sábado, 23 de abril de 2011

El lenguaje de la izquierda

El otro día, en una de mis habituales recorridas por Internet, me topé con este artículo llamado "The Lingo of the Left" ("La Jerga de la Izquierda"), de David Solway, en el que trata uno de los fenómenos más perniciosos de nuestros días: la forma en la que la izquierda se apodera del lenguaje y lo prostituye.

'Ta bien, se puede argumentar que en política el lenguaje está más prostituído que los elencos de Bailando por un Sueño, pero la forma en que la izquierda lo hace es equivalente a la de una red de trata de blancas.

El artículo a veces se pone medio denso y la traducción fue un tanto jodida, pero igual es interesante, aunque sea para poner en orden las propias ideas y leer lo que uno a veces piensa pero le cuesta expresar.

La Jerga de la Izquierda

En la comunidad cerrada del mundo intelectual de la izquierda, no se permite la entrada de palabras sospechosas, ideas abrasivas, o eventos que perturben su tranquilidad mental y sus convicciones arraigadas. Vive en un dominio enquistado y autorreferencial protegido contra incursiones no bienvenidas. Por tanto, en su visión del mundo suele escasear la expresión de duda, incertidumbre, o hipótesis. Sus postulados fundamentales están usualmente libres de contexto o empobrecidos de contexto, en el sentido de que la izquierda trata de negar la existencia de referencias pragmáticas. El significado está usualmente mediatizado por un proceso de exclusión referencial, un evitamiento o incluso una ignorancia voluntaria de "los hechos de la cuestión". Puede ver lo que es demostrable que ocurre delante de sus ojos y decidir que no está ocurriendo. Luego movilizará el lenguaje para postular y describir una realidad falsificada, un mundo fraudulento.

David Jenkins se pregunta: "¿Es posible que el izquierdismo sea una enfermedad mental?". De hecho es una enfermedad de la mente de proporciones epidémicas, arraigada en una relación ablativa con la experiencia, una orientación "lejos de ella". Su etiología puede ser difícil de evaluar - ¿Lavado cerebral temprano? ¿Infantilismo prolongado? ¿Resentimiento corrosivo? ¿Aborrecimiento de sí mismo? ¿Química defectuosa? - pero una cosa es cierta. Su lenguaje congenial es tanto su síntoma primario como su principal facilitador.

Es como si la izquierda hubiera malinterpretado brutalmente el famoso principio del lingüista suizo Ferdinand de Saussure en su Curso de Lingüística General sobre la arbitrariedad del signo lingüístico. Saussure postulaba que las palabras obtienen su significado de acuerdo con su relación diferencial respecto de otras palabras en un sistema lingüístico autónomo, aunque no llegó tan lejos como para divorciar la palabra de la cosa que en última instancia simboliza. Pero esto es precisamente la forma en que procede el pensamiento y el discurso izquierdista, con su léxico nativo aislado de la realidad y refiriéndose únicamente a otros signos y discursos, o lo que es todavía peor, a entidades imaginarias que son tomadas como evidentes. Su mundo es autotélico, envuelto en sí mismo como una cinta de Möbius. El dilema fundamental de la izquierda es que está atrapada en su propia versión contraída del círculo hermenéutico, con palabras que sólo significan otras palabras o abstracciones reificantes que no tienen existencia real, y con explicaciones que dan vueltas alrededor de ellas mismas, una actitud que recuerda a aquel pasaje de Catch 22:

– ¿A qué te recuerda el pez?
– A otros peces.
– ¿Y a qué te recuerdan los otros peces?
– A otros peces.

Aquí debemos ser cuidadosos. La autorreferencia no excluye la transformación, en tanto que los eventos y objetos del mundo real puedan ser - y son - redescritos como "objetos" situados en un reino discursivo paralelo y exclusivo. Una instancia actual involucra a la Hermandad Musulmana. En el mundo real, es una organización teocrática jihadista cuyo propósito es la subversión del Occidente democrático; en el universo paralelo de la izquierda ha sido transformada en una organización pacífica y secular que sólo desea participar del proceso democrático. El término "Hermandad Musulmana" ya no significa más una entidad que existe realmente sino que designa un objeto interno que no se conecta con nada por fuera de una órbita semántica cerrada. La misma transformación es aplicable a "Islam", que en desafío a sus escrituras y a la violencia cometida en su nombre, significa "religión de paz". "Conservador" es sinónimo de "racista" o "fascista" en completo desprecio a los principios, textos y argumentos racionales del conservadurismo. El grupo lobbista J Street, que propone políticas que, según lo muestra Benjamin Kerstein, bien podrían resultar en la destrucción de Israel, se llama a sí mismo "pro-Israel", una traducción hecha en casa de "pro-Palestina".

Esto se ha convertido en su práctica común, el resultado de una operación mental de libre flotación que manipula los nombres de tal manera que ya no designan sus presuntos blancos sino que los transforma en algo distinto. Como resultado, los peces invariablemente se convierten en otros peces, es decir, otra clase de peces, que no nadan en el océano sino en un acuario cognitivo autocontenido. Las palabras son deliberadamente resignificadas para presentar una construcción revisionista de cómo son las cosas. Y funciona, al menos, esto es, hasta que la realidad interviene, como siempre lo hace, exponiendo lo que no es más que una transcripción de desesperanza referencial.

La transformación, obviamente, es además una manera de disfrazar lo que en realidad es. No es ningún accidente que la izquierda sea el mayor promotor y difusor del lenguaje políticamente correcto, que recuerda a las damas y caballeros de la corte del Rey Sol que se empapaban de perfume en vez de bañarse. El conjunto natural de las palabras puede ser ofensivo o inocuo, pero el uso excesivo de expedientes desodorantes realmente no engaña a nadie excepto a quienes desean ser engañados. Lamentablemente, la clase de los engañados es una clase influyente que ha sido en gran medida responsable de desnaturalizar el mundo en que vivimos. Cree que cambiar el nombre de una cosa disfraza su naturaleza y la transforma en otra cosa distinta.

De forma simple, sea por mutación u ocultamiento, por redescripción o renombramiento, el lenguaje de la izquierda está basado en la mentira, en la transformación en vez del reporte. Hay tres formas de mentira: omisión, exageración y falsa representación. La izquierda ha movilizado a las tres conmutaciones de lo actual, dejando afuera lo que no encaja, inflando lo que sí encaja, y falsificando lo que puede encajar.

Un excelente ejemplo de esta especie de triple mutilación, que vale la pena examinar en detalle, viene de la pluma de David Remnick. En un reciente artículo publicado en The New Yorker, "Un Hombre, Un Plan", que trata sobre el embrollo israelí-palestino, Remnick elogia a los líderes de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas y Salam Fayyad, "quienes se han mostrado dispuestos a hacer las concesiones necesarias para un acuerdo de paz". Pero convenientemente oculta los hechos sobre el incitamiento palestino en mezquitas, medios y escuelas clamando por sangre israelí, el bautismo de plazas públicas e instituciones en honor a los terroristas y el subsidio a sus familias, la negativa a negociar durante el congelamiento israelí de la construcción de viviendas, y la negativa a ceder en demandas impracticables tales como el retorno de millones de descendientes de refugiados. En cuanto a la administración de Barack Obama, se nos informa que su reticencia a "proponer un plan de paz amplio [se debe] no a que tenga dificultades para imaginar un plan semejante"; se debe al "papel desmesurado" que varios grupos judíos capaces de "cambiar elecciones" juegan en la política de los Estados Unidos. Si esto no es una exageración, de aquellas que enorgullecerían a Walt y Mearsheimer, no sé qué pueda serlo. El ministro de Asuntos Exteriores Avigdor Lieberman, que ha dicho algunas verdades duras sobre la corrupción y los prejuicios de las Naciones Unidas, sobre los complots palestinos, y sobre el quintacolumnismo presente en organizaciones domésticas de izquierda, es falsamente representado como "proto-fascista".

Todo el buque de Remnick, desde la hélice hasta el mascarón de proa, es un tejido de omisiones, exageraciones y falsas representaciones, en donde apenas pueden hallarse párrafos que no encajen en esta descripción. Todo ha sido transformado: la historia, la moralidad, los principales personajes, la naturaleza de la "ocupación", el derecho internacional, y las políticas subyacentes de la región. Es justo decir que Remnick escribe bien; también es justo decir que Remnick escribe basura. Es un maestro en la jerga de la izquierda y su panfleto provee una ilustración cardinal de cómo opera la izquierda.

Un paradigma claro y honesto de representación es totalmente extraño a la relación semántica de la izquierda con el mundo. En The Political Unconscious, el profesor de la Universidad de Duke y autor prolífico Fredric Jameson, un izquierdista recalcitrante, exhorta a sus lectores a "liberarse [a sí mismos] del objeto empírico" - simplemente "liquidar las experiencias en cuestión y disolverlas sin dejar rastros". En otras palabras, haz que el mundo real desaparezca, reemplázalo con una simulación, y la vida mejorará de alguna forma. Escribir y pensar son entendidas como resistirse a las consideraciones comunes de la humanidad no iluminada y su presuntamente distorsionada visión del mundo. Escribir es "sobreescribir". Pensar es pretender, o incluso creer, que las cosas son de otra manera.

Al respecto, un manual de eventos reales, como los Anales de San Gall del siglo VIII, sería rechazado de primera mano ya que no puede ser ideologizado, sino que se mantiene aferrado a la realidad. He aquí un pasaje de muestra:

* 709: Invierno duro. El Duque de Gottfried muere.
* 710: Año duro y deficiente de cosechas
(….)
* 712: Inundaciones por todos lados.
(…)
* 714: Pipino, el Mayordomo de Palacio, murió.
(…)
* 716: Carlos devastó a los sajones con gran destrucción.
(…)
* 721: Theudo expulsó de Aquitania a los sarracenos.
(…)
* 731: El beato Bede, presbítero, murió.
* 732: Carlos peleó contra los sarracenos en Poitiers un sábado.

Este documento no busca transformar u ocultar los eventos sino registrarlos. Así de reduccionista como es, presenta un modelo para el uso apropiado de las palabras y una fuente escrita para la escritura consciente y creíble de la historia en sus fases iniciales. Su uso de las palabras es deíctico, es decir, las palabras apuntan directamente al referente sin tratar de cambiarlo por otra cosa, creando una versión idealista y partidaria de "lo que es", o construir por decreto verbal un mundo substituto y presuntamente mejor que aquel en el que vivimos. Naturalmente, el historiador profesional intentará percibir la interconexión de eventos dentro de un contexto mayor para establecer un sentido de continuidad y dirección, pero esto no le confiere una licencia para pergeñar o reconfigurar el mundo de acuerdo con una convicción ideológica previa.

Para los izquierdistas, empero, la observación escrupulosa y cándida de las cosas tal como son está contraindicada y las palabras que favorecen están esencialmente pensadas para desviar o suprimir, no para iluminar o revelar. Al vivir en un mundo ilusorio, la izquierda sólo puede mantener su ficción privilegiada adulterando el lenguaje, tratándolo como un instrumento que muestra lo que es como lo que no es, y que codifica lo que no es como si fuera. Las palabras son como aquellos objetos que deben ser empacados arriba de todo en una valija, pero que nunca son desempacados para revelar lo que hay debajo de ellas.

El filósofo alemán Uwe Poerksen llama a esas palabras, en el libro del mismo título, "palabras plásticas", las que al aparecer en discursos políticos, documentos gubernamentales, seminarios académicos y medios de comunicación, "hacen borroso el significado y inhabilitan el lenguaje común". De esa manera se convierten en "los ladrillos para planes y soluciones que pueden parecer utópicos pero que acaban empobreciendo al mundo". Representan, en efecto, "la tiranía del lenguaje modular" que sirve como "instrumento de subyugación" en vez de "herramienta de loibertad". Las palabras que se usan de esta manera, dice, vagan como las columnas del puente en la pintura de 1937 de Paul Klee "La Revolución del Viaducto". El puente verbal de la mente al mundo ha sido inutilizado.

Uno recuerda a Jane Austen escribiendo en Northanger Abbey que sus lectores verán "en las páginas frente a ellos, que todos nosotros nos estamos apresurando juntos hacia la felicidad perfecta". No hay nada de malo en eso. El problema es que el mundo real no es una novela y los autores izquierdistas, que lo tratan exactamente como si así lo fuera, sólo se aseguran de que nos estemos apresurando juntos hacia la miseria perfecta. Esta es otra forma de decir que la izquierda no vive en el tiempo real sino en el tiempo teórico o en el tiempo imaginario. Ha perdido lo que Christopher Lasch llama "el hilo conductor" al mundo real y a la historia genuina, llevándonos a nuestra inevitable turbación. "La naturaleza", escribe Lasch en The True and Only Heaven, "anula nuestros designios e impone una pesada carga a cada intento de sobrepasarla o evitarla".

En el análisis final, el uso izquierdista de las palabras surge de la necesidad de alcanzar una posición de supremacía y dominio. Pero está sujeta a una ironía destructiva, ya que el mundo que desea controlar, construído sobre el engaño y la irrealidad, y también sobre una arrogancia sobrevalorada, inevitablemente colapsa como la Torre de Babel y termina únicamente en la pérdida de esperanza y la decadencia cultural. Un mundo construído sobre el deseo a costa de los hechos depende de palabras separadas de su función correcta de clarificación como lo contrario de la disimulación. Constituyen una forma de lo que Orwell llamaba en Política y Lengua Inglesa "lo peor de la escritura moderna", que consiste no en "seleccionar palabras en base a su significado e inventar imágenes para aclarar el significado" sino "en pegar juntas largas hileras de palabras que ya han sido puestas en orden... y hacer que los resultados sean presentables a pura fuerza de charlatanería".

Todos perdemos con la traición del lenguaje, que infecta todo el campo discursivo conforme se convierte progresivamente en el medio común de intercambio. Los gradientes esenciales del lenguaje izquierdista - la omisión, la exageración, la falsa representación, la transformación y el ocultamiento - en unfa era de diseminación mediática ubicua e instantánea, nos deja a la vez vulnerables a nuestros adversarios y moral e intelectualmente envilecidos. Como Isaiah Berlin nos recuerda en The Crooked Timber of Humanity: "la degradación del lenguaje es siempre la señal más evidente de la degradación de un pueblo".

4 Comentarios:

Anonymous Saint Etienne dijo...

Excelente artículo y gracias por la traducción(*).

Lo primero que me vino a la cabeza es la pandilla de "Pajerta/12" en la sección política y economía (en mi caso cines y libros se salva por poco dentro de esta categoría difamatoria), buenos muchachos para reinterpretar, resignificar, recodificar el mundo exterior amoldando en sus cabezas zurdófilas.

Saludos, agrego a mi RSS

(*) Autotélico, My God...que palabra!!! :-)

10:49 p.m.  
Blogger Mayor Payne dijo...

Muchas gracias, Saint Etienne... y en cuanto a "autotélico", advertí que por momentos se ponía denso el artículo. El que avisa no traiciona, jeje.

Saludos!

10:16 a.m.  
Blogger Occam dijo...

Me pareció muy bueno el artículo, con muchos fragmentos verdaderamente sustanciosos. A mí me gusta hablar de tres líneas de estrategia comunicacional en la izquierda para condicionar el mensaje (y sobre todo, a los receptores del mismo):

1) La subversión semántica: Casos como el uso promiscuo y malicioso de fascista, fascismo, etc.

2) La discriminación terminológica en función de la intención: el enemigo fue "ajusticiado", a lo sumo, "ejecutado"; el amigo siempre fue "asesinado".

3) La seudología (asociación libre y arbitraria de una serie de eventos y caracteres juzgados de antemano peyorativos o negativos, que se concatena para dar lugar a un presunto razonamiento lógico): Trabajó en una oficina gubernamental durante un período tachado como nefasto, es amigo de un tipo descalificado, un día dijo que estaba a favor de determinada cosa con la que no se puede estar de acuerdo, fue novio de una mina que trabajaba de o con... Luego, es Hitler redivivo.

*******

Es fundamentalmente plausible del artículo la caracterización que hace de la izquierda (que en realidad, desde Heidegger y Schopenhauer, se hace de todo el humanismo) como negadora del mundo real, y en su rechazo a éste, el intento por sustituirlo por un mundo enteramente humano, artificial, en que los males y las fatalidades (sobre todo, el azar) no tengan lugar. He tratado algo de ello en este artículo, y sobre todo en este otro, que explora acerca del origen ideológico de esa estructura, que en el artículo se insinúa patológica.

Acabo de desayunarme de la existencia de este blog, y por lo que estuve viendo hasta el momento, me parece interesantísimo, con lo que ya lo he recomendado en el mío, y los seguiré visitando.

Mis felicitaciones, y cordiales saludos.

3:06 p.m.  
Blogger Mayor Payne dijo...

Estimado Occam, muchas gracias por este comentario y además por todos los otros que has estado dejando, y me alegra mucho que hayas encontrado interesante este blog.

Cordiales saludos y hasta la próxima.

10:37 a.m.  

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