sábado, 10 de enero de 2009

Contrafáctica

En la paz de mi exilio atlántico aproveché para retomar el placer de la lectura, y en el espacio que va desde las barrabasadas no aprobadas por el INADI que el Coco Sily escribe en La Cátedra del Macho Argentino hasta los giros y elegancias verbales de La Elegida y El Elegidor de Jorge Asís, me encontré con el interesante trabajo de historia contrafáctica de Rosendo Fraga: ¿Qué hubiera pasado si...?.
Por "historia contrafáctica" se entiende al esfuerzo de imaginar el desarrollo que hubiera tomado la historia en el caso de que ciertas circunstancias se produjeran de distinta manera. Los momentos que Fraga toma como eje de su trabajo contrafáctico son varios y abarcan desde lo que hubiera ocurrido de no crearse el Virreinato del Río de la Plata en 1776 hasta lo que le habría pasado a la Argentina de haber fracasado los golpes de Estado de 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976... o de haber tenido éxito el golpe radical de 1890.
Resulta interesante leer el relato de Fraga sobre un hipotético 1995 en el que el presidente Raúl Alfonsín hubiera llegado a Puerto Argentino para recibir del primer ministro británico John Major la cesión oficial de la soberanía en las Malvinas... algo a lo que podríamos haber llegado si no nos hubiéramos trenzado en la guerra de 1982.
Pero lo que más me queda de la lectura del libro de Fraga es el grado en el que el desarrollo de la historia depende de las decisiones, opciones e incluso de las personalidades de los individuos.
Por ejemplo, de cómo pudo haberse evitado el golpe de 1930 si tan sólo Yrigoyen hubiera escuchado a su ministro de Guerra, el general Dellepiane, cuando le daba los nombres de los implicados en la conjura de Uriburu y le recomendaba arrestarlos cuanto antes. O de lo que podría haber pasado en 1943 si Ramón Castillo tenía un poco de sensatez y se deshacía de un conspirador como el general Pedro Ramírez, que no paraba de complotar desde el Ministerio de Guerra.
En ambos casos, como mínimo, hubiera ido a dar con sus huesos a la cárcel por traidor y sedicioso un oscuro y hasta el momento intrascendente oficial del Ejército llamado Juan Domingo Perón, que supo estar en el corazón de ambas conspiraciones. Y quizás, sólo quizás, nos hubiéramos ahorrado setenta años de decadencia, corrupción, violencia y populismo.
Cuando terminé de leer los capítulos del libro sobre los golpes de 1930 y 1943 hice un zapping, vi que a La Elegida le dio una lipotimia y me entraron ganas de putear a diestra y siniestra por lo que pudo ser y por lo que terminó siendo.
A veces por idealismo, por desconocimiento o por efecto de la propaganda, uno tiende a creer que la historia es el resultado de fuerzas irresistibles a las que "les ha llegado su hora". En el caso argento, prácticamente es dogma de fe que el 17 de octubre de 1945 y todo el container de regalitos que vino a caballo del Día de la Lealtad era algo tan inevitable como el día y la noche, que Perón y el peronismo eran una necesidad histórica e inalterable ante la que no cabe el menor intento de resistencia.
Y no. De no haber sido Yrigoyen tan inenarrablemente estúpido ni Castillo tan suicidamente confiado, Perón hubiera sido un simple nombre más. Evita habría sido simplemente una actriz de radioteatro con más o menos éxito. Y toda la comparsa de delincuentes que en setenta años se colgaron del nombre de Juan Domingo habrían tenido que dedicar sus vidas a algún fin útil.
Es más: tengo esta imagen de una Argentina que felizmente no conoció el peronismo, en donde el Néstor se gana el pan conduciendo un taxi en Río Gallegos mientras Cristina dice estar ocupándose de los problemas de Florencia en la secundaria y en realidad lo está corneando impunemente con el abogado de la otra cuadra.
Es que la Historia, a pesar de las grandes fuerzas que la atraviesan, termina dependiendo en demasiados casos de los individuos y sus elecciones.

1 Comentarios:

Anonymous Martín L. dijo...

Lo que deberías leer es Ucronías argentinas, de Javier Aguirre, Eduardo Blanco y Fernando Sanchez (tres miembros del staff de la revista Barcelona). Seguro que te amarga menos que el de Fraga...
Saludos

7:25 p. m.  

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