sábado, 30 de octubre de 2010

¿Y cómo sigue todo esto?

Murió Néstor Kirchner. Si alguien se imaginaba el miércoles a la mañana que iba a pasar eso, le recomiendo que juegue al Quini 6 porque la tiene más clara que cualquier otro argentino vivo.

Su muerte no me inspira la menor lástima. Sí siento lástima por Cristina, que ahora tiene que sobrellevar la viudez a la vez que se hace cargo del muerto que le dejó el muerto, y por los hijos que ahora son huérfanos de padre. A esa lástima, sin embargo, llego haciendo mucha abstracción de quiénes son ellos y de las cosas que han hecho.

En cuanto a Néstor, lo único que deseo es que con él se haya podido enterrar algo del odio que le inyectó a la sociedad argentina durante los siete años de su reinado, o que por lo menos con él haya muerto la fuente de ese odio.

Pero al fin y al cabo, Kirchner ya está dos metros bajo tierra. Ahora, para los que quedamos vivos en el país que él construyó, nos toca pensar qué es lo que viene ahora.

Partamos de una base: con Kirchner no sólo murió un ex presidente casado con la actual primera mandataria, sino también la cabeza formal del partido gobernante y el centro alrededor del cual giraba todo el aparato de poder, negocios y extorsión que controla el país.

Cabría pensar que Cristina heredaría la conducción de ese aparato de poder, pero esa suposición se torna dudosa cuando tenemos en cuenta que muchos de los miembros de ese aparato lo son solamente a causa de la relación y de los negocios que mantenían con el muerto, y que había entre varios de ellos diferencias irreconciliables que sólo Kirchner podía neutralizar en el marco de su "proyecto".

Resumiendo: el aparato era de Kirchner y sólo Kirchner lo podía hacer funcionar. Hay muchas razones para poner en duda las habilidades y astucia de Cristina para mantener intacto un andamiaje contradictorio en el que conviven los burócratas sindicales de la CGT y los barones territoriales con las figuritas del montonerismo y de la transversalidad. Además Cristina no puede cortarse sola porque "el cristinismo" no existe. Lo que tenga para hacer, sólo lo podrá hacer en la medida en que ponga a su servicio el engendro político creado por el muerto.

No hablemos por ahora de especulaciones sobre luchas de poder en el entorno de la Isabelita 2.0, que son más que factibles ahora que el Gran Disciplinador cantó para el carnero y pensemos en los rumbos que podría tomar ella.

Un rumbo podría ser el de una "sciolización" del gobierno, en el sentido de que Cristina haga suyos aquellos atributos que por alguna razón son asociados con el invertebrado que dice que gobierna la provincia de Buenos Aires: mesura, conciliación, diálogo y el resto de la sarasa. Una "sciolización" del gobierno implicaría minimizar o cerrar algunos de los conflictos inútiles iniciados por el muerto, un acercamiento y una baja de la tensión política y la eyección de gurkhas impresentables como Poronga Moreno.

Difícil que pase; Cristina es demasiado orgullosa como para pegar semejante volantazo y más ahora que cualquier "claudicación" va a ser tomada como una traición a los ideales y al legado de Nefástor. Y cualquier cosa que agigante la imagen de Scioli va a ser para muchos dentro del universo K la prueba final de que el manco motonauta está esperando el momento para clavarle el puñal por la espalda a la viudita.

El segundo camino es el de la "moyanización", es decir, que Cristina se recueste en el último gran sector que parece responderle de manera más o menos monolítica: la burocracia cegetista. Hablaríamos de más desvaríos legislativos de papá Recalde impulsados por la Rosada, más liturgia fachoperonista de los '50, etc. Sería el sueño húmedo de un Moyano que por alguna razón que sólo él conoce se ve a sí mismo como un pichón de Lula argento.

También es difícil que pase; como bien dijo Lanata, Hugo Moyano es "el enemigo en casa" y un tremendo piantavotos en aquellos sectores que Cristina quisiera de su lado por más que de la boca pa'fuera haga como que le provocan asquito. Ni hablar de que un impulso a la bulimia de poder de Moyano encendería las alarmas en los otros socios de la coalición K: los burócratas partidarios, los barones territoriales, los empresarios amigotes del modelo y los pajaritos de la izquierda que se tragan cualquier sapo a la espera de una recompensa progre del Gobierno.

El tercer rumbo, que quizá resulte ser el elegido, sea la "kirchnerización": apelar lo más posible a la memoria e imagen del difunto, rodear a Cristina de un microclima bien patagónico y Nac&Pop que dé instrucciones para "fortalecer el modelo" e intentar seguir como si nada hubiera pasado, con la ilusión de que la inercia política mantenga todas las piezas del inmanejable rompecabezas K en su lugar.

Un párrafo final para las especulaciones de que la muerte de Nefástor va a hacer que la nueva Chabela repunte en las encuestas como le pasó a Ricardito Alfonsín tras la muerte de Raúl. Aunque ese efecto puede darse y muy probablemente sea así, hay que tener en cuenta dos importantísimas diferencias entre Cristina y el hijo de Raúl.

La primera es que Ricardito es un simple diputado mientras que Cristina es la Presidente, por lo que Ricardito puede sentarse e ir acumulando ese prestigio sin que la gestión del día a día se lo vaya desgastando. Y la segunda es que Ricardito es en gran medida una hoja en blanco para la opinión pública, mientras que desgraciadamente conocemos demasiado bien a la viudita.

Tarde o temprano ese prestigio labrado en base a la pena y a la compasión por su viudez va a tener que chocar contra la realidad y en mayor o menor medida va a salir abollado. Y si los análisis que dicen que en el ya extinto matrimonio presidencial era el muerto el que tenía pragmatismo y que no le hacía asco a la ingesta de sapos mientras que Cristina era la fanática de los principios, vamos a ver más temprano que tarde cómo ella va a chocar de frente contra algún aspecto de la realidad.

Sea lo que sea que pase, lo que viene va a ser interesante.

Compren pochoclo y hasta la próxima.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Sic transit gloria mundi


Pero Dios le dijo: ”Insensato, esta misma noche vas a morir, ¿Y para quién será lo que has amontonado?”

Evangelio según San Lucas, capítulo 12, versículo 20.

martes, 26 de octubre de 2010

Interludio musical (26/10/2010)


Algo distinto como para variar de tanta amargura y puteada.

El tema al son del cual bailan las fuentes del video se llama "Baba Yetu" y su letra es una traducción del "Padre Nuestro" al swahili; esta versión fue originalmente compuesta para la banda de sonido del juego de estrategia "Civilization IV".

¿Por qué lo puse acá? Porque me hace sentir bien.

Espero que les haya gustado y hasta la próxima.

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sábado, 23 de octubre de 2010

Presidencia turística

Ella vive en otro planeta. Me convencí por completo de eso cuando leía las declaraciones de Nuestra Presidenta tras la muerte de Mariano Ferreira.

Ella habla desde la tribuna, discursea dos veces al día, twittea por ahí con un desparpajo y una caradurez increíble. Casi pareciera, si uno lee lo que pasan por ser sus declaraciones, que Cristina Kirchner anda de turista y de comentarista de la realidad.

Las cosas les resbalan, son asunto de otros, nunca de ellos. Si mueren cotidianamente personas a causa de la delincuencia, es porque los medios la exageran y porque los chorros son producto de la década menemista.

Si un grupo de patoteros sindicales matan a un partidario de izquierda a tiros en lo que no debería haber sido más que una protesta gremial común y corriente (aclarando que en el caso de la Argentina dichas protestas ya son una farsa), entonces es que "algunos" ya tienen "el muerto que querían".

Que los sindicalistas, empezando por Moyano, anden de dueños del país, que la Policía no pueda intervenir en una sacrosanta protesta social porque se la coman cruda y que ya sea parte del paisaje que la mafia político-sindical del kirchnerismo se sirve de los animales de las barras bravas, son cosas que le resbalan a la Twittera en Jefe.

Total, se arregla todo con una andanada de acusaciones a Magnetto, al campo y a Cobos en dosis de 140 caracteres, una movilización de La Cámpora o de D'Elía "reclamando justicia" como si en la Rosada estuviera el virrey Sobremonte y alguna otra pedorrienta campaña de difamaciones insostenibles repetidas por 6, 7, 8, los medios del Grupo Szpolski y los cibermilitantes rentados de la Pingüinósfera.

Van a ver, en un par de días esto se va al tacho con el resto de las evidencias de lo corrompida, embrutecida y decadente que está la República Ubicada al Sur de Bolivia y Cristina Kirchner va a poder volver a su rutina de inaugurar buzones en Villa Entusiasmada y recitar cifras que "nunca en la historia argentina" se habían visto.

sábado, 16 de octubre de 2010

No me banco el Twitter

Tal vez sea yo que ya estoy sintiendo un viejazo prematuro, pero la verdad que no le puedo encontrar la menor utilidad o sentido al Twitter. Sé que hay gente que le encanta y me alegro por ellos, pero yo no puedo.

Llegué a armarme una cuenta, pero tanto me aburrió que terminé por olvidarme la contraseña. Quizá sea porque no tengo la paciencia o la voluntad para sostener publicaciones regulares (Dios sabe que eso me pasa acá en La Bestia), o tal vez porque no le veo el sentido a andar cada dos por tres subiendo 140 caracteres sobre cualquier cosa.

Sea como sea, si antes pensaba que podía llegar a haber alguna utilidad para el Twitter, ahora que parece haberse convertido en el medio de comunicación favorito de la clase política argenta, me parece una completa pérdida de tiempo.

¿Cuándo fue la última vez que algún político dijo algo importante por Twitter? Hagamos de cuenta que no tenemos una banda de cretinos en el gobierno y pensemos en el hecho de que lo que un funcionario de gobierno dice tiene un peso importante en una sociedad. La palabra de un ministro, de un gobernador, de un presidente, tiene un impacto que no puede ignorarse, y precisamente por eso debe ser cuidada y empleada únicamente cuando es necesario.

Es precisamente por eso que el Twitter es desastroso para la política y para la sociedad: hace que sea barato y fácil para nuestros "dirigentes" abrir la boca sobre lo que se les dé la gana. Antes, por lo menos, tenían que hacerlo en vivo y en directo, dando la cara ante la prensa o ante el público y exponiéndose; ahora lo hacen desde la comodidad de su casa o despacho, o peor aún, pagándole a alguien para que ponga palabras en sus bocas.

Es así que llegamos a las imbecilidades que dice rutinariamente la Presidenta, sea para llamar "piratas for ever" a los británicos en medio de una controversia diplomática o para usar el rescate de los mineros en Chile como excusa para basurear una vez más a todos los que ella odia, o a las animaladas de seres como el canciller Timerman o Caníbal Fernández.

Pero hagamos abstracción de la política; cada vez que la palabra "Twitter" aparece en los medios es porque dos o más personas entraron en una discusión digna de viejas gritonas, puteándose y contestándose las puteadas por 140 caracteres. El Twitter es la digitalización del puterío.

Qué se yo, es mi opinión nomás.

sábado, 9 de octubre de 2010

Por amor al capitalismo

El siguiente texto es una versión traducida al castellano que un lector hizo de un artículo original del sitio "Doctor Zero", que alguna vez he comentado acá. Se los dejo porque vale la pena y porque algunas de sus posturas (que marco en negrita) son provocativas, en particular para los que crecimos con el habitual discurso argento.

El Socialismo siempre parece tener una ventaja de difusión sobre el capitalismo. Esto no es sorprendente, porque el socialismo es una noción profundamente romántica: Un sueño peligrosamente seductor de prosperidad en función de la justicia, en el que los sabios redistribuyen las ganancias de los malvados para así cuidar de los necesitados. Las promesas del socialismo son tan tentadoras que cualquier cuestionamiento sobre su pobre performance es rechazado como grosero. Es una filosofía infantil, y, como cualquier niño equivocado, recibe un caudal ilimitado de perdón y segundas oportunidades.

El capitalismo raramente goza de tan maravillosa publicidad. Para el académico parece vulgar, mientras que el político halaga a sus votantes prometiéndoles que podrán elevarse por encima del burdo materialismo… poniendo las preocupaciones materiales en manos de los políticos. En verdad el capitalismo es el cincel que la gente libre usa para tallar sus sueños de la piedra de la historia. Sin él, somos “libres” solo para suplicar por el botín del Estado, y quejarnos cuando falla en la entrega. La Libertad es solo una teoría cuando carece de un medio práctico de expresión. La libertad de expresión sin propiedad nos deja haciendo garabatos en la arena en vez de tallar nuestra voluntad en piedra.

Deberíamos ser más vigorosos en declarar nuestro amor por el capitalismo. Debería ser un amor maduro, nacido del respeto por su poder y su virtud, no un romance embelesado. Por ejemplo, deberíamos agradecer que el capitalismo es despiadado. Podría parecer extraño el celebrar semejante cualidad, pero es la razón por la cual no hemos estado subsidiando la producción de látigos para carruajes de caballos o ampollas de vacío por décadas. Librado a su propia dinámica, el libre mercado no gasta energía apuntalando la producción de bienes no deseados solo por razones sentimentales… o porque los productores de dichos bienes tienen el suficiente poder político para extraer subsidios del bolsillo del público.

Deberíamos también agradecer que el capitalismo no tenga corazón. El sentimentalismo es costoso, especialmente cuando los impuestos de otros son usados para pagar por él. El gobierno acorde a la ley de una vasta nación requiere fría lógica y obediencia férrea a la disciplina constitucional. Los programas insostenibles desangrándonos en ruina fiscal fueron vendidos a los votantes usando atractivos emocionales. Los arquitectos del estado de derechos adquiridos no usan niños para sus campañas porque quieran que evalúes cuidadosamente sus propuestas.

La emoción es una terrible guía para la asignación de recursos. La herramienta esencial para atacar desastres o pobreza es la riqueza, que es creada por transacciones entre los ciudadanos. El dinero es la herramienta que hace nuestro tiempo valioso a los demás. Una nación rica puede darse el lujo de velar por los desafortunados y desarrollar bienes que hagan mejor la vida de todos. La “desalmada” eficiencia del capitalismo es la mejor manera de coordinar nuestras capacidades y recursos, produciendo la fuente de valor que a todos nos nutre.

El capitalismo merece alabanzas por ser despiadado. Uno de los fundamentales delirios de la Izquierda es creer que la creación de riqueza es fácil. Muchos políticos no han administrado jamás un emprendimiento económico en el sector privado. No aprecian cuanto duro esfuerzo toma construir una empresa rentable, o cuantas decisiones difíciles deben tomarse a lo largo del camino. La habilidad de aislarse a si mismos de la responsabilidad es una de las habilidades primarias de la clase política. La capacidad para desprender dicha aislación es un atributo clave en la administración de empresas exitosa. Las difíciles batallas de empresa dejan algunos competidores rotos en el campo, pero producen incontables victorias para los consumidores.

El capitalismo debería ser venerado por su caos. Los mercados son iluminados por el genio fortuito de competidores libres para apostar a millones de soluciones. La mohosa ideología del estatismo no está a la altura de semejante poder. Una economía politizada no puede ser genial porque encuentra demasiadas alternativas impensables. No puede inspirar progreso, porque trabaja hacia atrás desde las conclusiones de la ideología. Cuando el Estado nacionaliza una industria declara a un producto “por encima” del mezquino negocio… y un bien que no es transable pierde su valor. El socialista destruye el valor declarando que algo es “gratis”. No hay ninguna razón para esperar crecimiento en medio de esa destrucción bestial del valor.

Finalmente, el capitalismo debería ser apreciado por su ambición, que el socialismo falsamente clasifica como “codicia”. Codicia implica tomar riquezas de otros. Eso es lo que los socialistas hacen… y no debería escapar a la vista que los personajes más importantes en un gobierno socialista llevan estilos de vida de gran lujo, aun cuando gobiernan naciones atrapadas en la pobreza más desesperada.

La ambición es hambre de posibilidades, compartido por trabajadores de todo nivel y titanes de la industria por igual. Somos ricos cuando un banquete de posibilidades es servido ante nosotros. El Estado omnipresente representa la disolución de la posibilidad. Está definido por lo que le dice al pueblo que debe hacer, o lo que no puede hacer. Impuestos compulsivos, cobrados para financiar beneficios obligatorios, reducen tus opciones para invertir el resultado de tu trabajo. El Gobierno dilapidador que te impuso el ObamaCare está destruyendo el valor de tu tiempo. Nuestros hijos tendrán magras posibilidades en un futuro de deuda aplastante y derechos adquiridos en decadencia, en el que recibirán órdenes sobre qué es lo que deben consumir… y qué pueden esperar de sus vidas.

El espíritu de la libertad habita el duro, confuso, glorioso cuerpo del capitalismo. Jamás deberíamos permitirnos sentirnos culpables por él, pedir disculpas por él, o compararlo con la seductora ilusión proyectada sobre la lamentable realidad del socialismo. La prosperidad es un destino alcanzado solamente por hombres y mujeres libres, actuando de común acuerdo. A lo único que nos podemos obligar mutuamente es a ser pobres.
Hasta la próxima

sábado, 2 de octubre de 2010

Un país sociópata

Cuando uno analiza en profundidad todo lo que salió mal para que el choque de Villa Guillermina saliera como saliera, no se puede evitar volver a comprobar que la seguridad en la Argentina es una casualidad que se mantiene siempre y cuando la desidia no alcance masa crítica.

Cuando uno analiza en profundidad lo que realmente significa que un gobierno ignore a gusto y piacere las sentencias judiciales, de la Corte Suprema para abajo, no se puede evitar volver a comprobar que en la Argentina la ley es de cumplimiento voluntario, y que la voluntad de cumplir depende de lo que me guste o no lo decidido, no de cualquier sentido innato de la justicia o algo por el estilo.

Y entonces queda claro que la cuestión no pasa por si el Congreso sanciona una buena ley o un mamarracho, sino por algo mucho más básico y elemental: el hecho de que el argentino promedio carece de cualquier interés significativo por sus semejantes que le permita vivir en una sociedad moderna.

No hablo acá de la "solidaridad" que tanto se menea a la hora de conseguir un mangazo. Hablo de algo mucho más elemental, hablo de que es imposible vivir en una sociedad en la que sus integrantes no comprendan que sus acciones pueden afectar a otros o que las normas son necesarias para la convivencia civilizada.

Sacada del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, acá les dejo la definición de "trastorno antisocial de la personalidad", más conocido como "sociopatía":

Un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde la edad de 15 años, como lo indican tres (o más) de los siguientes ítems:

  1. fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención
  2. deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer
  3. impulsividad o incapacidad para planificar el futuro
  4. irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones
  5. despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás
  6. irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas
  7. falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros

¿Les suena parecido a algun país que conocen?

Lo que pasa en la Argentina no se soluciona eligiendo a un buen presidente o votando buenos senadores y diputados. No se soluciona con la Constitución más maravillosa que pueda escribir el ser humano. No se soluciona con las leyes más perfectas e inspiradas en los ejemplos más exitosos del mundo.

Nada de eso sirve mientras en la base del inconsciente colectivo argentino exista esa sociopatía de base que nos lleva a ignorar al otro y a las normas de convivencia. La Argentina no necesita legisladores, necesita psiquiatras.

Va a costar mucho revertir eso, si es que todavía se puede.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Juegos realistas

No estoy con ganas de hablar de política hoy. Llámenlo como quieran, pero el enfermo ambiente político local no me motiva.

Cambiando de tema, no sé qué tanto sean de su agrado, pero por mi parte uno de mis géneros favoritos en materia de juegos electrónicos es el de los juegos de estrategia.

A pesar de lo mucho que se ha avanzado en materia de realismo (para alegría de los fanáticos y para horror de los antibelicistas), es necesario destacar que todavía falta mucho para que un juego pueda reproducir con exactitud y de manera fidedigna las múltiples facetas de la guerra moderna.

El siguiente artículo humorístico, del que reproduzco apenas los puntos que más me llamaron la atención, es una guía para avanzar en el realismo de los videojuegos, y si alguno de ustedes es seguidor del género de la estrategia, bueno... como para pensarlo un poco.

I want a war sim ...

1. ... where I spend two hours pushing across a map to destroy a "nuclear missile silo," only to find out after the fact that it was just a missile-themed orphanage. I want little celebrities to show up on the scene and do interviews over video of charred teddy bears, decrying my unilateral attack. I want congressional hearings demanding answers to these atrocities.

2. On the very next level I want to lose half of my units because another "orphanage" turned out to be an enemy ambush site. I want another round of hearings asking why I didn't level that orphanage as soon as I saw it, including tearful testimony from a slain soldier's daughter who is now, ironically, an orphan.

(...)

7. I want my Mission Objectives to change every 30 seconds, without anyone letting me know. I want little talking heads to pop up on my screen--commanders, politicians, allies, military intelligence--each giving me different sets of victory parameters, all of them conflicting and many of them written in bullshit ass-covering doublespeak.

(...)

9. I want a super-cool custom-weapons lab where I can design mech armor for my infantry with wicked acid-tipped missiles and guns that shoot spiders. Then I want to watch as 100 men are cooked alive in the desert because of a defect in the internal air conditioning units that shorted due to condensation in the fusion coils and insufficient insulation in the wiring units bypassing the laser reactor core, due to the contractor's decision to use over-the-counter components instead of the military-grade ones mandated in Subsection 12:94A, Paragraph B of the Military Weapons Platform Procurement Act of 3013, a document that is 14,724 pages long and contains some 81,301 loopholes that allow congressmen to bypass component testing and funnel lucrative military contracts to cut-rate suppliers from their home districts at the peak of every election cycle.

(...)

13. I want factions. Not a simple aliens vs. humans or Russians vs. Americans war orgy. I want to share the map with powerful forces who are not friend or foe or anything else, a news media, private corporations, asshole allies and friendly enemies, everyone jockeying for their own interests and me unable to bend over at any moment without turning my codpiece around first. I want a France.

14. I want fat, left-wing documentarians carefully editing the only the most incriminating footage, countered only by low-IQ country music singers crooning my praises while in American flag-colored cowboy hats.

(...)

17. In my Public Support Meter display, let me find out that the news media has run, in the same magazine, one story blasting us for going to war for minerals and another story blasting us for not acting on the continuing mineral shortage back home. There should also be simultaneous stories about the outrageous expense of the war effort, and another about how the troops are under-funded and under-equipped. Set it so that I somehow lose public-support points with each story.

(...)

19. Now, beating the game will depend on how I play to Ivy League politicians who think a gun is something you hang over your mantlepiece to be occasionally dusted by the maid in your Connecticut summer home. And, when it comes to that point in the game where this panel demands the truth (and says they're "entitled" to the truth) I want a little drop-down menu that will let me tell them that they, in fact, can't handle the truth.

With a couple of clicks (or maybe a hotkey), I'll tell them that we live in a world that has walls and that those walls have to be guarded by men with guns. I will tell them that I have a greater responsibility than they can possibly fathom. They weep for mistreated prisoners and curse the military. They have that luxury. They have the luxury of not knowing what I know, that the naked human pyramid and homoerotic torture, while tragic, probably saved lives. And my existence, while grotesque and incomprehensible to them, saves lives.

I'll tell them that they don't want the truth, because deep down, in places they don't talk about at parties, they want me on that wall. They need me on that wall. I'll tell them that I have neither the time nor the inclination to explain myself to men who rise and sleep under the blanket of the very freedom I provide, then question the manner in which I provide it.

I'd rather they just said "thank you" and went on their way. Otherwise, I'd suggest they pick up a weapon and stand a post. Either way, I don't give a damn what they think they're entitled to.

(...)

sábado, 18 de septiembre de 2010

La justicia social

Cuando no se tiene nada bueno para decir, a veces vale la pena poner palabras de otros.

Es por eso que este sábado, que vengo un poco a los tumbos, les voy a dejar un texto pobremente traducido por mí acerca del concepto de "justicia social". El original en inglés, de Thomas Sowell, es sencillo, rápido y clarito, y lo pueden encontrar acá.

El filósofo del siglo XVII Thomas Hobbes dijo que las palabras son las fichas de los sabios y el dinero de los tontos.

Esto es tan dolorosamente cierto hoy como lo fue hace cuatro siglos. Usar las palabras como vehículos para tratar de expresar lo que se quiere decir es muy diferente de tomar las palabras de manera tan literal que las palabras usan y confunden.

(...)

Si se revisan los hechos en lugar de confiar en las palabras, descubriremos que las leyes de "control de armas" no controlan las armas, el gasto gubernamental de "estímulo" no estimula la economía y que muchas políticas "compasivas" infligen resultados crueles (...).

¿Sabe usted cuántos millones de personas murieron en la guerra "para hacer que el mundo fuera más seguro para la democracia", una guerra que hizo que las dinastías autocráticas fueran reemplazadas por dictaduras totalitarias que masacraron a mucha mayor cantidad de su población que aquellas dinastías?

Las palabras y frases cálidas y suaves tienen una enorme ventaja en la política. Ninguna ha tenido tanta trayectoria de éxito político como "justicia social".

La idea no puede ser refutada porque no tiene un significado específico. Luchar contra ella sería como tratar de golpear a la niebla. No sorprende entonces que la "justicia social" haya sido un éxito político por más de un siglo y lo siga siendo todavía.

Aunque la expresión no tiene un significado definido, sí tiene connotaciones poderosamente emotivas. Hay una fuerte sensación de que no sólo no está bien, sino que es injusto, que algunas personas estén mucho mejor que otras.

Justificar, aún en el uso que se le da al término en la imprenta y la carpintería, significa alinear una cosa con otra. ¿Pero cuál es el estándar al que creemos que deben ser alineados los ingresos u otros beneficios?

¿Acaso se supone que la persona que pasó años en la escuela perdiendo el tiempo, exagerando o peleando, y por lo tanto malgastando los miles de dólares que los contribuyentes gastaron en su educación, deba terminar con ingresos alineados con los de la persona que pasó esos mismos años estudiando para adquirir conocimiento y habilidades que luego serían valiosas para sí mismo y para la sociedad en general?

Algunos promotores de la "justicia social" argumentan que lo que es fundamentalmente injusto es que una persona nazca en circunstancias que hagan que las posibilidades de esa persona en la vida sean radicalmente diferentes de las que tienen otros, aunque eso no sea error de uno ni mérito de los demás.

Tal vez la persona que desperdició las oportunidades educativas que tuvo y desarrolló comportamientos autodestructivos hubiera sido distinta de haber nacido en un hogar distinto o en una comunidad diferente.

Desde luego, eso sería más justo. Pero ya no estaríamos hablando de justicia "social", a menos que creamos que es culpa de la sociedad que distintas familias y comunidades tengan distintos valores y prioridades, y que la sociedad puede "resolver" ese "problema".

Tampoco la pobreza o la falta de educación pueden explicar dichas diferencias. Hay individuos que fueron criados por padres que eran tanto pobres como sin educación, pero que pudieron impulsar a sus hijos a conseguir la educación que los mismos padres no tuvieron. Muchos individuos y grupos no estarían donde están hoy de no haber ocurrido esto.

Toda clase de eventos fortuitos, con información, personas o circunstancias particulares, han significado eventos decisivos en las vidas de muchos individuos, sea para éxito o para el fracaso.

Ninguna de estas cosas es igual o pueden ser hechas iguales. Si esto es una injusticia, entonces no es una injusticia "social" porque está más allá del poder de la sociedad.

Se puede hablar o actuar como si la sociedad fuera tanto omnisciente como omnipotente. Pero hacer eso sería dejar que las palabras se conviertan, en palabras de Thomas Hobbes, en "el dinero de los tontos".

sábado, 11 de septiembre de 2010

The Second Coming

Pensando un poco en el desquicio generalizado en el que vivimos todos los días acá en la Argentina me acordé de un poema que había leído en cierta oportunidad, llamado "The Second Coming", del irlandés William Butler Yeats.

No sé qué les parezca, pero se me hace curiosamente adecuado (en especial la primera estrofa) para describir lo que por momentos se siente al vivir en estos tiempos, la sensación de locura, de tribulación, de marcha imparable hacia un caos que todavía no puede imaginarse.

Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer;
Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.

Surely some revelation is at hand;
Surely the Second Coming is at hand.
The Second Coming! Hardly are those words out
When a vast image out of Spiritus Mundi
Troubles my sight: a waste of desert sand;
A shape with lion body and the head of a man,
A gaze blank and pitiless as the sun,
Is moving its slow thighs, while all about it
Wind shadows of the indignant desert birds.
The darkness drops again but now I know
That twenty centuries of stony sleep
Were vexed to nightmare by a rocking cradle,
And what rough beast, its hour come round at last,
Slouches towards Bethlehem to be born?

Y en castilla:

Girando sin cesar en la espira creciente
el halcón ha dejado de oír al halconero;
todo se desmorona; el centro se doblega;
arrecia sobre el mundo la anarquía,
arrecia la marea rebosante de sangre, y en todas partes
la ceremonia de la inocencia es anegada;
los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores
están llenos de brío apasionado.

Sin duda una revelación es inminente;
sin duda la Segunda Venida es inminente.
¡La Segunda Venida! Apenas digo estas palabras
cuando una vasta imagen del Spiritus Mundi
perturba mi visión: oculta en las arenas del desierto
una forma con cuerpo de león y cabeza de hombre,
de pupilas vacías y crueles como el sol,
mueve sus lentos muslos, mientras en torno fluyen
las sombras indignadas de las aves del yermo.
Cae de nuevo la oscuridad;
pero ahora sé que veinte siglos de pétreo sueño
fueron mortificados hasta la pesadilla por el mecerse de una cuna,
¿y qué bestia escabrosa, llegada al fin su hora,
se arrastra hacia Belén para nacer?

Hasta la próxima.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Un post de pseudofilosofía política, si les parece.

Todo sistema político surge de una respuesta a la pregunta de "¿quien debe ejercer el poder?". A lo largo de la historia se han provisto infinidad de respuestas de acuerdo a las necesidades y realidades concretas de cada sociedad y grupo humano, dando así origen al sistema político por el cual se rigieron.

Pero todos estos sistemas, sin excepción, cayeron víctimas de una realidad inexorable: con el paso del tiempo, el poder dejó de estar en manos de aquellos que cumplían aquel criterio por el cual se fundó el sistema político para quedar en manos de aquellos que mejor supieron "aprovechar" las reglas de juego. Es casi una realidad inevitable que con el paso del tiempo, quienes prosperan en el gobierno de las sociedades no son los que encarnan los principios y valores, sino los aprovechadores más habilidosos.

Esto se parece mucho a la llamada "Ley de hierro de la oligarquía", formulada por el sociólogo alemán Robert Michels a finales del siglo XIX, que dice que toda organización, sin importar lo democrática o autocrática que haya sido en sus orígenes, inevitablemente se convertirá en una oligarquía debido a la necesidad indispensable del liderazgo, al surgimiento de grupos de intereses y a la pasividad de los dirigidos.

Así, las monarquías que en un pasado remoto habían sido construidas alrededor de los líderes tribales, y las aristocracias fundadas en base a la "nobleza de espada" feudal que proveía protección militar, degeneraron hasta convertirse en regímenes dominados por inútiles endogámicos surgidos de alianzas matrimoniales e intrigas desconectadas de la realidad, llegando a un epítome de incompetencia que la Revolución Francesa se ocupó de decapitar.

Los regímenes comunistas, creados con el propósito declarado de liberar a las masas oprimidas por el capitalismo, inevitablemente perdían su fervor revolucionario con el paso del tiempo y con la retirada (voluntaria, natural o forzada) de los cuadros revolucionarios originales. En su lugar, el poder quedaba en manos de los burócratas del partido, que podían no tener el menor fervor ideológico pero que sí sabían cómo manejar los resortes de una compleja estructura de control social.

¿Por qué habríamos de creer que las democracias occidentales son diferentes? Al amparo de las tendencias de los siglos XVIII, XIX y XX, la democracia postula que el poder debe estar en manos de representantes elegidos por el pueblo, que a su vez debe juzgar sobre la habilidad y la capacidad de sus representantes para gobernar los asuntos públicos.

Veamos cualquier sistema medianamente identificado con los principios democráticos y encontraremos que en casi todos el poder está en manos de políticos profesionales: gente que muy probablemente no tenga la menor idea de cómo se hacen las cosas en el mundo real porque se dedicaron toda su vida a cultivar los saberes necesarios para ser políticos: la retórica (en sentido amplio), la demagogia, el mantenimiento de la imagen pública, el intercambio de favores, etcétera.

Esa clase de gente, que en Argentina suelen ser hijos de un transatlántico completo de putas, es la gente que triunfa en la política porque así lo demanda la propia política. Las reglas de juego originales fueron aprovechadas por aquellos que sabían cómo cumplirlas (o no siempre) al pie de la regla ignorando por completo cualquier carga valorativa que pudieran tener.

En vez de quejarnos de que tenemos "malos políticos" y que todo se resolvería si vinieran "buenos políticos", mejor tendríamos que darnos cuenta que estos son los únicos políticos que pueden triunfar en el sistema.

sábado, 28 de agosto de 2010

Una semana para el olvido

Esta debe haber sido una semana para el olvido para la Parejita de Olivos, sus asociados, sus cómplices y sus quemados después de varios días de optimismo inflado.

La pelea absurda y gratuita que se armó por Fibertel ya tomó visos de papelón cuando quedó en evidencia que muchas de las "más de 300 compañías" que al Gobierno tanto le gusta presentar como alternativas, o no prestan servicios de banda ancha o directamente de Internet, o están colgadas de las redes de Arnet y Speedy. Y ya se cobró su primer fracaso en los tribunales con la orden de un juez marplatense que mandó mantener el servicio en funcionamiento en idénticas condiciones.

El galardón al mayor papelón de la semana, sin embargo, va para la presentación en cadena nacional de la "verdad" sobre Papel Prensa, que en la práctica fue una farsa de una hora y media en donde la Presidenta, entre otras cosas, habló de la condición de testaferro como si fuera algo legítimo y encomiable (incluso abrazando la teoría de que cuando el testaferro es "evidente" la sucesión corresponde al heredero del presunto dueño real), pifió fechas y nombres, y se embrolló con una versión de la historia tan delirante y absurda que hasta sus propias presuntas víctimas la desmienten.

Fueron tantos los huecos que dejó el verso de Cristina que todavía hay lugar para más. ¿O no resulta curioso que la Presidenta esté tan a favor de los derechos de una familia que compró acciones de la fábrica con guita mejicaneada del rescate percibido por un grupo terrorista para liberar secuestrados?

Tan mal les salió el tiro que la casta empresarial argenta, colectivo cagón si lo hay en este país, no quiso formar parte de la festichola del martes a la noche a pesar de los aprietes del impresentable de Moreno. Sin mencionar que el progresariato argento sintió por primera vez lo que todos veníamos diciendo desde 2003: que los Kirchner usaban los "derechos humanos" como preservativo. Realmente, escuchar a Jorge Lanata diciendo "me tienen harto con la dictadura" o a Ernesto Tenenbaum espantado porque "si hacen esto con los sobrevivientes de la dictadura, qué límite van a tener", fue altamente reconfortante.

Y encima para algo que no debe haber sido lo que querían hacer, porque semejante escenario y fanfarria ameritaba una medida bien dura como la estatización directa. El recule que tuvieron que hacer pudo haber tenido que ver con el viajecito de urgencia que Twitterman hizo a Washington el día antes de la presentación del informe; baste imaginar la bronca que debe sentir Néstor si la marcha atrás fue forzada por Estados Unidos. Algo de eso se coló en la reacción infantil de Twitterman de decir "estamos preocupados por la libertad de prensa en EE.UU".

Por el momento el tan cacareado "repunte" quedó tapado por las torpezas oficialistas, el reagrupamiento táctico (porque uno estratégico sería demasiado para pedirle a esos chorlitos) de los dirigentes opositores, y el ridículo en el que cayó la Presidenta con su lamentable discurso. Es hasta triste que la buena imagen de los Kirchner se venga abajo con sólo abrir la boca.

Hay que ver ahora cómo reacciona Nefástor ante este compilado de lo que más odia: el fracaso en sus planes, el recule ante obstáculos insalvables y la rebelión de los que antes se arrastraban ante él. Por ahora, están empezando con el apriete a Cablevisión, pero habrá que ver si no es sólo el primer paso de lo que Néstor habrá concebido durante el episodio de colon irritable que le dejó esta semanita.

Es que en el fondo, sus peores enemigos son ellos mismos.

sábado, 21 de agosto de 2010

¡Patria o Banda Ancha!

La última de los Kirchner, la de agarrársela con una proveedora de servicios de Internet, puede ser una jugada demasiado costosa para ellos a cambio de un beneficio discutible.

Para empezar, está el tema de la cantidad de votos potenciales que se pierden, no sólo entre los usuarios que pagan las conexiones sino entre sus allegados. Está bien que no es un ejemplo válido porque somos antikirchneristas rabiosos, pero consideren el caso de mi propia familia: sirviéndose de la conexión de Fibertel que tenemos hay seis personas, de las que cinco somos mayores de edad y por lo tanto votantes. Pongamos un promedio de tres votantes por conexión, de los que una gran cantidad serán aquellos que son indecisos o que tienen simpatías kirchneristas tenues y muy dependientes del humor cotidiano.

A diferencia de otros atropellos del gobierno como los de la ley de medios o la estatización de las jubilaciones, le va a ser imposible al kirchnerismo lograr que la ciudadanía disocie la medida de las consecuencias. Después de todo, la jubilación es algo demasiado lejano en el tiempo y las consecuencias de la ley de medios parecían algo nebuloso y lejano, más propio de fantasías paranoicas.

En cambio, si se sostiene esta payasada las consecuencias se vuelven inmediatas: noventa días de trámites furiosos para engancharse a otro proveedor, que va a estar colapsado por los pedidos, con la posibilidad muy certera de días, semanas o incluso meses antes de retomar la conexión.

Les aseguro que ninguno de los cientos de miles de pobres diablos que van a estar con el culo en la silla y el dedo marcando los números de Arnet y de Speedy para que vengan a instalar la conexión de emergencia que pidió tres semanas antes va a agradecerle al Gobierno por su lucha contra los monopolios o siquiera puteando a Magnetto, sino que se va a acordar de Néstor y de su mamá en las formas más coloridas posibles.

Además, no hay cómo escaparle a los paralelismos chavistas de cerrar grandes empresas y cagarles la vida a innumerables tipos de a pie porque sí. Por más argumentos pseudolegales que le quieran encontrar a este último capricho (y que los ciberkakas repiten hasta el hartazgo en todos los foros y blogs que pueden agarrar), no hay forma de esconder que se trata de una decisión tomada dentro de la guerra entre Néstor y Clarín o incluso dentro de la patología kirchnerista de arremeter contra todo lo que no piensa como la Parejita quiere.

Ni hablar de que esta vez no se puede colocar esta decisión como una acción contra un "otro" identificable y capaz de ser destruido en la opinión pública. El universo de usuarios de Fibertel abarca desde chicos hasta viejos, de Ushuaia a La Quiaca y desde el Aconcagua hasta Buenos Aires, gente de todas las clases sociales, ocupaciones e ideologías. Y aunque se diga que la medida va contra Clarín, cuesta identificar al grupo como el objetivo cuando los que se joden son otros muchos que nada tienen que ver con la pelea. Va a ser difícil vender "Patria o Banda Ancha" como una pelea viable para la sociedad.

Si fuera más cínico de lo que soy, les agradecería enormemente a los Kirchner por haber brindado un ejemplo claro y patente de arbitrariedad de corte estatista con respaldo legal casi inexistente y que representa un perjuicio inmediato para un segmento importante de la población tan universal y diverso que no puede ser enmarcado como un "otro" distintivo (y por tanto atacable), y que puede ser catalogado como ataque a la libertad de expresión.

Es casi como si los Kirchner no pudieran evitar mandarse cagadas de esta magnitud en los momentos en que la suerte parece sonreírles.

sábado, 14 de agosto de 2010

La constitución real

Después de leer cómo los barrabravas exigieron que se los incorporara a los clubes como "acomodadores de estadios", me acordé de algo que en su momento estudié en la facultad.

Ferdinand Lassalle fue un político socialista de la Prusia del siglo XIX que en uno de sus trabajos se decidió a investigar la relación entre lo que aparece en las normas constitucionales y la realidad política que se vivía entonces. De ese trabajo, llamado "¿Qué es una Constitución?" sale el siguiente pasaje:

"Los problemas constitucionales no son, primariamente, problemas de derecho, sino de poder; la verdadera Constitución de un país sólo reside en los factores reales y efectivos de poder que en ese país rigen; y las Constituciones escritas no tienen valor ni son duraderas más que cuando dan expresión fiel a los factores de poder imperantes en la realidad social; (...)"

Lassalle no hizo más que formular claramente lo que hoy nos parece obvio y evidente: que por debajo de todas las constituciones y leyes que pueda haber, las sociedades son gobernadas en realidad por las relaciones de poder que existen entre sus diversos grupos y corporaciones. De eso, Lassalle deriva que cuando un sistema político tiene problemas institucionales no se trata necesariamente de que esas instituciones estén mal diseñadas o que se trate de una cuestión legislativa, sino de que las instituciones no reflejan los factores de poder que existen en una sociedad.

Algún incauto que quiera estudiar el sistema político argentino comenzará agarrando una copia de la Constitución. Dicho incauto verá que nuestra Ley Fundamental tiene un preámbulo, ciento treinta artículos (incluyendo dos que tienen el mismo número) y diecisiete disposiciones transitorias; que de ella se deriva que la Argentina tiene un sistema "republicano, representativo y federal" de gobierno, en el que el Estado central tiene una esfera de competencias y los sujetos de la federación (las provincias y la Ciudad Autónoma) tienen autonomía y competencias propias; que se trata de un sistema político presidencialista con un Congreso bicameral y un Poder Judicial compuesto por una Corte Suprema y los tribunales inferiores que el Congreso establezca, bla, bla, bla.

Los que estamos acá sabemos que lo que dice la Constitución es el verso más hermoso de la historia argentina. El "federalismo argento" consiste en que los gobernadores reciban una tajada de la rapiña mientras les dan instrucciones desde la Rosada hasta sobre el color que tienen que tener los buzones; el presidente es un dictador por tiempo limitado y eso cuando se lo puede limitar en el tiempo; el Congreso no tiene más poder que el que el presidente quiere dejarle... ya conocen cómo sigue todo esto.

El poder territorial del país ya no es el de las provincias sino el de los caciques que pueden aportar votos cautivos. Nuestros "representantes del pueblo" no tienen nada que hacer frente a los capangas de toda especie, en particular la sindical. Nuestro "monopolio de la fuerza legítima" está más en manos de las bandas de matones (llámense piqueteros, barrabravas, mano de obra desocupada, etc) que en las fuerzas policiales y militares. La Justicia se limita a vender su conocimiento del derecho al mejor postor y a fallar de acuerdo al soplo del viento. El sistema institucional de la Argentina es una farsa que ya no guarda ninguna relación con la forma verdadera en que el país se gobierna.

En términos de Lassalle, ¿el pésimo funcionamiento de nuestras instituciones es un "problema de derecho" o se trata de que no dan "expresión fiel" de los factores de poder reales de nuestra sociedad? Me inclino a creer que es la segunda opción.

Si tuviéramos que hacer un ejercicio de imaginación para seguir el consejo de Lassalle y adaptar la constitución "formal" del país a la "real", ¿qué tendríamos que hacer?

En este vuelo de fantasía, haría que el Senado represente a los distintos patrones territoriales del país de acuerdo con la cantidad de votos que puedan arrear. Digamos que los 72 caciques que más votos consigan digitar se convertirían en senadores o podrían nombrar testaferros si no quieren largar sus sedes comunales... en fin, la idea sería que nuestra Cámara Alta se convierta en la expresión política de los verdaderos dirigentes territoriales del país según el único criterio que cuenta: el poder clientelista.

Con la Cámara de Diputados haría algo parecido a lo que hizo Mussolini y la convertiría en una "Cámara de las Corporaciones". Por ejemplo, la tercera parte de las bancas sería para los sindicatos y se distribuiría entre ellos de acuerdo a la cantidad de afiliados registrados en el censo, otra tercera parte sería para los partidos políticos a ser distribuida según los votos cosechados por los patrones del Senado y agrupados de acuerdo al "espacio político" del que formen parte, y la tercera parte restante iría para nuestros "capitanes de la industria nacional" a ser repartida según el valor neto de sus empresas.

La elección del Presidente puede bien ser dejada a una especie de "colegio electoral" de cada una de las corporaciones antes mencionadas, que elegirán en alguna reunión secreta y bien turbia. A la Justicia la podemos convertir formalmente en una subasta de sentencias en donde las partes ofrezcan mayores cantidades de dinero o, si la solución de la plata da asquito, podemos dar el paso superador de convertir a las organizaciones de derechos humanos en el nuevo Poder Judicial.

Por último, reemplacemos los impuestos por la formalización de las coimas, comisiones, peajes y demás mecanismos de recaudación actualmente ilegales, y convirtamos a las barrabravas en las policías locales y a los piqueteros en las Fuerzas Armadas. De cualquier manera, va a ser mucho más genuino que lo que mantenemos hoy en día.

En fin, delirios al margen, creo que lo más sano para nuestro país sería sincerarnos.

sábado, 7 de agosto de 2010

Alberdi

Sacando algunos anacronismos, lo que sigue es como si Alberdi hubiera abierto el diario hoy. El sayo de lo que dice el padre de la Constitución, que no sé por qué todavía no tiene su rostro en un billete, nos cabe a muchos.

"Nosotros sabemos bien que nuestras ideas son incompletas y pasadas, que, como en todo hay un progreso indefinido, todos los conocimientos humanos han debido hacer y han hecho progresos de que nosotros estamos ignorantes. Pero ¿han dado ustedes bastantes pruebas de que están al cabo de estos conocimientos? ¿Están ustedes ciertos de que no hacen lo que esos niños de Rousseau, que ven construir un edificio y se creen arquitectos, oyen tocar la caja y se creen generales? Ustedes leen lo que escribe Lerminier, y se inflan de orgullo, exactamente como esos negros que se llenan de vanidad porque sus amos van cubiertos de oro.

"¿A qué se reduce el saber decantado de ustedes sino a un saber de plagiarios y copistas? Hablan de emancipación, de libertad inteligente, y no tienen una idea que les sea propia; hablan de originalidad, y no son sino trompetas serviles de los nuevos escritores franceses; arrojan corriendo sus propias creencias, en el momento que ven otras contrarias en los nuevos escritores: libres del pasado, esclavos del presente, libertos de Aristóteles, siervos de Lerminier: se ríen de el Maestro lo dijo, de la edad media, mientras que no avanzan un juicio, sin tener un nombre a mano, cobardes que en vez de armas buscan escudos: insolentes como los niños y las mujeres cuando un poder extraño protege su impotencia. Hablan de filosofía y profanan este nombre aplicándole a una pueril chicana de desatinos propios, y medias verdades ajenas. Hablan de historia, y no conocen la de su país. Hablan de religión, y no profesan sino la del amor propio. Hablan del cristianismo, y han estudiado teología por el Citador. Hablan de economía, y se quedarían mudos si se les pidiese una noción del banco, del crédito, del impuesto, de la renta. Hablan de enciclopedia, y prescinden de la mitad de la ciencia humana, a punto de no saber ni afligirse de saber, ni acordarse de que existen ciencias físicas y naturales, cálculo, astronomía; hablan de filosofía y no saben leer el griego. Hablan de legislación, y no conocen ni las leyes de su país: incapaces en todo saber de aplicación, en todo procedimiento positivo, de que Cicerón, esta cabeza inmensa, hacía su primer título de gloria.

"¿Qué harían ustedes si el día menos pensado se viesen llamados a redactar un código para el país? Yo bien sé lo que harían: conozco bastante la resolución de ustedes para prestarse corriendo. ¿A qué? A redactar lugares comunes, en frases nuevas. Aquí está el fuerte de ustedes: la frase, y no tienen más. La frase es toda la ambición, toda la gloria, toda la ciencia de ustedes. Generación de frases, y nada más que de frases; época de frases, reforma de frases, cambio de frases, progreso de frases, porvenir de frases. El porvenir es nuestro, dicen ustedes. ¿Y la llave? Es el estilo, contestan con Victor Hugo, de quien poseen la manía de las frases, sin tener su genio ni su frase. Hombres de estilo, en todo el sentido de la palabra: estilo de caminar, estilo de vestir, estilo de escribir, estilo de hablar, estilo de pensar, estilo en todo y nada más que estilo: he ahí la vocación, la tendencia de la joven generación, el estilo, la forma: hombres de forma, forma de hombres.

"Hablan como hombres, y no son sino niños; hablan como patriotas, y no son sino esclavos; hablan de nacionalidad, y son el egoísmo encarnado; hablan de humanidad, y la palabra patria no se les cae de la boca; decantan desprendimiento, y venderían diez veces al amigo que les mordiese una frase. Enseñan el dogma del desinterés, del sacrificio, y sacrificarían la patria a su envidia, a su orgullo, a su vanidad, a su amor propio, únicos móviles de todos sus actos. Predican solidaridad y asociación, y se venden y burlan los unos de los otros; insultan a la generación pasada, y se asocian con ella para reírse de ustedes mismos; prescriben la moral en la política, y su íntima conducta no es sino intriga y chicana; proclaman igualdad, y se hacen llamar merced; gritan democracia, y tienen asco de los pobres; adulan por delante y asesinan de atrás, y todavía hablan a boca llena de camaleonismo. ¡Hipócritas débiles, llenos de grandeza en la boca y de flojedad en las manos!

"Ahí tienen ustedes la joven generación, la gran generación, la esperanza, el porvenir de la patria, como ella misma se dice modestamente. Ahí tienen ustedes los hombres que ya no hacen caso, que tienen en menos, que han echado en olvido a los gigantes de Mayo. Ven laureles sobre sus cabezas, y como esos niños soberbios, hijos de los ricos, se infatúan y desprecian a los mismos que los han conquistado y adornado con ellos sus cabezas ineptas. A la edad en que sus padres habían levantado una cruzada inmortal, no cuentan todavía con un solo progreso público que les sea propio, no han hecho nada todavía: si los conocen en el mundo es porque son hijos de los grandes de Mayo: su gloria es un reflejo de la gloria de sus padres.

"Y no se alucinen con la idea de que todavía son niños. El primer Sol de Mayo se levantó sobre una generación de veinticinco años. De la edad de ustedes, ya sus padres habían concebido el pensamiento cuya grandeza todavía ustedes no han comenzado a calcular.

"Desengáñense ustedes, mis amigos: hasta el día de hoy, la joven generación presente, a la faz de la joven generación pasada, es pigmea y enana; como si los hijos de los fuertes, por esa generalidad que parece fatal, estuviesen condenados a nacer raquíticos. Y reparen ustedes que yo solo comparo la juventud de ambas generaciones, porque la comparación total de su valor específico fuera imposible entre una generación que ya no es nada porque ha consumado su misión, y otra que no es nada aún porque no ha comenzado la suya.

"Y si ustedes desean saber lo que tienen que hacer por esta patria que tanto cacarean, tengan la gratitud de ocuparse con más frecuencia de los trabajos que ella debe a los que los han precedido. Los hombres que tienen sangre en las mejillas no duermen de zozobra cuando se ven llamados a reemplazar a los gigantes. Porque la ley del progreso les impone el deber de ser dos veces más gigantes. Pero sepan que los gigantes de la patria no son los gigantes de la retórica. La patria quiere grandes hombres, no grandes vocingleros. Y nada de más heterogéneo que la vocinglería y la grandeza. La grandeza se prueba por la fecundidad, por la actividad, por los hechos. La grandeza es Napoleón, César, Alejandro, especulación y acción, inteligencia y materia, cabeza y brazos, palabra y espada."

"La generación presente a la faz de la generación pasada", Juan Bautista Alberdi

sábado, 31 de julio de 2010

Existe la realidad, existe la fantasía, existe el cielo, existe el infierno, y existe Corea del Norte

El Palacio de la Cultura popular es una mole de cemento. Inmensa, espectacular. Símbolo gris de otros tiempos, que por Pyongyang, la capital de la República Popular Democrática de Corea -el nombre oficial de la comunista, controvertida y armamentista Corea del Norte- se conserva en esplendor. Suerte de Coliseo romano de siglo XXI, se nutre de festivales, espectáculos, conciertos bajo el resguardo oficial. También, claro, todo acontecimiento de gobierno, militar casi en exclusividad, que tienen como consecuencia glorificar a los líderes de un sistema que, evidentemente, no parece clausurado. Ese espacio, también, tiene otros fines. Algunos parecen de la Edad Media, cuando los seres humanos se asemejaban a animales. Algo de eso ocurrió días atrás. En un palco nada improvisado, los jugadores que integraron el seleccionado que perdió todos los partidos durante el Mundial, fueron blanco de los insultos, de los reproches, de las bajezas de unos 400 supuestos fanáticos (funcionarios, oficiales y estudiantes, en su mayoría), parados del otro lado del atrio. Escupitajos, proyectiles durante más de seis horas. Y los entusiastas jugadores -casi todos, amateurs- parados, inmunes, reprimiendo el deseo de contrarrestar tanta cobardía organizada. Hay más: Ri Dong Kyu, el relator de la TV pública, desde el atril, era el satisfecho encargado de destacar los desatinos de cada jugador, como si fuese un experto. Un acto de una bajeza propia de otro siglo. En vivo y en directo.

Canchallena

Creo que ni el más ácido escritor satírico hubiera podido imaginar un país más delirante y alejado de la realidad que la República Popular Democrática de Corea. Cada historia que sale de la tierra de Disco Kim parece o salida de un cuento de terror o material para una joda de Tinelli. Para variar, hoy no nos toca una historia sobre armas nucleares, amenazas de guerra en la península coreana o el misterio de quién sucederá al Querido Líder cuando estire la pata.

Esta vez le tocó a los embajadores del deporte norcoreano, que la ligaron feo por su desempeño en Sudáfrica 2010 y tuvieron que comerse seis horas de un escrache público y televisado que ya quisiera montar acá Hebe de Bonafini. A los jugadores les tocó el insulto a cargo de funcionarios y burócratas; al DT del equipo de la Idea Juche, una condena a trabajos forzados al mejor estilo stalinista.

Quiero imaginar que si Diegote y sus muchachos se enteraron de esto, deben estar ahora profundamente aliviados de que nuestro Gobierno nacional y popular les haya armado una parodia de recibimiento triunfal por su desempeño mundialista en lugar de una bienvenida al estilo Pyongyang.

sábado, 24 de julio de 2010

Y ahora el aborto

Parece que el Gran Instalador de Temas ya decidió que el próximo Impostergable y Necesario Debate Nacional que tiene que darse Argentolandia es el del aborto.

Por supuesto. Porque estamos tan bien en todos los aspectos políticos, económicos y culturales que podemos meternos en dos batallas como las del matrimonio homosexual y del aborto en espacio de semanas cuando a otros países les llevó décadas encontrar salidas siempre polémicas y resistidas a ambos temas.

¡Y de qué manera encaramos el debate del aborto, papá! No con las agrias, amargas y feroces luchas que tuvieron y tienen todos los países que se plantean legalizar el infanticidio, con secuelas que duran décadas (preguntemos en Estados Unidos si todavía es polémico el fallo de Roe v. Wade) y con resoluciones que involucraron la participación de todos los sectores sociales y poderes del Estado. No, acá en Argentolandia lo sacamo' por una resolución ministerial colada como terrorista en un avión de pasajeros, lo sacamo'.

Son minucias todas esas cuestiones de interpretación constitucional, del "debate de la coma" en el artículo del Código Penal que criminaliza el aborto, de si hay que aplicar la definición de "salud" de la OMS que es tan amplia que podría considerarse un riesgo para la salud el cagazo previo a un examen, de la objeción de conciencia, del financiamiento público. Todas pelotudeces. Y como son pelotudeces, las resolvemos con una resolución ministerial firmada por una subsecretaria.

Así de piolas y vivos somos los argentos. El Sistema Solar nos queda chico, lo nuestro es la Vía Láctea, papá.

Antes dije "infanticidio" porque así considero al aborto, por razones religiosas y también por otras de carácter ético y moral que no tienen nada que ver con la fe que profeso. Para ese lado pateo en este debate, por si había que aclararlo.

Ahora dicen que la publicación de esta resolución fue un "error", porque es una hipótesis totalmente creíble tratándose de un gobierno en donde ni una mosca se mueve sin el permiso del Patroncito y si se mueve, es porque le permite al Néstor subir dos décimas de punto en una encuesta o currar unos quinientos millones de dólares más. No sabe cómo hacer para repuntar y hacerse una imagen de "reformista".

No importa la excusa oficial porque el tema ya está "instalado", y si no, vean cómo en los canales ya empiezan con las "historias de vida" con alguna musiquita triste de fondo para arrancar la lagrimita fácil. Ahora que está instalado, del tema se van a colgar los mismos de siempre que por ver alguno de sus principios llevados a la realidad, les pasa como por un tubo el tragarse el sapo de quedar pegados al taita ladrón venido de Santa Cruz... y ojalá estuviéramos hablando solamente de progres.

Tampoco va a faltar el que diga que vamos a ser un país mejor y más avanzado si llega a legalizarse el aborto, como todos los modernos y avanzados países europeos que ahora tienen poblaciones envejecidas y sin reemplazo. Lo mismo dijeron con el casamiento gay y esa misma tarde la Argentina seguía siendo una republiqueta corrupta, decadente y mediocre, sólo que con un registro civil más ampliado.

Y si sale el aborto, seguirá siendo una republiqueta corrupta, decadente, mediocre, con un registro civil más ampliado y además infanticida.

sábado, 17 de julio de 2010

Historia contrafáctica: ¿Y si los ingleses hubieran ganado en las Invasiones?

Como me aburre hablar de política hoy, voy a dedicarme a desvariar un poco con un ejercicio de imaginación histórica y escribir sobre qué hubiera podido pasar si los españoles y los criollos resultaban derrotados en la Segunda Invasión Inglesa en 1807 y los británicos hubieran podido establecer una presencia colonial en lo que hoy en día es la Argentina. El período cubierto va desde 1807 hasta la hipotética constitución de un estado al estilo canadiense o australiano en 1887. Capaz que más tarde escribo sobre lo que pudo venir después.

Lo que sigue es un ejercicio intelectual y de imaginación; lo único que podemos saber en este ejercicio contrafáctico es que las cosas hubieran sido distintas, nada más. No sabemos si para bien o para mal en general, aunque podemos imaginar que algunas cosas habrían acabado mejor mientras que compraríamos otros tantos problemas que ahora no tenemos, pero en líneas generales quiero decir que lo único que se puede asegurar es que el resultado hubiera sido muy distinto, y es eso lo que quiero tratar de imaginar con este pequeño ejercicio.

Todo esto viene para decir "¡No me peguen, no soy cipayo!".

Bueno, espero que lo disfruten.

La conquista del Río de la Plata (1806-1832)

El 3 de junio de 1807, apenas dos días después de infligir una categórica derrota a las milicias españolas y criollas en el combate de Miserere, las fuerzas británicas al mando del teniente general John Whitelocke lanzaron un ataque contra Buenos Aires organizados en tres columnas y con fuerte apoyo de la artillería. Luego de una feroz batalla callejera sin cuartel, los británicos consiguieron acabar con la resistencia local y forzaron la rendición de Buenos Aires el 4 de junio.

Mientras los restos de las fuerzas españolas y los criollos que optaron por huir de Buenos Aires se replegaban hacia Córdoba, convertida provisionalmente en la capital del Virreinato del Río de la Plata, de Londres llegaba un decreto que nombraba a Whitelocke como "Gobernador de la Colonia del Plata", que abarcaba tanto Buenos Aires y sus áreas circundantes como la Banda Oriental, que había sido conquistada previamente a la toma de Buenos Aires. Además, se enviaban refuerzos para proseguir la lucha contra los españoles hasta el río Paraná, en una campaña que pasaría a la historia como la "Primera Guerra del Plata".

Esta guerra se prolongó hasta febrero de 1808, cuando los británicos pudieron apoderarse de las tierras entre los ríos Paraná y Uruguay, lo que les permitió alejar la posibilidad de un contraataque español y así afianzar su posesión en Buenos Aires y la Banda Oriental.

Se sucedieron entonces dos décadas de tensión y ocasionales escaramuzas entre las fuerzas acantonadas en lo que ya se conocía como la "Sudamérica Británica" y las tropas españolas de la Capitanía General de los Andes, que había amalgamado los restos del Virreinato y Chile en una nueva y reforzada gobernación militar.

Durante estos años, el dominio británico sobre sus nuevas posesiones sudamericanas se consolidó e institucionalizó, mientras las colonias españolas atravesaban el tenso período de las fallidas revueltas independentistas de 1810, que fueron aplastadas en gran medida por las tropas adicionales que habían sido enviadas por España para prevenir una nueva expansión del Reino Unido.

Hubo dos momentos de gran tensión durante este período. El primero tuvo lugar en 1811 cuando una fuerza expedicionaria británica al mando del brigadier Denis Pack intentó apoderarse del puerto chileno de Valparaíso en una acción repelida por los españoles. Sin embargo, los británicos pudieron replegar sus tropas hasta la ciudad de Talcahuano, que había sido tomada por una segunda columna, estableciendo de esa manera una cabeza de playa al otro lado de los Andes. El segundo aconteció en 1819 cuando estalló en Buenos Aires una revuelta encabezada por Juan Castelli, la cual fue aplastada por las autoridades británicas.

Expansión (1832-1845)

Aquella tensa convivencia comenzó a resquebrajarse a finales de la década de 1820 con la segunda ola de levantamientos independentistas en los dominios españoles, que pudieron finalmente forzar al imperio español a conceder autonomías e incluso independencias limitadas a sus colonias americanas. Una de las últimas posesiones españolas en sucumbir a esta nueva ola independentista fue la Capitanía General de los Andes, que sufrió una fulminante revuelta de 1831 encabezada por Facundo Quiroga que desembocó en una larga guerra civil.

Aprovechando estas circunstancias, el gobernador británico de la Colonia del Plata, Sir Alexander Duff, lanzó a comienzos de 1832 un fulminante ataque contra la Capitanía de los Andes, logrando en tan sólo seis meses de campaña apoderarse de buena parte de las intendencias de Paraguay y de Córdoba del Tucumán. A pesar de que los contraataques españoles detuvieron el avance británico a pocos kilómetros de San Miguel del Tucumán, los españoles no fueron capaces de expulsar a los invasores de su territorio, excepto de las regiones de Cuyo, y debieron reconocer la pérdida de Córdoba y del Paraguay en el tratado de Salta, que puso fin a la "Segunda Guerra del Plata" el 19 de septiembre de 1833.

Meses después de la firma del tratado, la Capitanía de los Andes colapsó a manos de Quiroga y sus insurrectos, proclamándose en el antiguo cabildo de Antofagasta la "República de los Andes" el 27 de enero de 1834. De dicha república formaban parte los restos de la capitanía de Chile, las posesiones de Cuyo y las intendencias de Salta del Tucumán, Moxos, Chiquitos, Chuquisaca, La Paz, Charcas y Potosí. La tensión entre la nueva República de los Andes y los dominios británicos perduraría por algunos años más hasta la firma en 1838 de un tratado definitivo de paz y de mutuo reconocimiento entre el presidente andino Diego Portales y el plenipotenciario británico Sir Woodbine Parish.

Conscientes de que las posesiones sudamericanas se habían tornado demasiado vastas como para ser gobernadas exclusivamente desde Buenos Aires, el Parlamento británico sancionó en 1838 la "British South America Act", que reorganizaba al territorio controlado por Londres en seis colonias separadas: la colonia del Plata con capital en Buenos Aires, la colonia del Uruguay con capital en Montevideo, la colonia de la Mesopotamia con capital en Corrientes, la colonia del Paraguay con capital en Asunción, la colonia del Paraná con capital en Córdoba, y la colonia de la Araucanía con capital en Talcahuano.

Posteriormente, el triunfo británico en la guerra de 1841 contra el Imperio del Brasil permitió agregar dos nuevas colonias: la del Río Grande con capital en Santa Ana, y la de las Misiones con capital en la nueva ciudad de Iguassu. Además y como respuesta a las incursiones indígenas, se lanzó en 1849 la llamada "Campaña del Sur", que incorporó al dominio británico importantes extensiones de territorio patagónico a ambos lados de los Andes.

Desarrollo y rebelión (1845-1846)

Desde el final de la Segunda Guerra del Plata se produjo una importante inmigración británica y particularmente irlandesa, como así la instalación de las primeras líneas ferroviarias y el desarrollo de una incipiente pero importante industria agropecuaria que bien pronto convirtió a la Sudamérica Británica en el "Granero del Imperio".

Sin embargo, en 1845 tuvo lugar la más severa amenaza al dominio británico en el Río de la Plata cuando Juan Manuel de Rosas, un importante hacendado de la colonia del Plata, encabezó a un grupo de insurrectos que el 20 de noviembre de ese año emboscó en un paraje del Paraná llamado "Vuelta de Obligado" a tres transportes que llevaban armas para la guarnición británica en el Paraguay.

Con ese armamento y con el súbito respaldo de numerosos descontentos en la población hispanoparlante, Rosas lanzó una rebelión que en su mayor momento pudo apoderarse de las ciudades de Rosario y Santa Fe y organizar una marcha contra Buenos Aires, la cual fue derrotada en el combate de Caseros en abril de 1846.

Meses después de aquella derrota, la insurrección fue aplastada de manera categórica y Rosas fue sentenciado a prisión, aunque sería luego liberado y se le permitiría vivir en paz en su estancia platense. Desde entonces, Rosas se convirtió en un héroe y una figura icónica del nacionalismo hispanoparlante, y en una de las figuras más controvertidas del siglo XIX en la Argentina.

Camino a la Confederación (1846-1885)

La rebelión de Rosas provocó un importante cimbronazo en las autoridades británicas, que comprendieron la necesidad de otorgar a la población hispanoparlante una presencia mayor en los asuntos públicos de las colonias. Fue así que en 1848 se introdujeron importantes enmiendas a la British South America Act, entre las que se contaban la creación de cámaras representativas en las asambleas legislativas locales a las que podían ser electos los hispanoparlantes, y se le reconocieron a la Iglesia Católica idénticos derechos y privilegios que los que gozaba la Iglesia de Inglaterra como religión oficial.

La culminación de estas reformas ocurrió en 1853 cuando por decisión del Parlamento se le concedía a las colonias del Plata y del Uruguay el derecho a un "gobierno responsable", en el que las autoridades ejecutivas locales debían contar con el respaldo de una mayoría en las legislaturas coloniales, ante las cuales eran responsables por el ejercicio de sus poderes. Idénticos estatutos fueron aprobados para el resto de las colonias en un período que transcurrió entre 1855 y 1867.

En medio de un creciente desarrollo y siguiendo tendencias que por esos años tenían lugar con mayor o menor éxito en las posesiones británicas en Canadá y Australia, surgió un movimiento que buscaba la unión de las colonias británicas de Sudamérica en un único gobierno confederado. Este movimiento, que contaba con un importante respaldo en la población local, tanto angloparlante como hispanoparlante, promovió numerosas conferencias intercoloniales durante la década de 1870 para lograr la unificación, las cuales fracasaron por causas que iban desde la desconfianza de las élites coloniales hasta el resentimiento en las posesiones con mayor población hispanoparlante, como el Paraná y el Paraguay.

Federación (1885-1887)

A pesar de estos traspiés, representantes de todas las colonias y de los territorios de la Patagonia comenzaron el 4 de marzo de 1885 un nuevo Congreso Confederal en la ciudad de Rosario con el fin de acordar la creación de un gobierno confederal similar al que dieciocho años antes se habían dado las colonias canadienses. Tras largas y arduas semanas de deliberación, el 25 de mayo de ese mismo año el Congreso concluyó con un acuerdo entre todos los representantes, posteriormente ratificado y refrendado por los gobiernos coloniales, para la constitución de un gobierno que unificara a las colonias y posesiones sudamericanas en una federación.

La respuesta de Londres llegó pocos meses después en la forma de la "South America Constitution Act", que establecía un Parlamento bicameral conformado por un Senado que representaría a las colonias (redenominadas "provincias") y territorios, y una Cámara de Representantes cuyos miembros serían elegidos mediante un sistema similar al de Westminster. Como titular nominal del poder y representante oficial de la Corona, la nueva ley establecía el cargo de Gobernador General, el cual sería asistido por un Consejo Ejecutivo (posteriormente conocido simplemente como "gabinete") presidido por un Primer Ministro con responsabilidad ante la Cámara de Representantes.

Además, se creaba una Corte Superior de Justicia y una serie de tribunales federales, se dividieron los poderes y competencias entre el gobierno federal y las autoridades provinciales, y se daban los primeros pasos para el establecimiento de milicias complementarias de las tropas británicas, que en el futuro constituirían las fuerzas armadas nacionales. Las protecciones a la Iglesia Católica se mantendrían bajo el nuevo sistema, y por primera vez se incluirían provisiones para el uso del castellano en los servicios públicos en el nivel provincial y territorial de gobierno, aunque el inglés seguiría siendo por el momento el único idioma oficial a nivel federal.

Por decisión unánime de los representantes coloniales, las nuevas autoridades tendrían su asiento en la ciudad de Rosario, que sería transferida a la jurisdicción federal como el "Territorio Federal de la Capital". Una serie de ajustes fronterizos y reorganizaciones daría como resultado la división política de la nueva nación, que pasaría a incluir ocho provincias (Plata, Uruguay, Mesopotamia, Paraguay, Misiones, Río Grande, Paraná, Araucania) y cinco territorios (Capital, Patagonia, Tehuelchia, Magellania, Islas del Atlántico Sur).

Si bien la ley se refería al nuevo gobierno como "Sudamérica Británica", rápidamente se decidió que era necesario un nombre más neutral y aceptable para la población hispanoparlante. Uno de los representantes del Paraná, Julio Bautista Roca, propuso la palabra "Argentina", la cual sería aceptada por el Congreso Confederal, que oficiaba de Parlamento interino, como el nombre oficial de la flamante nación.

Tras la celebración de las primeras elecciones generales en junio de 1886 y la conformación de ambas Cámaras del Parlamento en diciembre de dicho año, la Constitución entró en pleno vigor el primero de enero de 1887, fecha que pasaría a la historia como el "Día de la Federación".

sábado, 10 de julio de 2010

Y dale con el matrimonio gay...

Este tema ya lo traté en octubre del año pasado, pero como volvió a la carga el debate, a la carga vuelvo yo.

Ahora que parece que todo anda fantástico en la República Argenta, resulta que el gran debate de la hora pasa por la legalización o no del matrimonio homosexual.

Al respecto y antes de abordar el tema, tengo que dejar claro que como católico (aunque no excesivamente practicante), mi definición de lo que es un matrimonio no puede incluir bajo ningún concepto la unión homosexual. Es desde ese punto que parto.

Como católico, esa es mi postura. Pero como argentino, es decir, como parte de una sociedad que no es exclusiva de la gente de mi religión, no creo que sea aceptable hacer extensiva la definición a toda la sociedad, aunque más no sea para no dejar la puerta abierta a que desde otros grupos se me quieran imponer definiciones que no estoy dispuesto a aceptar.

Para mí el problema del matrimonio homosexual existe por el solo hecho de que el Estado se arroga el poder para definir instituciones que están muy lejos de su competencia. Inevitablemente, cualquier definición de matrimonio que adopte va a dejar a alguien disconforme, sea porque la considera ofensiva a sus valores religiosos, sea porque la cree lesiva de sus derechos reales o percibidos.

Entonces se trata, como en muchas otras cuestiones, de encontrar el punto medio y común y trabajar a partir de ahí.

En mi opinión lo que actualmente llamamos "matrimonio" puede definirse de manera neutra como "una libre decisión de dos personas adultas de unirse y vivir en común, en los términos que ellas mismas fijan, con consecuencias legales y económicas derivadas del contrato celebrado, y que puede recibir la bendición de una institución religiosa."

Tenemos ahí tres partes: la libre decisión, las consecuencias legales y económicas, y la bendición religiosa, siendo esta última opcional según la fe o no de las partes. De la tercera se ocupa la Iglesia o las autoridades de fe correspondiente. La primera queda a criterio único y exclusivo de las partes (y seamos honestos en este tema, dos homosexuales se van a sentir pareja o matrimonio independientemente de lo que diga la Iglesia, el Estado o cualquiera) de acuerdo a su responsabilidad y libertad.

La única que le queda al Estado, pienso yo, es la de las consecuencias legales y económicas: la propiedad puesta en común, la inclusión en la herencia y los trámites de sucesión, la división de bienes en caso de ruptura. Todas cuestiones que se pueden celebrar (a menos que un abogado me desmienta) con contratos comunes y corrientes que no tienen por qué llevar el título de "matrimonio".

Si se me diera a mí la posibilidad de intentar resolver esto, mi respuesta sería:
  • eliminar el matrimonio civil como institución tanto para heterosexuales como para homosexuales,
  • dejar para las partes la cuestión de las relaciones que se quieren emprender, siempre que estén en condiciones de decidir responsablemente,
  • dejar al Estado nada más que la celebración de los contratos necesarios para dejar clara la situación patrimonial y de sucesión, y establecer que, en caso de ausencia de estos contratos, el paso del tiempo en convivencia otorga derechos,
  • y dejar a criterio de la fe religiosa de cada uno o a la ausencia de la misma la cuestión de la naturaleza filosófica y trascendental del matrimonio, pareja o como quieran llamarlo. Punto.
Punto. Si dos homosexuales después quieren festejar vestidos los dos con traje blanco de novia, me importa poco y podría llegar a importarme menos; religiosamente diré que es un asunto que es sólo entre ellos y Dios, socialmente diré que no es asunto mío y que como adultos son libres para hacer lo que les parezca siempre que no jodan a los demás, y políticamente diré que lo único que le tiene que interesar al Estado es que paguen sus impuestos, cumplan las obligaciones legales y económicas que se desprenden de su caracter societario, y no acaben hiriéndose o matándose.

La adopción es otro tema que no voy a abordar, excepto para decir que mejor sería reformar por completo el sistema de adopciones antes de agregar así de la nada todo un nuevo grupo de potenciales solicitantes.

Quizás sea liberalismo de laboratorio, pero a esta altura del partido, bien vale pensar soluciones alternativas a la cuestión, aunque probablemente no pasen la prueba de la realidad.

Respecto a lo que ahora se debate en el Congreso, me parece que el proyecto de matrimonio homosexual muere en el Senado y el de unión civil muere en Diputados. En suma, la comunidad homosexual se va a quedar sin el pan y sin la torta.

De todas formas, dudo mucho que, salga lo que salga, vaya a haber una solución. Como me dijo un colega: "no se trata de los derechos de ellos ni siquiera del derecho a adoptar, sino de apropiarse de la palabra 'matrimonio'; para ellos es como sitiar una fortaleza e izar la bandera al tope". Y en este caso, este interés se juntó con las ganas de Kirchner, a quien no le veo pinta o tradición de militante pro-gay, de escupirle en el ojo a monseñor Bergoglio y al resto de la Iglesia argentina.

O de manera más sencilla y como dirían en El Opinador Compulsivo, se trata de tener en todo momento algo con qué joder.

sábado, 3 de julio de 2010

Pensando tras la decepción

Bueno, se terminó, quéseleváser. De vuelta a casa, de vuelta a la realidad.

Fue lindo mientras duró, incluso para mí que soy ateo en materia futbolística. Dieron ganas de creer, dieron ganas de pensar que esta vez se podía llegar a... a algo.

Por unos días estuvo lindo tener algo en qué pensar y de qué hablar que no fuera de política, de crisis, corrupción, inseguridad y autoritarismo. Estuvo bueno ver alguna esperanza por ahí, de llegar a algo aunque más no sea en el fútbol.

Lo de siempre: esperar que la decepción, o en este caso el desconsuelo y el dolor que nos dejó esta verdadera violación que fue el partido con Alemania, ayude a replantear algunas cosas. Por ejemplo, la conducción mafiosa y corrupta de la AFA con Grondona a la cabeza, o la manera en que se endiosó y se le puso confianza a Maradona en un puesto para el que no está calificado, o la forma en que nosotros como sociedad encaramos los esfuerzos argentinos en cualquier campo.

Y sí, si Argentina hubiera ganado, hoy Maradona seguiría siendo Gardel. Hasta yo lo podría haber dicho. Pero no lo hizo, todos los errores, presunciones y arrogancias de Maradona y de los que quisimos creer en él nos volvieron de la peor manera. No estoy feliz con Maradona hoy, pero él llegó a donde llegó porque lo llevamos ahí y lo dejamos subir a un lugar para el que quizás no estaba listo.

No somos los peores, por más que el 4-0 nos quiera hacer pensar eso. Pero no somos los mejores, y no lo vamos a ser por más que tengamos todo lo que se suele repetir en momentos como éste. Para ser los mejores hay que trabajar, hay que esforzarse, hay que tomar decisiones, no basta con la "mística", con las cábalas, las boludeces del pulpito o de la camiseta celeste y blanca. Si la Argentina quiere llegar a ganar en el 2014 el laburo tiene que empezar pasado mañana, cuando estén los muchachos de vuelta acá en la Argentina.

Para mí, el ejemplo del Mundial fue ver ayer a los jugadores uruguayos reunidos antes de los penales y leer los labios del Maestro Tabárez diciendo: "Tranquilos, ya no importa. Ya no importa". Llegar a esta etapa, para ellos, era un triunfo y valía la pena. Debajo de Uruguay, en caso de perder, habían quedado 24 equipos. No era poca cosa.

Debajo nuestro quedaron unos 24 equipos. Podría ser peor, pudo haber sido el bochorno de 2002, con el infeliz de Bielsa que ahora se hace el exquisito con Piñera después del recibimiento que le hicieron por un resultado que, de haberlo obtenido con la Argentina, lo hubiera condenado al ostracismo.

Estamos entre los ocho mejores. Hay 24 equipos que no se fueron de Sudáfrica pensando eso. Y hay otros 172 que quedaron afuera en las eliminatorias que tampoco lo pueden pensar.

Pero bueno, de vuelta a la realidad. Fue lindo mientras duró.
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