miércoles, 16 de noviembre de 2011

Una historia paralela de la Argentina (Parte 5)

Y hoy sale la quinta parte nomás...

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UNA HISTORIA PARALELA DE LA ARGENTINA (1806-2010)

5. La Revuelta de Rosas (1845-1846)

En 1845 una nueva insurrección de la población hispanoparlante se convirtió en la más severa amenaza al dominio británico en el Río de la Plata desde la conquista, y desencadenaría un proceso de transformaciones que culminaría con el surgimiento de una nueva nación.

El líder de esta revuelta era Juan Manuel de Rosas, un importante hacendado hispanoparlante nacido en la colonia del Plata que en su niñez había participado de la infructuosa defensa de Buenos Aires contra las tropas de Whitelocke y que en 1819 había estado vinculado, aunque de forma más tenue, con la revuelta de Castelli. Rosas era un nacionalista convencido cuyo ideario consistía de una rara combinación entre el tradicionalismo hispánico y católico, algunos principios de la Ilustración y una filosofía política derivada de la experiencia norteamericana.

El plan que elaboró Rosas requería de una victoria inicial que pudiera servir tanto como prueba de las capacidades de su modesto pero cohesionado grupo de insurrectos, como de señal que pudiera ser empleada para desatar una revuelta en la población hispanoparlante de la Sudamérica Británica. Para ello, Rosas reunió a un grupo de trescientos hombres que el 20 de noviembre de 1845 montó una emboscada en un paraje del río Paraná conocido como “Vuelta de Obligado” contra tres transportes de la Royal Navy británica que llevaban armas para la guarnición en el Paraguay, que por entonces enfrentaba sus propios conatos de insurrección.

El triunfo de Rosas fue aplastante y permitió a Rosas cumplir sus objetivos iniciales. Las armas sustraídas a los británicos sirvieron para equipar a miles y miles de descontentos de las vastas extensiones rurales de las colonias del Paraná, de Mesopotamia y del Paraguay, quienes se alzaron en una insurrección general contra el dominio británico.

Sorprendidos por la repentina revuelta y sin haberse recuperado del todo de la Campaña al Sur, las fuerzas británicas sufrieron una sucesión de rápidas derrotas a manos de los insurrectos de Rosas, culminando en el desastre de San Lorenzo el 27 de enero de 1846. Tras esta batalla, en la que tres batallones británicos fueron virtualmente aniquilados por cuatro mil insurrectos comandados por Justo José de Urquiza, un antiguo coronel del ejército británico que se había sumado a Rosas tras la emboscada de Vuelta de Obligado, cayeron en manos de los rebeldes las importantes ciudades de Rosario y Santa Fe, y con ellas el virtual control sobre el curso bajo del Paraná.

Luego de este formidable triunfo, se presentó una disyuntiva crítica para el futuro de la insurrección. Mientras que Urquiza y los otros líderes insurrectos con experiencia militar proponían consolidar las posiciones conquistadas por los rebeldes y fortalecerse ante un potencial contraataque británico, el ala más “política” de la rebelión, fascinada por la serie de rápidas y aparentemente sencillas victorias contra el opresor colonial, promovía una “marcha” armada contra Buenos Aires para destruir el poderío británico en su fortaleza más visible.

En parte eufórico por una seguidilla de victorias que nunca había imaginado posible, en parte convencido de que una reconquista de la antigua capital virreinal terminaría por desatar una revuelta aún más poderosa y en parte reticente a darles tiempo a los británicos para reorganizarse, Rosas accedió a emprender una expedición contra Buenos Aires, nombrando al frente de la misma al propio Urquiza a pesar de sus dudas sobre la conveniencia del ataque.

Las esperanzas de Rosas, sin embargo, chocaron con la realidad. Las tropas que los insurrectos habían aplastado durante los primeros meses eran unidades de segunda línea que no habían sido movilizadas en la Campaña al Sur, pero cerca de Buenos Aires estaban acantonados los regimientos y batallones que sí habían sido enviados contra los indígenas y que contaban con mucha más experiencia y recursos, a pesar de no haberse recuperado completamente de la última campaña.

El encuentro entre las columnas de Urquiza y las fuerzas de Sir George Anson tuvo lugar en el paraje de Caseros el 3 de abril de 1846, y resultó en una fuerte derrota para los rebeldes en la que perdieron buena parte de sus hombres más experimentados y de su armamento moderno. Si bien Urquiza pudo retirar del campo de batalla a una gran cantidad de sus hombres, para todos los propósitos prácticos Caseros fue la batalla decisiva del conflicto.

Los insurrectos de Rosas continuaron representando una amenaza convencional para los británicos hasta mediados del año, cuando una serie de escaramuzas y combates con las fuerzas británicas terminaron por quebrar a los rebeldes como un ejército organizado. Desde entonces, la campaña insurreccionista se transformó en una guerra de guerrillas que continuó plagando la Colonia del Paraná durante el resto de 1846 sin poder impedir que los británicos recapturaran Rosario y Santa Fe, y que sólo culminó el 30 de diciembre de 1846 cuando Rosas y sus últimos seguidores fueron derrotados en el poblado de Warringham, muy cerca de la ciudad de Córdoba.

Con la insurrección aplastada de manera categórica, los británicos se dispusieron a restaurar su dominio sobre las colonias sudamericanas. Urquiza y los otros oficiales que se habían plegado a la revuelta fueron juzgados por traición y fusilados, mientras que una condena similar contra Rosas fue conmutada luego por una pena de prisión en la colonia penal de las islas Falkland, de la que sería liberado en 1862 para que pudiera volver a vivir en paz en su estancia platense. Desde entonces, Rosas se convirtió en un héroe y una figura icónica del nacionalismo hispanoparlante, y en una de las figuras más controvertidas del siglo XIX en un país que había lanzado un llamado de atención que las autoridades británicas ya no pudieron ignorar más.

* * *

Hasta la próxima.

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2 Comentarios:

Blogger San dijo...

Rosas, pequeño bribón! Qué lindo que se hubieran resistido posta a ese hijo de una gran!

11:50 a.m.  
Anonymous Mayor Payne dijo...

Jejejeje... lo único es que con esto a Rosas le queda una cierta imagen romántica de "revolucionario fracasado del Romanticismo", como si te dijera un Che Guevara del siglo XIX, en lugar de la imagen que quedó tras su tiranía en el mundo real. No digo que el legado de Rosas vaya a ser tan nefasto como el de Guevara en esta historia alternativa, pero sí va a dejar su marca...

Salute!

12:35 p.m.  

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