sábado, 26 de febrero de 2011

Ideas de fondo

Creo que hace un tiempo hice un par de posts en donde me basé en la frase de Ortega y Gasset que dice que "una nación es un proyecto sugestivo de vida en común", y en estos días me sentí tentado a volver a esa idea.

En mi humilde y absolutamente intrascendente opinión, más que una selección de fútbol, más que una bandera, más que un himno nacional o que los próceres, una nación es un conjunto de principios fundamentales y compartidos por sus miembros acerca de la mejor manera de organizarse para la vida comunitaria y para garantizar la paz y el orden.

Una persona no tiene que sentirse orgullosa de su país por los campeonatos que sus equipos ganen, por los récords mundiales que pueda llegar a tener o por ese otro millón de cosas a las que parece limitarse la noción de argentinidad, sino porque en lo más profundo de su ser esa persona está convencida de que en su país puede hacer la mejor vida posible para sí mismo y para los suyos.

Y así vuelvo a ese punto que creo haber mencionado en esos otros posts: ¿qué idea de vida en común tenemos en la base de lo que significa ser argentino?

Las respuestas que pueden intentarse con sólo abrir el diario o ver los noticieros no son precisamente halagüeñas.

Tenemos una sociedad en la que la idea fundamental consiste en que es preferible pasar por hijo de puta antes que por boludo, y que la definición de "boludo" es no cagarse en el otro en cuanto se presenta la ocasión o cualquier otra clase de comportamiento que se ajuste a las reglas. Una sociedad en donde todo el mundo reclama en público que el Estado se haga cargo de mantenernos mientras que en privado no deja de putear al Estado por su rotunda incompetencia. Una sociedad que prefiere explicarlo todo mediante fantasías paranoicas y delirios de persecución antes que examinar sus propias responsabilidades. Una sociedad que dignifica y convierte en meritoria la humillante actitud de extender la mano para mendigar.

¿Tiene vida una sociedad así? La tiene, somos prueba viviente de ello, aunque pienso que en un nivel inconsciente todos los argentinos ven al país como un Titanic que está siempre a cinco minutos de hundirse, y que en vez de pensar en cómo salvar el barco prefieren manotear todo lo que puedan meter en los botes salvavidas.

La estructura mental de este país, la base ética y moral sobre la que está construído, está totalmente podrida, quizás más allá de cualquier recuperación que no involucre el trauma de estrellarse a gran velocidad contra las consecuencias de sus acciones.

Quién sabe, tal vez haya solución. En este sábado pesimista de fines de febrero, a días de escuchar a la jefa de mi Estado celebrar como un logro nacional un contrato de televisación deportiva, me cuesta creer que la haya.

sábado, 19 de febrero de 2011

Batería de cosas

Dudas que tengo

Tanta insistencia con las colectoras en la provincia, corriendo el riesgo de alienar a los capomafias del Conurbano en favor de la candidatura condenada del gordito metrosexual de Sabbatella; tanto frenesí por controlar los números de la inflación y fajar a los que no repitan el verso del INDEK; tanto bife que se le viene pegando a los que asoman la cabeza en la contienda, llámense Macri o Mongo Aurelio; tanta necesidad de armar una farsa imbécil con los norteamericanos... todo esto me lleva a hacer una pregunta.

¿Acaso no les están dando los números para ganar en primera vuelta, como andan diciendo?

No sé, la dejo picando ahí.

Al fin que ni quería

Parece que Reutemann dijo una vez más que no piensa presentarse como candidato a nada, que no insistan más, que no quiere ser ni presidente ni vice ni ninguna otra cosa.

Digo yo, ¿tiene sentido seguir deshojando la margarita por un pusilánime como el Lole, campeón de salir segundo toda la vida? El tipo tenía la presidencia servida en el 2003 y se bajó por vaya a saber uno qué mariconeada que tuvo, dejándole en consecuencia el camino libre al nunca suficientemente maldito Virolo.

Capaz da para decir que hay que llevar al Lole a la presidencia precisamente por ser un tipo que parece no querer el poder, pero esa clase de razonamientos funcionan bien sólo en las historietas.

Si tantos problemas tiene el Lole, que se vuelva con Mimicha al campo y que se deje de joder.

Comunicación oficial

El cable de Télam... simplemente el cable de Télam. Y el EterNéstor que pusieron de adorno. Y el planisferio invertido. Y el cartel de "Agencia de Noticias del Pueblo Argentino". Y el candombe kakal en las transmisiones de Fóbal Para Todos...

Yo digo, y estoy diciendo demasiadas cosas en un solo post, ¿se volvieron completamente locos, perdieron cualquier rastro de mesura y vergüenza o simplemente están tratando de comprobar qué tan pelotudos somos y cuánta mierda podemos tragar sin quejarnos?

Creo que son las tres cosas al mismo tiempo.

De todas maneras, es de esperarse dada la calidad aberrante de la prensa oficialista. Igual acá les dejo una propuesta: podemos ahorrar todo lo que se gasta en Canal Siete, Radio Nacional, CN23, Encuentro, El Argentino, Tiempo Argentino, Página/12 y los demás medios difusores del Relato Patrio y empapelar el país con carteles que digan "Puto y gorila el opositor que lee".

Realpolitik

Ahora que armamos una crisis internacional en torno a un botiquín con morfina, unos GPS y unos walkie-talkies, me pregunto cuál va a ser la próxima gesta de soberanía en la que nos va a embarcar el gobierno de la Viudita.

Mi humilde propuesta es que rompamos relaciones con Brasil la próxima vez que Pelé hable algo sobre la Selección o sobre el Diego. Más causa nacional y popular que esa no van a encontrar.

Sin mencionar que estaría perfectamente a tono con el enfoque "milanga y fóbal" de nuestra política exterior, en particular desde que Twitterman llegó a la Cancillería a sobreactuar su obsecuencia.

sábado, 12 de febrero de 2011

Palabras prestadas pero apropiadas

Les dejo a continuación un artículo que escribió Enrique Szewach y que me parece que no podría explicar mejor lo que provoca vivir bajo la arbitrariedad kirchnerista. Quizás su tono sea un poco exagerado y el propio Szewach lo reconoce así, pero no le quita peso a sus palabras.

Ah, llega a ustedes por cortesía de El Opinador Compulsivo, hogar de las Opiladies.

Abuelos

Antes que me recuerden aquéllos versos de “ahora vienen por mí”, aclaro que ya en otras ocasiones escribí y protesté por el tema que domina esta nota y que no han venido por mí, todavía, aunque si por algunos amigos y colegas.

Antes que me acusen de exagerar los argumentos que aquí presento, confieso que SOY exagerado.

Hechas estas aclaraciones, lo sucedido estos días, en torno al cuestionario intimidatorio que la Secretaría de Comercio les hizo llegar a las consultoras privadas, que elaboran índices de precios al consumidor para compensar la ausencia de un índice oficial creíble, y las continuas arbitrariedades del gobierno, en materia de mercados, comercio, importaciones y exportaciones, etc., me volvieron a ratificar lo irrespirable que se ha puesto el aire en la Argentina.

Los métodos nazis que ha impuesto el populismo corporativo y regresivo (disfrazado de progresismo) que prevalece y la pasividad e impotencia con que la sociedad los ha aceptado, y hasta, en algunos casos respaldado, me asustan, me entristecen, y atacan mi optimismo incondicional, sobre el futuro posible para la Argentina.

En la práctica, bajo los formalismos de una democracia republicana, nuestro país está dominado por un Estado arbitrario e ilegal. Que se toma atribuciones que no le competen. En dónde funcionarios de cualquier rango, dan órdenes telefónicas a ciudadanos, empresas, organizaciones, sin el respaldo del derecho, ni de ley alguna, sólo con la amenaza de utilizar sus propias fuerzas de choque, que toman la forma de sindicalistas descontrolados, inspecciones impositivas o laborales, difamación a través del periodismo del régimen, o jueces adictos.

Es cierto que existe la posibilidad de “defenderse” formalmente, recurriendo a lo que han dejado de la justicia y a lo que queda del periodismo independiente. Pero no es menos cierto que, en el ínterin, por la demora propia de esos mecanismos formales en los que se amparan, se pierde tiempo, dinero, recursos y, sobre todo, se desgastan las voluntades.

Como me dijo un amigo los otros días, a raíz del cuestionario que había recibido, respecto de su estimación propia del índice de precios al consumidor: “¿Cómo no le vas a contestar una nota a Stalin? Hasta que la justicia nos de la razón, nos van a hacer quebrar”.

Es cierto que no derriban la puerta a medianoche, para sacarte de la cama; ni te suben a un avión para tirarte desde el aire al río. Es cierto que no te destierran al Gulag, ni te condenan a trabajos forzados. Pero ¿Cómo puede progresar, en serio, un país, en el que cualquier personaje con poder, puede decidir, en un instante, la vida o la muerte de un negocio, de una empresa, de una iniciativa? ¿Cómo se puede hundir capital y lograr rentabilidades razonables, en el marco de políticas que se modifican de la noche a la mañana, por un capricho, una insensatez, o un acto de corrupción?

¿Cómo puede una sociedad que se dice progresista y democrática, soportar las mentiras, las burlas, las excentricidades, de algunos de sus gobernantes, sin, siquiera, el castigo de la protesta, o del voto?

¿Tan fácil resulta comprar voluntades, con un poco de fiesta consumista, subsidios y regalos para los amigos?

Parece que sí.

Mis abuelos paternos, murieron en las cámaras de gas de Auschwitz. Mucho antes de ese momento, una sociedad culta y exquisita, se había dejado convencer, dominar, controlar, o formó parte, de una secta irracional.

Mucho antes, un Estado arbitrario convirtió a sus ciudadanos en víctimas, victimarios o cómplices. Dónde y cuándo se pudo o se debió parar semejante orgía de insensatez, destrucción y muerte, es una pregunta, aún hoy, con muchas respuestas o con ninguna.

A usted, insisto, le puedo parecer exagerado, quizás porque no tiene estos antecedentes “genéticos”, o porque no le asigna a estos hechos, la misma importancia que yo, y lo entiendo.

Pero, en mi caso, cada vez que en la Argentina se cometen, se aceptan, se toleran arbitrariedades que nos dejan tan lejos del resto del mundo.

Cada vez que algún funcionario, algún periodista corrupto del régimen, o algún dirigente gremial o empresario, convalida estas atrocidades “menores”, o mira para otro lado, o hasta las justifica con sofismas absurdos.

Cada vez que yo mismo no hago nada, acepto y me digo a mí mismo, “no es para tanto”, “es una tontería más sin consecuencias”, “ya pasará”.

Cada vez que esto sucede, siento que mis abuelos paternos vuelven a entrar en esa cámara de gas, a la que los llevaban a “ducharse”. Siento que mueren de nuevo. Que los mato.

sábado, 5 de febrero de 2011

Merecer algo mejor

"It's what you said at the ceremony before the attack, when Galactica was being decommissioned. You gave a speech, it sounded like it wasn't the one you prepared. You said that humanity was a flawed creation, and that people still kill one another for petty jealousy and greed. You said that humanity never asked itself why it deserved to survive. Maybe you don't."

Ya sé que en otra oportunidad cité ese pasaje de la remake de Battlestar Galactica, pero nunca viene de más volver sobre la siguiente cuestión.

En la base de la gran angustia existencial de los argentinos está la idea de que lo que nos pasa como país y como sociedad es algo que nosotros no tenemos por qué soportar, que es algo que nos es impuesto... que no merecemos.

Pues bien, he ahí una buena pregunta: ¿por qué no habríamos de merecer lo que nos pasa? Ciertamente no estamos haciendo méritos para merecer algo mejor. El bolas tristes de Fito Páez diría que es una cuestión de actitud o algo por el estilo.

¿Que soy muy duro? El hecho de que todavía sea considerada como una potencial ganadora electoral la cabeza de un gobierno en el que hay inflación descontrolada (y negada en la cara del país), inseguridad minimizada, corrupción desbocada, miseria maquillada, incompetencia supina en todos los niveles del Estado, intolerancia alentada desde las primeras líneas del gobierno, arbitrariedades varias, entre otras cosas, me da a entender que la sociedad argentina o está cómoda con este estado de cosas, o no tiene ganas, energía o interés en empezar a resolverlas.

Total, siempre se le va a poder echar la culpa a la conspiración antiargentina, a la oligarquía vacuna y sojera, a los ingleses por el Mundial '86 o a los presidentes de EE.UU. que desde Washington en adelante trasnochan y madrugan para cagarle la vida a la Argentina. Siempre es mejor lloriquear en la mugre y la miseria de ser víctimas permanentes que realmente asumir el esfuerzo de merecer algo mejor.

Qué se yo, capaz hay que ser más selectivos a la hora de votar, más impiadosos con los criminales que ejercen o ejercieron cargos, menos tolerantes del desparpajo, más ordenados... vaya uno a saber qué hace falta para merecer algo mejor que lo que estamos teniendo.

No sé, capaz que estoy demasiado pesimista, quizás por una sobredosis de documentales apocalípticos en la bosta de History Channel, pero cuando veo una sociedad que no tiene drama en acostumbrarse a una realidad nefasta y quejarse de ella a la vez, y que no concibe otra solución a sus problemas que no sea patearlos para adelante a ver si la culpa le cae a otros, termino pensando que el país que nos toca es exactamente el que merecemos por nuestros esfuerzos y disposición, y en el que más cómodos nos sentimos.

Necesito una cerveza, caracho.

sábado, 29 de enero de 2011

Las Veinte Verdades del Kirchnerismo

El otro día alguien empezó a subir en Twitter propuestas para las "Veinte Verdades" del kirchnerismo, en obvia parodia a la misma cantidad de frases vacías que supuestamente guían el accionar del peronismo. A continuación les dejo varias de ellas, combinadas con otras de humilde cosecha propia, en un intento de sistematizar los principios orientadores del kakismo.
  • 1. La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que quiere y defiende un solo interés: su patrimonio.
  • 2. El Kirchnerismo es esencialmente clientelar. Todo miembro del aparato que no acarrea clientes es un lector de Clarín.
  • 3. El Kirchnerista trabaja para el Patrimonio. El que en su nombre se queda con un vuelto sin pasar para arriba, acaba escrachado en 6-7-8.
  • 4. No existe para el Kirchnerismo más que una sola clase de hombres: los chupamedias.
  • 5. En la Nueva Argentina el subsidio es un derecho que crea el caudal electoral y es un deber, porque es justo que cada uno vive a Kristina si quiere seguir cobrando el Plan Rascar.
  • 6. Para un Kirchnerista de bien, no puede haber nada mejor que un Testaferro.
  • 7. Ningún Kirchnerista debe sentirse mas de lo que es, ni menos de lo que debe ser: una fuente de ingresos para Ella y Él (que camina entre nosotros). Cuando un Kirchnerista comienza a sentirse mas de lo que es, pierde la comisión.
  • 8. En la acción política, la escala de valores de todo Kirchnerista es la siguiente: 1º la guita; después, la guita; y luego, la guita.
  • 9. La política no es para nosotros un fin sino sólo el medio para el bien de nuestro patrimonio, que es la felicidad de Máximo y Florkey.
  • 10. Los dos brazos del Kirchnerismo son la inflación y la caja. Con ellos damos al Pueblo un abrazo de pobreza y hambre.
  • 11. El Kirchnerismo anhela la fragmentación Nacional y la lucha. Desea mártires para pagarle comisiones a mamá Hebe y Estelita.
  • 12. En la Nueva Argentina los únicos privilegiados son los funcionarios y los que le pagan peaje a De Vido.
  • 13. Un Gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma. Por eso el Kirchnerismo tiene un modelo: Página en construcción.
  • 14. El Kirchnerismo es un malabarismo entre el robo y la mentira: toma la improvisación como estrategia y la charlatanería como fundamento.
  • 15. Si hay miseria, que no se note.
  • 16. Si querés hacer algo, hablá con Julito que te va a decir cuánto tenés que poner.
  • 17. La única verdad es el relato del poder, la realidad que refleja la prensa solo sirve para complicar la rapiña.
  • 18. Queremos una Argentina socialmente progre, económicamente nuestra, y políticamente bananera.
  • 19. Constituimos un feudo centralizado, una rapiña organizada y un pueblo ordeñado.
  • 20. En esta tierra lo mejor que tenemos son los hoteles.

sábado, 22 de enero de 2011

Un favor desaprovechado

Sin ánimo de entrar en crueldades, creo que lo mejor que le pudo pasar a la oposición es que muriera Néstor Kirchner en el momento en que lo hizo. Quizás no sea lo mejor para la oposición en sí misma, o para algunos de los capangas opositores de manera individual, pero sí lo es para la oposición en tanto que parte de la Argentina.

¿A qué voy con esto? ¿Por qué sostengo que fue algo bueno si lo único que hizo la muerte de Kirchner fue dejar a la oposición dispersa, desorientada y perdida en una nube de pedos más espesa que la habitual?

Porque la oposición que existía antes de la muerte de Néstor era una que sólo se concebía a sí misma como "anti-Néstor", no como un proyecto alternativo de gobierno. Dirigentes como Julio Cobos crecían únicamente por el "efecto Gandhi" de recibir los bifes cotidianos del difunto kapanga y tenían identidad y entidad política sólo a partir de posicionarse contra Néstor, y en momentos en que a Néstor le iba mal (como le iba al momento de estirar la pata), mejoraba la situación de estos opositores.

Bueno, todo eso se terminó el día del censo. Ya no sirve de nada definirse respecto de un tipo que ahora se dedica a empujar margaritas para arriba.

Tanto mejor para todos que sea así, porque de todas maneras iba a pasar si Kirchner seguía vivo y perdía (como parecía que lo iba a hacer) las presidenciales de octubre. La gran diferencia, y la gran desventaja para todos nosotros, es que esta confusión y dispersión en la niebla de la flatulencia que viven los opositores hoy en día les iba a llegar estando a cargo del Gobierno. Igualito a lo que le pasó a la Alianza, creada únicamente para reventar a Menem y que perdió cualquier clase de cohesión una vez liquidado el cotur.

Ahora los muchachos van a tener que calentarse por armar algo coherente, cosa que se les hace difícil. Pero qué se le va a hacer, es lo que tienen que hacer si quieren ganar las elecciones. Y viendo que en estos días parecen tener problemas en enfrentarse a un gobierno corrupto e incompetente que sufre una escalada inflacionaria, una ola de delincuencia y escaseces surgidas de sus propias políticas, no lo están haciendo muy bien.

En última instancia, todo es una experiencia para la sociedad argentina. Si la oposición sólo propone kirchnerismo bajas calorías, perderá contra el producto original. Si la oposición no se cansa de demostrar que no puede manejar ni un karting, no le van a dar ni siquiera eso para que manejen. Y si nosotros tenemos que soportar otros cuatro años a cargo de la viuda bipolar para asimilar de una vez las consecuencias nefastas del populismo, la demagogia y la incompetencia, tendremos que soportarlos y aprender, porque no parece que tengamos interés en merecer algo mejor.

(OK, créanme que cuando pensaba este artículo, sonaba mucho más coherente en mi cabezade lo que terminó siendo en el bloc de notas... mil disculpas les pido.)

sábado, 15 de enero de 2011

¿Y si votamos menos seguido?

Viendo la especulación precoz que hay en todos lados respecto de los candidatos a las presidenciales de octubre, se me ocurrió pensar que uno de los grandes obstáculos que tenemos en Argentolandia para llegar a políticas de Estado, a la continuidad de la obra de gobierno y a un pensamiento sostenido a largo plazo es que tenemos demasiadas elecciones.

¿No me creen? Con las presidenciales cada cuatro años y las de mitad de mandato también cada cuatro pero intercaladas con las otras, cada año impar es un año electoral en este país. Tratar de mechar las elecciones provinciales y porteñas en un esquema coherente es invitar al surmenage. La Argentina que no tiene el lujo de desperdiciar nada se da el gusto de malgastar por lo menos uno de cada dos años en paralizarlo todo porque los señoritos políticos se fascinan con las elecciones y en huevadas asociadas tales como las primarias, los adelantamientos, los desdoblamientos y demás payasadas.

¿De qué sirve gastarse en pensar cosas de largo plazo que no van a dar resultado hasta dentro de tres o cuatro años si se nos vienen las elecciones se nos vienen? Más vale gastar los mangos que hay en arreglo de veredas, repartija de bicicletas, subsidios a la cría de ladillas o cualquier otra cosa que se pueda hacer rápido, barato y que pueda aparecer en los spots de campaña de las próximas elecciones.

Muchos citan a Uruguay o a Chile como ejemplos de países sudamericanos que lograron consensos y políticas de Estado a largo plazo. Bueno, Uruguay elige a su Presidente y Vice, a todo su Senado y a toda su Cámara de Representantes una vez cada cinco años. Las elecciones departamentales y municipales uruguayas se celebran seis meses después de las nacionales, pero también son cada cinco años. En el caso de Chile, tanto la Presidencia como la totalidad del Senado y de la Cámara de Diputados se eligen una vez cada cuatro años. En ninguno de estos países existen las elecciones de mitad de mandato tal como las conocemos acá.

No digo que a ellos les vaya fantástico porque desempolven las urnas una sola vez cada cuatro o cinco pirulos y a nosotros nos va mal porque vamos al cuarto oscuro año por medio, pero sí me parece que es un incentivo para que los políticos en ejercicio del cargo tengan logros más sólidos para mostrarle a la ciudadanía a la hora de los bifes, y para que los opositores piensen en algo un poquito más a largo plazo que en quedarse con las sillas.

Personalmente soy de la idea de que habría que reacomodar el sistema electoral para reducir el número y frecuencia de los comicios. Puede hacerse yendo a un modelo chileno o uruguayo de renovación ejecutiva y legislativa única y completa cada cuatro o cinco años, con segundas vueltas para todos los cargos. O también puede ser alargando el mandato presidencial a seis años (sin reelección, claro está) y elecciones legislativas cada tres años en donde se renueve medio Senado y toda la Cámara de Diputados, con lo que pasaríamos a tener elecciones cada tres años en vez de cada dos, que sería un mínimo progreso.

Puede argumentarse que se limita la posibilidad de expresar la voluntad popular disminuyendo la cantidad de elecciones, a lo que puede replicarse que existen otros instrumentos para manifestar el descontento con la clase política. En esto soy partidario de la revocación del mandato ejecutivo o legislativo, con limitaciones tales como que se pueda hacer sólo una o dos veces mientras dure el mandato del afectado, como así del sistema parlamentario para que las crisis políticas se resuelvan dándole al Legislativo la posibilidad de formar un nuevo gabinete. Todo esto sólo es cosa de pensar un poquito.

Quién sabe, tal vez con menos elecciones en el horizonte y con más tiempo entre voto y voto, los calientasillas de la Rosada y del Palacio del Congreso finalmente van a ganarse el sueldo que se les paga tan generosamente por tan pobres servicios que nos proporcionan.

sábado, 8 de enero de 2011

Los recursos del Estado

Buenas a todos.

Se ve que debe ser uno de esos períodos del año en donde ando con las defensas bajas, o todavía no me recupero de las Fiestas o algo por el estilo, porque el pozo creativo para estos posts no me anda rindiendo mucho. Ya vendrán tiempos mejores, así que no me preocupo.

De momento, los dejo con otro artículo que me tomé la libertad de traducir y adaptar (sacándole referencias demasiado norteamericanas y cambiando el "liberalismo en sentido yanqui" por "progresismo"), del sitio Doctor Zero.

Espero que les resulte interesante y será hasta la próxima.

¿Cuáles son los recursos del Estado?

La idea central detrás de todas las formas de colectivismo es la creencia de que el Estado está más capacitado para abordar la mayoría de los problemas sociales que los individuos con libre albedrío. El gobierno es moral e intelectualmente superior a sus ciudadanos. Se puede confiar en que actuará en el mejor interés de los ciudadanos, mientras que las codiciosas corporaciones privadas sólo tratarán de aprovecharse de ellos.

¿Qué recursos tiene el Estado para lograr estas nobles metas? Sólo hay uno del que valga la pena hablar. El recurso primordial del Estado es la compulsión.

El gobierno puede ser capaz de ganar algo de dinero mediante tasas por servicios prestados o concesionando propiedades que posee. Resulta ser que la mayoría de los intentos del gobierno de conseguir "ganancias" son fracasos abyectos. Siempre termina usando fuerza compulsiva para subsidiar sus pérdidas, o acomoda el mercado en contra de sus competidores del sector privado. La gran mayoría de sus fondos son recolectados mediante impuestos compulsivos, y su influencia en el mercado es expresada a través de regulaciones y penalidades.

La compulsión es un recurso ejercido exclusivamente por el gobierno. Las entidades privadas no pueden obligar a los consumidores a hacer nada. Ni siquiera Microsoft o Wal-Mart pueden obligarte a hacer negocio con ellos, como les encantaría decir a Apple o Target. Cuando un verdadero monopolio nace, el Estado siempre es la partera, porque la compulsión gubernamental es un ingrediente esencial.

El Estado es la única fuente de compulsión en una sociedad ordenada. Corresponde que el Estado tenga derechos exclusivos para el uso de la fuerza. El propósito de un gobierno es proteger los derechos de sus ciudadanos, y cada aspecto de este legítimo deber, desde la seguridad fronteriza hasta el mantenimiento de la ley, requiere compulsión.

La compulsión es un recurso curioso. Ofrece rendimientos decrecientes. Se ve diluída por el disenso y la resistencia cuando es usada en exceso. A pesar del formidable aparato de mantenimiento de la ley, no se requiere mucha compulsión para aplicar leyes justas contra el robo y el homicidio. La mayoría de los ciudadanos pasan sus vidas enteras sin ser arrestados o investigados por la policía. Se emplea una gran cantidad de fuerza contra los criminales, incluso fuerza letal, pero son sólo un pequeño porcentaje de la población.

Por otro lado, el sistema compulsivo de recaudación impositiva para sostener nuestro gobierno masivo aplica un alto grado de compulsión contra la población. La mayoría de nosotros se encontrará con la oficina de impuestos en algún momento de nuestras vidas.

La resistencia de la población reduce el valor de la compulsión excesiva. Cuando las leyes impositivas fijan tasas altas junto con exenciones diseñadas para controlar el comportamiento de los contribuyentes, éstos alteran su comportamiento para evadir los impuestos más onerosos. Esto significa que las altas tasas nunca traen tantos ingresos como anticipan los políticos, a la vez que provocan consecuencias imprevistas que convierten a la planificación centralizada en una burla.

La simpple lógica nos dice que el Gobierno debe buscar minimizar el disenso y la resistencia para preservar el valor de su único recurso. Los ciudadanos deben obedecer las esclarecidas reglas que fijan sus superiores en la clase dominante, no buscar maneras para evitarlas. Los ricos deben estar contentos de poner su "justa contribución", en lugar de aprovecharse de lagunas legales y tasas especiales, o reestructurar sus negocios para evitar una imposición que castiga. La sabiduría del Estado no debe ser cuestionada en público, porque eso puede provocar más disenso y una pérdida adicional del valor del recurso de la compulsión.

Así es como el progresismo moderno se volvió tan represivo y cerrado. La reverencia por la superioridad mental y moral del Estado significa que un progresista debe también suprimir y denunciar la resistencia a las leyes y pronunciamientos del Estado, o de lo contrario el recurso crucial que se necesita para alcanzar los magníficos objetivos del Estado se marchitará y agotará. Esos objetivos no son sugerencias. Porque el progresismo requiere de una fe completa en la superioridad del Estado, se ha convertido en una devoción casi religiosa por la fuerza compulsiva.

sábado, 1 de enero de 2011

Feliz 2011 para todos

Así que, bueno, empieza otro año más. ¿Qué se puede decir, qué se puede pedir, qué se puede opinar al respecto?

No mucho. Por mi parte, me doy por bien servido si este año 2011 que empieza nos trae a los argentinos un poco más de cordura, un poco más de sensatez y de buen ánimo, y que cuando llegue el 2012 podamos ver un país mejor y más vivible en el que todos nosotros podamos trabajar para mejorarnos y a la par de eso, mejorar al país.

Para la clase política no hago pedidos porque no espero milagros. Es año de elecciones, además.

Para todos ustedes que pasan por acá regularmente, de tanto en tanto o cuando en los fúnebres aparece el fallecimiento de algún obispo, les deseo que este año sea fructífero y próspero, tanto para ustedes como para los suyos, tanto en lo material como en lo espiritual y en lo personal.

Que sigan los éxitos y bienvenidos a este nuevo año.

sábado, 25 de diciembre de 2010

El 2010 y la televisión argentina (original de Osvaldo Bazán)

Para variar un poco la temática, hoy vamos a ver otro lado de la degradación argenta: la tele.

Aunque no sea un tipo de mi particular agrado, tengo que reconocer que el periodista Osvaldo Bazán hizo un trabajo excelente en el artículo cuyo texto completo posteo a continuación y que salió originalmente en Perfil.com. Quien quiera leer, que lea, y si molesta, que moleste, pero que se reconozca que es así y que así estamos.

El lugar común dice que si te preguntan por lo peor del año en televisión hay que decir “Showmatch” y casi cualquier cosa que haga Marcelo Tinelli en cualquier formato. Es como de cajón, es todo tanto y tan obvio, es todo tan poco y tan obvio, que la respuesta automática se encamina claramente hacia el prime time del 13. Pero, ¿es así o es la respuesta por default? ¿Nada hubo peor? Ahí están los ínclitos 678 convirtiendo a la televisión estatal en una barricada con un nivel de fanatismo que ya pasó la política para llegar a la religión y ahora con santo propio discutirles es como discutir la fe. Ante la fe ajena sólo el silencio, así que no, ni los descubrimientos políticos de último momento de Carla Chusnosky que dejó el Kamasutra para leer “La razón de mi vida” en un momento ya tardío de la educación ciudadana son peores que el gran mamarracho mediático del año, el que se supone que es lo peor por historia, por voluntad y por masividad. Porque, que quede claro, ¿qué tan nocivo puede ser 876 si araña tres puntos de rating en televisión de aire? Nada, unas cuántas unidades básicas abiertas una hora y media por día para recordarnos que pertenecer tiene sus privilegios, que si sos de los nuestros es genial y si no sos de los nuestros, en el mejor de los casos sos un confundido, un ignorante o un idiota. No, no, 876 no le jode la vida a nadie a pesar de que les encantaría. ¿Lo peor entonces es lo obvio, “Showmatch”? ¿Por qué sería “Showmatch”, que gasta su dinero obsceno en luces, pantallas intimidatorias y vestuarios coloridos y no los cuarenta paneles de señoronas que discuten vida y obra de los que bailan por el sueño de Tinelli? Toda esa gente que desgañita las mañanas/tardes/noches con nombres de exignotas y futuras ignotas que muestran sus pompis relucientes ante las cámaras ginecológicas. Toda esa gente que sabe ¡de verdad! sobre los intríngulis más ínfimos, las flatulencias más escondidas, los deseos más desbordados de tanta empastillada que juega su vanidad al puntaje del plumaje excedido de un jurado..¡un jurado! ¡a lo que llegó la justicia! Eso, digo, ¿por qué los exégetas serían menos malos que el sujeto de la exégesis? Y la respuesta es clara, los turiferarios nunca serán tan importantes –para bien o para mal- como los obispos que dan el rezo. O sea, si naciste para pito, pito morirás.

Y volvemos a lo obvio, ¿lo peor es “Showmatch”? ¿Y por qué “Showmatch” y no directamente el personaje Fort, que excede el marco de un concurso televisivo y se proclama a sí mismo como artista? No hay obscenidad en la que Fort no haya caído. No hay banalidad que no haya cometido. Una subasta de mujeres cual esclavas siglo XV, con inspección dental incluida. La pavada del dinero, el rolex regalado al patrón por el dueño de una empresa con sus obreros en la calle, en fin. Eso que ese tipo es. Sin embargo, todo lo que ese tipo es, su bobalicona presencia, no existiría de no ser por la cámara amplificadora ad infinitum de “Showmatch”. Fort excede a “Showmatch” pero no existiría sin él. Volvemos a lo obvio, ¿lo peor, en términos televisivos argentina 2010 es el show del culo y la teta descontextualizada?

¿Y por qué “Showmatch” y no su mentor? En principio porque el mentor es un señor con dinero y poder. Y nadie habla de los señores con dinero y poder. Menos aún en el ambiente periodístico, porque ese señor con dinero y poder que nunca desmentirá ser el dueño del diario Crónica –recordar que no hay periodista que se anime a preguntárselo de frente- porque “Marce” es un potencial patrón siempre. Y porque “Marce” no tiene ningún problema en levantar el teléfono y pedir tu cabeza. Como si con la de él no le alcanzara. Es Marce el que pasó todos los límites. Es Marce el que enseñó a matar por 0,1 de rating y ahora cualquier gil se cree que “habla de televisión” porque repite la planilla del rating. Es Marce el ejemplo más claro de la frase que hunde la cultura contemporánea en el peor de los marasmos: “es un genio, no le importa nada”. Frase mentirosa, claro. Cuando de alguien dicen eso siempre pienso: “Seguro que lo único que le importa es la guita”. Y ahí sí, dudo. ¿Es Marce o “Showmatch” lo peor del año en televisión? Se hace difícil diferenciar uno del otro. Aclaración necesaria: Showmatch no es malo por la exhibición generosa de cuerpos y actitudes lascivas. El cuerpo es goce, la lascivia salud. No es el desparpajo el problema. Después de las 10 de la noche somos todos grandes y déjense de joder. Lo intolerable es la degradación, el maltrato, el “sidoso de mierda”, el correveydile prostibulario, la entronización de los costados más miserables, las peleas personales elevadas a cuestiones de estado siempre bajo la mirada de caja registradora de Marce.

Y sin embargo, con tanto que se lo tiene merecido Marce y su Show de la vergüenza ajena, no, no es él el peor del año. El peor del año según este poco modesto escriba es una vez más, por no sé cuántos años consecutivos, el público. Nada de esto sería posible sin millones de moscas con ganas de comer caca. Cuestión que no se dice porque no debe haber algo menos simpático de decir. Es cierto que el público es responsable de lo que ve hasta ahí nomás. La sensibilidad se educa y nadie, ni el estado ni los medios de comunicación, consideran esa posibilidad: la de la educación de la sensibilidad. Te dan mierda, comés mierda, te termina gustando la mierda. También es cierto que las condiciones extratelevisivas no ayudan. Volvés a tu casa después de la pelea callejera y lo que querés es ver cómo se destrozan dos pelotudos. Ahí aparece Marce sonriente y los culos y la galera y el cordobés y los gatos viejos y ya está. En eso se convirtió la televisión.

Es demasiado obvio decir que Marce y Showmatch son lo peor de la televisión argentina. Pero decirlo es decir que lo peor es el público. Y decirlo es obligarse a preguntar las razones del éxito. Y eso, supongo, está afuera de la tele. Aunque desde adentro, Marce ayude. Desde hace años.

Saludos a todos y muy Feliz Navidad.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Después de Soldati

Los eventos de estos últimos días permiten vislumbrar un patrón bastante curioso aunque a primera leída parezca obvio de toda obviedad: a Cristina le va mucho mejor cuando es Cristina que cuando quiere ser como Néstor.

En la crisis de las tomas lo hemos visto con su actitud inicial, bien "nestorista", de cruzarse de brazos y tirarle el fardo a otro (Macri en este caso) para que cargue él solo con el costo del desastre; esta actitud le costó feo ante la opinión pública, sobre todo con el espectáculo patético de un discurso presidencial que hablaba de la Argentina como un Edén de tolerancia mientras en Soldati se mataban vecinos contra okupas.

Pero es algo que también vimos cuando se debatió el Presupuesto y ella jugó a la intransigencia absoluta en la superficie y a las coimas por debajo, lo que a pesar de las teorías conspiranoicas de que todo estuvo hecho para poder manejar los fondos a piacere, dejó instalada (como si no lo hubiera estado antes) la idea de que para el Congreso el kirchnerismo siempre tiene la Banelco.

Por otro lado, las cosas le salieron mucho mejor a Cristina cuando quiso diferenciarse de Néstor, sea con las negociaciones con el FMI, con la defensa a Estados Unidos frente a los payasos del circo bolivariano, con invitar a dirigentes opositores a sus actos (a pesar de aprovechar el protocolo para forrearlos a gusto sin que pudieran responder) o incluso con el gesto de crear un Ministerio de Seguridad, que podrá ser inútil y contraproducente en manos de Nilda Garré pero que representa una admisión de la existencia del problema de la inseguridad como no se había visto en todo el kirchnerato.

El gran problema es que Cristina parece más interesada en actuar como Néstor ante la primera amenaza que actuar como la propia Cristina, o por lo menos, lo que parece percibirse que es la conducta de "Cristina", que bien podría definirse como "cualquier cosa que haría este Gobierno pero que Néstor nunca lo hubiera hecho o permitido en vida".

Otro detallito: se dice que el Gobierno sólo se avino a negociar (y a recular) con la Ciudad después de que varios mandarines provinciales pejotistas (Gioja en San Juan, Insfrán en Formosa, etc.) alertaran sobre las consecuencias que lo de Villa Soldati estaba teniendo en sus distritos. De alguna manera no me lo imagino a Néstor reculando ante las presiones de los gobernadores si eso implicaba pactar con algún "enemigo" de su psicopatología. Podría llegar a pensarse que el balance de poder Nación-Gobernadores está un poquitín más equilibrado en favor de estos últimos, aunque la Rosada continúe haciendo uso y abuso de la Kaja.

También en los cambios en el Gabinete pueden notarse indicios de que Cristina no está en condiciones de hacer lo que se le cante. Es cierto que poner a Nilda Garré al frente de la Federal, de Gendarmería, de Prefectura y de la Aeroportuaria es un triunfo para el ala zurda y para el "verbitskismo" y una castración política para Caníbal Fernández.

Pero Caníbal sigue estando ahí en la Jefatura de Gabinete, y a Nilda no la reemplazó otro seguidor de Verbitsky en Defensa, sino un pollo de Julio De Vido como Arturo Puricelli (aunque le hayan puesto de viceministro a un garretista nato como Alfredo Forti); el ala "derecha" del Gobierno parece haber salvado la ropa bastante bien en la negociación.

En suma, el Gobierno está en manos de una persona que parece estar en condiciones de dar volantazos tardíos y necesarios pero que en los momentos complejos tiende a imitar (mal) el estilo del muerto, a la vez que le toca hacer equilibrio entre la afinidad ideológica de su ala izquierda, la conveniencia política de su ala derecha, la capacidad de presión de los gobernadores, y los espasmos pseudo-revolucionarios de las "organizaciones sociales", en lugar de forzarlos a todos como lo hacía el Eternéstor.

Los primeros escombros de la explosión post-muerte de Néstor empiezan a caer.

Y se va a poner más y más interesante, sobre todo después de la explosión del lumpenaje villero. Este país tiende a autodestruirse más o menos cada diez años... y ya pasaron nueve años desde la última inmolación nacional.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Se terminó el duelo

Después de mucha especulación y sarasa sobre su aparente "cambio" y sobre los giros de estilo y de fondo tras el deceso del taita, ayer Cristina terminó de demostrar que todo sigue siendo exactamente igual, empezando por ella misma.

Ayer volvió la pedantería, volvió la prepotencia, volvió la negación autista de la realidad, volvió la ideologización pelotuda y conveniente a la vez, y volvió el cinismo criminal de desentenderse de todo con la esperanza de que los muertos reales y figurativos le caigan a un rival de turno. Y como si fuera poco, volvió con Hebe de Bonafini sentada a la derecha de la Viudita y con Estela de Carlotto a la izquierda, como edecanas berretas de este país que ama ser de cuarta.

Ayer se prendía fuego un parque de la mismísima Capital y el Gobierno nacional se dedicaba a lo que mejor sabe hacer: twittear pelotudeces y pasar la pelota.

Ya extrañaba a la Cristina de siempre, la verdad que el personaje de la viudita doliente me tenía un poco harto.

Lo más extraño de todo fue la manera casi perfecta en que el acto de ayer sirvió de microcosmos para el país que gobierna la neo-Chabela. Ayer la señora nos hizo escuchar a todos por cadena nacional otro discurso autista en el que afirma todo en la Argentina Nacional y Popular andaría pipí cucú, joya joya nunca taxi, de no ser por una conspiración sobre cuya existencia no arroja más que "pruebas" que insultan la inteligencia (la "coincidencia" de que todo esto pase en el tercer aniversario de la Cristiasunción), con una escenografía fingida y patética (o me van a decir que los nenes espontáneamente se acercaron a darle flores a la Viudita) y las mismas palabras vacías, mientras afuera el descontrol que su gobierno impulsa específicamente para cagarles la vida a los que no le caen bien (y de paso a unos cuantos más que caen en la volada) termina en escenas dignas de Black Hawk Down.

Lo verdaderamente triste son las conclusiones que tenemos que sacar de todo esto. Porque si al bochorno de tener un gobierno que dice que va a mantener el orden sólo cuando le parezca le sumamos lo que pasa en el norte con ese coronel boliviano que se mete a Salta a robar cuando se le da la gana, caemos en la conclusión de que estamos peor que si estuviéramos simplemente desguarnecidos: estamos a merced del capricho de unos cínicos de mierda que dejarían que nos matemos todos entre nosotros si con eso logran currar un día más.

Que la gente de Soldati haya entrado a prenderle fuego al rancherío de los okupas, o que los empresarios salteños anuncien que van a armar a sus empleados para que le den al coronel boliviano las balas que Gendarmería no le está disparando por sus incursiones, no debería sorprendernos ya que no tenemos Estado.

No, no existe el Estado: existe una mafia que hace clientelismo disfrazado de beneficencia y extorsión camuflada de gobierno, y que se cree competente para decidir cómo se tiene que ver el fóbal por televisión y qué porcentaje de "producción nacional" tiene que pasar la tele, pero que se niega a hacer valer el monopolio de la violencia que le concedimos única y exclusivamente para que nos proteja de la ley de la selva.

Eso sí, la solución a todo pasa por crear un nuevo Ministerio de Seguridad a cargo de Nilda Garré. No les envidio a los muchachos de la Policía Federal, de Gendarmería y de Prefectura lo que les espera, pero tampoco me dá lástima; ahí tienen la recompensa por siete años de servilismo y chupada de medias a los K por intermedio de Aníbal Fernández. De todas maneras no creo que Nilda la tenga tan fácil como lo hizo durante su paso por el Ministerio de Defensa, ya que en frente no va a tener a acomodaticios y cobardes como los jefes de Estado Mayor de las FF.AA.

Por cierto, asusta la bajísima prioridad que tiene la defensa nacional para esta gente, si se dan el lujo de descabezar el Ministerio y no anunciar quién va a calentar el sillón de Cabernet.

Lo dejo acá como una preguntita final: si el Estado no nos cuida de agresiones externas y se niega a mantener el orden, no tiene sentido preservarlo. Pierde su razón de ser. Todo lo demás, toda la caridad y la acción social, no es más que la beneficencia del mafioso, la pantalla de una barra brava disfrazada de Cáritas.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Balanceando a Nilda

Hace bastante que no trato acá en La Bestia temas vinculados con la defensa nacional y con las FF.AA., y dado que estoy demasiado saturado del mediocre chiquitaje de la política vernácula, voy a desviarme hoy para volver sobre estos temas.

Vamos por partes. Algunas de las cosas que plantea el Ministerio de Defensa, tomadas en sí mismas y haciendo abstracción de todos los otros problemas sobre los que pienso hablar acá, son válidas. Créanme, hasta a mí me parece increíble escribir esto, y eso que antes los aturdía a todos ustedes con mis puteadas en "El Rinconcito de Nilda" de este blog.

Hace falta el planeamiento conjunto. Hace falta que exista una única instancia de decisión de la política militar. Hace falta revisar la doctrina y el armado jurídico de las FF.AA. para adaptarlos a lo que vivimos hoy en día. Hace falta que cada Fuerza Armada deje de gobernarse a sí misma y de gastar como le parezca (lo que equivale a malgastar) la magra porción del magro presupuesto militar que le toca. Hace falta que la inversión en defensa responda a un ciclo ordenado de planificación y decisión para asegurar que cada peso de lo poco que se asigna termine gastándose de la mejor manera posible.

Hasta ahí, vamos bien, y nobleza obliga, son cosas que no se habían encarado antes.

El tema es que hay una realidad que no se puede ignorar, un "elefante en la sala" que el Ministerio de Defensa ha elegido minimizar, sea por taras ideológicas de sus muy ideologizados referentes, sea por debilidad de Garré a la hora de reclamar tajadas de la torta presupuestaria, que es la situación material de las FF.AA. Poniéndolo en términos simples, casi todos los sistemas de armas existentes tienen entre 25 y 40 años de antigüedad, y por lo tanto o están cayéndose a pedazos y funcionando a base de parches y oraciones, o están tan desactualizados que dudosamente puedan cumplir con su propósito.

A esto el Ministerio reacciona haciendo de cuenta que no pasa nada, o aplicando medidas tan mínimas que parecen placebos: un petit contrato a la reestatizada Fábrica Militar de Aviones para media docena de aparatos por aquí, otro contratito para que INVAP fabrique un puñado de radares por acá, más prototipos de CITEDEF (ex CITEFA) y de la devidizada Fabricaciones Militares que nunca van a llegar a ser producidos en serie, anuncios de contratos y de proyectos que tienen más vueltas que un turista perdido en Parque Chas, compritas minúsculas de armas a Rusia y China que las FF.AA. no saben dónde meterse por cuestiones de logística y repuestos, y algún desvarío como el tema del submarino nuclear (primero quisiera que salgan del ex-Domecq García los submarinos que están: a) en obras desde hace años, b) abandonados a mitad de sus arreglos y c) inconclusos al 70%).

Mientras tanto el poco presupuesto que hay termina inevitablemente "reasignado" por obra y gracia de Aníbal, a la vez que se dan de baja equipos sin que se los reemplace al estilo de "ramal que para, ramal que cierra", al Irízar lo arreglan con la premura de un relojero suizo, a la fragata Libertad se le cagan los motores recién arreglados a mitad de la navegación y se llegan a paparruchadas como ejercicios de combate realizados con marcadoras de paintball. No mencionemos boludeces y picardías como ejercicios internacionales a los que no se puede concurrir porque Defensa se olvidó de mandar el pedido de autorización al Congreso y porque el Congreso se rascaba el pupo (ese sayo le cabe a unos cuantos), o la carne podrida en las bases antárticas.

Y después están las muertes. Demasiados muertos en demasiados accidentes aéreos en demasiados aviones que no tendrían que volar más.

En el período del 2001 al 2005 se podía entender la cuestión de que no había dinero para la defensa, pero en un país que se fuma casi mil millones en contratos de televisación para el fóbal y nosecuántos millones más en material ferroviario que está para el tacho de basura, por no hablar de las fangotadas que desaparecen en Planificación Federal y tantos otros pozos negros, la excusa se cae.

Y es una pena que algunas buenas iniciativas que han sido puestas en marcha en estos años queden desmerecidas por una situación material espantosa a la que se la ha querido paliar con curitas, un verdadero incendio al que combaten con dedales de agua sólo por negación mental o broncas de un pasado de viejos del que nadie tiene por qué estar orgulloso.

Nada lo sintetiza más que un episodio que presencié, en el que un dizque gurú ladrón de gallinas del Ministerio de Defensa (hoy caído en desgracia) cantaba loas a una audiencia cívico-militar acerca de por qué la Argentina estaba haciendo mejor las cosas en materia militar que, por ejemplo, Chile. El argumento del cleptómano avícola era que los chilenos compraban sin ton ni son mientras que acá estábamos desarrollando una doctrina sólida y efectiva y qué se yo que otra cosa.

Finalizada su exposición, al muy cretino se le animó un teniente coronel del Ejército que le dijo "Y si alguien se nos viene al humo así como estamos, ¿qué hacemos, les tiramos con la doctrina?". El chantapufi intentó mentir algo pero le salió muy mal. Igual que a Nilda, cuyos discursos al frente del Mindef son idénticos y dicen las mismas cosas: reformas, reescrituras de leyes y códigos, congresos, cursos, más cursos, e inauguraciones de jardines maternales.

Así nos va. Igual, a esta altura, prefiero que se quede ella. Siete años de kirchnerismo me han enseñado que cuando se saca a un ministro, es para poner a alguien peor.

Por cierto, justo hoy sale en La Nación una entrevista que le hicieron a la presidenta de Costa Rica a partir del problemita que están teniendo con sus vecinos nicaragüenses, que al parecer hicieron una incursión armada en territorio costarricense y todavía andan ahí muy orondos, sin darle bola a las quejas diplomáticas de Costa Rica o a las "gestiones" de la ONU y la OEA. Poco más puede hacer Costa Rica, ya que no tiene Fuerzas Armadas y ha hecho de la desmilitarización un fetiche de su identidad nacional.

Para muchos pajaritos de esta Argentina berreta a la que se le animan hasta coroneles bolivianos con ínfulas de Pancho Villa, lo de Costa Rica debería ser algo para tener en cuenta acerca de los riesgos que implica jugar a ser una aldea de elfos pacifistas en el mundo real.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Estado de embole

El sábado pasado escribí un post pedorrísimo aún para los estándares que fervientemente mantengo desde hace cuatro años y medio acá en La Bestia, y si bien no es la primera vez que me encuentro tan seco de ideas que recurro a estos artilugios, creo que al menos tengo que explicar un poco el por qué de mi sequía.

Qué quieren que les diga, se trata de una cuestión de desgano. No hablo de un desgano procedente de la simple pachorra, de esos que nos hacen posponer horas, días o semanas lo que tenemos que hacer, sino otra clase de desgano anímico.

No pretendo que las sartas de cosas que escribo y subo los sábados vayan a cambiar el destino de este país y si llegara a tener por un segundo esa idea, ya estaría pidiendo un cuarto de paredes acolchadas en el Borda, pero la verdad es que nada te quita las esperanzas como ver cómo las cosas van de mal en peor, tanto en perversión como en banalidad, sin que a los perpetradores se les mueva un pelo de vergüenza y a los espectadores un pelo de indignación.

Y es siempre la misma historia; hay un atropello o un delito evidente, o una muestra de lo degradado que está este país, a nadie se le mueve un pelo salvo a algunos críticos que ya parece que lo hacen por fuerza de hábito, el resto del mundo sigue viendo Tinelli y así se queda todo hasta el siguiente. Los políticos siguen siendo iguales: delincuentes, incompetentes, caraduras y pijoteros, y lo demuestran cada día más, y todo sigue exactamente igual. A veces hago el esfuerzo de releer posts míos de hace dos o tres años y me encuentro leyendo cosas que escribí con la misma indignación y bronca de siempre sobre eventos que ya olvidé por completo.

Qué quieren que les diga, a veces aburre. A mí, ahora, me está aburriendo. Y no hay nada más desesperante que querer escribir algo cuando no se tiene la menor idea del tema. No es que piense dejar de escribir, al contrario, al menos es lo menos que uno puede hacer para mantener la cordura en un país que parece haber decidido colectivamente perder todo sentido de la razón.

Bueno, era eso nomás, pensé que merecían una explicación después de mi post inenarrablemente pelotudo del sábado. Espero que la próxima me encuentre un poco más despierto.

Saludos.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Boludeces


¿Un mensaje de ultratumba, tal vez?



Ya sé, no es nada original y ni siquiera son cosas nuevas, pero no logro dar pie con bola hoy y la cabeza no me está andando bien, debe ser por el calor... en cuanto pueda escribir algo coherente, lo subo, pero hoy no va a ser ese día.


miércoles, 24 de noviembre de 2010

Reflexiones "depre"

Esto viene un poco demorado, ya que hubiera sido más apropiado postearlo después de los múltiples bochornos de las semanas pasadas en la Cámara de Diputados, de los que excluyo el soplamocos de Camaño a Kunkel; nunca en la historia argentina hubo un sopapo tan largamente demorado y tan apropiadamente aplicado a alguien tan merecedor del mismo.

A partir de comprobar cómo la oposición, que ya tenía serios problemas para encontrar su culo con un GPS y los mapas ruteros del ACA, parece desmoronarse tras la defunción de Nefástor, empiezo a pensar que eso fue lo mejor que nos podía pasar.

Si todo lo que tenía la oposición para mantenerse medianamente firme era el recelo hacia una persona y si lo único que hacía falta para que se viniera todo el armado abajo era la muerte de esa persona, tanto mejor para todos es que haya pasado cuando todavía falta cosa de un año para las elecciones. Imaginen lo que podría haber pasado si así como estaban antes del 27 de octubre llegaban al gobierno en 2011 (más por errores del oficialismo, porque lo que se dice méritos, la oposición dista de tenerlos) y se quedaban sin el cuco de Néstor gobernando desde las sombras.

Quién dice, hasta es posible que los muchachos de la oposición consigan juntar neuronas y armar algo medianamente coherente, aunque en lo personal me conformo con que dejen de dar lástima.

Quizás sea mi pesimismo cíclico, pero viendo el comportamiento de los pichones de dirigentes políticos que se ponen un traje de presidenciables que les queda muy grande, me viene a la memoria aquella famosa frase de 1897 con la que Lisandro de la Torre expresó su frustración con los opositores al roquismo: "Merecemos a Roca".

Me caben pocas dudas de que, de estar vivo hoy para ver a nuestra oposición, don Lisandro sentenciaría que merecemos a los Kirchner.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Elecciones por jurados

El otro día me crucé con un artículo del satirista político norteamericano P. J. O'Rourke llamado "I Think We Lost the Election" ("Creo que perdimos la elección") en el que postula que quizás le haría bien a la democracia que los candidatos a cargos públicos, o por lo menos los precandidatos en primarias e internas, sean elegidos mediante un sistema de jurados, es decir, sorteados de entre la población general.

La nota en sí, que se las traduzco más o menos fielmente acá abajo, es satírica, claro está, pero tiene algunos puntos que valen la pena; el principal es el riesgo que representa el tener en el poder a gente a la que le gusta el poder, y que quizás lo mejor sería ser gobernados por gente que no tuviera interés alguno en la función pública.

Bueno, acá va, espero que la disfruten.

Creo que perdimos las elecciones el 2 de noviembre. Todas las contiendas fueron ganadas por políticos. Cierto, elegimos a algunos locos enojados. Esos son preferibles antes que los políticos comunes. Su enojo provoca honestidad, y su enfermedad mental impide que la honestidad se vea oscurecida por el encanto. También elegimos algunos políticos amateurs. Sin embargo, la política es como la vivisección: perturbadora como carrera y alarmante como hobby. Y tal vez hemos elegido a algunos políticos reticentes. Pero no lo bastante reticentes.

Habremos ganado una elección cuando todos los escaños en la Cámara y en el Senado y la silla detrás del escritorio en la Oficina Oval y todas las bancas de la Corte Suprema estén ocupados por personas que desearían no estar allí.

En un país libre el gobierno es una responsabilidad aburrida y costosa. Es una reunión entre padres y maestros. El maestro es un imbécil pomposo. Nuestro hijo es una molestia indolente. Sobrellevamos esta obligación social con agotadora reticencia. Y sólo lo hacemos porque el maestro (la autoridad política) merece miradas frías, preguntas difíciles y tal vez un despido, y porque el alumno (esa porción de la sociedad que, desgraciadamente, necesita ser gobernada) merece ser castigada sin televisión, con acceso supervisado a Internet y la mensualidad retenida.

Los funcionarios electos y designados de los Estados Unidos deberían anhelar el volver a sus vidas personales e intereses privados. Deberían sentirse abrumados por sus poderes, irritados por sus responsabilidades, y avergonzados por su prominencia ante el ojo de la sociedad. Cuando dicen que desearían pasar más tiempo con sus familias, deberían querer decirlo en serio.

¿Pero cómo podemos obtener una cofradía de ciudadanos valiosos que se estremezcan de infelicidad por sus honores y dignidades? Dado que la política tiene todavía más en común con la guerra que con la vivisección, podríamos reclutarlos. Esto funcionó bastante bien en la Segunda Guerra Mundial. Los miembros jóvenes y hábiles de la Generación Más Grande seleccionados al azar desempeñaron sus deberes de manera admirable. Claro que en Vietnam, no anduvo tan bien con los miembros de la subsiguiente Generación Notanbuena. O, debería decirse, funcionó bien para los nordvietnamitas.

Tal vez podríamos usar nuestras loterías estatales, que son populares. El gran ganador recibiría millones de dólares por escoger bien, y el gran perdedor recibiría una banca en el Senado por elegir mal. El problema es que la gente que juega a la lotería no es conocida precisamente por sus habilidades matemáticas.

De hecho, tenemos una solución a nuestros problemas y la hemos tenido desde hace décadas. Un jurado de nuestros padres es la institución más antigua de libertad política. Seamos gobernados por un jurado. Esto no es una solución rápida o infalible. Le tomó a un par de jurados algunos años para meter a O. J. Simpson en la cárcel. Pero los jurados trabajan lo bastante bien como para haber subsistido desde la época de la Carta Magna, mientras que las campañas políticas son más bien breves.

¿Serían mejores los jurados que los políticos? ¿Preferiría usted enfrentarse a una selección miscelánea de los perros de sus vecinos o a una jauría de Rottweilers criados durante generaciones para atacar la libertad y custodiar el privilegio?

Los miembros de un jurado serían menos experimentados que los actuales ocupantes de cargos públicos. ¿Pero qué experiencia que la gente común y corriente no haya tenido es necesaria para reconocer lo bueno y lo malo?

Los jurados serían ignorantes respecto de las cuestiones legislativas y regulativas. ¿Pero no lo somos todos? ¿Quién exactamente de entre todos los miembros del actual Congreso y de la Casa Blanca ha leído las 906 páginas de la Ley de Protección al Paciente y Cuidado Sostenible? Imaginen una audiencia en el Congreso en la que los legisladores se callaran y escucharan y realmente quisieran aprender algo.

Ciertos individuos en los jurados serían inocentes y fácilmente manipulables por intereses especiales. Podrían hasta ser ladrones. Esto ya ha pasado en Washington. ¿Pero quién es más peligroso como ladrón, el ladrón que sabe todo acerca de tus bienes y dónde los escondés o el ladrón que nunca ha estado en tu casa antes?

Por supuesto, no existen las reformas fáciles a un sistema político afianzado desde hace tiempo, excepto ésta. Los principios de la selección por jutados son lo bastante simples como para aplicarlos a la democracia representativa, al menos en lo que hace a nuestros funcionarios electos. No tendríamos que cambiar la Constitución, sino sólo los procesos de nominación de candidatos en los partidos Demócrata y Republicano, que ya son tan desastrosos que cualquier cambio acarreraría ínfimas controversias.

Hay un registro de jurados en cada distrito político. Llamemos a miembros de ese registro para tareas de jurado, es decir, de precandidato. Que los votantes en las primarias hagan de fiscales, abogados defensores y jueces, excusando a algunos y retirando a otros. Cuando el listado haya sido purgado hasta un tamaño razonable, entonces los votantes de la elección general elegirían al que quisieran. Nada impediría que los políticos comunes y corrientes se presenten por terceros partidos o campañas personales. Pero se los identificaría fácilmente por lo que son: políticos.

Entonces sabremos que ganamos una elección: sabremos que ganamos cuando cada candidato elegido comience su discurso de aceptación diciendo: "¡Oh, m---da!"

sábado, 13 de noviembre de 2010

Los escombros de Néstor

Si hay algo que queda claro a dos semanas de la entrada de Néstor Kirchner al Valhalla Nac&Pop, es que su muerte dinamitó el sistema político argentino y que todavía estamos esperando a que los escombros caigan para ver qué se mantiene y qué cambió.

Que estén haciendo patéticos intentos de armar un culto berreta a la personalidad de Néstor a través de ponerle su nombre a avenidas, obras públicas, edificios y torneos de fútbol indica una necesidad espantosa de mantener vivo al muerto, bien a tono con esa necrofilia tan argentina y peronista que tenemos.

Quizás sea porque la heredera del muerto no está haciendo un gran trabajo de mantener alineada a la tropa. Como se cansaron de decir por estos días, a Cristina no le interesa mucho el rosqueo político diario, no le da por ir con la libretita de Néstor a todas partes y lo suyo no es llamar a diputados y gobernadores para que se queden en la fila. Ella está para lo bello, para las cumbres internacionales, para darle cátedra a los países del G-20 sobre la importancia de diagnosticar correctamente las enfermedades económicas cuando su propio gobierno niega la existencia de la inflación.

Y se nota esa falta de interés, porque la tropa se le está retobando y desbandando. Para empezar, el hecho de que los ministros estén peleándose públicamente y desautorizándose los unos a los otros, cosa que era impensable en tiempos del Virolo que les hacía pedir permiso hasta para ir al baño. De no ser porque los que pagamos las consecuencias del debate somos aquellos a los que la plata cada día nos rinde menos, sería cómico ver a Boudou y a Aníbal Fernández peleándose por la existencia o no de la inflación y su impacto.

Ni hablar de cómo ya parece imposible contener los espasmos de nuestro Gansiller (me gustó ese título que le pusieron en El Opinador Compulsivo) Héctor Twitterman, que anda ahora de muchacho de unidad básica gritando "Andate Cobos la puta que te parió" y escribiendo "Para Cristina la reelección".

Después está el bochorno del debate presupuestario en Diputados. Seamos honestos y no nos hagamos los sorprendidos ante las acusaciones de que el Gobierno anda de shopping por el Congreso. Lo que sí nos tiene que sorprender es que ni siquiera el abuso de la Banelco les sirvió a los kirchneristas para hacer pasar uno de sus presupuestos dibujados que antes salían como por un tubo. Un traspié que indica que la máquina política del kirchnerismo está chirriando. Y naturalmente que chirría la máquina; tan antinatural y perversa era que sólo la podía hacer funcionar un tipo que terminó muriendo por el esfuerzo de mantenerla activa.

Ni hablemos de la oposición, que bastante le costaba encontrarse el culo con Google Earth cuando Néstor estaba vivo y que ahora parece haber tenido otra lobotomía más. Triste espectáculo el que dan jefes de bloque que no saben qué están haciendo sus diputados, el de esos mismos diputados que de pronto tienen urgencias médicas (me mató lo del peronista disidente Alfredo Atanasof diciendo que le había dado un ataque de afasia) o el de supuestos correligionarios que se echan en cara pactos de hace quince años. Así les va.

No es mucho lo que se puede decir y no es nada nuevo, pero es lo que hay. Los escombros siguen cayendo y todavía no sabemos dónde van a quedar.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Las religiones políticas argentinas

En una columna publicada en el Buenos Aires Herald, James Neilson habla sobre la veneración necrofílica que los argentinos tenemos hacia los líderes que estiraron la pata, un fenómeno que ya hemos visto con Alfonsín, con Perón, con Yrigoyen e incluso con Rosas, y que en estos últimos días trató de ser recreado a raíz del deceso de Néstor Kirchner.

Me intrigó mucho el pasaje de la nota de Neilson en el que afirma que tan arraigada está la devoción por los muertos que los partidos políticos argentinos parecen por momentos ser cultos religiosos. Es una idea que encuentro interesante y que me parece que podría ser profundizada para entender por qué las cosas son como son en este país dejado de la mano de Dios.

Como mínimo, entender las ideologías políticas en la historia argentina como si fueran fenómenos religiosos ayudaría a explicar la ferocidad de las antinomias políticas, que acá tienden a ser vistas no como enfrentamientos de ideología sino como verdaderas cruzadas, y la tendencia del argentino a ver al rival político como un enemigo a aniquilar y no como un adversario. Después de todo, ¿qué creyente podría pensar en convivir con el seguidor de Satanás?

Convengamos también que la concepción religiosa de la política argentina explicaría también la deificación de los muertos y el énfasis que se hace en las presuntas cualidades personales de los muertos ("militancia", "pasión", "compromiso" y demás sarasa) por sobre la coherencia y las ideas. Neilson lo explica en su columna mucho mejor que lo que yo puedo hacerlo, así que les recomiendo su lectura.

Si esta teoría que acá presento de manera más o menos seria pudiera ser realmente comprobada, sería una lamentable y dolorosa muestra de que al menos en su visión de la política la Argentina es un país mucho más primitivo y violento de lo que queremos admitir. No puede haber otro final más que la violencia cuando vemos al contrario como un agente del demonio.

sábado, 30 de octubre de 2010

¿Y cómo sigue todo esto?

Murió Néstor Kirchner. Si alguien se imaginaba el miércoles a la mañana que iba a pasar eso, le recomiendo que juegue al Quini 6 porque la tiene más clara que cualquier otro argentino vivo.

Su muerte no me inspira la menor lástima. Sí siento lástima por Cristina, que ahora tiene que sobrellevar la viudez a la vez que se hace cargo del muerto que le dejó el muerto, y por los hijos que ahora son huérfanos de padre. A esa lástima, sin embargo, llego haciendo mucha abstracción de quiénes son ellos y de las cosas que han hecho.

En cuanto a Néstor, lo único que deseo es que con él se haya podido enterrar algo del odio que le inyectó a la sociedad argentina durante los siete años de su reinado, o que por lo menos con él haya muerto la fuente de ese odio.

Pero al fin y al cabo, Kirchner ya está dos metros bajo tierra. Ahora, para los que quedamos vivos en el país que él construyó, nos toca pensar qué es lo que viene ahora.

Partamos de una base: con Kirchner no sólo murió un ex presidente casado con la actual primera mandataria, sino también la cabeza formal del partido gobernante y el centro alrededor del cual giraba todo el aparato de poder, negocios y extorsión que controla el país.

Cabría pensar que Cristina heredaría la conducción de ese aparato de poder, pero esa suposición se torna dudosa cuando tenemos en cuenta que muchos de los miembros de ese aparato lo son solamente a causa de la relación y de los negocios que mantenían con el muerto, y que había entre varios de ellos diferencias irreconciliables que sólo Kirchner podía neutralizar en el marco de su "proyecto".

Resumiendo: el aparato era de Kirchner y sólo Kirchner lo podía hacer funcionar. Hay muchas razones para poner en duda las habilidades y astucia de Cristina para mantener intacto un andamiaje contradictorio en el que conviven los burócratas sindicales de la CGT y los barones territoriales con las figuritas del montonerismo y de la transversalidad. Además Cristina no puede cortarse sola porque "el cristinismo" no existe. Lo que tenga para hacer, sólo lo podrá hacer en la medida en que ponga a su servicio el engendro político creado por el muerto.

No hablemos por ahora de especulaciones sobre luchas de poder en el entorno de la Isabelita 2.0, que son más que factibles ahora que el Gran Disciplinador cantó para el carnero y pensemos en los rumbos que podría tomar ella.

Un rumbo podría ser el de una "sciolización" del gobierno, en el sentido de que Cristina haga suyos aquellos atributos que por alguna razón son asociados con el invertebrado que dice que gobierna la provincia de Buenos Aires: mesura, conciliación, diálogo y el resto de la sarasa. Una "sciolización" del gobierno implicaría minimizar o cerrar algunos de los conflictos inútiles iniciados por el muerto, un acercamiento y una baja de la tensión política y la eyección de gurkhas impresentables como Poronga Moreno.

Difícil que pase; Cristina es demasiado orgullosa como para pegar semejante volantazo y más ahora que cualquier "claudicación" va a ser tomada como una traición a los ideales y al legado de Nefástor. Y cualquier cosa que agigante la imagen de Scioli va a ser para muchos dentro del universo K la prueba final de que el manco motonauta está esperando el momento para clavarle el puñal por la espalda a la viudita.

El segundo camino es el de la "moyanización", es decir, que Cristina se recueste en el último gran sector que parece responderle de manera más o menos monolítica: la burocracia cegetista. Hablaríamos de más desvaríos legislativos de papá Recalde impulsados por la Rosada, más liturgia fachoperonista de los '50, etc. Sería el sueño húmedo de un Moyano que por alguna razón que sólo él conoce se ve a sí mismo como un pichón de Lula argento.

También es difícil que pase; como bien dijo Lanata, Hugo Moyano es "el enemigo en casa" y un tremendo piantavotos en aquellos sectores que Cristina quisiera de su lado por más que de la boca pa'fuera haga como que le provocan asquito. Ni hablar de que un impulso a la bulimia de poder de Moyano encendería las alarmas en los otros socios de la coalición K: los burócratas partidarios, los barones territoriales, los empresarios amigotes del modelo y los pajaritos de la izquierda que se tragan cualquier sapo a la espera de una recompensa progre del Gobierno.

El tercer rumbo, que quizá resulte ser el elegido, sea la "kirchnerización": apelar lo más posible a la memoria e imagen del difunto, rodear a Cristina de un microclima bien patagónico y Nac&Pop que dé instrucciones para "fortalecer el modelo" e intentar seguir como si nada hubiera pasado, con la ilusión de que la inercia política mantenga todas las piezas del inmanejable rompecabezas K en su lugar.

Un párrafo final para las especulaciones de que la muerte de Nefástor va a hacer que la nueva Chabela repunte en las encuestas como le pasó a Ricardito Alfonsín tras la muerte de Raúl. Aunque ese efecto puede darse y muy probablemente sea así, hay que tener en cuenta dos importantísimas diferencias entre Cristina y el hijo de Raúl.

La primera es que Ricardito es un simple diputado mientras que Cristina es la Presidente, por lo que Ricardito puede sentarse e ir acumulando ese prestigio sin que la gestión del día a día se lo vaya desgastando. Y la segunda es que Ricardito es en gran medida una hoja en blanco para la opinión pública, mientras que desgraciadamente conocemos demasiado bien a la viudita.

Tarde o temprano ese prestigio labrado en base a la pena y a la compasión por su viudez va a tener que chocar contra la realidad y en mayor o menor medida va a salir abollado. Y si los análisis que dicen que en el ya extinto matrimonio presidencial era el muerto el que tenía pragmatismo y que no le hacía asco a la ingesta de sapos mientras que Cristina era la fanática de los principios, vamos a ver más temprano que tarde cómo ella va a chocar de frente contra algún aspecto de la realidad.

Sea lo que sea que pase, lo que viene va a ser interesante.

Compren pochoclo y hasta la próxima.
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