sábado, 30 de junio de 2012

La semana de Moyano


Creo que ya no le pueden quedar dudas a cualquiera que haya visto la ciclotímica y delirante Kadena Nacional del martes, o a quien haya leído las declaraciones posteriores sobre cerditos en su teta, sobre vaquitas y sobre la felicidad de los animalitos, que a la Señora no le carbura del todo bien la cabeza, que no le llega el agua al tanque, que no tiene todos los patitos en fila, que le faltan fosforitos a la caja, que está jugando con la reserva, que anda corta de ropa en el aparador... en fin, van captando.
Ahora, lo que digo yo, ¿por qué tanto cagazo a decirlo en voz alta? ¿Por qué recurrir a comentarios elípticos como la referencia de Lorenzetti a "conflictos bipolares"? Tenemos una desequilibrada mental a cargo del Estado, y todas las políticas públicas están sometidas al capricho de una persona inestable y cada vez más enferma de la cabeza; no debería hacer falta más prueba de ello que el capricho de haber retirado la presencia policial ante una marcha de varios miles de personas, como dejando liberada la zona para cualquier disturbio.
¿A qué viene tanto miedo? 2001 ya pasó hace rato, podemos terminar con el trauma absurdo que nos dejó ese golpe de Estado peronista y asumir de una puta vez que un sistema político también funciona cuando se remueve legalmente a personas que no están ni moral ni mentalmente capacitadas para conducir un Estado.
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Vistos los resultados del paro del miércoles, tengo que decir que he quedado bastante contento. ¿Por qué? Porque en cierta forma, los dos perdieron.
Me da mucha alegría que la Yegua haya tenido que huir a San Luis para no ver desde el balcón del Telo Rosado la primera plaza llena que le hace el sindicalismo, y no puedo contener mi regocijo de sólo pensar en la bilis que le provocó el paro desde su anuncio hasta su conclusión. La desgracia de la señora es música para mis oídos.
Y también me alegra que las cosas no le hayan salido tan bien a Moyano. Me reconforta ver que no haya podido alinear a toda la tropa en la Plaza, y me alivia ver que ni se perdona ni se olvida con tanta facilidad la compañía y el apoyo que le prestó el camionero a la banda de delincuentes desde el 2003 en adelante. 
Puede sonar suicida que piense esto en momentos en que Moyano es el único medianamente fuerte que se le planta a la viuda, y no quiero que se malinterprete; en una pelea entre los dos, prefiero que pierda la Señora.
Pero también quiero que pierda Moyano, o por lo menos, que el esfuerzo sea tan costoso y devastador que le impida llevar a cabo la mutación hacia la siguiente cepa del peronismo. No se le tiene que permitir a los que acompañaron, consintieron y se beneficiaron de las locuras de la Parejita Perversa el que puedan hacer borrón y cuenta nueva y seguir como si nada hubiera pasado.
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Eso sí, escuchar las cosas que Moyano le echó en cara a la señora en la fucking Plaza de Mayo no tuvo precio ni desperdicio. ¿Quién hubiera imaginado que algún día alguien se iba a atrever a recordarle a la Doña que lejos de haber jugado a "Bastardos sin Gloria", ella y el actual alimento para gusanos se forraron de guita en el sur beneficiándose con las políticas económicas del Proceso?
Lo que me lleva a otra gran queja. ¿Qué mierda pasa con la oposición?
¿Es tan difícil encontrar alguien que se atreva a decirle algo a esta gente, a echarles en cara su hipocresía, su delincuencia, su psicopatía? ¿Es tan difícil encontrar a alguien que sea capaz de pararse y decir "no, no me gusta, no coincido, no apruebo, no confío" en lugar de repetir los lugares comunes de siempre?
¿Es tan difícil encontrar opositores en serio y no la banda de cagones (pienso en la UCR y en el Frente Amplio Progresista) que a lo único que se oponen es a que esté la señora en el cargo, porque todo lo demás lo aprueban fervorosamente?
¿Es tan difícil esto que pido como para que tenga que esperar a que lo haga Moyano?
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Por último, una perlita final, cortesía de los amigos de El Opinador Compulsivo, que transcribo a continuación porque merece ser difundido y echado en la cara de cualquier kakoide:
Pero el objeto de esta líneas no es abundar sobre la presidente hotelera. Sino sobre su cuñada, Alicia Kirchner, quien efectivamente desempeñó un cargo de segunda línea, con rango de viceministro, en la provincia de Santa Cruz durante el período 1975-1983. Es decir comenzó como funcionaria de un área que operaba conjuntamente con el ex ministro de Bienestar Social de la Nación José López Rega.
Tan buena fue su gestión que la Dictadura Militar instalada en la provincia en marzo de 1976 la confirmó en el cargo y lo perdió recién cuando retornó la democracia. Alicia Kirchner se ha cuidado muy bien en disimular su paso por un ministerio en el que se repartiría mercadería en los tristes Ford Falcon verdes, y bajo la conducción de un ministro con rango de Coronel.
En el currículum que aparece en el sitio oficial del Senado de la Nación (Ver aquí) en el que figura su actividad pública dice: "Subecretaria de Acción Social de la provincia de Santa Cruz 1. en 1983 2. en 1975", y se da a entender que fueron dos etapas diferentes, sin embargo se trata de un "error de tipeo" al estilo Reposo.

sábado, 23 de junio de 2012

Semana movida



Aunque me repugne soberanamente el personaje, hay que reconocerle a Moyano que es el primero que le habló a la Corte de la Vaca Estúpida en el único idioma que entiende: el de la fuerza.
Nada de diálogos (más allá de los que debe haber detrás del telón, como suele pasar en el pejotismo), nada de convocatorias a la concordia o de ofrendas de paz, como nos malacostumbraron los pelotudos inenarrables de la oposición desde que comenzó el kirchnerato, perdonándoles así la vida a esta manga de degenerados cada vez que tropezaban con su propia soberbia.
No. Moyano simplemente les sacó los camiones de la ruta y les hizo probar a los aspirantes a guerrilleros lo que se siente ser débiles y abusados por alguien fuerte.
Y entre nos, este enfrentamiento me despertó un olorcito bastante curioso a un "ajuste de cuentas" entre las ramas zurda y facha del peronismo, ajuste de cuentas bastante demorado luego de la rienda suelta que la Parejita Perversa le dio a los sobrevivientes de la cofradía pedófila de Montoneros durante estos años.
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Profunda vergüenza ajena dejó la Vaca Estúpida en la cumbre del G-20, meneando sobres en la cara de Cameron (que bastante boludo es de por sí, sino pregúntenle a la hija que se dejó olvidada en un pub hace unos días) en otro intento de ordeñar la teta (¿le habrán salido sabañones?) de Malvinas para consumo interno.
Por otro lado, ¿no notan algo común en las fotos que se saca la Señora con otros jefes de Estado? En esas fotos siempre da esa impresión de ser una pendeja adolescente que se saca fotos con el cantante admirado de turno. Le sale del alma.
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Qué raro que "los soldados del Pingüino" no hayan mostrado la jeta durante la reciente crisis moyanesca. Supongo que habrán estado haciendo acopio de armas en sus deptos y boliches de Puerto Madero, preparándose para dar la vida por la revolución.
O tal vez a todos les agarró una epidemia de divertículos en la rodilla y se llamaron a reposo junto al Cetáceo Grasiento de Mamá. Eso sí, la oleada de arengas revolucionarias en WhatsApp debe haber sido inimaginable.
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Se puede criticar lo apresurado del proceso, y supongo que un observador más informado sobre los particulares hará un análisis más apropiado acerca de si había méritos reales o no, pero lo que no puede discutir nadie, empezando por la Vaca Estúpida y terminando por la Cuasiemperatriz Dilma I de la Casa de Rousseff, es que la destitución de Lugo se hizo mediante los canales institucionales apropiados que contempla el sistema político paraguayo.
Fue todo legal y de acuerdo a la Constitución paraguaya. Ni siquiera hubo necesidad de desprolijidades de uniforme como las que enroñaron modestamente la eyección del chiflado de Zelaya en Honduras hace tres años.
Quizás lo que aterra a la claque progre del continente, que tan indignada se muestra, es que hayan funcionado los mecanismos constitucionales vigentes en un país de la región para echar a patadas a uno de los suyos. Tal vez la muestra de un juicio político presidencial exitoso sea lo que tiene tan histérica a la Vaca Estúpida como para sacarla de ese silencio que nos tenía a todos en la gloria pasajera de no escuchar su horrenda voz.
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Por otro lado, espero que Lugo siga el ejemplo de la Vaca Estúpida, ponga primero a la familia, y aproveche la oportunidad para poner en orden su vida y atender como es debido a la reguera de hijos ilegítimos que desperdigó por todo el Paraguay en violación de sus votos sacerdotales.
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La oposición, que ya da vergüenza, debería sentir todavía más vergüenza ante una nueva muestra de su impotencia. En lugar de animarse a más y aprovechar la coyuntura, están pelotudeando en el arenero mientras el peronismo repite el ritual parricida que desde hace setenta años garantiza su supervivencia y su control de la vida nacional.
Estoy seguro de que debe haber unos cuantos que piensan que a la bestia se la va a poder domar desde adentro, al igual que otros muchos deben creer que atándose con cadenas a uno de los pies de la bestia tendrán la "pata peronista" que les garantice el éxito. Los esqueletos de innumerables vivos con ideas similares a los que el peronismo fagocitó y defecó durante décadas deberían convencerlos de lo errado de esta idea.
A quienes les quepa el sayo, que se lo pongan. Empezando por un Binner que arde en deseos de ser kirchnerista y por los radicales pelotudos que viven demostrando su oposición votando a favor de todo.
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No es moco de pavo lo que pasa con Moyano. La bestia está mutando de nuevo. El peronismo se prepara una vez más, de esa forma instintiva pero determinada que tiene, para sucederse a sí mismo y dejar de lado la piel que habitó, a la que en un tiempo más tildará de "nunca haber sido peronista". Moyano aportará los fierros (esperemos que simbólicos) y la mano de obra, y Scioli la cara amable para convencer a los incautos.
Tiene bastante de hidra el peronismo. Demasiadas cabezas, para empezar. La gran diferencia con la hidra de la mitología griega es que acá las cabezas se cortan unas a otras cuando pasa su cuarto de hora, y luego crecen más para reemplazarlas. Pero la bestia sigue, y va a seguir hasta que alguien encuentre el cogote central de la criatura y se anime a cortarlo de un tajo.
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Ya está. Costó, se sufrió, hubo que caminar por el purgatorio sufriendo a cada paso y conviviendo con el temor de nunca volver a ser lo que alguna vez se fue, pero hoy hemos logrado dar un paso importantísimo para recuperar lo que nunca debió perderse.
River ya volvió a Primera.
Ahora, hagamos que la Argentina vuelva a Primera.

sábado, 16 de junio de 2012

Opiniones al paso


No importa el disfraz ideológico o el nombre de fantasía que se le quiera dar a cualquiera de sus manifestaciones ocasionales, todo populismo se basa siempre en el mismo principio: gastar el dinero del futuro en los caprichos del presente. Y es precisamente por ese mismo principio que el populismo está condenado siempre al fracaso. El futuro siempre llega.
Así que, joven argentino, si todavía hoy necesitas preguntar por qué estamos todos más pobres, más acosados, más escasos de todo menos de corrupción, prepotencia e incompetencia, y por qué ya no sale dinero de la canilla cuanto antes, no te gastes buscando chivos expiatorios o conspiradores dedicados a arruinar tu vida y tu felicidad.
Simplemente reflexiona en que ese futuro al que exprimieron para pagar los caprichos de ayer ya llegó.
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El kirchnerismo es incombustible. Un día se la pasan puteando a la oligarquía internacional y doméstica y pintándose como guerreros del pueblo y defendiendo que nuestros recursos sean nuestros y la mar en coche, y al otro día se ponen como pendejas frente a Justin Bieber de tanto festejar que Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, viene a poner plata en la Armada Brancaleone petrolera que es YPF.
Ya sé, ya sé, no sé para qué me gasto en pedirle coherencia a estos tipos; son los mismos que en 48 horas pasan de decirte que tenés que acostumbrarte a pensar en pesos a gritar que con su plata hacen lo que se les antoja y que no van a ser tan boludos de vender dólares al cambio oficial.
Igual, el día en que a uno deje de hervirle la sangre por la caradurez con la que te hablan, es el día en que ellos ganan.
Ah, parece que el papá de Abal Medina es uno de los abogados que labura para Slim. Demos gracias que no era otra changa de Vandenbroele.
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Fue vergonzoso el paso de la Señora por el Comité de Descolonización de Naciones Unidas. Por una vez en la vida tengo que coincidir con los británicos, que en uno de sus medios compararon la visita de una jefa de Estado a un cuerpo de tan bajo nivel como ver a la Reina participando de una reunión de padres del colegio. 
No es una cuestión menor: se supone que el jefe de Estado es el máximo recurso diplomático con que cuenta un país, y malgastar ese recurso en un cuerpo tan intrascendente e inútil como el Comité de Descolonización equivale a usar el ancho de espadas para ganar la primera mano de truco cuando el otro tiró un siete de copas.
Claro, nuestro ancho de espadas no deja de ser una cacatúa corrupta, ignorante, soberbia y aquejada por un profundo desequilibrio mental. Pero por otro lado, cuando tu alternativa es alguien capaz de decir que no se forma una impresión política del país que visita como Twitterman, y cuando tu entorno está compuesto por psicópatas o chupamedias que sólo comparten su nivel de incompetencia... se labura con lo que se tiene.
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Hablando de Malvinas, creo haber mencionado por acá que los kelpers me resultan profundamente antipáticos y desagradables, pero a veces hay que reconocerle cosas hasta al enemigo, y eso es lo que tengo que hacer ante el pasaje que transcribo y traduzco a continuación, que fuera pronunciado por el legislador kelper Roger Edwards en su discurso de respuesta ante el berreo de la Señora.
"Puedo entender, a partir de las recientes noticias, de que la acusación de hipocresía no es algo nuevo en lo que se refiere a este gobierno argentino, pero sin embargo es sintomático de este gobierno argentino y de su política hacia las Islas Malvinas. Les puedo asegurar, sin embargo, que el Gobierno de las Islas Malvinas no trata de interferir con la moneda o con la ubicación de los ahorros de nuestros ciudadanos".
Esa es otra de las cosas que pasan cuando uno se acostumbra a hablar sólo ante auditorios llenos de foquitas aplaudidoras, y cuando se hacen estupideces como la hecha por la Vaca Estúpida al sentar su bovinidad en el recinto del Comité de Descolonización de la ONU cuando del otro lado no está ni el Primer Ministro ni el Secretario de Exteriores o siquiera un embajador, sino un par de concejales.
Festejemos, argentinos. A la todopoderosa Vaca Estúpida la verdugueó en la cara un concejal de una villa de tres mil criadores de ovejas en el medio del Atlántico Sur.
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Como siempre, en toda gran catástrofe global tiene que haber un argentino metido; ¿cuántos otros países pueden decir que tuvieron a un nativo en el gabinete de Hitler? 
Es por eso que no sorprende que en el partido bolche que dicen que puede dar el batacazo en las elecciones griegas haya un argento con buenas chances de calentar una silla en el gabinete.
Ya van a aprender estos griegos. En populismo barato no nos gana nadie pero nadie nadie. Vamos a dar cátedra, muchachos. 
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Ya que hablamos hace un rato de Malvinas, nos metemos un poco en el Reino Unido y nos encontramos con que la Reina Isabel II decidió conferirle el máximo grado militar en las tres FF.AA. (Mariscal de Campo en el Ejército Británico, Almirante de la Flota en la Royal Navy y Mariscal de la Real Fuerza Aérea en... la Real Fuerza Aérea) a su hijito, el inútil zángano de repuesto conocido como el Príncipe Carlos.
Es en estos momentos en los que me siento orgulloso de vivir en una república... después de todo, acá solamente ponemos el avión presidencial a disposición del cetáceo grasiento de Máximo cuando se pone nene pupa. 
A no parar ahora, muchachos. Ni un paso atrás. Nunca menos. Hasta el Haití de Papa Doc y Baby Doc no paramos.
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Así como me hartan los kirchneristas que reducen todo a un juego de números arriados y se burlan de los cacerolazos por no llegar a la cantidad de personas que los punteros ponen a disposición de la Vaca Estúpida cuando le da un bajón, también me hartan los que se pasan de cínicos y de superados y se ríen de quienes cacerolean diciendo que ya es tarde para esas cosas, que deberían haberlo hecho antes y que no tiene sentido que protesten ahora cuando antes dejaron pasar todas las locuras que hemos sufrido en estos años.
Puede ser que haya sido así. Seguro que las protestas están llegando demasiado tarde. Seguro que son pocos todavía. Pero olvidan que vale más uno que sale por voluntad propia que cincuenta a los que arrastran amenazándolos con no tener con qué darle de comer a la familia, y también olvidan que por algún lado se empieza. Y que esa sensación modesta e incipiente de que algo está mal es el primer paso que hace falta para salir.
Y sobre todo, que si no hay espíritu de defensa de las leyes y de la República, es porque hubo muchos que abdicaron de esa tarea.
El que quiera medir lo que está pasando con el liberalómetro o con el purígrafo se va a quedar afuera de la Historia. Pero eso no es nada nuevo en lo que hace al liberalismo argento.

sábado, 9 de junio de 2012

Me revienta...


Me revienta que en este país los únicos que parecen no tener derecho alguno a abrir la boca o quejarse sean los que tienen que poner la tarasca, ya sea para las prebendas con que se compra a los pobres, ya sea para las corruptelas de las que viven los políticos y entenados.
Me revienta que me tilden de "oligarca" los miembros de esa verdadera Sociedad de Fomento de Puerto Madero que se hace llamar "Frente para la Victoria".
Me revienta la falsa oposición que a lo único que se opone es al titular de turno del poder, porque si se espera a que se les caiga una idea distinta o siquiera a que estén en desacuerdo con las cosas que se hacen, se corre el riesgo de echar raíces.
Me revienta el periodismo que por un lado declama falta de libertad de expresión y por el otro lado se hace el boludo si la noticia a cubrir irrita a la clase política.
Me revienta la hipocresía manifiesta con desparpajo y caradurez de políticos a los que no se les cae la cara de vergüenza al decir hoy lo que negaban antes de ayer y al refutar con vehemencia lo que habían afirmado horas atrás.
Me revienta que nadie se atreva a decir en términos claros y concisos lo evidente: estamos en manos de una desequilibrada mental rodeada de corruptos, resentidos y psicópatas.
Me revienta que llamen "plan" a la improvisación, que llamen "política" al resentimiento y que llamen "relato" a la mentira sistemática y descarada.
Me revienta que lo único que nos quede sea acostumbrarnos a estar cada día un poquito peor en todos los aspectos y a vivir de las ruinas legadas por predecesores a los que hemos renunciado a igualar, ni hablar de superar.
Me revienta que vivamos acorralados y a merced de las locuras que se le ocurre a la patota gobernante, sabiendo que no hay nada que nos defienda, ni justicia, ni legislatura ni derecho alguno.
Me revienta saber que vamos a estar mucho peor antes de empezar a estar mejor.

sábado, 2 de junio de 2012

Varios temas at random

Me cuesta sentir piedad alguna hacia el campo ahora que Scioli les está metiendo la prótesis hasta la próstata. Ojo, no quiere decir que me ponga del lado del Tuerto o de la piara kirchnerista de la que forma parte, pero no me siento inclinado a defender a un sector que durante cuatro meses se comió los más virulentos ataques de un gobierno y de su prensa adikta para después terminar yendo a morir al pie, hacerse mimitos con la Viudita y hacer su modesto aporte al 54%. 
Ya bastante malo es que la sociedad en general se quede calladita, pero estos tipos fueron víctimas preferidas del régimen durante años y no sólo no siguieron sino que tampoco castigaron a colaboracionistas como Buzzi y encima de todo volvieron al redil en octubre. ¿Y ahora les toca de nuevo? 
Pero qué lástima, diría, si no fuera que sentir lástima por ellos es desperdiciar tiempo y preocupaciones.
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Las fráses de Anibaúl Fernández son increíblemente reveladoras. Es evidente que la sensación de omnipotencia que tienen estos tipos es tan grande que creen que pueden decir una cosa un día y contradecirse a las 48 horas sin más argumento que la conveniencia o el capricho propio.
Qué lindo sería que este país les demuestre qué tan equivocados están.
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La corrida del dólar y toda la demencia asociada a los dichos de Kaníbal revalidan una de las máximas de hierro sobre el kirchnerato: la omnipotencia los puede. Cuando creen que tienen el poder absoluto, ahí es cuando se mandan las más grandes kagadas.
La cosa es que en frente haya gente que no esté dispuesta a perdonarles la vida, como pasó después de la 125 y de las elecciones de 2009.
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Me da profunda vergüenza que La Nación, diario con pretensiones de serio si los hay en este país, considere que el segundo día consecutivo de cacerolazos de protesta contra el gobierno en esta ciudad sólo merece una nota de 60 líneas en la página 22 de la edición del sábado. 
¿A qué juegan estos muchachos? O peor aún, ¿para quién están jugando ahora?
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Tiendo a discrepar con la visión tremendista de que los argentinos somos un pueblo maldito y la mar en coche. No digo que seamos santos, sino más bien todo lo contrario, pero parece haber una cierta tendencia a creer que tenemos la exclusividad de ciertos males sociales cuando un breve repaso de la historia mundial y de la actualidad nos demuestra que nuestras taras no son tan únicas como pensamos.
Vean a Europa, por ejemplo. ¿Qué le pasa a ese continente si no es la consecuencia de años de querer vivir de arriba, laburando lo menos posible, dándose todos los gustos en vida y mejor todavía si le podían pasar la cuenta al Estado? Parece que no es patrimonio de los argentinos semejante desquicio social, aunque sí admito que las patologías las tenemos bastante poderosas.
¿Y sobre la pérdida de la democracia? Ninguna sociedad nace educada y preparada para la democracia, y ninguna sociedad es inmune a los procesos que llevan a su desaparición. Después de todo, incluso los alemanes se mandaron guardar mientras Hitler instalaba una dictadura totalitaria y respondían "Perdimos la libertad de morirnos de hambre" cuando alguien les planteaba el descenso a los abismos que se vivía ahí.
Tengamos paciencia, perspectiva y prudencia. Después de todo, la Argentina sobrevivió a 40 años de guerra civil en el siglo XIX y a la tiranía de un Rosas adepto a degollar a gusto. En frente tenemos a una banda de cretinos, a los ciberkakas y a un grupo de progres acomplejados que juegan a bajar de la Sierra Maestra en sus deptos de Puerto Madero.
Estuvimos en momentos peores. La historia no va a terminar con la letra K.

sábado, 26 de mayo de 2012

Nueve Añetes

Dado que pareciera que el 25 de Mayo ya no es el aniversario del primer paso dado en el camino a la independencia nacional sino el recordatorio de una fecha partidaria y facciosa, voy a recordar al Tuerto y a la Yegua haciendo mías las palabras de Tyrion Lannister en "Game of Thrones" (serie que les recomiendo si les parece interesante la combinación de medievalismo e intriga política, aunque no es recomendable para menores de edad).
"We've had vicious kings and we've had idiot kings, but I don't know if we've ever been cursed with a vicious idiot for a king!"
A nueve años de empezar esta sucesión de reyes viciosos e idiotas, bien vale recordar qué país nos está quedando luego de su robolución.
Pasamos de ser una república un tanto enfermiza (y bastante decadente de por sí, hay que admitirlo) a una virtual monarquía en lo práctico, en la que se da el lujo de hablar abiertamente de una eventual sucesión de padre (o madre) a hijo, y en donde no existe ninguna clase de limitación al poder o a los caprichos de la monarca de turno.
Pasamos de ser un país cuya economía estaba algo diversificada, con sus bemoles y cuestiones, a vivir pendientes de la soja, no sólo porque es la única fuente real de ingresos que queda, sino también porque todos los demás están colgados de lo que se pueda rapiñar de ella.
Todos vivimos en libertad condicional en lo que a derechos de propiedad se refiere, porque este último existe hasta que a la señora o a alguno de los genios que la rodean se le ocurra privarnos del fruto de nuestros esfuerzos para mantener la fiesta.

Pasamos de ser un país en donde las denuncias de corrupción eran constantes y generaban ruido y debate en la sociedad a ser una satrapía en donde todos los días se conoce un nuevo desfalco masivo sin que a nadie se le mueva un pelo y en donde inimaginables millones desaparecen de las arcas públicas sin que despierte la menor indignación.

Los precios aumentan constantemente a la par de la desaparición progresiva (y progresista) de bienes de consumo que de cualquier manera ya no se consiguen o vienen más truchos, escasos y limitados que antes.
Los servicios públicos se vienen abajo un poco más cada día, pero el gobierno se comporta como si hubiera estado en la oposición toda la vida.
Volvieron viejas costumbres que uno había creído erradicadas, como los arbolitos, la obsesión por el precio del dólar y el peregrinaje a las cuevas ante los bloqueos absurdos y contraproducentes de la compraventa de divisas.
Nos gobierna una colección de perversos, ineptos, ignorantes y viciosos de todo tipo, sostenidos por la adulación de los chupamedias, de los interesados y de los salames movidos sólo por cuestiones hormonales o por el resentimiento profundo que infecta el alma nacional.
Ya no hay futuro, sino una expectativa permanente y casi autocumplida de una nueva tragedia nacional que, como las anteriores, arruine los esfuerzos de una generación entera.
Podría seguir y seguir, pero creo que ustedes van teniendo una clara idea.
Ese es el país que tenemos hoy. Ese es el país que construyó el kirchnerismo. Ese es el país en el que convirtieron al mío.
Nunca está de más recordárselo.

domingo, 20 de mayo de 2012

Pensando en el futuro (el post que tendría que haber subido ayer)

Ya sé que cuesta pensar en todo esto en estos días de reeleccionismo encubierto y de bufonerías angoleñas, pero no está de más dedicar algunos pensamientos para lo que va a pasar después de que esta piara de militontos se vaya. Cuesta tomar por verdadera esa idea, pero renunciar a la certidumbre de que algún día la Yegua y todos sus secuaces van a dejar el poder es exactamente lo que ellos quieren. Y en eso van a fracasar, porque la eternidad no le está dada a nadie más que a Dios.
La cosa es que nosotros vamos a quedar acá cuando ellos se vayan, y no podemos quedarnos afuera de la labor de reconstruir el Mordor en el que va a quedar convertida la Argentina. Y para eso, ofrezco en este post corto y a destiempo algunas ideas base para que, con suerte, esa reconstrucción no nos depare jamás una futura reedición de los Kirchner.
Ningún país es viable si la ley es de cumplimiento optativo. Vivir en sociedad implica acatar reglas, y ninguna sociedad es saludable o conducente al desarrollo individual y social si en la misma se toleran comportamientos contrarios a las leyes.
La ley no se respeta sin que se haga respetar la ley. No sirve para nada quejarse de que nadie respeta las leyes en este país si, primero, no las respetamos nosotros y, segundo, nos burlamos cuando se intenta hacerla respetar o despreciamos a quienes tratan de lograr que se las respete. Un país en donde la palabra "represión" es tomada como insulto no tiene futuro y está condenado a morir despedazado entre las hordas de saqueadores y las bandas de forajidos de guante blanco.
Cada nueva generación es una horda de bárbaros a la que hay que civilizar. Los niños y la juventud no tienen nada que aportar a la sociedad hasta tanto se les haya hecho carne el respeto por sus normas y principios, y hasta tanto se les haga comprender que deben atender sus responsabilidades y cumplir sus deberes antes de reclamar derechos y beneficios. El culto a la juventud, del cual "La Cámpora" no es más que una versión mutante, debe desaparecer de la Argentina.
Los otros también tienen propiedad privada. Somos todos rápidos para defender lo nuestro, casi tan rápidos como lo somos a la hora de encontrar excusas para justificar que al de al lado lo despellejen vivo. Nadie que aplauda expropiaciones, robos, confiscaciones o impuestazos tiene derecho a quejarse cuando la voracidad estatal le caiga encima, y nadie podrá evitar jamás que esa voracidad nos devore a todos a menos que se la contenga en cuanto levanta cabeza, así la víctima sea el ser más antipático y repulsivo que podamos imaginar.
El que aplaude sólo logra que sea el último al que despellejan. Creo que complementa a lo anterior. No se puede esperar nada del colaboracionista que aplaude y festeja los delirios del dictador de turno... nada excepto el llanto miserable y arrastrado cuando le toca a él sufrir lo mismo que antes festejó.
Las formas hacen al fondo. La ritualización, la formalización, el protocolo, ayudan a dar continuidad a las cosas y a ponerlas fuera de los caprichos y gustos ocasionales. Respetarlas y hacerlas respetar ayuda a aceptar que existen principios y cuestiones de base que deben estar más allá de los humores públicos y de los caprichos del caudillo de turno.
Llamemos a las cosas por su nombre. No hay personas "en situación de calle"; hay mendigos y pordioseros. No hay "exclusión social"; hay miseria. No hay "problemáticas estructurales"; hay males que no conviene resolver. No hay "criminalización de la protesta social"; hay convivencia con los revoltosos. Estoy seguro de que podríamos enumerar ejemplos en esta línea hasta el infinito, pero la cuestión de fondo es que no vamos a lograr resolver nada mientras sigamos usando esas perlitas que el progrespeak concibió para que los problemas puedan ser mencionados sin que impacten.
A los problemas se los combate, no se convive con ellos. Derivado de la anterior; no se va a resolver la violencia en el fútbol "reconociendo a los barrabravas como actores sociales", de la misma manera que no se resolvió el cartonerismo llamándolos "recolectores informales de residuos" o la violencia escolar "dándoles un lugar a los chicos en consejos de convivencia escolar". A los barrabravas se los caga a palos por delincuentes. A los cartoneros se los ayuda a encontrar un trabajo digno y se los saca de las calles. A los pendejos patoteros se los caga a palos, se los sanciona y se los expulsa hasta que aprendan a comportarse como seres humanos y no como lobizones. A los problemas se los combate, no se los acomoda en paquetitos ideológicamente agradables para que desaparezcan de la vista.
Si alguien tiene alguna más, es más que bienvenido a agregarla como comentario. Saludos y disculpas por haber demorado el posteo hasta hoy.

sábado, 19 de mayo de 2012

Me excuso por hoy


Me disculparán si no publico hoy, pero se me complicó un poco la jornada. Espero, con algo de suerte, subir un post mañana domingo. Qué les puedo decir, el bailecito de la Viudita Alegre en Angola fue mucho para mí.

Será hasta la próxima. Saludos y perdón por las molestias ocasionadas.

sábado, 12 de mayo de 2012

Camino a Mordor

Hace unos días nos despertamos para encontrar que la reja de casa había sido forzada y que habían tratado de hacer lo mismo con la reja de una de las ventanas. Algo, no sabemos qué, disuadió al aspirante a chorro (o chorros) de proseguir y darle a mi familia la agradable sorpresa de madrugar con delincuentes, pero de todas maneras el alivio de haberse salvado por poco quedó tapado por la sensación de profanación, de haber estado expuesto y vulnerable hasta en el santuario que es el hogar propio.

De cualquier manera, íba a sentir esa sensación de vulnerabilidad una vez más a lo largo de la semana, cuando mis intentos por poner parte de mis ahorros a resguardo de la inflación terminaron estrellándose contra la tranquera del corralito que la AFIP puso a la compra de divisas extranjeras.

Esta vez, a la vulnerabilidad se le sumó otra sensación: la de darse cuenta de que mis cosas y mis ahorros son míos siempre y cuando la banda de forajidos que se hace pasar por un gobierno me permita conservarlos, y ni siquiera de forma plena, porque aparentemente el señor Moreno sabe mejor que yo en qué cosas necesito gastar mi dinero, mientras que el señor Echegaray sabe mejor que yo de qué forma tengo que conservarlo para un mejor uso futuro.

Por supuesto que voy a sentir eso, si veo que su criterio de legalidad para tratar con las empresas, grupos, sociedades y sectores que no les gustan, aún si hace cinco minutos eran culo y calzón, pasa por reescribir las leyes para barnizar las barbaridades que se les ocurren. Y eso cuando se gastan en publicar leyes, porque según consignan los medios, nunca se publicó ninguna resolución de la AFIP estableciendo la virtual prohibición del cambio de moneda. El tema no es que estaría bien si hubieran publicado sus disposiciones; el tema es que ahora caemos en la locura de vivir en un país donde se obliga a acatar reglas que nunca se dieron a conocer.

En el fondo, la ley es lo que ellos quieren que sea, y si estás en el medio, jodete por interponerte entre ellos y su robolución. ¿Quienes somos los pobres seres humanos del rebaño argento para oponernos a los designios de la psicópata y de su banda de criminales?

¿Y por qué le digo psicópata? Me bastaría sólo con la frasecita que tiró en uno de sus recientes discursos para defender el tan mentado "Proyecto X" de espionaje que puso en práctica su gobierno comprometido con los derechos humanos, la dignidad moral y material y el derecho a la vida de todos y todas, ya sean seres humanos o armiños cuadriculados de Ezpeleta. "Quédense tranquilos. Salvo que estén haciendo algo que no corresponda, ahí si puede ser que estén en el proyecto X", dijo la Perra, haciendo un refrito del clásico autoritario que dice que quien no esté haciendo nada malo no tiene nada que temer.

Y no termina, porque no veo que tengan el menor prurito en cagarle la vida a tres millones de personas por haber cometido el imperdonable pecado de no votar por su chirolita. Es así que tenemos que rezar que no se les ocurra acelerar el repliegue de la Federal y nos terminen matando los chorros, y esperar que se le ponga coto a la demencial idea de querer ahogarnos a todos en nuestra basura, o la próxima locura que se les ocurra.

¿Cómo se puede resumir esta sensación? Con una sola palabra.

Desamparo.

Cada vez se vive en un país más turbio, más sucio, más retorcido y perverso, y cada vez más la vida, la libertad y la propiedad de cada uno y de sus seres queridos son sólo graciosas concesiones de un poder cada vez más enloquecido y borracho. Y tengo la horrible sensación de que antes de que los echemos a patadas, porque no nos engañemos, no se van a ir solos por las buenas o respetando cualquier clase de delicadeza constitucional, van a haber hecho lo imposible por convertir a la Argentina en Mordor.

sábado, 5 de mayo de 2012

El DeLorean populista


La imagen que ilustra este post fue hecha a partir de dos tomas del video "Españistán", el cual fue elaborado por un dibujante español con el propósito de aventurar una explicación del descalabro en el que cayó ese país. El video es bastante interesante, aunque se le escapa la hilacha cuando pone como inicio de la crisis un par de medidas que Aznar había adoptado por consejo del "dios del neoliberalismo".

En fin, al margen de la cosa políticamente correcta que no podía faltar, la imagen de arriba me pareció como una forma excelente de comprender mejor el modus operandi del populismo, particularmente porque la mecánica que emplean las cleptocracias populistas no es fácil de entender de forma intuitiva. Bah, sí lo es, pero sólo si se tiene una adecuada conciencia del largo plazo, cosa que no abunda en un país donde pensar más allá del mes que viene implica un esfuerzo de imaginación sobrehumano.

Es que el populismo, que es definible como "pan para hoy y hambre para mañana adornado con pelotudeces sobre la dignidad y la solidaridad" no deja de ser un robo al futuro hecho para sostener los caprichos del presente.

Las personas que hacia el fin de cada etapa populista se preguntan horrorizadas qué fue lo que pudo salir mal y por qué el gobierno que antes era tan generoso se volvió tan cretino y ladrón no suelen relacionar las dos situaciones, y mucho menos comprender que ambas son los dos extremos de un túnel del tiempo de choreo. El populismo es un DeLorean que para regalar y regalar hoy (o ayer) hace viajes regulares para robar a punta de pistola en el futuro (u hoy).

No es que se acabó la plata fácil, vino una cosecha mala o "de golpe apareció el mundo y nos jodió". No es que a los gobernantes de turno les agarró una epidemia de incompetencia o padecen de síndrome de hijaputez adquirida. No son dos personas distintas el que antes repartía y regalaba y hoy expropia y amenaza. Es la misma persona que hace hoy la parte sucia del almuerzo gratis de ayer. La etapa final, la fase de choreo desnudo, de afano abierto, de confiscaciones disfrazadas de epopeyas patrioteras y testiculares, estaba escrita y guionada desde el primer día en que el caudillo se disfrazó de Papá Noel civil y salió a repartir prebendas.

Conviene recordar esto ahora que llegamos a la era de los manotazos de ahogado para seguir pagando la fiesta, de forma tal de que mañana no haya chorlitos que pregunten, al estilo de Ernesto Tenembaum, "¿qué les pasó?"

sábado, 28 de abril de 2012

Los bueyes con los que aramos

La verdad que es muy triste ver cómo a la Argentina se la están comiendo las garrapatas.

De más está enumerar todas las barbaridades que hemos estado viendo últimamente, y de poco sirve porque en estos días estamos en un verdadera curva asintótica de barbaridades, con una barbaridad nueva todos los días que hace que la curva suba hacia el infinito, impulsada por la corrupción de una manga de depravados que no tiene freno alguno para sus desquicios. Robar por cadena nacional una empresa para ponerla en manos de un pendeviejo trotskofrénico que insiste en vestirse como un salamín que va a la matiné del boliche cuando tiene 41 años de edad, y castrar una causa judicial contra el vicepresidente corrupto de un gobierno de corruptos es nomás la frutilla del postre de estiércol del kakismo.

En este clima de malaria en perpetuo agravamiento, la sociedad argentina anda por la vida anestesiada, y por más que muchos que están del lado anti-K no tengan otra reacción inicial que no pase por maldecir al "54 por ciento" por su servilismo e inconsciencia a la hora de votar y también al 46 por ciento restante por su indolencia presente, no estaría de más tener en cuenta que muy difícilmente pueda sobrevivir la moral de una nación a las décadas de fracasos, colapsos, decepciones y "refundaciones" que ha vivido la Argentina.

Devasten a una sociedad cada diez años, quitándole todo lo que tiene y sumiéndola en el caos, dejándola en la miseria moral y material, cada uno a sabiendas de que el que está al lado es un potencial cagador, y no se sorprendan de que el primer instinto del ciudadano promedio sea correr detrás de cualquier promesa de salvación o gratificación inmediata, aunque ésta sea en la práctica una condena a largo plazo... más aún si esta promesa ofrece la oportunidad de cagar en represalia a los que hicieron el mal o a los que simplemente caen mal.

¿Cómo vamos a putearlos por ignorar el largo plazo si la experiencia ha hecho que el país no sea capaz de pensar más allá del próximo sueldo? Ha sido casi darwiniano el proceso de selección: en la Argentina, invertir a largo plazo o confiar en el otro ha sido siempre una catástrofe, así que es casi natural que los únicos que queden y prosperen sean los desconfiados y los vividores del día a día.

¿Cómo vamos a putearlos porque no les importe absolutamente nada si la experiencia pura y dura demuestra que a los que les importa algo sólo les espera un camino de decepción y desengaño, porque todo empeora indefectiblemente y ningún esfuerzo redunda en un cambio favorable?

Deberíamos tener eso más en mente si queremos algún día hacer que la Argentina deje de ser lo que viene siendo hasta ahora, porque limitarse a putearlos y a ir por la vida con pose de superado no nos ha hecho ningún favor. Para muchos, caer en la locura kirchneriana no ha sido un capricho gratuito sino lo que ellos sienten como una última oportunidad. Y no vamos a llegar a ningún lado insultando a aquellos que tenemos que convencer.

Mal que mal, tenemos que reconocer que "el otro lado" está haciendo un excelente laburo (para ellos, claro) de tomar a esos desesperados y darles aunque sea una falsa esperanza de que van a poder superar la locura cotidiana, de modo que cuando uno les plantea la necesidad de no perder la libertad, le respondan que prefieren vivir así antes que volver a "la libertad de morirse de hambre".

No se diga con esto que quiero exculpar a la sociedad argentina de su presente actual y de su futuro posible. Todo lo contrario. Sólo busco tratar de comprenderla mejor, porque no vamos a encontrar ninguna solución si no entendemos primero con qué bueyes aramos.

La expresión "bancarrota moral" es ideal para describir la condición actual de la argentinidad. No es la amoralidad de no distinguir entre el bien y el mal, sino una degradación tan grande de la moral que desemboca en la perversión de saber lo que está bien y lo que está mal... sin que eso importe un catzo a la hora de actuar.

Esa bancarrota moral nos llevó a donde estamos hoy y nos va a seguir empujando por la senda de la indolencia y la mediocridad. Y como no me canso de decirlo, está perfectamente bien porque es lo que merece la sociedad argentina. ¿Cuándo va a merecer otra cosa? Cuando esté dispuesta a luchar por ella en lugar de creer que "es su derecho" y que si no lo tiene, es porque "se lo robaron".

No tenemos kakismo porque en 2003 haya bajado de un plato volador un Bizco Malo acompañado por una Vaca Estúpida, así como no tuvimos al Proceso en 1976 porque la Junta se hubiera teletransportado desde el Enterprise. Los tuvimos porque la sociedad argentina demostró, con sus ideas y sus acciones, que se merecía eso.
 
Alemania necesitó de la locura del nacionalsocialismo, de la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial y de cuarenta años de guerra fría para aprender de una vez por todas que el nacionalismo virulento, la locura racial y el colectivismo económico no servían para nada. ¿Quién es capaz de decir que nosotros no necesitamos de una catástrofe para dejar atrás la adolescencia peronista?

sábado, 21 de abril de 2012

El relato orwelliano

A la luz de todo lo que hemos visto con YPF y demás volteretas del kakismo, tenemos que recordar que 1984 fue una advertencia, por más que muchos insistan en tomarlo como un manual con instrucciones.

(...) En este momento, por ejemplo, en 1984 (si es que era 1984), Oceanía estaba en guerra con Eurasia y aliada con Estasia. Ni en público ni en privado se admitía jamás que las tres potencias habían estado alineadas de distinta forma. En realidad, como bien lo sabía Winston, hacía sólo cuatro años Oceanía había estado en guerra con Estasia y aliada con Eurasia. Pero esa era sólo una pieza de conocimiento furtivo que poseía porque su memoria no había sido puesta bajo control de manera satisfactoria. Oficialmente, el cambio de socios nunca había ocurrido. Oceanía estaba en guerra con Eurasia: por lo tanto, Oceanía siempre había estado en guerra con Eurasia. El enemigo del momento siempre representaba el mal absoluto, y de ahí se seguía que cualquier acuerdo pasado o futuro con él era imposible.

Lo verdaderamente espantoso, reflexionó él por millonésima vez mientras hacía esfuerzos dolorosos para llevar sus hombros hacia atrás (con las manos en las caderas, ellos estaban girando sus cuerpos desde la cintura, un ejercicio que se suponía bueno para los músculos de la espalda)-- lo verdaderamente espantoso era que podía ser todo verdad. Si el Partido podía estirar su mano hacia el pasado y decir que tal o cual evento
jamás había sucedido-- ¿no era eso ciertamente algo más espeluznante que la mera tortura y la muerte?

El Partido decía que Oceanía jamás había sido aliada de Eurasia. Él, Winston Smith, sabía que Oceanía había estado aliada con Eurasia hacía apenas cuatro años. ¿Pero dónde existía ese conocimiento? Sólo en su propia conciencia, la cual de todos modos sería pronto aniquilada. Y si todos los demás aceptaban la mentira que el Partido imponía, si todos los registros contaban el mismo relato, entonces la mentira pasaba a la historia y se convertía en verdad. "Quien controla el pasado", rezaba el slogan del Partido, "controla el futuro; quien controla el presente, controla el pasado". Y sin embargo el pasado, aún maleable por naturaleza, jamás había sido alterado. Lo que era verdad hoy era verdad desde la eternidad hasta la eternidad. Era muy simple. Todo lo que se necesitaba era una interminable serie de victorias sobre la propia memoria. "Control de la realidad", lo llamaban; en Neolengua, "doblepensar".


Parte I, Capítulo 3


Parecía ser que hasta hubo manifestaciones para agradecerle al Gran Hermano por haber aumentado la ración de chocolate a veinte gramos por semana. Y apenas había sido ayer, reflexionó él, que se anunció que la ración sería reducida a veinte gramos semanales. ¿Podía ser posible que se tragaran eso, después de sólo veinticuatro horas? Sí, se lo tragaban. Parsons se lo tragaba fácilmente, con la estupidez de un animal. La criatura desprovista de ojos que se sentaba en la otra mesa se lo tragaba de forma fanática y apasionada, con un deseo furioso de rastrear, denunciar y evaporar a cualquiera que se atreviera a sugerir que la semana pasada la ración había sido de treinta gramos. Syme, también-- de forma más compleja, haciendo uso del doblepensar, Syme se lo tragaba. ¿Era él, entonces, el único que poseía memoria?

Las fantásticas estadísticas continuaban manando de la telepantalla. En comparación con el año pasado, había más comida, más viviendas, más muebles, más utensilios de cocina, más combustible, más barcos, más helicópteros, más libros, más bebés... más de todo excepto enfermedad, delincuencia e insanía. Año a año y minuto a minuto, todos y todo ascendían a ritmo vertiginoso. Al igual que lo había hecho Syme, Winston había tomado su cuchara y revolvía el pálido potaje sobre la mesa, usando una buena parte del mismo para hacer un diseño. Meditó con resentimiento sobre la textura física de la vida. ¿Siempre había sido así? ¿Siempre había tenido la comida el mismo sabor? Miró alrededor del comedor. Un cuarto de techo bajo y repleto, con paredes mugrientas a causa del contacto de innumerables cuerpos, mesas y sillas metálicas y abolladas, puestas tan cerca unas de otras que los codos se tocaban al comer, cucharas dobladas, bandejas gastadas, toscas tazas blancas; todas las superficies grasientas, mugre en cada grieta, y un hedor amargo y compuesto por mala ginebra y mal café y guisos de sabor metálico y ropas sucias. Siempre había en el estómago y en la piel una especie de protesta, una sensación de que se le había privado a uno de algo a lo que tenía derecho. Era cierto que no tenía memorias de algo significativamente distinto. En todas las épocas que él podía recordar con exactitud, nunca había suficiente para comer, nunca había tenido medias o ropa interior que no estuvieran repletas de agujeros, los muebles siempre habían estado gastados y al borde de romperse, los dormitorios siempre habían carecido de calefacción, los subterráneos siempre habían estado atestados, las casas siempre se estaban desmoronando, el pan siempre estaba oscuro, el té siempre era escaso, el café siempre había tenido un sabor inmundo, los cigarrillos nunca habían alcanzado-- nada había de barato y abundante excepto la ginebra sintética. Y aunque, desde luego, se tornara peor conforme envejeciera el cuerpo de uno, ¿no era una señal de que NO era el orden natural de las cosas, si el corazón de uno se enfermaba ante la incomodidad y el polvo y la escasez, los interminables inviernos, las medias pegajosas, los ascensores que nunca funcionaban, el agua fría, el jabón sucio, los cigarrillos que se deshacían, la comida con sus extraños y perversos sabores? ¿Por qué debía uno sentir que era intolerable a menos que se tuviera alguna especie de memoria ancestral de que las cosas habían sido diferentes alguna vez?


Parte I, Capítulo 5

Es necesario que un miembro del Partido no sólo tenga las opiniones correctas, sino también los instintos correctos. Muchas de las creencias y actitudes que se le exigen no son nunca planteadas abiertamente, y no podrían serlo sin dejar al descubierto las contradicciones inherentes al Ingsoc. Si es una persona naturalmente ortodoxa ("bienpensante" en Neolengua), en todas circunstancias sabrá, sin detenerse a pensarlo, cuál es la creencia correcta o la emoción deseada. Pero en cualquier caso un elaborado entrenamiento mental, emprendido en la infancia y concentrado en los términos de Neolengua "nodelito", "blanconegro" y "doblepensar", lo volverá renuente e incapaz de pensar con profundidad en cualquier tema. Se espera de un miembro del partido que no tenga emociones privadas o pausas a su entusiasmo. Se supone que debe vivir en un continuo frenesí de odio hacia los enemigos exteriores y los traidores domésticos, triunfos sobre las victorias y autohumillación ante el poder y la sabiduría del Partido. El descontento que genera esta existencia insípida y nada satisfactoria es deliberadamente desviado hacia el exterior y disipado mediante recursos tales como los Dos Minutos de Odio, y las especulaciones que podrían llevar a una actitud escéptica o rebelde son eliminados con antelación por la disciplina interior tempranamente adquirida. La primera y más sencilla etapa de esta disciplina, que puede ser enseñada incluso a los niños pequeños, es llamada en Neolengua "nodelito". Nodelito significa la facultad de detenerse, como por instinto, en el umbral de cualquier pensamiento peligroso. Incluye el poder de no comprender las analogías, de ser incapaz de percibir errores de lógica, de no comprender las proposiciones más sencillas si son hostiles al Ingsoc, y de aburrirse y sentir repelencia por cualquier tren de pensamiento que pueda ir en dirección a la herejía. En resumen, nodelito es una estupidez preventiva. Pero no alcanza con la estupidez. Por el contrario, la ortodoxia en su sentido más pleno exige un control sobre los propios procesos mentales que sea tan completo como el que tiene un contorsionista sobre su cuerpo. La sociedad oceánica descansa en última instancia en la creencia de que el Gran Hermano es omnipotente y que el Partido es infalible. Pero dado que en realidad ni es omnipotente el Gran Hermano ni es infalible el Partido, es necesaria una flexibilidad incansable y constante hacia el tratamiento de los hechos. La palabra clave aquí es "blanconegro". Como tantas otras palabras en Neolengua, esta palabra tiene dos significados mutuamente contradictorios. Aplicada a un oponente, significa el hábito de proclamar con desfachatez que lo negro es blanco, contradiciendo los hechos evidentes. Aplicada a un miembro del Partido, significa una leal disposición a decir que lo negro es blanco cuando lo exige la disciplina partidaria. Pero también significa la habilidad de CREER que lo negro es blanco, y aún más, la de SABER que lo negro es blanco, y de olvidar que alguna vez se creyó lo contrario. Esto exige una continua alteración del pasado, la cual es posible mediante el sistema de pensamiento que en realidad abarca a todos los demás y que se conoce en Neolengua como "doblepensar". La alteración del pasado es necesaria por dos razones, una de las cuales es subsidiaria y, por así decirlo, preventiva. La razón subsidiaria es que el miembro del Partido, al igual que el proletario, tolera las actuales condiciones en parte porque carece de cualquier estándar de comparación. Se le debe separar del pasado, tanto como se le debe separar de cualquier país extranjero, porque es necesario que crea que está mejor que sus ancestros y que el nivel promedio de confort material está en permanente crecimiento. Pero una razón mucho más importante para el reajuste del pasado es la necesidad de salvaguardar la infalibilidad del Partido. No es sólo cuestión de que los discursos, estadísticas y archivos de todo tipo deban ser constantemente actualizados para que muestren que las predicciones del Partido han sido correctas en todos los casos. También se trata de que ningún cambio en la doctrina o en el alineamiento político puede ser admitido jamás. Cambiar la propia opinión, o incluso la propia política, es una admisión de debilidad. Si, por ejemplo, Eurasia o Estasia (sea cual fuere) es el enemigo hoy, entonces ese país debe haber sido siempre el enemigo. Y si los hechos dicen lo contrario, entonces los hechos deben ser alterados. Es así que la historia es constantemente reescrita. Esta falsificación diaria del pasado, llevada a cabo por el Ministerio de la Verdad, es tan necesaria para la estabilidad del régimen como la labor de represión y espionaje desempeñada por el Ministerio del Amor. La mutabilidad del pasado es el postulado central del Ingsoc. Los eventos pasados, se afirma, carecen de existencia objetiva, y sólo sobreviven en registros escritos y en los recuerdos humanos. El pasado es aquello que dicen los registros y los recuerdos. Y ya que el Partido tiene pleno control de los registros y también de las mentes de sus miembros, se deduce que el pasado es lo que sea que el Partido quiere. Y también se deduce que aunque el pasado es alterable, nunca ha sido alterado en alguna instancia específica. Porque cuando se lo ha recreado en la forma que se necesita para la ocasión, entonces esta nueva versión ES el pasado, y nunca podría haber existido un pasado distinto. Esto se mantiene aún cuando, como suele suceder, el mismo evento debe ser alterado hasta lo irreconocible varias veces en el transcurso de un año. En todo momento está el Partido en posesión de la verdad absoluta, y es claro que lo absoluto nunca podría haber sido distinto de lo que es ahora. Quedará claro que el control del pasado depende sobre todo del entrenamiento de la memoria. Asegurarse de que todos los registros escritos coincidan con la ortodoxia del momento es una cuestión meramente mecánica. Pero también es necesario RECORDAR que los eventos ocurrieron en la forma deseada. Y si es necesario reacomodar las memorias propias o alterar los registros escritos, entonces es necesario OLVIDAR que eso fue lo que se hizo. El truco para lograr esto puede ser aprendido al igual que cualquier otra técnica mental. Es aprendido por la mayoría de los miembros del Partido, y ciertamente por todos aquellos que son tan inteligentes como ortodoxos. En la Viejalengua se lo llama con franqueza "control sobre la realidad". En Neolengua se lo llama doblepensar, aunque doblepensar abarca muchas otras cosas también. Doblepensar significa el poder de sostener dos creencias contradictorias en la propia mente y de forma simultánea, aceptando ambas. El intelectual del Partido sabe en qué dirección deben ser alteradas sus memorias; por tanto, sabe que está haciendo trucos con la realidad; pero mediante el empleo del doblepensar también se satisface de saber que la realidad no ha sido violada. El proceso debe ser consciente, o de lo contrario no se llevaría a cabo con la suficiente precisión, pero también debe ser inconsciente, porque si no traería una sensación de falsedad y por tanto de culpa. El doblepensar está en el mismísimo corazón del Ingsoc, ya que el acto esencial del Partido es usar un engaño consciente a la vez que se retiene la firmeza de propósito que acompaña a la plena honestidad. Decir mentiras deliberadas creyendo genuinamente en ellas, olvidar cualquier hecho que se ha tornado inconveniente, y luego, cuando se lo vuelve a necesitar, rescatarlo del olvido por el tiempo necesario, negar la existencia de la realidad objetiva mientras se tiene en cuenta la realidad que uno mismo niega-- todo esto es indispensablemente necesario. Incluso para usar la palabra doblepensar es necesario ejercitar el doblepensar. Al usar la palabra se admite que se está alterando la realidad; mediante un nuevo acto de doblepensar se borra este conocimiento; y así hacia el infinito, con la mentira siempre un salto por delante de la verdad. En última instancia, es mediante el doblepensar que el Partido ha sido capaz-- y por lo que sabemos, puede seguir siéndolo por miles de años-- de detener el curso de la historia.

Parte II, capítulo 9

* * *

Hasta la próxima.

martes, 17 de abril de 2012

Un pasaje (post extemporáneo)

En momentos como los que vivimos hoy en día en la Argentina, tiendo a acordarme de un pasaje de una novela de ciencia ficción.

La novela en cuestión es "Echoes of Honor", el octavo título de la serie "Honor Harrington", escrita por el norteamericano David Weber y de la que ya hemos hablado por estos lares con anterioridad. En este libro, los protagonistas han logrado escapar del cautiverio en el que habían caído en el libro anterior, y junto con varios prisioneros de guerra logran apoderarse del gulag enemigo en el que habían ido a parar. Pero este pasaje no se relaciona con la historia principal, sino que versa sobre el encuentro de dos personajes menores pertenecientes a la República Popular de Haven, que en esta etapa de la serie es el estado enemigo de los protagonistas.

Uno de ellos, el comandante Warner Caslet, es un oficial naval decente, honorable y leal a su patria, pero que por varias causas ajenas a su control terminó embrollado con los protagonistas en su escape y posterior copamiento de la cárcel, mientras que el otro, el almirante Amos Parnell, alguna vez fue el máximo jefe militar de la República Popular, hasta que cayó en desgracia cuando el régimen al que servía fue derrocado por un golpe de Estado cuyos cabecillas lo sindicaron como chivo expiatorio, lo declararon públicamente como muerto y lo enviaron a pudrirse en el gulag.

A continuación transcribo el pasaje al que hacía referencia, traducido fatto in casa. Las negritas son mías.

* * *

Warner Caslet inhaló con fuerza, y Parnell se volvió para mirarlo fijamente una vez más. El hombre más joven abrió su boca, la volvió a cerrar, y Parnell sonrió con tristeza.

- La traición se hace difícil incluso ahora, ¿no es verdad, comandante? - preguntó con gentileza. - Aquí estoy, asistiendo y siendo cómplice con los enemigos de la República en tiempo de guerra, y eso lo decepciona. No esperaba eso de un almirante que hizo un juramento de defenderla, ¿verdad?

- Señor, sus decisiones deben ser sólo suyas - comenzó Caslet. Estaba pálido debajo de su bronceado, y su mirada estaba enturbiada. - Dios sabe que no tengo derecho a juzgarlo. Y por lo que acaba de decir, las personas que ahora dirigen la República son traidores, además de monstruos y asesinos en masa. No hice--- quiero decir, llegué a pensarlo. ¡Pero al igual que usted, hice un juramento, y es mi país, señor! Si reniego de mi fe en eso, reniego de mi fe en mí mismo... ¿y entonces qué me queda?

- Hijo, - dijo compasivamente Parnell - tú ya no tienes un país. Si alguna vez vuelves a casa, terminarías de vuelta aquí mismo, o muerto, lo que es más probable, porque nada de lo que puedas llegar a decir podría excusarte por haberte sentado en esta sala con esta gente... y conmigo. Y te diré algo más, comandante. Por lo que me acabas de decir, puedo decirte que eres mejor que lo que merece la República, porque sigues siendo leal a ella, y ella nunca ha sido leal contigo. No lo fue cuando la dirigían personas como yo, y por todos los diablos que no lo es ahora.

- No puedo aceptar eso, señor - dijo Caslet con voz hosca, pero Honor sintió el tormento dentro de él. El dolor y la desilusión y, todavía más que aquellos, la agónica sospecha de que podía aceptarlo. De hecho, que lo más íntimo de su ser ya lo había aceptado. Y esa sospecha aterrorizaba a Warner Caslet, porque si era cierta, lo conduciría inexorablemente hacia una decisión, lo forzaría a tomar el control y avanzar decididamente y a sabiendas en la dirección hacia la que hasta ahora sólo había ido a la deriva.

- Tal vez no puedas - dijo Parnell al cabo de un momento, permitiéndole aferrarse a la mentira, aunque sea por un instante, si así lo escogía. - Pero eso no invalida nada de lo que acabo de decir, comandante. A pesar de todo, supongo que un poco de ese mismo idealismo sigue aferrándose a mí también. Qué cosa sorprendente - sacudió la cabeza. - Cuarenta años de servicio naval, docenas de campañas a sangre fría en mi historial, ¡diablos, yo soy el que hizo los planes para comenzar esta guerra! Los arruiné, desde luego, pero por todos los diablos que fui yo quien los autorizó. Y ocho años aquí en Infierno, para coronarlo todo. Y todavía hay algo dentro mío que insiste en decir que la prostituta ebria y revolcada a la que serví es una gran y reluciente dama que merece que yo deje mi vida en su defensa.

Suspiró y volvió a sacudir su cabeza.

- Pero no lo es, hijo. Ya no lo es más. Tal vez algún día ella vuelva a serlo, y eso requerirá de hombres y mujeres como tú, personas que se mantengan leales a ella y luchen por ella desde adentro, para que así sea. Pero tendrán que ser personas como tú, comandante. Ya no podrás ser uno de ellos... y tampoco podré serlo yo. Porque a pesar de lo que podamos sentir hacia ella, nos matará en un instante si vuelve a ponernos sus manos encima.

Su voz se fue apagando (...)

- Piénsalo de esta forma, comandante - replicó Parnell con gentileza. - No sé exactamente cómo fue que diste a parar aquí, e Infierno dista de ser el lugar al que cualquier persona que yo conozca elija ir voluntariamente, pero hay algunas ventajas de estar aquí - Caslet lo miró, los ojos ensombrecidos con incredulidad, y el almirante legislaturista sonrió. - ¡Libertad de conciencia, comandante Caslet! - dijo, y se rió sonoramente ante la expresión de Caslet. - Estás metido en una mierda tan profunda que no hay forma de que se vuelva más profunda, hijo, - le dijo el ex Jefe de Operaciones Navales - así que la única cosa que importa ahora es lo que tú elijas hacer. Eso no era algo que los alentáramos a hacer cuando nosotros dirigíamos la República, y por todos los diablos que Pierre y su gente nunca jamás querrían que lo hicieran en este momento. Pero entre nos, te hemos arrinconado y te pusimos con la espalda contra la pared, y de alguna manera un hombre sin nada que perder tiene más libertad de escoger que cualquier otro en el universo. Así que usa lo que te hemos dado, comandante. - No había humor en su voz ahora, y se inclinó hacia adelante en su silla, con sus ojos pardos oscuros e intensos. - Has pagado un precio infernal por ella, y es un regalo que te puede matar en un instante, pero es tuyo ahora... todo tuyo. Toma tus propias decisiones, elige tu propio rumbo y tus propias lealtades, muchacho. Ese es todo el consejo que tengo para darte, pero tómalo... ¡y más te vale que escupas en el ojo de cualquiera que se atreva a criticar cualquier decisión que vayas a tomar!

* * *

¿Qué papel jugamos nosotros en la historia de lo que le pasa hoy a esta Argentina?

¿Conservamos las esperanzas aunque más no sea porque nos resistimos a perderlas y caer en el vacío?

¿Nos hacemos a la idea de que ya no es el país que fue y que no seremos nosotros quienes presenciemos su renacimiento?

¿O seguimos adelante, con la vaga y tímida esperanza de que haya otros allá afuera, de que haya personas decentes y dignas, que insistan en mantener la cabeza en alto y por encima del mar de mierda que nos ahoga, y que algún día realmente podrán dar vuelta la página?

Todo eso dependerá del uso que le demos a nuestra libertad de conciencia, porque por más que la horda de langostas y su banda de aplaudidores roben y depreden todo lo que tocan, esa libertad será lo último y más precioso que nos quede.

sábado, 14 de abril de 2012

Democracia

En algún momento alguien va a tener que cuestionar seriamente los méritos y postulados de la democracia, porque si vamos a vivir en una sociedad en donde absolutamente nada es sagrado o merecedor de respeto, no tiene sentido que conservemos al sistema político como algo que está más allá de toda crítica o evaluación.

Antes de arrancar, ¿hacer una crítica de la democracia significa repudiarla? Es posible que sí, pero también es posible que no sea así.

Criticar no necesariamente quiere decir despreciar; es más, creo que le hace mucho más mal a la democracia y a la sociedad en general el endiosarla y condenar de prepo cualquier cuestionamiento que dejar que la misma sea evaluada de forma honesta para encontrar sus fallas y quizás tratar de resolverlas.

Incluso un tipo como Winston Churchill, a quien no puede acusarse de ser antidemocrático o de no valorar el sistema democrático, llegó a decir: "Muchas formas de gobierno han sido probadas y serán probadas en este mundo de pecado y dolor. Nadie pretende que la democracia sea perfecta o infinitamente sabia. De hecho, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, con excepción de todas aquellas otras formas que han sido probadas de vez en cuando".

Mi principal crítica viene a cuento de que, como en casi todos los emprendimientos humanos, el paso del tiempo nos ha llevado a una situación en donde los principios y supuestos operativos del sistema ya no se condicen con las realidades materiales sobre las cuales tiene que operar.

En términos más concisos: se pensó a la democracia moderna para una sociedad que ya no existe.

El sistema que a grosso modo podemos llamar "democracia moderna" surgió en una época en donde las aristocracias todavía conservaban poder real y era necesario hacerles contrapeso, y en donde no se podía imaginar que un poder como el voto o el poder político pudieran estar alguna vez en manos de mujeres o de no propietarios. Con nuestras sensibilidades actuales, nos puede parecer horrendo pero así era la cosa, como lo demuestran los intentos hechos en todos lados de poner el voto censitario, lo que tardó en llegar el voto femenino o incluso la cláusula de nuestra Constitución que manda que es necesario tener una renta mínima para ser candidato a senador.

¿Qué beneficios podía traer semejante concepción? A mi entender, la idea que sustentaba aquella noción de la democracia era que sólo podían elegir y ser elegidos aquellos que contaran con experiencia práctica en administración de emprendimientos, manejo de propiedades u otras cuestiones. O sea, que los asuntos públicos estuvieran en manos de personas experimentadas y con experiencia.

A la luz de nuestras ideas actuales, esa noción nos puede parecer anormal o incluso repugnante, pero esa era la idea, o al menos así la entiendo yo.

Lo preocupante es cómo fue mutando la noción de república y la de democracia en estos últimos siglos, particularmente con el auge de los partidos políticos formales y organizados. Los partidos permitieron que surgiera de manera encubierta una nueva aristocracia cuyos miembros nunca hicieron otra cosa que no fuera "hacer política" y nunca tuvieron otro sustento que no pasara por la actividad política cuando estaban en el llano o el Estado cuando su facción alcanzó el poder.

A la par de ese fenómeno, mientras más se expandía el derecho a votar y ser elegido, primero con la eliminación de cualquier régimen censitario y después con el sufragio femenino y la reducción progresiva y sistemática de la edad mínima para votar, y mientras más compleja se tornaba la vida cotidiana, uno de los requisitos fundamentales del sistema tal como se lo concibió hace siglos empezó a diluirse, ya que la decisión sobre quién iba a ocupar los cargos de decisión sobre los asuntos públicos quedaba progresivamente en manos de personas que estaban demasiado ocupadas con su vida cotidiana como para pensar claramente sobre cuestiones públicas que cada vez más estaban fuera de su campo de experiencias.

Peor aún, nuestros políticos encontraron que la mejor forma de perpetuarse en el poder era asegurando un flujo constante de regalos y de frases e ideas halagüeñas para ganar el favor permanente de los votantes, quienes tienden a estar demasiado abrumados o preocupados por sus cuestiones personales y cotidianas como para darle demasiada reflexión a las grandes cuestiones de Estado... o que sólo esperan del Estado que les ayude a resolver sus problemas actuales a como dé lugar.

El sistema democrático y republicano, que había surgido sobre la idea de que el poder fuera ejercido por representantes del pueblo que actuaran bajo el control de una ciudadanía interesada e involucrada en la cosa pública, fue degenerando hacia la monstruosidad actual, en donde sólo llegan al poder y se mantienen aquellos lo bastante inescrupulosos como para dejar de lado cualquier noción de coherencia y consistencia intelectual y moral para estar siempre del lado que les permita sobornar y comprar el favor de una ciudadanía que está demasiado enloquecida con las cosas de todos los días como para pensar en cuestiones más grandes.

Así llegamos a nuestros días, en donde la democracia no es más que el gobierno ejercido por sociópatas que llegan al poder gracias al voto de los indolentes.

Hay un pasaje de Ayn Rand que, si bien habla de otra cosa, expone bastante bien lo que yo creo que es una de las raíces de los problemas que nos aquejan en el mundo occidental: "Ustedes proponen establecer un orden social basado en los siguientes postulados: que son incompetentes para manejar sus propias vidas, pero competentes para manejar las vidas de otros -- que son incapaces de existir en libertad, pero capaces de convertirse en gobernantes omnipotentes -- que son incapaces de ganarse la vida usando su propia inteligencia, pero capaces de juzgar a los políticos y votarlos para que ocupen cargos con poder total sobre artes que nunca han visto, sobre ciencias que nunca han estudiado, sobre logros de los cuales no tienen conocimiento alguno, sobre las gigantescas industrias en las que ustedes, según su propia definición de capacidad, serían incapaces de ocupar de manera exitosa el puesto de engrasador ayudante."

Algo de eso hay. O bastante. Y mientras insistamos en darle un carácter sagrado e incuestionable a la democracia tal como se la entiende hoy en día, en lugar de partir de la base de que es una herramienta y que cada herramienta es útil sólo mientras esté de acuerdo con las circunstancias y los problemas del momento, seguiremos tropezando.

sábado, 7 de abril de 2012

Moda zurda

Iba a escribir otro post hoy (y todavía guardo su esqueleto para la próxima), pero me crucé con este artículo de Barry Rubin y no pude resistirme a traducirlo para vuestro consumo, porque aún cuando la realidad que describe es la de los EE.UU., no deja de tener paralelismos con lo que vivimos acá en la Tierra de Promisión.

¿Por qué es tan espantosa la situación política? Porque las elites le tienen más miedo a no estar de moda que a estar equivocados
Por Barry Rubin

"En los áticos de los estudiantes, en los desvanes de Bohemia, y en las oficinas desiertas de doctores sin pacientes y abogados sin cliente se encuentran germinando [los revolucionarios]" — Hippolyte Taine, escribiendo sobre Francia en la década de 1860.

"Somos hábiles para cerrar nuestros ojos ante una verdad dolorosa, y escuchar la canción de aquella sirena hasta que ella nos transforme en bestias. ¿Así deben comportarse hombres sabios enfrascados en una gran y ardua lucha por la libertad? ¿Debemos estar entre aquellos que, teniendo ojos, no ven, y, teniendo oídos, no oyen, las cosas que tanto hacen a su salvación temporal? De parte mía, sin importar la angustia de espíritu que me produzca, estoy dispuesto a conocer toda la verdad; a saber lo peor y a prepararme para ello." — Patrick Henry a la convención de Virginia, 23 de marzo de 1775.

¿Cómo hacer para convertir a "la gente más inteligente del mundo" en la más estúpida? Es simple: se convierte a las sofisticadas fuentes de información de las que dependen - los medios de élite, el sistema académico y las escuelas - en fuentes de desinformación.

¿Y cómo se persuade a gente que debería ser más despierta para que abracen malas ideas y tontos conceptos? De forma igualmente simple.

Haces que esas ideas estén de moda.

Una de las chicas en el curso de sexto grado de mi hijo le dijo que se vería mejor si usaba jeans azules. Luego de que me explicara que eso era lo que usaban los otros chicos de su clase, lo llevé de compras y le compré dos pares de jeans. Usó jeans al día siguiente en la escuela, y un chico dijo: "¡Hey, miren, Daniel está usando jeans azules!" Y aplaudieron.

Pero después él me preguntó si importaba tanto lo que alguien vistiera. Después de todo, esa es sólo una apariencia exterior superficial. Me sentí orgulloso de él por hacerme esa pregunta - ya que demostraba que valoraba el carácter por sobre la imagen - pero le expliqué que esas cosas son importantes porque mandan señales sociales. La mayoría de las personas no saben en verdad cómo evaluar a alguien según su carácter y valores. O no tienen el tiempo o no tienen la habilidad para hacerlo. Por lo tanto, se fijan en símbolos como la ropa, el peinado y la clase de auto que alguien conduce, o sus credenciales, como los títulos universitarios, para poder juzgar a los demás.

Una vez estaba en el ascensor de un elegante edificio de Manhattan llevando café para mí y para mi esposa. Estaba vestido de manera informal y tenía una gorra de los Orioles de Baltimore. Una mujer en el ascensor se volvió hacia otra y dijo: "¡No sabía que Starbucks tenía servicio de delivery!"

De hecho, la moda puede ser el peor enemigo para la supervivencia de los Estados Unidos de hoy. Sostener un conjunto determinado de ideas ha sido definido como lo que hace que alguien parezca sofisticado, exitoso y admirable. Otras ideas son consideradas horribles, e indican que la persona es un campesino, un ignorante, un atontado, un imbécil o un racista. En síntesis, la clase de persona que odia a los otros porque son diferentes y que se aferra a las armas y a la religión.

Uno de los grandes éxitos del izquierdismo (que se hace pasar por progresismo) en América del Norte y Europa hoy en día es que se ha hecho tan de moda, tan identificado con la sofisticación, la calidad intelectual y lo que solía llamarse la clase alta. No la clase alta de los clubes de campo y los yates (aunque el senador John Kerry tiene un pedazo de bote), pero la clase alta del mérito, los verdaderamente buenos que odian el racismo y que están salvando a la Tierra.

Es gracioso ver cuántas de estas personas son ellas mismas bastante ricas. El mensaje: mi dinero y mi éxito están justificados porque tengo las actitudes correctas. Al Gore puede tener una casa grande y una huella de dióxido de carbono grande, pero eso está bien porque él habla de cómo estas cosas son malas.

La verdadera guerra de clases que tiene lugar no es la del uno por ciento de ricos reaccionarios y codiciosos versus el noventa y nueve por ciento de todos los demás, sino de un sector de la elite que se beneficia con el gran Estado - en presunta alianza con aquellos que reciben pagos del gobierno, además de varios grupos con privilegios especiales - contra todos los demás. Siguiendo las palabras de Taine acerca de la Francia decimonónica, los revolucionarios ya no son "doctores sin pacientes y abogados sin clientes", sino aquellos que no tendrían ni pacientes, ni clientes ni empleo si no fuera por el patrocinio del gobierno.

Parte del truco para esconder esa realidad ha sido el hacer que las buenas intenciones y no los resultados del comportamiento o políticas que uno sostenga sean la prueba. El resultado puede ser desastroso para la economía, los pobres, el sistema de salud y aquellos que viven en países que son víctimas de la política exterior terca y errada de uno, pero eso no importa si tuviste buenas intenciones. Sin embargo, el abandono del pragmatismo - medir las cosas según si funcionan en lugar de hacerlo según estándares ideológicos o intenciones - es el principio del abandono de la vida democrática exitosa.

Otro elemento es la transformación de la izquierda en el partido de los snobs, el instrumento para el desprecio de la elite por el pueblo.

En una recepción diplomática en Washington, estaba en la fila para la comida detrás de una mujer bien peinada y bien vestida. Nos embarcamos en una discusión sobre libros de texto, y le pregunté si sabía cuál estado era el mayor comprador de ellos.

“¿California?” dijo ella.

“Ah, mucha gente piensa que sí, pero en realidad la respuesta es Texas.”

Segundos antes de que pasara, yo ya sabía lo que iba a ocurrir. Hizo un gesto particularmente desagradable de desdén y dijo - en serio, palabra por palabra - en el tono de voz más snob que pudo poner: "Oh, esa gente no piensa como nosotros.”

El odio de moda no es despreciar a otras razas o a otras naciones o a los homosexuales como inferiores a los que hay que aborrecer. Semejante delito de pensamiento es raro hoy en día en Occidente. Ha sido reemplazado por el odio hacia los verdaderamente religiosos, los que no viven en las grandes ciudades, las personas no-izquierdistas que no piensan las cosas correctas.

Así es como más o menos el 50 por ciento de los norteamericanos ven al 50 por ciento restante hoy en día. Buena parte de los medios, de la industria del entretenimiento, de las editoriales, de las escuelas y de los políticos así lo hacen.

A pesar de la pose del heroico intelectual que le dice la verdad al poder, muchos o incluso la mayoría de aquellos cuya buena fortuna se basa en credenciales de papel o en elecciones en lugar de logros reales y comprobables son cobardes u oportunistas. No harán nada verdaderamente valiente cuando se trata de separarse del consenso de moda. Mientras los alguna vez valientes intelectuales desafiaron a tiranos que gritaban "¡córtenles las cabezas!", ahora no se atreven a decir nada que pueda conducir a "¡córtenles las becas!", "¡córtenles las reputaciones!", "¡córtenles las invitaciones a fiestas lindas!" Temen menos que el país se vaya al diablo que se los identifique como uno de esos roñosos, ignorantes y atrasados idiotas que realmente creen que la Constitución debería ser respetada, que la libertad de expresión es un derecho básico y que la deuda ilimitada es mala.

No estoy bromeando. Son personas que pueden ridiculizar a las masas como si fueran turbas ignorantes y llorar por los pobres y los desvalidos al mismo tiempo. Con la plena buena conciencia de que son a la vez superiores y compasivos, miran desde arriba tratando de inferiores a aquellos que provienen de la mayoría de los estados norteamericanos, a los pequeños empresarios y a las masas que trabajan duro. En términos marxistas, han puesto a la clase media-alta yuppie en lugar del proletariado. Estamos viendo un programa aprobado por el establishment para consagrar al snobismo como virtud.

Pero eso es precisamente por lo que el izquierdismo actual funciona de forma tan efectiva. Pueden poner en términos románticos a distantes campesinos - o terroristas - mientras se burlan de cualquiera que compre en Walmart. Pueden tener un estándar de vida elevado, sentirse virtuosos y ser arrogantes hasta la perversión al mismo tiempo sin sentir culpa alguna.

Es una vida maravillosa.

Estar de acuerdo con cualquier cosa que se diga en la radio, por ejemplo, equivale a usar medias de distintos pares, hacer ruido cuando se bebe algo o usar el tenedor equivocado. Y los medios masivos, muchas escuelas, y la industria del entretenimiento - que todavía parecen dar forma a la visión del mundo de más o menos la mitad de los norteamericanos - han trabajado tiempo extra para intensificar esa imagen y cerrar todas las opciones. Lograr que cosas como el patriotismo, la religión, el amor a la familia y otras cosas por el estilo parezcan insensateces retardadas ha sido su mayor éxito.

El marco de lo que es aceptable no sólo ha sido movido notablemente lejos y rápido, sino que la mayoría de las personas ni siquiera se percatan de lo que ha ocurrido. Tanto los progresistas como los conservadores, cada uno por sus propias razones, insisten en que las cosas siempre han sido así. Pero eso no es verdad en absoluto.

Cuando yo iba a una escuela pública medio progre en los '60, recitábamos la Promesa de Lealtad y el Salmo 23 todas las mañanas sin que ninguno de los padres predominantemente demócratas y progresistas se horrorizaran.

En 1973 las mujeres lograron la habilidad de tener un aborto de forma legal. A esto se lo llamó "elección". Hoy se da por supuesto que los tratamientos anticonceptivos deben ser un derecho "gratuito" a pagar por el público y a ser provisto por todas las instituciones sin importar si eso viola sus creencias religiosas. A esto se lo podría tildar de "no elección". ¿Alguna vez hubo un debate acerca de esta sorprendente transformación?

Históricamente, los progresistas han sido personas que decían que estaba bien que los gobiernos tuvieran déficit siempre y cuando no fuera demasiado grande y el dinero fuera usado para propósitos productivos creando más riqueza. Hoy el progresismo parece promover un gasto ilimitado para cualquier propósito aún si se puede demostrar que ese dinero no produce ningún buen resultado.

Ninguno de estos - y muchos otros - puntos son siquiera discutidos de forma honesta en las universidades y los medios masivos. Simplemente se los da por supuestos como verdades y se borran los antecedentes históricos. Lo más desalentador no es el hecho de que haya un número ilimitado de izquierdistas haciéndose pasar por progresistas, sino que hay muy pocas personas dedicadas a la ética profesional - seguir la verdad a donde sea que ésta lleve - en las mismas profesiones a las que se les confiere esa responsabilidad.

Alguien más va a tener que salvar a los Estados Unidos, porque los académicos, periodistas, políticos de Washington y los varios "expertos" no lo van a hacer. No le tienen tanto miedo a equivocarse, a dañar a la sociedad o a fracasar en su deber como le temen a que digan que son el equivalente de nerds y campesinos.
Hasta la próxima.

sábado, 31 de marzo de 2012

2 de abril


Andamos cerca del 2 de abril. Y qué 2 de abril, señoras y señores... no todos los días se cumplen 30 años de un evento importante. Especialmente cuando viene acompañado de semejante cháchara política; alguien tiene que explicarme por qué los aniversarios divisibles por cinco empelotudecen a los gobiernos y políticos de todo el mundo.

Aprovechando la cercanía del aniversario de tan importante evento, quería dejar plasmado en este post, quizás de forma un tanto desorganizada, algunos pensamientos y opiniones que me merece la cuestión Malvinas en sí misma y los distintos aspectos asociados con la misma.

Habiendo dicho esto, ¿me bancan la catarsis?

Una cosa que me gustaría ahora que nos vamos a acordar de la guerra es que se distinguiera de manera firme y tajante entre la conducción política y estratégica de la guerra, que dejó mucho que desear como es de público y notorio conocimiento, y el desempeño individual de los combatientes argentinos, el cual fue mucho más destacado y encomiable que lo que comúnmente se conoce.

Que puteen a Galtieri, a la Junta y a Menéndez todo lo que quieran por sus decisiones catastróficas, pero respeten, valoren y aprecien a quienes pelearon y sufrieron en las islas, en los cielos y en las aguas circundantes.

A los pilotos de Aviación Naval que le dejaron un ojo morado y el orgullo golpeado a la Royal Navy. A los oficiales, suboficiales y conscriptos del Ejército que hicieron honor a la bandera y al país al punto de dar la vida. A los aviadores de Fuerza Aérea que dejaron al mundo boquiabierto con su habilidad, pericia y valor. A los infantes de marina que pelearon desde el primer hasta el último día. A los tripulantes del General Belgrano, del Alférez Sobral, del Santa Fe, del Bahía Buen Suceso, del Bahía Paraíso, de la Guerrico y de todos los otros buques que hacen que la injuria barata de decir que "la Armada no salió nunca del puerto" se destiña un poco. A los efectivos de Gendarmería y Prefectura que pasaron de la seguridad interior al frente de guerra para desempeñarse de forma destacable. A los civiles que acompañaron el esfuerzo de guerra y que estuvieron presentes durante el conflicto. A todos.

Todos ellos merecen mucho más que la forrada condescendiente, malintencionada y pelotuda de tratarlos de "víctimas de Galtieri y la dictadura". En serio, me da por el decimonoveno forro de las pelotas escuchar a cada salame que anda por ahí diciendo que hay que tratarlos como víctimas, quitarles así cualquier clase de dignidad y reconocimiento y sumarlos así a la comparsa de llorones tangueros y mangueros que infectan la vida social argentina. Con historias para contar que darían para guiones enteros de películas y hay que soportar que se las oculte para continuar con el verso forrista y llorón.

Esto lo digo no sólo por la zurda perversa y degenerada que no para de insultar, humillar y despreciar con toda la basura de "los chicos de la guerra", o por toda la banda de snobs que se las dan de "intelectuales" y que llaman "postura alternativa" a repetir la del Reino Unido de forma textual, sino también por mucho superado que se conmueve y emociona con las conmemoraciones del 11 de Septiembre en Estados Unidos o con la portación de amapolas rojas en el Día de la Remembranza en el Reino Unido y los países del Commonwealth, pero que cualquier manifestación de patriotismo argentino o de aprecio por el país le provoca vergüencita y arcadas.

De paso, me jode mucho cierta actitud de varios argentinos que parecen alegrarse de que la Argentina haya perdido la guerra. Clarifico para que no se me tome a mal: creo que nunca debió producirse el conflicto. Pero una vez en la palestra, una vez que los tiros empezaron a ir y venir y una vez que los torpedos del HMS Conqueror hundieron la última esperanza de paz junto con el Belgrano, no quedaba otra cosa por hacer que lograr el mejor resultado posible para la Argentina.

Ojalá nunca hubiera ocurrido el 2 de abril de 1982. Pero ocurrió, y así como me gustaría que hubiéramos podido ganar el conflicto que le siguió, lamento profundamente que lo hayamos perdido. Mi deseo de que la absurda decisión cuyo aniversario inspira este post jamás se hubiese producido no me lleva a alabar la figura de la Tácher o sentir alguna clase de gratitud hacia ella por las razones que se puedan; lo primero no implica lo segundo, y ya corrió demasiada agua bajo el puente respecto de Magui, a quien también le cabe el sayo galtierano de aprovechar un conflicto exterior para levantar la imagen de su gobierno. Claro, la diferencia con Galtieri es que los británicos ganaron.

Y dicho lo anterior, espero nunca caer en la situación de alegrarme por la derrota de mi país.

Respecto del territorio en disputa y aunque como argentino me encantaría que las islas queden bajo la soberanía argentina, en lo personal me importan muy poco las islas en sí mismas. Si de mí dependiera, haría un canapé enrollando a la Isla Gran Malvina con la Isla Soledad, lo espolvorearía con la Isla Borbón, las Sebaldes, las otras del archipiélago y también las Georgias y Sandwich del Sur, lo condimentaría con la turba, las ovejas, los pingüinos y los kelpers e invitaría al Reino Unido a que introduzca el producto resultante en su recto. Francamente, si mañana mismo un tsunami se las llevara al fondo del Atlántico, no me molestaría en lo más mínimo.

Lo que me interesa son los recursos, y me interesa pensarlos para un futuro mejor. El petróleo. La pesca. El turismo. La Antártida, en un futuro próximo (y para el que diga que qué carajo nos tiene que importar de la Antártida, bien podría responderle que qué carajo le tiene que importar al Reino Unido). Lo que sea que se pueda sacar de esa zona y sea útil a la Argentina y a los argentinos. Mi interés fundamental es que la Argentina saque la mejor tajada posible para beneficio del país, y ante eso el argumento de "para qué las quiero si pueden llegar a beneficiar a los K" no me resulta convincente, porque prefiero pensar que habrá un futuro sin K en este país y que el mismo no tiene que perjudicarse (más) del odio y de la tirria que generan estos tipos.

Si la cosa es cagar a la Argentina con tal de cagar a los K, no sé si me puedo sumar a eso. Ya perdimos demasiado en esa clase de razonamientos y no quiero ver a la Argentina dentro de medio siglo condenando y lloriqueando por haber perdido oportunidades en un acto de mediocridad y chiquitaje absoluto.

Tampoco me conmueven mucho los kelpers. Probablemente sea una cuestión de piel o de emociones, pero sus declaraciones y actitudes me resultan profundamente antipáticas. Particularmente me molesta la paranoia que dicen tener acerca de un país del que saben que no puede ni cruzar el Riachuelo con ánimo de hostilidad.

Me rompe las pelotas tanto lloriqueo de autodeterminación para esos tres mil criadores de ovejas cuya intensa mala leche está forrada del dinero del Atlántico Sur, habida cuenta de que los mismos británicos se cagaron en lo que podían haber opinado los siete millones de habitantes de Hong Kong acerca de ser entregados al comunismo chino.

Y francamente me tiene sin cuidado si se sienten amenazados o no por la Argentina, más teniendo perfectamente en claro que escucharíamos sus chillidos de victimización y presunto temor aún si todo el arsenal con que contaran las FF.AA. se redujera a garrotes con clavos, gomones, y parapentes.

Insisto: a mí me interesa lo que le pase a la Argentina y a los argentinos. Y en el aspecto militar, me jode sobremanera que una potencia extranjera que nada tiene que hacer en este barrio se crea con derecho a montar una bruta base militar frente a las costas argentinas y a desplegar fuerzas que ellos saben muy bien (y lo dicen) que están muy por encima de cualquier defensa que pueda erigir la Argentina.

No las quiero ahí. No me gusta que haya aviones de combate que puedan sobrevolar a la Argentina como pancho por su casa, que haya submarinos que se paseen por las costas con impunidad. Y si están ahí, entonces quiero que mi país esté en condiciones de defenderse, les cause o no escozor y miedito a los criadores de ovejas de esos pedazos de tierra en el culo del mundo.

No crean que por todo lo anterior estoy de acuerdo con la farsa montada por la kakidad en torno a Malvinas. Si de mí dependiera, dejaría que toda la política oficial al respecto pasara por un representante especial, un diplomático de carrera de Cancillería con veinte o treinta años de experiencia en la cuestión, capaz de centralizar toda la interacción con los británicos. Le bajaría el perfil público a la cuestión, aunque me alcanzaría con impedir que funcionarios ignorantes abran la boca y terminen empiojando las cosas, con tal de llegar a avances concretos.

En fin, quería compartir estas ideas (bah, emociones) al respecto, habida cuenta de la fecha que se acerca. Quizás el lenguaje pudo haber sido más académico, pero estuve acumulando mucho en estos últimos meses sobre el tema.

Piensen lo que quieran sobre el conflicto, pero en lo que a mí respecta les pido que no caigan en la forrada de tomar por víctimas o meter en la bolsa de llanto tanguero a los veteranos y a los caídos. Hicieron lo que su deber les imponía y a muchos se les fue la vida bajo bandera.

Merecen más, mucho más que la condescendencia con que hoy en día muchos quieren reemplazar la ignorancia de décadas. Aunque más no sea por lo que vivieron y lo que sacrificaron.

Paz en sus tumbas y honor a sus memorias.

Hasta la próxima.
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