sábado, 16 de agosto de 2008

Una nueva Constitución (1): Planteando el tema.

La Constitución Nacional está muerta. Si no lo está, entonces está agonizando.
Tuvimos una sucesión presidencial matrimonial (una reelección encubierta en realidad, visto cómo están las cosas ahora), un intento de legislar en materia impositiva mediante una resolución ministerial, una ley aberrante que le permite al Ejecutivo reasignar partidas presupuestarias y un sistema de decretos de necesidad y urgencia sin control, entre otras perlas que hacen que de "República" la Argentina sólo tenga el nombre.

Eso no es todo: el derecho a la propiedad que la Constitución consagra queda como ficción cada vez que el Gobierno toquetea los impuestos o decide alguna de sus periódicas megaconfiscaciones, la autonomía provincial es una broma gracias a los ATN y a un sistema perverso de coparticipación federal, y la igualdad e independencia de los tres poderes ni siquiera puede ser tomada en serio.
Después de estos últimos años, creo que el problema no se limita a que se respete o no lo que dicta la Constitución: me parece que el mayor problema que tenemos es que la experiencia histórica de la Argentina ha hecho de la Constitución un instrumento obsoleto y contraproducente tal como es ahora.
Entonces, ¿qué queda?
Tratar de tomar la experiencia histórica nacional y a partir de eso, pensar una nueva Constitución que nos permita encarar el futuro con un instrumento adecuado que permita el efectivo gobierno del país sin caer en los clásicos y eternos abusos: el hiperpresidencialismo, el sometimiento de los otros poderes, el unitarismo de facto y tantos otros.
La Constitución de 1853 fue pensada para crear un Estado nacional fuerte que pudiera evitar la anarquía caudillista que dominó a este país hasta aquel momento; la nueva Constitución, creo yo, deberá crear un Estado nacional limitado que no se imponga groseramente sobre las provincias, que fomente la división de poderes, y que no tienda a concentrar el poder en una única persona o en una camarilla limitada.
¿Qué debe tener una nueva Constitución nacional? Hay varios temas, pero en este artículo quiero tratar sólo dos, por el momento y a modo de introducción: los poderes Ejecutivo y Legislativo.
Lo primero debe ser, inevitablemente, cambiar radicalmente la naturaleza del Poder Ejecutivo para que deje de concentrar el poder y preeminencia que tiene actualmente. La Presidencia debe volver a tener un período de duración de seis años sin posibilidad alguna de reelección, y sus poderes en cuestiones de administración interior deberán ser recortados en favor de un Primer Ministro responsable ante la Cámara baja, que deberá ser nombrado por una mayoría de los diputados y removido de igual manera. El Gabinete de ministros deberá ser nombrado por el Presidente a propuesta del Primer Ministro, y necesitará de la confirmación del Senado, cámara ante la que será responsable cada uno de los ministros.
El Congreso Nacional deberá ser convertido en un verdadero Parlamento capaz de sostener su independencia y autonomía frente al Poder Ejecutivo, a la vez que no pierda la representación que la Constitución le asigna a cada una de sus Cámaras (el pueblo de la Nación en Diputados, las provincias en el Senado). La Cámara de Diputados deberá dejar de ser elegida mediante listas para pasar a un sistema de circunscripciones uninominales (que incluyan la posibilidad de revocar el mandato del diputado mediante referéndum), y ejercerá el control sobre el Ejecutivo mediante la designación o censura del Primer Ministro.
Por otro lado, el mecanismo de elección de los senadores deberá ser transformado para que éstos reflejen lo más exactamente posible la relación de fuerzas políticas en su provincia de origen: Para esto propongo un sistema en donde cada provincia siga eligiendo tres senadores; uno en la misma boleta que el gobernador y el vice, mientras que los otros dos deberán surgir de las elecciones a las legislaturas provinciales, con un senador nacional por el bloque mayoritario en la Legislatura y otro por la primera minoría. Así como Diputados controla al Ejecutivo mediante la designación y remoción del Primer Ministro, el Senado lo hará con la confirmación o destitución de los ministros individuales.
Y después hay más cuestiones a ser resueltas: el Poder Judicial, la naturaleza de los impuestos, los derechos, deberes y garantías de la ciudadanía, la autonomía provincial y municipal en un verdadero sistema federal...
Todos esos serán temas para futuros artículos, al igual que los dos que ya mencioné anteriormente sobre el Ejecutivo y el Legislativo, sobre los que pienso desarrollar más adelante las características que creo que deben tener. En esos artículos, que irán apareciendo aquí en La Bestia cuando sea posible, quiero poner ante ustedes una idea personal sobre cómo puede Argentina aprovechar las lecciones aprendidas durante sus casi doscientos años de historia para crear un sistema institucional que evite los abusos del pasado y haga que el Estado deje de ser un obstáculo para el desarrollo del país.

Espero que la propuesta les parezca interesante.

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1 Comentarios:

Blogger mariam_... dijo...

Idea ambiciosa, pero excelente.

Totalmente de acuedo con que el mandato tiene que durar 6 años y que la reelección no debe estar permitida. Como venimos ahora, lo único que vamos a lograr (¿hemos logrado?) es que el/la presidente/a planee soluciones para los próximos 4 años y que el desastre le caiga a otro en la cabeza. De este modo, en la siguiente elección,los papeles quedarán distribuidos de la siguiente manera: el que causó los problemas, un héroe, el que los tuvo que resolver, un idiota.

4:03 p. m.  

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