sábado, 10 de julio de 2010

Y dale con el matrimonio gay...

Este tema ya lo traté en octubre del año pasado, pero como volvió a la carga el debate, a la carga vuelvo yo.

Ahora que parece que todo anda fantástico en la República Argenta, resulta que el gran debate de la hora pasa por la legalización o no del matrimonio homosexual.

Al respecto y antes de abordar el tema, tengo que dejar claro que como católico (aunque no excesivamente practicante), mi definición de lo que es un matrimonio no puede incluir bajo ningún concepto la unión homosexual. Es desde ese punto que parto.

Como católico, esa es mi postura. Pero como argentino, es decir, como parte de una sociedad que no es exclusiva de la gente de mi religión, no creo que sea aceptable hacer extensiva la definición a toda la sociedad, aunque más no sea para no dejar la puerta abierta a que desde otros grupos se me quieran imponer definiciones que no estoy dispuesto a aceptar.

Para mí el problema del matrimonio homosexual existe por el solo hecho de que el Estado se arroga el poder para definir instituciones que están muy lejos de su competencia. Inevitablemente, cualquier definición de matrimonio que adopte va a dejar a alguien disconforme, sea porque la considera ofensiva a sus valores religiosos, sea porque la cree lesiva de sus derechos reales o percibidos.

Entonces se trata, como en muchas otras cuestiones, de encontrar el punto medio y común y trabajar a partir de ahí.

En mi opinión lo que actualmente llamamos "matrimonio" puede definirse de manera neutra como "una libre decisión de dos personas adultas de unirse y vivir en común, en los términos que ellas mismas fijan, con consecuencias legales y económicas derivadas del contrato celebrado, y que puede recibir la bendición de una institución religiosa."

Tenemos ahí tres partes: la libre decisión, las consecuencias legales y económicas, y la bendición religiosa, siendo esta última opcional según la fe o no de las partes. De la tercera se ocupa la Iglesia o las autoridades de fe correspondiente. La primera queda a criterio único y exclusivo de las partes (y seamos honestos en este tema, dos homosexuales se van a sentir pareja o matrimonio independientemente de lo que diga la Iglesia, el Estado o cualquiera) de acuerdo a su responsabilidad y libertad.

La única que le queda al Estado, pienso yo, es la de las consecuencias legales y económicas: la propiedad puesta en común, la inclusión en la herencia y los trámites de sucesión, la división de bienes en caso de ruptura. Todas cuestiones que se pueden celebrar (a menos que un abogado me desmienta) con contratos comunes y corrientes que no tienen por qué llevar el título de "matrimonio".

Si se me diera a mí la posibilidad de intentar resolver esto, mi respuesta sería:
  • eliminar el matrimonio civil como institución tanto para heterosexuales como para homosexuales,
  • dejar para las partes la cuestión de las relaciones que se quieren emprender, siempre que estén en condiciones de decidir responsablemente,
  • dejar al Estado nada más que la celebración de los contratos necesarios para dejar clara la situación patrimonial y de sucesión, y establecer que, en caso de ausencia de estos contratos, el paso del tiempo en convivencia otorga derechos,
  • y dejar a criterio de la fe religiosa de cada uno o a la ausencia de la misma la cuestión de la naturaleza filosófica y trascendental del matrimonio, pareja o como quieran llamarlo. Punto.
Punto. Si dos homosexuales después quieren festejar vestidos los dos con traje blanco de novia, me importa poco y podría llegar a importarme menos; religiosamente diré que es un asunto que es sólo entre ellos y Dios, socialmente diré que no es asunto mío y que como adultos son libres para hacer lo que les parezca siempre que no jodan a los demás, y políticamente diré que lo único que le tiene que interesar al Estado es que paguen sus impuestos, cumplan las obligaciones legales y económicas que se desprenden de su caracter societario, y no acaben hiriéndose o matándose.

La adopción es otro tema que no voy a abordar, excepto para decir que mejor sería reformar por completo el sistema de adopciones antes de agregar así de la nada todo un nuevo grupo de potenciales solicitantes.

Quizás sea liberalismo de laboratorio, pero a esta altura del partido, bien vale pensar soluciones alternativas a la cuestión, aunque probablemente no pasen la prueba de la realidad.

Respecto a lo que ahora se debate en el Congreso, me parece que el proyecto de matrimonio homosexual muere en el Senado y el de unión civil muere en Diputados. En suma, la comunidad homosexual se va a quedar sin el pan y sin la torta.

De todas formas, dudo mucho que, salga lo que salga, vaya a haber una solución. Como me dijo un colega: "no se trata de los derechos de ellos ni siquiera del derecho a adoptar, sino de apropiarse de la palabra 'matrimonio'; para ellos es como sitiar una fortaleza e izar la bandera al tope". Y en este caso, este interés se juntó con las ganas de Kirchner, a quien no le veo pinta o tradición de militante pro-gay, de escupirle en el ojo a monseñor Bergoglio y al resto de la Iglesia argentina.

O de manera más sencilla y como dirían en El Opinador Compulsivo, se trata de tener en todo momento algo con qué joder.

3 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Creo que estas enfocando el tema muy superficialmente. Creo que tanto vos como tu amigo,se manejan con prejuicios.
No se trata de un tema moral, ni linguistico. Se trata de igualdad de derechos. Se trata de blanquear una realidad existente. Yo también soy católica, y parece que la norma es poner bajo la alfombra lo que no sabemos como entender. Acordate de Galileo Galilei y la iglesia, Torricelli, el vacío, la nada y la Iglesia y de la multitud de juicios que tiene la Iglesia por curas pedófilos. No podemos hablar de igualdad mientras haya una minoría (gay, indios, pobres, ex combatiente..) que no goce de plenamente de los derechos.
Recordá que cuando la ley de divorcio, el fatalismo era igual y aumentaron los matrimonios.
Por mi parte, cre en el no juzqueis y no sereis juzgados.
La libertad, esa capacidad de optar, es personal. Tu relación con Dios es personal. La Iglesia no debe metersse en la cama de sus feligreses. Recuerda que esto en la edad Media fue un elemento de dominación
Que Dios te Bendiga

4:48 p. m.  
Blogger Mayor Payne dijo...

Estimada anónima, gracias por tu comentario y permitime nomás algunas palabras:

Seguro que tengo prejuicios, quién no los tiene. Son nuestros puntos de partida. Pero te aseguro que bastante me costó llegar a la postura que quise dar a entender en mi post. Más fácil y cómodo en lo personal y lo familiar me hubiera resultado quedarme en la postura oficial.

A mí francamente ni me va ni me viene lo que alguien haga en su intimidad mientras no joda a terceros. "El Estado no tiene lugar en los dormitorios de la nación", dijo un primer ministro canadiense y me parece una frase admirable. Digo todo esto para desmentir que los creyentes seamos cazadores de gays; la verdad que tengo cosas más interesantes que hacer que ponerme como policía moral.

Si el meollo del asunto era que un lado entendía la palabra "matrimonio" desde lo laico y otro desde lo religioso y no había reconciliación posible, ¿qué costaba sacar la palabra de la cuestión? ¿Importa mucho que los derechos estén puestos bajo un nombre que bajo el otro? Y no estoy hablando de lo de los institutos separados, hablo por ejemplo de la propuesta radical de rebautizar todo el sistema de matrimonio civil como "unión civil familiar" o algo así.

Que cada quien use la palabra "matrimonio" como mejor lo crea. Dos personas unidas le van a poner el nombre que se les cante a la relación que tienen, sin importar lo que diga el Estado o María Castaña. Si los derechos son la sustancia, ¿para qué pelearnos por el envase?

Para serte honesto, me chocó la mala fe con la que se encaró todo esto, empezando por los Kirchner y sus seguidores que no tienen precisamente un historial de guerreros del arcoiris, o de lo contrario hubieran impulsado esto cuando tenían mayoría parlamentaria. También hubo mucha mala fe de gente a la que cualquier colectivo la deja bien cuando se trata de pegarle a la Iglesia, y que más que festejar la ley celebró que se la hubieran dado por atrás a la Iglesia Católica, desde el Papa hasta el párroco de la Base Marambio. No digo que fueron todos los que se alegraron por la ley, pero sí muchos, y bastantes más que los que son lo bastante honestos para reconocerlo públicamente.

Sobre los ejemplos de anteriores posturas, a veces pienso que los conservadores necesitamos de los progresistas para empujarnos a ver nuevas alternativas, pero que los progresistas nos necesitan a los conservadores para tomarse un poquito más de tiempo para pensar las cosas.

Espero que no hayas tomado a mal nada de lo que dije, porque no fue con mala intención hacia vos.

Un saludo grande y que Dios te bendiga.

12:03 a. m.  
Anonymous Jean dijo...

Hola querido Mayor, como siempre eres claro y bastante objetivo en tus opiniones. Comparto tus puntos de vista, sólo me genera dudas las adopciones. Creo que es un tema muy complicado, pero también es cierto que la realidad es la única verdad. Si una pareja homosexual se "manda hacer" un hijo, y lo anota a su nombre, quién le va a ir a decir que no puede tenerlo. También creo que la sociedad no está madura para que haya casamientos gays generalizados, aún hay muchos prejuicios y la ley fue hecha a la fuerza, sin una maduración adecuada en la conciencia social. La iglesia siempre fue muy lenta en adaptarse a la realidad social, no va a cambiar de la noche a la mañana. En temas sociales y humanos, así como en los espirituales, no sirven las revoluciones sino las evoluciones, se necesita tiempo si no se quiere fracasar estrepitosamente.

Un saludo afectuoso y gracias por tus opiniones siempre centradas y enriquecedoras.

Jean.

11:36 p. m.  

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