lunes, 28 de setiembre de 2009

Cada vez huele peor

Esta vez sí les dejo un artículo en regla, aunque chiquito.

Las cosas están evolucionando tan rápido que cuesta seguirles el ritmo. Pero todavía más cuesta ver qué es lo que se está configurando en nuestro país por estos días, tal es el frenesí con el que vivimos.

Basta uno o dos minutos de considerar todas las noticias que venimos escuchando como para poder pintar un panorama que, como mínimo, es preocupante.

¿Qué tan preocupante? Bueno, quizás peque de pesimista, pero estamos combinando en un mismo paquete algunos de los peores elementos del último trimestre de 2001 y del primero de 1976.

¿Absurdo? Veamos:
  • ¿Un Poder Ejecutivo cuya titular oficial no ejerce ningún poder real, como en 1976? - Lo tenemos.
  • ¿Un Gobierno con su percepción de la realidad alterada por el microclima oficialista, como en 1976? - Lo tenemos.
  • ¿Una oposición que no quiere hacerse cargo de su deber y se queda guardadita por temor a que de pronto le tiren el muerto por la cabeza, como en 1976? - La tenemos.
  • ¿Una crisis inflacionaria en plena marcha, como en 1976? - La tenemos.
  • ¿Una izquierda demencial que está en una escalada de su "gimnasia revolucionaria" y alcanza niveles cada vez más violentos, como en 1976 (aunque sin baños de sangre, todavía)? - La tenemos.
  • ¿Un sindicalismo oficial que al verse corrido por izquierda en las bases trata de prepotear por derecha a las instituciones y al empresariado, como en 1976? - Lo tenemos.
  • ¿Un sistema institucional desdibujado, como en 1976? - Lo tenemos.
  • ¿Un internismo en aumento en el partido de gobierno, como en 1976 y 2001? - Lo tenemos.
  • ¿Gobiernos provinciales al borde de la quiebra, que lo único que esperan para emitir bonos de papel pintado es a que el primero se anime, como en 2001? - Lo tenemos.
  • ¿Una economía en constante deterioro, como en 2001? - La tenemos.
  • ¿Conflictividad social en aumento, sin mecanismos para canalizarla, como en 2001? - La tenemos.
  • ¿Un Gobierno nacional que va a la deriva y se mueve por espasmos, como en 2001? - Lo tenemos.
  • ¿Conversaciones non sanctas entre figuras de relevancia en el Gobierno y en la oposición, como en 2001? - Las tenemos.
  • ¿Unas elecciones legislativas de mitad de mandato que lejos de descomprimir la situación terminaron exacerbándola, como en 2001? - Las tuvimos.
No es un panorama agradable, ¿verdad?

Peor todavía: el momento actual tiene sus propios elementos a tener en cuenta:
  • Un Gobierno que está en guerra con el resto del arco político, con los medios de comunicación, con todos los sectores productivos y con casi todas las instituciones sociales de relevancia.
  • Hay un demente que monopoliza la decisión política.
  • El aparato de seguridad del Estado está desmantelado y desmoralizado, e incapaz de moverse frente a una presión mediática contraria a cualquier esfuerzo por hacer cumplir las leyes.
  • Países "amigos" (léase Venezuela) están moviéndose de manera preocupante tanto a nivel del Gobierno como de varias de las "organizaciones sociales" movilizadas.
Así visto, parecen los ingredientes para una tormenta perfecta.

El tiempo dirá qué le termina pasando a la Argentina.

Hasta la próxima.

sábado, 26 de setiembre de 2009

Heinlein: Soluciones imaginativas para viejos problemas

Creo que ustedes ya entienden que cuando dedico el post semanal a citar lo escrito por otro, eso es porque no tengo tiempo o no tengo ideas para escribir un artículo como Dios manda. En este caso, se trata de lo primero, pero además está el hecho de que a veces no hay mejor forma de expresar lo que otro dijo que usando sus propias palabras.

Esta vez, la persona a la que voy a robarle sus escritos es Robert Anson Heinlein. Este hombre es considerado como uno de los "tres grandes" autores del género de la ciencia ficción, junto con Isaac Asimov y Arthur C. Clarke.

Pero además de eso, Heinlein dejó entrever en muchos de sus escritos una concepción bastante interesante del rol del gobierno en la sociedad, de la relación entre ciudadanos e instituciones, y de la necesidad de preservar la libertad individual, todos ellos conceptos que bien vale la pena revisar y recordar.

Dicen que una de las virtudes de la ciencia ficción es que permite entender los problemas actuales mediante alegorías, y a través de ellos empezar a buscar soluciones creativas.

Como ejemplo, les dejo un extracto de una novela de Heinlein, La Luna es una amante cruel, en donde traspone las circunstancias de la independencia de los Estados Unidos, pero en el contexto de una colonia lunar que logra su independencia del gobierno tiránico de la Tierra. En la novela, una vez que la colonia lunar logra independizarse, se convoca a una Convención Constituyente para formar el nuevo gobierno.

Y es en el escenario de esta Convención ficticia en donde Heinlein nos regala un discurso que es ingenioso y provocativo a la vez:

Como el fuego y la fusión, el gobierno es un sirviente peligroso y un amo terrible. Ahora ustedes tienen libertad, si es que la pueden mantener. Pero recuerden que ustedes pueden perder esta libertad más rápidamente a manos de ustedes mismos que de cualquier otro tirano. Vayan lentamente, sean reticentes, piensen las consecuencias de cada palabra. No me entristecería si esta convención se prolongara durante diez años antes de presentar un proyecto final, pero me asustaría si les tomara menos de un año.

Desconfíen de lo obvio, sean sospechosos de lo tradicional... porque en el pasado la Humanidad no ha tenido éxito al proveerse gobiernos. Por ejemplo, he notado en un informe preliminar una propuesta para formar una comisión que divida a la Luna en circunscripciones electorales y que las reasigne de vez en cuando según la población.

Esta es la manera tradicional; por lo tanto debe ser sospechosa, considerada culpable hasta que se pruebe su inocencia. Tal vez ustedes piensen que ésta es la única manera. ¿Me permiten sugerir otras? De seguro que en dónde vive un hombre es la cosa menos importante sobre él. Las circunscripciones pueden formarse dividiendo a la población según su ocupación... o su edad... o incluso alfabéticamente. O quizás no haya que dividir a las personas, y todos los miembros sean así elegidos en una circunscripción única - y no objeten diciendo que esto haría imposible elegir a una persona que no sea bien conocida en toda la Luna; quizás esto sea lo mejor posible para la Luna.

Pueden incluso considerar darle el cargo al candidato que haya obtenido el menor número de votos; los hombres impopulares pueden ser justamente la clase de personas que los salven a ustedes de una nueva tiranía. No rechacen la idea sólo porque parece absurda - ¡piensen en ella! En la historia pasada, los gobiernos popularmente elegidos no han sido mucho mejores, y en ocasiones fueron peores, que las tiranías explícitas.

Pero si su intención resulta ser crear un gobierno representativo, entonces todavía hay maneras de lograrlo mejor que el distrito territorial. Por ejemplo, cada uno de ustedes representa a alrededor de diez mil seres humanos, quizás siete mil de ellos en edad para votar, y algunos de ustedes han sido elegidos por mayorías escasas. Supongamos que en lugar de elecciones, un hombre pueda lograr el cargo a través de una petición firmada por cuatro mil ciudadanos. Él representaría a estos cuatro mil de manera afirmativa, sin minoría disconforme, porque aquellos que en una circunscripción territorial serían una minoría estarían en completa libertad de comenzar nuevas peticiones o unirse a las que ya existen. Todos estarían entonces representados por hombres de su elección. O un hombre con ocho mil simpatizantes puede contar con dos votos en este cuerpo. Hay dificultades, objeciones, cuestiones prácticas para ser trabajadas - ¡muchas de ellas! Pero ustedes pueden trabajarlas... y por tanto evitar así la enfermedad crónica del gobierno representativo: la minoría disconforme que siente -con razón- que se la ha privado de la participación.

¡Pero sea lo que sea que hagan, no dejen que el pasado sea una camisa de fuerza!

He notado una propuesta para hacer que este Congreso sea bicameral. Excelente, mientras más impedimentos haya para legislar, mejor. Pero en lugar de seguir la tradición, sugiero que haya una cámara de legisladores, y otra cuyo único deber sea derogar leyes. Que los legisladores puedan sancionar leyes sólo mediante una mayoría de dos tercios... mientras que los derogadores sean capaces de cancelar cualquier ley a través de una mera minoría de un tercio. ¿Absurdo? Piénsenlo. Si un proyecto de ley es tan pobre que no puede lograr el consenso de dos terceras partes de ustedes, ¿no será probable que sea una mala ley? Y si hasta un tercio de ustedes desaprueba una ley, ¿no es probable que estén mejor sin ella?

¡Pero mientras escriben su Constitución, permítanme llamar su atención a las maravillosas virtudes de lo negativo! Pongan énfasis en lo negativo. Que su documento esté repleto de cosas que el Gobierno tenga prohibido hacer. Que no pueda establecer la conscripción... que no interfiera, sin importar lo mínima que sea, con la libertad de prensa, o de palabra, o de tránsito, o de asamblea, o de religión, o de instrucción, o de comunicación, o de ocupación... que no haya tributación compulsiva. Camaradas, si ustedes pasaran cinco años estudiando la Historia mientras piensan en más y más cosas que su Gobierno deba prometer que jamás hará y dejan que su Constitución no tenga más que aquellas prohibiciones, no temeré lo que haya de suceder después.

Aquello a lo que más temo es a las acciones afirmativas de hombres sobrios y de buenas intenciones, que le conceden al Gobierno el poder para hacer aquello que parece ser necesario.

Otros pasajes de la novela tratan sobre el poder del Estado para fijar impuestos, y el riesgo que ello conlleva para la libertad:

- ¡Señor Presidente! ¡Una pregunta de información! Usted ha dicho "que no haya tributación compulsiva" ¿Cómo espera entonces que paguemos las cosas! ¡NETCCUAG! (Nota del Mayor: "NETCCUAG" significa "No Existe Tal Cosa Como Un Almuerzo Gratis", y significa que básicamente es imposible proveer un bien o servicio sin pagar el costo del mismo, sea de manera directa o indirecta)

- Pues discúlpeme, señor, pero ese es su problema. Puedo pensar en muchas maneras. Contribuciones voluntarias como aquellas con las que se sostienen a sí mismas las Iglesias... loterías patrocinadas por el Gobierno en las que nadie estaría obligado a suscribirse... o quizás ustedes miembros del Congreso deban buscar en sus propios bolsillos y pagar lo que sea necesario; esa sería una manera de mantener al Gobierno reducido a sus funciones indispensables, sean éstas cuales fueren. Si es que hay alguna. Me daría por satisfecho si la Regla de Oro fuera la única ley; no veo la necesidad de ninguna otra, así como de ningún medio para mantenerlas en vigor. Pero si realmente creen que sus vecinos deben tener leyes por su propio bien, ¿por qué no pagan ustedes por ellas? Camaradas, les imploro - no recurran a la tributación compulsiva. No existe peor tiranía que forzar a un hombre a pagar por aquello que no quiere solamente porque ustedes piensan que sería bueno para él.

Han puesto el dedo en el dilema de todo gobierno, y en la razón por la que soy un anarquista. El poder para establecer impuestos, una vez concedido, no tiene límites; contiene hasta que destruye. No bromeaba cuando les dije que hurgaran en sus propios bolsillos. Quizás no sea posible librarse del gobierno, a veces pienso que es una enfermedad ineludible de los seres humanos. Pero puede ser posible mantenerlo pequeño, famélico e inofensivo, ¿y pueden pensar una mejor manera de lograrlo que haciendo que sean los mismos gobernantes quienes paguen los costos de su afición antisocial?

No es lo único interesante que escribió Heinlein: para otra vuelta queda Starship Troopers, un libro al que el mogotrón de Paul Verhoeven le hizo una gran injusticia con su "versión cinematográfica" paródica y patética. Lo que trata la novela original, y su gran debate sobre los méritos ciudadanos, empero, será tema de otra discusión.

Gracias por la paciencia y hasta la próxima.

sábado, 19 de setiembre de 2009

Políticos

Bueno, la ley de medios pasó por un tubo por la Honorable Cámara de Diputados. También se puede decir que pasó "a los tumbos" y de manera bastante roñosa. No se podía esperar menos de un proyecto conducido por un bloque de luminarias como el Chivo Rossi, Kunkel y Conti.

Como podía temerse, el proyecto fue aprobado gracias a los votos de aquellos eternos idiotas útiles de la progresía, llámense socialistas, pinosolanistas, disidentes del ARI, etcétera. En el fondo era algo cantado; no se puede esperar que defiendan la libertad y la propiedad privada una manga de progresistas que buscan cualquier resquicio para manifestar su admiración a Chávez o Ahmadinejad.

Sobre todo pienso en aquellos pelmazos que creyeron que "Pino se planta" frente a Kirchner y que se encontraron con un lindo borocotó de izquierda y Nac&Pop. Así les va por votar primero a un bolche convencido, y segundo por hacerlo sólo porque era la moda. Podrán decir: Pino criticó ciertos aspectos del proyecto. No deja por ello de ser un idiota útil y funcional al kirchnerismo, siempre pendiente de que no se cuele ningún beneficio para el odiado sector privado, aún dentro de una ley para abolir la libertad de prensa en la Argentina.

Es que los progres son siempre así: si estuvieran en la olla del caníbal, su única preocupación sería que los vegetales de la guarnición no sean transgénicos.

Pero la principal lección que tenemos que sacar de este episodio bochornoso es que no podemos confiar en que Pino Solanas, los socialistas, Binner, la UCR, el Pro o los peronistas o quien sea nos pueda defender de los atropellos del Estado. Y es por una única, sencilla y terrible razón.

Porque son políticos. Y porque su negocio es el Estado.

Esperar que un político defienda a la sociedad de los abusos y prepotencias del Estado es como esperar que un violador descubra la abstinencia sexual. ¿Por qué habrían de tener interés en parar al Estado? Si viven del Estado, cobran su sueldo del Estado, maximizan sus beneficios en el Estado, ganan poder con el Estado, y mientras más poder y alcance tenga el Estado, más va a ser su propio poder.

Aún si circunstancialmente se opusieran a cierta medida intrusiva del Estado, como buenos políticos se van a asegurar de que haya una puerta abierta para más interferencia del Estado... sin mencionar que ellos van a tener un pie en esas puertas abiertas. Por servicio al pueblo, claro.

Si un político hace las cosas bien es por pocas y sucias razones: por miedo a no ser reelegido, y por miedo a ir preso. Si elimináramos la posibilidad de la reelección, los privilegios jubilatorios y algunas otras cosas, tal vez podríamos agregarle a estas motivaciones la de no sentir el dedo del Estado jodiéndolo cuando vuelva a la vida ciudadana común y corriente.

Queda claro que la ciudadanía sólo puede confiar en sí misma para protegerse del Estado. Esperar ayuda de los políticos es ilógico y contraproducente, porque siempre van a reaccionar mejor a un "incentivo" del gobernante de turno que al supuesto reconocimiento de una sociedad apática e indolente que sonríe cada vez que le meten el dedo en el culo.

Y ahí está nuestro gran problema. Somos nosotros con nuestra indolencia los que no marcamos el límite a nuestros políticos. Y quizás sea por eso que, lamentablemente, nos merezcamos que una banda de bestias malparidas como los Kirchner y sus secuaces nos lleven poco a poco a una locura chavoide.

No nos engañemos. La única forma de que no nos roben la libertad es no dejando que nos la roben. Y si no la defendemos, es porque no la valoramos. Y por tanto, no la mereceremos.

Salga como salga la historia de este nuevo atropello, la Argentina vivirá como se merece. Como se supo merecer.

sábado, 12 de setiembre de 2009

Animémonos a profundizar el modelo

Digo, ahora que lo pienso... hay que profundizar el modelo.

Es cierto, la Argentina necesita que se profundice el modelo de cambio y transformación nacional y popular con matriz diversificada y redistribución productiva de democratización desacoplada e impronta transformadora hegeliana que se puso en marcha por obra y gracia de Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003, que fue el día de la fundación de la Patria. ¿Y el de 1810? Nah, ese fue sólo un ensayo general. Todos saben que la Historia Argentina comenzó cuando Néstor hizo malabares con el bastón presidencial frente a la Asamblea Legislativa; los casi doscientos años que vinieron antes fueron sólo precalentamiento para el País en Serio. San Martín y Belgrano sabían que no era su momento: les faltaba un ojo virolo.

Perdón, caí en una digresión. Les decía, creo firmemente que hay que profundizar el modelo. Después de todo, eso fue lo que pidió la ciudadanía el 28 de junio. Dirán que esas elecciones las ganó la oposición, pero todo buen político con sentido calafateño y patagónico sabe que la ciudadanía se comporta igual que una mujer que se hace la interesante: cuando te dice que "no", en realidad te dice que "sí".

Caí en la cuenta de profundizar el modelo el pasado jueves cuando vi por TV aquellos doscientos inspectores de AFIP en las oficinas del Grupo Clarín. Viendo las escenas de docenas de servidores públicos esperando a que los dejaran entrar a la guarida del grupo concentrado, noté que el episodio también era inaceptable.

Si tuviera la Argentina una Ley de Servicios Audiovisuales democrática y democratizadora, nacida de los consensos del arco nacional y popular, el Gobierno podría lograr que Clarín y los otros medios destituyentes muestren adecuadamente la realidad social mediante mecanismos más eficientes, sin por ello tener que sacar a doscientos inspectores de sus tareas. ¿Quién sabe cuántos chacareros evadieron impuestos, cuántos campos no fueron sobrevolados, cuántas exportaciones no fueron retenidas, en esas horas en que 200 servidores públicos debieron ocuparse de un medio para el que ya debería haber instrumentos legales efectivos?

Semejante ineficacia en el empleo público no sólo es inaceptable: pone en riesgo la calidad institucional. Ni hablar de esta paparrucha de que el Congreso sancione leyes sin la autorización presidencial. Hábrase visto, querer limitar así al Gobierno nacional y popular. ¿O no estaba dicho que el Legislativo debe respaldar y dar herramientas para que gobierne el Ejecutivo surgido de la voluntad del pueblo y máximo representante de éste? Si el modelo fuera lo bastante profundo, ni necesidad habría de vetar leyes que el pueblo no pidió; de seguro tendríamos un mejor mecanismo legislativo que permita una rápida aprobación de las leyes que el pueblo necesita.

También está el mal llamado "escándalo" de los aviones privados. Si el modelo estuviera profundizado, nos daríamos cuenta de las consecuencias positivas de esta genial política. El Tango 01 y los demás aviones oficiales, por no decir los de Aerolíneas Argentinas Que Es De Todos, no gastarían dinero del pueblo llevando funcionarios y familiares de aquí para allá. ¿O no criticaban cuando Florencia llevaba a sus amigos en el Tango 10 desde Gallegos hasta Olivos? Coherencia, por favor.

Un episodio que continuó profundizando mis convicciones, a las que afortunadamente no había dejado a los pies del teclado, ocurrió el pasado miércoles cuando estaba en la cola para comprar un boleto de tren en Retiro y noté que en cada una de las ventanillas abiertas había una mujer mendigando, con su respectiva criatura. Pensé "esto es una injusticia brutal: ¿cómo puede ser que todavía haya ventanillas cerradas y encima sin mendigos?". Inaceptable. Hay que seguir en esta línea de creación de empleos dignos, nacionales y populares. Siempre para adelante, con el impulso insustituible del Estado Presente.

¡Adelante, compañera Cristina! ¡Fuerza, Presidenta Coraje! ¡A no descansar hasta que haya un manguero en cada expendio de la República Argentina! ¡Hasta la Victoria's Secret!

Estos fueron sólo algunos ejemplos de lo mucho que necesita hacer la Argentina para que el modelo quede definitivamente profundizado. Es claro y evidente que seis años para la implantación del modelo son insuficientes; se desprende que nuestro país necesita de más tiempo de profundización. Para esto es indispensable un segundo mandato de Néstor Kirchner, seguido por otro de Cristina, como para que podamos disfrutar de las variaciones naturales entre la conducción firme y tenaz de Néstor y el estilo femenino y reivindicador de Cristina.

Y después podemos pensar en Máximo y Florencia para la sucesión. La genialidad y el don de estadista debe ser genético. ¿Por qué autolimitarnos a una generación de conducción sabia, habiendo ya herederos listos para asumir la noble tarea de conducir al pueblo argentino? Vamos por todo, vamos para adelante, vamos hasta el fin.

Y quizás, cuando la era Kirchner llegue a su final, habremos llegado a profundizar el modelo por completo.

Hasta que hayamos caído en lo más bajo del pozo. Y quizás entonces habremos aprendido de una puta vez.

Ojalá.

sábado, 5 de setiembre de 2009

Socialismo a la europea

Como ya me hartan los Kirchner y todo lo que se pueda decir sobre la Ley de Medios ya lo ha dicho gente más capacitada y de mejor oratoria que yo, sin mencionar que ya me harta el matrimonio perverso y la banda de canallas e idiotas útiles que los siguen, los dejo con extractos de un muy buen artículo sobre la experiencia del socialismo europeo, que tanto admiran por estos lados y que tanto trabajan para imitarlo... alcanzando resultados bien latinoamericanos en el proceso.

Naturalmente, hay divergencias, pero por lo menos a mí, me resulta demasiado similar a lo que se ve en la Argentina. E insisto, agréguenle detallitos de insanía y sadomasoquismo latinoamericano y será una buena visión de Argentolandia.

Perdón por la traducción libre, el original estaba en inglés.

El transporte público es fluido y barato, pero suele estar repleto y es ocasionalmente desagradable. El deseo ahogado de adquirir algo, sea una casa grande, un auto o tener una cuenta de depósito, no es totalmente destruido por el socialismo, pero se lo canaliza hacia una suerte de cinismo y enojo, generalmente resultante en un hedonismo de pocos hijos, cenas largas y demoradas, y discotecas abiertas hasta las primeras horas de la mañana.

Florece una multiplicidad de partidos políticos, cada uno con votantes apasionados por un único tema en especial. Los graffiti no son obra de pandillas, sino que son políticos y generalmente no tienen sentido. Los medios están divididos por facciones políticas; un diario de izquierda por aquí, una revista de derecha por allá. Los sindicatos controlan casi todos los servicios públicos. Y sin embargo, las distinciones de clase se mantienen firmes y la pedantería aristocrática es cada vez más visible.

Los tecnócratas que administran estos enormes Estados de Bienestar no sólo tienen buenos sueldos, sino que también pueden conseguir autos, viajes y departamentos de lujo como beneficios laborales exentos de impuestos. Si ser un capitalista de riesgo era lo que los veinteañeros aspirantes a entrar a Harvard buscaban en la década del '90, ser un ministro de fuste con oficina neoclásica, residencia oficial y Mercedes-Benz provisto por el Estado es el eterno equivalente europeo. Éste es un continente de empleados públicos, que llegan al éxito librándose de las cargas públicas que infligen a otros, y que ganan una vez más gracias a los contactos que tienen para repartir licitaciones a negocios de amigos.

¿Mi punto? Mientras más declama Europa que es igualitaria, más cínica y tramposa se vuelve su gente, casi como si el deseo humano de tener propiedad y labrar su propio destino no pudiera ser negado por el Estado, pero que por necesidad será canalizado hacia lo que el Estado condena como antisocial para la mayoría, pero que en realidad son beneficios para unos pocos.

El socialismo de seguro no hace que seamos más felices o estemos más contentos sabiendo que la sociedad resultante es de alguna manera más humana o compasiva. En vez de eso, cada facción está constantemente a punto de atacar al bien común. Siempre están "ellos", los malos, enemigos públicos fácilmente identificables entre los ricos y los aristocráticos que tienen que dar más a "quienes lo merecen". Los bancarios están en guerra permanente con los recolectores de basura que a su vez odian a los trabajadores sociales mientras éstos se quejan de bomberos y policías; cada grupo convencido de que el público debe darle más beneficios a ellos que a los demás.

Así como el Estado es necesario para hacer de niñera de todos (ganándose así tanto las demandas como el resentimiento de los que reciben su cuidado) también los Estados Unidos cumplen la misma función para Europa en general: se los odia y se los necesita al mismo tiempo.

Nunca he conocido a una beatífica persona surgida de la "igualdad de resultados". Por lo general, son amargados e iracundos guerreros decididos a corregir males de orden cósmico, siempre bien dispuestos a demonizar a aquellos que "tienen demasiado", y convencidos de que los fines divinos justifican los medios demoníacos.

El camino al socialismo no es natural. Debe ser pavimentado con el duro trabajo de la envidia de clases, la demonización de los exitosos, y la confusión de que cada nuevo programa de gastos masivos que aumente tanto impuestos como déficits debe ser aprobado inmediatamente, sin demora, "ahora o nunca", para escapar de hambrunas, plagas e inundaciones bíblicas.

Hasta la próxima.
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