sábado, 20 de diciembre de 2008

Sábado II: No nacerán chorros, pero se hacen chorros

El otro día llega un mail al laburo con remitente de una dirección del INADI.
El mail anunciaba el lanzamiento de una campaña auspiciada por el INADI bajo el lema "Ningún pibe nace chorro". En el mail se podía leer los argumentos usuales sobre la marginación, la pobreza, el desamparo, la exclusión social y la mar en coche, según los cuales no podemos siquiera pensar en culpabilizar a los menores de edad que cometen crímenes, dado que en última instancia serían "víctimas de la sociedad", y que afirmar lo contrario es ser parte de "la maquinaria destructora de la derecha" o algo por el estilo. I kid you not.
Palabras más, palabras menos, ese mail no mostró nada nuevo bajo el sol.
Como siempre, estas campañas se olvidan de un pequeño detalle: si bien puede llegar a aceptarse la idea de que la sociedad es responsable de las condiciones de vida de los pequeños delincuentes, jamás puede ignorarse que estos pequeños criminales son los victimarios de aquellas personas a las que roban, hieren y matan. Es parte de la misma historia de siempre, sostenida por los sectores progresistas: nadie tiene responsabilidad por sus actos y nadie debe hacerse responsable del curso de su vida. Para eso está el Estado y la sociedad.
Uno puede sentir compasión por ellos y por las vidas que debieron atravesar, siempre y cuando uno pueda hacer abstracción de los crímenes que cometen, pero la gran cuestión que dejan de lado estas campañas y los que sostienen argumentos similares es que fueron estos chicos los que apretaron el gatillo, clavaron la navaja o molieron a golpes.
Fueron ellos los que cometieron el acto criminal, fueron ellos los que por propia voluntad decidieron quitarle a alguien lo que le pertenecía y fueron ellos los que remataron el robo con un homicidio. La sociedad no los obligó a hacerlo. La responsabilidad es suya y por eso mismo deben recibir la pena apropiada.
La compasión que alguien pueda llegar a sentir por ellos (y en el fondo hay que reconocérselo a quienes realmente sienten compasión y no la simulan como parte del concurso para ver quién es más progre y posmo) no puede hacernos ignorar el hecho cometido, o disimularlo con la conveniente excusa de "la pobreza" y "la exclusión". Millones de personas en situación desfavorable trabajan constantemente para salir de allí, y son pocos los que se dedican a robar y matar.
Ningún pibe nace chorro. Gracias por remarcar lo obvio.
Cuando finalmente entiendan que estos mismos pibes se convierten en chorros y cometen actos brutales y criminales, y que las circunstancias de vida no anulan ni pueden anular la responsabilidad personal, entonces vamos a estar un paso más cerca de ponerle coto a la inseguridad.

4 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Perdona que rebata ciertos argumentos, no es por que uno no sienta que ciertas cuestiones pueden ser opiniones que comparte la sociedad sino por que se requiere un debate en mayor profundidad.
Desde hace meses, si quieren sobre todo en las ultimas semanas, estamos viviendo una suerte de campaña mediatica donde se logro transformar a los menores en los responsables de la inseguridad argentina. Ante ello prendes canal 9 y cualquier persona dice cualquier cosa, generando una obvia exclusion social que se ha ido potenciando con el correr de los dias, lo cual se transforma en un resentimiento del menor marginado, lo que puede potenciar aun mas su criminalidad.
Logicamente, algun responsable debe existir, es complejo combatir algo desde la nada. Entonces c5n, clarin, tn y demas bombardean responsabilizando a los menores (que junto con los ancianos son el sector mas debil de la sociedad), comparan sistemas juridicos y los malinterpretan, los gobernadores piden una rebaja en la edad de imputabilidad y ponen cara de que es un problema legislativo o judicial, pero jamas de problemas propios de la administraicion del ejecutivo.
El primer eslabon de la realidad que vivimos, lo tienen las leyes del falso ingeniero blumberg. Sus leyes del fracaso aumentaron la criminalidad de los menores, algo que se dijo en su momento pero a lo cual toda la sociedad hizo oidos sordos y fueron a colmar la plaza del congreso. No escucharon a quienes saben verdaderamente del tema sino a un falso ingeniero que quizo proponerse como el auxilio de la sociedad gracias a su propia tragedia. Aumentar las penas en delitos que no era necesario conllevo a que los mayores operen cual mafia y manden directamente a los menores a robar. Sin contar que tambien aumentaron sensiblemente los delitos cometidos por mayores.
Por cada menor que roba hay un adulto que ordena, apaña, apoya o lo que sea. Creer lo contrario es creer que nacen robando.
Si quieren pensar que la solucion es aumentar las penas: bienvenidos a la selva. El derecho penal no funciona de esa forma y las soluciones no pasan por ese lado, el mejor ejemplo ya esta dado, insistir en esto llevara a que en 2 o 3 años el delito aumente aun mas y vamos hacia una pared a 200 kms/h.
El debate sobre aumentar la edad de imputabilidad es tan estupido como poco eficaz. El debate debe ser sobre el regimen tutelar en si, que ha sido un rotundo fracaso en todo el mundo.
Un menor hoy, puede cometer un delito por el cual se le puede enrostar a un adulto una pena leve, sin embargo el menor puede ser sometido a estar en un instituto durante años cuando un adulto ni siquiera podria haber caido en detencion.
Este absurdo juridico, responde a la idea de que a aquellos que no son imputables constitucionalmente hablando deben ser tutelados por el estado (menores, personas con discapacidad, etc.) quien posee en ultima instancia su cuidado y recuperacion.
El estado en su supuesto rol protector envia al menor a un instituto donde le arruina la vida. Quizas el sistema funcionaria si el instituto recibiera la correcta atencion por parte del estado, pero como no sucede la culpa es del estado en no darle la atencion debida y transforma al menor en un marginado social.
El lugar del menor es la escuela, sus responsables son los padres. Si ambas cosas no suceden el estado debe arbitrar el mejor metodo en proteccion del menor. Si el menor cae en la delincuencia la solucion no es meterlo en un instituto. Si quieren imponerle una pena, ello podria suceder y dejarla sin efecto por ser inimputable.
La unica solucion es un estado responsable. es logico mandar a pagar la deuda con el club de paris cuando hay casos de desnutricion?, es logico cuando hay menores que piden en las calles para subsistir?.
Aca el problema se soluciona con asistencia social, con subsidios, con transportes escolares gratuitos, con colegios abiertos los fines de semana cual clubes, con actividades extraescolares, con insumos para aquellos niños que no pueden obtenerlos, con libros gratuitos, etc.
Obviamente que el resultado no es inmediato, quizas por eso no se hace, quizas no sea tan costoso, pero lo que se necesita es una urgente invervencion estatal y que no exista una manifiesta marginacion social. Por cada niño que se margina generamos un resentimiento u odio que nos volvera en contra. Si subimos nuestro vidrio polarizado de nuestro bello auto y queremos no prestar atencion a lo que sucede no llegaremos a nada. Si un chico nos pide dinero y en vez de darle o sacarlo corriendo, simplemente le decimos educamente que no podemos o que le dariamos algo de comer quizas le ayudariamos a ver su dia de otra forma. Como nosotros escuchamos el discurso de "negros de m..." "no tienen futuro"y demas ellos escucharan cosas peores del resto de la sociedad y llegaremos a un polarizacion y division tan grande que sera una enorme batalla.
El cambio de esto esta en cada uno, si la sociedad espera una respuesta del estado vamos muertos, tanto el chico de la villa como el chico de recoleta. Pero si todos colaboramos desde lo mas minimo quizas exista un mejor futuro.

12:28 p. m.  
Blogger Mayor Payne dijo...

Por favor, no pidas disculpas por rebatir. Al contrario, con eso estás dando el debate.

Yo en lo personal (y lo digo sin ser seguidor de los medios de comunicación que describís, por los que siento un escepticismo y desconfianza que pienso que son sanos) considero que los delincuentes menores de edad no son "los responsables" de la inseguridad, sino su más reciente y alarmante manifestación. Culpar a los menores (en el sentido de poner sobre ellos la totalidad de la responsabilidad por la situación) es como culpar a la roncha por la varicela.

Al margen del sensacionalismo mediático (que lo hay y en gran medida), existe una gran inquietud y un profundo miedo en la sociedad por las características y virulencia de la criminalidad, y esa preocupación es una realidad que atraviesa todas las capas de la sociedad argentina, sin distinción de sectores.

Ahora bien, yo entiendo que el menor que delinque haya pasado por lo general por una infancia desprovista de educación, recursos y oportunidades. Entiendo que el ambiente en el que se desarrolló no fue el más propicio. Son cosas que no pueden ignorarse. La gran pregunta es: ¿es justificación para cualquier acto que cometan? ¿Es la pobreza, la exclusión social o la falta de oportunidades algo que elimine por completo la responsabilidad por los actos criminales cometidos? Esas preguntas nos pueden remitir al dilema del hurto famélico, pero resulta malicioso extender el concepto de hurto famélico (ya de por sí cuestionable) al robo a mano armada, al homicidio o a la toma de rehenes. Y me parece más oportuno y adecuado considerar a la pobreza o a la situación social del delincuente como elementos en cada caso puntual, no como un atenuante o circunstancia exculpatoria de aplicación indistinta.

Me parece que culpar a las leyes de Blumberg de la actual situación es como menos simplista. Fueron en su momento la manifestación de esa preocupación social por la inseguridad y su adopción se debió en parte a una clase política y parlamentaria que (para variar) no sólo no estaba a la altura de la realidad sino que buscaba aprovechar un fenómeno social con reacciones espásticas y mal coordinadas. Además, hay que recordar que una de las propuestas de Blumberg pasaba por la implementación de programas de trabajo para los presos e internados, que me parece que sería de utilidad si de veras se quiere "reformar" a los delincuentes.

Nadie cree que los menores nacen robando; la cuestión es que lo hacen, y que cada vez resulta más difícil no sólo recuperarlos sino contenerlos. Y si bien los institutos son un desastre (seamos sinceros, ¿qué institución u organismo dependiente del Estado Argentino no es un desastre en estos días?), es inconcebible que la alternativa sea ignorar el delito y dejar que el que lo cometa siga sin más. Existen hechos criminales gravísimos que resultan en pérdida de vidas y en una incertidumbre extendida en toda la sociedad; tales hechos no pueden dejarse de lado.

La pregunta entonces es sencilla: ¿podemos dejar que quienes cometan un delito, sin importar las circunstancias de su vida, no sean responsabilizados por el hecho? ¿Qué clase de solución es esa?

Con respecto a la cuestión de la imputabilidad o no, o de la pena por delitos cometidos, creo que hay una cuestión que se está dejando de lado en el debate. Todo crimen es una violación de las normas, legales o sociales, sobre las que se asienta una sociedad; una transgresión de dichas normas representa un daño particular para la víctima concreta y un daño general para el conjunto de la sociedad.

Ahora bien, una de las condiciones que todos debemos aceptar para formar parte de la sociedad es reconocer la existencia de las normas y aceptar el castigo por su transgresión. Estos menores que cometen delitos no sólo rompen las reglas, sino que reciben de buena parte de la sociedad un mensaje confuso según el cual su condición social los exime de responsabilidad por sus actos.

Si se quiere lograr la inclusión en la sociedad de los menores de edad, es necesario restaurar de una vez la idea de que la ruptura de las leyes es inaceptable y que trae consecuencias proporcionales a la gravedad del acto. A una persona que (y en esto coincidimos) no recibió la educación y socialización necesaria para poder integrar una sociedad de manera más o menos funcional, no se la va a incluir definitivamente si no se inculca y aplica la noción de que los actos tienen consecuencias.

La Argentina presupuestó para 2008 alrededor de 98.000 millones de pesos (más del 60% del presupuesto nacional) en el área social, que incluye salud, promoción social, seguridad social, educación, ciencia, trabajo, vivienda y servicios cloacales; existe inversión de recursos y en gran medida. Ahora, el tema es ver cómo esa masa de recursos públicos (que supera en 73.000 millones de pesos al área que le sigue en magnitud) se traduce en servicios reales a la sociedad, y creo que esa es una pregunta que nuestra actual clase gobernante está muy interesada en que jamás sea respondida, porque implicaría cuestionarse la organización y utilidad de una estructura burocrática que produce únicamente ineficiencia en gran escala, clientelismo, corrupción, desperdicio y pobres servicios para la sociedad a la que en teoría sirve.

Si bien disiento con vos, creo que señalaste razonablemente algunas de las causas que pueden llevar a una persona a cometer delitos, y también las actitudes de una sociedad que se caracteriza por su hipocresía y (vuelvo sobre el mismo tema) falta de responsabilidad. Son causas y ninguna política exitosa de seguridad puede ignorar que su resolución es la llave para resolver el problema.

Pero tenemos un problema: tenemos las consecuencias de esas causas.

Tenemos delitos violentos en escala creciente, tenemos homicidios, tenemos robos, tenemos miedo personal y social. Y esas consecuencias tienen que ser combatidas, porque como bien dijiste, el resultado de combatir las causas no es inmediato. Y es lo que está costando en este momento vidas en toda la sociedad argentina.

Y en última instancia, el profesional que es asaltado a punta de pistola y asesinado en su casa y frente a su familia, o el albañil al que volviendo del trabajo lo muele a palos una patota para robarle el sueldo y gastarlo en paco o alcohol no tienen la culpa de la situación de quienes los asaltan. Y son víctimas también.

Si realmente existe interés en que estos chicos que delinquen, sea por interés propio o porque los explotan sus padres o quien sea, se incorporen alguna vez a la sociedad, entonces resulta criminal en sí mismo cruzarse de brazos y perdonarlos simbólicamente por su condición de pobres, en lugar de hacerles entender (aunque sea amargamente, como suelen ser las lecciones en este caso) que el precio de vivir en una sociedad es acatar sus normas y enfrentar las sanciones por su violación.

Muchas gracias por tu comentario.

1:57 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Parece simplista decir que las leyes de blumberg son las culpables de la actual situacion pero no lo es, son el reflejo de una nefasta forma de hacer politica.
Creo que es el mejor ejemplo que se puede dar ante la actual situacion, y no representa cargar directamente contra el nefasto hombre, sino contra el grueso social que apoyo sin pensar o pensando erroneamente, subsumidos en un discurso que genero aun mas caos.
Vivimos en un pais donde la solucion penal constante que se adopta es aumentar las penas, solucion contraria a las politicas globales y de aquellos paises que lograron frenar el delito.
Bueno, esa solucion, en terminos entendibles por todos es como que tengas el motor de un auto que recalienta y en vez de liquido refrigerante le metas agua hirviendo. Lo fundis.
La sociedad masivamente puede elegir al lider que mejor represente su idiologia o su dolor, y quizas no debe saber de cuestiones tecnicas juridicas propias de cada tipo penal. Lo que si se debe saber es las consecuencias de determinadas politicas que hoy estan a la luz.
Entender que el aumento de las penas provoca un efecto en el delincuente como si fuera un niño es ilogico. La unica forma de frenar el delito es mediante la asistencia social, mediante redistribuion, mediante serias politicas de inclusion y proyectos a largo plazo de desarrollo sustentable. Quizas, la unica forma de articular bien todo esto sea mediante el accionar conjunto con organismos internacionales que monitoreen las cuentas oficiales o, directamente, que el estado otorgue los fondos y estos organismos los ejecuten.
El mejor ejemplo del fracaso, ademas de la delincuencia juvenil, es que pese a la bonanza economica reinante durante los ultimos 6/5 años las tasas de delitos fueron mayores. Y aun mas maores en los delitos modificados o creados por el ingeniero. Evidentemente la bonanza no se redistribuyo ni tampoco llego de alguna forma a quienes mas lo necesitan, cuestion que es inversamente proporcional con el aumento de las tasas de delitos.
Si hoy salimos masivamente a pedir la reduccion de la edad de imputablidad de los menores cual panacea, vamos a encontrarnos ante un escenario aun mas caotico.

7:58 a. m.  
Blogger Mayor Payne dijo...

Más que culpar a Blumberg por la situación de inseguridad que atravesamos, yo creo que es necesario mirar lo que se ha hecho en los pasados veinticinco años en materia política, económica, social, judicial y de seguridad. Lo que vivimos actualmente es la tormenta perfecta que surge de una combinación letal de incompetencia, corrupción, desmanejo y abdicación por parte del Estado de su deber de ejercer y hacer observar las leyes. Blumberg, y los legisladores que votaron sus leyes, son una manifestación y una consecuencia de la situación, no sus creadores.

Insisto en que no hay divergencias sobre el reconocimiento de las causas sociales de la delincuencia; me preocupa que por enfocarnos exclusivamente en esta cuestión, ignoremos que la inseguridad no es una cuestión abstracta sino una realidad concreta y pavorosa que cuesta vidas actualmente, y que debe ser contenida cuanto antes.

Uno de los objetivos del sistema penal es lograr la resocialización del delincuente y la aceptación no sólo de lo incorrecto y criminal de su acción, sino también de la responsabilidad que le compete por el hecho. El otro objetivo es el de proporcionar seguridad a la comunidad en general mediante la privación de la libertad de individuos que por su conduca han demostrado ser un peligro para sus conciudadanos. La imposibilidad en muchos casos de lograr el primer objetivo, ya sea por la propia condición y formación (o falta de la misma) del delincuente no quita la necesidad de asegurar el segundo objetivo.

Enfoquémonos en el acto mismo, un homicidio, un secuestro o una violación. En sí mismos son crímenes gravísimos contra las víctimas y contra la sociedad en general, son penados no sólo por las leyes sino por la más elemental y básica decencia humana y moralidad individual, y la prevención y represión de los crímenes es parte del pacto social elemental sobre el que se asienta una sociedad que aspira a la prosperidad y bienestar de sus integrantes.

Ante esto no podemos (y no tenemos derecho en vista de la situación actual) a renunciar a la sanción de los delitos basándonos exclusivamente en la situación social particular que se atraviesa. Quizás pueda ser tenida en cuenta en situaciones individuales y concretas, en las que obrará como atenuante de acuerdo a su influencia en el desarrollo de los hechos, pero jamás podemos usar a la situación social como un elemento exculpatorio y generalizado. Sería no sólo criminalmente irresponsable hacia la sociedad que requiere un alto a la inseguridad, sino que no ayudaría en lo más mínimo a resolver la propia cuestión social que origina la inseguridad.

Si bien mi postura personal es que la comisión de delitos graves (homicidio, secuestro, violación) requiere por la misma gravedad del acto una sanción penal proporcional, coincido en que reducir la problemática de la reacción pública contra la inseguridad a la cuestión de "bajar la edad de imputabilidad" es pecar de simplista. Y creo también que reducir la cuestión de la inseguridad a algo estrictamente social cuya solución sólo debemos esperar que sea provista por la asistencia pública es hacer una simplificación excesiva del problema.

Tengo que insistir sobre el mismo punto: combatir las causas sociales de la delincuencia (causas sobre las que existe acuerdo; el criminal que es criminal por gusto existe solamente en las personalidades sociópatas y en los malos dibujos animados) va a proporcionar la resolución final del problema, pero hasta que eso pueda lograrse necesitamos combatir las consecuencias, que son las que actualmente están costando vidas y provocando temor en la sociedad. Mientras esperamos a que las políticas sociales consigan revertir la situación, ¿qué podemos hacer para detener la ola de crímenes y lograr que los responsables de los delitos reciban la sanción que sus actos merecen?

Y vuelvo a la misma afirmación: no se reduce a la edad de imputabilidad alta o baja.

Existe una gran cantidad de acciones que pueden tomarse para contener la ola de delincuencia que no pasan por modificaciones del código penal hechas a los apurones para no quedar mal en las encuestas. Hace falta reformar los procedimientos judiciales para evitar la eternización de las causas y el colapso de los juzgados, hace falta modernizar y hacer útiles los propios procedimientos policiales y de los fiscales para que se complementen efectivamente y no se obstaculicen, hace falta una estructura administrativa y política para la gestión de la seguridad que haga uso y empleo de profesionales, expertos y personal calificado.

Y por sobre todo, hace falta revalorizar, reformar y jerarquizar la función policial.

No podemos esperar poner coto a la inseguridad con una policía mal equipada, mal pagada y sujeta a un desprecio social que en muchos casos es impulsado desde el propio Estado (nacional o provincial) de manera irresponsable. Es necesario, es hasta urgente, diría yo, asegurar para el personal policial una capacitación, un equipamiento y una remuneración que no sólo haga factible el combate contra el delito de manera inteligente y eficaz, sino que también ayude al policía y a su familia a mantener un nivel de vida razonable.

Podrá decirse que la experiencia policial en nuestro país es buena justificación para mantener una sana desconfianza respecto de las instituciones policiales (y me atrevería a decir que se aplica lo mismo al resto del Estado, en cualquiera de sus niveles), pero es típicamente esquizofrénico y argentino esperar de una policía colapsada y desmoralizada, sometida a permanente sospecha por parte de quienes en teoría deben conducirla, que sea efectiva a la hora de combatir el delito.

Me pareció útil agregar en los párrafos precedentes otros aspectos de la cuestión de la inseguridad, que creo yo serían útiles para comprender la magnitud del problema que enfrentamos.

3:00 a. m.  

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