sábado, 29 de mayo de 2010

Reflexiones bicentenarias sin mucha conexión, coherencia o lógica entre sus distintas partes

En el debate sobre si estábamos mejor en 1910 o ahora en 2010 que hizo la revista Noticias, uno de los consultados era Felipe Pigna. Aparentemente, para el señor Pigna, elogiar el Centenario significa "una cosa horrenda" porque la gente de 1910 no tenía sindicatos y no había una ley Sáenz Peña, por la ley de Residencia y andásaber qué otra cosa.

Pero hay más: para el señor Pigna, elogiar al Centenario "dice mucho sobre la clase de personas que hacen el elogio", apelando a la vieja y clásica táctica progre de agarrar algo, descontextualizarlo, generalizarlo y emitir condena. Espero ansioso su vuelta lógica para sostener que José Figueroa Alcorta era simpatizante de Videla.

Entonces, si demostrar simpatías por un hecho histórico es revelar la naturaleza de la persona, ¿cómo tengo que interpretar que Pigna se babee por el "Plan de Operaciones" de Mariano Moreno, que en sus páginas no se priva de recomendar fusilamientos, juicios sumarios en donde se sentencie a morir "a la menor semiprueba de hechos, palabras, etc., contra la causa", entre otras linduras que aparentemente no le perturban su almita sensible?

Pienso unos cuántos epítetos que podrían servir como respuesta, y todos ellos parten de la base de hacer referencia a su señora madre.

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Escucho que en Nicaragua, que parece estar atravesando por una crisis política, al presidente Daniel Ortega se le ocurrió la genial idea de proponer la disolución del Congreso Nacional y pasar a gobernar a través de un Consejo de Estado.

No sé qué irá a pasar en Nicaragua, pero si Ortega llegara a cerrar el Legislativo, espero una rápida, formidable y contundente condena por parte de esa titánica paladina de la democracia que es Nuestra Presidenta.

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Quedan todavía 16 meses para las elecciones presidenciales. Tiempo suficiente para que desde la oposición pongan las cosas en orden y empiecen a pensar para qué quieren llegar al Gobierno.

El riesgo que corren estos muchachos de la oposición, que como en una mala película de zombies dieron por muerto al kirchnerismo sólo para descubrirse empomados por el cadáver reanimado del Néstor, es que en octubre de 2011 la gente prefiera votar al tirano desquiciado que sabe para qué quiere el gobierno, antes de elegir a los no tan desquiciados y no tan tiránicos que no tienen idea de lo que quieren hacer.

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Así me siento cuando la escucho hablar a Cristina.

No sé si compartirán.

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Los seis millones que dicen que fueron al Paseo del Bicentenario no votarán todos por Néstor. Tampoco votarán todos por la oposición. Lo más probable que pase es que estén todos hasta las pelotas de esta manga de mediocres y cretinos de todos los colores que pasan por ser nuestra "clase dirigente". Y lo bien que hacen.

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No me sentí parte de los festejos del Bicentenario. ¿Para qué habría de sentirme parte? Si es obvio que a la Argentina la levantaron los caudillos, los progresistas, los peronistas, los guerrilleros y las Madres y las Abuelas. El resto de nosotros sólo jodemos, conspiramos y cagamos las cosas por nuestra mera existencia.

¿Qué tiene que hacer un católico liberal en este país, excepto pagar impuestos, pedir perdón por su existencia y ver cómo en nuestra fiesta nacional, en la que supuestamente tendríamos que sentirnos todos parte de una misma nación, se consienten "obras de arte" que yuxtaponen a la Iglesia Católica con la Junta Militar y con Adolf Hitler?

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Ya sé que no hubo mucha coherencia en el post de esta semana. Ninguno de estos temas, pienso yo, daba para un post entero. En esta circunstancia era mejor apelar al popurrí.

Hasta la próxima.

sábado, 22 de mayo de 2010

Doscientos años

En unos días más estaremos llegando al bendito Bicentenario de la Revolución de Mayo.

No es poca cosa. Que este país haya podido llegar a doscientos años (o ciento noventa y cuatro, que no es menor mérito, si contamos a partir de 1816) después de una historia como la nuestra, es algo que en el fondo inspira algo de esperanza en la capacidad de supervivencia y adaptación del ser humano.

Es momento de sentarse un minuto, mirar a nuestro alrededor y hacia el pasado, y hacer un balance duro pero necesario de estos doscientos años.

En principio, creo que tenemos que reconocer que, como nación, hasta ahora la Argentina ha sido un fracaso. Vuelvo a repetir acá una definición de Ortega y Gasset que cité antes y que me parece que tiene que estar en la base de cualquier análisis sobre la realidad argentina: una nación es un proyecto sugestivo de vida en común.

Un país no puede ser solamente un territorio con bandera, himno nacional, Estado y, en especial en el caso argentino, una selección de fútbol. Tiene que haber algo más que una a los habitantes de un país, un propósito, una concepción de la vida y de la forma de vivir en sociedad que dichos habitantes compartan no por la fuerza, sino por el convencimiento y la experiencia de saber que esa es la forma en la que quieren vivir y en la que mejor se sienten.

A un país se lo ama, se lo defiende, se lo quiere, no porque gane el Mundial o porque tenga la avenida más larga del mundo. Se lo ama porque se siente que en ese país puede hacer la mejor vida posible.

¿Cuál es ese proyecto de vida en común que ofrece la Argentina? ¿Lo tiene? ¿Alguna vez tuvo uno?

Alguna vez lo tuvo.

Hace casi cien años, faltan sólo un par de días, la Argentina celebró su Centenario y también el mejor momento de su más grandioso proyecto de nación. Se trataba de un proyecto ambicioso, que no se conformaba con lo que había y menos todavía lo elogiaba. Un proyecto de orden y progreso (no de progresismo) que en menos de medio siglo convirtió a un desierto pútrido y nefasto, la más inmunda, pobre y despreciable posesión del ex Imperio Español, en uno de los países más prósperos del mundo, cuya capital, originalmente una aldea de contrabandistas en el medio de la nada, se convertía en una de las ciudades más grandes e imponentes de la época.

¿Que era imperfecto? ¿Que había pobreza? ¿Que había corrupción? Absolutamente. Pero llevábamos medio siglo trabajando; el primer medio siglo de vida independiente no cuenta ya que nos pasamos esos cincuenta años dedicándonos al deporte favorito de los argentinos: degollarnos por idioteces sin sentido.

No era un país perfecto ni por asomo; faltaban muchas cosas por hacer. Faltaba desarrollar el país para que fuera algo más que un gran productor de alimentos. Faltaba desarrollar el interior, desconcentrar a Buenos Aires, faltaba limpiar el sistema político, faltaban muchas cosas que sólo el tiempo y la maduración de una sociedad podían conseguir.

Pero en vez de confiar en el tiempo, en la maduración y en el sentido común, nos fuimos al carajo de la mano de muchos. De la mano de los mesiánicos que creían que haber sido votados era suficiente para hacer lo que se les diera la gana. De los mesiánicos, de uniforme o de civil, que se tragaron lo de ser "la reserva moral" de la Argentina. De los enloquecidos que soñaban con revoluciones delirantes de todo tipo y pelaje. De los vivos que aprovecharon todo para sí, y de los giles que acompañaron porque pensaron que iban a vivir de arriba. De los envidiosos y envenenados que codiciaban lo que no era suyo, y de los vagos que no querían esforzarse para lograr nada. De los que no hicimos nada.

Y así llegamos a donde estamos hoy. ¿Qué proyecto sugestivo de vida en común encarna la Argentina, que no sea la ilusión de un nivel de vida escandinavo con productividad subsahariana, de vivir de las rentas del trabajo de otros, de recibir todo de arriba porque "donde hay una necesidad hay un derecho", de finalmente acabar con todos los que no piensan como uno?

Casi podría decirse, a doscientos años de ese 25 de mayo, que la Argentina sólo se mantiene unida detrás de su selección de fútbol. Basta ver los vergonzosos comportamientos de nuestra dirigencia para comprobar que ni siquiera una fecha como esta puede hacer que dejemos atrás las chicanas pedorras y las avivadas de siempre.

Al Centenario llegamos como uno de los países más ricos del mundo; el Bicentenario nos encuentra chapoteando en la mugre, la miseria y la mediocridad de nuestro fracaso histórico como nación y como sociedad, fracaso que abrazamos como si realmente fuera algo digno en lugar de algo a lo que hay que escaparle como sea.

Es un Bicentenario triste el que tenemos, más cuando en los edificios y en las grandes obras de todo el país podemos apreciar el legado de aquel Centenario glorioso que celebrara un país que tanto prometía y que tanto decepcionó.

Hay, en el fondo, algo de esperanza, aunque más no sea en la capacidad de supervivencia y de adaptación que tenemos los argentinos. Sobrevivimos doscientos años a pesar de nosotros mismos; insisto, eso no es algo que se pueda despreciar tan fácilmente.

El mismo Centenario, ese que ahora nos quieren pintar como un momento triste "bajo estado de sitio" para que no lo comparemos con lo triste y mediocre de este Bicentenario, es prueba de algo más: de que como sociedad fuimos capaces alguna vez de levantar una nación rica, orgullosa y esperanzada a partir de un desierto atrasado e inhóspito.

Pudimos construir ese país, que prometía tanto y que aún en sus grandes faltas mantenía la esperanza de superarlas. Nada, excepto nosotros mismos, nos impide trabajar para que volvamos a ser un país así. Quizás no lo veamos nosotros, o incluso nuestros hijos; pero sí podemos esforzarnos para que llegado el 2110, le toque a los blogueros del Tricentenario volver la mirada a este triste 2010 y enorgullecerse ellos del país que tienen en comparación con el que vivimos nosotros. Y quizás, incluso, enorgullecerse de nosotros por haber empezado el camino de la superación.

Es algo por lo que vale la pena pensar, aunque más no sea para no caer en la desesperanza.

Por lo menos, podemos hacer lo que esté en nuestras manos para que en 2016 el verdadero Bicentenario, el de la Independencia Nacional, encuentre un país más tranquilo, más seguro y que no duela tanto como el nuestro.

Por mi parte, quiero mantener esa esperanza.

No hay mucho que festejar, excepto los 200 años del comienzo de todo. Lo que nos duele de este país, está en nuestras manos para resolverlo, de la manera que esté a nuestro alcance. Y aunque la Argentina duela como sólo ella sabe hacer doler, mueva a sufrir e irrite por momentos, sigue siendo nuestro país, al que nosotros tenemos que darle eso que le falta.

Y esa es razón suficiente para celebrar a la Argentina, aunque nos duela como nos duele por lo que la queremos.

Felices doscientos, Argentina. ¡Viva la Patria!


sábado, 15 de mayo de 2010

Tres ideas bien Nac&Pop

El otro día, mientras viajaba en el tren de vuelta a casa, noté la publicación que leía una mujer y al ver que había una foto bien grande de la horrenda jeta de Eduardo Luis Duhalde (por si hace falta aclarar, hablo del montonero, no del cabezón)... pero eso fue sólo el comienzo. Después vi que los titulares de las notas hablaban sobre "los cronistas de la dictadura", "Joe, el mártir de la Escuela de Chicago" y otras linduras por el estilo.

Al ver en la esquina superior el nombre de la publicación, descubro que se llama Lesa Humanidad. Qué lo parió, cuando uno piensa que no pueden darle otra vuelta a la cuestión de los '70, ya sacan una especie de diario sobre el tema.

Digo yo, ¿a los zurdos y los progres no les alcanza la Playboy para excitarse?

Pero como soy un buen tipo, les propongo ahora el siguiente paso, que me deberán reconocer que es una gran idea para mecharlo con la deformación infantil.

Propongo que se publique el "Álbum de Figuritas del Proceso".

En sus páginas podríamos tener, como en los que sacan para cada Mundial, a los represores y a los jóvenes idealistas organizados por equipo, algo como "Junta Militar", "Escuela de Mecánica", "El Olimpo", "Batallón 601", "Monopolio Clarín" para los malos y "Montoneros", "ERP", "FAR" y "Madres de Plaza de Mayo" para los buenos. Y así sucesivamente.

Y podríamos distribuirlos por las escuelas, gratis claro está, y financiado con fondos del Estado. Total, si ya vamos a pagar este diario Tiempo Argentino que la va a tener a Florencia Peña como columnista...

Sólo imagínense a las blancas palomitas de la niñez Nac&Pop en los recreos de su dulce educación, intercambiando figuritas en ese admirable libre mercado que solíamos montar.:

- ¿Tigre Acosta?

- ¡Late!

- ¿Brigadier Graffigna?

- ¡Nola!

- Te la cambio por la de Norma Arrostito.

- ¡Dale! Tengo también la de Alfredo Astiz, por si la buscabas...

- ¡Uy, la difícil! ¿Cuál querés de las otras?

- Vi que tenías la de Vaca Narvaja por ahí...

Ah... la niñez...

Pero no me quería detener solamente en esto. Para que mis amigos Nac&Pop puedan entretenerse, les propongo aquí de yapa otras dos grandes ideas que pueden aplicar en el combate contra las odiadas reformas neoliberalprocesistas de la década de 197090.

1) Volver a las viejas patentes de auto de antes del '96. ¿Por qué tenemos que seguir con este modelo alfanumérico de clara inclinación anglosajona e imperialista? Volvamos al viejo, noble y bien argentino esquema de chapas negras con caracteres blancos, esas queridas patentes de impronta federal que nos permitían gritarle "¡Correntino de mierda!" al auto con chapa "W" que nos cerraba en la ruta, por ejemplo. Estoy seguro de que Planificación Federal puede ocuparse del tema, con una buena adjudicación directa de unos, digamos, 2500 pesos por cada chapa patente, a la que le pueden agregar un holograma de Hebe de Bonafini como medida de seguridad.

2) Revertir las modificaciones en la numeración telefónica. Esta idea menemista de meter un número adicional, empezando por el "4" y siguiendo hacia adelante, en los números de teléfono introduce el componente elitista para aquellos que tuvieron teléfonos mucho antes y que ostentan el "4" y aquellos snobs que consiguen líneas nuevas que empiezan con un "6". Volvamos hacia atrás en pos del igualitarismo telefónico, carajo. ¿Para cuándo la columna de Jorge Giles en El Argentino denunciando esta oligárquica realidad telefónica?

Si quieren, muchachos, puedo cranear otras ideas. Todo lo que pido es un puestito en algún ministerio.

Hasta la próxima.

sábado, 8 de mayo de 2010

Pesimismo

"El hombre es lo que es: un animal salvaje con voluntad de sobrevivir y (hasta ahora) con la capacidad necesaria para enfrentarse a cualquier competencia. A menos que uno lo acepte así, todo lo que se diga sobre la moral social, la guerra, la política - lo que sea - es pura tontería. La moral correcta surge de saber lo que el hombre es, y no lo que a esas viejas solteronas, a esos hombres de buenas intenciones y deseosos de obrar bien, les gustaría que fuera."

Starship Troopers, de Robert A. Heinlein

Hay comportamientos, ideologías, posturas frente al hombre y a la vida que sólo se entienden si vemos a sus promotores como portadores de un utopismo a prueba de balas. Desde creer que una persona carece de intereses propios por el simple hecho de ser funcionario público (como me lo dijo en la cara un conocido progre cuando se lo planteé como objeción al estatismo) hasta pensar que las armas son el único obstáculo para la paz mundial. Desde creer que para que no haya más terrorismo hay que sentarse a dialogar con los terroristas hasta intentar acabar con el crimen y la inseguridad haciendo que la policía sea buenita, desarmada y conciliadora.

Esas ideas, y otras similares en su óptica y en su total falta de sentido, siempre van a estar rondando en una sociedad. Y es comprensible que así sea, porque es lindo creer en eso. Es más agradable y reconfortante que la alternativa. Y por eso estas ideas, este utopismo, siempre va a tener mejor prensa y apologistas más vocales que aquellos que insistimos en el escepticismo, en la desconfianza y en la prevención.

Y lo peor que se puede hacer es sancionar leyes y gobernar una sociedad basándose en el utopismo. Cualquier ley estatizante se basa en la idea de que el Estado, que es una organización tan humana y falible como una empresa, es por naturaleza más bondadoso y moral que una corporación. Todos los tratados de desarme y propuestas del pacifismo surgen de la creencia de que el ser humano es naturalmente bueno y que las armas lo hacen violento, en una lógica similar a pensar que el frío es consecuencia de la existencia de los sweaters.

Y así podemos seguir y seguir, pero los resultados son los mismos: todos estos experimentos, todas estas ideas, todos estos esfuerzos de lograr la utopía chocan contra la naturaleza humana. Ahí viene el llanto y el rechinar de dientes, las tragedias y los desastres, la repartida de culpas y la búsqueda de culpables, y la infaltable defensa de la idea original basándose en sus intenciones en vez de sus resultados. Porque si falla, nunca puede ser debido a que la idea era mala. Siempre fue porque alguien no la supo aplicar o no la quiso poner en práctica porque es "malo".

El utopismo fracasa porque ignora lo que el ser humano es en realidad. Así de simple.

El ser humano es agresivo. El ser humano es violento. El ser humano es codicioso. El ser humano tiende naturalmente a perseguir su propio interés. El ser humano busca siempre su ventaja. El ser humano no es racional. El ser humano no nace responsable, sino que se le debe inculcar. El ser humano quiere ganar como sea. Siempre.

Toda virtud, sea el altruismo, la solidaridad, el desapego, la honestidad, es valiosa por lo rara que es entre las personas, no por lo común que pueda ser. Ninguna ley o conjunto de buenas intenciones va a poder cambiar esto.

Dictar leyes o redactar normas sin otra precaución contra su posible violación excepto presuponer que por lo buena que es la gente no se las va a violar es una idiotez mayúscula. Darle poder a una persona y no prevenirse contra el abuso de ese poder es suicida. La confianza se gana, no se regala; se le da en cuentagotas al que demuestra merecerla, no se la presupone basándose en lo que el otro dice.

La ley, la política, la economía y la moral no deben partir de lo que el hombre debe ser como si ya lo fuera, sino asumir lo que el ser humano es, y desde allí encauzar y limitar su comportamiento para que no caiga en excesos que sean destructivos para sí mismo y para la sociedad en general.

Cada vez que alguien intentó desmentir las expresiones "hijos del rigor" y "hecha la ley, hecha la trampa", los resultados fueron siempre los mismos: un fracaso rotundo.

¿Que si es un punto de vista oscuro y triste? Claro que sí. Desafortunadamente, no veo que las alternativas sean factibles. Soy un pesimista; ni la historia ni la política ni el comportamiento diario de la gente me dan razones para no serlo. Por eso pienso lo que pienso.

Hasta la próxima.

sábado, 1 de mayo de 2010

Pensando en el Tricentenario

Ahora que estamos en pleno frenesí del Bicentenario, que de tan prostituído por los Kirchner nos debería llevar a no celebrar más el 25 de mayo, creo oportuno presentar ante ustedes un proyecto con miras al Tricentenario de la Independencia Nacional. ¿Qué más planeamiento de largo plazo quieren que pensar en el país del 9 de julio de 2116?

Parte de esta base: como nación, como "proyecto sugestivo de vida en común" según Ortega y Gasset, la Argentina es un fracaso épico. Es un territorio con bandera, himno nacional y selección de fútbol, habitado por delincuentes, vagos, corruptos, aprovechadores y estafadores que viven de los giles que todavía trabajan y se esfuerzan sin descubrir las "delicias" de currar del Estado. Admitamos además que para un argentino no hay nada peor que otro argentino.

Lo que propongo es sencillo en principio: cuando llegue el 2016, dividamos la República Argentina en seis o siete Estados formados por las provincias y la ciudad de Buenos Aires convertida en una Singapur sudamericana, deroguemos la Constitución y reemplacémosla por una Carta de Derechos y un Tratado de Confederación, y establezcamos un plazo de cien años, a finalizar el 9 de julio de 2116 con la reconstitución de la República Argentina.

Cada uno de esos Estados y la Ciudad de Buenos Aires serán completamente autónomos y libres sobre sus asuntos internos, y sólo delegarán en la Confederación el poder necesario y suficiente para que ésta funcione como una unión aduanera, una organización de integración y cooperación y una alianza militar con fuerzas armadas propias. Y nada más.

Todo lo demás, desde la seguridad interna, la educación, la autoridad fiscal, la legislación laboral y el poder de acuñar moneda, quedarán bajo la exclusiva potestad de los Estados integrantes de la Confederación. No habrá más distribución de fondos que la que surja de las rentas aduaneras, y si habrá coparticipación, será de los Estados miembros hacia la Confederación para solventar exclusivamente los gastos militares y funcionales de la misma.

Cada 25 años (2041, 2066, 2091 y finalmente 2116), se deberán celebrar conferencias destinadas a transferir gradualmente poderes al nivel confederal de gobierno mediante enmiendas al Tratado de Confederación, pero a las que sólo podrán acceder los Estados que cumplan con metas preestablecidas de crecimiento del PBI, desarrollo de infraestructura, responsabilidad fiscal y estabilidad monetaria. Los que no cumplan, seguirán sujetos a las reglas anteriores.

Finalmente, después de cien años en los que se habrá pasado de una unión aduanera con armas a un mercado común con cada vez más responsabilidades y luego a una organización al estilo de la Unión Europea (aunque esperemos que menos laberíntica), sería de esperar que el Tricentenario de la Independencia sea la oportunidad en que los Estados que alguna vez formaron la primera República Argentina, templados y fogueados después de un siglo de manejar sus propios asuntos sin chupar dinero y recursos de un Estado federal por el hecho de que éste no existió, estén en condiciones de acordar una nueva Constitución y el surgimiento de una segunda República Argentina, más responsable, más autónoma y menos degenerada.

Soñar no cuesta nada, che. Después que no digan que nadie piensa en el largo plazo en este país.

Hasta la próxima.

sábado, 24 de abril de 2010

Arrested Republic

En estos últimos días me enganché por I-Sat con una comedia norteamericana llamada Arrested Development.

La premisa de la serie es esta: Michael Bluth, de treinta y tantos años, padre viudo de un hijo adolescente, debe tomar las riendas de una familia al borde del colapso y de una empresa familiar próxima a la bancarrota luego de una desgracia con ribetes legales, y debe dar lo mejor de sí para mantener unida a la familia y a flote al negocio.

Hasta ahora, la premisa daría para un drama, de no ser porque la familia con la que debe lidiar este buen hombre está formada por:
  • un padre, magnate de la construcción, encarcelado tras descubrírsele sus prácticas de "contabilidad creativa" y sus negocios secretos con Saddam Hussein, que pasa su tiempo tratando de escapar de la cárcel y de la Justicia, muchas veces intentando hacer que encarcelen a su hermano gemelo hippie en su lugar,
  • una madre, bebedora social compulsiva, acostumbrada a una vida de lujos decadentes sostenida con fondos malhabidos de la empresa familiar, completamente hipercrítica y manipuladora hacia sus hijos hasta el punto del maltrato,
  • un hermano mayor, vago, vividor, mujeriego, despreciado por sus padres, obsesionado con una fracasada carrera como "mago", e incapaz de tener un trabajo honesto,
  • una hermana gemela consumista, superficial, promiscua, extravagante y culposa que trata de pasar como profunda y comprometida adhiriendo a cuanta causa bienpensante surja, militando con fondos malhabidos de la empresa familiar,
  • un hermano menor inmaduro, socialmente inepto, con un complejo de Edipo del tamaño del Monumental, presa de ataques de pánico, y víctima de las peores manipulaciones de su madre,
  • un cuñado, casado con la hermana antes mencionada, que dejó de trabajar para esforzarse en pos de una carrera actoral condenada desde el principio, que vive tratando públicamente de engañar a su mujer, y que da permanentes muestras de "vivir dentro del armario",
  • una sobrina, hija de la hermana y del cuñado, que prácticamente se crió sola ante el abandono de sus propios padres, y que trata de adaptarse a la educación pública tras salir de una escuela "progre" sin notas ni sanciones, al tiempo que busca causarles la mayor cantidad de dolores de cabeza a sus padres irresponsables,
  • y un hijo adolescente, serio y responsable, al que no puede prestar atención por tener que ocuparse del resto de la familia, y que quisiera debatir con él algunos de los problemas por los que está pasando... como por ejemplo el estar enamorado de su propia prima.
Cincuenta y tres capítulos en tres temporadas que detallan la permanente y fracasada lucha de un hombre por imponer algo de sentido común y responsabilidad a una familia desquiciada que sencillamente no asume que se acabó su fortuna, que no hay más manteca para tirar al techo y que sus negocios ilegales los pueden condenar a la cárcel, pero que a pesar de todo insiste en seguir viviendo como antes, aún si para ello tienen que pisarse unos a otros. Les aseguro que el nivel de desquicio al que llegan los personajes de esta serie en su búsqueda de mantener todo como estaba cuando ya no pueden más es épico. Una verdadera joya.

¿Por qué hablo de esta serie? Porque nunca antes había visto algo en televisión que se asemejara tanto y tan bien al grado de desquicio, irrealidad, delirio colectivo, misantropía y pura desconsideración que vive la República Argentina. Cuando me cayó la ficha, fue glorioso.

Si analizamos a nuestro país y a la familia Bluth, en ambos encontraremos lo mismo: un colectivo inepto y cuasi-criminal que vive de una fortuna que ya no existe, que no asume su realidad de escasez, que no entiende por qué ya no merece confianza ni respeto de nadie, que no entiende qué tiene de malo romper la ley para seguir como si nada hubiera pasado, que persigue ambiciones fracasadas e irreales desde el primer momento, que es incapaz de hacerse cargo de sus actos y consecuencias, que invierte sus esfuerzos intelectuales y de imaginación en encontrar maneras de evadir las responsabilidades y vivir de arriba, que no se priva de nada en momentos en que no puede darse ningún gusto, que intenta disimular su superficialidad pegándose a todo lo bienpensante, y que lleva a la impotencia, desesperación y locura a los pocos que todavía mantienen cordura y esperanza ante la situación.

Sólo que en el caso de Arrested Development lleva a la risa y en el de la Argentina a llorar.

En fin, una verdadera joya de la TV. Guarda que es de esas series que hay que ver desde el primer capítulo.

Hasta la próxima.

sábado, 17 de abril de 2010

Perlas

Altamente recomendables cuando se experimente una sobredosis de Veinte Verdades del Justicialismo.

“El gobierno no es razón; no es elocuencia. Es fuerza. Y la fuerza, como el fuego, es un peligroso sirviente y un temible amo.” George Washington.

“La necesidad es la justificación de toda violación a la libertad humana. Es el argumento de los tiranos. Es el credo de los esclavos.” William Pitt

"Un gobierno sabio y frugal, que refrenará a los hombres de herirse mutuamente, que los dejará por demás libres para regular sus propias búsquedas de industria y progreso, y que no quitará de la boca del trabajo el pan que se ha ganado. Esta es la suma del buen gobierno…” Thomas Jefferson

“¿Ante cada ejercicio no autorizado del poder por parte de la legislatura, debe el pueblo alzarse en rebelión o su silencio ser considerado como una claudicación de dicho poder? Si así fuera, ¿cuántas rebeliones deberíamos haber tenido hasta ahora?” Thomas Jefferson.

“El principio de gastar dinero que será pagado por la posteridad, bajo el nombre de financiamiento, no es más que una estafa a gran escala contra el futuro.” Thomas Jefferson.

“La multiplicación de los puestos públicos, el incremento del gasto por sobre el ingreso, el crecimiento y la imposición de una deuda pública, son indicaciones que reclaman el uso de una podadora.” Thomas Jefferson

“Creo que tenemos más maquinaria de gobierno que la necesaria, demasiados parásitos que viven de la labor de los industriosos.” Thomas Jefferson.

“Si se preguntara cuál es el deber más sagrado y la mayor fuente de seguridad en una República, la respuesta deberá ser: un respeto inviolable por la Constitución y las leyes. Un respeto sagrado por la ley constitucional es el principio vital y la energía que sostiene a un gobierno libre.” Alexander Hamilton

“La Constitución no es un instrumento del Gobierno para contener al pueblo; es un instrumento del pueblo para contener al Gobierno.” Patrick Henry.

“Un pueblo libre reclama sus derechos como derivados de las leyes de la naturaleza, y no como el regalo de su primer magistrado." Thomas Jefferson

“Hemos sido reducidos a la alternativa de elegir la sumisión incondicional a la tiranía de ministros irritados o a la resistencia por la fuerza. El honor, la justicia y la humanidad, nos guarden de rendir mansamente aquella libertad que recibimos de nuestros honorables ancestros, y que nuestra inocente posteridad tiene derecho a recibir de nosotros.” John Dickinson

“Guarden con celosa atención la libertad pública. Sospechen de todos los que se acercan a esa joya. Desafortunadamente, nada la preservará excepto la fuerza explícita. Cuando ceden la fuerza, están inevitablemente condenados.” Patrick Henry

“La cura natural para una mala administración, en una constitución popular o representativa, es un cambio de hombres.” Alexander Hamilton

“La libertad debe ser sostenida ante cualquier peligro. Tenemos derecho a ella, que se deriva de nuestro Creador. Pero si no lo tuviéramos, nuestros padres lo han ganado y comprado para nosotros a costa de su tranquilidad, su propiedad, su placer y su sangre.” John Adams.

“¿Qué país ha existido por un siglo y medio sin una rebelión? ¿Y qué país pueden preservar sus libertades si a sus gobernantes no se les advierte de tanto en tanto que su pueblo conserva el espíritu de la resistencia? Que se levanten en armas (...) ¿Qué significan unas pocas vidas perdidas en un siglo o dos? El árbol de la libertad debe ser regado de tanto en tanto con la sangre de patriotas y tiranos." Thomas Jefferson

"Si prefieres el bienestar a la libertad, la tranquilidad de la servidumbre al animado desafío de la libertad, aléjate de nosotros en paz. No pedimos ni tu consejo ni tu apoyo. Inclínate y lame la mano que te alimenta. Que tus cadenas te sean leves y que la posteridad olvide que fuiste nuestro compatriota.” Samuel Adams.

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Pensar que acá tratamos barbaridades como "donde hay una necesidad, hay un derecho" como si fueran sabiduría.

Hasta la próxima.

martes, 13 de abril de 2010

Se le cayó el monóculo


Nuestro Prime Minister, ciudadanos y ciudadanas. Una cátedra de civismo, respeto democrático y convivencia en la Argentina del Bicentenario.

Vergüenza es poco.

(foto afanada de BlogBis)

sábado, 10 de abril de 2010

Si pudiera reformar la Constitución...

Muy bien, ya sé que los atormenté a muchos de ustedes con mi eterna e interminable serie de artículos de "Una nueva Constitución" hace un par de años, pero a pesar de eso hoy voy a volver a las andadas por esos pagos. No se preocupen, intentaré de que sea breve y no pasará de este artículo.

Yendo al tema, si me estuviera dado el modificar la Constitución Nacional para adaptarla a la experiencia de estos últimos años, me conformaría con que estos diez puntos pasen a ser incorporados.

1. Prohibir la reelección presidencial. No "prohibir la reelección inmediata" y pedirles que dejen pasar un período completo para volver a presentarla. Hablo de prohibirla en serio. Que la Constitución diga que quien ejerció un mandato como Presidente no lo puede volver a hacer nunca más. Punto. Nadie es tan bueno o perfecto como para pretender perpetuidad; el único tipo que en la historia de la Humanidad podría haber merecido perpetuidad en el cargo terminó clavado a una cruz. Y ya que estoy, quizás le agregaría una "cláusula hondureña" que revoque automáticamente el mandato de cualquier presidente que siquiera HABLE de una reelección. Si funcionó para que Honduras se libere del payaso de Zelaya, tan mala no debe ser.

2. Nada de representación política en el Consejo de la Magistratura. La participación política en la selección y nombramiento de los jueces está bien cubierta con la designación por parte del Presidente y el acuerdo prestado por el Senado. La selección de las ternas debe ser un asunto estrictamente académico y judicial. Elegir quién va a impartir justicia no puede quedar en manos de una mayoría legislativa, que puede depositar ese poder en manos de bestias humanas como Diana Conti y Carlos Kunkel.

3. Prohibir la sucesión familiar. Más que claro. Aspiramos a vivir en una república, no en una monarquía. Quizás la "cláusula hondureña" debería aplicarse para el Presidente que proponga a su esposa, a algún hijo, sobrino, primo, yerno, cuñado, nieto u otro pariente cuya relación no sea lo bastante obscura como para obligar a preguntar "¿cómo se llama?" cuando se percata de su existencia.

4. Elecciones presidenciales cada seis años. Si cuatro años es tan poco tiempo en el gobierno como para justificar la idea de una reelección, mientras que los seis años de un mandato pre-1994 eran demasiados, entonces hay que volver a los seis años de período presidencial. Es suficiente tiempo como para que un presidente implemente políticas y vea los resultados antes de irse. Y es ya demasiado tiempo para que una ciudadanía lo soporte.

5. Mandatos de tres años para los diputados. La Argentina no puede vivir de elección en elección cada dos años. Aunque existen buenas razones para el actual sistema de renovación parcial de las Cámaras (no se puede permitir que toda una cámara quede constituida por un único humor social), pienso que es preferible bajar el mandato de cuatro a tres años y hacer que la Cámara de Diputados se renueve totalmente en cada elección. Ah, y con circunscripciones en vez de listas sábana, y límites de cuatro períodos en las bancas.

6. Senadores elegidos conjuntamente con los comicios provinciales. Tres senadores por provincia: uno elegido en la lista del gobernador y del vice, uno por el partido con más bancas en la Legislatura y otro por el que le sigue en cantidad de bancas. Que la decisión sobre quiénes van a representar los intereses de las provincias en el Senado se tome al mismo tiempo que se decide quiénes deben legislar y gobernar en las propias provincias. Que el Senado sea sólo cámara revisora, excepto en materia de distribuir responsabilidades entre el Gobierno y las provincias. Y que los senadores sean responsables ante las legislaturas de sus propias provincias (con la posibilidad de ser destituidos por ellas) por la defensa que hagan de los intereses provinciales.

7. Mayoría absoluta del total de miembros para aprobar todas las leyes. Si el Senado tiene 72 miembros, que ninguna ley pueda ser aprobada sin el voto afirmativo de 37 senadores. Si Diputados tiene 257 miembros, que ninguna ley pueda ser aprobada sin el voto afirmativo de 129 diputados. ¿Que va a ser difícil que todos estén sentados en sus bancas? Si a cualquier argentino común y corriente le descuentan sueldo, presentismo y almuerzo por faltar al trabajo, a nuestros "representantes del Pueblo" no les cabría más que cumplir las tareas por las que se les pagan fortunas. Y para eso mandaría a la Policía a que se asegure de que cada senador y diputado esté bien sentadito en su banca a la hora de sesionar. Es sólo una idea.

8. Mayoría de dos tercios del total de miembros para aprobar la creación y modificación de impuestos. ¿Que si va a ser difícil aprobar cualquier impuesto? Esa es la idea. Si nos van a sacar dinero, más vale que sea lo bastante urgente y convincente como para que convenzan a la gran mayoría del Congreso. El poder de sacarle plata a sus legítimos dueños (que somos nosotros y definitivamente no son los políticos) no puede quedar en manos de una mayoría transitoria. Quién sabe, a lo mejor así se les va a ocurrir ser mejores administradores.

9. La coparticipación es de abajo para arriba. El Gobierno nacional sólo recauda tasas aduaneras, impuestos al comercio exterior e IVA. Las provincias recaudan Ganancias y otros impuestos directos. Si hay que repartir plata, el convenio entre las provincias es para decidir cómo y cuánto va de lo que recaudan para el Gobierno nacional, no cuántas migas van a llegar desde Buenos Aires.

10. El veto es completo, no parcial. No se le puede permitir a un Presidente pervertir una ley mediante el expediente de sacar las partes que no le gustan y dejar las otras. Que asuma el costo político de rechazar la decisión del Congreso y anule toda la ley si hay algo que no le gusta. Y si no le gusta lo que se aprobó, que se lo banque. A nosotros no nos suele gustar nada de lo que aprueban cotidianamente.

En fin, eran sólo algunas ideas que tenía. Espero que les haya parecido interesante.

Saludos y hasta la próxima.

sábado, 3 de abril de 2010

El corazón de la oscuridad

-A veces deseo que se vayan rápido, ¿sabés? -Ahora tenía un cierto dolor en la mirada. Volvió a rascar el borde la mesa con el canto de su mano-. Así vos y yo podemos volver a hablar de libros y de minas, como antes. ¿Te acordás?

Los odio.

Me siento a escribir esto, tengo el bloc de notas abierto frente a mí, suspiro y lo reconozco: los odio.

Debo hacer el sinceramiento, aunque sea para mí mismo.

Y no sólo los odio a ellos, al matrimonio, a Él y a Ella, a la Parejita Perversa. Y mi odio, que los tiene a ellos como foco, se desparrama a toda la telaraña que los rodea. Odio a su círculo íntimo, odio a sus familiares, odio a sus operadores, odio a sus aliados cómplices, odio a sus asociados, odio a sus voceros, odio a sus apologistas, odio a sus simpatizantes. Del primero al último, los odio.

Va más allá del desacuerdo personal con sus políticas, de la crítica a su corrupción, del rechazo a sus métodos. Eso ya fue, quedó atrás, es algo que se podía sentir, como lo sentía yo, respecto de Menem, de De la Rúa, de Duhalde. Eso es algo que que podía haberse dicho de los Kirchner en el 2006. Lo de hoy, abril de 2010, es odio en toda la regla.

Y no es usar la palabra "odio" como una expresión. Es odio en serio, del que te hace sentir capaz de las peores cosas si tuvieras la oportunidad de aplicárselo en persona. Del que te hace bloquear Canal Siete de tu televisor para no sentir el anhelo irrefrenable de destruir el aparato cada vez que aparece 6, 7, 8 o Visión Siete, o Hebe de Bonafini.

¿Por qué los odio?

Hace siete años que vengo escuchando de ellos que yo, como parte de todos aquellos que no pensamos como ellos, somos golpistas, destituyentes, resentidos, que nuestras ideas no merecen ser tenidas en cuenta, que somos tan idiotas que votamos "contra nuestros propios intereses".

Me dicen permanentemente que por no pensar como ellos no tengo derecho a hablar, que la democracia no me incluye, que tengo que pedir permanentemente perdón por no estar de acuerdo y tener mis propias ideas, que no formo parte de la verdadera Argentina, que soy un cuerpo tolerado en la Patria "nacional y popular", pero que si Cristina quisiera y fuera una genia, me haría desaparecer junto con unos cuantos.

Para ellos, los que no pensamos como ellos sólo tenemos que callarnos, agachar la cabeza, pagar nuestros impuestos y nada más.

Cada discurso que dan es un insulto hacia lo que soy, lo que siento, lo que pienso y lo que creo. Y me levantan el dedito y me dan clases de moral.

Me hablan de los derechos humanos y me levantan el dedito, aquellos que en la puta vida se calentaron por los derechos humanos, que tan mal la pasaron en el gobierno militar que abrieron su estudio de abogados y se llenaron de guita hipotecando a insolventes, que hicieron los negocios que se les cantaron y se sacaron fotos con cuanto general daba vueltas por Santa Cruz.

Me hablan de la década del '90 con lágrimas y me levantan el dedito, aquellos que eran los mejores alumnos de Menem, que le aplaudían todo, que compartieron Dios sabe cuántas boletas electorales con el Cotur, que iban de convencionales en el '94 para meter la reelección y los decretos de necesidad y urgencia en la Constitución.

Me maldicen el capitalismo y la riqueza, esa pareja de millonarios y usureros de patrimonio tan explosivo como ilegal.

Me dicen que estoy loco, que la inflación es una "tensión momentánea de precios" cuando ya los aumentos se empiezan a notar con semanas de diferencia, cuando el billete de diez pesos con el que antes me podía pagar un almuerzo rápido ahora con suerte me sirve para un café choto.

Me dicen que estoy loco, que no existe inseguridad, sólo "consecuencias de la pobreza", mientras chorros dopados hasta los párpados con paco y todas las otras porquerías imaginables matan, acribillan, acuchillan y violan por un par de zapatillas o por veinte pesos en el bolsillo. Y me dicen que soy facho, que soy intolerante, que soy "mano dura" por querer que se les ponga fin de una vez a esas barbaridades.

Me miran a la cara, me sonríen con sorna, me levantan el dedito y me dicen que estoy loco, que estoy equivocado, que lo que siento no es verdadero, que lo que pienso no es aceptable, que lo que me pasa no es verdad, que los medios me llenan la cabeza, que mi opinión no cuenta.

Me venden un país en el que no existo, en el que apenas soy un contribuyente de impuestos, en el que no se me respeta nada si a ellos no les conviene.

Y me levantan el dedito. En todo momento. Me levantan el dedito y lo agitan en frente mío.

Y sé que es mutuo. Ellos me odian a mí, junto a los que no piensan como ellos. Chorrea su odio en sus discursos, en los chistecitos y sarcasmos que tiran desde 6, 7, 8 y las columnas de El Argentino, en el desprecio de sus diputados y filósofos, en las sonrisitas sobradoras de sus amigos y entenados. A Hebe de Bonafini y Luis D'Elía se los puee criticar por muchas cosas, pero no por poner en los términos más claros y crudos posibles el odio que los Kirchner y sus acólitos sienten por los que estamos del otro lado.

¿Cómo no los voy a odiar después de eso?

Lo peor es que no quiero sentir esto. No quiero odiar a nadie de este país, ni a mi gobierno ni a mis compatriotas. Ni siquiera los quiero odiar a ellos. Sería tanto más fácil mi vida sin el odio que me inspiran, que hasta podría decirse que los odio más por llevarme a odiarlos.

Tengo amigos, parientes, gente a la que aprecio y quiero mucho, que están del otro lado de la vereda y con la que he tenido discusiones maravillosas y enriquecedoras, siempre desde nuestros puntos de vista, sabiendo que no nos vamos a convencer de pensar distinto de lo que creemos, pero que al menos vamos a entendernos.

Sé que es posible no odiar, que se puede vivir en la Argentina en paz con los que no coinciden con nosotros, y que es más fácil de lo que parece. Y por eso los odio todavía más a los Kirchner, porque nos han llevado por el camino contrario, el del odio, el resentimiento, la venganza y el desprecio. ¿Y en nombre de qué? ¿Qué les da derecho a los Kirchner a partirnos al medio, a llevarnos al odio entre compatriotas?

¿Es en nombre de los derechos humanos que en la puta vida les importaron hasta que llegaron al gobierno? ¿De la distribución de la riqueza que siempre termina en sus manos? ¿De un "proyecto nacional" que sólo existe para mantenerlos en el poder y por el que un día pueden condenar al FMI mientras al día siguiente le pagan toda la deuda?

Al final de la historia, cuando todo esto termine, cuando finalmente se vayan, mi odio hacia ellos, y el odio de quienes los siguen hacia nosotros, el odio entre hermanos argentinos que como gobernantes debieron haber ayudado a curar en vez de incitar e incentivar, será la mayor condena que pesará sobre los Kirchner.

martes, 30 de marzo de 2010

6, 7, 8 esqueletos en el armario

¿A que no saben en qué medio periodístico trabajaba Orlando Barone, uno de los alegres cruzados de 6,7,8 contra la "corporación mediática golpista-destituyente", cuando el 24 de marzo de 1976?

¿Lo tiene?

¡Laburaba en Clarín, señoras y señores!

¡Sí! ¡Barone era un empleado a sueldo del Monopolio entre febrero y diciembre de 1976!

Pero si se fue en diciembre, entonces se habrá ido con asco del diario en momentos del Proceso, me podrán decir. ¿Entonces por qué volvió en 1981 para quedarse hasta 1981, y en 1983 pasar a la agencia DyN, que es bien del Monopolio, para irse en 1985?

¿Acaso Orlandito Barone no tiene una historia de resistencia pseudo-walshiana que relatar sobre los años del Proceso?

¿Qué le dirán ahora sus amiguitos de 6,7,8 a este pedazo de caradura?

(Gracias a BlogBis por el primer indicio que me llevó a esa maravillosa nota de Darío Gallo)

sábado, 27 de marzo de 2010

¿Por qué gobierna el peronismo?

El otro día hablaba con un conocido y por esas razones de la vida la conversación degeneró en temas de política.

La gran inquietud de esta persona era una clásica: ¿por qué ningún partido excepto el peronismo puede gobernar en la Argentina?

La respuesta que ensayé, y que en cierta oportunidad creo haber escrito en este medio, es que el peronismo gobierna y los otros no por la sencilla razón de que es el único partido en el que todos los factores de poder que importan en la Argentina se sienten identificados.

Piénsenlo. En Estados Unidos, por ejemplo, las empresas tradicionalmente apoyaron al Partido Republicano y los sindicatos se sintieron siempre cómodos con el Partido Demócrata. La alternancia bipartidista permitió que los intereses de algunos factores prevalecieran por momentos por sobre los de otros, que deben permanecer en la oposición hasta que les llegue su momento.

¿Qué grandes factores de poder tiene la Argentina hoy? Las empresas, los sindicatos, las burocracias federales y provinciales, el agro y la Iglesia Católica.

De todos ellos, el agro sacó los pies del plato en 2008 con el conflicto del campo, momento en que oh casualidad comenzó la decadencia de los Kirchner, pero todavía no se ha encolumnado detrás de ningún gran partido (coquetean con la UCR, el peronismo disidente y lo que se le pase por la cabeza a los muchachos de Federación Agraria) como para poder decir que existe un partido no peronista que "represente" al agro.

Aunque no le guste mucho, hay que reconocer que la Iglesia Católica siempre se sintió menos incómoda con los peronistas que con alguno de los otros partidos progres que rutinariamente aparecen como oposición. El encono que los Kirchner le tienen al Episcopado ha roto una relación de mutua tolerancia y ocasionales acuerdos que había entre la Iglesia y el peronismo, en particular en los años de Menem. Sin embargo, a la Iglesia le pasa lo mismo que al campo: no tiene un partido en el cual se reconozca.

Por el momento, para la Iglesia y para el campo, fuera del PJ está el desierto.

¿Pero los otros tres factores que enumeré antes? No existe ninguna duda de que el sindicalismo es peronista, por más que algunos pajaritos de la izquierda todavía sueñen con "concientizar al proletariado" de esta bendita tierra de promisión y hacer que cambien a Evita por Rigoberta Menchú. Decir "sindicalismo" es decir "peronismo" en términos argentinos.

El empresariado argento, adicto a los mercados cerrados, a las dádivas estatales y a los consumidores cautivos, siempre anduvo con el peronismo como culo y calzón. Hagamos el ejercicio de imaginación y convendremos en que es más "real" imaginar a Cristiano Rattazzi, Franco Macri o los alegres muchachos de la Unión Industrial conferenciando con capos justicialistas que sentados a la mesa radical.

Y de la burocracia y de los señores feudales del interior mejor ni hablemos: ellos son la maquinaria sobre la que se asienta la estructura de poder peronista.

¿Cuál es el partido del empresariado argentino? El peronismo.

¿Cuál es el partido del sindicalismo argentino? El peronismo.

¿Cuál es el partido de la burocracia argentina? El peronismo.

¿Qué intereses representan la UCR, la Coalición Cívica, el PRO, el socialismo, que no sean los de sus líderes y electorados? Ninguno. Y ni siquiera pueden convencer del todo a los factores de poder alienados del justicialismo.

El peronismo gobierna por una simple razón: porque es el único partido en el que los factores de poder de la Argentina se reconocen y se sienten identificados o como mínimo contenidos. Si mañana subieran los radicales, sabremos que los sindicatos le harían la vida imposible, que las empresas los mirarían con asquito y que las burocracias del interior fogonearían los "estallidos sociales" que se necesiten para sacarlos.

Y siempre ha sido así.

Las crisis del peronismo surgen cuando por alguna razón alienan a alguno de estos factores y lo hacen pasar a la oposición. El gran logro del primer peronismo en materia de poder fue asentarse en los tres grandes factores de la época: los sindicatos, la Iglesia y las Fuerzas Armadas.

Perón sólo empezó a caer cuando por alguna razón incomprensible se las agarró contra la Iglesia, que al pasar a la oposición se convirtió en el denominador común de los civiles y militares antiperonistas que lo echaron a patadas en 1955. No por nada uno de los lemas de la Libertadora era "Cristo Vence".

Resumo: el peronismo gobierna porque es una estructura de poder de alcance y difusión nacional (burocracias federales, provinciales y municipales) puesta al servicio de dirigentes políticos feudales (gobernadores y legisladores que quieren ser algo más) y que le permite a los grandes factores de poder y corporaciones de la Argentina (sindicatos, empresas y Estado) promover sus intereses mediante el "acuerdo" y sin necesidad de la competencia partidaria.

La Argentina es fácil de entender si se asume que ni es una república ni es una democracia.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Feriado argento

"Those who fail to learn history are doomed to repeat it; those who fail to learn history correctly-- why they are simply doomed."

Así que, bueno, hoy es el feriado. Mire usté.

En vez de ponernos a pensar qué tan podrida y enferma estaba la sociedad como para llegar al 24 de marzo, hoy nos vamos a sentar todos a hacer nuestros Dos Minutos de Odio contra los enemigos que nos señala el Gobierno, y de paso hacemos el trabajo sucio de sentirnos puros e inocentes de todo lo que pasó. Nunca más, juicio y castigo, pirulito presente, per saecula saeculorum, ut supra y etcétera.

Lo que al argento promedio, lector de libros de Pigna, que piensa "Hebe está loca pero mirá todo lo que le pasó", que lagrimea cada vez que Carlotto encuentra otro nieto, le cuesta mucho pensar (no digamos "aceptar" porque nunca lo va a hacer) es que en una sociedad normal, con instituciones fuertes, partidos responsables y sentido común, nunca se hubiera llegado al punto de un golpe de Estado como el de 1976.

Al argento promedio no le gusta pensar que llegamos al 24 de marzo de 1976 porque además de militares que creían estar tocados por la varita mágica para "reorganizar" al país también hubo miles de pendejos soberbios que creían tenerla tan clara como para convencernos a bombazos y tiros de las bondades de su "revolución"; políticos que en vez de hacerse cargo de las cosas cuando empezaron a irse a la mierda prefirieron apostar a una profundización de la mierda, rajarse del país para decir "yo me borré", o cruzarse de brazos primero para abrirse de gambas después; y también una sociedad enferma, decadente e irresponsable que no defendió la democracia porque le importaba una mierda la democracia misma si eso impedía llevar a cabo el sueño de exterminar a todos los que estaban del otro lado.

Eso sería demasiado para el argento promedio. Lo obligaría a pensar que tal vez, sólo tal vez, hay parte de la culpa en sus manos, una culpa que no puede circunscribir prolijamente al período 1976-1983 y a los muchachos de verde y azul. Le impediría refugiarse en la cómoda fantasía del "no sabía nada", del "yo no lo voté".

Porque el argento promedio prefiere pensar que un día bajaron los platos voladores en Plaza de Mayo y de ahí salieron Videla, Massera y Agosti para instalar una feroz dictadura dedicada al exterminio de aquellos jóvenes idealistas que juntaban flores y mateaban en los bosques de Palermo al son de "Zamba de mi esperanza". Esa historia lo satisface. Lo muestra como inocente y como víctima, lava sus manos de responsabilidad y lo exime del deber de ponerse a pensar qué fue lo que estuvo tan mal como para que pasara lo que pasó.

No es sólo que el argento promedio prefiere pensar esto: le gusta pensar esto y lo seguiría pensando aún cuando la realidad le gritara al oído que no es así.

Y también le sirve al argento promedio para mantener una fantasía más sutil, según la cual no hay relación entre aquella "juventud maravillosa e idealista" y la manga de forros y capangas que gobierna la Argentina hoy. Más idealiza a la pendejada terrorista y mesiánica, más se desliga del hecho de que estamos viviendo hoy en el país que ellos "soñaron".

¿Querían saber qué hubieran hecho de la Argentina los miembros de esa "generación perdida"? Aquí los tienen. Se llaman Kirchner, Moreno, Rossi, Garré, y otros tantos nombres del elenco, todos los que dicen haber "sobrevivido" sin decir jamás cómo lo hicieron. Ya los conocen a todos. Disfruten de la vida en el país de los sueños compartidos: pobreza, autoritarismo, violencia, intolerancia, inflación, prepotencia, corrupción, incompetencia, todos atados con moño y bendecidos por Hebe y Estela.

Pero no voy a ser yo quien convenza a nadie de esto. No se puede convencer a nadie que no quiera ser convencido. Escribir como lo hago acá no deja de ser un ejercicio para mantener la cordura en medio de tanta demencia y autoengaño. Si a alguien le interesa leer esto y pensar, pues me alegro mucho. En serio lo digo.

Para los demás, sigan adelante, sean felices. Sarna con gusto no pica.

sábado, 20 de marzo de 2010

¿Les recuerda a algo?

En mi relectura de partes de 1984 no dejo de encontrar pasajes que me hacen pensar demasiado a la Argentina de hoy y a las cosas que vivimos, escuchamos y soportamos en estos momentos.

Quéseleváser, George Orwell era un visionario de aquellos.

* * * * * * * * * *

Qué tipo de personas controlarían este mundo era algo igualmente obvio. La nueva aristocracia estaría compuesta en su mayor parte por burócratas, científicos, técnicos, sindicalistas, expertos en publicidad, sociólogos, profesores, periodistas y políticos profesionales. Estas personas, cuyos orígenes están en las clases medias asalariadas y en los estratos superiores de la clase trabajadora, habían sido moldeadas y agrupadas por el desolado mundo de la industria monopólica y el gobierno centralizado.

Sólo hay cuatro maneras de que un grupo dominante pierda el poder. O es conquistado desde afuera, o gobierna tan ineficientemente que las masas son incitadas a rebelarse, o permite el surgimiento de un fuerte y descontento grupo de los del Medio, o pierde su confianza en sí mismo y su voluntad de gobernar. Estas causas no operan de manera singular, y por lo general las cuatro están presentes en algún grado. Una clase dirigente que pueda protegerse contra todas ellas podría permanecer en el poder permanentemente.

Desde el punto de vista de nuestros actuales gobernantes, por lo tanto, los únicos peligros genuinos son la formación de un nuevo grupo de personas capaces, sin ocupación y con ambiciones de poder, y el crecimiento del liberalismo y del escepticismo en sus propias filas. El problema, por así decirlo, es educativo. Es un problema de moldear continuamente la conciencia de tanto el grupo directivo como del grupo ejecutivo numéricamente mayor que está inmediatamente por debajo.

La esencia del gobierno oligárquico no es la herencia de padre a hijo, sino la persistencia de una determinada visión del mundo y forma de vida, impuestas por los muertos a los vivos. Un grupo dirigente lo es en tanto que pueda nominar a sus propios sucesores. Al Partido no le preocupa perpetuar su sangre sino perpetuarse a sí mismo. QUIÉN ejerza el poder no es importante, en tanto que la estructura jerárquica permanezca siempre idéntica. Todas las creencias, hábitos, gustos, emociones, y actitudes mentales que caracterizan nuestros días están diseñados en verdad para sostener la mística del Partido y evitar que la naturaleza real de la sociedad actual sea percibida.

La palabra clave aquí es "negroblanco". Como tantas otras palabras en Neolengua, esta palabra tiene dos significados contradictorios. Aplicada a un opositor, significa el hábito de proclamar con desparpajo que lo negro es blanco, en contradicción con los hechos visibles. Aplicada a un miembro del Partido, significa la leal disposición para decir que lo negro es blanco cuando la disciplina partidaria así lo exige. Pero también significa la habilidad de CREER que lo negro es blanco, y más aún, la de SABER que lo negro es blanco, y olvidar que alguna vez se creyó lo contrario. Esto exige una permanente alteración del pasado, que es posible gracias al sistema de pensamiento que en verdad comprende a todos los demás, y que es conocido en Neolengua como "doblepensar".

La alteración del pasado es necesaria por dos razones, una de las cuales es subsidiaria y, por así decirlo, precautoria. La razón subsidiaria es que el miembro del Partido, al igual que el proletario, tolera las condiciones actuales en parte porque no tiene estándares de comparación. Debe separársele del pasado, así como se lo debe separar de los países extranjeros, porque es necesario que crea que está mejor que sus ancestros y que el nivel promedio de confort material está en constante aumento. Pero por mucho la razón más importante para el reajuste del pasado es la necesidad de salvaguardar la infalibilidad del Partido. No se trata solamente de que los discursos, estadísticas y registros de todo tipo deban ser constantemente actualizados para mostrar que las predicciones del Partido siempre estuvieron en lo correcto. Es también debido a que ningún cambio en la doctrina o en el alineamiento político puede jamás ser admitido. Porque cambiar la propia opinión, o incluso la propia política, es una admisión de debilidad. Si, por ejemplo, Eurasia o Estasia (cualquiera de las dos sea) es el enemigo hoy, entonces ese país debe siempre haber sido el enemigo. Y si los hechos dicen lo contrario, entonces los hechos deben ser alterados. De esa manera la historia está en constante reescritura. La diaria falsificación del trabajo que lleva a cabo el Ministerio de la Verdad es tan necesaria para la estabilidad del régimen como la labor de represión y espionaje que lleva a cabo el Ministerio del Amor.

Asegurarse de que todos los registros escritos coincidan con la ortodoxia vigente es un mero acto mecánico. Pero también es necesario RECORDAR que los eventos ocurrieron de la forma deseada. Y si es necesario reacomodar las memorias propias o alterar los registros escritos, entonces es necesario OLVIDAR que se lo hizo así.

Todas las oligarquías del pasado han caído del poder porque se osificaron o porque se ablandaron. O se volvieron estúpidas y arrogantes, fracasaron en su adaptación a las circunstancias cambiantes y fueron derrocadas; o se volvieron liberales y cobardes, haciendo concesiones cuando debieron usar la fuerza, y una vez más fueron derrocadas. Cayeron, por así decirlo, o consciente o inconscientemente.

* * * * * * * * * *

Hasta la próxima.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Orwell explica el perdurable éxito del populismo

De alguna manera, la visión del mundo que tenía el Partido se imponía con mayor éxito a aquellos que eran incapaces de comprenderla. Se les podía inculcar las más flagrantes violaciones de la realidad, porque nunca podían comprender la enormidad de lo que se les exigía, y porque no estaban lo bastante interesados en los sucesos de actualidad como para percatarse de lo que ocurría. Gracias a la falta de entendimiento conservaban la cordura. Simplemente tragaban todo, y lo que tragaban no les causaba daño, porque no quedaba ningún residuo, al igual que un grano de maíz que pasa por el cuerpo de un ave sin ser digerido.

George Orwell, 1984

sábado, 13 de marzo de 2010

Barbas en remojo

No hay vuelta que darle: lo del pasado jueves en el Senado fue un baldazo de agua fría para la oposición, que ya se veía ganando cuando todavía falta mucho por marchar. Habrá sido un triunfo a medias el que obtuvo el bloque de la Mierda Oficialista ya que debieron conformarse con prolongar la incertidumbre sobre Marcó del Pont en lugar de confirmarla, pero fue un triunfo de todas maneras.

El fracasado intento de remover a Marcó del Pont dejó en claro que:
  1. la conducción opositora sigue siendo una bolsa de gatos, y mientras lo sigan siendo, no van a poder actuar efectivamente.
  2. es muy tenue el liderazgo que ejercen las cúpulas opositoras sobre los senadores de sus bloques (casos Menem, Bongiorno y Latorre).
  3. el kirchnerismo no se va a dar por vencido así de fácil, y aunque se trate de victorias pírricas como la última, las va a aprovechar hasta la última gota.
  4. cualquier negociación con el kirchnerismo sólo produce un resultado concreto: se le da tiempo a la parejita perversa para disciplinar a la tropa y salir de compras.
  5. el radicalismo se comporta con un cagazo increíble y no actúa como la oposición que es, porque se piensa como un gobierno que todavía no llega a ser.
  6. a los peronistas disidentes les cuesta mucho disciplinar a los suyos ante las presiones del Gobierno y de las provincias a las que pertenecen.
  7. Carrió tiene muchas dificultades para convencer a sus pares (y que se haga a la idea de que, mal que le pese, son sus pares y no sus subordinados) de la necesidad correcta de adoptar una línea dura contra el kirchnerismo.
  8. no existe un líder que esté en condiciones de hablar por todos y negociar frente a frente con el Gobierno (a Morales lo cuestionan por sus "tácticas", a Carrió por su intransigencia).
  9. ya hay un asco hacia el Gobierno que le impide aprovechar todas las circunstancias que le son favorables (¿o por qué Latorre, que tanto quiere a Marcó del Pont, no dio quórum el jueves? ¿Será porque sabe que se vuelve una muerta política si se convierte en la senadora que le permitió al kirchnerismo ganar una votación?)
  10. la "carta Cleto" es de dudosa utilidad, porque cuando no tiene que hacerse cargo del Ejecutivo por ausencia de Ella, no le dan quórum a las sesiones.
Frente a esto y consciente de que no voy a decir nada nuevo o que no se les haya reclamado ya, los opositores tienen que aceptar algunas realidades.
  1. La oposición NO tiene líder, quien se proclame como líder de la oposición miente en toda la línea y sólo empeora las cosas. La oposición no tiene por qué tener un único líder.
  2. Morales no está en condiciones de negociar por toda la oposición cuando el único interés que lleva a la mesa es el de un hipotético gobierno del radicalismo que cada vez va a tener menos posibilidades de llegar si insiste en bajarse los lienzos. Frente a Pichetto no puede sentarse sólo: tiene que tener a Estenssoro de un lado y a Rodríguez Saá del otro.
  3. Carrió va a tener que encontrar alguna manera de moderarse sin perder la razón de lo que dice. La frase que Latorre lanzó el jueves ("siendo peronista imagínese que Carrió a mí no me va a llevar de la nariz") es una que repiten mucho los peronistas disidentes, por más mimitos que ella se haga con Solá.
  4. Contra el kirchnerismo no sirve negociar o sentarse a hablar. Hay que apretarles las clavijas hasta el último minuto: no se puede negociar con quien sólo ve a la negociación como una distracción táctica mientras se reagrupa.
  5. La oposición no puede resignar la iniciativa. Tiene que insistir con sus propios proyectos así se los vete Cristina ni bien se seque la tinta. No pueden ir siempre detrás de los desvaríos que salen de Olivos.
  6. El radicalismo haría bien en dejar de imaginar que Kirchner va a emprolijar la casa para un eventual gobierno de Cleto, Ricardito Alfonsín o de Sanz. NO VA A PASAR. Si el radicalismo quiere sanear la economía, que fuerce leyes en el Congreso, y si se las vetan, que lo denuncie a viva voz cuando llegue al Gobierno y tenga que hacer lo que deba hacer en ese momento. No sirve resignar las ventajas tácticas que tiene por un objetivo que no va a llegar nunca. Y si el radicalismo no quiere hacerse cargo de su deber cuando llegue al Gobierno, ¿para qué lo quiere?
  7. Quizás a Cobos no le quede otra alternativa más que renunciar. Está claro que no lo van a dejar gobernar en ausencia de Cristina, que su dualidad de vicepresidente y opositor le va a jugar en contra cada vez más tanto políticamente como en la opinión pública, que el hecho de ser el tipo que tiene que hacerse cargo si Cristina se va es la pinza con la que los Kirchner aprietan las ya chiquitas bolas de los radicales para que arruguen, y que la posibilidad de desempatar en el Senado pierde relevancia cuando la Cámara sólo sesiona si uno de los dos bandos en pugna ya tiene los 37 votos que necesita.
  8. Los peronistas disidentes necesitan poner en orden su propia casa. Hasta el momento, los dos grandes contratiempos que pasaron en el Senado se debieron a miembros díscolos de su propio espacio (Menem, Latorre, Bongiorno ma non troppo). Es fácil culpar a los radicales cuando los que ayudan a la Mierda Oficialista a juntar votos son aquellos de su propio grupo que se sienten despechados, desconocidos o sin la atención suficiente para decirle que no a las ofertas kirchneristas.
  9. FALTA UN AÑO Y MEDIO PARA LAS PUTAS PRESIDENCIALES. Si quieren ser candidatos, armen internas y decídanlo el año que viene. Este año es para hacer que el kirchnerismo sea pato rengo, no para quemarse en candidaturas hipotéticas e inviables.
  10. Todo el mundo los está mirando. La imagen que están dando ahora es lamentable. Si de veras quieren superar al kirchnerismo, deben por lo menos empezar a organizarse en tal sentido.
En fin, eso era todo. Tampoco es tan grave. Como si Marcó del Pont influyera en algo en el manejo de la economía. Si no sube ella, va a subir otro pajarito convenientemente castrado como presidente del BCRA.

Como dijo Morales "algunas se van a ganar, otras se van a perder". No hay que desanimarse. Falta un tiempo enorme. Y todavía quedan muchas sesiones del Congreso.

Si ellos mismos lo dicen...

... ¿quién soy yo para negarlo?

(con el agradecimiento correspondiente a BlogBis)

jueves, 11 de marzo de 2010

The Histeria Channel

¿Cuándo fue que The History Channel dejó de ser un canal que pasaba documentales de puta madre sobre (duh) historia y se convirtió en una cloaca alarmista donde lo único que pasan son panfletos de cuarta sobre Nostradamus, el Apocalipsis y las profecías del fin del mundo?

miércoles, 10 de marzo de 2010

¿Merece la Argentina estar mejor?

"It's what you said at the ceremony before the attack when Galactica was being decommissioned. You gave a speech that sounded like it wasn't the o­ne you prepared. You said that humanity was a flawed creation. And that people still kill o­ne another for petty jealousy and greed. You said that humanity never asked itself why it deserved to survive. Maybe you don't."

Para pensarlo la próxima vez que escuchemos a alguien decir que estamos "condenados al éxito".

Es fácil creer que simplemente "tenemos que tener" un país distinto al que tenemos ahora sin preguntarnos qué diablos nos hace pensar que lo que hacemos, la manera en que nos comportamos, nuestra relación con los asuntos públicos y nuestro sentido de la responsabilidad nos hacen merecedores de un país mejor al que actualmente vivimos.

En lo personal, veo el país que tenemos ahora y me pregunto "¿merecemos vivir en un mejor país que éste?", y al igual que la escena de Battlestar Galactica que cité arriba, me veo obligado a responderme: "Tal vez no".

Quizás sea sólo cuestión de dejar de preguntarnos "¿por qué no estamos mejor?" como si un destino de Primer Mundo fuera una especie de derecho cósmico y empezar a pensar en "¿qué estamos haciendo mal para estar como estamos?"

Quizás el primer paso para llegar al destino que queremos sea dejar de pensar que es nuestro derecho, examinar nuestras acciones y darnos cuenta de que primero tenemos que merecer esa grandeza a la que creemos estar destinados.

En fin, era sólo eso. Aunque sea, para pensarlo.

sábado, 6 de marzo de 2010

Planificación centralizada y patinaje sobre hielo

Cuando el canal "A&E" todavía se llamaba "Mundo Olé" y pasaba documentales de puta madre en vez de series de cuarta, también pasaban algunos programas periodísticos de la cadena norteamericana ABC. En uno de ellos estaba un micro llamado "Give me a break!", conducido por el periodista John Stossel, y cuyo foco era la irracionalidad en la que caía la sociedad norteamericana a partir de la intervención estatal o de la corrección política.

Un caso claro como el agua fue un informe que pasó sobre cómo la gente que por vivir en áreas costeras pierde sus casas por efecto de los huracanes tiende a reconstruir sus casas en la misma zona... para no perder las indemnizaciones por huracanes. Como diría el amigo Louis Cyphre de El Opinador Compulsivo: "las personas responden racionalmente a los incentivos".

Pero no se me va a ir de la cabeza la vez que Stossel demostró el absurdo y la completa inutilidad de los esquemas estatistas de planificación centralizada... en una pista de patinaje sobre hielo.

Fue maravilloso, perfecto, diez veces mejor que cualquier libro de Friedman o Hayek por el simple hecho de que lo gráfico, real y lógico del ejemplo permanece vívido por el absurdo manifiesto de toda la situación. Hasta el día de hoy cada vez que tengo que pensar en un argumento contra la planificación centralizada, me viene a la memoria el experimento de Stossel.

¿En qué consistió el experimento? Comenzó con una reflexión del periodista sobre lo "catastrófico" que era el que en una misma pista hubiera a la vez patinadores rápidos, lentos, grandes, chicos, habilidosos y torpes, haciendo lo que se les diera la gana. "Necesitamos planificar esto. Necesitamos dirigir a esta gente", fue la conclusión a la que llegó.

Luego, montado sobre una tarima en el centro de una pista de patinaje sobre hielo y armado con un megáfono, Stossel se dedicó a indicarles a todos los patinadores cómo tenían que proceder: a unos les gritaba que fueran más lentos, a otros que fueran más rápidos, a los más chicos les decía que no se salieran del camino de conitos que había puesto para "dirigir" el cauce de los patinadores.

El resultado del experimento fue que más patinadores lentos se caían por tener que acelerar, más patinadores rápidos se tropezaban porque debían bajar la velocidad, más embolada se ponía la gente y menos le respondían al cabo de un rato, para hacer lo que se les diera la gana a pesar de lo que ladrara el megáfono.

"Convencido" de que su fracaso para ordenar el patinaje se debía a que "no sabía lo suficiente acerca del patinaje sobre hielo" como para dar las instrucciones correctas, Stossel le cedió el micrófono a un patinador olímpico ganador de una medalla de oro. El resultado no mejoró en lo absoluto.

No era cuestión de dirección, de instrucciones o de conocimiento, sino de que la planificación centralizada es incapaz de igualar, no ya perfeccionar, lo que logra el orden espontáneo de múltiples individuos actuando por su propia cuenta.

Y con sólo pensar en el ejemplo, todas las razones saltan a la vista:
  • Ni Stossel ni el patinador olímpico podían ver todo lo que ocurría en la pista, aunque más no fuera porque no tenían ojos en la nuca. Ningún centro de decisión tiene forma de conseguir en tiempo real toda la información que necesita como para dar directivas posteriores, apropiadas y efectivas.
  • Ni Stossel ni el patinador olímpico podían ver qué le pasaba a un patinador particular como para saber cuál instrucción era más apropiada para él. Ningún centro de decisión puede conocer las particularidades de todas las situaciones individuales en las que sus normas pueden aplicarse.
  • Se multiplicaron los accidentes y las caídas. Centralizar la facultad de decisión en el nivel superior sólo incrementa la posibilidad de fracaso en los niveles inferiores por falta de autoridad para reaccionar por su cuenta.
  • Nadie pudo patinar de la forma que más le convenía. La estandarización universal de las acciones sin margen para las capacidades individuales impide el mejor aprovechamiento de estas últimas y evita que se obtengan los mejores resultados posibles.
  • Al paso del tiempo cada vez se ignoraban más las instrucciones. La rigidez de los parámetros genera la tendencia natural a romperlos por parte de quienes no pueden hacer el mejor uso de sus capacidades según sus propios deseos y necesidades.
  • Ni uno sólo de los patinadores disfrutó de la experiencia. Los resultados de la planificación centralizada son siempre subóptimos e insatisfactorios tanto para los niveles más bajos (que no logran lo que se proponen) como para la conducción (que no alcanza las metas que se fija).
  • Un tipo con un megáfono no pudo "dirigir" el patinaje de un grupo de personas en una pista hacia una mejor experiencia. Una conducción burocrática no puede "dirigir" las múltiples actividades de una economía nacional hacia un mejor rendimiento.
Quizás habría que pedirle a Stossel que haga un ejemplo similar para el caso argento, tal vez con un DT que intenta dictarles a los jugadores de su equipo los movimientos exactos que deben realizar en lugar de contentarse con darles la estrategia a seguir. El partido seguramente sería una goleada en contra para el equipo estatista.

Acá les dejo un video de la experiencia, está en inglés, quéseleváser:



Hasta la próxima.
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