sábado, 10 de noviembre de 2012

Aftermath


Qué jornada maravillosa que fue el 8 de noviembre. Realmente, fue algo épico y por lo menos en mi caso considero un punto de orgullo haber podido estar ahí. Una manifestación feliz, alegre, tranquila, en paz, con la 9 de Julio llena de gente hasta donde alcanzaba la vista. Seguir comentando las emociones y sensaciones que dejó semejante acto es no hacerle justicia a la magnitud del evento.
Se han gastado ya demasiadas palabras tratando de explicar lo que fue el 8N, cómo se llegó a ese día, qué motivó a los centenares de miles que salieron a las calles y qué representará este evento para la vida y cultura políticas del país, para su presente y (sobre todo) para su futuro. Y es muy probable que nadie acierte: en la medida en que el 8N ha sido una manifestación masiva y multitudinaria sin más organización que la que proveyeron las redes sociales, en un país cuya cultura política se basa en gran medida en el arreo de muchedumbres mediante vastos aparatos políticos, su significado e impacto son impredecibles.
Quizás una buena forma de ilustrar en parte el problema al que se enfrentan los analistas de todos los ámbitos es a través del concepto de "Problema de Fuera de Contexto" ("Outside Context Problem" o OCP). Se trata de una noción que el escritor escocés Iain M. Banks desarrolló en algunas de sus novelas para hacer referencia a situaciones o hechos que son totalmente incomprensibles para sus testigos por haber tenido un origen más allá de las posibilidades de su imaginación y de su marco de referencia y que, en palabras de dicho autor "la mayoría de las civilizaciones encuentran sólo una vez, tendiendo a hacerlo de la misma manera en que una oración encuentra un punto final".
Banks ilustra el concepto mediante el siguiente ejemplo:
"El ejemplo habitual con que se ilustra un Problema de Fuera de Contexto es imaginar que ustedes son una tribu en una isla grande y fértil; han domado la tierra, inventado la rueda o lo que fuera, los vecinos han sido cooperativos o fueron esclavizados, pero en todo caso han sido bastante pacíficos y han estado ocupados construyendo templos en su propio honor con toda la capacidad productiva excedente que tienen, estaban en una posición de poder y control prácticamente absolutos que sus sagrados ancestros apenas hubieran podido imaginar y toda la situación se movía tan bien como una canoa en pasto mojado... cuando de pronto esta erizada mole de hierro sin velas aparece en la bahía echando humo y estos tipos que llevan largos y graciosos palos llegan a tierra y anuncian que ustedes han sido descubiertos, que ahora son todos súbditos del Emperador, que a él le gustan mucho unos regalos llamados "impuestos" y que estos hombres sagrados de ojos brillantes quisieran charlar un rato con sus sacerdotes".
Para la cultura política argentina, bastante fascistoide, primitiva, amante del número, de la fuerza bruta, patotera y desesperantemente mediocre, un evento como el 8N es un Problema de Fuera de Contexto. La "clase dirigente" no puede concebir que más de un millón de personas hayan salido a las calles de docenas de ciudades en el país y en el mundo habiéndose organizado casi por sí misma y sin que detrás se haya movido un aparato político clásico, con unidades básicas o comités, con punteros, con choripanes y planes, con "dirigentes" que prometen arrear a tantos miles de personas a cambio de tantas prebendas. 
Nuestros "políticos", por lo general gente inculta y primitiva que en un país medianamente organizado hubieran tenido problemas para ser elegidos en una comisión de padres de una escuela, no puede entender algo como el 8N. Choca con su entendimiento de la realidad. Destroza sus conceptos y los deja tirados y rotos en el suelo sin la menor posibilidad de ser. Sencillamente no pueden concebirlo por lo que es, sin recurrir a categorías obsoletas que no tienen nada que ver. Esa es su gran fortaleza.
Ahí lo tienen a Aníbal Fernández hablándose encima acerca de "grupos de ultraderecha", por no mencionar al resto de los kakeros repitiendo las mismas, cansadas y gastadas boludeces acerca de "monopolios", "partidos opositores" y "medios hegemónicos" para tratar de explicar (pero sobre todo explicarse a sí mismos) lo que significaron el 13S y el 8N. Furia e impotencia es lo que transmiten y no es para menos: no pueden entenderlo. Y los opositores tampoco.
Un párrafo aparte merecen las reacciones de la Señora, que definitivamente no entendió nada. Un líder político en serio hubiera intentado al menos dar una señal de conciliación después de que más de un millón de personas salieran a las calles a decirle de todo menos linda e inteligenta. Naturalmente, Ella está más allá de esas cosas.
Basurear a los manifestantes diciendo cosas como que lo único importante que había pasado el 8 de noviembre fue la elección del presidente del Partido Comunista Chino o que los que salieron el 8N en realidad odian la Asignación Universal por Hijo o que están con el cerebro lavado por la "dominación cultural" no parece servir a otro interés más que el de empeorar las cosas y enloquecer todavía más a los que se sacudieron la modorra y salieron a animar la noche del jueves.
En fin, la señora lo hace a su propio riesgo y cuenta.
A modo de cierre, cabe preguntarse cómo ha de seguir esto. La magnitud del 8N es una respuesta concluyente a la disyuntiva original planteada tras el 13S: es preferible dejar que pase el tiempo y organizar algo mejor con un poco más de paciencia que mandarse de cabeza a repetirlo y que salga mal o que harte a los participantes. Ahora, hay que ver si conviene repetir una tercera marcha, más cuando se acerca el verano y las vacaciones, o si por el contrario no es preferible buscar un método alternativo de hacerle sentir a la Señora y a su banda que no se la va a poder llevar de arriba así nomás. Queda por verse cómo se resolverá esta duda.
Hasta la próxima.

2 Comentarios:

Blogger Andy dijo...

Luis XVI, en su Diario, el 14 de julio de 1789, anotó "Rien", nada. Por lo menos no lo dijo en público...
Ésta ya no tiene retorno. Su aislamiento y soberbia la encerraron en una trampa. Creerse en serio que su gran logro como presidente es repartir limosnas a desocupados o trabajadores en negro, robadas a los jubilados... más que patético.

5:05 p.m.  
Anonymous carancho dijo...

Un honor y un placer haber compartido el 8N con ustedes, amigos.
A ver qué pasa a partir de ahora.
Saludos.

9:44 a.m.  

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