sábado, 28 de marzo de 2009

Apostillas

Cada vez se hace más difícil y complejo intentar escribir algo que mantenga validez de una semana para la otra; tan locos son los tiempos que vivimos.

Por eso, esta semana voy a tratar de mantenerlo corto y concreto, tomando cada cuestión por puntos.

Clarín

No sé quién fue el que dijo que "ningún gobierno sobrevive a veinte tapas contrarias de Clarín".

Tampoco sé si fue el Gobierno el que mandó interferir las señales satelitales de Canal 13, TN y hasta Volver. Lo que sí sé es que no les creo absolutamente nada cuando intentan desmentirlo. Y nadie más se lo cree. Menos que menos el Grupo Clarín.

¿Cuánto se compró el Gobierno con este chistecito, sea por obra propia o por asociación? ¿Ocho tapas contrarias de Clarín? ¿O quizás cuatro notas con tono de preocupación de parte de Julio Bazán?

Sea lo que sea, fue un pésimo gesto en un momento muy complicado para el Gobierno.

mendacidad. (Del lat. mendacĭtas, -ātis). 1. f. Hábito o costumbre de mentir.

A la Presidente se le ocurrió afirmar que por culpa del último paro agropecuario una chica murió por demoras con la ambulancia.

Cuando hasta la propia madre de la difunta en cuestión sale a refutar lo que Cristina declaró desde Olivos, queda claro una vez más por qué a esta mujer no se le puede creer en lo más mínimo.

Falsear los detalles de la muerte de una chica solamente para arrojar culpas y ganarse algunos porotos en la guerra estúpida que declaró contra el campo habla a las claras de la bajeza moral e inmundicia que despide Cristina Elisabet Fernández de Kirchner cada vez que abre la boca.

Si no supiera absolutamente nada sobre las desgracias que esta señora y su cómplice conyugal le infligieron a este país, me bastaría este detalle para no pensar en darle mi voto.

Bajada de cambios

Y hablando del conflicto de nunca acabar, finalizó el más reciente paro de las cuatro entidades agropecuarias.

En lo personal yo estoy completamente en contra de los cortes de rutas, por lo que si realmente la Mesa de Enlace ha decidido a la luz de esta última semana poner paños fríos y hacer abandono de esa metodología, no puedo más que estar completamente de acuerdo.

No sólo hacen bien por la ilegalidad del mecanismo; es una decisión sensata para no saturar los nervios de la ciudadanía y arriesgar la carta más importante con la que cuentan: el apoyo de la opinión pública.

Es momento de recuperar fuerzas y planear otras estrategias. En lo personal, vería de mantener la calma a nivel nacional pero de aumentar la presión sobre los gobernadores y otros lacayos territoriales del kirchnerismo. Pegarles al kirchnerismo donde le duele: en los niveles más bajos del aparato. Y consolidar los vínculos del agro con sus comunidades locales y con las oposiciones varias.

A nivel nacional, optaría por insistir con diálogos, aún si delante hay que tener a Giorgi y Randazzo ofreciendo miserias que nunca van a cumplir. No hay que perder la calma frente a este Gobierno. Y siempre se puede contar con Néstor Kirchner para arruinar cualquier principio de acuerdo... pagando así los costos ante la sociedad.

Se corre el riesgo de quedar como ingenuo e inocente. Pero también viene de la mano con la percepción de quién es el intransigente y el tramposo. Hay que aprender de Felipe Solá. "En política hay que saber hacerse el boludo", decía Felipe.

"Siéntate en la puerta de tu casa..."

En cuanto al estadista de los próximos quince minutos, es decir el propio Néstor, las noticias vienen siempre con una de cal y una de arena.

Todavía debe estar festejando el adelantamiento de las elecciones. Es comprensible: se salió una vez más con la suya.

¿A qué precio? Al ridículo de demostrar una vez más que todos sus discursos son dobles (todavía resuenan sus graznidos contra el desdoblamiento electoral en Catamarca) y que con tal de ganar de aquí a quince minutos o la tapa de los próximos dos días es capaz de vender a su madre.

Y al peligro aún más serio de acelerar los tiempos de la oposición. Ya de entrada Solá y de Narváez arreglaron sus disputas sobre la lista y el panorama bonaerense empieza a nublarse para el Pingüino.

Aún a riesgo de coincidir con los pichettos, pampuros y rossis del mundo, una cosa es cierta: Kirchner es LA gran opción del kirchnerismo en Provincia. Massita y Floppy Randazzo no miden en el amperímetro en comparación con el Presidente Consorte.

Y eso es lo que debe desesperar al patagónico: con él como candidato, los campos están perfectamente delimitados y polarizados, y no queda espacio para las ambigüedades. Los kirchneristas y quien quiera votar a Kirchner tendrán la opción más pura y perfecta frente a ellos: el propio Kirchner.

Frente a Néstor candidato no hay mucho margen para las indecisiones; quien todavía esté indeciso es porque no se decidió por ninguna alternativa opositora. La gran duda entre los indecisos que todavía quedan será votar a De Narváez o a Stolbizer.

Y si Kirchner mismo, el ancho de espadas del kirchnerismo, no consigue atraer a los indecisos (no hablemos ya de arrancar votos a la oposición), menos lo harán los cuatros y cincos de su baraja de candidatos. Poner a "Massita" al tope de la lista, asumiendo que éste quiera ir, es entregar una elección que ya con el propio Néstor pinta ser complicada.

No importa qué tan mala sea una situación para el Gobierno: siempre podemos contar con Néstor (el mismo que le legó a su esposa los regalitos de un campo que la odia a morir, de la popularidad de Julio Cobos y de la sed de sangre del Grupo Clarín) para hacerla infinitamente peor.

¿Conviene la unidad?

¿Para qué conviene que la oposición "se una"?

Estas no son elecciones ejecutivas: no hay un único premio y por tanto no existe el "segundos, afuera".

Armar una gran coalición antikirchnerista es importante para el 2011 como lo fue en el 2007, pero no vale tanto para las elecciones de junio.

¿Para qué meter en un mismo armado a gente como Carrió, Macri, Cobos, Stolbizer, Solá, Juez, Binner y tantos otros que no pueden ni sentarse a comer una pizza?

Si lo hicieran, le hacen el juego a Néstor: le dan credibilidad a sus dichos de "la Alianza residual".

Es preferible que se formen dos grandes polos opositores que le arranquen al kirchnerismo votos por todos los cuartos: que la Coalición Cívica, los radicales y los socialistas se queden con los últimos progres convencidos y que el PROperonismo se lleve a los pragmáticos sobrevivientes. Y que al kirchnerismo lo voten sus últimas reservas: los que están demasiado metidos como para escapar y los que van arreados.

Total, acá se trata de sacarle bancas a Kirchner en las dos cámaras, no de disputar la Presidencia. En última instancia, la victoria electoral se medirá en las bancas que cada partido obtenga, no en quién salió primero. Eso es importante, pero no es lo fundamental.

Y creer que la tapa de Clarín diciendo quién sacó más votos en Provincia es lo fundamental es, una vez más, hacerle el juego al Néstor. A Kirchner le conviene tener frente a él un rejunte tan amplio como inestable. No lo va a ayudar mucho en las urnas, pero sí va a darle algunas dudas a quienes recuerdan lo que pasó la última vez que se armó una alianza con el único fin de ganar elecciones.

Para eso, mejor que sean dos bloques compactos de gente que se sienta cómoda con su compañía.

Quién sabe, si algún día esto termina, hasta podamos volver al bipartidismo a partir de estos dos bloques.

Soñar no cuesta nada, después de todo.

sábado, 21 de marzo de 2009

El reino de la incertidumbre

Cada vez que desde el Gobierno, sea a través de un anuncio especial de la Presidente desde Olivos, sea a través de una conferencia de prensa de algún ministro, o sea por un discurso del Presidente Consorte, se comunica un gran anuncio, el vendaval mediático es feroz y todo el país acaba de cabeza.

Esta semana, por ejemplo, está la coparticipación de las retenciones con las provincias, y el nuevo paro agropecuario que desató el anuncio presidencial, condimentado con los comentarios cada vez más frecuentes (y menos exclusivos de los esperanzados) acerca de una potencial renuncia de Cristina Kirchner si las elecciones le son adversas al matrimonio.

Cuesta recordar, por ejemplo, que hace una semana el gran tema era el adelantamiento de las elecciones. O que la semana anterior lo que nos tenía a todos locos era el acuerdo inicial entre el Gobierno y el campo. O que antes hablábamos todos sobre los rumores de estatización total o parcial del mercado de cereales.

Dios sabe qué va a pasar la semana que viene.

Los acontecimientos se suceden a una velocidad pasmosa que confunde, desespera y acaba con cualquier sensación de tranquilidad que pudiéramos tener. La sensación general es la de vivir en un país en donde todo es posible, pero no ya en el sentido esperanzado de la expresión, sino en el de una imprevisibilidad absoluta y aterradora, en donde ni las fechas de las elecciones o las más básicas reglas de comportamiento político pueden detener las acciones de los gobernantes.

Sumado a la imprevisibilidad de las acciones del Matrimonio está una cuestión que ya dinamita por completo cualquier clase de acuerdo: la absoluta, total e ilevantable desconfianza que pesa sobre la actual administración y sus funcionarios.

Recapitulemos volviendo hacia 2003: el tren bala, el FBI argentino, las grabaciones de la AMIA, la televisión digital, el voto electrónico, el Plan de Redistribución Social en que se iba a invertir lo recaudado por la 125, el pago al Club de París, el Plan Canje de Autos, el Plan Canje de Electrodomésticos, el Plan Canje de Bicicletas, los acuerdos iniciales con el campo... estoy seguro de que la lista es incompleta y que ustedes tendrán muchos ejemplos más de grandes promesas e intenciones que quedaron en la nada al día siguiente de sus anuncios.

¿Cómo creerle a este gobierno? Imposible cuando no sólo no se puede tener fe en que vayan a cumplir con lo que prometen, sino cuando ya no se puede esperar de ellos que respeten las normas más básicas.

Es un gobierno que ha arrojado a la Argentina a una inseguridad más general que la del simple delito: la inseguridad de una incertidumbre y agitación permanentes, sin posibilidad de salida.

El gobierno matrimonial de los Kirchner no merece la menor confianza de parte de nadie, simplemente porque desde 2003 a la fecha no se han mostrado dignos o merecedores de confianza.

No valen las excusas que se argumentaban: hasta 2005, que se trataba de tácticas para superar la debilidad inicial de 2003; hasta 2007, que había que consolidar un gobierno frágil; ahora, que es para enfrentar una crisis económica que negaron rotundamente...

No.

Muchos dicen que la institucionalidad depende de asegurar que Cristina Kirchner llegue a 2011. Me parece un argumento creíble si hubiera alguna prueba de que Cristina Kirchner y su esposo son capaces de respetar la poca institucionalidad que queda antes siquiera de 2009. No podemos hablar de prevenir la incertidumbre manteniendo en el poder a los generadores de dicha incertidumbre.

Al paso que vamos y por lo que podemos ver de ellos, dudo que quede algo de instituciones en este bendito país para cuando Cristina y Néstor se vayan del poder.

sábado, 14 de marzo de 2009

¿Hay agua en la pileta?

Néstor Kirchner hizo una vez más lo que mejor sabe hacer: patear el tablero.

En una jugada brutal, el Presidente real convenció a la Presidente ficticia para que propicie un adelantamiento de las elecciones legislativas nacionales al 28 de junio, apenas 24 horas después de que Mauricio Macri anunciara que las elecciones legislativas de la ciudad de Buenos Aires iban a ser desdobladas de las nacionales y adelantadas a la misma fecha.

No importa que esta jugada requiera cambiar el Código Electoral que el propio Kirchner reformó cuando estaba formalmente en la Presidencia, no importa la crítica destemplada que hiciera al adelanto de elecciones hace apenas unas semanas en Catamarca, no importa que la crisis y el desastre que ahora los tiene tan nerviosos fuera la misma que negaban hasta el cansancio, no importa que cualquier confianza que pudiera haber quedado sobre el futuro económico del país de acá a octubre se esfumara y ni siquiera importa el ridículo de contradecirse groseramente, lo que importa es la elección y ganarla.

Es que es un Kirchner en estado puro: incluso el objetivo estratégico (la permanencia en el poder) se sacrifica al logro del objetivo táctico (la victoria electoral).

Es cierto que Kirchner descalabró el escenario político con su brutal propuesta de correr las elecciones cuatro meses. Es cierto que agarró a la oposición en un estado precario y la forzó a correr para compensar los meses que probablemente no tenga. Es cierto que le ahorra en parte al Gobierno el desgaste que le hubieran traído varios meses de malas noticias económicas y electorales. Es cierto que quizás haya puesto coto al esfuerzo legislativo para quitarle las retenciones al Ejecutivo, forzando al Legislativo a debatir este absurdo cambio de fechas. Y también es cierto que por primera vez en mucho tiempo, él es el que dice a qué compás van a tener que bailar todos los demás.

Pero es una jugada muy pero muy complicada para el kirchnerismo.

La oposición pasará por un descalabro inicial que sin duda el oficialismo tratará de explotar, pero si Kirchner cuenta con que ese descalabro se perpetúe desde ahora hasta junio, haría bien en recordar que si bien las oposiciones argentinas históricamente fueron incapaces de unirse en pos de algo, nunca tuvieron mucho problema en unirse en contra de algo. Más cuando los tiempos apremian: ya no queda tiempo para seguir divagando en peleas de cartel al mejor estilo de las "Guerras de las Plumas" que las vedettes nos regalan todos los veranos.

Va a ayudar mucho a la oposición la percepción común, confirmada una vez más con esta jugada, de la imprevisibilidad absoluta del gobierno kirchnerista. La idea de que "estos son capaces de cualquier cosa" y la natural intranquilidad que esa idea provoca, no va a ser precisamente favorable a las intenciones electorales del matrimonio; si quedaba alguien que pudiera ver en el matrimonio mayores certezas y seguridades sobre el futuro, semejante maniobra hará mucho por desengañarlo.

Menos todavía va a ayudar la percepción sobre el futuro económico del país que deja este intento de ganar cuatro meses. De un solo saque, Kirchner se ocupó de hacer detonar cualquier credibilidad que pudieran tener las constantes y necias repeticiones de la Presidente sobre la inexistencia de la crisis, la solidez económica de la Argentina, los éxitos de la política oficial y las perspectivas sobre el futuro inmediato. Peor aún para la ya demolida credibilidad oficial, el discurso presidencial pasó de una negación completa de la realidad a un cuadro apocalíptico en apenas 24 horas, sin que por ello se vislumbren sinceramientos sobre la realidad de la economía: específicamente, la inflación, la desocupación y el nivel de reservas con que cuenta el Banco Central para afrontar la escalada del dólar.

En el imaginario colectivo todavía está fresco el recuerdo del adelanto que Raúl Alfonsín hizo de las elecciones presidenciales de 1989, y de cómo los esfuerzos del entonces mandatario por ganar de mano y conseguir el triunfo en las urnas fue devorado por la hiperinflación y la desconfianza generalizada en su política económica. Es una imagen que Cristina Kirchner evocó demasiado claramente con sus referencias acerca de "la crisis" y "el desastre" que hacen imperativo "superar el escollo electoral" lo antes posible.

Olvidan los oficialistas que ahora celebran la medida que el adelanto no es económica y electoralmente neutra. La decisión de correr las elecciones cuatro meses antes y la desconfianza e intranquilidad que provocan va a poner en marcha muchos procesos de la economía que Kirchner seguramente esperaba dejar para después de las elecciones. En su distorsionada visión del mundo, Kirchner no comprende que los golpes de mano en política repercuten en las percepciones de la ciudadanía, y que esa misma ciudadanía es la que con sus decisiones de ahorro y consumo mueve la economía nacional. Ante un futuro que promete ser tan serio como para forzar al matrimonio a apostar a las elecciones anticipadas, no es de descartar una búsqueda de seguridad y resguardo por parte de los habitantes... con la consecuente presión sobre el dólar.

Además, en estos momentos la Mesa de Enlace debe estar sopesando cuidadosamente las ventajas y desventajas del nuevo escenario electoral. Por más que Kirchner le quite titulares al conflicto agropecuario con su última jugada y a pesar de que comprensiblemente, la atención legislativa pase a enfocarse sobre esta idea de cambiar el Código Electoral, los ruralistas no pueden ignorar tres grandes favores que Kirchner les ha dado gratuitamente.

Primero, los salva a ellos también de cuatro meses de desgaste y potenciales peleas internas. Segundo, le da un peso electoral nuevo al conflicto agropecuario, ya que no va a llegar al momento de las elecciones siendo una noticia repetida y hartante para la opinión pública, sino un conflicto fresco e irresuelto que aún va a tener en ascuas al interior. Y tercero, como bien se señaló en algunos comentarios, les da a los ruralistas un arma impensada contra el Gobierno recaudador: es más factible detener las ventas hasta junio y negarle al Gobierno los ingresos por exportaciones que tanto necesita para refrescar la caja y así comprar votos y voluntades.

Por último, la medida es una admisión brutal de la poca solidez con que cuenta el oficialismo. Aquella administración que hacía lo imposible por mostrarse monolítica y avasalladora ahora revela su debilidad atroz, su desesperación por ganar y la escasez de sus recursos, y deja a las claras que no se veía con buenas posibilidades de ganar las elecciones si se celebraban en octubre tal como lo mandaba la ley. Eso sólo basta para incentivar a muchos que no derramarían una sola lágrima por el final del kirchnerismo: en su afán por ganarle a la Historia, el kirchnerismo sangró demasiado en un agua que cada día está más infestada de tiburones... a los que él mismo ayudó a criar.

Es cierto que quizás la jugada reporte beneficios a Kirchner; si no le da una victoria, al menos podría ayudarlo a hacer que la derrota fuera menos espectacular o que el triunfo opositor no sea tan abultado. Puede incluso darle oxígeno para intentar nuevas jugadas de aquí a octubre en todos los campos de batalla que tiene abiertos: campo, Cobos, Grupo Clarín y oposición. Sin embargo, esto requeriría que Kirchner piense más allá del escasísimo margen de tiempo que emplea para tomar decisiones: requiere que piense en el futuro y no ya en la tapa del diario del día siguiente.

¿Es Kirchner capaz de aprovechar la jugada que él mismo hizo?

Difícil. Hablamos del mismo hombre que hipotecó la imagen positiva del mandato recién iniciado de su esposa en un conflicto con la base electoral que la llevó a la victoria en 2007; del mismo hombre que tan ansioso está por destruir al Vicepresidente que todos los días le regala pequeñas victorias gandhianas con cada acto de mezquindad oficial que le prodiga; del mismo hombre que no vaciló en aliarse con las dos figuras más odiadas de una provincia en la que iba a perder con tal de pretender escupirle el asado a sus ex-aliados, ganándose así una derrota electoral.

Néstor Kirchner es un hombre que, si pudiera, jugaría los ahorros de su vida en el Prode de la semana con tal de ganarlo. La enormidad de la apuesta y la audacia de la maniobra asustan al principio, pero pasado el estruendo de las operaciones de prensa, dejan al hombre y a la fuerza que representa con más debilidad presente y futura.

El tiempo dirá lo demás.

miércoles, 11 de marzo de 2009

El muerto se ríe del degollado

"ES UN CARADURA"

Lo dijo Felipe Solá, el hombre que dijo "en política hay que saber hacerse el boludo" cuando lo consultaron sobre su habilidad para saltar de un patroncito político a otro sin quedar quemado, en respuesta a ciertos cuestionamientos del gran patriarca Néstor Kirchner.

Sin osar defender al cretino que gobierna desde las sombras, de los dichos de Solá sólo puedo decir que supongo que se necesita ser uno para reconocer a otro.

sábado, 7 de marzo de 2009

Yapa del Sábado: Broma de mal gusto

Nuestra Donald Rumsfeld de cabotaje, la ministra de Defensa Nilda Garré, pidió "austeridad" a las Fuerzas Armadas a la hora de preparar sus presupuestos dado el año difícil que estamos encarando.

Todo bien con medirse, ¿pero se le pedirá austeridad a la ANSES, a Planificación Federal, a Desarrollo Social y a las otras reparticiones públicas involucradas en el verdadero Plan Kanje: el intercambio de nuestras jubilaciones y contribuciones por más clientelismo y votos?

Creo que ya sé la respuesta.

Nota principal del Sábado: ¿Cómo sigue el conflicto después del Acta-Acuerdo?

A veces hay que esperar a que pasen algunos días y que se disipe el eco de las operaciones de prensa, por no decir que disminuya la calentura y el desconcierto, para arriesgar un análisis de lo que pasó y de lo que va a pasar.

La noticia de la semana fue el acta-acuerdo que la Mesa de Enlace de las cuatro entidades agropecuarias firmó con el Gobierno Nacional tras una reunión de ambos grupos en la que intervino sorpresivamente la Presidente Kirchner. De dicha acta-acuerdo se han dicho innumerables cosas: que es el fin del conflicto, que es el comienzo del fin, que es la rendición de la Mesa de Enlace, que es el comienzo de la ruptura del vapuleado frente agropecuario... muchas cosas han poblado las tapas de los diarios y los titulares de los noticieros, y varias de ellas tienen el inconfundible tufo de las operaciones de prensa.

Pero vayamos por partes. La primera pregunta que debemos analizar es: ¿es el acta-acuerdo un punto final para el conflicto entre el agro y el Gobierno?

La respuesta: no.

Es simplemente una pausa, una oportunidad que ambos lados del conflicto andaban necesitando para tomarse un respiro y reorganizarse para la siguiente etapa.

El Gobierno Nacional, que a esta altura es el matrimonio Kirchner y su círculo íntimo, está pasando por uno de sus momentos más complicados. Los tiempos en los que Néstor Kirchner podía disciplinar al Estado y al Partido con unas cuantas llamadas de teléfono y promesas de caja se acabaron. Ahora, el Presidente Consorte se enfrenta a deserciones y cuestionamientos en sus filas, y el costo de mantener a los que aún están dentro del paraguas del Frente para la Victoria es cada vez más alto en términos financieros y de favores.

Y si la capacidad coercitiva de Néstor Kirchner anda en baja, los números de "la caja" disminuyen justo en momentos en que los costos son cada vez más altos, tanto por el año electoral como por la creciente sangría de "lealtades" en el Justicialismo y otros afines K.

El año electoral es cualquier cosa menos prometedor para el Gobierno. Tras el error inconcebible de alienar a la base electoral que llevó a Cristina Kirchner a la Presidencia en 2007, es decir a los sectores rurales, al punto en que la sola asociación de un candidato con los Kirchner equivale en muchos distritos del interior al suicidio político, los apoyos que aún quedaban en los sectores urbanos empiezan a esfumarse como resultado del cóctel de inflación, inseguridad, intransigencia e intolerancia que despliega el Gobierno Nacional.

Peor aún: la crisis internacional, esa "burbuja que se derrumba", está más cerca de lo que originalmente pensaban los popes del kirchnerismo, y combinada con la propia crisis económica doméstica que empeora a cada día, promete ser una tormenta perfecta.

Como resultado, el Gobierno Nacional tiene una necesidad imperiosa de pausar el conflicto agropecuario en la medida necesaria para que:

a) no continúe ocupando las atenciones oficiales y mediáticas.
b) no se dilate en el tiempo como para tener un impacto mayúsculo en las legislativas de octubre.
c) permita al oficialismo la oportunidad de reagruparse y así tratar de recuperar terreno.

Además, los ultras (o "paladares negros", según Reutemann) del kirchnerismo nunca abandonaron los objetivos maníacos de Néstor Kirchner de "poner de rodillas a los ruralistas" y desintegrar la Mesa de Enlace. Es a la luz de esto que se deben interpretar los rumores de estatización total o parcial del mercado de cereales, a sabiendas de que la Federación Agraria, que históricamente coqueteó con el estatismo, se vea tentada y provoque fisuras en la Mesa de Enlace. Este objetivo ha sido cumplido en parte.

¿Pero qué pasa con la Mesa de Enlace?

Hay un hecho indiscutible: las cuatro entidades del campo tienen divergencias históricas que son muy difíciles de subsanar. Lo que Sociedad Rural piensa es en muchos casos inconciliable con las ideas de la Federación Agraria, y Confederaciones Rurales y Coninagro están en el medio, oscilando de acuerdo a la situación. La unidad de las cuatro entidades en todos los casos es imposible, y como es de esperar, la prolongada duración del conflicto y las constantes tretas del Gobierno para forzar la ruptura tuvieron efectos tensionantes en la relación.

Desde principios de año la Mesa de Enlace viene recibiendo golpe tras golpe: primero fueron las interminables chicanas impulsadas por el Gobierno prácticamente desde el comienzo del año, tendientes a lograr que el campo "pise el palito" y se lance a protestar en el momento más inconveniente del año.

Más tarde fue la "operación Biolcati" armada en torno a las negociaciones entre Julio de Vido y el presidente de la SRA, negociaciones que fueron "deschavadas" desde el propio Gobierno con el fin de fracturar a la Mesa, aunque su único efecto real fue desacreditar por completo a cualquier negociación con el Gobierno y reiterar a los miembros de la Mesa que el Gobierno aún los tiene como enemigos.

Luego vino la oleada de rumores sobre la estatización del comercio de granos primero y después la posible creación de una empresa mixta con participación estatal mayoritaria, una propuesta que suena como música para muchos miembros de la Federación Agraria y que provocó algunos cruces en la Mesa.

Y por último está la propia olla a presión que es el ruralismo. La Mesa de Enlace y las autoridades de las cuatro entidades están en la poco envidiable posición de tener que negociar con un Gobierno que ansía con ponerlos de rodillas, a la vez que representan y tratan de encauzar a una legión de productores y ruralistas que adquirió un verdadero odio hacia los Kirchner y todo lo que ellos significan. La Mesa sabe que cualquier acercamiento excesivo con el Gobierno sin que se obtengan beneficios para el sector agropecuario o sin que se avance en el logro del objetivo principal (la reducción o eliminación de las retenciones) resultaría en la pérdida del respaldo de las bases y en el crecimiento del sector "autoconvocado"; el comodín de la protesta agropecuaria. Las tensiones entre la Mesa y Alfredo de Angelis son el ejemplo perfecto.

Existen además dos elementos adicionales en la estrategia de la Mesa de Enlace. El primero de ellos tiene que ver con el timing de una eventual campaña de protestas; el liderazgo ruralista prefiere demorar cualquier tipo de protesta hacia los meses subsiguientes, dado que estiman (y no sin equivocarse) que la situación económica general y el sinceramiento necesario de los niveles de desempleo (acabadas las posibilidades de conceder "vacaciones extendidas" al personal despedido) generarán el clima necesario para que las protestas del campo encuentren no sólo apoyo de una sociedad golpeada por la crisis, sino también la oportunidad de encuadrarse dentro de una problemática mayor y no quedar circunscrita a ojos de la población como un problema puntual. En resumen, el campo aspira a dilatar el conflicto para no cortarse solo ante el Gobierno y la sociedad.

El segundo elemento tiene que ver con una realidad ineludible: el 2009 será un año extremadamente complicado en todos los aspectos y el humor social no tolerará un conflicto agro-Gobierno con la misma intensidad y fervor con que lo hizo en el 2008. Más aún, la Mesa sabe que el Gobierno no despreciará cualquier oportunidad para desacreditar a la protesta rural ante los ojos de la sociedad, y es por eso que su estrategia general apunta, en términos futbolísticos, a dejar la pelota en la cancha del Gobierno. La postura de la Mesa será dialoguista a ultranza y en la medida de lo posible, prefiriendo correr el riesgo de quedar como demasiado inocentes antes que quedar como demasiado combativos.

El acta-acuerdo representa la oportunidad ideal para que el Gobierno y la Mesa de Enlace encuentren un respiro y una pausa antes de la siguiente ronda de conflictos. El Gobierno intentará poner paños fríos al conflicto y a sus propias heridas, y la Mesa de Enlace tratará de descomprimir su compleja situación interna para que ésta no estalle en los meses por venir, a la vez que aprovecha la evidente precariedad del Gobierno para conseguir de éste algunas concesiones que mostrar ante la tropa como un éxito parcial.

Pero si el acta-acuerdo es una pausa, ¿cómo vendrá la siguiente etapa del conflicto?

Importará mucho la dinámica de fuerzas que existe en el seno del Gobierno Nacional. La intromisión de Cristina Kirchner en la reunión del martes pasado es una señal de debilidad en dos sentidos. Primero, muestra a las claras que ni Débora Giorgi ni Florencio Randazzo están en condiciones de negociar o acordar nada por su propia cuenta. Carecen de autoridad y de poder real para negociar, acordar y comprometer al Gobierno en el cumplimiento de cualquier acuerdo.

Segundo, muestran que el Gobierno está tan urgido de una pausa que está dispuesto a jugar la carta institucional de la Presidente en un acuerdo incipiente y menor cuando el año recién comienza. La credibilidad de Cristina como negociadora y garante quedará asociada al cumplimiento o no del acta-acuerdo ante los ojos del ruralismo y de la sociedad en general; un incumplimiento o traición acabarán con cualquier confianza que a estas alturas pueda representar Cristina. Que Cristina Kirchner sea la garantía del acta-acuerdo es el equivalente de jugar el ancho de bastos en la primera mano.

Dentro de la dinámica gubernamental, el comportamiento de Néstor Kirchner y los halcones que lo rodean es todavía un enigma. ¿Se avendrá el Presidente Consorte a respetar el acuerdo logrado el martes o intentará torpedearlo via "Lassie" Moreno, la AFIP de Echegaray o la módica ONCCA como lo ha hecho tantas otras veces? La experiencia histórica y la personalidad de Néstor Kirchner ya dan a conocer una respuesta más que probable a esa pregunta.

El creciente acercamiento de la Mesa de Enlace a los sectores de la Oposición, la elección de la vía legislativa para forzar el tratamiento de las retenciones y la insistencia por parte de los titulares de las cuatro entidades sobre la continuidad del conflicto, las dudas sobre el cumplimiento del acuerdo y la persistencia del problema principal son señales a las claras para todos los actores interesados en el conflicto.

Al Gobierno, le dicen que el acta-acuerdo no es ni el final ni el principio del final; quedan muchos otros temas sobre la mesa y la Mesa buscará que sean tratados no ya exclusivamente por el Ejecutivo sino por los otros poderes del Estado federal, en los que el kirchnerismo ya no cuenta con poder absoluto.

A la sociedad, le comunican idéntico mensaje y a la vez le recuerda que la problemática agropecuaria es demasiado grande como para que un acuerdo tentativo le ponga fin.

A las bases ruralistas, que no se privaron de hacer conocer su desagrado y desacuerdo con la marcha de las negociaciones, la Mesa les reitera que sus reclamos no han sido abandonados a cambio de las baratas concesiones del Gobierno sino que continúan estando en la mesa, y que cualquier incumplimiento del Gobierno en llevar a la práctica los términos del acuerdo llevará a la renovación del conflicto.

Y a todos ellos, les hace saber que la continuidad de la Mesa no está en riesgo: la amenaza del Gobierno y la magnitud de los intereses a defender convierte a las divergencias históricas de las cuatro entidades en simples desacuerdos puntuales en el marco de un conflicto global.

Gobierno y campo han llegado cansados y al acuerdo del martes 4 de marzo. Ha sobrevenido una pausa momentánea y bienvenida por parte de una sociedad que se enfrenta a un año complejo y peligroso. Sin embargo, esta pausa tiene demasiado parecido con la proverbial calma que antecede a la tormenta como para que todos nosotros, Gobierno, ruralistas y los que estamos entre ambos, nos demos el lujo de cerrar nuestros paraguas.

Una cosa es segura: los tiempos interesantes no dejan de estar cerca.

lunes, 2 de marzo de 2009

Habló la señora de los mohínes (y de paso clavaron una espinita más)

La señora que es re-inteligente y que puede dar clases de trigo, soja y vaca estuvo hablando desde el Congreso de la Nación y nos articuló la verdad de la milanesa. Y nos mostró su amplia colección de mohínes. Es que a ella "por ser mujer" no sólo todo le cuesta más sino que también lleva sus emociones a flor de piel, ¿viste?

Explayarme sobre la sarta de idioteces que dijo la hostil es un esfuerzo que supera ampliamente a mi paciencia y a mi sistema inmunológico. Baste decir que para Milady la riqueza sólo se puede redistribuir y no crear, y que si a alguien le va bien en este país enfermo es porque "tuvo la suerte". De esforzarse, innovar y romperse las posaderas, nada.

En fin, fue otro discurso más en el que Cristina nos ilustró con las verdades encontradas tras observarse el ombligo. Qué más le podíamos pedir a la señora.

A propósito, tal vez ella no habrá anunciado la resucitación del IAPI, pero entre gallos y medianoche (y sin siquiera filtrarlo por Pravda/12 como primicia del Perro Verbitsky) sacó un lindo decreto aumentando los aranceles por los "servicios" prestados por el SENASA, como pueden ver en este documento que me hizo llegar un amigo.

Son incorregibles, qué se le va'ser.

sábado, 28 de febrero de 2009

Un Gobierno de malparidos

Nadie quiere volver a vivir la locura que pasamos en el 2008.

Meses y meses de idas y venidas, de forcejeos, maniobras, dichos y entredichos, trampas de toda clase, agresiones y declaraciones histéricas, y por sobre todas las cosas, una tensión insoportable.

Un conflicto iniciado por la angurria de un Gobierno para el que todo lo que existe se califica en términos de caja e ingreso. Un Gobierno con el que es imposible negociar, sencillamente porque en su cosmovisión no existe la idea de "acordar de buena fe".

Convocan a "negociaciones" que resultan ser discusiones sobre espejitos de colores. Intentan arreglos confidenciales sólo para dejar culo al aire a los que estuvieron involucrados. Y ahora, como si no bastara con el tema que está en el centro de la discusión, el matrimonio demente hace un escape para adelante y amenaza con estatizar el comercio de granos. Y por decreto además.

Se ríen, encima. Largan la bola por debajo, le dan una pátina de confirmación a través de los idiotas útiles de Pravda/12 y ante la inquietud que provocan, lo mandan a Caníbal Fernández a decir que quienes reaccionan lo hacen en base a "suposiciones" o no sé qué otra imbecilidad.

Gracias a eso, estamos camino a volver a la locura del 2008.

Es, lisa y llanamente, una administración conformada enteramente por malparidos. Porque sólo unos malparidos, unos hijos de puta en estado químicamente puro, pueden querer meter a cuarenta millones de personas en un conflicto interno sólo para no perder la manija de la plata pública. Que es nuestra en realidad y no de ellos.

Y sí, me estoy yendo de mambo. Qué clase de análisis político puede hacerse cuando los que gobiernan son sólo matones.

Da lo mismo que lo hagan para correr con la vaina a los ruralistas, para obligarlos a vender, para hacer que cedan en las negociaciones o simplemente porque se babean por la guita. El motivo no importa. Sus acciones demuestran que son todos malparidos, del primero al último.

Desde los malparidos chiquitos en los niveles más bajos del Estado, esos que prepotean como la empleada pública de Gasalla y se creen los duques del gallinero, pasando por los ministros malparidos que mueven plata como arbolito de la calle Florida, sacando unos cientos de millones por aquí para dárselos al amigo contratista de acá o a los militantes de la otra cuadra, sin olvidarnos de los malparidos interesados en la venganza o el revanchismo que se valen del Estado para llevar a la realidad sus fantasías ideológico-masturbatorias.

Y rematando en los malparidos supremos. La pareja. De quienes más podemos estar hablando.

Esa asociación ilícita que se comporta como si todos nosotros estuviésemos en su declaración jurada. Que entorpece cualquier actividad medianamente rentable para llevarla a la quiebra y después regalársela a sus amigos. Que ve al Ejército de la Patria como un montón de soldaditos de plomo a ser usados en sus chiquitajes mezquinos. Que tiene la caradurez de decirnos a todos nosotros que quieren que nos vaya bien sólo para cobrarnos más impuestos.

Los dos por igual. El tuerto vengativo, rencoroso y dictatorial que se comporta como el nene caprichoso que si no juega, no presta la pelota... sólo que prefiere pincharla antes que prestarla. Y la otra, la testaferro, la falsa abogada que gracias a la medicación para el trastorno bipolar pontifica y hace mohínes para las cámaras.

La historia los recordará como lo que fueron, son y serán. Dos malparidos.

sábado, 21 de febrero de 2009

La alternativa liberal

(Motivado por un comentario del lector Andrés)

¿Qué opciones quedan para que se forme una verdadera alternativa liberal en la Argentina?

A juzgar por cómo están las cosas, pocas.

Seamos honestos. En estos días y en este humor social, cualquier agrupación política que sostenga ideales de reducción del Estado, libre mercado y desmantelamiento del sistema de inseguridad social está condenada a ser un simple club de amigos, con pocas esperanzas de llegar a tener un peso real en el escenario político nacional.

No sólo las grandes opciones políticas, sino también la opinión pública, están dominadas por una concepción estatista de la vida pública, cuyo objetivo principal es mantener un Estado de Bienestar a la europea en este país tercermundista, que pueda satisfacer a la perfección una lista de "derechos" en constante expansión sin que ninguno de los beneficiarios tenga que pagar.

En suma, lo que las grandes líneas de nuestra política consagran como principio es el ideal argento de vivir de arriba.

Una alternativa que proponga eliminar ese sistema y reducir al Estado a los papeles de donde nunca debería haber salido (resolución de controversias, defensa nacional, relaciones exteriores, seguridad pública y asistencia de emergencia), desmantelar el aparato sindical fascista que dejó el peronismo y plantear una verdadera modernización institucional del país será como mínimo antipática para una sociedad que no renuncia a ese ideal de un Estado benefactor, sin importar qué tanto haya fracasado este Estado en nuestro país.

A pesar de esto, existen dos vertientes principales en la política argentina: una "progresista" encarnada en los partidos de la centroizquierda nacional y algunas facciones del peronismo, y una "conservadora" representada por buena parte del peronismo y de los partidos de la centroderecha argentina. Un liberalismo en el sentido completo del término sólo encontraría posibilidades de influir en el escenario político asociándose con estos sectores conservadores del sistema político.

Eso significaría, a primera vista, hacer un pacto con el diablo, es decir, encontrando coincidencias con el ala más potable del movimiento político más antiliberal que conoció la Argentina: el peronismo. Lamentablemente, todo pacto con el peronismo lleva a la larga a convertir al "asociado" en un nuevo apéndice del Movimiento, y a la larga a lo único que ayuda es a darle al peronismo la oportunidad de convertirse en su propia oposición y mutar para asegurar su supervivencia.

Entonces, si por sí mismo no puede sobrevivir en un clima antiliberal y si la única opción de alianza pasa por meter la cabeza en la boca del oso, ¿qué opciones puede tener una tendencia política liberal?

Mi opinión es que la opción más factible pasa por apostar al largo plazo.

La alternativa liberal debe aceptar las alianzas con otras tendencias de igual o similar visión de la política, y también deberá aceptar a aquellas fracciones de otros movimientos políticos que, habiéndose distanciado de los mismos, acepten sumarse al proyecto.

Esta alternativa deberá resignarse a que el éxito electoral le será esquivo por bastante tiempo. No debe plantearse como objetivo ganar la presidencia o una mayoría legislativa en la primera elección; su objetivo inicial debe ser desarrollar una estructura central, organizarse a nivel nacional y lograr una presencia en las cámaras del Congreso.

Durante estos años formativos, la alternativa liberal deberá desarrollar una función pedagógica en esta sociedad infectada de estatismo para lograr la difusión de los principios del liberalismo, del libre mercado y del Estado limitado. Sin embargo, para lograr la máxima penetración electoral posible, la alternativa tendrá que hacer hincapié en una propuesta central que le permita una buena difusión en el electorado y que la ayude a distinguirse de las demás opciones electorales, además de servir como el aporte liberal inicial a un hipotético "Pacto de la Moncloa" a la argentina.

En mi opinión, esta propuesta debe ser la reducción impositiva, ya sea a través del desgravamiento del IVA a la canasta básica, la reducción del Impuesto a las Ganancias y la eliminación de impuestos "temporales" y de "emergencia" que siguen aplicándose. Sobre este punto no puede haber compromiso alguno a la hora de considerar alianzas con otras opciones políticas.

A partir de este caballito de batalla y al paso de los años, la alternativa liberal tendrá que continuar lanzando a la consideración del electorado nuevas propuestas basadas en un programa liberal de gobierno: racionalización administrativa y burocrática, resignación de facultades por parte del Estado posteriormente, y finalmente proponer en sucesivas etapas la liberalización de la economía y el desmantelamiento del falso Estado de Bienestar.

A grandes rasgos, la visión que una alternativa liberal real deberá fijarse es la de lograr que en un plazo de veinte años haya una corriente liberal en el sistema político, organizada, sostenida, que pueda formar dirigentes nuevos y que sobreviva a la salida de sus fundadores, y que esté en condiciones de alcanzar el poder y ejercerlo de manera efectiva. En mi opinión, cualquier idea de que un partido liberal en serio pueda disputarle el poder al peronismo en cualquiera de sus mutaciones o al progresismo antes de veinte años es, como mínimo, demasiado esperanzada.

Pero eso no quita que no haya que ir pensando en un futuro en donde eso no sea así.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Desparasitación

La existencia de una clase política es una amenaza permanente contra la libertad y la propiedad individual.

Mientras exista una clase de personas que por su condición de "políticos" esté protegida de las depredaciones que el Estado realiza sobre los ciudadanos comunes y corrientes, mientras existan personas que hagan de la política y de la función pública un modo de vida y que por lo tanto dependan del Estado para su subsistencia, existirá la tentación de aumentar el poder de ese Estado sobre la sociedad y de eternizarse en el control del mismo.

Tal vez peque de ingenuo, pero si les fuera imposible a los miembros de la "clase política" vivir del Estado y tuvieran que reacostumbrarse al hábito de trabajar después de cumplir sus mandatos, ya no les sería tan redituable apoderarse de todo lo que pueden tocar. Después de todo, si cuando se les acaban los períodos tienen que volver al llano...

¿Pero cómo extirpamos una clase política, o evitamos que surja?

Inevitablemente existirá en la sociedad un estrato más cercano a la función pública y a la dirigencia; eso es algo que no puede impedirse por nada del mundo, a menos que se padezca de la enfermedad mental conocida como "progresismo" y se crea que el mundo debe adaptarse a las fantasías.

Con esto en mente, la opción pasa por asegurarse que les sea imposible a los "políticos" eternizarse en los cargos, o siquiera permanecer en ellos por demasiado tiempo. Y a la par de esa limitación, asegurarse de darle al sistema mecanismos eficaces para expulsar a quienes hayan "cumplido su ciclo" y para prevenir los esfuerzos de algunos por estar siempre encaramados en el cargo.

El primer punto se resuelve de una manera sencilla: prohibición absoluta de la reelección y de cualquier mandato por tiempo indefinido.

Que los presidentes se vayan a sus casas después de cuatro (o seis años, si volvemos a la sabiduría de 1853) y que después no puedan volver ni para atender el teléfono.

Que los legisladores tengan que buscarse un nuevo trabajo después de uno o dos mandatos (si vamos de moderados y les dejamos que se queden ocho años como mucho en la Cámara de Diputados) y que no puedan ni siquiera pensar en colarse en alguna lista sábana.

Y que los jueces, desde los ministros de la Corte hasta el último juez provincial, limpien sus oficinas después de diez años, así vuelven a la práctica privada del derecho en lugar de pasar el resto de sus vidas con exención impositiva "para garantizar la intangibilidad del salario y la independencia judicial".

El segundo punto pasa por establecer en donde sea factible la imposibilidad de volver a ejercer cargos públicos para aquellos que ya los hubieran desempeñado. Así, a un diputado que terminó su mandato (o mandatos si les damos la chance de una sola reelección) sólo le quedaría arriesgarse al Senado, a una gobernación o a la Presidencia, en lugar de poder contar con la chance de vivir de su banca de por vida.

Ni hablemos de erradicar las jubilaciones de privilegio: quizás así sean un poquitín más respetuosos de las jubilaciones y pensiones de las ovejas de este gran rebaño argento.

Por último: ¿cómo prevenimos que se intente la eternización en el poder?

Estableciendo para empezar prohibiciones contra esos esfuerzos en la Constitución, incluso con "cláusulas pétreas" que fulminen como anticonstitucionales cualquier clase de reformas que establezcan la reelección indefinida, y resguardar esas cláusulas (y a la Constitución en general) con requisitos exageradamente difíciles de cumplir para que se la pueda reformar.

Pero debemos reconocer que el ingenio político aplicado a la causa de quedarse para siempre en el cargo puede eventualmente rendir frutos para algún tránsfuga potencial.

En ese caso, dado que los políticos son inmunes a la vergüenza, al derecho y a cualquier otra cosa que se interponga entre ellos y el poder, y ya entrando en el terreno de la imaginación, tal vez haya que legalizar el tiranicidio y establecer que cualquier funcionario electo que manifieste su intención de quedarse en el cargo luego del final de su mandato, buscar una reelección que le está vedada o cambiar la Constitución y las leyes para facilitar su reelección, puede ser muerto por cualquier ciudadano en ejercicio de su deber de defender a la Patria y a la Constitución.

No lo llamo "magnicidio" porque está lejos de ser "magno" el que quiera quedarse para siempre en el cargo. Y ya que cualquier otro obstáculo tiene a los miembros de nuestra "clase política" sin cuidado, quizás una buena dosis de temor por la vida propia los haga recapacitar.

Qué les puedo decir, ando de mal humor esta madrugada.

sábado, 14 de febrero de 2009

Se reducen las alternativas

Parece que al menos en Provincia de Buenos Aires vamos a tener tres líneas contendientes para las próximas elecciones. Los peronistas disidentes más Macri y de Narváez por un lado, la Coalición, los socialistas y los radicales por otro, y el Kirchnerismo y sus asociados.

Y digo líneas porque aplicarles el rótulo de "partidos políticos" es ser demasiado generoso. Siguiendo la tradición política argentina, se trata de rejuntes de neto corte personalista, compuestos por lo que cada uno de sus grandes nombres es capaz de poner en la mesa de negociaciones.

A lo sumo, serán partidos "prét-a-porter", como les decían en una época, hechos a medida de la figura dirigente de turno.

Pero lo verdaderamente interesante es que al fin se está dando un proceso de confluencia entre algunas de las sectas de la oposición. Quizás la impresión de estar ante la creación de dos rejuntes no esté lejos de la verdad, pero tampoco se puede ignorar que, de haber primado el ánimo de hace dos años, esta vez estaríamos viendo al menos cinco líneas opositoras distintas (Macri, De Narváez, peronistas disidentes, Coalición Cívica y UCR). En ese sentido, que la decisión sea entre tres alternativas electorales es siempre preferible a que sea entre seis.

En lo personal creo que hay que marchar hacia un reacomodamiento definitivo de las fuerzas políticas de este país, uno que termine de una vez por todas con el caos que nos dejó el golpe civil de Duhalde.

Naturalmente, y desgraciadamente, dicho alineamiento incluirá la regeneración del peronismo, con la inestimable colaboración de Mauricio Macri. La movida de Solá le está dando a los caciques del peronismo la salida "elegante" que necesitan para despegarse del Néstor sin quedar como "traidores" al Justicialismo... que ha hecho de la traición interna su mecanismo de supervivencia.

En cuanto al otro lado de la oposición, está por verse si los restos mutantes del radicalismo, el socialismo compacto y Cobos y su colección de fugitivos K son capaces de conformar junto a los sectores que rodean a Carrió un conjunto socialdemócrata (a falta de un mejor término) que se sostenga en el tiempo y que sirva para, aunque sea, respirarle en la nuca a los peronistas.

El Kirchnerismo, mientras tanto, sólo se mantiene con aquellos que cuando ven a Néstor ven más una fuente de dinero rápido que un verdadero plan. En ese sentido, el kirchnerismo no tiene nada que retenga a los incondicionales que le quedan excepto la promesa de plata, plata y más plata. Su suerte depende de mantenerse sentado sobre la caja, de no cometer torpezas irreparables y de no enfrentarse a una opción que atraiga la atención de los que todavía están de su lado... o que les garantice más caja.

Lamentablemente falta una tercera opción. Una verdadera opción entre las dos que mencioné anteriormente. Una opción que no vea en el Estado una solución a todos los problemas sino que la busque en la creatividad individual y en el espíritu de empresa. Una opción que crea verdaderamente en la limitación del poder y no en la promesa de un Estado todopoderoso y benevolente.

Una opción, en suma, que verdaderamente se distinga de las otras por no compartir su adoración por el Estado.

Todavía falta eso. Y va a seguir faltando por un buen tiempo. Unos cuantos años, me temo.

Pero que por primera vez estemos en condiciones de desbancar a la variante más psicópata y delirante del estatismo argento... eso es un comienzo. Aún si los encargados de hacerlo son los resucitadores del justicialismo y la muchachada mística de Carrió.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Popurrí del miércoles

No tengo un tema definido para este artículo de mitad de la semana, así que voy con un popurrí de cositas que me han llamado la atención.

El Eshtado esh mío, mío y mío.

Néstor Kirchner niega el uso de aviones oficiales para que el vicepresidente Cobos (que anda en ejercicio de la Presidencia mientras Milady se demora en España) vaya a Tartagal. Ahora esto me inspira un par de preguntas.

Primero: ¿Qué otra prueba hace falta de que el poder en la Argentina está siendo ejercido de manera ilegal por una persona que no fue elegida para ello? Que el ciudadano Néstor Kirchner ande haciendo y deshaciendo a su gusto lo que se le cante, ¿no nos pone bajo un gobierno de facto?

Segundo: ¿Podría Cobos recuperar lo que tuvo la noche de la 125 y hacerse imponer de una vez por todas? Es el freaking Vicepresidente de la Nación, tenía autoridad para hacer volver ese avión si se le cantaba. O si no, se tomaba un pasaje y se iba solito allá a Tartagal. Ahora, si este hombre quiere mostrarse como una alternativa, debo avisarle que jugar al mantequita con los Kirchner y dejarse atropellar por el tuerto demente no es la mejor estrategia, aunque a juzgar por cómo se dejó sobar Scioli cuando estuvo en el cargo...

Vergüenza.

Una vez más, Lady Botox llegó cuarenta minutos tarde a un evento protocolar oficial. La persona que supuestamente nos representa al máximo nivel mundial volvió a demostrar su absoluta incompetencia en cuestiones tan simples (en comparación con el arte de gobernar, para el que ella se queda bastante corta) como el protocolo.

Eso sí, se tomó el laburo de ponerse la cortina de la madre en lugar de una pollera e ir por ahí diciendo esas idioteces "que siempre dice".

Encima las opiniones que vierte la señora cada vez que le ponen un micrófono adelante no pasan de ser, en las justas palabras del colega Louis Cyphre en El Opinador Compulsivo, los lugares comunes de los porteros y remiseros de la Argentina (con perdón de porteros y remiseros, valga aclarar).

Cómo me hubiera gustado que Juan Carlos le lanzara un renovado "¿Por qué no te callas?" a la cacatúa maleducada...

We, the Obamist guys/All united will prevail...

En una cosa voy a tener que coincidir con Lady Botox. Una solita y basta, ya me voy a pedir el exorcismo.

Obama es peronista. Peronista de Perón y Evita, de las Veinte Verdades, de la Comunidad Organizada y de todos los chiches.

Véanlo si no...
  • Su mayor apuesta al asumir el Gobierno: inventar un engendro clientelístico para repartir fondos públicos por doquier.
  • Se las da de refundador del país; antes de que llegara, no existía nada.
  • Vive quejándose de la herencia recibida y basureando al que vino antes de él.
  • Proclama que si no se hace lo que él quiere, sobrevendrá el caos, los jinetes del Apocalipsis y la mar en coche.
  • Los que están en contra de él son racistas (bueno, no podíamos esperar que copiara lo de "neoliberales", algo de originalidad tenía que tener el muchacho...)
  • Sus secretarios ya tienen prontuario.
  • La oposición es buena si se sube al tren; si se opone a las propuestas oficialistas, entonces es antipatriótica.
  • Le gusta tener un culto a la personalidad (si no me creen, vean los posters de campaña del tipo, no tienen nada que envidiarle a los de Mussolini).
  • Se queja de la prensa opositora (la poca que hay) y le molesta cuando le hacen preguntas inconvenientes...
Supongo que Cristina sabe de lo que habla... por una vez en la vida.

Bueno, bien dicen que hasta un reloj parado da bien la hora dos veces al día...

sábado, 7 de febrero de 2009

La boleta única

Por primera vez en mucho tiempo las distintas sectas de la Oposición dejaron atrás su manía caníbal de enfrentarse por los puestitos que pueden agarrar y se unieron detrás de algo vital y necesario para la salud institucional del país: la reforma electoral. Y la propuesta empieza por dos cuestiones tan de sentido común que no sorprende que estén completamente ausentes de la mente argenta: la abolición del festival de boletas partidarias y la implementación de la boleta única, y el traspaso de la responsabilidad de organizar las elecciones a la Justicia Electoral.

(De todas maneras, no crean que me he vuelto idealista. La Argentina me enseñó a desconfiar de toda propuesta hasta que pueda tocar el producto terminado. El día que vea una boleta única en el cuarto oscuro es el día en que voy a creer que llegó el Milenio.)

Desde ya, el Gobierno y su horda de chupamedias salió a rechazar la propuesta. El impresentable Aníbal Fernández llegó a argumentar que una boleta única "tendría el tamaño de una bandera" para poder tener los nombres de todos los candidatos a un cargo público, mientras que uno de los tantos autómatas del Frente para la Victoria's Secret en la Cámara de Diputados llegó a decir que el objetivo de la propuesta (¡malos opositores, malos!) es pintar al Gobierno como defensor del fraude electoral.

Bueno, señor diputado, a quien le quepa el sayo...

En cuanto al argumento retardado de Aníbal Fernández, me voy a tomar el laburo de proponerle una pequeña solución.

Si el problema es que haya demasiados candidatos para meter en una misma boleta, entonces aprovechá para cambiar el sistema de listas sábanas.

Que cada provincia se divida en tantos distritos como diputados nacionales o legisladores provinciales elija, y que cada distrito elija a un sólo diputado. Así, tendrías únicamente un nombre por partido en cada boleta en lugar de treinta y seis.

Simple, ¿no?

Beneficioso, además: cada distrito sabría bien quién es el que lo representa en la Cámara de Diputados, o en la Legislatura provincial, conocería su cara, podría seguirlo... y de paso, le metería a dicho diputado en la cabeza la agradable idea de que todos saben quién es en el lugar donde lo eligieron.

Hasta, y aquí ando fantaseando, haría más fácil implementar un sistema de referéndum revocatorio para los cargos legislativos...

Claro, se acabaría la doble jodita peronista de meter inútiles e impresentables en lugares de la lista y traccionar a toda la Provincia de Buenos Aires detrás del Conurbano, ¿no?

Qué bueno que Aníbal sólo se preocupe por lo complicado que va a ser para el votante manejar una boleta de gran tamaño.

sábado, 31 de enero de 2009

El gran repartidor

Si uno atiende el discurso político predominante en el país, pareciera ser que la prioridad absoluta nacional pasa por la "redistribución de la riqueza".

Según esta afirmación, es indispensable que "la riqueza" o mejor entendido los bienes, recursos y propiedades, sean "mejor" distribuídos entre los distintos miembros de la sociedad mediante la acción del Estado como forma de corregir "injusticias" sociales.

Existen dos mecanismos para asignar recursos entre los integrantes de una sociedad humana. El primero es el que los asigna mediante la libre interacción entre las personas, donde los que ofrecen bienes y servicios los negocian por su cuenta con los interesados en obtenerlos, según el propio interés personal de cada una de las partes.

El segundo mecanismo es aquel en donde una única persona o institución realiza la asignación de recursos o interviene fuertemente en la misma, siguiendo un criterio propio que considera superior a cualquier interés personal.

La triste realidad es que el objetivo declamado de la clase política argentina, la "corrección de las injusticias", va a fracasar bajo cualquiera de los dos mecanismos.

Con el primer mecanismo, los perdedores del sistema (es decir, los que en opinión de nuestros iluminados sufren las "injusticias") serán aquellos que no negocien bien en favor de sus intereses, los que no consiguen insertarse de manera satisfactoria en el intercambio de bienes y los que se vean superados por sus competidores.

Con el primer mecanismo, las injusticias caerán sobre aquellos que no tengan contactos bien fluidos con el Estado, aquellos que no caigan dentro de las clasificaciones que el Estado considere ideológicamente satisfactorias... o simplemente todos aquellos que por cualquier razón no sean del agrado del "redistribuidor" de turno.

La elección, entonces, no recae entre un Estado "bueno" y un mercado "malo", como afirma el discurso berreta que nos bombardea todos los días. La elección es entre dos mecanismos naturalmente imperfectos con resultados que no son satisfactorios al cien por ciento.

En una situación semejante, el criterio de selección es, como tiende a ser en la vida, elegir el sistema que nos de el mal menor.

Y los males de dejar que los bienes y servicios sean asignados mediante la libre interacción de los individuos son considerablemente menores que los que sobrevienen por confiar en que una institución supuestamente benevolente va a proveer el bienestar de todos a la perfección.

El primer error conceptual de la visión estatista, y la causa de casi todos los males de la misma, es creer que el burócrata y el funcionario público son seres de mejor calidad moral que el ciudadano y que sólo tienen en mente el interés colectivo. Quizás no lo digan tan abiertamente, pero esa es la fundamentación para la afirmación de que el Estado asigna los recursos con mayor justicia que los particulares; la idea de que quienes están en el Estado tienen por ese simple hecho una concepción moral superior a la de los "egoístas" individuos.

Error fundamental: los funcionarios son tan humanos como el que más, y el tener un cargo público no los exime de tener intereses propios, sino que por el contrario los potencia. Considerémonos a nosotros mismos: en aras de preservar y favorecer nuestros intereses, aprovechamos cualquier ventaja relativa que tenemos, ¿por qué un funcionario no habría de hacer lo mismo con su mayor ventaja relativa, es decir, el ocupar un cargo de poder e influencia en la sociedad?

Los resultados son por todos conocidos: corrupción, favoritismo y sistema prebendario. Muy lejos de la fantasía igualitaria, imparcial y justa que promete el estatismo.

El segundo mal es que la intervención del Estado en la economía por fuera de su papel de guardián de las reglas de juego distorsiona todo el sistema de una manera pasmosa. Al premiar con subsidios y castigar con impuestos a ciertas actividades según un criterio propio, lo que hace el Estado es estimular el crecimiento insostenible de un sector y desalentar el desarrollo de otro. Al bloquear el ingreso de productos extranjeros al mercado nacional, termina convirtiendo a los ciudadanos del país en cautivos de una industria mimada que no tiene ningún incentivo competitivo para mejorar su calidad y la calidad de los productos que vende.

Y esto si asumimos que ese criterio guarda una mínima relación con un bien objetivo; en la mayoría de los casos (la desesperantemente amplia mayoría de los casos en nuestro país), el criterio para favorecer o castigar a una actividad pasa por postulados ideológicos o, como ocurre hoy en día con el campo, con una vendetta estatal.

Peor aún, cuando la capacidad del Estado para premiar con fondos públicos, contratos y otras delicias es tan grande, los sectores de la economía tienden a considerar cada vez más que sus intereses pasan por mantener relaciones aceitadas con los burócratas de turno en lugar de buscar las ganancias en el mercado. Vean el caso de nuestra industria nacional, el altar ante el que todos debemos sacrificarnos: incapaz de competir contra los vecinos o de ganar nuevos mercados, sobrevive solamente gracias a sus contactos con el Estado y a lo que puede exprimir de él. Es decir, de todos nosotros.

El libre mercado no es la panacea para todos los males de la sociedad, sencillamente porque la panacea no existe. El libre mercado tuvo, tiene y tendrá pobres, perdedores y desfavorecidos, por el simple, cruel e indiscutible hecho de que la vida los tiene en todos los aspectos. Por cada campeón del torneo de fútbol existe un equipo que sale último; por cada número uno del ránking mundial de tenis existe uno que no mide en el amperímetro, por cada Schumacher que gana una carrera existe uno que ni la termina.

La promesa estatista se basa en asegurarnos que si dejamos todo en manos del Estado sabio, bueno y virtuoso, todos seremos campeones de fútbol al mismo tiempo. Aún si fuera verdad, aún si eso fuera factible, eso significaría que nadie sería campeón.

Un libre mercado con "injusticias" que son las mismas injusticias de la vida y con millones de personas de todos los comportamientos y actitudes es siempre preferible a un sistema en donde todo dependa de una entidad endiosada de la que esperamos que nos dé todo en la mano. Del Estado se puede decir, como afirmaba Ronald Reagan, que "un gobierno que es lo bastante grande para darte todo también lo es para quitarte todo".

El mismo Estado benevolente que te promete corregir las injusticias puede arruinarte la vida si de pronto te corrés del espacio que él halla ideológicamente aceptable o si simplemente le caés mal. Antes que lidiar con un único actor con semejante poder, prefiero arriesgarme a lo que pueda pasar con miles o millones de otros actores, más o menos poderosos, más o menos decentes, pero que al menos me dan la opción de elegir.

Y que son mucho mejores que el Estado a la hora de crear riqueza... y de distribuirla también.

Finalmente, los dejo con una pequeña reflexión. Hace casi setenta años, desde Perón, que el Estado Argentino acumula más y más poder en su afán de "redistribuir la riqueza"; hace casi setenta años que venimos viendo una decadencia sostenida de nuestro país en todos los aspectos... pero por sobre todas las cosas, vemos que la riqueza que se quiere redistribuir se achica cada vez más.

sábado, 24 de enero de 2009

Obamanía

Lo confieso, no soy un gran admirador del nuevo Presidente de los Estados Unidos.

Parecerá raro, ¿no? Después de todo, viene anunciado como si fuera poco menos que la Segunda Venida de Cristo, el gran redentor de los EE.UU., el reparador de las heridas raciales y políticas, y el que traerá la justicia y la paz al mundo, que patatín y patatero... eso sí, si se les cree a los medios de comunicación, que están (no parecen) fascinados con don Barack Hussein Obama, porque es imposible saber alguna otra cosa sobre el nuevo ocupante de la Casa Blanca.

A mí, la verdad, que cuando los medios vienen tan enloquecidos con un candidato como para no tomarse el laburo de investigarlo seriamente o pretender al menos algo parecido a una cobertura objetiva, me empieza a preocupar.

Acá en la Argentina ya tuvimos a un candidato presidencial que llegó con una imagen hecha pret-a-porter por los medios: Fernando De la Rúa.

Y así nos fue.

¿Les irá así a los Estados Unidos?

Las opiniones están divididas.

En lo personal, considero que el sistema republicano en ese país es lo bastante fuerte como para resistir un pichón de populista como parecería ser Obama según las versiones más contrarias, pero cuando veo el culto que se ha desatado por don Barack, no sé qué tanto puedan resistir las instituciones. No hay nada más peligroso para un país que un dirigente aupado por el fanatismo absoluto de la población. Eso lo sabemos muy bien acá en el Sur.

De entrada, algunos congresistas demócratas presentaron en la Cámara de Representantes un proyecto para derogar la 22ª Enmienda de la Constitución de EE.UU. ¿Saben qué dice la 22ª Enmienda? Que un Presidente no puede ejercer el cargo por más de dos mandatos.

Lleva menos de una semana y ya hay algunos que piden el tercer mandato.

Ya hasta parecen peronistas.

En el mejor de los casos, Obama resultará ser un Jimmy Carter del siglo XXI: un buenista con tendencias socialistoides que será eyectado de la Casa Blanca en 2012 por no estar a la altura de los acontecimientos.

En el peor de los casos, Obama puede ser el Perón de EE.UU.

Y ahí que Dios los agarre confesados a los norteamericanos.

viernes, 23 de enero de 2009

MicroKosmos

Encuentro un enlace a un artículo publicado en el diario español El Mundo sobre la "experiencia turística" de visitar la quintita santacruceña de los Kirchner, mejor conocido para el resto de los mortales como "El Calafate".

Yo no sé de qué se queja la autora del artículo, si con sólo ir al pintoresco y carero pueblo patagónico tuvo un pantallazo de la Argentina:
  • Funcionarios prepotentes que te (mal)tratan como si fueras una mosca.
  • Precios exorbitantes y a veces arbitrarios (dependiendo de quién es el que tiene que pagarlos).
  • Todas las propiedades de valor, inmuebles y terrenos pertenecen a la Pareja Real.
  • Calidad deficiente de servicios públicos e infraestructura.
  • Servicios en manos de unos pocos y monopólicos "amigos de la casa".
  • Grandes inversiones en propiedades "de la familia".
Al final la autora debería reconocer que la sacó barata. Con sólo pasear por El Kalafate recorrió todo el país.

miércoles, 21 de enero de 2009

Welcome, Mister President.

Listo, ya está, asumió Obama, todo muy lindo. Ahora veamos cómo gobierna, a ver qué tanto se mantiene a la altura de las expectativas que todo el mundo tiene en él.

De cualquier forma, no dejo de imaginarme que en seis meses más, el pobre Barack va a comerse los mismos epítetos y las mismas críticas que siempre acompañan a los presidentes de Estados Unidos. Y es que el teorema de Baglini * también rige para los políticos de Estados Unidos, así que los que esperan una nueva onda progre y buenista al estilo de Jimmy Carter corren serios riesgos de verse decepcionados.

Seguro que van a venir grandes críticas de los habitantes de Argentolandia, que odian a EE.UU. de la boca pa'fuera sólo porque el gran país del Norte no es lo suficientemente "solidario" como para mantenernos.

Además se quieren robar el agua, se quieren robar.

Por suerte acá, que somos vivísimos y en genialidad no nos pasan ni con el Fórmula 1 de Schumacher, tenemos a una mandataria de primera y poseedora de una habilidad política suprema.

Sólo a ella se le ocurre estarse abrazando con el mandamás cubano en momentos en los que incluso una silenciosa tarde de disimulo en Olivos hubiera sido preferible. Y si culpa a su falsa lipotimia del timing de esta visita, entonces el blooper adquiere visos de patetismo.

Quizás no tenga mayor importancia, pero no deja de ser un pequeño gesto, que puede sumarse al bochorno de la contra-cumbre de Mar del Plata.

En fin, es una muestra más de la vida en el Cristimundo.

* El "teorema de Baglini" es una afirmación efectuada por el ex senador radical Raúl Baglini, según la cual "cuando más se acerca un político al poder, más se modera y más va dejando de lado sus viejas ilusiones".

sábado, 17 de enero de 2009

A la buena de Dios

Apenas llevamos 17 días y todo hace parecer que el 2009 será un año movidito.

Y si todo sigue como está desarrollándose, parece que tendremos un episodio dos de la guerra del campo.

Lo curioso es que, a pesar del tremendo bife que se comieron el año pasado, los Kirchner parecen obsesionados en reabrir el conflicto, apelando a una batería de anuncios intrascendentes que cualquiera diría que fueron pensados específicamente para irritar.

Seamos honestos: en medio de la peor sequía en 40 años, con cosechas que se pierden por completo, ¿cómo puede ser que la propuesta del Gobierno pase por créditos para la compra de cosechadoras?

No vayamos a pedirle al Gobierno que piense en bajar impuestos o eliminar controles absurdos y arbitrarios como los de la ONCCA.

Pero ha habido otros movimientos: reparto de forrajes y otros productos agropecuarios directamente a los productores a través de la Secretaría de Comercio Interior. Un momento, ¿qué tiene que hacer Moreno repartiendo forrajes? ¿Para qué tenemos una Secretaría de Agricultura? ¿O un gobierno provincial? ¿O intendencias en los partidos?

¿Será que está haciendo clientelismo rural, como se ha denunciado?

Maravilloso. El único sector de la economía que es verdaderamente competitivo a nivel mundial está cayéndose a pedazos y la única reacción oficial pasa por meter el cáncer del clientelismo.

Conveniencias políticas al margen, resulta preocupante que en medio de una crisis del principal sector productivo del país, los intereses del Gobierno pasen por reavivar un conflicto que el año pasado estuvo muy cerca de hacer tambalear al país y al mismo tiempo reducir a una importante cantidad de productores del interior al nivel de clientes.

Una de dos: o desde el Gobierno no se reconocen los riesgos de esta "estrategia" (si se la puede llamar así), o son plenamente conscientes de lo que puede pasar, pero no les importa si con eso consiguen acercarse a sus objetivos.

En el primer caso, son incapaces; en el segundo caso, son psicópatas.

En ambos casos, la República Argentina está en manos de un Gobierno que es abiertamente perjudicial para sus ciudadanos.

Sumémosle la enfermedad de la Presidenta: una mujer que sufre de la depresión y de los problemas asociados que parece tener no está en condiciones de gestionar el país en momentos como los que se están atravesando, más cuando todo el aparato estatal ha sido convertido, luego de casi seis años de kirchnerato, en un engendro que no se mueve si no se lo ordena el ocupante del sillón de Rivadavia.

Y peor aún, no sólo tenemos a una manifiesta incapaz al frente del Estado, sino que las riendas del poder las tiene una persona que no fue votada para el cargo.

Si quisiéramos ser delicados y prudentes, llamaríamos al actual gobierno encubierto de Néstor Kirchner "anticonstitucional"; si abandonamos la prudencia y hacemos la gran Carrió, podemos calificar a Néstor como un dictador.

En qué manos estamos, señoras y señores.

Lamentablemente, tenemos que llegar a la conclusión de que la permanencia en el poder de los Kirchner (porque ya no sirve hacer distingos tontos acerca del doble comando) es un riesgo que el país no puede seguir soportando más.

Existen mecanismos constitucionales, y si esperamos que el país salga de esto de manera más o menos normal, sería mejor que se apliquen.

Porque la Argentina es un país en donde las crisis suelen devorarse presidencias, y en donde las antipatías y los odios estimulados desde el poder terminan siempre volviéndose contra sus creadores.

sábado, 10 de enero de 2009

Contrafáctica

En la paz de mi exilio atlántico aproveché para retomar el placer de la lectura, y en el espacio que va desde las barrabasadas no aprobadas por el INADI que el Coco Sily escribe en La Cátedra del Macho Argentino hasta los giros y elegancias verbales de La Elegida y El Elegidor de Jorge Asís, me encontré con el interesante trabajo de historia contrafáctica de Rosendo Fraga: ¿Qué hubiera pasado si...?.
Por "historia contrafáctica" se entiende al esfuerzo de imaginar el desarrollo que hubiera tomado la historia en el caso de que ciertas circunstancias se produjeran de distinta manera. Los momentos que Fraga toma como eje de su trabajo contrafáctico son varios y abarcan desde lo que hubiera ocurrido de no crearse el Virreinato del Río de la Plata en 1776 hasta lo que le habría pasado a la Argentina de haber fracasado los golpes de Estado de 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976... o de haber tenido éxito el golpe radical de 1890.
Resulta interesante leer el relato de Fraga sobre un hipotético 1995 en el que el presidente Raúl Alfonsín hubiera llegado a Puerto Argentino para recibir del primer ministro británico John Major la cesión oficial de la soberanía en las Malvinas... algo a lo que podríamos haber llegado si no nos hubiéramos trenzado en la guerra de 1982.
Pero lo que más me queda de la lectura del libro de Fraga es el grado en el que el desarrollo de la historia depende de las decisiones, opciones e incluso de las personalidades de los individuos.
Por ejemplo, de cómo pudo haberse evitado el golpe de 1930 si tan sólo Yrigoyen hubiera escuchado a su ministro de Guerra, el general Dellepiane, cuando le daba los nombres de los implicados en la conjura de Uriburu y le recomendaba arrestarlos cuanto antes. O de lo que podría haber pasado en 1943 si Ramón Castillo tenía un poco de sensatez y se deshacía de un conspirador como el general Pedro Ramírez, que no paraba de complotar desde el Ministerio de Guerra.
En ambos casos, como mínimo, hubiera ido a dar con sus huesos a la cárcel por traidor y sedicioso un oscuro y hasta el momento intrascendente oficial del Ejército llamado Juan Domingo Perón, que supo estar en el corazón de ambas conspiraciones. Y quizás, sólo quizás, nos hubiéramos ahorrado setenta años de decadencia, corrupción, violencia y populismo.
Cuando terminé de leer los capítulos del libro sobre los golpes de 1930 y 1943 hice un zapping, vi que a La Elegida le dio una lipotimia y me entraron ganas de putear a diestra y siniestra por lo que pudo ser y por lo que terminó siendo.
A veces por idealismo, por desconocimiento o por efecto de la propaganda, uno tiende a creer que la historia es el resultado de fuerzas irresistibles a las que "les ha llegado su hora". En el caso argento, prácticamente es dogma de fe que el 17 de octubre de 1945 y todo el container de regalitos que vino a caballo del Día de la Lealtad era algo tan inevitable como el día y la noche, que Perón y el peronismo eran una necesidad histórica e inalterable ante la que no cabe el menor intento de resistencia.
Y no. De no haber sido Yrigoyen tan inenarrablemente estúpido ni Castillo tan suicidamente confiado, Perón hubiera sido un simple nombre más. Evita habría sido simplemente una actriz de radioteatro con más o menos éxito. Y toda la comparsa de delincuentes que en setenta años se colgaron del nombre de Juan Domingo habrían tenido que dedicar sus vidas a algún fin útil.
Es más: tengo esta imagen de una Argentina que felizmente no conoció el peronismo, en donde el Néstor se gana el pan conduciendo un taxi en Río Gallegos mientras Cristina dice estar ocupándose de los problemas de Florencia en la secundaria y en realidad lo está corneando impunemente con el abogado de la otra cuadra.
Es que la Historia, a pesar de las grandes fuerzas que la atraviesan, termina dependiendo en demasiados casos de los individuos y sus elecciones.

sábado, 3 de enero de 2009

¿Bajando al bunker?

"Se terminó la etapa de los aliados. Es la de kirchneristas gurkas", cita el diario La Nación a un miembro del entorno matrimoniopresidencial cuando se lo consulta por los recientes movimientos en el Gobierno y los rumores de recambios en el Gabinete.

Y el mote de "gurka" califica perfectamente para Ricardo Echegaray, el nuevo titular de la AFIP, quien durante su paso como titular de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario subordinó alegremente la exportación y los mercados de nuestra actividad más rentable y característica a los impulsos vengativos de Néstor Kirchner.

Tampoco nos podemos olvidar de Guillermo Moreno; pocas veces un secretario ha podido dejar en la irrelevancia a tres ministros del Gabinete (Massa, Carlos Fernández y Giorgi) e imponer su voluntad, que como es habitual en los círculos más íntimos del Gobierno, es la voluntad de Néstor Kirchner con una cara distinta.

Massita es uno de los que corre riesgo de eyección; al kirchnerismo no le sienta bien tener a un dirigente que combine imagen positiva con independencia (limitada) de criterio. La otrora "hormiguita negra" del ARI, Graciela Ocaña, cayó de la gracia presidencial por sus críticas hacia el rumbo político del Gobierno. A Oscar Parrilli, el secretario general de la Presidencia que supo votar a favor de la privatización de YPF cuando Menem era "el más grande Presidente desde Perón" y no "el Innombrable", se encuentra cuestionado por los cuadros más pingüinos. Incluso Nilda Garré, que desde que subiera al Ministerio de Defensa a fines de 2005 sólo actuó con subordinación y valor a las directivas kirchneristas, está "bajo observación" por parte de la Inquisición pingüina.

Todos los trascendidos coinciden en un único elemento: sea quien sea el que se vaya y el que lo venga a reemplazar, de él se esperará apoyo incondicional y sin cuestionamientos a la causa pingüina. Es el tiempo de los fieles ejecutores, de los inquisidores, de los De Vido, Moreno, Echegaray, Zannini y otros que en su comportamiento hacen suya la máxima de Goering: "Dos mas dos es cinco si el Führer así lo quiere".

El 2009 pinta ser un año de muchas complicaciones para la pareja presidencial y su círculo íntimo, y como ya hemos podido ver en la crisis del campo, los momentos complicados exacerban las tendencias dogmáticas, cerradas y absolutas de Néstor Kirchner. No se aceptarán tibios en un año en el que el kirchnerismo se juega demasiadas cosas importantes. No es hora de verdades incómodas o pronósticos reservados para el círculo íntimo y calafateño, hay que apechugar, sacar pechito y llevarse puesta a la realidad si ésta tiene el deseo antikirchnerista de ir contra el "relato".

Es, después de todo, la reedición de una tendencia inevitable en los liderazgos hiperconcentrados: el refugio y el encierro en el círculo de incondicionales y obsecuentes, aquellos que no van a traer disgustos, malas noticias o cuestionamientos incómodos.

Aquellos que, como Bormann, Goebbels y su familia, y tantos otros alcahuetes, bajaron al bunker de la Cancillería del Reich a acompañar a Hitler en sus ilusiones de grandes ejércitos salvadores, castigos ejemplares a los "traidores" y delirios de victoria final mientras el Ejército Rojo arrasaba Berlín.

Si es así, habrá que ver quién es el mariscal Zhukov que marche sobre Berlín.

Espero que hayan empezado bien el 2009 y que sea un muy buen año para todos.
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