sábado, 22 de septiembre de 2012

Así está la cosa


Creo que a la luz de la última sarta de declaraciones, las cuales van desde las imbecilidades seriales de Abal Medina a las prepoteadas de "sabemos cómo tomar la calle" del sekretario de Incultura Jorgito Coscia, y desde las anibaladas hasta los comentarios despectivos de la mismísima Vaca Estúpida, no nos debe quedar ninguna duda de que el Gobierno Nacional le ha declarado la guerra a sus propios ciudadanos. Y que no queden dudas de que la ofensiva cuenta con la autorización de Ella.
No es de extrañarse. Después de todo, lidiamos con gente con una visión del mundo y de la vida tan perversa y degenerada que es incapaz de aceptar la existencia de otras personas enteramente independientes de su visión del mundo y de su enfermizo sentido de misión. En la cosmología kirchnerista, nacida del resentimiento genético del difunto Virolo y del desequilibrio mental de la Viuda, sólo hay dos seres humanos enteramente reales: Él y Ella. 
El resto de las unidades de carbono que habitamos el planeta tenemos dos propósitos fundamentales: o nos sometemos en cuerpo y alma a los caprichos de ambos (de Ella en estos tiempos de viudez) con el servilismo del rastrero, la alegría del esclavo de alma y el fanatismo de quien pasó por la castración mental del adoctrinamiento, o nos condenamos a nosotros mismos a sufrir castigos, penas y agravios por haber tenido la osadía de desafiar sus designios. 
En el mundo kirchnerista, en el Relato, sólo hay esclavos o enemigos, y las dignidades, derechos y privilegios se otorgan o se niegan en base a esa categorización. No hay seres humanos.
Digo esto para que nadie se haga ninguna ilusión acerca de lo que nos espera por haber tenido el tupé de tomar la calle el 13 de septiembre y decirle a la Señora y a su coro de chupamedias que existimos y que no tienen ni el monopolio de la palabra ni el monopolio de la razón. Es de esperarse que caiga sobre nosotros, en las mil y una formas que ha sabido aplicar el kakismo, la venganza que le espera a quienes osan desafiar al Relato y a la Relatadora.
Es el destino que le tocó a Blumberg. Es el destino que le tocó a la Mesa de Enlace. Es el destino que le tocó a los opositores que no aceptaron jugar un papel de pantomima aceptable para el régimen. No veo por qué haya de ser diferente para nosotros.
Por más palabras dulzonas que puedan pronunciar entre gárgaras los festejantes de la Vaca Estúpida, y por más llamados pegajosos al diálogo y a la conciliación que puedan venir de boca de la propia Forraona, sepamos que ellos siempre tienen el puñal a mano y que cuando menos la veamos venir, lo vamos a sentir entre las costillas. Puede venir en la forma de una quita brutal de subsidios, puede venir escondido en el articulado del Código Civil Zaffaroniano, puede venir a través de un nuevo plan para ahogar alguna expresión de productividad existente fuera del kirchnerismo. Pero va a venir, no me quedan dudas.
Ahora, pasando a algo más agradable, hay una nueva fecha de a de veras para volver a la calle: el 8 de noviembre. Entiendo que muchos hayan estado tan ansiosos como para agarrar el 28 de septiembre que andaba dando vueltas por ahí, pero hay que entender algunas cosas: quienes salimos a la calle en ese jueves maravilloso no somos militontos bancados de arriba como las hordas a las que la Señora puede apelar para que le levante el ánimo con una marchita cada vez que se le ocurra, somos laburantes que tienen una vida por fuera de la política a la que no pueden simplemente poner en stand-by a voluntad. Hubo gente que fue porque fue capaz de irse preparando y de dejar todo en orden antes de mandarse a la calle, y esa misma gente sencillamente no lo puede hacer cada vez que quiera.
Además, la repetición constante cansa, agota y embota, y como dije la semana pasada, si se recurre a marcha tras marcha con poco tiempo de separación, eventualmente se convierte en la caricatura con la que sueña 6-7-8 y el resto de la prensa militante: un puñado de caceroleros en una esquina perdida, de preferencia una esquina concheta de Recoleta.
El 8 de noviembre es una fecha lejana en principio, pero apropiada: septiembre es demasiado cercano y octubre está demasiado cargado de movimientos, entre ellos los que puedan producirse por el segundo aniversario de la muerte del tomuer. Ya sacudimos la estantería saliendo a la calle, y ahora hay que ver cómo reaccionan ellos, tanto en el Gobierno que nos provocó a salir a putear como en la oposición que nos quitó cualquier alternativa efectiva por su propia incompetencia y mediocridad, al desafío planteado el 13 de septiembre.
Podrá parecer erróneo ceder así la iniciativa, pero tratemos de recordar que en su abrumadora mayoría, la noche del 13 fue un llamado de atención, no una ofensiva destituyente como la quieren pintar ellos. Ya veremos qué cosas hacen y dejan de hacer que le darán su carácter al 8 de noviembre.
Por último, habría que plantearse que la marcha no puede ser la única alternativa para hacer conocer el disgusto que provoca esta gente. Puede haber otra serie de herramientas al alcance de la imaginación. El otro día me acordaba del apagón que le hicieron a Menem en el 96, si mal no recuerdo... ¿por qué no volver a eso?
Qué se yo, es cosa de imaginar un poco. Y de desconcertar al enemigo.
En fin, hasta la próxima.

1 Comentarios:

Anonymous carancho dijo...

Demoledor, Mayor.
Todavía los kakos siguen con sus llantos. Están aterrados, no se esperaban semejante movilización.
Mucha gente (entre ellos, yo) va a ir a la movilización de Moyano.
A seguir machacando.
Ahora, supongamos... qué pasa si la faraona renuncia por el motivo que sea?
Con Boloudou al mando, no sé si es peor el ¿remedio? que la enfermedad...

7:18 p.m.  

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