sábado, 7 de mayo de 2011

El Final del Principio (Bill Whittle)

Quería dejarles en este sábado intrascendente una pieza escrita por Bill Whittle, un tipo con una claridad para escribir tan envidiable que me daría por bien servido con tener sólo la décima parte de la misma, en ocasión de las disputas que tuvieron lugar en el estado norteamericano de Wisconsin cuando el gobierno propuso quitarle a los sindicatos de empleados públicos la facultad de hacer convenios colectivos de trabajo, y que desembocó en moyanescas manifestaciones y peronistas tramoyas legislativas hasta que finalmente fue aprobada por la legislatura, para envidia de los que estamos de este lado del mundo.

Sáquenle las especificidades norteamericanas al artículo y aplíquenlo a la Argentina... y tendrán una nueva perspectiva de qué tan atrasados y retrógrados son nuestros dizque "progresistas".

La pieza se llama "THE END OF THE BEGINNING", es decir, "EL FINAL DEL PRINCIPIO" y dice así:

Wisconsin... la deuda... el Tea Party... los sindicatos del sector público - todos los detalles de esos eventos han sido cubiertos de mejor manera por otras personas. Pero para tratar de entender lo que está pasando de verdad, no creo que tengamos que adelantarnos a los detalles. Creo que necesitamos remontarnos al pasado. Pero bien al pasado.

Los Estados Unidos - tal como los imaginaron nuestros Fundadores y los estableció nuestra Constitución - sobrevivieron bastante intactos por más de cien años.

Fue sólo después de la Guerra Civil que los Estados Unidos empezaron a cambiar fundamentalmente, porque esa era sólo la punta de un cambio mucho más grande que el mero cambio político.

Este tipo de cambio ha ocurrido sólo tres veces - no en la historia de la nación, sino en TODA la historia.

El primero de estos metacambios ocurrió tan en el pasado que no tenemos registros escritos del mismo en ningún idioma. Ese primer metacambio ocurrió cuando las bandas de cazadores y recolectores aprendieron por primera vez cómo cultivar y cosechar. Pudieron producir suficiente comida como para no migrar a pasturas más frescas, y el resultado fue el auge de las primeras ciudades y la primera gran Era de la Humanidad - la Era de la Agricultura. La agricultura significó una ciudad-estado; una ciudad-estado significó los primeros gobiernos, y el primer dinero también.

La era de la Agricultura duró aproximadamente siete mil años. Y unos Estados Unidos abiertos, horizontales y descentralizados - basados en la Agricultura - fueron los que los Fundadores diseñaron para nosotros.

Entonces, hacia el final del siglo XIX, la sociedad cambió de una manera fundamental. La libertad e inventiva norteamericanas - aquello que solía ser llamado "el Ingenio Yankee" - le permitieron a los Estados Unidos pasar de ser un rincón olvidado de la Era de la Agricultura a ser la potencia predominante de la Segunda Era, la Era de la Industria... la Revolución Industrial.

Ahora, así como fue un trauma social para la mayor parte de una población completa el pasar de ser cazadores y recolectores para convertirse en granjeros, también fue difícil, muy difícil, para nuestra sociedad dejar de ser principalmente agrícola para transformarse en obreros de fábrica y lo que luego serían llamados "empleados". Y durante este período, cuando la Era Industrial nacía y con ella lo hacían oportunidades inimaginables para crear riqueza, también nacieron los hombres conocidos como los Robber Barons (Barones Ladrones) - que no eran capitalistas del libre mercado, sino hombres que practicaban el mercantilismo - capitalismo de amigos - y que usaban sus conexiones políticas para escribir leyes que los favorecieran a ellos y a sus monopolios.

Para el fin del siglo XIX, estos mercantilistas anti-competencia no sólo compraban políticos individuales sino legislaturas enteras, ciudades enteras, entre ellas la mayor ciudad del mundo. Si querías hacer negocios en Nueva York en los 1800s, por cada dólar que gastabas en tu negocio tenías que poner otro (y sólo uno si tenías suerte) en los bolsillos del Jefe Tweed y de Tammany Hall (básicamente el Partido Demócrata) para tener ese privilegio.

Y así el movimiento Progresista nació, como lo hacen todas las filosofías que terminan en el Infierno, con la mejor de las intenciones: eliminar la corrupción política que ya era epidémica en el sistema: la nefasta alianza de dinero que compraba influencia política para redactar leyes y regulaciones para ahogar la competencia, poner en peligro y prácticamente esclavizar a los trabajadores, fijar precios y hacer fangotadas de dinero para comprar con él a los nuevos políticos. Para combatir estos males, los Progresistas buscaron imponer un gobierno federal centralizado y verticalmente estructurado hacia abajo que pudiera reflejar perfectamente la economía industrial centralizada y verticalmente estructurada. Querían un gobierno más poderoso que los Barones Ladrones. Y lo consiguieron, también.

En sólo unos pocos años (dos veces en 1913 y una vez más en 1919), el Movimiento Progresista logró la aprobación de tres enmiendas constitucionales que cambiaron radicalmente el tipo de país en el que vivimos, transfiriendo poderes enormes y previamente inimaginables a Washington.

La Decimosexta Enmienda autorizó el cobro de un impuesto a los ingresos, lo que le dio por primera vez al gobierno federal el poder de hurgar en tu billetera, y lo que comenzó a dividir al país psicológicamente entre aquellos que pagan y aquellos que reciben.

¿Deberías pagar un mayor impuesto en la estación de servicio si conduces un Lexus y no un viejo Chevy? ¿Deberías revisar la billetera del tipo que está delante tuyo en la fila para ver si tiene más dinero que tú y así puede pagar por algunas de tus compras?

Bueno, eso fue lo que la Decimosexta Enmienda hizo: hizo que ESA clase de pensamiento fuera normal, y más importante, puso ENORMES sumas de DINERO DE OTRAS PERSONAS en las manos de los políticos.

La Decimoséptima Enmienda parecía ser algo inocente: cambiaba la forma en que los senadores de los Estados Unidos eran elegidos. Previamente designados por las legislaturas estaduales, la Decimoséptima hizo que los senadores fueran elegidos por el pueblo. Democracia! Sólo que ya había una cámara que representaba al pueblo: la Cámara de Representantes. Los Fundadores habían diseñado intencionalmente al Senado para que fuera la Cámara de los Estados: así como la Cámara de Representantes protegería los derechos de los ciudadanos contra el poder federal, el Senado, en donde cada Estado tendría dos senadores sin importar qué tan grande o poblado fuera, protegería el poder de los Estados de las ambiciones federales. La Decimoséptima Enmienda eliminó esa fuerza defensiva.

Y finalmente, la legislación Progresista por excelencia: la Decimoctava Enmienda. La Prohibición. Una Enmienda verdaderamente Progresista, era la primera vez en la historia de los Estados Unidos que una enmienda era escrita para QUITAR UNA LIBERTAD. Las personas habían estado tomando alcohol desde por lo menos la invención de la Agricultura siete mil años antes. Pero los Progresistas, verás, saben mejor que tú lo que es bueno para ti. Nunca se trata de ellos, o de su necesidad patológica de controlar y ordenar las vidas de los demás, o de su necesidad enfermiza de tener poder sobre ti para imponerte su voluntad. No, es siempre por tu propio bien.

Esa es, claro, la falla fatal del progresismo: una creencia en que su propia bondad impediría que fueran corrompidos por los ríos de dinero y de poder sobre los demás que habían corrompido a los Barones Ladrones antes que ellos. Pero el dinero que los Progresistas tenían a su disposición mediante los impuestos era mayor por órdenes de magnitud que las relativamente modestas fortunas privadas que habían comprado a los políticos en el pasado.

Bueno. ¿Y ahora?

Bueno, está ocurriendo un nuevo metacambio, y estamos atravesándolo en estos precisos momentos. Una nueva era, la tercera era, la ERA DIGITAL está amaneciendo. Y como el hombre más inteligente del Congreso (ese sería Thad McCotter, quien con un simple gesto de su mano me puso a pensar en estas líneas) me lo indicó; hoy, prácticamente cualquiera puede meter una mano en su bolsillo y comprar bienes y servicios de cualquier lugar del planeta y recibirlos en cuestión de pocos días, cuando no de pocas horas.

Como los cazadores que se convirtieron en granjeros, y los granjeros que se convirtieron en empleados, estamos dejando de ser empleados para ser AGENTES LIBRES dispersos, descentralizados, independientes e interconectados. Esto es porque la Era Industrial está terminando y la Era de la Información está tomando su lugar. Y toda nuestra estructura económica está (una vez más) volviendo a ser horizontal, independiente, ligera, rápida, ágil, descentralizada, local, más pequeña y más barata.

Los viejos dinosaurios pueden dar vueltas por un rato pero eventualmente caerán. Y el gobierno que surgirá de nuestra sociedad de la Tercera Ola y de la Era de la Información DEBERÁ ser rápido, descentralizado, local, más pequeño y más barato también. ¿Pero quién podría pensar, no ya diseñar, un gobierno así de limitado, abierto y basado en las libertades?

(Foto de la Constitución de los Estados Unidos)

ES UN MISTERIO INCREÍBLE

Es por eso que lo que vemos en el Tea Party es tan notable: las personas, lo perciban o no, están usando los nuevos juguetes de la Era de la Información para crear una estructura política que se ajuste a la económica. Es una reacción contra lo GRANDE: el Gran Gobierno, el Gran Gasto y los programas Grandes, ineficientes, corruptos, mal manejados y financieramente insostenibles, y que (casi por instinto) nos lleva de regreso al tipo de gobierno disperso, descentralizado, horizontal, local y pequeño que funcionó bien para la Primera Era, que fue asaltado por los Progresistas para la Segunda, y que ahora vuelve para la Tercera.

Este choque entre filosofías fundamentalmente conflictivas, esta pelea entre los partidarios del Tea Party que apoyan un gobierno equeño y los sindicalistas del gran gobierno que está teniendo lugar en Wisconsin no es, como lo dijo Winston Churchill, el fin... o siquiera el principio del fin. Pero bien puede ser el fin del comienzo.

Es la gente que ondea las Banderas de Gadsden, los que claman por menos Estado, los que están del lado del futuro... no los miembros de los sindicatos del sector público que viven en el pasado para preservar beneficios y prebendas que OTRAS PERSONAS tienen que pagar... No, estos Sindicatos del Sector Público se han convertido en la vieja y corrupta alianza de dinero y poder político que ellos mismos habían sido creados para destruir.

3 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Mayor Paine, tremendo artículo se mandó Guille Whittle. Me hace acordar tanto a Argentina el lío con los sindicatos.

Acá hace falta un tipo que en la campaña planteé, por ejemplo, preguntas como esta: "¿Quieren que los sindicalistas manejen el país y sus vidas?". ¡Llamar las cosas por su nombre!

Y una vez asumido el gobierno, ese tipo en los primeros 180 días debería plantearle a la ciudadanía su apoyo para la "Madre de todas las batallas": la lucha contra la mafia sindical. Por medio de varias etapas: 1) Quitándoles el monopolio de las obras sociales; 2) Estableciendo la libertad sindical y la prohibición total y absoluta de todo aporte obligatorio a los sindicatos y a las obras sociales.

Ahí yo creo que ese candidato tendría una buena cantidad de votos. ¿Qué le parece a usted, Mayor?

Andrés

7:07 p.m.  
Blogger Mayor Payne dijo...

Andrés, no te niego que me encantaría ver un escenario como el que planteás y coincido en que un plan semejante sólo tendría éxito si lo lleva a cabo durante su luna de miel un candidato que hubiera arrasado en votos (más del 50% en primera vuelta) y que controle con holgura las dos cámaras del Congreso...

Para empezar el candidato tendría que mentir como la gran puta... porque en este país todos llamamos a las cosas por su nombre cuando estamos en familia o entre amigos, pero después en lo público queremos la fantasía, queremos que haya tal cosa como un almuerzo gratis y toda la farsa nacionalpopulista, y si alguien se anima a decir lo contrario, termina linchado y quemado en efigie. Ya lo dijo Menem... "si decíamos en la campaña lo que íbamos a hacer, no nos votaba nadie".

Supongamos que el candidato gana e intenta hacer eso en los 180 días que planteás... lo primero e inmediato que vas a tener es a la CGT clamando por tu sangre y armándote un plan de lucha tan brutal que al cabo de dos semanas TN va a usar la gráfica de "URGENTE" para avisar que ese día se labura normalmente. Luego aquellos políticos demasiado cagones para animársele al sindicalismo pero demasiado valientes para patear al caído van a acusar al presidente de insensible social, de cipayo, de querer volver a antes de 1945 y de irresponsable.

A partir de ahí pueden pasar dos cosas: o el plan de lucha sindical termina generando tal caos que se lleva puesto al gobierno y el desmantelamiento del sindicalismo es revertido para volver al Instante en la Patria de la Felicidad, o por milagro del Señor el gobierno sobrevive, las políticas que quiere aplicar se mantienen y se le agradecen sus esfuerzos en ese campo particular, pero el caos que sobreviene por la conflictividad sindical es tan grande que en la siguiente elección legislativa pierde por muerte y en la presidencial le pegan tal patada en el tujes al presidente que termina creando un agujero negro.

Dependiendo de si se fue echado a patadas a mitad de mandato o si sobrevive agónicamente hasta las siguientes presidenciales, el legado de ese presidente será el de un loco que quiso jugar con fuego e incineró al país en nombre del neoliberalismo o el de un genio incomprendido a la Frondizi, al que los políticos que vengan podrán patear para sacar algunos puntitos de "sensibilidad social", aunque estarán demasiado cómodos con la castración del sindicalismo que hizo como para dar marcha atrás... al menos hasta que el "aprendizaje social" desaparezca y se le allane el camino al siguiente kirchneroide quince o veinte años después.

Se nota que no ando muy optimista sobre nuestro querido país, ¿no?

Saludos.

12:55 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Y sí, Mayor, se nota que no sos muy optimista. Pero una vez más, estoy de acuerdo con tu opinión.

Muy complicado. Y así las cosas, para estas elecciones todas las opciones son malas.

Andrés

9:30 p.m.  

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