hasta la próxima, y disculpen el largo... que por otro lado, espero que les haya gustado.

2 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Gracias por contribuir a la reflexión con pensamiento de buena calidad, como siempre!

Saludos,

Juani.

5:09 p. m.  
Blogger Fede dijo...

Muy buen artículo. Lástima que mientras lo leía se me venían a la mente imágenes de Verbitsky, J. P. Feinmann, y los "intelectuales" de Cuarta Abierta, y se me revolvía el estómago!

3:09 p. m.  

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