martes, 13 de diciembre de 2011

Una historia paralela de la Argentina (Parte 12)

UNA HISTORIA PARALELA DE LA ARGENTINA (1806-2010)

12. Argentina en la Segunda Guerra Mundial

Al igual que las otras naciones del Imperio Británico, el Dominio de Argentina se sumó a la declaración de guerra a Alemania de manera casi inmediata. En Rosario y ante una sesión de emergencia de ambas cámaras del Parlamento, el primer ministro Christopher Glover anunció un paquete legislativo de emergencia y llamó al Partido Laborista a sumarse de manera directa a una reforzada Coalición Nacional capaz de gobernar a la Argentina “por la duración del conflicto”.

Esta vez Henry Dickmann no presentó mayores objeciones y aceptó la oferta de Glover, quien tras una reunión especial con el gobernador general Sir Walter Jennings y los otros líderes partidarios, asumió el 7 de septiembre de 1939 como Primer Ministro en un “Gobierno de Unidad Nacional”, conformado por dirigentes nacionales, cívicos, conservadores y laboristas.

La primera prioridad del Gobierno de Unidad Nacional fue poner al país en pie de guerra: los controles económicos que el propio Glover había liberalizado fueron reimplantados, se decretaron limitaciones al derecho de huelga y se organizó un servicio de envío de alimentos a Gran Bretaña. Si bien se dejó para otra ocasión la puesta en vigor de la conscripción militar, el Gobierno autorizó una convocatoria general para las unidades de la Milicia Nacional, mientras que con algunos regimientos selectos comenzó a organizar una “Fuerza Expedicionaria Argentina” (FEA) de aproximadamente 10.000 efectivos para combatir en Europa, además de unos cuantos pilotos para que se sumaran a los escuadrones de la Royal Air Force que defendían los cielos británicos de la Luftwaffe.

Las tropas de la Fuerza Expedicionaria Argentina arribaron sin incidentes a Gran Bretaña y rápidamente fueron desplegadas en Francia a la espera de un ataque alemán, a excepción de un batallón que participó de la fallida campaña de Noruega. Luego de que los alemanes lanzaran su fulminante ofensiva contra Europa Occidental el 10 de mayo de 1940, efectivos argentinos participaron de la heroica pero en última instancia inútil defensa de Bélgica. A pesar de innumerables actos de valor y astucia, los contingentes argentinos debieron replegarse hacia el Canal de la Mancha y finalmente abandonar el continente en la evacuación de Dunkerque.

Pero esas no eran las únicas malas noticias que la guerra traía para la Argentina. Al igual que en la Primera Guerra Mundial, Alemania recurrió a la guerra submarina irrestricta en un intento de ahogar a Gran Bretaña y privarla de los suministros que necesitaba imperiosamente para proseguir la contienda. No tardó mucho el mando alemán en asignar algunos de sus submarinos para interceptar y hundir los mercantes que transportaban alimentos hacia Gran Bretaña, una campaña que en los primeros meses de 1940 resultó en el hundimiento de veinticinco mercantes de bandera argentina en el Atlántico.

La guerra había encontrado a la Real Armada Argentina en una pobre posición para enfrentar la amenaza submarina alemana; a excepción de dos cruceros pesados, tres livianos y siete destructores, casi toda la flota de superficie argentina consistía de pequeños torpederos costeros, más aptos para resguardar las aguas territoriales de la Argentina y virtualmente inútiles para combatir a los submarinos alemanes en el medio del Atlántico. Si bien la Argentina recibió en préstamo seis destructores de la Royal Navy y comenzó un atropellado plan de construcción de buques de escolta, la situación distó de resolverse y las pérdidas de buques mercantes continuaron acumulándose.

Durante la mayor parte de 1940 y 1941 la Argentina vivió la guerra a través de las noticias de hundimientos en el Atlántico, de las proezas aéreas de sus pilotos en la feroz Batalla de Inglaterra y de las esporádicas participaciones de la FEA en las campañas de Grecia y África del Norte. Hacia el interior del país, empero, las constantes malas noticias y la dureza de la legislación de emergencia puso el clima social en una tensión creciente que requirió de todas las habilidades de Glover y sus ministros para poder sobrellevar.

Por fortuna, las amenazas de los dirigentes del ilegalizado y filonazi Partido de Acción Patriótica de llevar a la Argentina a “un baño de sangre” no pasaron de bravatas que no requirieron más que una efectiva atención policial y militar para ser neutralizadas. Del otro lado del espectro y al igual que en otros países del mundo, la abierta hostilidad del Partido Comunista y de las alas radicales del laborismo hacia la guerra terminaron cuando el 22 de junio de 1941 Alemania invadió la Unión Soviética.

La entrada de los Estados Unidos y de Japón en el conflicto en diciembre de 1941 agregó una nueva dimensión a la participación argentina en la guerra. De pronto, la Argentina se vio encargada de controlar la única vía alternativa al Canal de Panamá que unía al Atlántico con el Pacífico, que sumada a la amenaza que representaba el poderío naval japonés imponía exigencias que la limitada flota de la Real Armada Argentina no podía satisfacer. Recurriendo a un empréstito extraordinario, el gobierno argentino encargó nuevos buques de guerra en los Estados Unidos para complementar su propio programa de construcciones navales, que ya por entonces estaba entregando los primeros nuevos navíos para enfrentar la amenaza submarina alemana.

Mientras en el frente europeo las tropas de la FEA enfrentaban a Alemania en donde fuera necesario, en tanto que las fuerzas navales argentinas se esforzaban para proteger el comercio marítimo y vigilar el pasaje de Drake, el gobierno preparó una colaboración adicional para el frente del Pacífico. Un nuevo contingente de 8.000 soldados principalmente procedentes de los regimientos mesopotámicos, paraguayos y misioneros, el llamado “Cuerpo Argentino del Pacífico”, fue embarcado con destino a Australia para ayudar en la defensa del hermano dominio británico en el caso de una invasión japonesa.

Aunque esta invasión nunca se produjo, las tropas del CAP participaron junto a las fuerzas aliadas en algunos de los combates más duros del frente del Pacífico, entre ellos las campañas de Guadalcanal y de Birmania. Por su parte y a pesar de las exigencias a las que era sometida, la Real Armada Argentina despachó una fuerza de seis buques de guerra para que se integrara a las fuerzas navales aliadas en el Pacífico y combatiera a la Armada Imperial Japonesa en los duros enfrentamientos navales en el Pacífico Sur.

1942 fue el último año en el que los alemanes tuvieron rienda suelta en el Atlántico Sur, ya que para ese entonces el programa de construcciones domésticas y en el extranjero de la Real Armada Argentina estaba entregando buques suficientes para garantizar la seguridad del comercio marítimo y de las aguas territoriales argentinas. Con la colaboración norteamericana y británica, la Argentina montó en la isla Ascensión una base militar para el patrullaje marítimo y la cacería antisubmarina, desde la cual se montaron operaciones que para fines de 1942 ayudaron a reducir la actividad naval alemana en el Atlántico Sur a una ínfima expresión.

La participación argentina fue esencial para alinear a Sudamérica tras la causa aliada y ayudar a que entre 1940 y 1944 Chile, Colombia, Venezuela, Mirandia, Perú y Brasil declararan la guerra al Eje. Atacama, en cambio, requirió de presiones sutiles e incluso abiertas; sólo la amenaza de una intervención militar argentina ayudó a prevenir que un grupo de militares germanófilos dieran un golpe de Estado contra el gobierno del presidente Robustiano Patrón Costas en mayo de 1944, y fueron los mensajes indirectos sobre el potencial aislamiento internacional que enfrentaría si persistía en su neutralidad los que convencieron al gobierno atacameño de declarar la guerra a los países del Eje en diciembre de ese mismo año.

Luego de un año de relativa estabilidad en lo que hizo a la participación argentina en el conflicto, 1944 trajo nuevas exigencias para el esfuerzo bélico nacional, en particular con el envío de tropas al frente italiano y a Gran Bretaña para la proyectada invasión de Francia. Consciente de que esas exigencias ya estaban llegando a un punto en el que las capacidades militares existentes eran insuficientes, el gobierno de Glover propuso al Parlamento la reimplantación del servicio militar obligatorio, que fue aprobado el 13 de enero de 1944.

Al igual que en la guerra anterior, la conscripción provocó un gran cimbronazo en la sociedad argentina. Los sectores hispanoparlantes de la sociedad, cuyo nacionalismo se había adormecido luego de los años de gobierno del Partido Cívico y de la Coalición, volvieron a hacer sentir su descontento hacia lo que consideraban “una guerra británica”. Sin embargo, en esta oportunidad los disturbios no alcanzaron la gravedad de los de 1916 y pudieron ser contenidos con poco derramamiento de sangre.

A pesar de las protestas y del modesto vendaval político, la conscripción se puso en marcha y los primeros regimientos de conscriptos fueron enviados a Gran Bretaña en mayo de 1944, justo a tiempo para participar del desembarco en Normandía junto a los otros efectivos de la FEA. Durante el resto de la campaña occidental, las tropas argentinas se destacaron en varios combates librados contra las fuerzas alemanas tanto en Francia como en Bélgica, siendo especialmente notoria la contribución de la 3ra Brigada Blindada de la FEA en la defensa ante la contraofensiva alemana en las Ardenas.

En el frente del Pacífico, el CPA continuó su lucha contra los japoneses en Birmania y en algunas otras operaciones menores, aunque la mayor contribución argentina a la guerra estuvo a cargo de la Real Armada Argentina, que pudo enviar más buques a las flotas aliadas una vez que se pudo poner bajo control a la amenaza submarina alemana y brindar seguridad al transporte marítimo en el Atlántico. Los buques de la Real Armada Argentina estuvieron incorporados a las fuerzas navales aliadas y combatieron en las batallas del Mar de las Filipinas y del Golfo de Leyte, entre otras acciones libradas contra los japoneses.

La rendición de Alemania en mayo de 1945 y la posterior capitulación japonesa en agosto de ese año encontró a la Argentina convertida en la mayor potencia militar de América del Sur, con casi 500.000 soldados en Europa y Asia, una Armada de alrededor de 120 buques de combate y auxiliares dispersos en las flotas aliadas del Atlántico, del Pacífico y del Mediterráneo, y una Fuerza Aérea con casi dos mil aeronaves. La guerra tuvo un costo significativo de vidas para el joven país, con 38.000 muertes tanto militares como civiles durante los seis años de conflicto.

Producida la rendición final de las potencias del Eje, la Argentina comenzó un importante esfuerzo para repatriar a sus combatientes, desmovilizar a los ejércitos que no participarían de la ocupación de Alemania y Japón y devolver a sus fuerzas militares a una postura de tiempos de paz, como parte de la vuelta a la normalidad tras el mayor conflicto bélico de la Historia.

En un memorable discurso transmitido el 5 de septiembre de 1945, al cumplirse el sexto aniversario de la entrada argentina en la guerra, el primer ministro Glover comunicó a la población que su gobierno había aceptado ser uno de los miembros fundadores de la nueva Organización de las Naciones Unidas y delineó una política de “involucramiento” de la Argentina en los asuntos mundiales. Pero esas noticias palidecieron ante el sorpresivo anuncio de que se celebrarían elecciones generales anticipadas en noviembre de ese mismo año, seis meses antes de lo previsto, en las que Glover se abstendría de participar.

* * *

Continúa el próximo jueves...

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2 Comentarios:

Blogger San dijo...

Lo banco a Glover...pensé que iba a estar el pocho haciendo alguna de las suyas de joven acá! Será en el próximo capítulo supongo...

¿Dónde saco boleto para ir a esta dimensión?

6:36 p.m.  
Blogger Mayor Payne dijo...

No va a ser la última vez que veas a Glover por acá, claro que tampoco va a tener el mismo impacto cuando vuelva a aparecer. Los años no pasan en vano.

Cuando encuentres un boleto para cruzar de universo, pegá el grito, que como está viniendo la mano últimamente...

Querías Perón, ya vas a tener Perón, te adelanto que el Pocho aparece en la próxima parte y vas a tener una idea de qué estuvo haciendo en estos años. Eso sí, después no te arrepientas.

Salute!

8:18 p.m.  

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