sábado, 6 de febrero de 2010

Palos en la rueda

(Ante todo, pido disculpas por la redacción general de este post. Las dos y media de la mañana no siempre es una buena hora para escribir)

"Palos en la rueda", repitió la Presidenta en varios de los discursos con los que nos anduvo aturdiendo desde que empezó el affaire Redrado.

Así llama ella a los controles que los poderes Legislativo y Ejecutivo pueden hacer de los actos de gobierno y de las decisiones presidenciales. Como si la Constitución existiera simplemente para amargarle la vida. Recursos de amparo, apelaciones, jueces de primera instancia y cámaras federales, comisiones bicamerales, cartas orgánicas, mociones de censura, todo entra en la definición de "palos en la rueda" que enarbola la abogada cuyo título nunca se dio a conocer.

Al principio, lo descarté todo como un simple eructo verbal de la imbécil. Ya quisiera yo todos los "palos en la rueda" que se le pueda aplicar al desgobierno de la bruta guaranga sexóloga de arrabal y corredora de cuatriciclos.

Pero basta con empezar a pensar las cosas un poco más.

"Palos en la rueda". Siempre es la misma historia, llámese Kirchner, Chávez, Hitler o Mongo Aurelio el mandatario de turno. Gobernar requiere rapidez de decisión, es indispensable que las decisiones se tomen ya, ahora, inmediatamente, sin dilación ni debate; y si llegara a haber debate, que no joda por mucho tiempo. Ahora, ahora mismo, que "la amenaza", "el peligro" y "los malos" son tan graves e inminentes que no podemos perder ni un segundo. No sea cosa que nuestros gobernantes pasen un minuto sin tener todo el poder en sus manos.

O si no, fíjense la manera en la que ya parece asumido que el buen gobierno es el gobierno sin trabas, sin límites, tajante en sus decisiones y expeditivo en su implementación. Con este ideal de "buen gobierno", las mayorías especiales, las instancias revisoras, la intervención judicial, los procedimientos complejos, son todos obstáculos a ser evitados, esquivados o directamente removidos.

Los apologistas del Estado, que deliberadamente son cultores de esta falsa idea de "buen gobierno", dicen que la complejidad del sistema y de los procedimientos resulta en pocas leyes, en procesos largos y complejos de negociación y debate, en requisitos exorbitantes en su cumplimiento, en parálisis gubernamental... en suma, impiden que el Gobierno gobierne rápidamente.

Aparentemente, eso estaría mal.

Y yo digo "todo eso es una mierda".

Vamos por partes.

La primera que trataremos es la cuestión de los "palos en la rueda". Si por los estatistas fuera, habríamos acabado con el concepto de división de poderes hace décadas por considerarlo "un escrúpulo liberal" o alguna otra pelotudez por el estilo. Después de todo, ¿cómo alguien puede osar poner límites a las decisiones de aquellos ungidos por la voluntad del pueblo? Si creen que exagero, los remito al constitucionalismo de mingitorio de Miguel Ángel Pichetto, según el cual para comprobar quién tiene razón y quién no, hay que ver a cuál de los dos eligieron mediante el voto.

Pero me estaba yendo de tema. Lo que estos pelmazos no se dan cuenta, o mejor aún, lo que ignoran consciente y maliciosamente, es que la razón principal de la existencia de la división de poderes y del sistema de frenos y contrapesos es precisamente evitar que el Ejecutivo sea capaz de decidir e implementar con rapidez.

Quienes concibieron el sistema republicano de gobierno consideraron en su enorme sabiduría que el mejor gobierno es el que menos puede hacer sin el control y contrapeso de los otros poderes del Estado, precisamente porque la posibilidad del abuso de poder es una realidad inmediata sin el menor freno o instancia de control de los deseos de quien tiene el poder. Sin el Legislativo para que legisle y controle, y sin el Judicial para que intervenga e imparta justicia, no queda otro límite más que

La libertad y los derechos individuales son demasiado frágiles y preciosos como para que el Estado esté en condiciones de atropellarlos (pues en última instancia eso es lo que hace el Estado: instrumentar limitaciones a la libertad y al ejercicio de los derechos individuales en aras de garantizar la paz, el orden y el mismo ejercicio de los derechos) sin que dicha decisión de atropellarlos no haya superado todas las instancias posibles de control y reversión.

Es más, pienso que debería haber más instancias de control. Procedimientos legislativos más complejos. Mayorías más exigentes. Pienso que un Congreso que sea capaz de sacar una ley en menos de tres meses es un mal Congreso.

Que las leyes que nos gobiernan a todos puedan ser aprobadas por la mitad más uno de la mitad más uno de los miembros totales de un cuerpo legislativo es una vergüenza y una puerta para el abuso. Debería exigirse para todas las leyes un mínimo de tres quintos del total de miembros del Legislativo. De todos ellos: si de 100 van 61, el proyecto se aprueba con 60 votos, no con 31 o con 37.

Si no concurren los suficientes, mala leche: a pensar un proyecto más consensuado. Si pierden por un voto, más mala leche, aguanten hasta la próxima y piensen una ley mejor. O directamente escuchen a los que pueden tener otra opinión, capaz que se fijaron en algo que a ustedes se les pasó, o capaz que pueden encontrar una manera para que ambos ganen el 60% o el 75% de lo que quieren y no perder el 100% seguro.

La ley es el conjunto de normas por el cual nos gobernamos. Independientemente de su sanción legal o no, la ley debe ser aceptada por la sociedad como legítima y nunca considerada como la herramienta de una mayoría circunstancial o incluso artificial para aplastar a la minoría de turno. Como la Ley de Medios, por ejemplo.

Como diría el escritor Robert Heinlein: "Si un proyecto es tan pobre que no logra el acuerdo de dos tercios de ustedes, ¿no harán bien en rechazarlo? Y si una ley es tan mala que hasta un tercio de ustedes está en su contra, ¿no harían bien en derogarla?" Sin llegar a los extremos de Heinlein, creo que da en la tecla: la ley injusta, la ley forzada, la ley parcial, la ley impuesta sobre una ciudadanía que no la acepta, es perversa y es mejor que estemos sin ella.

Una ley no puede pasar así nomás por un Rossiducto de mayorías automáticas y numéricamente ajustadas. Es demasiado preciosa e importante para eso. Una ley no puede entrar y salir pichettamente incólume y en tiempo récord. Es demasiado importante como para que se acepte una única visión y se le permita regir a una sociedad sin que todos los aspectos de la misma hayan sido considerados.

Dirán: ¿qué pasa en caso de guerra o de desastre? ¿No será un sistema con demasiados controles incapaz en esas circunstancias? Y yo les digo: si hay un desastre o una guerra, cabría esperar que sean lo bastante responsables y decentes como para reaccionar al instante. Quiero creer que si Buenos Aires se inunda o si hay un terremoto en Mendoza, y si los políticos tienen un mínimo de decencia humana, harán lo posible por decidir rápidamente.

Y después está la Justicia. La ley, la obra de gobierno, el decreto, la resolución, deben ser todos perfectos desde el punto de vista legal. No deben exceder las atribuciones de quien las dicta, no deben tener ni una coma objetable o sin sustento en la Constitución y en las leyes, no deben pisotear los derechos individuales cuya defensa es la razón de ser de un Estado. Si por un tecnicismo o por un error en un artículo una ley es inconstitucional, pues lo lamento por quienes la proponían; redáctenla mejor la próxima vez, porque una ley es demasiado preciosa e importante como para que quienes la redacten o conciban no la hagan lo más perfecta posible.

¿Qué conclusiones debemos sacar de todo esto? Lápiz y papel.

1) El mejor Gobierno no es el que hace el mayor bien sino el que puede hacer el menor mal con el poder que tiene.

2) La existencia de controles y contrapesos mutuos es la primera garantía de que los derechos de la ciudadanía no serán atropellados por el Estado.

3) El poder del Estado jamás puede tener por único límite la buena voluntad de quien circunstancialmente lo ejerce.

4) La multiplicidad de controles y requisitos a superar no obstruye la acción de gobierno, sino que la perfecciona.

Repitamos esas frases hasta en sueños, hagamos que los chicos las escriban cien veces todos los días desde los tres años hasta que salen de la secundaria, pongámoslas al dorso de los billetes.

Los palos en la rueda, le digo a la imbécil y mendaz maniática que nos desgobierna, son lo que nos salva a nosotros los ciudadanos de la voracidad de ustedes los políticos.

Si fueras una gobernante decente, una persona inteligente, una constructora de consensos, una estadista que mira más allá de su billetera, si fueras todo eso en vez de ser un mamarracho fraudulento y prepotente que, hundido en el delirio maníaco-depresivo al que te someten los psicofármacos, pretende dominarlo todo a fuerza de microfonitos manoseados, si tus leyes fueran justas, correctas, ajustadas a derecho y con los intereses de la Patria en mente, superarías todos los requisitos legislativos y judiciales que necesita una verdadera ley, más allá del número de levantamanos que Rossi y Pichetto pueden alinearte.

Y entonces te daría genuino orgullo ver cómo lo que proponés supera lo que llamás "palos en la rueda".

Porque esa es la mejor prueba de que hacés un buen trabajo.

sábado, 30 de enero de 2010

El elenco autoritario (segunda parte)

En la entrega de hoy, trataremos otros roles que suelen figurar en los repartos que acompañan a todo gobierno donde la hilacha autoritaria es imposible de ocultar. Al igual que en la entrega de la semana pasada, luego de la explicación de cada uno de estos cargos, se propondrá un ejemplo de algún régimen dictatorial histórico y luego su correlato en la actual y mediocre Argentina presidida por la sexóloga retardada que le da al carré de cerdo para tener una noche fogosa.

Comencemos entonces por el siguiente actor en el triste elenco autoritario:

El Verdugo: Cual eslabón de una cadena de producción, este simpático personaje ocupa el último lugar en el proceso que iniciaran el Comisario y el Inquisidor. Mientras el Comisario elige el blanco y el Inquisidor lo destroza en público, el Verdugo es el encargado del trámite final de su liquidación, sea física o económica. El Comisario trabaja en la intimidad de su oficina y el Inquisidor frente a las cámaras; el Verdugo prefiere la humedad y oscuridad de los sótanos, o la invasión del espacio doméstico o laboral del condenado. El Verdugo es un tipo de pocas luces, generalmente siniestro al punto de darle una mezcla de asco y miedo al resto de la tropa autoritaria. No necesita más cultura que la indispensable para pegar el tiro en la nuca o, como ocurre en autoritarismos menos brutales, llevar la amenazas y exigencias del patroncito al tipo al que desea eliminar o expoliar.

Stalin supo tener en los momentos más sangrientos de sus purgas a Nikolai Yezhov, un ser pequeño, sádico y despreciable que era conocido por el apodo de "el Enano Envenenado", por su estatura de 1,51 metros. Tras escribir un informe en el que sostenía que la oposición política desembocaba eventualmente en violencia y terrorismo, Yezhov fue promovido a jefe de la NKVD luego de que Stalin se deshiciera de Genrikh Yagoda, el Verdugo anterior y mentor del propio Yezhov; la primera tarea del muchacho Yezhov fue investigar y condenar a Yagoda, para lo cual inventó la evidencia necesaria para su ejecución. Su aseveración de que "es mejor que diez inocentes sufran antes que dejar que un solo enemigo del pueblo escape" se cobró la vida de al menos 680.000 personas... sólo entre 1937 y 1938. Finalmente cayó en desgracia cuando Stalin eligió a Lavrenti Beria (de quien hablamos la semana pasada en el apartado "el Comisario") como su nuevo jefe de la NKVD y acabó ejecutado, pero su influencia se sintió al punto de que el período de las grandes purgas es también llamado "la Era de Yezhov".

En la Argentina kirchnerista todavía no llegamos a los niveles de un Yezhov, pero sí hay pequeños seres que cumplen con el papel del Verdugo. Aunque Carlos Kunkel, el ladero bestia de la insufrible Inquisidora Diana Conti puede ser un buen Verdugo, no le llega ni a los talones al salvaje, despreciable y vil Guillermo Moreno. Las correrías y andanzas del "Poronga" Moreno son por todos conocidas: desde hacerse acompañar por boxeadores en las marchas del kirchnerismo hasta amenazar a los empresarios que Kirchner quiere fagocitar, ya sea recibiéndolos con una pistola sobre el escritorio, o gritando por el teléfono, o sugiriendo que sus muchachos "expertos en partir espaldas" pueden ocuparse del tema. Lo que queda claro es que lo que pasa por las manos de Moreno acaba destruido y arrasado.

El Matón: Todo movimiento o partido que aspire a ser el patrón exclusivo de la vereda requiere del control de las calles y de la intimidación al público en general. La trinidad Comisario-Inquisidor-Verdugo funciona con enemigos individuales y de alto perfil; su mecánica compleja la hace ineficiente para la intimidación colectiva excepto en la medida en la que se pueda usar de ejemplo. Después de todo, el ciudadano de a pie rara vez atraerá la atención del Comisario como para poner en marcha el proceso.

Ahí entra en escena el Matón. Comparte con el Verdugo su incultura y sus modos bestiales, pues la educación es totalmente innecesaria para ir haciéndose el patotero por la calle y rompiendo vidrios o cabezas. Puesto a la cabeza de otros matones, el Matón ocupa las calles y las reclama para los líderes de la facción, instalando en el hombre común el miedo a la violencia bruta, directa e inmediata hacia su persona o propiedad. Sin embargo, el Matón es un puesto que rara vez suele sobrevivir a la conquista del poder, ya que su brutalidad termina alimentando la desconfianza y resentimiento de las personas cuya colaboración es necesaria e imprescindible para el buen funcionamiento del Estado, y si los líderes los sostienen, es con la plena confianza de que hacerlo les va a costar mucho en imagen. Es por eso que los Matones suelen ser las primeras víctimas de las purgas y limpiezas.

Eso fue lo que le pasó a Ernst Röhm. El rechoncho y homosexual veterano de guerra (que llegó incluso a ser asesor militar del Ejército Boliviano durante la Guerra del Chaco) se convirtió en el gran líder de las SA, la milicia de "camisas pardas" con la que Hitler reventó cabezas opositoras durante su conquista del poder. Los desocupados, violentos y brutales matones de las SA solían trenzarse en grescas callejeras con los militantes del comunismo alemán y participaban de todas las campañas de escarnio contra los judíos y otros "indeseables". Sin embargo, la utilidad de Röhm acabó poco después de la toma del poder por Hitler, ya que el Führer lo encontró "inconveniente" en su relación con los empresarios y los militares, y acabó con él en la célebre "Noche de los Cuchillos Largos" de 1934.

El Matón por excelencia del kirchnerismo no es ni más ni menos que Luis "Cinco Pibe" D'Elía, el impresentable y feminoide pseudo-maestro ocupador de calles y chupador de fondos públicos que se gana el pan moviendo gente para "ganar la calle" cuando el Néstor lo dispone. Luisito es quizás uno de los mayores factores piantavotos del kirchnerismo, y ciertamente es de las caras más despreciables de la patota, pero Néstor lo sostiene contra viento y marea porque, como quedó claro durante la pelea con el campo en 2008, cuando D'Elía se ganó el pan y los subsidios reventando cabezas de ruralistas y ciudadanos comunes y corrientes.

El Megáfono: Dura tarea la de este muchacho. No es fácil correr a las radios y canales de televisión, poner la cara todos los días para defender lo indefendible y hacerse cargo de las imbecilidades y barbaridades del poder. No debe ser fácil saberse un objeto de odio para una sociedad que lo escucha incrédulo mientras defiende cosas como si en algún sistema lógico cupiera tenerlas por verdadera. Pero ese es el trabajo del Megáfono: ser la voz oficial. Ser el tipo que pone en sus labios los argumentos oficiales, y que los grita cuando éstos no logran imponerse por sobre el sentido común. La piel del Megáfono es dura; tiene que serlo para resistir los epítetos y el desprecio a los que se hace acreedor. La enfermedad endémica del Megáfono es creer que todo se reduce a la opinión pública. Al relato, como diría Cristina. Es así que ante la seguidilla de desastres, el Megáfono multiplica sus apariciones, sus discursos y sus campañas, creyendo que su sola voz podrá poner "las ideas correctas" en la cabeza del populacho y revertir el curso del desastre.

No hay Megáfono más puro y perfecto que Joseph Goebbels. El enano y rengo Ministro de Propaganda del Tercer Reich, cultor del principio de "miente, miente, que algo quedará", fue la voz del nazismo y constructor de su imagen pública. Podía contarse con Goebbels para convertir en palabra oficial el desvarío más enfermo que saliera de la mente de Hitler. No que él tuviera problemas con eso; un tipo lo bastante fanático como para ponerle a sus seis hijos (a los cuales hizo matar tras la muerte de Hitler) nombres que empezaran con la letra "H", iba a ser lo bastante convencido de la causa como para gritar sin pena ni remordimiento lo que el nazismo quisiese.

Comparar a Aníbal Fernández con Goebbels es un despropósito; el alemán era un genio perverso de la propaganda, mientras que Caníbal es simplemente perverso. El Megáfono kirchnerista se limita a gritar e insultar en su afán de convertir las sandeces más impresentables y los movimientos más enfermos del matrimonio de turros en realidades a ser impuestas a como dé lugar. Lo vimos en varias de las grandes batallas épicas del kirchnerismo: "Retenciones o Muerte", "Ley de Medios o Muerte", "Testimoniales o Muerte" y la reciente "Reservas del BCRA o Muerte". Para Fernández no hay sótanos demasiado bajos o sandeces demasiado enfermas como para no decirlas en cámara cual verdades reveladas.

El Arriero: Los intelectuales se excitan con algunas palabras lindas e ideas abstrusas. Los convencidos se mueven solos; los fanáticos, sin que se los pidan. Al resto de la gente hay que moverla de alguna manera, o en caso de preferirse la inmovilidad del vulgo, hay que darles lo necesario para que no sientan el impulso de moverse en otra dirección. Y todo gobierno autoritario requiere de un Arriero que organice el movimiento o el reposo del ganado social. La principal preocupación del Arriero pasa por el control de los sindicatos, que son por lo general los mayores actores sociales no-estatales y no-empresariales que intervienen en política. Con el control sindical en sus manos, el Arriero puede desde ahí convertirlos en herramientas para el régimen, organizando la distribución del pan, de vez en cuando la del circo, y encargándose de las movilizaciones que sean necesarias.

Cuando Hitler llegó al gobierno, uno de sus primeros pasos fue, justamente, hacerse con el control del movimiento obrero alemán. Para ello, recurrió a los servicios de un ebrio, tartamudo, incompetente y absolutamente leal ex combatiente llamado Robert Ley. Este muchacho creó el Deutsche Arbeitsfront (DAF), el Frente Alemán del Trabajo, cuando Hitler ilegalizó los sindicatos en 1933. El DAF, conducido desde principio hasta fin por el amigo Ley, pretendió ser una mezcla mutante de sindicato único y universal nacional, de comisión paritaria permanente, de obra social y agencia de viajes para el placer de los trabajadores, e incluso de colimba laboral para los desocupados. Fue Ley quien puso en marcha la idea de un "auto del pueblo" que los trabajadores afiliados al DAF pudieran comprar con ahorros semanales de cinco marcos, sólo que la plata ahorrada fue empleada para la producción de armas: después de la guerra, ese auto fue el origen del querido Escarabajo Volkswagen. Acabó suicidándose en la celda antes de que empezara el juicio de Nuremberg

En cambio, Hugo Moyano sólo puede soñar con el poder que alcanzó Ley en la Alemania nazi. Lamentablemente, Huguito tiene que conformarse con el poder que le puede arrebatar al resto de los Gordos de la CGT, en lugar de tener algo parecido al DAF. Sin embargo, Hugo sabe cómo hacer bien el papel de chantajista para conseguir lo que quiere de los Kirchner: dinero, dinero y más dinero. A cambio de las efectividades conducentes que le da el Pingüinato, Hugo hace lo posible para mantener la enorme estructura sindical firmemente abulonada al catastrófico "proyecto nacional" de Néstor y la sexóloga del neuropsiquiátrico.

El Idiota Útil: Hay quienes creen que pueden jugar con fuego sin quemarse. Hay quienes piensan que pueden "domesticar" al pichón de dictador e incluso hacerlo jugar para él. Hay quienes piensan que su propia bondad y pureza pueden "civilizar" al régimen y suavizar sus peores aristas. Hay quienes piensan que es posible integrar al aspirante de mandamás al sistema democrático que odia y desprecia. A todos ellos les cabe el mote de "Idiotas Útiles". Son los idiotas que abren las puertas del desastre, o los que creen que pueden convertir a las víboras en ciudadanos con su ejemplo o su participación adentro del propio Gobierno. Son, con sus buenas intenciones y sus palabras razonables, los que les dan a los tiranos potenciales la oportunidad que necesitan.

Franz von Papen es casi el epítome del Idiota Útil, y un raro caso doble de Idiota Útil que abre la puerta y que se queda adentro. Aristócrata, refinado y culto, político de renombre en la Alemania de entreguerras, líder del Partido de Centro, Canciller del Reich durante cinco meses de 1932, von Papen tuvo la peregrina idea de "domesticar" nada más y nada menos que a Adolf Hitler, proponiéndole al viejo y senil presidente Hindenburg que nombrara a Hitler como Canciller del Reich en un gabinete en el que los nazis tendrían apenas tres de once ministerios y en el que el propio von Papen tendría las riendas desde la vicecancillería, con la convicción de que Hitler podía ser controlado si se lo ponía en el Gobierno. Lo que hizo el idiota, que había pronosticado que "en dos meses habremos empujado a Hitler contra la esquina con tanta fuerza que acabará sollozando", fue darle al Führer las llaves del poder. Si bien la vicecancillería (mas no la vida) de von Papen acabaría en 1934 con la Noche de los Cuchillos Largos, Hitler siempre encontró un lugar para este aristócrata idiota, que acabaría vagando como embajador y representante del Reich por varios países europeos. Su idiotez fue tal que el Tribunal de Nuremberg lo sobreseyó.

A diferencia de von Papen, en la Argentina kirchnerista podemos ver casos individuales. Eduardo Duhalde fue un Idiota Útil clásico al aupar al desconocido y nefasto pingüino como candidato presidencial en 2003, con la convicción de que podría controlarlo a través del aparato bonaerense. Todos sabemos cómo terminó eso y cómo sigue: con Duhalde reducido a prometer cosas como "voy a llevarme al loco que traje". En cambio, Graciela Ocaña fue de las que pensó que el kirchnerismo no podía ser tan malo, y que quizás si entraba, podía ayudar a mejorar varias cosas. Así le fue.

Bueno, espero que les haya parecido interesante esta descripción de personajes y papeles... de momento tengo algunas ideas sobre otros personajes pero no las refiné. Si a ustedes se les ocurren otros que podrían ser útiles para este racconto, son más que bienvenidos a proponerlos.

Hasta la próxima.

sábado, 23 de enero de 2010

El elenco autoritario (Primera Parte)

En todo sistema tiránico, autoritario y dictatorial de gobierno tienden a hacerse presentes ciertos patrones de conducta en sus elencos dirigentes, como si todos los que tienen la manija o están cerca de la manija tienden inevitablemente a ocupar un puesto determinado, a jugar un papel concreto en el aparato de poder.

Los papeles tienden a ser comunes, a repetirse en cada gobierno autoritario, sin importar que clame por la restauración del viejo orden o que se embandere con una Revolución de cualquier corte. O, como en el caso argentino que se desliza de una democracia imperfecta a un mamarracho deforme y conyugal, cuya única meta sea la instalación de una satrapía pedorra de acomodados.

De los Kirchner, claramente podemos decir que encajan en un paradigma curioso de autoritarios: la parejita.

Los selectos compañeros de Néstor y Cristina en esta categoría de los mandamases son, desde ya, Juan Domingo y la Eva, esos modelos que dicen seguir pero que imitan tan pobremente; Nicolae y Elena Ceausescu, y Ferdinand e Imelda Marcos. Mamarrachos todos, grotescos todos, pero que convierten al Estado en un bien ganancial sujeto a sus caprichos, y en el que encuentran a través de la autoglorificación ("el mejor gobierno de la historia", etc., cuando no se llenan de títulos, medallas y otras dignidades truchas) el reconocimiento que sus mediocres y tristes logros reales nunca merecerán.

Es improcedente comparar a los Kirchner con Hitler y Stalin, no sólo por la insignificancia de los primeros y la monstruosidad de estos últimos, sino porque ni el alemán ni el soviético eran tipos conyugales: Hitler se casó recién el día antes de suicidarse, y Stalin enviudó de sus dos esposas, aunque muy probablemente haya estrangulado a la segunda.

Hecha esta aclaración sobre los K, veamos ahora algunos de esos papeles que mencionábamos antes y sus ejemplos más notables, tanto en lo histórico como en el grotesco escenario local argento.

El Monje Negro: Nadie lo ve, casi nadie lo conoce, no abre la boca y los súbditos no le conocen la voz, pero el aparato no podría funcionar sin él. Generalmente tiene un título de poca importancia en lo formal, rara vez es un ministro, y generalmente se conforma con una humilde secretaría privada u despacho de otro tipo. Eso sí, lo suficientemente cerca del Jefe como para que este último no pueda hacer nada sin sus "servicios".

Ese era el papel que jugaba Martin Bormann en la Alemania hitleriana: el de secretario privado y puestero de peaje de todos los que iban a ver al Führer. No manejaba las SS ni controlaba al Ejército, pero era el nexo entre Hitler y el mundo exterior. No gobernaba más que la oficina privada de Hitler, pero eso le bastaba para controlar quién podía acercarse al Führer y quién no.

En Argentolandia, le toca a Carlos Zannini ser el Monje Negro. ¿Quién ha escuchado hablar al "Chino"? Nadie. Pero todos lo sentimos bien de cerca cada vez que se conoce alguna nueva locura emanada de la Rosada, porque al Secretario Legal y Técnico, destacado miembro de la mesa chica calafateña, le compete traducir los desvaríos del matrimonio presidencial al lenguaje de los decretos de necesidad y urgencia. No sale a dar la cara por sus locuras como Aníbal, o a metérselas al Congreso cual supositorio como Pichetto y Rossi, pero es él quien les da forma.

El Sátrapa: Naturalmente, están los que revolotean en torno al Capo para forrarse del vil metal. Y mientras más títulos acumulen, más responsabilidades metan bajo su órbita, más vil metal tendrán para ellos mismos. Quizás su inteligencia no les alcance a los Sátrapas para manejar eficazmente todo lo que en teoría deberían manejar, pero sí es suficiente para entender los ingresos que les reportan. Y para administrarlo como se les cante el culo.

Hermann Goering es el Sátrapa por excelencia. Mariscal del Reich, Comandante en jefe de la Luftwaffe, Ministro Presidente de Prusia, fundador de la Gestapo, Ministro del Aire, Plenipotenciario del Plan Cuatrienal, Comandante de los Guardias Forestales del Reich, y gerente de las Empresas Hermann Goering y quién sabe cuántos cargos más... en todos ellos fue mediocre hasta lo indecible, pero fueron los suficientes como para tener un guardarropas completo de uniformes, y para llenar de dinero que canalizó en una vida obscena, depravada y grotesca.

A Julio de Vido, por fortuna para él, no le apetece la ostentación o los vicios del morfinómano Goering, pero sí comparte con el obeso general alemán la acumulación de tantas responsabilidades que lo único que puede supervisar oficialmente es la plata que entra por todas ellas. Es demasiado pedirle a Julito que maneje las autopistas, las empresas eléctricas, el sector petrolero, las inversiones en obra pública, la gestión de los servicios de obras públicas y Dios sabe qué otras cosas más que entran en su "Ministerio de Planificación Federal". Lo menos que le podemos pedir es que maneje bien la plata que curra con cada agujero en donde tiene un dedo metido.

El Filósofo: Debe ser triste encontrarse con el poder casi absoluto y ver que en última instancia no es más que una patente de corso para afanar, prepotear y hacer lo que se les cante el culo. A muchos de quienes están metidos en la rosca no les gusta, y sienten la imperiosa necesidad de encontrar obscuros justificativos filosóficos y místicos, de formular curiosas teorías, de inventar sistemas de ideas que sólo ellos entienden, pero que les sirven de consuelo y que les calma la profunda angustia de saberse un miembro más de un club de ladrones. Y las proclaman por ahí, sintiéndose poseedores de una verdad revelada, mientras a su alrededor y a sus espaldas se les cagan de risa tanto amigos como enemigos.

Alfred Rosenberg era conocido en el círculo Nazi como el "filósofo del Reich". En su obsesión por darle una pátina intelectual al club de carniceros iletrados que era el nacionalsocialismo, Rosenberg logró un mérito dudoso: escribir un bodrio más soporífero e incomprensible que el Mein Kampf. A tal punto era un desastre su "Mito del Siglo XX", el supuesto compendio supremo de la filosofía nazi, que el propio Hitler confesó que eran "cosas que nadie entendía", mientras Goebbels se refería a los desvaríos de Rosenberg como "eructos filosóficos".

En Argentina, claro, tenemos a la variante modesta del rosenbergismo. Nos referimos a ese Federico Klemm de la intelectualidad, a José Pablo Feinmann, el odiador de blogs, promotor de encajar el pañuelo de las Madres en vez del Sol de la Bandera, columnista frecuente e incomprensible de cuanto pasquín kirchnerista ronde por ahí, y conductor de un micro en el canal Encuentro en el que habla de tantas boludeces que parecería que le pagan por palabra pronunciada. Seguramente Feinmann tiene un sistema bien clarito en el que el kirchnerismo encaja como una forma suprema de convivencia humana; el tema es que nadie más que él le da pelota a esas cosas.

El Comisario: Pariente o vecino del Monje Negro, al Comisario le interesa controlar la pureza de amigos y extraños. No le interesa ser amado; prefiere ser temido. En su celosa vigilancia de la ortodoxia y de la lealtad, el Comisario es quien maneja "la data" de todos, de tal manera de poder organizar mejor el contragolpe cuando un patito se sale de la fila.

Lavrenti Beria era el mandamás de la NKVD, la predecesora de la KGB, durante los últimos años de Stalin. Ese puesto lo convertía en el arquitecto de las purgas, y en el encargado de darle a Stalin las listas de víctimas a ejecutar cuando al monstruo georgiano le daba un ataque de paranoia. Si te desviabas de la línea, ahí se enteraba Beria para que con una firma suya y otra del Tío Joe te pusieran en el paredón para "enderezarte". Tanto fue el odio que se ganó y el miedo que supo crear en torno a sí mismo que, en cuanto murió Stalin, todo el resto de la dirigencia soviética hizo fila para agarrarlo y asegurarse de que el pelotón de fusilamiento lo dejara bien muerto, como Raid con sus parientes alados y chupasangres.

Beria podía tener a la NKVD y a todo el aparato represivo soviético; Horacio Verbitsky tiene que conformarse con sus columnas de Página/12 y la siempre servicial y amable colaboración de la SIDE de Icazuriaga y Larcher. Cada vez que un propio se sale del molde, o que un extraño escupe el asado kirchnerista, ahí va el "Perro" Verbitsky a hurgar un par de carpetas en las que de seguro va a encontrar algún antecedente inconveniente, de preferencia algún pariente militar en la familia, o alguna simpatía menemista, liberal o eclesiástica del molesto de turno; lo que sea, le viene bien para defenestrarlo en su columna dominical, a falta de los recursos de la NKVD o del aparato de Inteligencia de Montoneros.

El Inquisidor: A primera vista, este personaje puede confundirse con el del Comisario, pues ambos se ocupan de reprimir las desviaciones y liquidar a los intrusos. Sin embargo, hay una diferencia fundamental: el Comisario se mantiene guardado y mesurado en público cuando prepara la munición contra el enemigo, mientras que el Inquisidor se lanza cual perro rabioso para acabar por completo con el molesto. Al Inquisidor le gusta el espectáculo público, la humillación, la carnicería, disfruta con la destrucción de la dignidad de su blanco, y pocas cosas lo excitan más que la posibilidad de abalanzarse contra alguien odiable para acabarlo ante la vista de todos.

Uno de los más perfectos Inquisidores de la Historia reciente, si no el más perfecto de todos, fue Andrei Vyshinski. Como "Fiscal" de los Juicios de Moscú mediante los que Stalin se libró de sus opositores reales e imaginarios en una parodia de procedimiento judicial, Vyshinski no se privó de ningún golpe ni epíteto en su búsqueda de la humillación y la confesión pública de los acusados, siguiendo su principio de "la confesión del acusado es la reina de la evidencia". Otros podían darse el gusto del tiro en la nuca, pero a Vyshinski le bastaba con la destrucción pública, cuya sola idea le hacía salir espuma de la boca.

Un ejemplo de la calidad jurídica del fiscal Vyshinski es el siguiente "alegato" que profirió en uno de los juicios espectáculo de Moscú: "Dispárenles a estos perros rabiosos. ¡Muerte a esta pandilla que esconde del pueblo sus feroces dientes y sus garras de águila! ¡Abajo con ese buitre Trotsky, de cuya boca gotea un veneno sangriento que pudre los grandes ideales del marxismo! ¡Abajo con estos animales abyectos! ¡Acabemos de una vez por todas con estos miserables híbridos de zorros y cerdos, estos cadáveres apestosos! ¡Exterminemos a los perros locos del capitalismo, que quieren destrozar la flor de nuestra nueva nación soviética! ¡Hagámosles tragar el odio bestial que sienten por nuestros líderes!"

No sé mucho sobre la vida privada del amigo Vyshinski, pero sí sé que se hubiera llevado de maravillas con Diana Conti, la encargada de arremeter contra los blancos que Verbitsky señala. A la módica diputada kirchnerista, crucificadora de jueces en el Consejo de la Magistratura y envenenada defensora pública del kirchnerismo, tal vez no le salga espuma de la boca pero sí le brillan los ojitos chiquitos y oscuros cada vez que tiene a alguien a quien acabar en público. Mientras más insultante y violento sea el procedimiento, más está Conti en su salsa. Los argumentos y justificativos son delicadezas de las que puede prescindir si tiene a mano un insulto o una chicana barata y sanguinaria a mano. Decir que en sus defensas y ataques Conti se comporta como gato panza arriba es un insulto a los gatos.

En la próxima entrega de esta serie, cubriremos otros cinco puestos del elenco autoritario: el Verdugo, el Matón, el Megáfono, el Arriero y el Idiota Útil.

Gracias por vuestra paciencia, espero que lo hayan disfrutado y será hasta la próxima.

miércoles, 20 de enero de 2010

Que se jodan (especial de mitad de semana)

Terminé de leer hace pocos días El Dueño, de Luis Majul. Independientemente de lo que pienso de la persona de Majul, y de ciertas ideas que se cuelan que o pecan de inocentes o pecan de turras, lo que dice el libro en sí, si es cierto en su totalidad, es verdaderamente tenebroso.

Un pasaje en cuestión volvió a mí con toda la furia cuando escuché que estaban haciendo ruidos en el kirchnerato respecto de estatizar Telecom, entregársela a algún sindicalista o empresario amigo, y volver a los viejos y Dignos tiempos de ENTel, el plan Megatel, los veinte años de plazo de instalación y la revalorización de las casas que tenían teléfono fijo.

Me permito copiar el siguiente pasaje, el cual espero fervientemente que, como lo hizo conmigo, les termine de quitar cualquier clase de simpatía o conmiseración por la clase empresarial argenta.

(Del Capítulo 3, "Aprietes y Negocios" de la Novena Parte, "La Batalla Final")

La valiosa fuente reveló que, al principio, la relación entre Kirchner y los grandes grupos nacionales fue excepcional. Y contó un suceso hasta ahora desconocido.

El contenido de un plan que los empresarios nacionales más poderosos le propusieron al Presidente en el inicio de su mandato. Un riguroso esquema de "nacionalización de los recursos del país".

- La crisis de entonces nos ponía frente a una gran oportunidad. El plan era que grupos con suficiente "espalda" como Techint, Arcor, Pérez Companc, Ledesma, Roggio o Clarín pudieran comprar a buen precio, y con ayuda del Gobierno, los activos que para los empresarios extranjeros no resultaban atractivos, debido a la devaluación y el congelamiento de tarifas. La propuesta era brillante. Incluso le pusimos un título: "La oportunidad Putin".

- ¿Por qué le pusieron ese nombre?

- Porque era una copia de lo que pasó en Rusia. Allí, a los grandes negocios de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, se los quedó la política.

- ¿Cómo recibió el Gobierno la propuesta?

- Muy bien. El Presidente la escuchó con mucho entusiasmo. Era funcional a su proyecto político y muy bueno para la economía argentina.

- ¿Y por qué no "compraron"? -le pregunté.

- ¡Sí, la compraron! Pero con una pequeña modificación en la idea original: en vez de permitir el ingreso de grandes grupos nacionales, facilitaron la entrada de sus amigos. O para ser más precisos: a los amigos de Néstor.

* * * * * * * * * *

Que se jodan los "empresarios nacionales". Todos y cada uno de ellos. Que se vayan bien al carajo, que reingresen forceps mediante a los malolientes agujeros de donde salieron.

Que les estaticen todo de prepo, por DNU preferentemente así les duele más, y que en menos de dos años las langostas de la cleptocracia kirchner-sindicalista arruinen lo que les llevó décadas levantar.

Que no quede piedra sobre piedra. Que la obra de sus vidas desaparezca en meses, y que a estos "capitanes de la industria" argenta no les quede ni un pañuelo para llorar. Que no quede nada. Absolutamente nada. Que se vayan a la mierda y no vuelvan más.

Les deseo de todo corazón que se jodan y que lo que no les estaticen, se los hagan quebrar o reventar a base de huelgas y moreneadas. Porque es lo menos que se merecen, esos hijos de un portaaviones lleno de putas, por haberle dado al tuerto perverso esa "idea" que con tanto ardor viene aplicando.

Porque ellos, esa manga de forros que prefieren toda la vida tenernos a todos cautivos así siguen ganando como si fueran el Barcelona jugando en Primera D, ese grupo de incompetentes, prebendarios y acomodaticios que creen que para un producto vale más la banderita que tiene pegada que la calidad con la que está hecho, no merecen ni por un segundo el título de "empresarios", o el derecho a venir a hablar después de la libertad de empresa, del dirigismo estatal o del respeto a la propiedad privada.

Enjambre de hijos de puta. Se lo ganaron. Se lo merecen. Ni se merecen que les digan lo que la madre del último rey moro de Granada le dijo a su hijo cuando la ciudad cayó: "No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre". Para merecer esa condena lacerante, ellos tendrían que haber defendido algo en lugar de haberle abierto las puertas a los depredadores sureños.

Que se jodan. De onda y corazón se los digo.

Y sí, estoy caliente.

sábado, 16 de enero de 2010

"Los intelectuales y la sociedad" (Thomas Sowell)

Hoy es uno de esos días en los que no consigo las palabras justas para expresar una idea, de modo que recurriré, como en otras ocasiones, a las palabras mil veces más claras y mil veces más contundentes que otras personas han dicho.

El texto de hoy es una traducción del inglés hecha por mí de dos artículos escritos por Thomas Sowell, "Los Intelectuales y la Sociedad", a cuyas versiones originales pueden acceder mediante los siguientes links.
El señor Sowell ha expresado mejor que lo que yo jamás podré hacer las razones por las que me hierve la sangre cada vez que veo a alguien con chapa de intelectual, o de simple buenista, defendiendo ideas criminales como las que suele propulsar la izquierda.

Advierto que va para largo, pero vale la pena. Disfrútenlon

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Probablemente nunca hubo una era en la Historia en la que los intelectuales hayan tenido un papel más grande en la sociedad. Cuando los intelectuales que generan ideas están rodeados por un amplio espectro de otros que diseminan esas ideas, sean periodistas, maestros, asesores legislativos o secretarios de juzgado, la influencia de los intelectuales en la manera en que evoluciona una sociedad puede ser enorme.

Los intelectuales generan ideas y las ideas importan, ya sean esas ideas correctas o falsas, e importan más allá del pequeño segmento de la sociedad formado por los intelectuales. Las ideas afectan el destino de naciones y civilizaciones enteras. Nunca ha sido más verdadero eso que en nuestros propios tiempos, cuando algunas personas hacen ataques suicidas para matar a desconocidos que nada les hicieron, como ocurrió el 11 de septiembre, porque los atacantes estaban consumidos por un conjunto de ideas, por una visión, y estaban impulsados por las emociones que esas ideas y esa visión generaron.

Tanto en la guerra como en la paz, y tanto en la economía como en la religión, algo tan intangible como las ideas puede dominar las cosas más concretas de nuestra vida. Lo que Karl Marx llamaba "el fuego de las ideas" ha incinerado a naciones enteras y consumido generaciones enteras.

Aquellos cuyas carreras se basan en la creación y diseminación de las ideas, los intelectuales, han jugado un papel en numerosas sociedades que fue completamente desproporcionado respecto al número de ellos. Sea que ese papel haya hecho en términos netos que las vidas de aquellos a su alrededor sean mejores o peores es una de las preguntas clave de nuestro tiempo.

La respuesta rápida es que los intelectuales han hecho ambas cosas. Pero ciertamente, respecto del siglo XX, es difícil escapar de la conclusión de que los intelectuales han hecho en términos netos del mundo un lugar peor y más peligroso. Rara vez algún dictador genocida del siglo XX careció de simpatizantes, admiradores o apologistas entre los intelectuales más destacados, no sólo en su propio país, sino en democracias extranjeras en las que los intelectuales eran libres de decir lo que quisieran.

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Dado el enorme progreso que tuvo lugar durante el siglo XX, puede ser difícil de aceptar que los intelectuales hayan hecho tan poco bien como para que nociones particularmente erradas lo hayan sobrepasado. Pero muchos de aquellos que promovieron los avances científicos, económicos y sociales del siglo XX no eran verdaderamente intelectuales en el sentido más común del término.

Los hermanos Wright, que realizaron el sueño centenario del vuelo humano, no eran intelectuales bajo ningún concepto. Tampoco lo eran los que derrotaron a la poliomielitis y otras enfermedades, o los que crearon las maravillas tecnológicas que ahora damos por garantizadas.

Todas esas personas realizaron un producto o servicio tangible y fueron juzgadas en base a si esos productos y servicios funcionaron. Pero los intelectuales son personas cuyos productos finales son ideas intangibles, y se los suele juzgar en base a si esas ideas les suenan bien a otros intelectuales o si resuenan en el público.

Si esas ideas funcionan, tanto para mejorar o empeorar la vida de los demás, es otra pregunta completamente distinta.

Las ideas que Karl Marx creó en el siglo XIX dominaron el curso de los acontecimientos en amplias regiones del mundo en el siglo XX. Generaciones enteras sufrieron, y millones fueron asesinados, como resultado de esas ideas. Esa no fue la intención de Marx, o la intenciòn de muchos simpatizantes de las ideas marxianas alrededor del mundo. Pero eso fue lo que pasó.

Varios de los intelectuales más destacados del mundo occidental en la década del '30 prodigaron elogios a la Unión Soviética, mientras millones de personas allí eran hambreadas hasta morir y vastas cantidades eran enviadas a campos de trabajo esclavo.

Muchos de aquellos distinguidos intelectuales de los '30 urgían a sus países a desarmarse mientras Hitler rearmaba a Alemania con rapidez para guerras de conquista que, entre otras cosas, habrían puesto a muchos de esos intelectuales en campos de concentración, condenados al exterminio, si él hubiera ganado.

La década del '30 no fue única bajo ningún punto de vista. En muchas otras eras, incluida la nuestra, intelectuales de inteligencia incuestionable han promovido nociones similarmente infantiles y peligrosas. Cómo y por qué esos patrones de conducta han existido entre los intelectuales es una pregunta desafiante, cuya respuesta puede determinar el destino de millones de personas.

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Las ideas son cosas tan intangibles que cuesta creer que hayan tenido tal impacto en las vidas de las personas que no han sido intelectuales y que, en muchos casos, les prestaron escasa atención. Sin embargo, las ideas tanto seculares como religiosas han movido las emociones de muchos, y también han movido a líderes y ejércitos.

Cuando pensamos en la Inquisición española, en las Cruzadas del pasado y en las Jihads del pasado y del presente, vemos escalofriantes ejemplos de los efectos de las ideas. Pero las ideologías seculares del siglo XX han matado a millones más en Alemania, Rusia y China, y también lo hicieron en busca de fines más elevados, aún cuando esos ideales fueron usados cínicamente por los poderosos, como en el pasado.

Si hay alguna lección en la historia de las ideas, es que las buenas intenciones no te dicen nada sobre las consecuencias reales. Pero los intelectuales que generan ideas no tienen que pagar las consecuencias.

Los intelectuales académicos están protegidos por los principios de la libertad académica, y los periodistas en las sociedades democráticas están protegidos por el principio de la libertad de prensa. Rara vez aquellos que producen o promueven ideas peligrosas, o incluso fatales, han debido pagar un precio por ello, ni siquiera en la pérdida de credibilidad.

¿Quién culpa a Rachel Carson, un ícono del ambientalismo, porque sus escritos cruzados contra el DDT llevaron a la prohibición de este insecticida en países de todo el mundo, para luego sufrir el resurgir de la malaria que ha matado, y que continúa matando, a millones de personas en países tropicales del Tercer Mundo?

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Incluso los líderes políticos han sido juzgados según qué tan nobles sonaban sus ideas, en lugar de por lo desastrosas que fueron sus consecuencias. Woodrow Wilson, el único Presidente de los EE.UU. con un doctorado, fue por años un académico antes de entrar a la política, y sus ideas sobre la guerra que terminaría con todas las guerras, hacer el mundo más seguro para la democracia, y el derecho de autodeterminación de los pueblos, han sido veneradas sin la menor consideración por lo que pasó cuando las nociones de Wilson fueron puestas en práctica en el mundo real.

Nadie cree hoy seriamente en la idea de que la Primera Guerra Mundial fue una guerra para acabar con todas las guerras, y muchos la ven ahora como el evento que sentó las bases de una Segunda Guerra Mundial. De hecho, hubo muchos que predijeron ese resultado en el momento. Pero a ninguno se le prestó tanta atención, o se lo veneró tanto, como a Woodrow Wilson.

Como muchos intelectuales, Woodrow Wilson asumió que si las cosas eran malas, "el cambio" las haría automáticamente mejores. Pero los gobiernos autocráticos de Rusia y Alemania que Wilson aborrecía fueron sucedidos por regímenes totalitarios tan opresivos y asesinos que hacían parecer a los déspotas del pasado como niños.

En cuanto a la autodeterminación de los pueblos, que resultó en la práctica en que el destino de pueblos enteros fuera determinado por extraños tales como Woodrow Wilson, que se sumó al desmembramiento de los imperios, con graves consecuencias en la década de 1930 cuando Hitler liquidó una por una a las pequeñas y vulnerables naciones recién creadas, una operación que hubiera sido mucho más peligrosa de haber tenido que enfrentar a los grandes imperios de las que formaban parte antes de la Primera Guerra Mundial.

Hasta el día de hoy, seguimos viviendo con las consecuencias de desintegrar al Imperio Otomano para crear Estados mucho más inestables y peligrosos en el Medio Oriente.

Pero las palabras de Woodrow Wilson sonaban muy bien, y es por esto por lo que él y muchos otros intelectuales son juzgados.

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Puede parecer extraño que tantas personas de gran intelecto hayan dicho y hecho tantas cosas cuyas consecuencias han ido desde lo contraproducente hasta lo catastrófico. Sin embargo, eso no es tan sorprendente cuando consideramos si alguien alguna vez ha tenido el rango de conocimiento necesario para tomar las formidables decisiones que tantos intelectuales están tan dispuestos a tomar, especialmente cuando no tienen que pagar el precio de estar equivocados.

Los intelectuales y sus seguidores han estado usualmente impresionados por el hecho de que los intelectuales tienden, en promedio, a tener más conocimiento que otros individuos de su sociedad. Lo que han pasado por alto es que los intelectuales tienen mucho menos conocimiento que el conocimiento total que poseen los millones de otras personas a las que desprecian y cuyas decisiones buscan anular.

Hemos tenido que aprender las lecciones de la presunción de las élites de la manera dura, y muchos de nosotros tenemos que aprender todavía esa lección.

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Hasta la próxima, y disculpen el largo... que por otro lado, espero que les haya gustado.

sábado, 9 de enero de 2010

El 2010 arrancó caliente

Sólo un gobierno de bestias como el que arrean Néstor y Cristina Kirchner es capaz de cometer tantas torpezas en un solo día. Y encima hacerlo en enero, cuando el común de los mortales quiere descansar un poco.

Sólo ellos, con su ánimo vengativo e intolerante, su absoluto desconocimiento de los límites y su brutal concepción del poder, fueron capaces de convertir a un pusilánime como Martín Redrado, que en cinco años de conducción del BCRA avaló absolutamente todo excepto el último y delirante pedido, en un mártir cívico de la República y de la división de poderes.

Sólo ellos, con su total desprecio por las leyes, su desenfrenada obsesión por el dinero y su desprolijidad supina, le dieron a una magistrada como María José Sarmiento, que habrá sido ignota para el público pero que tiene un historial que se las trae, la oportunidad de darles dos cachetazos en el mismo día y quedar, a ojos del público, como una jueza que hace lo que tiene que hacer en comparación con personajes lamentables como Norberto Oyarbide o María Romilda Servini de Cubría.

Redrado ahora quedó como mártir, y si Conti o Kunkel le clavan cuchillos marca Magistratura a Sarmiento, los clavados terminan siendo ellos.

Sólo ellos fueron capaces de crearse dos nuevos Cobos en un sólo día, y de paso, darle al Cobos 1.0 la posibilidad de escupirles el asado una vez más.

Es que la torpeza kirchnerista sólo es astucia cuando tienen plata para que por ella bailen los múltiples monos de la política nacional. Cuando el mono no quiere bailar, el taita los faja con todo lo que tiene. Muchos monos ceden, pero algunos se le retoban y ahí las palizas se le vuelven contraproducente a Kirchner.

Y se desquicia. Y le va peor. Pero en vez de recular y pensarla bien, arrastra a los suyos en el desquicio y los incinera públicamente.

Aunque habría que preguntarse hasta qué punto los pigmeos mentales del kakismo ya se contagiaron de la locura del loco. Porque basta escuchar algunas de las cosas que dice la última guardia de caraduras a prueba de balas que lleva la camiseta pingüina para comprobar el grado de desquicio que tienen.

De la Morsa Fernández no hay nada que englobe de manera simple su caradurez y desprecio por el sentido común. Ahí desfiló él, intentando decir que Cristina había aceptado una renuncia que Redrado le había ofrecido Dios vaya a saber cuándo. Como si las renuncias no aceptadas en su momento no caducan sino que quedan en suspenso. Si le sigo la corriente a Caníbal, bien me podría ir al Burger King más cercano a pedir que me acepten hoy mismo cupones de descuento que vencieron en junio del 2009.

O el pedorro senador Miguel Ángel Pichetto, fundador de una escuela del Derecho que he dado en llamar "constitucionalismo de mingitorio". Lo digo por su pretensión de dirimir el conflicto institucional entre el Ejecutivo y el BCRA desafiando a los interesados a ver cuál de los dos tiene más "autoridad", como si las diferencias jurisdiccionales se resolvieran con una competencia para ver quién la tiene más larga. Del viejo y remanido argumento populista de que el haber sido votado para el cargo es una patente de corso para hacer lo que se les canta, no vale la pena hablar: hay gente que disfruta vivir en la nube de pedos.

O Luisito D'Elía y el resto de la comparsa, a quienes disfruto enormemente ver cómo ahora hacen contorsiones para que la teta kirchnerista siga teniendo plata para mamar y decir que es bueno pagar la deuda porque se honran los compromisos, se preserva la estabilidad, se inspira confianza entre los inversores y se mantiene bajo el riesgo país. ¿Quién los viera haciendo suyos los argumentos del odiado neoliberalismo? Es que los muchachos Nac&Pop pueden dividir por cero sin que el universo les estalle alrededor por culpa de la contradicción.

Ahora nos queda ver qué pasa en los próximos días.

Si así arrancamos en la primera semana hábil del 2010, qué nos espera para el resto del año.

sábado, 2 de enero de 2010

De cara al 2010

OK, llegamos al año del Bicentenario. Ya estamos en el 2010. Qué momento, señores.

Veamos un poco cómo empezamos, hasta dónde llegamos y en donde estamos ahora.

En 1810, nuestra tierra de promisión (copyright Raquel Reznik, Blogbis) era el territorio más remoto, pobre y primitivo del imperio español en América, prácticamente insignificante en comparación con las grandes y ricas colonias en Perú y México. Era una enorme extensión despoblada, desierta, sujeta a las depredaciones de los indios y al capricho de sus incipientes caudillos, un yermo improductivo cuya capital no dejaba de ser una fortaleza alrededor de la que había crecido un refugio de contrabandistas y mercaderes dudosos. Era menos que nada: era la última frontera de la civilización en América del Sur.

En 1910, ese yermo desierto era la séptima potencia del mundo, con una economía pujante, un nivel de vida relativamente decente a pesar de ciertos problemas que se veían, y un desarrollo que, con sus matices y cuestionamientos, superaba ampliamente al de cualquier otro país de este continente. La Argentina era un país prometedor, en el que no sólo los argentinos sino los millones de inmigrantes que lo eligieron como su nuevo hogar podían confiar razonablemente en que el futuro iba a depararles mejores cosas y destinos. Había problemas, desencuentros y conflictos, pero existía la posibilidad y la creencia en que serían superados y resueltos, mientras el país continuaba su marcha hacia el futuro.

Y en 2010... en 2010, la Argentina es una colección retrasada de feudos grandes y pequeños, copado por una clase política, empresarial y sindical caníbal, iletrada y orgullosa de su ignorancia y atraso, decidida a chupar todo lo que puedan chupar y a ser lo más prebendarios posibles, mientras la infraestructura del país se cae a pedazos y su gente vive sumida en la apatía, la desidia y el bandolerismo, y sus instituciones son una farsa que existe para servir a los intereses de los dueños de todo, que constituyen un matrimonio criminal rodeado de chupamedias y serviles.

Es triste comprobar lo bajo que hemos caído en comparación con lo alto que supimos alcanzar. Es triste ver que vamos alegremente y a toda máquina hacia el atraso. Y es triste ver que la única lección que los argentinos hemos aprendido en estos 200 años es que la única ley universal es el "sálvese quien pueda", porque tanto el Estado como nuestros conciudadanos están siempre al acecho de lo que nos queda.

Caimos bajo, de eso no hay duda.

La buena noticia es que podemos recuperarnos.

Ya una vez construimos un país sobre la base de la nada que era esto en tiempos de la colonia. Ahora, mal que mal, hay algo en pie. Todavía.

Pero no se trata de una cuestión de infraestructura o de desarrollo económico, o siquiera de buenos números en la economía. En mis 25 años ya vi varias recesiones y dos colapsos nacionales, una etapa de crecimiento y desarrollo astronómicos, y períodos de relativa bonanza. La Argentina tiene lo que hace falta.

El problema somos nosotros.

Para empezar, somos un desastre. Somos una sociedad que colectivamente no pasaría el nivel de preescolar en lo que se refiere a convivencia cívica. Somos una sociedad que no concibe que lo que no está prohibido no necesariamente está permitido. Somos una sociedad que en su comportamiento no se diferencia del nene que se come todas las galletitas porque ni vio un cartel que diga que está prohibido, ni le dijeron que no podía comérselas todas.

¿Qué posibilidad tenemos de respetar las leyes si nosotros, como sociedad, no entendemos que hay cosas que sencillamente no podemos hacer? Somos una nación de pendejos y apendejados, a los que nos hubiera venido bien una buena cachetada de nuestros padres

Una sociedad sólo puede funcionar cuando todos sus miembros comparten un consenso sobre lo permitido, lo aceptable y lo prohibido que trasciende lo que dicen las leyes por escrito. Cuando todos los miembros de una sociedad operan con la creencia de que mientras no se los agarre y mientras no lo prohiba alguna ley, todo es posible, la sociedad misma está condenada.

En este sentido se encuadra uno de los legados más perversos de los Kirchner: su tendencia a pervertir la ley mediante el expediente de ir siempre al límite de lo prohibido. ¿Había alguna ley que prohibiera efectivamente las candidaturas testimoniales? No la había, porque nadie en su sano juicio podía pensar que hubiera candidatos que ya de entrada adelantaran que no asumirían sus bancas. Siempre jugando al borde, siguiendo el eterno impulso del argentino a hacer todo lo que la ley no prohibe, pero que sí lo prohibe la decencia.

Romper esos límites, destruir en el inconsciente colectivo la percepción de que hay líneas que no se pueden cruzar, consagrar la idea de que en pos de la victoria todo es posible siempre que no se viole la letra de la ley aunque se abuse de su espíritu, es uno de los daños más perversos que los K le han hecho a la sociedad argentina.

Y es un daño que nos llevará años revertir, y que hasta que no lo revirtamos, no podremos salir adelante.

Veremos si la sociedad argentina logra salir adelante y empezar a caminar hacia arriba en vez de seguir barranca abajo. No sólo en la economía, sino en lo institucional y en nuestra relación con lo público y las leyes. Quisiera ser optimista, pero nada me hace pensar que pueda serlo.

Aunque ya una vez pudimos hacer algo grande de este país. La posibilidad está, y la historia nos confirmó que es posible.

Está en nuestras manos.

Muy feliz 2010 para todos ustedes.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Ensalada navideña

Lo previsible

Cuando estatizaron las jubilaciones, los que estábamos y estamos en contra de ese choreo monumental dijimos que para lo único que iba a servir era para darle al Gobierno K una caja millonaria para usar como se le viniera la gana. Si era para un proyecto clientelista, tanto mejor. Este año nos demostró que "la platita" de "nuestros abuelos" se usó para todo lo que se le cruzara por la cabeza a la parejita perversa, menos para lo que debía ser usada. Es que la ANSES es la alcancía privada de los K, quéseleváser.

Cuando estatizaron Aerolíneas, los que estábamos y estaremos en contra de la resurrección de una incompetente empresa estatal dijimos que iba a servir únicamente para acomodar amigos del poder en puestos ejecutivos, para dar servicios exclusivos a los allegados al matrimonio y para volver a afanar millones en contratos dudosos. Y los múltiples y vacíos vuelos semanales a Caracas, el vuelo privado que usaron los directivos de la empresa y sus amigos para ir a Montevideo a ver Argentina-Uruguay, el nombramiento de eminencias aeronáuticas como el hijo de Recalde y no sé quién más, y el escándalo de sobreprecios (o "precios políticos", según el sincericidio de la Tarada) por los aviones de Embraer, nos dieron la razón.

Cuando aprobaron la Ley de Medios K, los que estábamos y estaremos en contra de esa monstruosidad dijimos que iba a servir únicamente para crear el multimedios K y dar los otros medios a los chupamedias de siempre. Y desde los emprendimientos mediáticos del imbatible dueño de Pravda/12 y El Argentino (se me escapa el apellido), pasando por el nuevo multimedios de aire K que integrarán Canal 7, Encuentro, Paka Paka, Incaa TV y Télam TV, sin mencionar Telesur, además de los rumores de compra de Telefé o de Canal 9 por parte de los chupamedias de siempre, y sin olvidarnos de la bochornosa composición de los organismos de control, toda la experiencia de la "Ley de la Democracia" nos dio la razón.

No es por habilidades excepcionales. Es que en la Argentina cosas como estas son previsibles desde el momento en que se las propone.

Pero la lógica argentina, como lo dicen los amigos de El Opinador Compulsivo, es que "esta vez seguro que sale bien".

La desmesura

Se creía omnipotente el tuerto.

Quiso presentarse como candidato por un distrito en el que no cumplía los requisitos, y pudo hacerlo. Perdió como en la guerra.

Arrastró a un montón de arrastrados como "candidatos testimoniales" (o "de mentiritas", como diría el Chavo del Ocho), y todos terminaron huyendo como ratas por tirante.

Se creía tan poderoso que pensó que aliarse con impresentables como Moyano, D'Elía y Bonafini le iba a servir, y así le fue.

Le declaró la guerra a todos los medios de comunicación del país, y ahora los únicos que hablan bien de él son Canal 7, Télam, Pravda/12 y El Argentino. Y le llueven los juicios y fallos en contra a su "ley de medios de la democracia".

Pensó que podía prepotear aún estando en minoría, y la oposición le escupió tanto el asado en la Cámara de Diputados que todavía siente el gusto a saliva en el paladar.

Y todavía dice que lo suyo de este año "no fue una derrota".

Así les va a los desmesurados.

Avatarado

Ahora resulta que Avatar, el nuevo megaproyecto de James Cameron, es en realidad una insufrible e interminable fábula ecologistoide en donde los humanos, o más bien los empresarios y militares, son los malos que invaden otro planeta y quieren acabar con una pacífica raza de indígenas extraterrestres que viven en permanente contacto con la Madre Gaia (o como se llame allá) y en armonía con la naturaleza, sólo para extraer un mineral que pueda ser vendido en la Tierra.

Aparentemente, la película muestra una batalla épica en donde estos indígenas aliens, montados en extraños bichos voladores, son capaces de derrotar a los Marines humanos y su avanzada tecnología en lugar de ser exterminados como le corresponde a cualquier fuerza idiota que quiera enfrentarse con arcos, flechas y garrotes a un ejército con armas de fuego.

Eso sí, toda esta fábula ecologista que lamenta la desconexión de los humanos con la naturaleza, la ambición y codicia empresarial y la brutalidad militar viene envuelta en lo último de la tecnología de animación por computadora, y acompañada por una potente campaña de marketing.

La hipocresía de Cameron nos exime de mayores comentarios; lo único que voy a decir es que, de no ser por los desarrollos que proporcionó el capitalismo occidental que tanto parece odiar, hubiera tenido que hacer Avatar con las técnicas de animación de "Obrero y Parásito", aquel inimitable corto del universo de Los Simpsons sobre el gato y el ratón favorito de Europa del Este.

Improvisado

Mauricio Macri lo es. Y en grado sumo.

Después de la triste historia de la Metropolitana, en la que le regaló una pelota en el área con el nombramiento de un procesado como cabeza de la nueva fuerza, y de la marcha atrás (je) con lo del matrimonio gay, que pareció un ejemplo de libro de texto sobre lo que hay que hacer para inflamar a la oposición y alienar a los propios votantes, Macri nos regaló el triste y bochornoso affaire Posse.

Si tu ministro abre la boca y te "marca la cancha" en temas sobre los que no querés hablar, le mandás la orden perentoria de callar la boca lo antes posible. Si el tipo que nombrás tiene capacidad para la tarea, lo sostenés; si no, no lo nombrás. Si lo considerás políticamente relevante, lo sostenés contra viento y marea como hacen los K con el impresentable de Aníbal; si es un lastre y sabés que es un lastre, ni lo nombrás.

Pero no. Otra vez Mauricio demostró que es un improvisado y una gran decepción. Otra vez dejó picando la pelota en el área, esta vez en beneficio de los inmundos e impresentables sindicalistas de la "educación pública" porteña.

Si el tipo quiere llegar a Presidente, más vale que ponga las barbas en remojo.

De lo contrario, que ni piense en presentarse.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Libertad y estatismo

En lugar de deprimirme hablando sobre la pseudo-amenaza de muerte que recibió la Yegua-Pescado (todavía me río de la imagen de tres o cuatro militares octogenarios retirados jodiendo con un walkie-talkie para agarrar la frecuencia del helicóptero presidencial y poner "Avenida de las Camelias", o sobre cómo Aníbal Fernández se cree más ducho en derecho que la Corte Suprema de Justicia de la Nación, voy a limitarme a acercarles extractos de un texto que leí por estos días, de un autor norteamericano llamado Victor Davis Hanson, que tiene la rara y apreciable virtud de la claridad en la exposición. La traducción del inglés original es mía.

Porque a veces, hace falta poner las cosas en los términos más claros y concretos posibles, y no dejarse llevar por los devaneos y sanatas típicas de intelectual francés desocupado a las que apelan los progres, y que lo único que hacen es revolver el río para que ellos ganen como pescadores.

La larga marcha de California a Copenhague

Todavía estamos en un gran debate público entre el capitalismo y el socialismo, la libertad individual versus el estatismo, algo extraño teniendo en cuenta que cientos de millones en todo el mundo han escapado de la pobreza en los últimos 30 años gracias a la difusión del libre mercado de inspiración occidental.

Muchos escogen su lado del debate en base a su propia situación. A veces los más independientes y seguros que han florecido con el capitalismo lo promueven, mientras que los más dependienes que no pudieron lo detestan.

En otras oportunidades es la mente realista enfrentada a la idealista. Y también podemos concebir la división como una dicotomía antigua entre la visión trágica y la terapéutica: o el hombre nace como una criatura lamentable y debe fortalecerse a sí mismo a través de la negación de los apetitos, o es por naturaleza maravilloso pero corrompido por las cargas que le impone la sociedad.

Por un lado, están aquellos que creen que la libertad personal y social le ganan al igualitarismo y a la fraternidad. Nah, no creen en dejar morir a los menos exitosos, pero buscan ayudar a quienes no les va tan bien en el escenario abierto mediante tres mecanismos:

1) un gobierno limitado que sólo en casos extremos ayudaría únicamente a los necesitados, a los enfermos, a los discapacitados y a los mayores de edad (no más asistencia social para la autoestima o becas estudiantiles de seis años);

2) confianza en la capacidad de emprendimiento, en la libertad de acción, y en la empresa privaa para llegar a un crecimiento económico real que agrande la torta en lugar de estar eternamente discutiendo por los pedazos de un todo que disminuye;

3) una cultura de la vergüenza que hace que los más exitosos ayuden a los menos en su familia, en su comunidad y en su nación a través de la filantropía y la donación privada.

Del otro lado están aquellos que desean un gran gobierno para asegurar la igualdad de resultados. Su noción es que la responsabilidad personal, el talento, el comportamiento, la suerte, el destino, etcétera, no determinan por sí mismos por qué a alguien le va bien y a otro no tanto. En lugar de eso, está la insidiosa opresión racial, de género y de clase en todos lados, siniestras fuerzas activas que conspiran para mantener abajo a aquellos que de existir un sistema justo florecerían.

Por lo tanto un gran gobierno paternalista, omnisciente y omnipotente debe entrar en escena, sofrenar a los caballos salvajes, domarlos y ponerles el arnés para que tiren de la carreta colectiva. Al final del día, aquellos que disfrutan trabajar muchas horas, comenzar nuevos negocios o asumir riesgos pueden seguir haciéndolo por el puro placer de hacerlo; mientras otros que eligen no hacerlo acabarán teniendo la misma casa, el mismo auto, la misma cobertura médica, la misma universidad y las mismas oportunidades de viaje. ¿Acaso el hijo al que le gusta estar tirado en casa los sábados a la mañana debe quedarse sin comer, sólo porque no ayuda a su hermano a cortar el césped? ¿Es más feliz por su vagancia, o mejor el otro por su esfuerzo?

Una clave para entender la mente estatista es el convencimiento de que la compensación es inherentemente injusta: ¿por qué un neurocirujano que extrae exitosamente 3 meningiomas por día debe cobrar más que el pobre empleado de limpieza que le pasa el trapo al linóleo entre las operaciones? El primero obtiene un mayor status de cualquier manera, ¿así que por qué profundizar la herida de la desigualdad dándole una paga desigual al otro?

(...)

En realidad, en cierta manera, la economía mundial depende diariamente de que algún ingeniero, granjero, arquitecto, vendedor de radiadores, camionero o plomero se levanten a las cinco de la mañana, vayan a trabajar, se esfuercen duro y produzcan verdadera riqueza para que un enjambre de burócratas, reguladores y redistribuidores puedan manejar la correcta asignación de buena parte de la riqueza natural producida.

Todo el sistema, desde California hasta Copenhague, seguirá funcionando mientras las clases productivas sientan que todavía hay incentivos para levantarse de la cama a las cinco de la mañana. Cuando no lo sientan más, se cortará la corriente que alimenta miles de engranajes y palancas, y el mundo se parecerá más a Ecuador o Somalía que a los Estados Unidos.

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¡Hasta la próxima y muy Feliz Navidad para todos ustedes!

sábado, 12 de diciembre de 2009

ARBA, Júpiter, los Pomar y la incompetencia del Estado

No sé si las han notado, aunque creo que sí dada la manera en que supieron invadir la Interné y los medios, pero la Gestapo fiscal bonaerense llamada "Agencia de Recaudación Provincia de Buenos Aires" ha lanzado una campaña publicitaria que, como de costumbre, exalta sus capacidades y la tecnología que tiene a su disposición para la noble tarea de divorciar a un ciudadano de su dinero.

Una de estas propagandas, con un tono que recuerda a las advertencias de "La resistencia es fútil" de los Borg de Viaje a las Estrellas (este fue el momento nerd de hoy), le pregunta al contribuyente que cómo se le ocurre pensar que ARBA no va a encontrar su pileta no declarada si ellos usan la misma tecnología que se emplea "para estudiar el suelo de Júpiter" y "el agua de Marte".

¿El slogan de la campaña? "ARBA: Un Estado inteligente para una sociedad más justa".

¿Ven el problema?

¿Todavía no?

¿Quieren ir a hacerse un Nesquik y pensarlo mejor? Yo los banco por acá.

Bueno, che, acá va el problema que los publicistas de la Gestapo fiscal ignoraron:

JÚPITER NO TIENE SUELO. ES UN GIGANTE GASEOSO. NO ESTÁ COMPUESTO POR MATERIA SÓLIDA, SINO POR HIDRÓGENO Y HELIO EN DISTINTOS ESTADOS DE CONDENSACIÓN. CARECE DE UNA SUPERFICIE DEFINIDA QUE LOS MODERNOS MEDIOS DE DETECCIÓN DE ARBA PUEDAN ESTUDIAR.

El "Estado inteligente" desconoce información disponible en un manual de Geografía de primaria, y encima presenta ese desconocimiento como un éxito y como base de la razón por la cual resistírsele es fútil. Ese es el mismo Estado que quiere tu dinero porque te dice que sabe cómo gastarlo mejor en beneficio de los demás.

Si piensan que estoy siendo pijotero, no se los descarto, aunque el Estado argentino en sus distintos niveles no merece más que desprecio, sorna y el máximo pijoterismo que pueda lograr. Pero no les costaba nada a los pelotudos de ARBA, en interés de la credibilidad y respeto que quieren hacerse imponer entre los contribuyentes, chequear bien los datos.

Podían haber hablado de la atmósfera de Júpiter, que la tiene de sobra, o del suelo de Venus, que existe de verdad y que de verdad requiere de avanzada tecnología para poder ser estudiado, al estar cubierto el planeta entero por una atmósfera densísima de nitrógeno, dióxido de carbono y nubes de ácido sulfúrico. O sea, la composición habitual del aire que se respira en la Casa Rosada y en el Congreso, por no decir lo que tiene la Presidenta y su gabinete entero entre las orejas.

Por supuesto, no descarto que la voracidad fiscal del sector público argentino llegue al extremo de poner un impuesto al uso del hidrógeno de Júpiter como combustible, o establecer retenciones a la importación de las algas que se especula que existen debajo de la superficie de Europa, una de la lunas de Júpiter. Dios sabe que ya le han asestado impuestos a todo lo que vive, respira, se mueve y crece en la Tierra.

...

OK, al principio, este post iba a quedar así en la joda e iba a tratar de extraer conclusiones a partir de ello. Sin embargo, nunca pensé que el Estado iba a darme una muestra de su manifiesta e irrecuperable estupidez que fuera en idénticas partes brutal y cruel, y que a la vez dejara en claro que si hay algo que no tiene, es la cualidad de "inteligente".

Me refiero, claro está, al caso Pomar. Qué manera de pasar del grotesco de una propaganda con un error científico increíble a un caso de incompetencia supina.

Las fuerzas de seguridad del Estado inteligente para el que ARBA pretende recaudar más fueron incapaces de encontrar en 24 días un auto volcado a quince metros de la ruta que la familia "desaparecida" usaba rutinariamente, la misma ruta que anunciaron que iban a usar para ese viaje, la misma ruta en donde se los vio en dos oportunidades tras pasar por puestos de peaje (lo que además disminuía el tramo en donde era factible la búsqueda), la misma ruta en donde en dos oportunidades se llamó al 911 para avisar de un auto volcado.

En 24 días de frenética cacería humana, el Estado bonaerense fue incapaz de encontrar un auto volcado que estaba a la vista de todo el mundo en el primer lugar en donde tendrían que haber buscado.

¿Vieron alguna vez un fractal? ¿Esas figuras hiperdetalladas en las que su diseño básico se repite hasta el infinito en todas las escalas a las que se lo puede ver? Bueno, el caso Pomar es un caso fractal: cada nueva ampliación y acercamiento al mismo nos muestra un nuevo, glorioso e increíble conjunto de detalles de incompetencia, repitiéndose y repitiéndose ad infinitum et ad aeternum, per omnia saecula saeculorum.

El nivel de incompetencia exhibido en todos los detalles del caso es tan atroz y tan generalizado que, si estuviéramos viviendo en Japón, a los involucrados desde la DDI hasta el Ministerio de Seguridad no les quedaría otra salida honorable más que el suicidio ritual.

La impecable reflexión sobre el caso que hizo el Groncho que termina con una hipotética defensa de Stornelli en la que afirmaría que estaban buscando un Duna con una familia adentro y no un auto volcado en la banquina no sólo es graciosa, sino que da de lleno con el nivel de los argumentos con que se defiende el Estado argentino cuando se le echa en cara sus rotundos y absolutos fracasos. En eso, Stornelli no se diferencia de Aníbal Fernández, ese ser que yo empiezo a ver cada día más como la corporización perfecta del Estado Argentino.

¿Es éste el Estado Inteligente al que le tenemos que dar plata para lograr una sociedad más justa? Lo mejor que puede hacer el contribuyente bonaerense es guardar su plata lejos de las garras de ARBA o del molusco inútil de Daniel Scioli y, si quiere efectividad contra la delincuencia, armarse por su propia cuenta u organizar su propia defensa con los vecinos de su barrio, porque de un Estado inútil que no sirve ni para espiar, no puede esperar absolutamente nada.

He ahí el Estado Inteligente que Supimos Conseguir para el Gran Pueblo Argentino Salud. Una mole bruta, obesa, indolente, incapaz, orgullosa de su incapacidad en lugar de avergonzada, atrofiada en sus partes útiles y desmesurada en sus desperdicios, deseosa de hacerlo todo cuando es inútil para las funciones básicas que debe llevar a cabo, e insaciable en su voracidad y hambre de más y más dinero para desperdiciar en Dios sabe qué cosas.

Ah, y que cree que Júpiter tiene suelo.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Do not feed the penguins

Realmente no sé qué pensar.

No me malinterpreten, disfruté como un loco el ver cómo por una vez en la vida la oposición le escupía la fiesta a Néstor Kirchner y sus secuaces en la mismísima Cámara de Diputados y obligaba al Néstor a bajar al recinto con la frente marchita. Escuchar a Agustín Rossi lloriqueando y exigiendo que no se le impusiera una "rendición incondicional" al bloque del Frente para la Victoria's Secret cuando él había hecho aplicar la regla de la mayoría a rajatabla para que "no se toque ni una coma" durante seis años fue un gusto digno de los dioses.

Pero les voy a ser honesto, me quedé con ganas de más. Los quería aplastados como cuis en la Ruta 2.

El mal gusto de seis años de prepotencia, patoterismo y servilismo abyecto no se va sólo porque le hayan juntado un quórum en contra a los kirchneristas. La oportunidad era perfecta para humillar a los pingüinados, para hacerles sentir el peso de la mayoría como tantas veces ellos lo hicieron, para reducirlos a una irrelevancia parlamentaria desde la que no pudieran dañar al país como lo vienen haciendo desde el 2003.

Era el momento perfecto, sobre todo después de seis meses en los que hicieron lo que se les cantó el culo, para hacerles sentir con toda la furia el odio y el desprecio que fueron cosechando en la sociedad argentina.

Como mínimo, se lo merecían.

Creo personalmente que la oposición se equivocó feo al darle a los kirchneristas el changüí de tener la presidencia y la mitad menos uno de las comisiones principales, y una de las vicepresidencias de la Cámara. Creo que pecaron de generosos con esa oferta, especialmente al hacérsela a una facción política que no hubiera dudado en aplastarlos por completo si las circunstancias hubieran sido diferentes.

Néstor Kirchner no es un Tony Blair que se ajuste a reglas parlamentarias. Es un animal, un patotero y un ser despreciable que no entiende de apego a las reglas, caballerosidad o decencia. En cuanto vea una grieta por la que se pueda meter, la va a abrir con todas sus fuerzas y va a asestar un golpe durísimo. Y ahí nos vamos a arrepentir todos, vamos a preguntar primero cómo puede ser que un tipo políticamente muerto como él se haya recuperado, y después vamos a putear a los que le tendieron la mano cuando debieron haberle dado el tiro político de gracia.

No estoy verseando. Lo vimos después de la 125 con la estatización de Aerolíneas y de las AFJP. Lo vimos después del 28 de junio con la Ley de Medios, los superpoderes, la emergencia económica y la reforma política. Cada vez que con justificada alegría festejamos la implosión política kirchnerista, los meses siguientes nos mostraron a un kirchnerismo zombie pero activo. Y con tremenda capacidad de daño.

Mucho me temo que lo único que logró la oposición con las autoridades consensuadas fue darle un nuevo respiro a Kirchner. Y como siempre, él va a agradecer la gentileza con traición. Está en su naturaleza, no lo puede evitar. Mal bicho nació, mal bicho es y mal bicho seguirá siendo hasta el día en que estire la pata.

Quizás las condiciones excesivamente generosas (aclarando que para mí ya es excesiva generosidad siquiera darles a los kirchneristas la oportunidad de opinar sobre la conformación de la cámara) que ofreció la oposición se deban a que el consenso logrado no daba para nada más fuerte. Hipótesis creíble considerando que el quórum opositor incluía al asesino de Miguel Bonasso, a la aborrecible Victoria Donda y a la banda de alegres bolches mercenarios de Macaluse y Lozano.

Quizás la oposición le dio al kirchnerismo una clemencia totalmente inmerecida habida cuenta de que Kirchner seguirá estando en el gobierno a través del títere de su esposa, y que su capacidad de daño es inconmensurable. Quizás pensaron que no estaba el horno para los bollos que podía provocar un Kirchner arrinconado y golpeado. Quizás pensaron que así evitaban el riesgo cierto y creíble de que Néstor, a través de la módica Cristina, intentara un Fujimorazo Nac&Pop y gobernara por decreto por el resto de su mandato... o incluso después del mismo.

O quizás quisieron dar una muestra de superioridad. Mostrarse como tipos bien paridos en comparación con los detritos humanos que siguen a Néstor. Presentarse ante la sociedad como gente más abierta al diálogo, a la negociación y a la convivencia sana con gente que no piensa como ellos. Aparecer, en suma, como mejores que los Kirchner y sus seguidores.

Quizás las tres razones que mencioné arriba hayan sido la motivación detrás de un acto de generosidad que a partir de ellas intelectualmente pueda comprender, pero emocionalmente no.

Quizás hayan tenido razón al hacer las ofertas que hicieron, y quizás las consecuencias del mismo sean mucho mejores que las que yo imagino.

Quizás ellos hayan tenido razón y yo simplemente esté equivocado, y hable desde el resentimiento que esos seres me despiertan, y de la precaución que me impone haber visto tantos bifes que le propinaron a la sociedad cuando ésta pensaba que podía respirar tranquila.

Ojalá.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Contra la onda verde

Salgamos un poco de la escena política local, tan cargada de miserias y miserables, de mediocridades y mediocres, y vamos al curro de moda en todo del mundo: el ambientalismo.

No soporto el ecologismo y todos sus derivados: los loquitos prepotentes de Greenpeace, la pedantería de los veganos, la condescendencia de los ambientalistas, el esnobismo de esa farándula que busca siempre nuevas causas para sentirse menos culposos sobre su dinero, el oportunismo de los políticos que descubren el ambientalismo cuando presentan nuevos proyectos de impuestos, y el tremendismo de tantos horangeles sueltos que andan necesitando un nuevo apocalipsis de vez en cuando para mantener el curro.

Una cosa es hacer un uso sensato y racional de los recursos así se hace un empleo más eficiente. Una cosa es mantener limpio el ambiente privado y el espacio público; ser limpio es de bien parido. Una cosa es no ser sádicos y no provocar sufrimiento innecesario a las criaturas vivas, más allá del necesario para nuestra supervivencia y prosperidad.

Otra cosa muy distinta es la religión medioambiental. Sí, la llamo religión porque eso es lo que es: un culto druídico, vivido de manera inconsciente o consciente, que sostiene que hay una diosa llamada "Tierra" o "Naturaleza" a la que ofendemos con nuestra pretensión de vivir mejor y que por eso nos "castiga" con sequías, huracanes y sudestadas con desbordes del arroyo Maldonado, y que lo seguirá haciendo hasta que veamos la luz y volvamos todos a la feliz e idílica época en la que vivíamos en armonía con la naturaleza, cazando y recolectando... esa misma era que amamos tanto como para convertir a nuestra civilización en una verdadera historia para escapar de ella.

Otra cosa muy distinta a ser sensato es el pedo mental que padecen tantos pajaritos, por influencia de unos cuantos turros que se llevan guita de arriba con este curro, que parecen creer que vale lo mismo la vida de un ser humano que la del armiño moteado de González Catán o como se llame la criaturita de moda en cuyo nombre no podemos extraer minerales, construir casas o sembrar campos.

Y si piensan que exagero, esperen a ver a los que creen que un ser humano vale menos todavía que el buen armiño, o incluso alguna planta. Ni hablar de esos hijos de puta, porque no les cabe otra descripción, que creen que lo mejor que le podría pasar al mundo es que palmen de una vez unos cuantos miles de millones de personas... o todos... para que vuelvan a florecer los picudos algodoneros y todo el resto de la fauna, libres ya de los demonios humanos.

Somos la especie dominante, muchachos. No lo digo yo, lo dice la naturaleza misma (¡ja!). Predominamos y prosperamos no sólo porque nos adaptamos al ambiente, sino porque lo adaptamos a nosotros. Lo hicimos nosotros como lo pudieron haber hecho los orangutanes o los chimpancés si se hubieran avivado primero.

En fin, como todo buen culto, el ambientalismo inventó su propia versión del Apocalipsis: el cambio climático por causas humanas. Al diablo con los cuatro jinetes clásicos, para los ecologistas, los nuevos jinetes son la industria, la libertad, la ciencia y el progreso. Si no enmendamos nuestros males, la Diosa Gaia nos va a hervir a todos en la sartén del cambio climático y nos va a liquidar en una serie de cataclismos como los que pinta "El Día después de Mañana".

Y del apocalipsis vinieron colgados los políticos. Cuándo no. Manga de inútiles vendedores de humo, incompetentes para todo excepto para decirles a los demás cómo tienen que vivir, ratas iletradas y oportunistas que viven colgándose de cada nuevo curro que aparece. Ahora, con el ecologismo, están en su salsa: ¿quién podría negarse a pagar nuevos impuestos o a someterse a sus absurdas regulaciones si con eso se "salvaría al mundo" de un "desastre"?

Y son todos iguales en su oportunismo y codicia, sean del partido que sean, llámense Al Gore o Cristina Kirchner. Todos ellos van a las cumbres de la ONU y ponen cara de circunstancia, contentos ellos porque van a poder lucrar más impuestos y contentos los de las Naciones Unidas porque al fin intuyen que encontrarán una "utilidad" que les permitirá currar de lo lindo y decirles a los demás cómo vivir sus vidas, todo en pos del paraíso políticamente correcto que sueñan los progres.

Sólo que ahora es peor: ahora los políticos persiguen abiertamente la imposición de una ideología que considera bueno el atraso en todas sus formas.

Es por eso que tanto me estoy cagando de la risa con el escandalete de los mails que prueban que el equipo británico que "demostró la verdad" del cambio climático se la pasó truchando datos, acomodando números y suprimiendo evidencia contraria para poder dejar bien prolijito el "relato" que después los políticos usarían para vender miedo a cambio de dinero. La misma manga de hijos de puta que en nombre de la "ciencia" intentaron inventar un "consenso" con visos de dogma religioso, resultó ser un conjunto de ladrones de gallinas y truchadores dignos del INDEK.

Y en nombre del "consenso sobre el cambio climático", todos los idiotas útiles y los idiotas interesados se movilizan para defender la veracidad de los datos truchos y el honor de los ladrones de gallinas. Todos repiten el mismo verso, gritándolo un poco más fuerte para ganar tiempo hasta que Barack Obama, Ban Ki-moon y el resto de los turros se junten en Copenhague a chupar y pensar nuevas maneras de cagar nuestras vidas en nombre de la Madre Naturaleza.

El tema es que ya les están cascoteando el rancho: los cimientos de su "evidencia" están bien podridos.

Una vez más queda demostrado que el dogma progresista es un verso, y que hay dos categorías de progres: los hijos de puta que inventan el verso y que lo venden, y los giles que lo compran y lo creen de buena fe.

Insisto, cómo me estoy cagando de la risa.

sábado, 21 de noviembre de 2009

De ingenuos, improvisados y pinchateléfonos

Viene siendo hora de hablar un poco del papelonazo de la Policía Metropolitana.

Ahora, como de costumbre, quiero dejar bien claro en donde estoy parado yo. Soy un tipo que votó cinco veces a Macri: en primera y segunda vuelta de las elecciones a jefe de Gobierno de 2003 y 2007, y para diputado nacional en 2005. En esas tres oportunidades voté por convicción: la convicción de que era preferible a las alternativas, sean éstas el inmoral y degenerado de Aníbal Ibarra (2003), el pedante e insufrible Rafael Bielsa (2005), o el insípido y teledirigido Daniel Filmus (2007).

Hasta el momento, pienso que sin haber sido todo lo bueno que pudo ser, el gobierno de Macri ha sido bastante mejor que lo que han sido otros anteriores. Es un gobierno bastante improvisado, que por momentos pierde el empuje y cede demasiado rápido, pero que intentó atacar problemas como el exceso de empleados públicos, la limpieza del espacio público y la seguridad. Mucho quedó en el tintero, por errores propios y picardías ajenas; no es nada fácil gobernar la ciudad teniendo a los Kirchner de invitados.

De entrada, no se le murieron 194 personas en un incendio exacerbado por la falta de controles, la corrupción y el descalabro del sistema de emergencias, como le pasó a Aníbal Ibarra, que no entiendo cómo tiene todavía cara para hablar cuando la única acción que por decencia debe tomar tendría que ser vestirse con harapos y exiliarse en el desierto de Atacama.

Estoy convencido de que la Ciudad necesita una policía propia. Es un despropósito que de los 24 distritos de la República, el único que no cuente con la posibilidad de instrumentar su propia política de seguridad y control del espacio público sea el que contiene a la ciudad con más habitantes, más densidad de población y mayor ingreso per cápita. Es una verdadera barbaridad que la seguridad de los porteños dependa de que haya buen feeling entre Bolívar 1 y Balcarce 50. Y, de última, como se quejan muchos impulsores de la teoría del complot porteño para controlar el país, que el resto de la República pague el servicio de seguridad de los porteños es un despropósito.

Hasta ahí mi postura. Bastante larga me salió.

Habiendo dicho todo eso, vamos al papelón del espionaje. Claramente, lo que sale de esto es que los dos grandes pecados del macrismo en toda esta estupidez han sido la ingenuidad y la improvisación. Son dos pecados mortales en política, y en la política argentina directamente condenan el alma al infierno.

Macri se comportó con una inenarrable e imperdonable ingenuidad en todo este asunto. La primera muestra fue haber puesto las manos en el fuego por un tipo como el "Fino" Palacios. Debería haber aprendido de los Kirchner que sólo podés bancar semejante defensa de amianto si sos un caradura absoluto y si tenés los medios para hacerle la vida imposible a tus críticos. Fuera de eso, así como no se debe irritar tanto al enemigo como para no poder hacer las paces después, no hay que inmolarse en defensa de nadie que más tarde tengas que dejar ir con el rabo entre las patas. Y la improvisación en este caso pasó por tomar a alguien como Palacios, que por más inocente de lo que se le acusa que pueda ser, ya quedó inhabilitado para el cargo por estar indagado y procesado.

"La mujer del César no solo debe ser honesta sino también parecerlo". No hay ninguna novedad en esto.

La segunda muestra de ingenuidad e improvisación pasó por la reacción del gobierno de la Ciudad en todo este asunto. Confiar en que "el tiempo" se iba a llevar todo el papelón al olvido es subestimar el hecho de que, al ser él uno de los figurones más importantes de la política, la dinámica política y mediática no iba a dejar pasar este hecho como tantos otros. Y aún si hubiera podido hacerlo, no faltan interesados en serruchale el piso al intendente.

Más todavía cuando del otro lado, de una manera u otra, está Néstor Kirchner. El marido presidencial es un experto en agarrar hasta el menor resquicio que pueda para explotarlo, y al dejar el flanco de las escuchas telefónicas medio al aire y esperando que con meter a Burzaco como jefe bastara para que desapareciera, Macri le dejó la pelota picando en el área a los K. No importa que los encargados de patear la pelota hayan sido los impresentables de Caníbal Fernández y Floppy Randazzo, o que los Kirchner sean la Stasi de Alemania Oriental en comparación con la Metropolitana: lo que importa es que la pelota estuvo libre para que la patearan, y que la culpa de eso, por acción y por omisión, es de Macri.

Si Macri quiere no ya ser candidato a presidente en 2011, sino llegar a 2011 con posibilidades de ser algo más, necesita hacerse a la idea de que la política argentina no le va a tolerar tantas improvisaciones y excesos de "ingenuidad", por no llamarla de otra manera. No basta con marketing, publicidad y el carisma de Gabriela Michetti para ser presidente de la nación. Hace falta astucia e inteligencia. Viveza no; como bien se lo definió, el vivo es aquel que sabe salir de problemas en los que un inteligente no hubiera caído. Macri necesita ser vivo ahora, pero inteligente para el futuro.

Por último, sobre la Policía Metropolitana. Creo que este escándalo, lejos de herir de muerte a la Policía de la Ciudad, la va a fortalecer. Convengamos en que picardías serias como las de Palacios, Chamorro y Ciro James son endémicas a las instituciones policiales. Es preferible, entonces, que se las detecte en la etapa de formación de la Metropolitana y se las extirpe allí mismo, antes de darles la oportunidad de crecer y pudrir lo que puede ser una salida positiva para la inseguridad.

Las propuestas de la oposición porteña de volver a cero con la formación de la Metropolitana deben ser ignoradas, no sólo por el desperdicio de dinero y recursos, que representarían sino también porque se pierde la oportunidad de detectar desde temprano un mal endémico que azota a las instituciones de seguridad de la Argentina y de ensayar respuestas correctivas en el momento más crucial de todos: en la conformación de la fuerza, una fuerza cuyo nacimiento y desarrollo es un acto de justicia para la Ciudad y una inevitabilidad histórica.

Saludos.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Aclarando las confusiones

Uno de los principales problemas que enfrentamos es que no tenemos una clara idea de los fenómenos que tienen lugar alrededor nuestro. Tan malo o peor que el oscurecimiento de la realidad es la distorsión de los conceptos, y de las naturalezas mismas de las distintas realidades con las que diariamente nos encontramos.

La gravedad es clara: ¿cómo combatir contra algo si no sabemos bien lo que es? O peor aún: si creemos que es algo completamente distinto a lo que es en realidad.

Por ejemplo, veamos una pregunta que ha atormentado a analistas, politólogos, periodistas e interesados en la Argentina desde hace ya más de sesenta años: ¿qué es el peronismo? ¿Cuál es la naturaleza de ese fenómeno político que ha dominado la vida política argentina sin la menor semblanza de una ideología concreta o de una estructura partidaria sólida y definida?

De boca de los propios peronistas no vamos a tener una respuesta clara: para ellos, les basta con repetir con tono vagamente religioso que lo suyo es "un sentimiento", "una mística", "un movimiento", y otras tantas cosas que conmueven pero que no nos dicen nada.

La verdad que los peronistas se encargan tanto de ocultar es que su "movimiento" es algo mucho más mundano y oligárquico que lo que ellos quisieran que creyéramos. Veamos si no cuáles son los grandes jugadores del peronismo: gobernadores provinciales, intendentes locales, líderes sindicales y empresarios de la "burguesía nacional".

¿Por qué ningún otro partido puede gobernar en la Argentina, salvo el peronismo? Porque si lo intentara, los gobernadores conspirarían en su contra, los intendentes arrearían a los clientelizados, los sindicatos vivirían de paro y los "empresarios" (uso la palabra entre comillas porque se supone que el empresario acepta operar a riesgo, sin depender de la protección eterna de papá Estado) joderían a más no poder.

¿Qué es el peronismo? Lisa y llanamente, el peronismo es la alianza de los grandes grupos de poder de la Argentina. Su faz "política" en sentido limitado, es decir como entidad partidaria-electoral-legislativa, es sólo la manifestación de esa alianza en el campo de lo político institucional.

Mientras no entendamos que el peronismo agrupa a todos aquellos grupos sin los cuales las cosas no se mueven en la República Argentina, no vamos a encontrar una manera de superar la existencia del peronismo. Es gracioso, porque nadie más que los peronistas han declamado la existencia de una oligarquía en nuestro país, siendo que ellos mismos son la oligarquía más perfecta y poderosa que ha conocido la Argentina.

O podemos sino hablar de la izquierda. ¿Cuál ha sido uno de los mayores triunfos de la izquierda en la historia reciente? Posicionarse como "los buenos" de la película.

¿No me creen? ¿Por qué "derecha" es un término despectivo mientras que ser de "izquierda" pareciera ser una especie de certificado de moral y decencia? ¿Por qué mientras se condena al nazismo por sus crímenes inmundos, la barbarie comunista todavía despierta nostalgia?

Porque la izquierda ha logrado que se acepte la existencia de dos tipos de colectivismos: el suyo propio, que muestra como el epítome de la bondad y del progreso humano, y el "de derecha", que usa convenientemente como depósito de todas las perversiones y monstruosidades que trae el colectivismo. Los "colectivistas de izquierda" nos muestran los horrores del "colectivismo de derecha" y nos dicen que la razón de esos horrores está en su condición de "derecha", no en la naturaleza colectivista que comparten.

Así mismo, debemos rechazar la dicotomía "izquierda-derecha". Tanto la izquierda como la derecha, en sus formas extremas, son concepciones colectivistas que sostienen lo mismo: que la suma total de los habitantes, corporizada en una institución llamada "Estado", tiene prioridad y preeminencia sobre el individuo, y puede por tanto decidir la forma en la que ese individuo vive su vida. Las diferencias entre ambas formas extremas de colectivismo son menores y no significan ningún cambio respecto de su principio fundamental: que el individuo debe someterse absolutamente a los dictados del colectivo del que forma parte.

Es por esto que la dicotomía política real, la única que existe en el mundo, es aquella entre los que sostenemos que los individuos somos libres de vivir nuestras vidas como mejor nos plazca en el marco de una sociedad que preserve esos derechos y permita que los ejerzamos por completo, y aquellos que creen que una entelequia que no tiene existencia más allá que la que le dan sus propios miembros, llámese "Estado", "raza" o lo que sea, debe tener poder absoluto sobre cada aspecto de la vida de sus integrantes.

En suma, se trata del individualismo versus el colectivismo, sea éste religioso, económico, político o ecológico. Toda forma de colectivismo es, a la larga, lo mismo: el dominio del grupo sobre el individuo.

Saludos.
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